El Partido Comunista en la tradición de la Izquierda
Hakemisto: Organic Centralism
Kategoriat: Organic Centralism, Party Doctrine
Alajulkaisut:
- El Partido Comunista en la tradición de la Izquierda (Premisa -Parte II)
- El Partido Comunista en la tradición de la Izquierda (Parte III)
- El Partido Comunista en la tradición de la Izquierda (Parte IV)
- El Partido Comunista en la tradición de la Izquierda (Parte V)
- En la orgánica predisposición del partido está su preparación para la revolución Pt.1
- En la orgánica predisposición del partido está su preparación para la revolución Pt.2
Saatavat käännökset:
PRESENTACIÓN (1986)
El texto que sigue, ”El Partido Comunista en la tradición de la Izquierda”, de junio de 1974, es el producto del esfuerzo colectivo del partido para volver a poner orden en las cuestiones fundamentales, puestas en discusión cada vez que la organización sufre bandazos, porque por norma, al menos hasta hoy, se concretizan en rupturas más o menos apreciables y amplias, más o menos fértiles para el fin de la potenciación de la acción del partido sobre la base de la continuidad y unicidad de teoría, programa, táctica y organización. No hay nada que modificar en el texto, compuesto ”de golpe” bajo el apremio de urgencias dictadas por la necesidad siempre presente e impelente de volver a poner en pie los fundamentos sobre los que en 1952 se puso en marcha el Partido.
Este trabajo apareció en un opúsculo, el primero de una serie, porque entonces no había sido creada la nueva cabecera del órgano de prensa del Partido, ”Il Partito Comunista”. De tal suerte, la circulación del texto ha sido forzosamente limitada, mientras que es indispensable que los compañeros, los lectores y los proletarios que siguen nuestra lucha, conozcan y estudien las soluciones que la Izquierda ha dado y da al complicado entrelazamiento de las cuestiones, resumibles en el título de nuestro texto clásico ”Naturaleza, Función y táctica del Partido Comunista Revolucionario de la clase obrera” de 1945.
Allí se expone, con nuestro potente método histórico e impersonal, la perfecta coherencia de definición del Partido comunista según la escuela marxista, representada, después de la destrucción de la III Internacional, únicamente por la tradición de posiciones y de batalla de la Izquierda Comunista.
Tomadas a lo largo del arco de medio siglo, desde 1920, años aún de revolución en Europa, al reciente 1970, a través del ciclo de medio siglo de contrarrevolución (algo muy distinto a las chismosas ”nuevas fases” descubiertas cada seis meses por el inmediatismo antimarxista), las citas, y las premisas que remachan su dictado, demuestran las características históricamente determinantes del partido revolucionario, ”proyección en el hoy del hombre-sociedad de mañana”.
El texto, precisamente porque no añade o modifica nada en absoluto a las tomas de posición que la Izquierda defendió en la Internacional contra la corrupción estalinista, y luego contra la falsificación de las corrientes antiestalinistas de matriz no marxista, y a todo cuanto fue codificado y de hecho realizado en una no breve tradición de partido internacional en esta posguerra, constituye un documento sintético y sistemático, y la confirmación de nuestras Tesis programáticas sobre las llamadas cuestiones de organización. Ponemos en conocimiento de las jóvenes generaciones de proletarios, revolucionarios de mañana, y de todo aquel que se nos acerque aquellas Tesis reivindicadas únicamente por nuestra organización de partido.
El texto fue redactado al día siguiente de la última laceración de la estrecha unión del partido, la más grave y dramática de la posguerra por haber sido deseada y dirigida precisamente por el Centro dirigente contra quien en el Partido se declaraba totalmente fiel a los principios programáticos y a la disciplina organizativa. Debe considerarse prosecución de un trabajo desarrollado según nuestra tradición y nuestro método, con el cual se había mantenido, con el enfurecimiento de ”nuevos cursos” organizativos, la correcta orientación sobre los principios básicos que regulan y disciplinan la vida de partido, su acción y su naturaleza; trabajo que había sido repropuesto a toda la organización para que no se desviase el norte de la brújula revolucionaria.
Entonces circuló como texto interno, dirigido exclusivamente a los compañeros de partido y al Centro, porque sólo interesaba la revocación de la medida administrativa de expulsión, canalizando las fuerzas de todos los compañeros en remachar las bases homogéneas y comunes, el común y antiguo método de trabajo, los principios comunes que, de palabra, nadie decía querer poner en discusión. Y principalmente para reafirmar las características y peculiares formas de la vida y de relación dentro del partido que le habían caracterizado desde que se reconstituyó en la inmediata posguerra.
Texto y trabajo de partido, no documento polémico o chivo expiatorio escisionista hacia una pretendida ”otra parte”; en la premisa de entonces se leía: «Este trabajo es una modesta contribución desplegada sobre el plan propuesto hace algunos años, rechazada por el Centro como si hubiese sido un cúmulo de blasfemias y de necedades. Si la ”brújula” no se hubiese vuelto loca, el texto habría aparecido en las columnas de ”Programma Comunista”, seguramente en el lugar de los equívocos artículos sobre la organización».
