Las empresas, sus gobiernos y los sindicatos del régimen se unen para defender la plusvalía y la ganancia
UNIDAD DE ACCIÓN DE LOS TRABAJADORES POR LA BASE CONTRA LA EXPLOTACIÓN!!
En todas las empresas capitalistas, las privadas y las que son propiedad de los Estados (llamadas también “empresas públicas”), se generan productos y servicios sobre la base del trabajo social, aportado por todos los trabajadores que participan directa o indirectamente en el proceso productivo. Pero la propiedad de los productos de ese trabajo social, no es una propiedad social. Los productos obtenidos son propiedad de la empresa. La empresa vende los productos o servicios que genera el trabajo social, recupera sus gastos y obtiene una ganancia. La ganancia de la empresa se origina dentro de su proceso productivo, ya que del valor agregado por el trabajo social del obrero, solo se le devuelve una parte como salario. El resto del valor agregado por el trabajo social del obrero, el plustrabajo, equivale a la plusvalía que se apropia la empresa.
En Venezuela, por ejemplo, la industria petroquímica estatal, aun presentando una fuerte crisis expresada en una casi total parálisis de su producción, se cumple el mismo comportamiento de toda empresa capitalista: producción basada en trabajo social de la masa de obreros, apropiación de los productos del trabajo por parte de la empresa y acumulación de una plusvalía sobre la base de la explotación de trabajo asalariado. Esta industria produce Resinas Plásticas, Soda Caustica, Amoníaco, Urea, fertilizantes y productos intermedios como ácido clorhídrico, ácido sulfúrico y ácido fosfórico, con una nómina total actual de 5.000 trabajadores, a los que paga en salarios 44.863 dólares mensuales, que representan su capital variable v. En la producción de fertilizantes y Urea gasta aproximadamente, entre materias primas y depreciación de equipos y otros gastos, es decir Capital Constante c, un total de 7.150.000 dólares mensuales, produciendo mensualmente 55.000 toneladas de Urea que vende en el mercado en 9.900.000 dólares. La empresa obtiene una plusvalía (P) de 2.705.137 dólares y mientras tanto los trabajadores reciben un salario equivalente apenas al 2% de ese monto, pese a que toda esa masa de riqueza surge de su aporte de trabajo social, de trabajo vivo. En este ejemplo, la cuota de ganancia de la empresa es de 38%. Pero no están considerados los ingresos derivados del arranque de la producción y comercialización de Resinas Plásticas, Amoníaco, fertilizantes y productos intermedios (actualmente parada casi totalmente), en los cuales se consumen materias primas adicionales, participan otras instalaciones, equipos y plantas, pero con la misma plantilla de trabajadores. Es decir que con la producción y comercialización de la Urea la empresa tiene cubierto parte del capital constante c(materias primas, depreciación y otros) y todo el capital variable (v), representado por los salarios, siendo su cuota de ganancia potencialmente más alta. Con solo la venta de 250 TM de Urea (aproximadamente 13 gandolas) la empresa obtiene los ingresos para pagar los salarios de 1 mes.
La producción de Urea se cumple utilizando un 31% de la capacidad de las plantas. Quiere decir que la empresa puede aumentar su producción a 175.000 toneladas mensuales y elevar sus ingresos, manteniendo el mismo gasto de capital variable (v) y aumentando su ganancia (p). Algún tecnócrata podría decir que los números no son correctos; pero el punto relevante es que solo la fuerza de trabajo aportada por el trabajador genera riqueza, que los productos del trabajo social se los apropia la empresa pública o privada, quedándose con la plusvalía y obteniendo una ganancia y en el proceso el trabajador se queda con un salario que nunca le alcanza para sobrevivir con su familia.
