Introducción a «El partido ante los sindicatos en la época del imperialismo»
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Ofrecemos a los lectores de La Izquierda Comunista dos textos del partido publicados en septiembre de 1982. En aquella ocasión, ocuparon el n° 10 de nuestra revista en italiano, Comunismo, con carácter monográfico. Su reproducción en lengua española deberá efectuarse con carácter periódico, apareciendo sucesivamente en los próximos números de La Izquierda Comunista.
El contexto socio-político en el que se realizó este trabajo no difería en gran medida del actual: ataque internacional generalizado contra las condiciones de vida y de trabajo de las masas obreras. Todas las medidas antiobreras puestas en práctica por los gobiernos de todos los países ponen de manifiesto lo que para los marxistas es solamente una confirmación histórica: el capital busca desesperadamente salir de la crisis cada vez más profunda que lo aflige. Crisis que poco tiene que ver con el «modo de gestionar políticamente la economía», ya que se trata de una crisis del modo de producción capitalista en sí mismo, comprimiendo al máximo socialmente posible las condiciones de existencia de toda la clase obrera.
En todo el mundo, tanto en el Este como en el Oeste, en el Norte como en el Sur, la sociedad burguesa demuestra que no está en grado de controlar sus propias contradicciones y se precipita lenta pero inexorablemente hacia la única solución que puede dar a sus crisis cíclicas que históricamente la acompañan y que forman parte de su misma naturaleza económica: la guerra entre bloques imperialistas generalizada a escala mundial. Mientras tanto cada estado intenta salir del pantano en el que se halla su propia economía a través de medidas que siguen las dos direcciones clásicas que caracterizan el ataque del capital a las clases explotadas: la reducción del poder adquisitivo de los salarios y la reestructuración de los procesos productivos empresariales mediante el despido de la fuerza de trabajo «sobrante» de las fábricas.
Mientras que estos efectos actúan conjuntamente contra la clase obrera, el crecimiento de un vasto ejército de proletarios desempleados actúa como un factor de freno en el crecimiento de los salarios y la acción conjunta de la patronal y de los gobiernos que defienden sus intereses se aprovecha de todo esto para empujar progresivamente a las masas obreras hacia niveles de vida miserables, desmintiendo las ilusiones que habían predicado los sindicatos oficiales y los falsos partidos «socialistas» y «comunistas», acerca de salir de ellas definitivamente.
En este contexto la función de los representantes oficiales de los trabajadores, los sindicatos del régimen, se presenta claramente como la de organizaciones apreciadas e indispensables para la clase dominante para conservar la estabilidad social y política de la sociedad capitalista. Cualquier medida gubernamental o patronal, dictada por el agravamiento progresivo de la situación económica general, encuentra en ellos el mejor vehículo para ser impuesta a los trabajadores sin suscitar reacciones de clase peligrosas para el orden general capitalista.
Su política reformista, colaboracionista y de renuncia, es el eje de la paz social que ha caracterizado esta segunda posguerra, en la que la clase obrera ha estado, y está, ausente de la escena mundial de la auténtica lucha de clase. El grado de degeneración de estos sindicatos, la naturaleza real de su función antiobrera y la consiguiente actitud que los comunistas revolucionarios deben mantener contra ellos, no pueden derivarse, como es tradición en nuestro Partido, más que del estudio, utilizando el arma teórica del método marxista, de todo el arco de su existencia. Sólo a través de la historia pasada del movimiento obrero es posible comprender y reafirmar lo que la infamia de los tiempos que vivimos no permite todavía distinguir: la única posibilidad de impedir que la caída de la sociedad burguesa arrastre consigo a las clases trabajadoras, está en la capacidad del proletariado para lograr retomar su propia acción bajo la guía del partido comunista revolucionario que representa sus finalidades históricas, determinando así las condiciones objetivas indispensables para la conquista del poder político por parte de la clase obrera, la destrucción del estado burgués, la instauración de la dictadura proletaria y la sucesiva transformación de la economía capitalista, que produce mercancías con el único objetivo de extraer beneficios, en economía socialista, hacia la producción de bienes que satisfagan todas las exigencias del género humano. Pero para que esto se lleve a cabo es indispensable el retorno de las masas obreras a la defensa intransigente de sus condiciones inmediatas de vida a través del choque de clase contra todas las fuerzas que defienden los intereses de la economía capitalista, con el consiguiente renacimiento de un tejido organizativo clasista que encuadre y dirija en este choque a la parte más combativa del proletariado. Es indispensable el renacimiento de los sindicatos de clase como organismos intermedios entre el partido y la clase en lucha, tal y como remachan todos los cuerpos de tesis de la Izquierda Comunista.
Los dos informes que iremos publicando tienden a representar esta clásica perspectiva marxista, que, como tal, es solamente nuestra, en polémica no solo con el oportunismo oficial de los partidos falsamente obreros, sino también con todos aquellos que desnaturalizan este pilar fundamental del marxismo pretendiendo que el retorno del proletariado a la lucha revolucionaria pueda recorrer caminos distintos de los conocidos hasta ahora.