Partido Comunista Internacional

Il Partito Comunista 135

En la orgánica predisposición del partido está su preparación para la revolución Pt.1

APÉNDICE

En la orgánica predisposición del partido está su preparación para la revolución

1 – EL PARTIDO COMO GUÍA ORGÁNICO DE LA CLASE

El primer punto del que se parte es aquel según el cual el Partido es consciente de que no podrá haber nunca ninguna victoria revolucionaria si no llegan a reunirse las condiciones históricas que permitan al Partido mismo constituir el guía orgánico del proletariado revolucionario.

El partido organiza a aquellos militantes que no solo están decididos a batirse por la victoria de la revolución, sino que también son conscientes de las finalidades que el Partido persigue, y conocen los medios necesarios para conseguirlas.

Esto no significa que la conciencia individual sea condición para la admisión en el Partido, cosa que excluimos de la manera más absoluta; sin embargo esta tesis fundamental y de principio significa que deja de existir toda relación orgáica de Partido cuando se usan en su interior métodos de constricción física, explícitos y, peor aún, diplomáticos, que excluimos antes, durante y después de la Revolución. Dicha tesis demuestra también que los miembros del Partido deben ser considerados no como un material con el que hacer trabajo de propaganda y agitación, sino compañeros con los que desarrollar un trabajo común para la preparación revolucionaria común: en esto está también contenida la tesis de que el Partido representa a la clase para sí en su devenir histórico, independientemente de las situaciones.

Cita 164 – Discurso del representante de la Izquierda en el VI Ejecutivo Ampliado de la IC – 1926
   …Es absolutamente indispensable que el partido tenga la posibilidad de formarse una opinión y expresarla abiertamente. En el congreso del partido italiano he dicho que el error que se ha cometido es no haber hecho, en el interior del partido, una diferencia neta entre agitación y propaganda. La agitación va dirigida a una gran masa de individuos a los que se aclaran algunas ideas simples, mientras que la propaganda toca a un número relativamente restringido de camaradas a los que se explica un número más grande de ideas más complicadas. El error que se ha cometido es haberse limitado a la agitación en el interior del partido; se ha considerado por principio a la masa de los miembros del partido como inferiores, se les ha tratado como a elementos a los que se puede poner en movimiento, y no como factor de un trabajo común. Se puede comprender hasta cierto punto la agitación fundada en fórmulas a aprender de memoria, cuando se busca el efecto más grande por medio del gasto más pequeño de energía, cuando hay que poner en movimiento a grandes masas, allí donde el factor de la voluntad y de la conciencia no juega más que un papel secundario. Pero no ocurre lo mismo con el partido. Exigimos que se acabe con este método de agitación en el interior del partido. El partido debe reunir alrededor suyo a esa parte de la clase obrera que tiene una conciencia de clase y en la que reina la conciencia de clase; si al menos no reivindicáis la teoría de los elegidos que, entre otras acusaciones infundadas, nos ha sido imputada otras veces. Es necesario que la gran masa de los miembros del partido se forje una conciencia política común y que estudie los problemas que se plantea el partido comunista. En este sentido es de extrema urgencia cambiar el régimen interno del partido.

Solo en raros momentos de la historia la clase física corresponde con la clase para sí, y se trata de un proceso objetivo sobre el que la voluntad del Partido puede influir muy relativamente, incluso en los momentos de mayor consistencia numérica del Partido. Por el contrario, el trabajo de preparación revolucionaria del Partido mismo es una tarea exquisitamente subjetiva, que por cierto, no podrá dejar de resentirse del ambiente externo y del desarrollo de las situaciones, pero en todo caso puede ser asumido solo a través de un continuo esfuerzo de la organización formal para mantenerse a la altura del partido histórico.

2 – FACTORES OBJETIVOS DE LA DEGENERACIÓN DE LA INTERNACIONAL COMUNISTA

Como se ha afirmado otras veces en los textos y en las tesis, es necesario referirse a la batalla que la Izquierda ha conducido con el centro de la Internacional desde 1922 a 1926, porque fue precisamente a través de aquella batalla como se deshizo el nudo histórico para el renacimiento del Partido mundial de las cenizas de la Tercera Internacional. Derrota de la Revolución y renacimiento del Partido sobre la base de las enseñanzas derivadas precisamente de la victoria de la contrarrevolución se sueldan así inseparablemente.

No podremos comprender el significado de la batalla de la Izquierda contra el estalinismo, en los años cruciales de 1922-26, si no es a la luz de nuestra exclusiva tesis de que fueron factores objetivos los que determinaron la victoria de la contrarrevolución. Todos aquellos que han sobrevalorado los aspectos subjetivos (errores del centro internacional) han acabado por abandonar los más elementales principios comunistas mismos, precisamente porque han cerrado la posibilidad de recoger el significado de clase de los acontecimientos rusos y europeos de aquel periodo.