El obrero, sin embargo, solo es dueño de su fuerza de trabajo, no posee ni siquiera una llave de tuercas. Con su salario el trabajador trata de acceder a productos y servicios que necesita su familia para sobrevivir, educarse y atender su salud. La empresa, que además del salario, debe entregarle al trabajador equipos e implementos y condiciones y medio ambiente de trabajo seguros, no siempre lo hace o no siempre de manera completa y oportuna. Si los trabajadores plantean que el salario es insuficiente la empresa siempre hace resistencia o aumenta el salario lo mínimo posible y, con la complicidad de los sindicatos, extiende la duración de los contratos colectivos, alarga las jornadas de trabajo, paga bonos complementarios por alimentación, entrega bolsas de comida o ayudas de medicinas; y de esta manera la empresa protege sus ganancias.
El patrono o el directivo de la empresa le dice a los trabajadores “somos una gran familia”, “todos somos trabajadores”, “el bienestar de la empresa es el bienestar de todos”, y en este mensaje le hacen coro los sindicatos del régimen, que en vez de estar al servicio de los trabajadores están al servicio de los patronos. Cuando llega una crisis y aumenta el inventario de productos que no se logran vender, los trabajadores sufren las consecuencias: despidos, permisos no remunerados, reducción del salario, alargamiento e intensificación de la jornada de trabajo, reducción o eliminación de beneficios contemplados en contratos colectivos.
¿Qué pasaría si en un acarreo de Urea en camiones se detectara que 400 kilos de producto se quedaron pegados en el fondo del cajón? Lo más probable es que la empresa, a través de su personal de seguridad, despedirá a los trabajadores que dieron pié a esta pérdida, porque ese producto le pertenece a la empresa y, más específicamente, porque representa parte de la plusvalía que obtiene la empresa gracias a la explotación de los trabajadores de su nómina. El trabajador que por error u omisión produzca o no detenga perdidas de los materiales producidos, comete el pecado de atentar contra la plusvalía que se apropia la empresa; y como todo pecador, debe ser castigado. En algunos casos el trabajador no solo es despedido, sino que puede ser calificado como delincuente y pasado a manos de los tribunales y la cárcel.
Si todos o una parte de los trabajadores deciden paralizar las operaciones en solidaridad con el trabajador despedido. Ya sea que paren solo la producción o solo los despachos de los productos terminados, inmediatamente serán sujetos de la acción patronal. Primero llegará el sindicato en tono conciliador, prometiendo negociar con el patrón para reincorporar al trabajador despedido, pero levantando la huelga de los obreros. Pero si los obreros persisten en su huelga y en sus exigencias, se comienzan a activar los mecanismos represivos en los que actúan de manera conjunta, con el respaldo de la ley, los patronos, el sindicato, los cuerpos represivos, los tribunales y el ministerio del trabajo.
En abril de 2020 ocurrió que un sector de los trabajadores petroquímicos solicitó al patrón (sin el apoyo del sindicato, como era de esperarse): a) Un salario de 500 USD mensuales, porque el actual no alcanza y estiman que con eso cubren sus necesidades más elementales, b) Pago de reembolso de gastos médicos y escolares, c) Entrega mensual de una dotación de productos de higiene y limpieza para sus hogares, d) Entrega mensual de 2 cajas con dotación de alimentos como complemento a lo que puedan comprar con su salario. Fue una solicitud tímida, en un comunicado que dirigieron a los funcionarios directivos de la empresa. Pero fue una acción valiente e importante, considerando la histórica pasividad de los trabajadores petroquímicos y petroleros y considerando que el sindicato es descaradamente patronal. Para esta exigencia no hubo respuesta y ni siquiera promesas recibirán; pues ninguna empresa del Estado puede sentar el precedente de aplicar un salario como este. La exigencia persistió en mayo y se pudo observar como los trabajadores comenzaron a expresar su descontento trabajando con desgano, algo parecido a lo que en Venezuela llaman “operación Morrocoy”, en alusión al lento caminar de las tortugas. Los trabajadores no se han puesto en movimiento para pasar a emprender un conflicto por aumento salarial. Han estado por décadas viviendo la ilusión de la aristocracia obrera que los hizo históricamente pensar como pequeñoburgueses y sometidos al discurso meritocrático, patriótico, de defensa de la economía nacional y del falso anti‑imperialismo. Ahora los salarios y “beneficios” de los trabajadores petroquímicos están por debajo del promedio y son muchos los que optaron por retirarse de la empresa para emigrar en búsqueda de mejores ingresos. El descontento está allí presente, sin un sindicato que lo canalice hacia la lucha reivindicativa o sin una organización de base alternativa, un comité obrero de base o algo parecido. ¿Seguirán siendo los trabajadores petroquímicos, al igual que los petroleros, trabajadores pasivos, con sindicatos patronales y presa fácil de la politiquería de todos los gobiernos y movimientos oportunistas? ¿Podrán pasar del descontento a la acción? Los mecanismos de la explotación del trabajo asalariado siguen su curso, apretando cada vez más el torniquete miseria que asfixia a los trabajadores y alimenta su indignación.
