الحزب الشيوعي الأممي

La Izquierda Comunista 3

[RG-62] Lograda reunión del partido

Entre el 26 y 28 de mayo se ha tenido en Turín la reunión general del partido, en la que han participado representantes de las secciones francesa, española, inglesa y, de Italia, piamontesa, napolitana, genovesa, de Spezia, florentina y aretina, además de algunos jóvenes que se han acercado recientemente.

La organización logística para la acogida y la hospitalidad no ha hecho disminuir la ya tradicional eficiencia de nuestro grupo turinés que, junto a la adquirida puntualidad y disciplina de los mismos, ha permitido un óptimo desenvolvimiento de las intensas sesiones. Había sido prevista, como de costumbre, una parte organizativa y preparatoria, el viernes por la tarde y el sábado por la mañana, y una parte de exposición de las relaciones el sábado por la tarde y el domingo.

Nos enterábamos con satisfacción de la aparición oportuna de las publicaciones periódicas del partido Comunismo y del segundo número de la Izquierda Comunista, mientras está en la fase final de la preparación la Communist Left.

Del modo consolidado, que evitan todo formalismo democrático como el culto necio a la jerarquía y al orador facundo, nos concentramos en el trabajo de preparación revolucionaria, que no espera éxitos a corto plazo histórico, sino que es consciente, de que la solución a los sufrimientos presentes de la clase trabajadora, cuando para ello se presente la maduración social, requerirá una fase de Estado proletario dictatorial, del cual será la espina dorsal un partido preparado con tiempo, que quiere por sí solo tomar el poder en nombre del proletariado, que lo declara y conoce las condiciones para hacerlo. El partido, aun si hoy por las adversas relaciones de fuerza, se dedica prevalecientemente al estudio y a volver a presentar siempre mejor su secular doctrina a sí mismo, no por esto se reduce a una Academia que huye, se protege y se considera separable de la aspereza de la primordial e incesante lucha de clase. El partido, con los límites de sus fuerzas, se empeña en intervenir con su propaganda y con su enfoque de la acción también contingente, dondequiera que los proletarios se encuentren contrastando la fuerza burguesa.

[RG-62] La cuestión militar

Los trabajos se empezaban con el estudio de la llamada cuestión militar: relativa a la Europa post-Comuna, con la aportación de los escritos de Engels, se resumía la posición del partido frente a la guerra.

Las cuestiones que Engels pone se pueden incluir en cuatro puntos: A) qué tipo de guerra tenemos enfrente; B) cuál es la fuerza del partido de clase; C) cuál es la fuerza del proletariado y de sus organizaciones; D) qué efectos determinará un cierto resultado u otro en el transcurrir revolucionario.

La táctica del partido debía tener en cuenta el eje central entonces de la reacción en Europa: Rusia. Las posiciones de partido muestran una visión dialéctica de la situación, negando cualquier apoyo a priori entre proletariado y la propia burguesía.

En la hipótesis de una guerra limitada a Rusia y Alemania Engels auspicia la derrota de ambos contendientes; en el caso de que la guerra implicara también a Francia la posición es diferente: derrota de Rusia y «en la frontera francesa dejar que transcurran las cosas (…) con 5 millones de alemanes llamados a las armas por motivos que no les interesan, Bismarck no sería ya el dueño».

El estudio proseguía señalando los caracteres fundamentales del Imperialismo, en su despliegue hacia la preparación de la Primera Guerra Mundial. Anticipando los ulteriores desarrollos del trabajo se mencionaban las crisis más importantes que la precedieron, la balcánica, la anglo — bóer y la hispano — americana.

[RG-62] La Historia de la Izquierda

El informe sobre la Historia de la Izquierda concluía la serie de las relaciones, ya publicadas en Comunismo, sobre el «Decenio de preparación de la Segunda Guerra Imperialista».

El argumento que se ha tratado principalmente en la exposición ha sido la rapidísima evolución de Alemania, de nación sujeta a las estranguladoras sanciones de Versalles, a imperialismo de primer orden y por tanto a quebrantar violentamente el status quo impuesto por los vencedores de la Primera Guerra Mundial.

