El movimiento del 0,7 expresión de la impotencia reformista para acabar con la miseria generada por el capitalismo
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Aunque siempre contaron con el apoyo de los medios de comunicación, en los últimos días estamos siendo bombardeados con información de las acciones pacíficas que la Plataforma del 0,7 ha organizado. Este hecho, el apoyo total de la prensa, es prueba de que no suponen ni siquiera molestia para la burguesía imperialista y su Gobierno PSOE que estrujan hasta la muerte, junto a los otros países imperialistas, al proletariado y otras clases pobres con sus ayudas al Tercer Mundo.
Ese apoyo, incluso por parte de instituciones estatales, al movimiento del 0,7 no es de extrañar, pues en realidad el lenguaje de los reivindicadores del 0,7 podría ser y lo es el de cualquiera de los partidos parlamentarios de la burguesía, incluso el rey en la asamblea del FMI y BM intervino en el mismo sentido filantrópico. Esto decía uno de los huelguistas de hambre el 13-11-93 en El País: «Urgirles, en nombre de ese Tercer Mundo, a que den Prueba de su voluntad política real incluyendo en los Presupuestos del 94 el 0,7 % del PIB para el desarrollo sostenido de los países empobrecidos». A la objeción de que hasta ahora la Ayuda al Tercer Mundo ha servido para la obtención de pingües beneficios para las empresas españolas, los defensores del movimiento nos dicen que ellos reivindican el 0,7 del PIB en alimentos y otros bienes de primera necesidad sin perseguir el lucro, para que cesen de morir personas inmediatamente. Curiosa manera esta de conseguir un «desarrollo sostenido de los países empobrecidos», hasta el más cazurro de los economistas burgueses se reiría de estos candorosos reformistas, que pretenden tener un desarrollo sostenido dando de comer a los hambrientos. Aun en el caso de que el Estado capitalista dedicara el 0,7 en Ayuda al desarrollo en lugar de lo que ya dedica, ¿ qué medios iba a utilizar la Plataforma del 0,7 para hacer que el capital invierta sin perseguir el beneficio y regale el dinero? Si el capital pudiera hacer eso no sería capital, sería otra cosa, y mientras vivamos en el capitalismo es reaccionario y un engaño plantearlo para acabar con el hambre.
Algunos datos sobre el destino de la ayuda de España y Occidente en general: «Según el ministro (de Comercio y Turismo, Gomez Navarro) es lógico que las organizaciones no gubernamentales o humanitarias, reclamen estos créditos a países con escaso nivel de renta, pero ’no estamos ante donativos, sino ante créditos que se devuelven y, por ello, se dan a países con posibilidad de devolverlos’.(…) Hasta ahora, el 65 % de los créditos FAD (Fondo de Ayuda al Desarrollo) se han dirigido a empresas privadas y el 35% restante a empresas públicas» (El País, 4-6-94), eso respecto a España. Respecto a lo que conceden los países occidentales en general: «En los países pobres, además, la ayuda es raramente concentrada en los servicios que benefician a los más pobres. El Banco Mundial reconoce que de toda la ayuda que ha ido a los países de bajos ingresos, no más del 2% fue a cuidados sanitarios básicos y un 1% a programas de población. Incluso la ayuda que se emplea en sanidad y educación tiende a ir a servicios que benefician desproporcionadamente a los que viven en mejores condiciones.(…) Algunos países del Tercer Mundo han disfrutado de un rápido crecimiento económico con relativamente poca ayuda per cápita. En particular algunos casos exitosos asiáticos (…) tuvieron poca o ninguna ayuda en un período en el que los donantes volcaban dinero en África» (The Economist, 7-5-94), es decir, la Ayuda puede suponer frenar el desarrollo en la medida en que la deuda externa ahoga esas economías. Hay que decir también que una grandísima parte de la Ayuda de Occidente es para la adquisición de material bélico, que se usa para masacrar a la población de manera aún más directa.
