Partido Comunista Internacional

Prometeo (II) 34

Los soviets en China

Los últimos acontecimientos en China han permitido a los embaucadores del centrismo improvisar una vez más una nueva edición de la fórmula fundamental de la organización de lucha en el período insurreccional del proletariado y de los campesinos.

Esta nueva edición consistiría en querer representar los levantamientos y las guerrillas como el núcleo central y de irradiación de las luchas proletarias. El problema insurreccional se presenta hoy bajo la misma forma del memorable período de 1927.

Ayer, durante el período ascendente de la ola revolucionaria, mientras el proletariado de Shanghái, Cantón y Hankou irrumpía de manera decidida en la lucha, asumiendo un carácter eminentemente proletario frente a todos sus adversarios, tanto visibles como encubiertos, el Partido Comunista y la Internacional Comunista (I.C.) fallaron en su labor de dirección de este movimiento, sometiéndolo y entregándolo en manos de diversos generales que luego, inevitablemente, lo diezmarían a ráfagas de ametralladora.

Cuando estas fuerzas representaban y asumían la única garantía que permitía desarrollar y concentrar las posiciones insurreccionales hacia las tareas definitivas de la clase proletaria, nuestros estrategas se plegaron y entregaron el movimiento proletario en manos de la gran y pequeña burguesía. Cuando existían todas las premisas para lanzar la consigna de la constitución de los soviets en China, nuestros oportunistas confundían a los proletarios presentando las organizaciones del Kuomintang como una forma de organización soviética apropiada para la situación china.

Quedarán memorables y grabadas en la memoria de todos los proletarios las diversas piruetas de las que se hicieron responsables.

Ciertamente, intentaron y siguen intentando justificar sus pasadas posiciones mediante una falsa representación de lo que fueron los desarrollos de la lucha proletaria en China, confundiendo a la masa proletaria a través de una serie de falsificaciones y ocultando, en la medida de sus posibilidades, todos los elementos susceptibles de representarlos ante la vanguardia proletaria como los verdaderos responsables de la catástrofe revolucionaria china.

En 1925, en las primeras manifestaciones de un vigoroso inicio de las luchas de clase en China, asistimos por parte de la fracción más consciente y evolucionada de la naciente burguesía china a la cristalización de posiciones concretas y de un programa que se definía como Sun-Yat-Senismo. Pero durante las luchas del proletariado cantonés contra los líderes de esta nueva teoría, era posible demostrar el abismo profundo que separaba a la masa explotada de sus nuevos despojadores. En lugar de aprovechar estos episodios de la lucha de clase para orientar y clarificar a las masas sobre el nuevo curso de las futuras luchas, presentándolas en su verdadera naturaleza y mostrando el carácter reaccionario que asumirían estas fuerzas frente al proletariado y a la gran masa campesina en el curso de su lucha liberadora, asistimos a la formación de un bloque en posiciones sugeridas por los futuros verdugos de la vanguardia proletaria, posiciones que les eran sugeridas por el desarrollo de las fuerzas proletarias, con el fin de dominar y mantener su hegemonía en los futuros desarrollos. ¿Cómo han justificado y siguen justificando este compromiso los dirigentes oficiales?

Sus documentos son reveladores: desde este período reniegan de las posiciones de principio establecidas por el II Congreso de la I.C. Basta comparar las tesis de los plenos de la I.C., donde se reivindica el bloque con la burguesía, la participación en el gobierno del Kuomintang y todas sus responsabilidades, con este pasaje de las tesis del II Congreso de la I.C.: «La Internacional Comunista no debe apoyar los movimientos nacionales democrático-burgueses de las colonias y los países atrasados más que bajo la única condición de que los elementos de los futuros partidos proletarios, comunistas, no solo de manera formal, sean en todos los países atrasados agrupados y educados en la conciencia de su misión, que es la de combatir los movimientos democrático-burgueses en el seno mismo de la nación; la I.C. debe concluir las alianzas temporales con la democracia burguesa de las colonias y de los países atrasados, pero no confundirse con ella, y mantener incondicionalmente la independencia del movimiento proletario, aunque sea en su fase más embrionaria».