El camino de su prorrumpir impetuoso en la escena europea y mundial pasa a través de etapas significativas y bastante aproximadas en el tiempo, que van del plebiscito de enero de 1935, gracias al cual el Sarre volvía bajo soberanía alemana; al rearme y al restablecimiento del reclutamiento forzoso; a la ocupación militar de Renania, en 1936; a la absorción de Austria en 1938; a la incorporación de los Sudetes, en el mismo año; para llegar después, en 1939, primero a la ocupación del Estado Checo y después del de Polonia.

La relación evidenciaba cómo todas las consecuciones de la Alemania nazi no fueran más que la puesta en práctica de los programas ya emprendidos por la República de Weimar. Si estos programas tuvieron durante el período hitleriano una velocidad de ejecución mucho más acelerada, dependió sobre todo del cambio radical de la situación interna (aniquilamiento del movimiento proletario) e internacional, con el agigantamiento de la crisis económica mundial y la consiguiente agudización de las contradicciones interimperialistas que rompieron el frente de los antiguos vencedores.

Frente a estos hechos convulsivos el resto del mundo no permanecía como pasivo espectador, como podría parecer aparentemente. Antes de nada recordamos, que contemporáneamente a los acontecimientos arriba indicados, en extremo Oriente desde hace años se estaba combatiendo la guerra Chino-japonesa, en África la de Etiopía y en Europa la larga y cruenta guerra de España.

La profunda crisis económica empujaba a los países capitalistas a embocar la solución de la guerra, pero el período de preparación de ésta volvía a dar aliento a la producción y a los pacíficos intercambios de capitales y mercancías (aun cuando estas mercancías fueran cañones). Las naciones volvían a restablecer sus relaciones interrumpidas y por todos sitios se ensalzaban himnos a la paz y a la voluntad de colaboración. Tomaba fuerza la teoría de la posibilidad de la paz armada, fundada sobre un equilibrio tal de los armamentos como para disuadir a cualquiera de emprender una guerra que, se decía, habría sido desastrosa para todos. ¡Como se ve los flácidos argumentos del pacifismo no cambian nunca!

La diplomacia internacional probaba frenéticamente cualquier camino y posibilidad de pacto sin preocuparse de si los interlocutores eran antiguos aliados o acérrimos enemigos. Con la misma velocidad con la que se firmaban tratados de paz y no agresión, estos mismos se denunciaban aún antes de que la tinta se hubiera secado o, a veces, aún antes de ser ratificados. Significativo es el caso de Inglaterra que no interrumpió nunca sus contactos con Alemania e Italia. Italia continuaba tranquilamente sus tráficos con Francia y con la misma Unión Soviética, mientras, al mismo tiempo, buscaba por todos los medios desengancharse de la opresora tutela alemana, sin embargo era rechazada por las potencias democráticas. Rusia, paladina de la democracia y baluarte avanzado de la lucha contra el fascismo, no dudaba en volver la espalda a Francia e Inglaterra para firmar, en 1939, los vergonzosos tratados.

Por tanto, si el mundo democrático dio vía libre al expansionismo alemán, lo hizo con un fin muy preciso: esperar a que todas las condiciones favorables para la guerra estuviesen maduras.

La principal de estas condiciones era el total sometimiento del movimiento proletario internacional a los intereses de los imperialismos de cada país. Y, con este objetivo, por encima de las fronteras y de las irreconciliables ideologías, todos los Estados colaboraron activamente por la consecución de tal objetivo.

Alcanzado el objetivo ya no era importante saber qué camino cogería cada país individualmente, si se adheriría a una o a otra constelación imperialista; esto sólo dependería de relaciones internacionales o de valoraciones del botín, que dependiendo de las formaciones, habría sido posible obtener.

Pero, más allá de estas valoraciones contingentes, el objetivo principal había sido conseguido: fuera como fuera la guerra el modo de producción capitalista vencería porque el proletariado, la única fuerza histórica revolucionaria, ya había sido batido.