Partido Comunista Internacional

Il Partito Comunista 373

For the international solidarity of the exploited of every race and country!

On Saturday 16 September, the SI Cobas organised a demonstration in Bologna in defence of migrants. This is the leaflet our comrades distributed there in the Italian, French, Spanish and English languages


For the adoption of a single platform of defensive demands against the common front of the capitalists and all of their States!
For a real Class Trade Union which organizes the struggle of all proletarians!
For the establishment of an Internationalist and Revolutionary Communist programme and party!

That a mass of proletarians and semi-proletarians are currently fleeing poverty, unemployment, and war is not an exceptional event but rather the umpteenth confirmation of the real, and permanent, nature of the present system, which is based on profit.

Capitalism, under which the market in commodities and capital has become fully globalized, cannot avoid the same happening as far as the labour power commodity is concerned. That waves of people in search of wages are crossing the boundaries between North and South, East and West, and clambering over State and national borders, is very sad, but it is also a progressive factor, insofar as it demonstrates the international nature of the working class, a single global class of the exploited.

Workers have no country. Capitalism has turned the proletariat in all continents into a class of emigrants. Uprooted from countries that are no longer their own, the disinherited, the wage earners and the small producers have nothing more to lose, although their loss is compounded in the West, where they live under the conditions of the modern proletariat, propertyless and living off their wages, but nevertheless with a world to win from the destruction of the most modern, concentrated and putrescent of capitalisms. History, and the revolution, often travels on foot.

The current wars – in which each State and imperialist alliance seeks to strategically position itself in view of the impending third world war, which all of them are preparing for – are accelerating this epic emigration and making it difficult to contain.

In the West so-called public opinion is cleverly manipulated – drugged and hypnotised as it is by capitalist society – and frenzied debates are whipped up between the supports of a generic humanitarianism, whether lay or religious, on one side, and racism and nationalism on the other: a bourgeois right and bourgeois left united in their opposition to and fear of genuine, organised and effective class solidarity.

The global economic crisis of capitalism, which originated in the rich countries and is concentrated there, is an irreversible crisis of over-production which is only destined to get worse. Capitalism is saturated with commodities and capital, and there is no policy of the bourgeoisie, whether liberal or statist, that can alter that ineluctable fact.

But capitalism, even in crisis, continues to produce enormous quantities of commodities and it always needs labour. Only labour power produces profit. The wealth of capitalism depends entirely on the willingness of proletarians to engage with it. This is why the boss class has a vested interest in replenishing the industrial reserve army with proletarian immigrants.

It will depend on the balance of forces between the classes whether the bourgeoisie, in order to maintain its economic regime and petty privileges, will manage to increase the exploitation of the proletariat, increase working hours, lower wages and increase the intensity of work. What weakens the working class is not “competition” from immigrant class brothers but submission to false workers’ parties and trade unions who have sold out to the bourgeoisie, because wages are regulated only by hard class struggle, and weight of numbers is a positive factor in strength terms, not a weakness.

That is why the bourgeoisie is using its countless regime-supporting spokesmen to stir up indigenous proletarians against foreigners. Racism is not a “prejudice” from which the present society can be cured, but a weapon used by the bosses to divide the workers, same as nationalism. Fighting racism in the name of a generic “humanitarianism” is impotent and dangerous since it is based on an a tacit endorsement of the division between exploiter and exploited.

The one real fight against racism is the CLASS STRUGGLE for the defence of wages, against sackings, against the division between old workers in ‘guaranteed’ employment and young workers deprived of any protection, against the super-exploitation by gangmasters in field and factory, against the use of co-operatives as a cover for exploitation, and for the generalized reduction of the working day with no reduction of wages.

Only the class struggle against the bourgeois “race” unifies the workers above ethic, national and religious differences and brings about a sense of brotherhood, leading them inevitably to direct their struggle against capitalism and to join together to overthrow it.

Only communism, after obtaining victory everywhere, can resolve the problem of how to distribute people across the planet in the most favourable way, with movement taking place not on the basis of terror or need, but of the best collective and individual development for all.

WORKERS OF THE WORLD UNITE !

Lucha unitaria internacional de la clase obrera

Los gobiernos de toda América, desde Washington hasta Buenos Aires, al igual que en todos los continentes, levantan las banderas del patriotismo y movilizan a los trabajadores para la defensa de la patria.

En algunos casos se trata de disputas territoriales entre Estados burgueses, detrás de las cuales se esconde la pugna entre intereses de corporaciones capitalistas nacionales y trasnacionales por el control de materias primas o por el dominio de localidades estratégicas desde el punto de vista de los teatros de operación militar o para el tránsito de mercancías y materias primas.

En otras ocasiones se levantan las consignas patrióticas cuando se ve amenazado el funcionamiento de la economía nacional y su cuota de ganancia y de renta, como parte de la plusvalía obtenida de la explotación de los trabajadores asalariados.

Pero los trabajadores asalariados no se benefician ni de los nuevos territorios anexados al país, ni de la buena marcha de la economía nacional. En cualquiera de los casos las luchas por la defensa de la patria solo benefician económicamente a las empresas capitalistas.