Está demostrado que los trabajadores organizados en verdaderos sindicatos de clase o comités obreros de base, tienen en sus manos la huelga como su principal arma, que debe estar dirigida a la paralización de las operaciones y los despachos de las empresas y así amenazar el tesoro más preciado de los capitalistas: la ganancia. Solo con la huelga los trabajadores podrán presionar a los patronos al exigir aumento salarial, reducción de la jornada de trabajo, dotación de equipos de protección personal, condiciones y medio ambiente de trabajo seguros, así como la reincorporación de trabajadores despedidos o detenidos. Está demostrado que toda lucha obrera deberá ir más allá de las fronteras de una sola empresa, para no quedarse aislada y convertirse en un movimiento huelgario coordinado, en el que participen trabajadores de diferentes empresas y ramas de actividad económica, unidos en la exigencia de un pliego único de reivindicaciones. Las formas de poner en práctica la protesta y la movilización pueden ser diversas, según las realidades locales, pero lo importante es que las acciones sean coordinadas y las exigencias se presenten unificadas. La paralización de la producción, el despacho y la movilización de mercancías es fundamental para que la lucha unitaria de los asalariados logre vencer la resistencia de los capitalistas. También son importantes los piquetes de agitación y las concentraciones en sitios donde se pueda repartir propaganda y dar a conocer la situación de los trabajadores y las exigencias planteadas. Un movimiento de reivindicativo de clase no podrá tomar fuerza contando con los sindicatos actuales y tendrá necesariamente que construirse desde la organización unitaria por la base en cada localidad.
Ahora que la crisis capitalista se agrava en todo el mundo, acelerada por los efectos de la pandemia del Covid‑19, los capitalistas de las empresas públicas y privadas, junto a sus gobiernos, se comportarán como fieras heridas, por la merma de su tasa de ganancias. Y esto no es diferente en los países cuyos gobiernos se autodenominan “socialistas” y “obreristas”, que pretenden que los trabajadores carguen con el peso de la crisis, en algunos casos manteniendo empleos, pero a cambio de salarios de hambre.
Los trabajadores no pueden seguir pasivos y en cada país deben reaccionar organizándose, dándole la espalda a todos los llamados a la paz social, a la defensa de la economía nacional, de la patria y de la nación, porque esos llamados se traducen en la inacción de la clase obrera para colocar sobre sus hombros el peso de la crisis. Que la pandemia no se convierta en un chantaje para desmovilizar a los trabajadores. Se pretende que los trabajadores se movilicen por miles para producir y garantizar las ganancias de los capitalistas, pero que se desmovilicen cuando se trata de exigir reivindicaciones.
– POR AUMENTO LINEAL DE SALARIOS!!
– POR CONDICIONES SEGURAS DE TRABAJO!!
– CONTRA LOS DESPIDOS Y DETENCIONES DE TRABAJADORES!!
– PAGO DE SALARIOS COMPLETOS A DESEMPLEADOS!!