Esta tesis nuestra está afirmada en todos los textos y nos distingue no solo en las confrontaciones con el oportunismo oficial de marca moscovita, sino también en las confrontaciones con el oportunismo en muchos casos más maloliente aún de los miles de grupúsculos sedicentemente revolucionarios.

Cita 165 – Estructura económica y social de la Rusia actual – 1957
    118 -…En Rusia la fase revolucionaria estaba madura para empujar en un breve ciclo fuerzas nuevas y disgregar fuerzas muertas, en Europa la situación era falsamente revolucionaria y el despliegue no fue decisivo, la incertidumbre y el cambio de actitud fue efecto y no causa del cambio de dirección de la histórica curva del potencial de clase.
    Si hubo errores y si es sensato hablar de errores de hombres y de políticos, no consisten en haber perdido los autobuses históricos que se podían aferrar, sino en haber deducido, de la lucha en Rusia, la presencia de la situación suprema, en haber creído que ésta se podía sustituir en Europa con el efecto de ilusorias triquiñuelas subjetivas, en no haber tenido, por parte del movimiento, la fuerza de decir que el autobús del poder proletario en occidente no había pasado y que por lo tanto era mentira indicar que llegaba el autobús de la economía socialista en Rusia.

Sin embargo hemos subrayado otras veces que no se deben subvalorar los errores tácticos y organizativos de los primeros años de la Internacional Comunista, no porque sin aquellos errores la contrarrevolución no se habría dado, sino porque precisamente en el empleo común del significado de aquellos errores y de las tempestivas reacciones de la Izquierda está la posibilidad material de conseguir que el Partido marche sobre la vía revolucionaria correcta.

Las debilidades que, por parte de la Izquierda, fueron indicadas enseguida a la Internacional eran relativas al planteamiento mismo de la cuestión de la táctica (ausencia de límites claros y precisos; la actitud impaciente, por lo demás no sin motivo, en las confrontaciones de la lucha por la conquista del poder político en los países capitalistas europeos, de aquí el maniobrismo, la generalización de la experiencia rusa a los grandes países capitalistas europeos (confusión de la táctica en las áreas de revolución doble con la de las áreas de revolución única); la práctica, en el campo organizativo, del fusionismo de los partidos comunistas con partidos no revolucionarios.

Ya hemos escrito otras veces que tales debilidades no eran imputadas por la Izquierda a pretendidas incapacidades subjetivas de los dirigentes de la Internacional. A pesar de esto, la Izquierda sabía que insistir en la práctica de tales debilidades había tenido la consecuencia de debilitar y luego destruir la Internacional. Por eso, desde el II Congreso, la Izquierda actuó para reducir al mínimo los efectos negativos de tales debilidades en toda la Internacional, con la clara intención de preservar si no a todo el Partido, al menos al nervio que había dado vida a la Internacional. Las vicisitudes sucesivas tuvieron por el contrario el peor de los cursos posibles para obtener también este resultado limitado. El hundimiento posterior de la Internacional ha confirmado que, mientras que ella había desarrollado de manera definitiva los problemas de teoría y de principio, no había afrontado de modo igualmente definitivo y adecuado el problema de la táctica, y a través de esta brecha que quedó abierta ha podido entrar de nuevo el oportunismo.

3 – VALORACIÓN DE LA SITUACIÓN HISTÓRICA Y TAREAS DEL PARTIDO

Es de fundamental importancia la valoración correcta de la situación histórica, porque de otro modo llegarían a ser vagas no solo las connotaciones de la táctica, sino también y en consecuencia, la fisonomía del Partido, su función y sus tareas específicas.

La lección que debemos sacar de los años 1919-26 es que, en último análisis, fue la capacidad del capitalismo para resistir a la potente oleada revolucionaria lo que explica también los errores subjetivos de la Internacional. En los años siguientes, el capitalismo mundial ha podido permitirle a la clase obrera de los países imperialistas la participación en la explotación del mundo con migajas sustanciales. Desde un punto de vista materialista no puede explicarse diversamente la aquiescencia total del grueso de la clase obrera occidental a las exigencias capitalistas, que se expresan con el control político de la clase misma por parte de los partidos oportunistas; de otro modo, deberíamos considerar al oportunismo como un fenómeno no social y económico, sino moral. En esto no debe estar contenida ninguna concesión a las teorías de la «integración» en el sistema capitalista de la clase obrera, porque también debe reafirmarse la segura previsión de que la misma clase obrera de los países occidentales e imperialistas deberá volver a expresar potencia de lucha de clase para la consecución de sus objetivos históricos cómo y más que en 1919. ¿Quándo? Cuando la base material de la alianza entre el imperialismo y la clase obrera de los países imperialistas se venga abajo, por razones igualmente materiales.