Las limosnas de las organizaciones no gubernamentales, por grandes que sean, tampoco significan una mejora en las condiciones de vida y acaban beneficiando a la burguesía de aquellos países, pues cuanto más limosnas de los corazones humanitarios occidentales reciba la población empobrecida, los gobiernos de los países débiles más bajarán los salarios y los ya escasos recursos dedicados a cuestiones sociales. La lucha contra la miseria debe partir de los propios oprimidos, que con la lucha impongan al Estado opresor unas mejores condiciones para ellos mismos.
Un motivo para pedir el 0,7 expresado por participantes y dirigentes del movimiento, es el temor que sienten de que se pierda en occidente el nivel de vida, al darse una avalancha de emigrantes provenientes de los países pobres, cosa que se evitaría si los emigrantes no se vieran obligados a emigrar por las necesidades que sufren. Esto es un intento con mucho rodeo, de quienes piensan así, por conservar sus condiciones de vida, y es tan egoísta como inútil, pues el capitalismo, aun con las fronteras cerradas, desemboca una vez tras otra en sus crisis cíclicas, el hambre, la miseria y la guerra acaban llegando. Si estas buenas gentes del 0,7 quieren evitar el empeoramiento del nivel de vida en Occidente ¿por qué no luchan contra la congelación de pensiones, los contratos basura y demás medidas del Gobierno, llamando a una huelga general seria y no como las que convocan los sindicatos del régimen? En ese caso pueden estar seguros que no saldrían tanto por la tele como héroes de los pobres y tendrían más problemas con la policía.
En su rechazo a hablar de clases sociales los adeptos del 0,7 han repetido sin ningún pudor en distintas ocasiones cosas como esta:»hagamos honor a la verdad, a la sinceridad, a nuestra conciencia. ¡Seamos lógicos! Nuestra riqueza o nivel de consumo, directa o indirectamente, son los causantes de semejante tragedia: unos pocos hemos acaparado los recursos destinados a todos» (El País ya citado). Y por esto opinan que es justo que demos el 0,7 % del PIB al Tercer Mundo, porque la sociedad occidental es la responsable de la situación de aquellos países. En la sociedad occidental entran también los obreros occidentales, que por si no tuvieran poco con ver sus pensiones amenazadas, con sufrir el paro y los bajos salarios, ahora reciben también la acusación, por parte de estas almas caritativas del 0,7%, de ser responsables de la miseria del Tercer Mundo.
Frente al sarcasmo de los que dicen luchar por evitar el hambre y la miseria con carreras populares, acampadas urbanas, ayunos, etc, nosotros marxistas, llamamos a los proletarios y a los jóvenes que quieran luchar contra la miseria y el hambre que genera el modo de producción capitalista, a que lo hagan de la única manera eficaz, probada por el desarrollo dialéctico-materialista de la historia, de cambiar una sociedad, a través de revoluciones y no de reformas. Nosotros afirmamos que sin la entrada en juego del proletariado revolucionario como última clase de la historia de las sociedades divididas en clases, no habrá límite a la destructividad del modo de producción capitalista, tanto a nivel ecológico como humano, por lo tanto la Revolución comunista, que se vió frenada hasta nuestros días por la contrarrevolución estalinista desde los años 20, es la única solución honesta y científica al problema.
FRENTE AL MORALISMO DEL MOVIMIENTO DEL 0,7 SURJA LA LUCHA DE LAS MASAS OPRIMIDAS Y HAMBRIENTAS.
POR LA DEFENSA INTRANSIGENTE DE LAS CONDICIONES DE VIDA DEL PROLETARIADO EN TODOS LOS PAÍSES RENAZCAN LOS SINDICATOS DE CLASE.
SOLO LA REVOLUCIÓN COMUNISTA DIRIGIDA POR EL PARTIDO COMUNISTA INTERNACIONAL ACABARÁ CON LA MISERIA Y EL HAMBRE DE LAS CLASES OPRIMIDAS.