[RG-61] Argelia
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El último comunicado consideraba la verdaderamente trágica situación en la que está actualmente el proletariado argelino, a treinta años de la consecución de la independencia política de Francia.
En presencia de una situación económica desastrosa que obliga a un alto porcentaje de la fuerza de trabajo, millones de trabajadores, a la inactividad y a una escualida supervivencia en las bidonvilles que circundan las mayores ciudades del país, parece que el monopolio de la oposición al régimen esté en las manos del movimiento islámico radical, empeñado en una lucha sin exclusión de golpes contra el aparato represivo del Estado. Ninguna perspectiva política parece existir para el proletariado, aplastado entre el régimen de terror instaurado por el Estado y el terrorismo del GIA y de los otros grupos islámicos, con los que no tiene nada que compartir.
Las causas que actualmente hacen de Argelia el eslabón débil de los Estados de África septentrional son múltiples. Argelia, donde se verificó una guerra de liberación nacional particularmente larga, con un altísimo precio para la población, más de un millón de muertos en diez millones de habitantes, se encuentra hoy en condiciones económicas y sociales peores que Tunez o Marruecos, donde la consecución de la independencia ha sido mucho menos traumática. La Argelia independiente, no obstante la maná petrolífera, se encuentra hoy con una agricultura en condiciones desastrosas y con una estructura industrial en gran parte inutilizable y estrangulada por una gigantesca deuda exterior. El pensamiento nos lleva en seguida a Méjico, un gigante al que le ha alcanzado también la bendición petrolífera, también hambriento y económicamente en ruina, en las manos de los acreedores internacionales.
La causa en Argelia está, al menos en parte, en la no terminación de la revolución nacional, en los estrechos compromisos, de los partidos que dirigieron la lucha, con Francia; en la imposibilidad para un país tan pequeño y de tan poca población, de alcanzar en plena fase imperialista, una independencia más que formal sobre todo a nivel económico.
Los peligros que los movimientos revolucionarios antiimperialistas iban a encontrarse ya habían sido puestos en evidencia, en años menos merdosos, por la Internacional Comunista en las tesis sobre la cuestión internacional y colonial y en las tesis sobre la cuestión agraria en el II congreso (junio de 1920) y después en las tesis redactadas para el Congreso de los Pueblos de Oriente, en Bakú (septiembre). En la degringolade del movimiento comunista internacional tras la victoria del estalinismo en Rusia y la teoría del socialismo en un solo país, que transformó los partidos comunistas nacionales en instrumento de la política imperial del Estado ruso, estos principios fueron completamente subvertidos; para la Internacional de Lenin punto fundamental de la acción de los Partidos Comunistas en las colonias era el de que ellos debían defender los intereses del proletariado colonial y por lo tanto que, también durante la revolución antiimperialista, aun participando en la lucha junto con los partidos nacionalistas revolucionarios, ellos debían mantener su independencia, también organizativa, de modo que pudieran empujar hasta el final la revolución burguesa y al mismo tiempo salvaguardar los instrumentos indispensables para continuar la lucha por la revolución comunista. El estalinismo impuso el completo sometimiento de los Partidos comunistas a los Partidos nacionalistas burgueses aniquilando así no sólo cualquier perspectiva de revolución proletaria, sino también la posibilidad de prevalecer de los sectores más radicales dentro del movimiento nacionalista.
El ejemplo quizá más trágico de esta estrategia suicida se tuvo en China, pero se repitió en todas las revoluciones nacionales sucesivas, desde Vietnam a Argelia precisamente. Nuestro partido fue el único, aunque en un completo aislamiento, en volver a proponer el planteamiento de Lenin mientras el proletariado argelino, que se estaba desangrando en largos años de guerra, era traicionado y malvendido en interés de la burguesía francesa y de la joven parvenue argelina.
En este trabajo se tratará de volver a recorrer las etapas principales de la historia de Argelia para así sacar las lecciones de la contrarrevolución que sirven al Partido para quedar fuera del pantano.