Las tareas tácticas y organizativas del Partido, permanentes y contingentes, deben estar directamente relacionadas con este proceso histórico que postula la reanudación de la lucha revolucionaria de clase. El Partido no debe adoptar métodos y actitudes que no tengan como soporte una situación material correspondiente a las previsiones y que no estén ampliamente explicadas a la luz de la teoría, en cuanto que en tal caso se comprometerían los caracteres fundamentales del Partido mismo. Sin una precisa correlación entre fines, principios, táctica y análisis de la situación el Partido acabaría por asumir actitudes que perjudicarían sus caracteres distintivos, y caería igualmente e inevitablemente en el activismo y en el voluntarismo.

Cita 166 – Tesis de la Izquierda al III Congreso del PC de Italia (Tesis de Lyon) – 1926
    El examen y la comprensión de las situaciones deben ser elementos necesarios para adaptar las decisiones tácticas, pero no en cuanto puedan conducir, según la arbitrariedad de los jefes, a «improvisaciones» y «sorpresas», sino en cuanto indicarán al movimiento que ha llegado la hora de una acción lo más prevista posible. De lo que se trata es de prever lo que deberemos hacer en las distintas hipótesis posibles en el curso de las situaciones objetivas, y no de prever las situaciones, lo que todavía es menos posible con seguridad. Negar la posibilidad y la necesidad de prever las grandes líneas de la táctica, – no de prever las situaciones, cosa posible con una seguridad aún menor; sino de prever qué deberemos hacer en las diversas hipótesis posibles sobre la marcha de las situaciones objetivas – significa negar la tarea del partido y negar la única garantía que podemos dar de que, en cada eventualidad, sus militantes y las masas responderán a las órdenes del centro dirigente. En ese sentido, el partido no es un ejército, ni tampoco un engranaje estatal, o sea, un órgano en el cual la parte de la autoridad jerárquica es preponderante y la de la adhesión voluntaria nula; es obvio que para el miembro del partido queda siempre una vía para no ejecutar las órdenes, contra la cual no existen sanciones materiales: el abandono del partido mismo. La buena táctica es aquella que, con el desarrollo de las situaciones, cuando el centro dirigente no tiene tiempo de consultar al partido, y menos aún a las masas, ella no provoca en el seno del partido mismo ni en el del proletariado repercusiones inesperadas y que puedan ir en un sentido opuesto al éxito de la campaña revolucionaria. El arte de la táctica revolucionaria es el de prever cómo reaccionará el partido a las órdenes y cuáles son las órdenes que obtendrán la buena reacción: ese arte solo puede ser confiado a la utilización colectiva de las experiencias de acción del pasado, resumidas en claras reglas de acción. Al dejar la ejecución de las mismas a los dirigentes, los militantes se aseguran de que éstos no traicionarán su mandato, y se comprometen sustancialmente, y no en apariencia, a ejecutar de manera fecunda y decidida las órdenes del movimiento. No dudamos en decir que, al ser el partido mismo algo perfectible y no perfecto, mucho debe ser sacrificado a la claridad, a la capacidad de persuasión de las normas tácticas, aunque esto comporte cierta esquematización. Cuando las situaciones destruyan los esquemas tácticos preparados por nosotros, no se solucionará nada cayendo en el oportunismo y en el eclecticismo, sino que se deberá hacer un nuevo esfuerzo para adecuar la línea táctica a las tareas del partido. No es solo el buen partido el que da la buena táctica, sino que es la buena táctica la que da el buen partido, y la buena táctica tiene que ser comprendida y elegida por todos en sus líneas fundamentales.
    Nosotros negamos sustancialmente que, con la exigencia de una acatamiento puro y simple a un hombre, a un comité, o a un único partido de la Internacional y a su tradicional aparato dirigente, sea lícito sofocar el esfuerzo y el trabajo colectivo del partido para definir las normas de la táctica.
    La acción del partido asume un aspecto de estrategia en los momentos culminantes de la lucha por el poder, en los cuales dicha acción asume un carácter esencialmente militar. En las situaciones precedentes, la acción del partido no se reduce, sin embargo, a la función puramente ideológica, propagandística y organizativa, sino que consiste, como se ha dicho, en participar y actuar en cada una de las luchas suscitadas en el proletariado. Por consiguiente, el sistema de las normas tácticas debe ser edificado precisamente con el fin de establecer a qué condiciones la intervención del partido y su actividad en dichos movimientos, su agitación al calor de las luchas proletarias, se coordinan con el objetivo revolucionario final y garantizan simultáneamente el progreso útil de la preparación ideológica, organizativa y táctica.