Es en este período que asistimos al desenmascaramiento abierto de todas las supervivencias oportunistas y liquidacionistas que se escondían bajo el manto de los partidos comunistas.

Mientras el proletariado chino en sus grandes centros industriales intervenía como fuerza activa e independiente de clase, planteando sus luchas inmediatas no en el estrecho ángulo pequeño burgués de la marcha contra el Norte, sino por sus reivindicaciones parciales como las ocho horas, el aumento de salarios, el derecho de organización sindical, los piquetes armados, la I.C., en lugar de intervenir en estas luchas como el elemento de dirección que, con clara visión, dirige a estas masas en sus movimientos orientándolas hacia sus objetivos finales, asistimos a la famosa consigna que definía al Kuomintang de izquierda como la fuerza motriz de la revolución china.

Por mucho que escriban estos liquidadores que Tchang Kai-Shek y Feng-Yu-Hsiang traicionaron la revolución, que estos generales presentados ayer como los verdaderos jefes del ejército rojo han pasado al campo de la contrarrevolución, no es cierto. Si estos generales traicionaron, no traicionaron la revolución, ya que nunca la representaron, y siempre la combatieron, sino que traicionaron las falsas esperanzas de nuestros pequeños burgueses disfrazados de comunistas.

En definitiva, afirmaban que el gobierno de Hankou representaba una etapa de la dictadura del proletariado, que el lanzamiento de la consigna de los soviets de obreros, campesinos y soldados habría representado una lucha abierta contra dicho gobierno y habría destruido completamente todas las posibilidades de la toma del poder por parte de la clase proletaria. La posición menchevique de 1917 era esta vez aplicada y defendida bajo el manto bolchevique. ¿Qué decían los mencheviques y una parte de los bolcheviques durante octubre de 1917? Su principal de sus argumentos consistía en querer representar a las fuerzas coaligadas de la contrarrevolución como suficientes para barrer cualquier ataque inmediato e independiente del proletariado contra el poder burgués.

Combatían con la perspectiva de un desarrollo del movimiento proletario, concibiéndolo como una sucesión de fases progresivas, las cuales, en definitiva, llevarían a la clase proletaria a posiciones más favorables que las de octubre de 1917. Sabemos cómo Lenin combatió esta concepción contrarrevolucionaria y antidialéctica que, de haber triunfado, habría traicionado desde su inicio la revolución rusa, como luego traicionaría la revolución china.

Puede afirmarse que asistimos en China a un triunfo de la política martinovista llevada a cabo esta vez bajo la etiqueta del método «leninista». La historia de los movimientos proletarios nunca había registrado un fraude tan monstruoso.

Recordados de manera insuficiente y somera estos episodios de la revolución china de 1927, y particularmente de la teoría de las cuatro clases que estaba en la base de todos los análisis y posiciones asumidas por el cuerpo dirigente centrista, veamos ahora qué diferencia existe con la nueva posición actual.

Esta vez, la única diferencia que existe consiste en querer hacer el camino al revés, manteniendo completamente las concepciones de ayer.

Se dice: la heroica retaguardia de las luchas proletarias de 1927, retirada en las montañas, ha sabido, a costa de grandes sacrificios, prepararse para la revancha y hoy ha logrado conquistar y sovietizar a ochenta millones de habitantes; hoy, a través de esta lucha, es la vanguardia de las futuras luchas proletarias.

Por favor, publicistas improvisados, ¿cuáles son las nuevas fuerzas que les hacen concluir esto? ¿En base a qué teoría llegan a invertir la hegemonía de las fuerzas motrices de una revolución? No es ciertamente en los documentos de Lenin o de Marx donde han encontrado estas nuevas ocurrencias, sino que están inscritas en toda la actividad política y literaria de los Martinov.

¿No son acaso los mencheviques quienes sostenían durante la revolución rusa de 1905 la teoría de la hegemonía de la masa campesina en los países predominantemente agrarios? ¿No fue toda la lucha conducida contra esta teoría, por parte de los bolcheviques y particularmente por Lenin, la que permitió luego el resultado victorioso del octubre ruso?