El movimiento de las Panteras Negras
En el contexto de la información sobre los movimientos de clase en los EEUU, a los que pretendemos darle un carácter continuo, mencionamos en primer lugar brevemente a las Panteras Negras, el movimiento que hoy expresa mejor la aspiración a la emancipación de la “comunidad” negra, en la lucha cotidiana contra la violencia de la policía, feroz en su reacción contra un estrato social sin peso económico y totalmente abandonado a sí mismo, como es el subproletariado.
El periódico Black Panter es el eco constante de estas batallas y de los problemas de defensa y organización de la “comunidad” que ello conlleva. Sus fotografías son de militantes asesinados, encarcelados, de las manifestaciones y de las luchas contra los policias, de las devastaciones que ellos causan, de los campos de batalla y también de los enemigos asesinados en el enfrentamiento – los “pig” – los cerdos (los policías).
Esta lucha contra un enemigo, que siempre tiene solo la cara del policía “cerdo”, más allá del cual no se puede ver la determinación de clase y política, representa la verdadera alma del movimiento y también su gradual desangramiento en una lucha que no puede afrontar desde la raíz.
Sus dirigentes son golpeados deliberada y repetidamente por la policía, que busca todos los pretextos para participar en una batalla que le permita eliminar los elementos peligrosos – en lo que ha tenido éxito varias veces – como en el ataque en el que fueron asesinados Bunchy Carter (miembro del “ministerio de la defensa”) y John Huggins (del “ministerio de información”) y en el que resultó herido Eldridge Cleaver (despues refugiado en Argelia); el arresto y juicio, naturalmente con un veredicto de clase, son la otra vía para esto. El dirigente Huey P. Newton, quien es el teórico del grupo, Bobby Seale y Angela Davis están entre los nombres más conocidos encontrados en estas redadas.
Resulta que actualmente las cárceles estadounidenses “hospedan” al menos a 400 miembros de las Panteras Negras. La policía también ataca las sedes del partido, como ocurrió durante los preparativos de la sesión plenaria de Filadelfia para la “Convención Constitucional del Pueblo Revolucionario”, o sostiene batallas surgidas a partir de episodios específicos, como el maltrato de un niño o un borracho, en los que pronto participan todos los habitantes del barrio. La guerra abierta es el estado normal de vida de una comunidad que se ve a sí misma como un bloque opuesto al resto de la sociedad.
Por encima de todas las diferencias, los miembros de la “comunidad” se sienten unidos por una solidaridad efectiva; de hecho, las Panteras Negras ponen la unidad total de su grupo racial en primer plano y toman incluso la dirección de la más insignificante batalla, sin detenerse – y este es su punto de honor – frente a los escrúpulos morales y legales: no dudan en incluso defender “el elemento criminal”, visto como el resultado de una situación de opresión desesperada.
Las Panteras Negras se presentan efectivamente como representantes del pueblo negro contrapuesto al pueblo blanco. Aquí hay ciertamente un límite teórico. Pero ¿cual partido “marxista” hoy tiene el coraje de defender a un “delincuente” común, un “matón”, para mostrar las conexiones sociales y las aberrantes relaciones de clase que producen estos elementos “asociales” y las rebeliones individuales que pueden encontrar una única vía de salvación al canalizarse en un impulso de revuelta social organizada? La defensa de la acción, incluso individual, de los elementos de su comunidad representa al mismo tiempo el carácter de fuerza y debilidad teórica de un movimiento que va más allá de los límites de clase para reconocer a los de la comunidad racial.
El partido de las Panteras Negras no lucha por el negro como un proletario oprimido, golpeado y arrinconado o empobrecido en todos los sentidos y, como consecuencia, más sensible a la propaganda de la revolución social, sino por el negro en general, dando un peso mucho mayor a las diferencias étnicas que las diferencias de clase. La lucha de clases es reconocida como existente solo en las comunidades individuales, casi como un asunto interno para ellas, y si el llamamiento es hecho abiertamente hacia el subproletariado negro, del cual se reivindica el espíritu de lucha feroz, esto sucede porque en su estado se ve la condición general del negro y porqué se convierte en un medio para la emancipación de la comunidad negra fuera de la emancipación de la clase trabajadora del capital, única condición para la emancipación de todos los estratos oprimidos y la superación de todos los problemas raciales.