4 – NECESIDAD DE LA CONTINUA PREPARACIÓN DEL PARTIDO

Al decidir la intervención del Partido en las situaciones históricas dadas debemos evitar el error voluntarista que se reduce casi siempre a una desvalorización del Partido, atribuyendo a organismos inmediatos de la clase funciones revolucionarias típicas del Partido. Y en modo particular la tradición sindicalista. Por el contrario, debemos ser conscientes de que cuando la situación histórica madure verdaderamente, en sentido revolucionario, numerosos militantes revolucionarios se alinearán, incluso por vía instintiva, con el Partido; y precisamente esto también será una de las señales más evidentes de la aceleración del proceso de la reanudación revolucionaria.

Cita 167 – Tesis características del Partido (Tesis de Florencia-1951)
    IV, 10 – La aceleración del proceso deriva, además de las profundas causas sociales de las crisis históricas, de la obra de proselitismo y de propaganda con los reducidos medios disponibles. El partido excluye absolutamente que se pueda estimular el proceso con recursos, maniobras o expedientes que se apoyen en aquellos grupos, cuadros y jerarquías que usurpan el nombre de proletarios, socialistas y comunistas. Estos medios, que conformaron la táctica de la Tercera Internacional, al día siguiente de la desaparición de Lenin de la vida política, no surtieron otro efecto que el de la disgregación del Comintern, como teoría organizativa y fuerza operante del movimiento, dejando siempre algún de partido en el camino del «expediente táctico». Estos métodos son retomados y revalorizados por el movimiento trotskista y por la IV Internacional considerándolos erróneamente como métodos comunistas.
    Para acelerar el nuevo ascenso de clase no existen recetas a punto. Para hacer escuchar a los proletarios la voz de clase no existen maniobras y expedientes, que como tales no harían aparecer al partido tal como es verdaderamente, sino una desfiguración de su función, en detrimento y perjuicio de la efectiva reanudación del movimiento revolucionario, que se basa en la madurez real de los hechos y del correspondiente adecuamiento del partido, habilitado a ellos solamente por su inflexibilidad doctrinaria y política.
    La Izquierda italiana ha combatido siempre el expedientismo para permanecer siempre a flote, denunciándolo como una desviación de principio que no tiene nada que ver con el determinismo marxista.

El error opuesto al voluntarismo es el fatalismo craso. En el proceso histórico que ve realmente a la clase obrera reapropiarse de sus instrumentos revolucionarios, el Partido no solo puede, sino que debe intervenir como factor voluntario. En las situaciones históricas contingentes el Partido debe pues intervenir con sus principios inconfundibles, con el objetivo de consolidar los mayores lazos posibles con la clase. No es cualquier lazo con la clase lo que le interesa al Partido (sería puro oportunismo), sino solo aquel que no contradice nuestro esquema de prospectiva revolucionaria: lucha defensiva de clase, reconstrucción del sindicato de clase, reforzamiento del Partido, lucha revolucionaria por la conquista del poder político. Viceversa, proponerse en cualquier situación dirigir a la clase o incluso influenciarla fuera de nuestra perspectiva tiene como consecuencia inevitable comprometer la compacidad del Partido, por los reflejos que un tipo tal de actividad no puede dejar de tener en la organización.

168 – Tesis de la Izquierda en el III Congreso del PC de Italia (Tesis de Lyon) – 1926
    I, 3 -…La actividad del partido no puede ni debe limitarse solo a la conservación de la pureza de los principios teóricos y de la pureza del complejo organizativo, o bien solo al logro a toda costa de éxitos inmediatos y de popularidad numérica. Ella debe englobar siempre y en todas las situaciones los tres puntos siguientes:
a) la defensa y precisión, en relación con los nuevos grupos de hechos que se presentan, de postulados programáticos fundamentales, o sea, de la conciencia teórica del movimiento de la clase obrera;
b) el aseguramiento de la continuidad del complejo organizativo del partido y de su eficiencia, y su defensa contra las infecciones de influencias extrañas y opuestas al interés revolucionario del proletariado;
c) la participación activa en todas las luchas de la clase obrera, incluso en las suscitadas por intereses parciales y limitados, para alentar su desarrollo, pero aportándoles constantemente el factor del enlace con los objetivos revolucionarios finales y presentando las conquistas de la lucha de clase como vías de acceso a las indispensables luchas futuras, denunciando el peligro de acomodarse con las realizaciones parciales, consideradas como puntos de llegada, y de sacrificarles las condiciones de la actividad y combatividad clasista del proletariado, tales como la autonomía e independencia de su ideología y de sus organizaciones, en el primer rango de las cuales está el partido.
    El objetivo supremo de esta compleja actividad del Partido es preparar las condiciones subjetivas de la preparación del proletariado para ponerlo en condiciones de aprovechar las posibilidades revolucionarias objetivas que presentará la historia, en cuanto éstas se manifiesten de manera que salga vencedor de la lucha, y no vencido.
   …Hay que decir bien alto que, en ciertas situaciones, pasadas, presentes y futuras, el proletariado ha estado, está y estará necesariamente en su mayoría en una posición no revolucionaria, de inercia y de colaboración con el enemigo según los casos; y que en tanto, a pesar de todo el proletariado continúa siendo siempre y por doquier la clase potencialmente revolucionaria y depositaria del desquite de la revolución, mientras exista en su seno el partido comunista que, sin renunciar jamás a ninguna posibilidad de afirmarse y manifestarse de manera coherente, sabe evitar las vías que aparecen más fáciles a los efectos de una popularidad inmediata, pero que lo desviarían de su tarea y privarían al proletariado del punto de apoyo indispensable de su reanudación. Sobre dicho terreno dialéctico y marxista, y jamás sobre el terreno estético y sentimental, debe rechazarse la bestial expresión oportunista de que un partido comunista es libre de adoptar todos los medios y todos los métodos. Al afirmar que el partido, precisamente por ser verdaderamente comunista, es decir, sano en los principios y en la organización, puede permitirse todas las acrobacias en la maniobra política, se olvida que el partido es para nosotros, al mismo tiempo, factor y producto del desarrollo histórico, y que frente a las fuerzas de este último el proletariado se comporta como una materia más plástica aún. Lo que tendrá influencia sobre el proletariado no serán las explicaciones tortuosas que los jefes del partido presentarían para justificar ciertas «maniobras», sino los efectos reales que es necesario saber prever, utilizando sobre todo la experiencia de los errores pasados. Solo si se sabe actuar en el campo de la táctica y rechazar enérgicamente las falsas vías con normas de acción precisas y respetadas, el partido podrá preservarse de las degeneraciones, lo que jamás logrará solamente con credos teóricos y sanciones organizativas.