Ciertamente, comprendemos bien que nuestros martinovistas de nueva edición se sientan incómodos al responder a demandas precisas y les resulte mucho más fácil aprovechar ciertos aspectos de una lucha armada que, desde hace un gran período de tiempo, se desarrolla en las regiones de Kuang-Tung por parte de una cantidad de campesinos organizados en sociedades secretas, luchando audazmente contra los propietarios de tierras bajo la bandera de diversos lemas como: «El que no trabaja no come», «Quitad a los ricos y dad a los pobres», etc., etc. En Hai-Feng siempre ha existido un partido de los pobres (esta ciudad es uno de los centros campesinos) que quería convertirse en la vanguardia de la revolución de los trabajadores, aunque en realidad no representaba más que una manifestación, adecuada a la situación china, de ciertas concepciones anarquistas.

Ahora, incluso admitiendo que dichas sociedades hayan cambiado sus formulaciones y las hayan sustituido por la del Soviet, con esto no han avanzado ni un centímetro desde su posición primitiva. Lenin nos enseñó que la aparición de los Soviets implica por sí misma la insurrección proletaria que desemboca en la toma del poder. ¿Cuáles son ahora las posiciones proletarias en los grandes centros industriales? Es cierto que asistimos a una primera recuperación por parte del proletariado chino, pero ¿significa esto que existen todas las premisas para lanzar la consigna de la constitución del Soviet? Es común a todos que la constitución de los Soviets en las regiones agrícolas y algo atrasadas de China exige, como primera cosa, el apoyo y la dirección del proletariado industrial. La masa campesina, privada de su guía, el proletariado, está destinada a la derrota y a la degeneración de sus movimientos en movimientos reaccionarios y conservadores, incluso si estos movimientos llevan como divisa la constitución de los Soviets.

Pero sería pedir demasiado al centrismo que mantuviera fidelidad a los postulados fundamentales del comunismo. Stalin, en 1927, basándose en el «se dice», condujo una lucha despiadada contra la oposición porque entonces «se decía» que el gobierno de Hankou era el antecedente del gobierno proletario.

Hoy, en el XVI Congreso ruso, ha declarado que «se dice» que los ochenta millones de campesinos chinos han organizado los Soviets. Esto «se dice», mientras que en realidad las luchas sangrientas y heroicas de ochenta millones de campesinos son utilizadas por los generales enemigos que se sirven de la divisa de los soviets para desviarlas hoy y para preparar la masacre de mañana. Y entonces se dirá que los aliados de hoy se han convertido en traidores. En esto consiste la función del centrismo.

Il mulino a vento del "bordighismo"

Il n. 4 di «Stato Operaio» ci offre una millesima edizione della ricetta messa in circolazione fra i proletari centristi i quali dovrebbero o purgarsi di qualche residuo di bordighismo o mettere le ricette nell’arsenale della lotta contro la sinistra.

Il cliché che ci viene ripresentato è quello che abbiamo sentito molte volte ripeterci con in più questa volta un tentativo di impostazione di quella che viene definita la «teoria del bordighismo».

Notiamo che per una volta tanto l’articolista centrista ha sentito il bisogno di affermare le qualità eccezionali del comp. Bordiga e di riconoscere che se è facile vincere Bordiga dal punto di vista fisico, molto diverso diviene il problema quando si tratta di fare la lotta contro le concezioni difese validamente dal comp. Bordiga. Naturalmente si dà una veste «teorica» a questa difficoltà. Si tratterebbe di quanto ebbe già a dire Gramsci sul carattere della situazione stessa della classe operaia italiana «numericamente debole circondata da una massa di piccola borghesia». Per la socialdemocrazia i caratteri particolari della situazione italiana spiegano ad esempio il trionfo del fascismo quale movimento di classi preborghesi e giustificano la tesi dell’appoggio alla borghesia per la lotta contro il fascismo; per i centristi questi stessi caratteri spiegano il credito di teorie non proletarie nel seno del movimento, di quelle teorie fra le quali si trova naturalmente il bordighismo. La base di partenza di socialdemocratici e centristi è la stessa non perchè il particolare articolista non si è che esteriormente liberato delle sciocchezze scritte a proposito delle conseguenze della mancata lotta per la riforma religiosa in Italia ma perchè lo Stato Operaio, la rivista «teorica» del centrismo, ha visto la luce con una impostazione fondamentale della situazione italiana come con[se]guente alla debolezza dello sviluppo dell’economia imperialista in Italia. Naturalmente anche in questa occasione si falsificò l’opinione di Lenin che parla di imperialismo più povero di risorse di un altro per presentarci invece un imperialismo meno progredito degli altri.