La comunidad negra es, sin duda, junto con varias otras minorías raciales, la parte de la sociedad estadounidense que reúne a los elementos más explotados y peor tratados, los trabajadores no calificados sin otro atributo que el de proporcionar fuerza de trabajo en bruto, los desempleados que el “progreso tecnológico” produce y reproduce continuamente, los elementos con ocupación ocasional, “sin dios ni moral”, los “antisociales” y los “matones”, aquellos con el “cromosoma equivocado”, “inclinados hacia la delincuencia”, etc.; pero no debe considerarse absolutamente como una comunidad en sí misma, como un grupo independiente, que puede ser separado de toda la sociedad; de lo contrario, se cae en la utopía por un lado y, por otro lado, en un diseño retrógrado por decir lo menos.
Es perfectamente comprensible que los proletarios y los subproletarios de piel negra, que han permanecido aislados en una lucha en la que solo ocasionalmente reciben apoyo de otros trabajadores, en un país donde la piel blanca equivale a recibir un trato favorable en su puesto de trabajo y en la sociedad – un privilegio que en cierta fase (la de la desintegración de los organismos de clase, políticos y económicos) también se defiende de la competencia de los compañeros de la misma piel en la aplicación de la ley inhumana de la lucha entre hombre y hombre dominante en el mundo del capitalismo – en esta situación, decíamos, es perfectamente comprensible que no vean a ninguno de sus compañeros de clase blancos como sus hermanos. Sobre todo porque el Estado burgués ha entendido hace mucho tiempo que fomentar el odio racial significa evitar cualquier solidaridad de clase capaz de sacudirlo en sus cimientos.
¿Y es justo que aquellos que, en tal situación, con la excusa de la ausencia política de los asalariados blancos, concluyen que los Negros deben “esperar”, concentrar el mas grande desprecio?
Los proletarios combativos, incluso en una pequeña vanguardia, independientemente del color de su piel, deben moverse para arrastrar a las capas indecisas, deben mostrarles la necesidad de organizarse para contrarrestar el desarrollo del capitalismo en sí, su presión abrumadora sobre la clase vendedora de fuerza de trabajo y derribar su dominio. Que dicha organización, debido a una serie de circunstancias, tenga temporalmente una mayoría de asalariados negros, no debe cambiar nada al carácter no racial de la organización misma.
Sin embargo, la clase obrera estadounidense se ha mantenido durante demasiado tiempo privada de una conducción política para superar las enormes dificultades que se interponen en el camino de dicho proceso, sin enfrentar una lucha muy dura no solo contra el capital, sino también para descifrar sus intereses de clase y soportar dolorosos sacrificios e intentos condenados al fracaso. Un precio que inevitablemente tendrá que pagar será colocarse momentaneamente siguiendo ideologías impropias, no adecuadas para la lucha de clase proletaria.
El movimiento de las Panteras Negras se ve significativamente afectado por este trágico aislamiento; su error es considerarlo ahora definitivo. Incapaz de llegar por su propia cuenta al análisis de la situación actual, fruto de la victoria de la contrarrevolución que abarcó un período de varias décadas y un área de extensión mundial, buscó un acuerdo con el partido comunista oficial de los Estados Unidos, totalmente anclado a las posiciones del estalinismo, y lo que es peor, llegando entonces inevitablemente a la ruptura en las muy diversas posturas frente al uso de la violencia. Por lo tanto, la búsqueda de contacto con fuerzas más combativas ha llevado a las Panteras Negras al encuentro con los llamados “maxistas-leninistas”, liderados por China por un lado y el “tercer mundo” en general, que aparentemente se encuentran en la misma condición, oprimidos por el mismo imperialismo, y que tienen una guerra nacional contra los Estados Unidos.