El partido debe habilitarse para llegar a ser el órgano indispensable de la Revolución, y solo lo puede hacer «defendiendo en el presente las tareas futuras del movimiento proletario». Aquí está el sentido y la importancia de la necesidad de la preparación del Partido, tarea primaria precisamente del periodo histórico que todavía hoy atravesamos. Cuando las masas proletarias se encuadren nuevamente en el terreno de la lucha de clase no habrá tiempo para la preparación de un partido capaz de desarrollar, de manera eficaz, sus tareas revolucionarias. La experiencia histórica demuestra que la situación revolucionaria arrolla a los partidos no preparados sólidamente en el terreno revolucionario (hundimiento de la II Internacional con el estallido de la primera guerra mundial), mientras que solo partidos precedentemente preparados pueden dirigir al proletariado a la victoria en las crisis revolucionarias (partido bolchevique en Rusia 1917). No es pues el movimiento, ni siquiera el del proletariado revolucionario, lo que determina la claridad de programas y compacidad de acción del Partido, sino al revés, es la claridad programática y táctica y la compacidad organizativa, precedentemente conquistadas por el Partido, las que permiten la victoria del proletariado revolucionario contra el Estado capitalista. De otro modo, ¿en qué se basaría nuestra noción fundamental de que la dictadura del proletariado significa dictadura del Partido?

5 – LA COMPACIDAD Y UNIDAD DEL PARTIDO SON EL RESULTADO DE SU ACTIVIDAD ORGÁNICA

El trabajo de preparación revolucionaria del Partido debe consistir en la transmisión continua y en cada una de sus partes de la doctrina y de la tradición histórica con el objetivo de conseguir ese grado de asimilación colectiva indispensable con el fin de que el Partido mismo pueda asumir la función de órgano de la Revolución cuando la situación esté madura. La conciencia de esta necesidad, aun habiendo sido una aspiración originaria de la Izquierda, solo se obtiene con la lucha contra el estalinismo. Derrota práctica del movimiento revolucionario y victoria teórica, en cuanto conciencia de la única posibilidad de victoria revolucionaria futura se unen inseparablemente en la experiencia de la Izquierda, ya fuera de la Internacional estalinizada. Es pues a esta única experiencia a la que debemos referirnos en nuestro trabajo cotidiano de partido y sobre todo, a la batalla dirigida por la Izquierda contra los primeros síntomas de degeneración de la Internacional, cuando se forjaron los primeros instrumentos y los antídotos contra los primeros intentos, llegados luego a buen fin, de revancha del oportunismo contra el partido.