Ma i proletari devono comprendere che per stabilire un’analogia nei suoi termini più generali, la lotta che il centrismo sviluppa contro la sinistra è una lotta identica a quella che Lenin ebbe a sviluppare in Russia. Naturalmente il Lenin della situazione italiana sarebbe il nostro articolista centrista il quale avrebbe non poca pena a scorgere nel movimento russo delle personalità del tipo di quella di Bordiga! La difficoltà sarebbe però nello stabilire la zona di ricerca, in quanto basterebbe precisare la zona «marxista» delle ricerche per ritrovare nella figura di Bordiga gli stessi lineamenti della figura di Lenin che combatté senza tregua – ed per questo portò il proletariato alla vittoria – tutte le ideologie che deridevano il suo «settarismo», la sua fedeltà «scrupolosa» alle norme programmatiche del comunismo, fedeltà che lo spingeva alle scissioni dagli opportunisti di tutte le risme.

La situazione attuale vede disgraziatamente questi attacchi dei centristi svilupparsi quando il comp. Bordiga non può rispondere e per conseguenza i militanti cresciuti alla sua scuola non trovano nelle loro capacità la possibilità di sbalestrare rapidamente il campo da tutti gli imbrogli del centrismo.

Dal punto di vista «generale» il cliché è quello che vorrebbe far apparire il bordighismo come «un tentativo di costruire una dottrina di un partito rivoluzionario sulla base di un sistema di regole ricavate per deduzione». Quello che costituirebbe «il punto di divergenza dal materialismo dialettico e dal marxismo. Nell’arrovesciamento dell’idealismo filosofico che viene operato dal marxismo sembra che il bordighismo si arresta a metà per timore che l’affondare nella realtà dei fatti, delle circostanze obiettive della storia significhi una corruzione, una perdita di coerenza, di purezza e di sicurezza». E’ evidente che voi non troverete nessuna citazione dei non pochi testi «generali» dovuti al comp. Bordiga una serie di citazioni che possano giustificare una opinione «generale» di questa specie. Lo ha detto l’articolista e tanto basta. O meglio, prima di lui lo avevano detto altri centristi che così erano riusciti a darsi delle arie di «grandi marxisti» e tanto basta per riverniciare il vecchio cliché e rimetterlo in circolazione.

Ora il comp. Bordiga scrive proprio nella nostra piattaforma: «D’altra parte è una interpretazione erronea e ridicola del marxismo quella di pensare che il processo della storia e della rivoluzione siccome si sviluppa secondo delle leggi fisse, non ci resta che di ricercare obiettivamente (il nostro articolista direbbe in modo «deduttivo») quali sono queste leggi e di tentare di formulare delle previsioni sull’avvenire senza agire, concezione fatalista che giunge ad annullare la necessità del partito».

Ma il nostro centrista ci dice che «sembra» che Bordiga si sia arrestato a mezza strada nel processo di arrovesciamento compiuto dal marxismo dell’idealismo filosofico. No, chi si è arrestato a mezza e forse nemmeno a mezza strada, è proprio il centrista il quale crede di aver risoluto il problema attraverso un processo di natura puramente meccanica dove tutte le formule, tutte le regole sono diventate inutili e noiose e basta che i rivoluzionari riescano a porsi in contatto con il proletariato per portare questo alla rivoluzione.