Es con este híbrido aporte – que confunde la lucha de independencia (más o menos real) del vínculo con el imperialismo con el de la emancipación de clase – que las Panteras Negras “enriquecieron” sus posiciones anteriores: de ahí la teoría que pone al mismo nivel la lucha de los subproletarios negros y la de los pueblos coloniales, que establece un vínculo entre la metrópolis blanca y la colonia negra dentro del mismo Estado, por el otro, concluyendo que hay una “clase trabajadora de la metrópoli y hay una clase trabajadora de la colonia negra”, con sus intereses propios y divergentes; y que, por lo tanto, afirma la necesidad de organizaciones distintas e incluso opuestas hasta el punto de postular una solidaridad real entre los trabajadores blancos y su clase burguesa dominante, por un lado, y entre los diferentes estratos de piel negra por el otro. En resumen, a la lucha de clases se contrapone la lucha de la “comunidad” de color.
La responsabilidad de esta actitud es, en verdad, atribuida a los proletarios blancos, “parásitos que viven a las espaldas de la humanidad”, y en parte existe tal responsabilidad (vista sin embargo con un análisis y una perspectiva erróneos): pero no parece que las Panteras Negras hallan concebido alguna vez la solidaridad de clase sino es en función de los propios intereses de comunidad, en lugar de hacerlos confluir con los intereses generales de la clase obrera. Además, como hemos visto, la referencia explícita no es a la clase obrera sino al subproletariado en general y al negro en particular: “Somos lumpen (harapientos, miserables) – declara orgulloso Cleaver (ver Quaderni Piacentini, Nr. 42, noviembre de 1970) – El lumpen-proletariado está formado por todas aquellas personas que no han invertido capital en los medios de producción o en las instituciones de la sociedad capitalista; quienes son perpetuamente parte de la reserva del “ejército industrial de reserva”; que nunca trabajaron y que nunca trabajarán”, etc., etc.
El intento es adaptar a esta categoría social una teoría y una táctica, buscando en las razones históricas y sociales de la impotencia política del subproletariado una fuerza y un camino nuevos y originales: el subproletariado, que no teniendo la posibilidad de boicotear la producción con una huelga, y siendo forzado a luchar en las calles, sería más revolucionario, no tendría “ningún opresor directo, excepto quizás la policía de los pigs con la que choca cotidianamente”, y no se entiende que esto también significa su fatal derrota.
Muy diferente es la relación colonia-metrópoli: incluso una colonia tiene una cierta relación de dependencia del país imperialista, pero al mismo tiempo es productora y proveedora de algunos productos, generalmente materias primas, y en algunos casos puede llevar a cabo un trabajo real de chantaje, aunque a menudo está bien preparado para llegar a acuerdos con el imperialismo para la explotación de su propio proletariado. Por lo tanto, no tiene la característica, descrita por Cleaver para el subproletariado, de estar “aislado de la economía”. ¡Nada de eso! Se queja de que está aislada del comercio mundial, que es otra cosa.
También puede notarse de pasada que es errada la aplicación de la guerra de guerrillas como forma de lucha armada: para la colonia tiene su origen en el hecho de que la lucha no puede ser llevada al punto de la destrucción de las relaciones burguesas, pero es solo una forma ejercer cierta presión y cambiar su dirección. El movimiento de clase, por el contrario, sabemos bien que no tiene nada que perder excepto sus cadenas y, por lo tanto, se organiza en una verdadera y propia guerra que debe conducirlo al control total del poder político (por lo tanto, no admite ninguna autonomía local en su interior).