Cita 169 – Tesis suplementarias… (Tesis de Milán) – 1966
    2 -…Aun aceptando que el partido tenga un perímetro restringido, debemos comprender que nosotros preparamos el verdadero partido sano y eficiente al mismo tiempo, para el periodo histórico en que las infamias del tejido social contemporáneo harán retornar a las masas insurgentes a la vanguardia de la historia; en cuyo lance podrían una vez más errar si faltase el partido no pletórico sino compacto y potente, que es el órgano indispensable de la revolución. Las contradicciones incluso dolorosas de este periodo deberán ser superadas sacando la lección dialéctica que nos ha venido de las amargas decepciones de los tiempos pasados y señalando con coraje los peligros que la Izquierda había advertido y denunciado en otro tiempo, y todas las formas insidiosas que una y otra vez revistió la amenazante infección oportunista.
    3 – Con tal objetivo se desarrollará en profundidad aún mayor el trabajo de presentación crítica de las batallas del pasado y de las repetidas reacciones de la Izquierda marxista y revolucionaria contra las históricas oleadas de desviaciones y de extravío que se han puesto desde hace más de un siglo en el camino de la revolución proletaria. Con referencia a las fases en que se presentaron las condiciones de una ardiente lucha entre las clases, menospreciando el coeficiente de la teoría y estrategia revolucionaria, y sobre todo con la historia de las vicisitudes que invalidaron a la Tercera Internacional cuando parecía que el punto crucial hubiese sido superado para siempre, y de las posiciones criticas que la Izquierda asumió para conjurar el peligro que sobresalía y la ruina que desdichadamente siguió, se podrán consagrar enseñanzas que no pueden ni quieren ser recetas para el éxito, sino admoniciones severas para defendernos de aquellos peligros y de aquellas debilidades en las que tomaron cuerpo las insidias y las trampas, cuando la historia hizo caer tantas veces a las fuerzas que parecían consagradas a la causa del avance revolucionario.

Estos instrumentos, sometidos ahora ya a una selección histórica confirmada varias veces, fueron la reacción de la Izquierda contra el eclecticismo táctico (aleatoriedad del término usado en el tercer congreso de la Internacional en 1921, «conquista de la mayoría», ausencia de límites muy precisos en las indicaciones tácticas, frente único, etc); la reacción de la Izquierda contra métodos organizativos fusionistas con otros partidos; la denuncia de los métodos de caza a los presuntos responsables de fracasos que se imputaban a la mala aplicación de las normas tácticas dictadas por el Presidium de la Internacional, cuando por el contrario no eran imputables más que a las condiciones objetivas desfavorables, contra las que se actuaba mal precisamente con el eclecticismo táctico; la lucha de la Izquierda contra un método de trabajo interno, consistente en la caza del espectro del fraccionismo en lugar de la búsqueda común de las posiciones justas. Mientras se pretendía invertir situaciones históricas desfavorables, lo que era materialmente imposible, se estaba destruyendo el órgano Partido. De aquellas vicisitudes el Partido ha sacado definitivamente la convicción de que no se puede obtener el resultado de cohesión y compacidad organizativa si no es como resultado de una actividad (teórica y práctica) que una a todo el Partido, desde el centro a la periferia, por consiguiente, como resultado de un método de trabajo en el que la lucha política interna quede excluida en línea de principio.

Cita 170 – Tesis sobre la tarea histórica, la acción y la estructura del partido… (Tesis de Nápoles) – 1965
    3 – Por lo que respecta al periodo sucesivo de vida de la nueva Internacional forma patrimonio inolvidable de la Izquierda Comunista la justa diagnosis teórica y la previsión histórica de nuevos peligros oportunistas que se delineaban en el proceso de vida de los primeros años de la nueva Internacional. Tal punto está desarrollado, para evitar teoricismos pesados, con método histórico. Las primeras manifestaciones denunciadas y opuestas por la Izquierda se verificaron en la táctica a propósito de las relaciones a establecer con los viejos partidos socialistas de la II Internacional, de los que los comunistas se habían dividido organizativamente con las escisiones, y consecuentemente también con medidas equivocadas en materia de estructura organizativa. El III Congreso había constatado justamente que no era suficiente (ya en 1921 se podía prever que la gran oleada revolucionaria, que siguió a la finalización de la guerra en 1918 se iba enfriando y que el capitalismo habría intentado contraofensivas ya sea en el campo económico como en el político, haber formado partidos comunistas estrechamente empeñados con el programa de la acción violenta, de la dictadura proletaria y el Estado comunista, si una amplia parte de las masas proletarias, permanecía accesible a las influencias de los partidos oportunistas, por todos nosotros considerados entonces como los peores instrumentos de la contrarrevolución burguesa y que tenían las manos manchadas de sangre de Carlos y de Rosa. No obstante, la Izquierda Comunista no aceptó la fórmula de que fuese condición indispensable para la acción revolucionaria (condenable como iniciativa blanquista de pequeños partidos) la conquista de la «mayoría» del proletariado (por otro lado no se supo jamás si se trataba del verdadero proletariado asalariado o del «pueblo», incluyendo campesinos propietarios y microcapitalistas, artesanos y cualquier otro pequeño burgués). Tal fórmula de la mayoría con su sabor democrático despertaba una primera alarma, desdichadamente verificada por la historia, que el oportunismo pudiese renacer introducido bajo la acostumbrada bandera del homenaje a los conceptos mortíferos de democracia y de recuento electoral.
    Desde el IV Congreso, finales de 1922, en adelante, la previsión pesimista y la vigorosa lucha de la Izquierda prosiguen denunciando las tácticas peligrosas (frente único entre partidos comunistas y socialistas, consigna del «gobierno obrero») y los errores organizativos (por los cuales se querían ampliar los partidos no solo con la llegada de proletarios que abandonasen a los otros partidos con programa, acción y estructura socialdemócrata, sino con fusiones que aceptasen partidos enteros y porciones de partidos junto a otros pactos con sus estados mayores, e incluso con la admisión como secciones nacionales del Comintern de los pretendidos partidos «simpatizantes» lo que era claro error en el sentido federalista. En una tercera dirección, la Izquierda denuncia desde entonces y cada vez más vigorosamente, en los años sucesivos la ampliación del peligro oportunista: este tercer argumento es el método de trabajo interno de la Internacional, con el que el centro representado por el Comité Ejecutivo de Moscú usa con los partidos, o ya sea con partes de partidos que han incurrido en errores políticos, métodos no solo de «terror ideológico», sino sobre todo de presión organizativa, lo que constituye una equivocada aplicación y poco a poco una falsificación total de los justos principios de la centralización y de la disciplina sin excepciones. Tal método de trabajo iba exasperándose por todas partes, pero de forma particular en Italia en los años sucesivos a 1923 – en los que la Izquierda, seguida por todo el partido dio pruebas de disciplina ejemplar pasando las consignas a compañeros derechistas y centristas designados por Moscú – después de que se abusó gravemente del espectro de «fraccionamiento» y la constante amenaza de expulsión de una corriente acusada artificialmente de preparar una escisión del partido, con el único fin de hacer prevalecer los peligrosos errores centristas en la política del partido. Este tercer punto vital fue discutido a fondo en los Congresos Internacionales y en Italia, y es no menos importante que la condena a las tácticas oportunistas y a las fórmulas organizativas de tipo federalista.