La costante fedeltà ai principi che nel movimento italiano è rappresentata in modo impareggiabile dal comp. Bordiga, questa fedeltà si traduce nella realtà nella fiducia scientificamente acquistata nel programma del comunismo, accertato con il metodo del marxismo, verificato in modo diretto e permanente al fuoco delle lotte di classe. Se è vero che i comunisti non presentano i principi su cui si è fondata l’Internazionale Comunista come dei dogmi, una religione, e che non hanno nessuna difficoltà di sottoporre ad un esame contraddittorio questi principi nei confronti dei rinnegati di tutte le risme è altresì vero che i comunisti fanno di questi principi l’insieme di regole che guidano la loro azione e la loro attività in tutti i campi. L’esperienza serve in questo campo a verificare l’esattezza di questi principi e non sappiamo se il centrismo sia già arrivato alla situazione in cui ritiene necessario il riesame di questi principi per dimostrarne la falsità. Finora il centrismo ha creato le diverse leggende del pseudo-leninismo, del trotzkismo, del bordighismo. Oggi è forse ancora troppo presto per mettere in discussione questi principi, ma è già venuto il momento di scrivere frasi sull’antimarxismo (sic) di coloro che ci hanno insegnato a combattere per questi principi.

Il capovolgimento meccanico delle posizioni dell’idealismo hegeliano porta di filato alle posizioni del materialismo meccanico che Marx ebbe a combattere e che Bordiga sulle stesse tracce ha combattuto in Italia nella lotta contro il centrismo. In effetti non è una novità (e l’articolista -o grande degnazione- lo riconosce egli stesso) che il gruppo centrista italiano non ha visto il problema della costruzione di un partito comunista che molto in ritardo e sotto l’assillo dell’azione della frazione astensionista e dell’attività di Lenin. Di più i centristi italiani arrivavano al punto da scorgere che attraverso i Consigli di fabbrica, la loro Internazionale, si sarebbe giunti alla società socialista. La realtà in effetti, questa realtà che non avrebbe nulla a che vedere con le «regole del marxismo» sarebbe tale -per i nostri opportunisti che… hanno attraversato tutto il processo dell’arrovesciamento filosofico —, che non resterebbe che stabilire un collegamento fra i grandi capi e il proletariato, per arrivare alla rivoluzione. Ma il punto centrale del bordighismo, il che è naturalmente il punto centrale del marxismo, consiste proprio nel fatto che la rivoluzione è fatta dalle masse sotto la direzione della loro avanguardie alla testa delle quali si trovano giustamente i capi i quali non intendono agire secondo le loro opinioni ma secondo l’esperienza realizzata nella lotta di classe dalle masse in generale e principalmente dall’avanguardia comunista. Naturalmente queste esperienze si svolgono nel quadro di un insieme che si deve tendere a rendere il più disciplinato possibile, appunto perchè solo in questa linea è possibile consolidare delle esperienze. E qui non si tratta della linea «razionale» ma del fatto che questa linea trova nella natura stessa del marxismo la sua possibilità di svolgimento. Se non si giunge a mettere in discussione i principi sui cui si basa il marxismo, è evidente che l’interpretazione di tutto il processo dei movimenti delle classi non diventa il pasticcio incomprensibile caro ai nostri centristi ma un processo sottomesso a leggi determinate che l’esperienza della lotta ci permette gradualmente di precisare, sia pure attraverso gli errori dovuti al mancato compimento dello sviluppo delle forme economiche proprie del capitalismo e sovrattutto di quelle proprie della dittatura proletaria, cioè del periodo di transizione verso la società socialista.

In questa linea trovasi la geniale soluzione de3l problema della tattica. Per i centristi di tutti i paesi (è di Zinoviev questo sgangherato cavallo di battaglia) il problema della tattica trova la sua soluzione definitiva nell’esame delle situazioni. Praticamente questo ha significato che avendo ritenuto ad esempio il Kuomintang l’organizzazione che lottava per la liberazione della Cina dall’imperialismo, il dovere del partito e dell’Internazionale è stato quello di appoggiare Chang-Kai-Shek. Attenendosi alle critiche di Bordiga, non era invece difficile di stabilire che quel movimento, essendo l’espressione degli interessi di una classe nemica, era destinato a diventare il carnefice del proletariato e che quindi l’azione dei comunisti doveva svolgersi nel senso di profittare di tutti gli urti fra le borghesie estere e la indigena al fine di fare avanzare il movimento autonomo della classe proletaria.