El punto débil de las Panteras Negras es definitivamente la teoría; y esto salta a la vista si se consideran los puntos programáticos. No se trata ni siquiera de un programa político, sino puntos que deberían servir para la movilización de las masas. La “plataforma-programa” se remonta a octubre de 1966, pero se ha venido reivindicando tal cual también hoy, y merece la definición, en el caso más benevolente, de reformismo tradicional, apoyado en una forma de lucha de guerrillas. Los diez puntos reivindican para la comunidad negra: libertad, pleno empleo, vivienda digna, educación adecuada a su historia y raza (punto particularmente retrógrado), exención del servicio militar, cese de persecuciones policiales, libertad para prisioneros negros, tribunales con jurados negros, plebiscito bajo el patrocinio de las Naciones Unidas (sic!) para establecer la voluntad de la comunidad negra; finalmente, piden que se ponga fin a la razzia capitalista y se cumpla la promesa de hace cien años, es decir, el pago de 40 acres y 2 mulas como compensación por el trabajo esclavo y la abolición masiva (¡también aceptado en dinero efectivo!).
Lo que falta es un mínimo análisis político y económico de la vía para conquistar la emancipación (¿y qué es un programa si no la formulación de tesis que expresan tales análisis?): Solo hay una serie de peticiones al Estado dominante, concebido como sus deberes, que también podrán movilizar a grupos explotados sobre el terreno de la violencia, pero no pueden modificar la esencia de las relaciones de clase, excepto en el papel.
Indicativo a este respecto es que se llegue a escribir peticiones a las Naciones Unidas, indicando que debería, “sobre la base de la simple justicia”, llevar a cabo una “acción universal, incluidas sanciones políticas y económicas, contra los Estados Unidos”, culpable del delito de genocidio, según lo definido por las propias Naciones Unidas en la Asamblea General del 9 de diciembre de 1948. Se podría pensar en una pura y simple, aunque muy ingenua, maniobra para hacer “pública” la situación negra, pero la conclusión de la plataforma-programa resumida más arriba da el justo trasfondo “teórico” a la cosa: “todos los hombres fueron creados iguales y dotados por el Creador de algunos derechos inalienables, incluyendo la vida, la libertad, el logro de la felicidad” que conllevan las acciones correctivas habituales del “pueblo” más o menos soberano, cuando, como en el clásico pensamiento democrático-burgués, surge el tirano o los derechos son sin embargo pisoteados.
El movimiento que opone la violencia abierta a la violencia mistificada del Estado democrático y racista de los Estados Unidos, por lo tanto, tiene la intención de actuar dentro de esta sociedad y se reduce a reclamar una cierta autonomía para su propia gente. Admirable en su batalla con la cara descubierta, se mueve sin embargo en un terreno equívoco y sustancialmente antihistórico.
Precisamente, este aspecto, que se cree que está vinculado a las experiencias de los pueblos “heroicos” norcoreano y vietnamita, es la parte retrógrada del movimiento y entra en crisis y contradicción intrínseca a medida que la lucha de clases se desarrolla y reanuda su contenido real, colocando al proletariado como su verdadero protagonista (¡no importa en qué piel!), es decir, la clase que suprime cualquier pretensión de autonomía en todos los campos, desde el de la escuela, de la “justicia”, del “servicio militar”, de la familia, hasta el de organización política, económica, estatal, porque todo está fusionado, en un único movimiento irresistible, el de la clase explotada en su conjunto, guiada por un único partido.
Sin embargo, no hay duda de que la dolorosa experiencia de los proletarios y subproletarios negros, limitados en una lucha por motivos raciales, que ven al frente su propia vía a la real emancipación en las condiciones económicas y sociales dadas, podrá contribuir con sus continuos sacrificios de fuerzas generosas, los asesinatos perpetrados por los defensores del “orden”, los procesos escandalosamente represivos y el mismo racismo que crece en el polo opuesto (todo lo que también puede conducir a un lento desangramiento de las energías proletarias), contribuirá a abrir los ojos al proletariado blanco y no blanco y a generar una vanguardia política que sepa unir en sus filas a todos los proletarios sin discriminación racial. ¡Esta es la esperanza y también el tributo que formulamos para el bien de los negros en valiente batalla, así como la de los blancos en aletargado sueño!