A pesar de los generosos y tempestivos intentos de salvar a la Internacional, ésta, de ahí a pocos años, llegó a ser totalmente presa del nuevo y más potente oportunismo. La enseñanza contenida en las vicisitudes de entonces y confirmada por las sucesivas se ha duplicado: no hay recetas para impedir las crisis que retornan frecuentemente al Partido, pero sería criminal no atesorar las experiencias de aquel periodo.

El mantenimiento del correcto método de trabajo interno es indispensable para que el Partido no degenere y para que se realice plenamente la función de transmisión de las posiciones revolucionarias correctas a las nuevas generaciones. Es nuestra tesis que el Partido no puede dejar de resentirse del ambiente externo en el que está obligado a actuar, ambiente que hoy es el más desfavorable e impregnado de oportunismo que sea posible imaginar. Es pues solo en la coherencia teórica de sus posiciones donde el Partido debe encontrar la fuerza para oponerse al oportunismo ampliamente difundido. Y es precisamente aquí donde surge la cuestión del mantenimiento de los principios y de la táctica justa.

La mejor solución para esta cuestión, de importancia capital para sabernos orientar en nuestro trabajo cotidiano, reside:
a) en evitar dirigir la lucha que el Partido conduce contra el oportunismo (que es una lucha de todo el Partido contra un enemigo externo) contra una parte del Partido mismo, acusada por la otra parte de «oportunismo». La lucha política interna ha sido abandonada para siempre;
b) en el conocimiento cada vez mejor de nuestras posiciones y de la historia de la batalla del comunismo de izquierda contra las posiciones oportunistas, porque de otro modo el Partido acabaría por no saber ya reconocer las mismas posiciones revolucionarias.

Solamente así el Partido podrá adquirir la capacidad colectiva de separar cada vez más netamente las posiciones de las diferentes formas de oportunismo de las auténticamente revolucionarias. Y tal capacidad no consistirá en atribuir «posiciones oportunistas» a compañeros individuales o partes del partido, sino en el de reconocer tempestivamente los peligros denunciados en su tiempo por la Izquierda con tal de que el Partido pueda ser defendido en el mejor de los modos.

Este resultado es una conquista continua para el Partido y, para que pueda ser siempre precisado y confirmado, es necesario y vital clarificar continuamente, a través del complejo y conexo trabajo del partido, incluidos los contactos físicos y epistolares frecuentes entre los compañeros, los objetivos de nuestra actividad y su correlación con los medios necesarios para conseguirlos.