Los trabajadores no obtendrán ningún beneficio de la disputa entre Venezuela y Guyana o entre Venezuela y Colombia. Tampoco mejorará la situación de los trabajadores bolivianos con la recuperación del Corredor de Atacama y de su salida al mar, que hoy está en manos de Chile.

Así mismo no habrá cambio en la explotación a los trabajadores por la reivindicación de la soberanía de Argentina sobre las Malvinas. Y así en todos de los casos de disputas territoriales en todo el mundo. Para los proletarios no habrá diferencia entre el control de materias primas como el petróleo y el gas, el cobre, el acero, el hierro, etc., por los Estados nacionales burgueses o por consorcios imperialistas con concesiones para su explotación. En cualquiera de estas situaciones el capitalismo solo prevé la búsqueda de la máxima ganancia a partir de la explotación de la fuerza de trabajo de los asalariados.

Los trabajadores asalariados ni siquiera se benefician de las riquezas que genera su trabajo en las diferentes actividades económicas que se cumplen en el territorio actual del país en el que viven y mucho menos se beneficiarán de las anexiones o recuperaciones de territorios por parte del Estado Nacional Burgués. Al final, la propiedad privada de la tierra pasa por encima de la soberanía de los Estados nacionales de la burguesía. Los gobiernos burgueses agitan sobre la defensa de la patria mientras por otro lado firman acuerdos con las trasnacionales para hacer negocios, pasando por encima de la soberanía nacional que dicen defender.

Los trabajadores en todo el mundo deben desoír los llamados de burgueses, pequeñoburgueses, politiqueros y sindicaleros para formar filas en la defensa de la patria y de la economía nacional, porque al hacer esto solo se defienden los intereses y los negocios de los capitalistas.

No puede haber una patria socialista. Todos los charlatanes de ayer y de hoy que hablan de patria socialista solo reivindican el nacionalismo burgués y la continuidad capitalista bajo el camuflaje de un discurso izquierdoso y oportunista que pretende poner a los trabajadores a la cola de la burguesía, engañándolos con la mentira de un falso socialismo o camino al socialismo.

La clase obrera no tiene nada que buscar en la unidad nacional de asalariados y patronos, entre explotados y explotadores. Este camino no lleva ni a revoluciones ni a ruptura con capitalismo. Este camino sólo lleva a la sobre explotación de la clase obrera.

Mientras la burguesía, y los politiqueros y sindicaleros que le hacen el juego, llaman a los trabajadores a denunciar a los especuladores y luchar contra los altos precios de los bienes y servicios de primera necesidad, el movimiento obrero clasista, unido y organizado por la base, en diferentes territorios debe levantar las banderas internacionales de lucha por aumento general de salarios, por la reducción de la jornada de trabajo, por pago de salarios a los desempleados, por reducción de la edad de jubilación, por la eliminación de los sobretiempos y el trabajo en horas extras y por mejores condiciones y medio ambiente de trabajo. Y cuando los voceros de la burguesía levanten la voz para decir que los trabajadores están atentando contra la economía nacional y contra la patria, la respuesta del movimiento obrero debe ser: Los proletarios no tenemos patria!! No podemos y no estamos interesados en defender lo que no tenemos!!

La huelga general debe tomar cuerpo, como reflejo de la unidad de acción de la clase obrera, de la ruptura con los sindicatos del régimen y del surgimiento de verdaderos sindicatos de clase en los que los trabajadores se agrupen sin discriminación por nacionalidad, oficio, raza, fe religiosa o parcialidad política. La huelga debe sumar a los trabajadores de diferentes empresas, unidos en la exigencia de un pliego reivindicativo único.

El proletariado es la única clase revolucionaria, llamada a derrocar el capitalismo para dar paso a una sociedad sin explotados ni explotadores, sin fronteras nacionales, sin mercancías ni trabajo asalariado. Con la conquista del poder político el proletariado implantará su dictadura, la dictadura del proletariado, del partido comunista internacional, y pondrá en práctica su programa, el programa comunista.

El llamado de los comunistas revolucionarios es a la unidad de acción en las luchas reivindicativas de los trabajadores a nivel local, nacional e internacional, teniendo presente:

 1. El rechazo a las guerras imperialistas, sin alinearse con ninguno de los gobiernos enfrentados, convocando al derrotismo revolucionario y al enfrentamiento al gobierno y los patronos en cada país.

 2. Rechazo a los llamados a la defensa de la patria y a los pronunciamientos a favor de disputas territoriales entre países, por ser el reflejo de conflictos inter burgueses por el control de materias primas y de cuotas de mercado.

 3. Rechazar la represión y el amedrentamiento gubernamental de las luchas reivindicativas de los asalariados con el argumento de que los reclamos obreros forman parte de supuestas conspiraciones “antinacionales”, “proimperialistas” o “terroristas”.

 4. Retomar la huelga y la movilización como principal forma de lucha, indefinida, sin servicios mínimos, incorporando a trabajadores de diferentes oficios y ramas de actividad. Organizar fondos pro-huelga para dar soporte a la propaganda y atender las necesidades que se le presenten al movimiento en lucha.

Unidad de acción contra la explotación capitalista en todo el mundo!!