E’ evidente che l’inquadramento in regole fisse che ci garantirebbero sicuramente dalla degenerazione, che tutto questo è un sistema totalmente astratto di risolvere il problema. L’insieme di queste regole fisse ci apparirà solo quando le condizioni obiettive esisteranno per farcelo scorgere e cioè dopo la soppressione delle classi nella società. Ma non di questo si tratta oggi. Si tratta invece del problema di un’analisi approfondita delle situazioni, in base ai principi e alle esperienze, al fine di indicare i postulati essenziali della tattica. Ad esempio è evidente che i problemi esaminati da Lenin nel 1903-1905 sono in gran parte i problemi della tattica comunista nella situazione in Russia. Ha fatto male Lenin a risolvere in anticipi questi problemi ed a costruire sulla loro base anche il partito della rivoluzione? E se Lenin in quell’epoca ha trattato questi problemi tattici sotto l’angolo visuale delle questioni di principio che si determinavano questo significa che la fase della lotta contro l’opportunismo era molto più avanzata di quanto non lo fosse all’epoca in cui Bordiga ha scritto i documenti su cui si basa la sinistra. Basterebbe oggi ridargli la possibilità di parola per sentire vibrare nella sua azione le stesse note che informarono la polemica di Lenin contro l’economismo e contro il menscevismo russi. Ed il volere fare passare Bordiga per «razionalista» è un’improntitudine di cattiva lega. A meno che razionalismo non significhi più il sistema filosofico di indagine dei fenomeni che ne fare risiedere la sorgente nel tormento della cosiddetta ragione logica, ma che razionalismo significhi per il nostro centrista la corretta applicazione delle dottrine comuniste e la lotta imperniata per il fine del comunismo.

Ma abbiamo avuto occasione di dire che chi ha fatto il falso capovolgimento è …[parola non comprensibile]. Ne abbiamo indicate alcune ragioni generali. L’articolo di Stato Operaio ce ne dà un’altra prova. Esso, dopo aver riconosciuto che Bordiga vide prima degli altri il problema della necessità della costruzione del partito comunista in Italia, dice che Bordiga non avrebbe tenuto conto del fattore «tempo» il che in termini reali significa che Bordiga avrebbe dovuto agire diversamente per costruire il partito fidando non negli spostamenti di classe che erano disgraziatamente pregiudicati in modo definitivo dalla sconfitta dell’occupazione delle fabbriche, ma fidando nei riflessi che si verificavano nel seno del partito socialista dell’azione costruttiva del partito e degli avvenimenti. E naturalmente questo si sarebbe dovuto fare nel senso di forzare le condizioni della scissione di Livorno portandole direttamente a destra. Ma quello che interessa è di vedere «come» il nostro articolista vede il problema di un diverso atteggiamento politico nella lotta per la costruzione del partito. Vi si dice: «sono i rivoluzionari che debbono essere capaci di reagire alle circostanze», di «porsi in ogni momento ed in qualsiasi condizione il problema del collegamento con le masse». Ed il partito, di grazia, dove se ne va con questa tiritera di «rivoluzionari». Ecco, praticamente questo significava che per costruire il partito, attraverso i movimenti dell’aprile 1921 – a tre mesi dalla fondazione del partito! – ed i movimenti degli arditi del popolo, una direzione rivoluzionaria non avrebbe dovuto orientare tutta l’organizzazione del partito nel senso di spingere in avanti questi movimenti nel quadro di una loro concentrazione intorno al fulcro dell’organizzazione del partito. Ma essa avrebbe al contrario dovuto scambiare una sfavorevole situazione di rapporti di forza dominata dalla sconfitta precedente – e che solamente sulla linea del prevalere dell’organizzazione comunista poteva trovare una soluzione – in una lotta per la rivoluzione in cui bastava che i capi si mettessero in contatto con i proletari in lotta.. Sulla prima linea è stato possibile costruire il partito, sulla seconda linea che viene rivendicata oggi (ed oggi soltanto perchè i centristi avevano finora professata una opposta opinione a questo proposito) dai centristi saremmo finiti nelle braccia di un movimento (?) armato diretto dai Secondari e dai Mingrino.

Lo spazio ci manca per insistere su queste questioni ma ci basta concludere oggi che per quanto sia grandiosa la personalità di Bordiga, per quanto sia comodo per i centristi polemizzare contro di lui in sua assenza, pur tuttavia il bordighismo non è che una invenzione per evitare che si scorga nettamente che Bordiga è fra i più luminosi continuatori di Marx, di Engels, di Lenin.