Cita 171 – Fuerza, violencia y dictadura en la lucha de clase – 1948
    V -…Para evitar por consiguiente que el partido caiga en las crisis del oportunismo, o deba necesariamente reaccionar a ellas con el fraccionismo, no existen reglamentos o recetas. Existe sin embargo la experiencia de la lucha proletaria de tantos decenios que nos permite reconocer algunas condiciones, cuya búsqueda, cuya defensa, cuya realización deben ser una tarea incansable de nuestro movimiento. En conclusión indicamos las principales:
    1) El partido debe defender y afirmar la máxima claridad y continuidad en la doctrina comunista tal como se ha ido desarrollando en sus sucesivas aplicaciones a los desarrollos de la historia, y no debe consentir proclamaciones de principio en oposición, aun parcial, con sus principios teóricos.
    2) El partido debe en toda situación histórica proclamar abiertamente el contenido integral de su programa económico, social y político, y sobre todo lo que concierne la cuestión del poder, de su conquista con la fuerza armada, de su ejercicio con la dictadura.
Las dictaduras que degeneran en el privilegio de un pequeño círculo de burócratas y pretorianos han sido siempre precedidas por proclamaciones ideológicas enmascaradas hipócritamente bajo fórmulas de naturaleza populachera de fondo ora democrático, ora nacional, y por la pretensión de tener tras de sí la totalidad de las masas populares, mientras que el partido revolucionario no vacila en proclamar su intención de agredir al Estado y a sus instituciones, y de tener a la clase vencida bajo el peso despótico de la dictadura aun cuando admite que solo una minoría avanzada de la clase oprimida ha llegado a comprender estas exigencias de la lucha.
«Los comunistas – dice El Manifiesto – desdeñan esconder sus fines». Los que alardean de alcanzarlos teniéndolos hábilmente cubiertos son sólo los renegados del comunismo.
    3) El partido debe realizar un estricto rigor organizativo en el sentido de que no acepta, agrandarse a través de compromisos con grupos o grupitos o, peor aún, traficar con la conquista de adhesiones para la base y concesiones a pretendidos jefes y dirigentes.
    4) El partido debe luchar por una clara comprensión histórica del sentido antagónico de la lucha. Los comunistas reivindican la iniciativa del asalto a todo un mundo de ordenamientos y de tradiciones, saben que ellos constituyen un peligro para todos los privilegiados, y llaman a las masas a la lucha para la ofensiva y no para la defensiva contra pretendidos peligros de perder jactadas ventajas y progresos, conquistados en el mundo capitalista. Los comunistas no dan en alquiler y préstamo su partido para correr a las murallas en defensa de causas que no son suyas y de objetivos no proletarios como la libertad, la patria, la democracia y otras mentiras semejantes.
«Los proletarios saben no tener nada que perder en la lucha más que sus cadenas».
    5) Los comunistas renuncian a todo el conjunto de expedientes tácticos que fueron invocados con la pretensión de acelerar la cristalización de la adhesión de amplios estratos de las masas en torno al programa revolucionario. Estos expedientes son el compromiso político, la alianza con otros partidos, el frente único, las diversas fórmulas acerca del Estado usadas como sucedáneo de la dictadura proletaria – gobierno obrero y campesino, gobierno popular, democracia progresiva.
Los comunistas reconocen históricamente en el empleo de esos medios tácticos precisamente una de las principales condiciones de la disolución del movimiento proletario y del régimen comunista soviético, y consideran a aquellos que deploran la infección oportunista del movimiento estalinista y que al mismo tiempo propugnan ese arsenal táctico como enemigos aún más peligrosos que los propios estalinistas.

El Partido, en efecto, no considera la táctica con el mismo rasero que la política burguesa, o sea como si consistiese en un conjunto de intrigas y advertencias de carácter parlamentario y diplomático. La necesidad histórica de la Revolución Comunista no es algo que hemos extraído de nuestra cabeza y que queremos imponer con juegos de astucia a un mundo repugnante; es la necesidad misma de la evolución histórica. Al Partido, como factor de voluntad y de conciencia, le espera un papel determinante, el de la dirección de la clase que estará obligada a luchar por el poder desde condiciones materiales muy precisas. Y tal papel fundamental, el Partido, estará en condiciones de desarrollarlo en la medida en que se lance decidido y compacto contra todos los otros partidos que tratarán por todos los medios de impedir la Revolución.

Para poder desarrollar tal función sirve un centralismo, pero no cualquiera, es necesario que el funcionamiento del Partido esté unido a sus funciones orgánicamente, entorno a las cuales se centraliza. Es decisivo que el Partido pueda realizar hoy esta experiencia porque deberá constituir la característica peculiar del Partido que materialmente guiará la revolución. Si tiene sentido toda nuestra obra para reimportar en la clase obrera, la teoría y la acción revolucionaria, más sentido tiene realizar este criterio de funcionamiento y de método de trabajo, puesto que sin la experiencia decisiva del pequeño organismo que somos nosotros hoy, muy difícilmente es previsible la improvisada aparición de un partido de centenares de miles de miembros caracterizado por estos principios organizativos, como en todo caso deberá ser el Partido que guiará la Revolución.