Debimos constatar que la brújula estaba loca y en modo irreversible: desde entonces las dos organizaciones han proseguido por caminos diferentes y ninguna petición o reprobación tenemos que hacernos. Sin embargo, ha quedado, como lección irrenunciable, el método con el cual se respondió al desastre ampliamente extendido de la escisión, y de los errores que la provocaron, sostuvieron y la concluyeron suciamente en los años sucesivos, que han visto reducida a innobles y vergonzosos jirones aquella pretendida organización de hierro que habría debido surgir con el alejamiento de los débiles, de los ”indisciplinados”, de la fracción como se decía, de los anti-centralismo, que se oponían a los nuevos cursos organizativos, a las desviaciones disciplinarias, no por temor a la disciplina y a la potencia organizativa, sino porque veían en esos métodos, en esos criterios, el camino de la desorganización, y también de la ruptura de la unidad programática.
Este trabajo tenaz buscaba suscitar en el Partido no satisfacciones personales de ”derrotados” o ”vencedores”, sino una sana reacción que lo volviese a llevar enteramente sobre las posiciones correctas, sin rehabilitaciones o autocríticas o procesos a quien sea.
Por tanto, el texto repropone solamente una afirmación correcta, extraída de la tradición integral de la Izquierda Comunista, de los postulados conocidos por todo el partido, y aceptados por todos los militantes que han trabajado para esculpir viejas y nuevas generaciones con la voluntad de fortificar y dilatar la organización combatiente de partido, que se reforzaba en este continuo e incansable trabajo.
En la desbandada y en la retirada general del movimiento proletario, cuando incluso partidos que se declaraban comunistas cedían a las antiguas supersticiones burguesas e idealistas que confían todo al mito del jefe ilustre o a las reverencias pequeño-burguesas hacia las jerarquías, o peor a mayorías aritméticas, sólo la Izquierda supo sacar la lección de la contrarrevolución reconociendo en la III Internacional, en sus dos primeros congresos, la anticipación del partido comunista mundial, antigua aspiración del comunismo marxista y necesidad histórica; y viceversa, denunciar las formas caducas, las supervivencias de federalismo y de heterogeneidad doctrinaria y programática dentro del partido y la degenerada consecuencia: el mecanismo democrático y su complemento, el burocratismo y el abuso de los formalismos organizativos..
Ya en la Internacional la Izquierda se opuso a que el método de trabajo interno, el estudio de la realidad social y de la individuación de la táctica adecuada, derivase como resultado de la lucha política en su interior, del choque y de la mutable relación de fuerzas entre diferentes fracciones.
Con mayor razón en el partido que volvió a nacer en la posguerra, ya embrión del partido comunista único mundial, excluimos que la vida interna se pudiese fundar sobre el choque de distintas corrientes, ideológicamente contrapuestas, habiéndose alcanzado ya definitivamente, por madurez histórica revolucionaria y de la lucha de clase, la unidad doctrinaria del partido y habiéndose codificado un sistema de normas tácticas.
Tal madurez objetiva de la experiencia proletaria, cristalizada en hechos, textos y Tesis, y constante en el organismo viviente del partido y en su unívoco y científico trabajo de indagación y de búsqueda, hace posible – es más, exige – un método orgánico para la realización de la táctica y para su funcionamiento coherente.
Afirmamos que el máximo rendimiento en la utilización de todas las fuerzas del partido reside en los métodos unitarios de trabajo que se apoyan en la ”fraterna solidaridad y consideración entre compañeros”, por consiguiente, relegando finalmente al museo de la prehistoria, también de la organización proletaria, los métodos hoy destructivos que sólo por inmadurez histórica de nuestro movimiento debieron tener en ella los precedentes, de la ”lucha” entre compañeros y entre fracciones con todo el bagaje de democracia, numerosas confrontaciones, pero también exageraciones y forzamientos polémicos, finalmente la fracción de izquierda debía soportar ataques personales, calumnias, habladurías, maniobras entre personajes más conocidos, manipulaciones de aduladas bases.
En fin, pudimos excluir, conjuntamente, el hábito a la ”personificación del partido” o del ”error”, según el cual el partido podría reconocerse a sí mismo en el enfoque correcto sólo en la autoridad de un ”líder”, o viceversa, la desviación en un ”culpable”. En el partido revolucionario mundial la búsqueda del planteamiento táctico justo fue finalmente posible sin el absurdo desgaste de energías (el ”deporte del fraccionismo” en la III Internacional) de la batalla entre fracciones: el fin ya no es el de vencer, arrollar numéricamente o alejar de la dirección organizativa a un determinado grupo de compañeros, con cualquier medio, sino el de convencer al conjunto del organismo partido de la justeza de su línea táctica y así fundar sólidamente la unidad del movimiento.
Conocíamos la objeción: el partido, sometido a la presión del ambiente burgués externo, debe defenderse de las ideologías y de los enfoques impuros que penetran en su interior. Fuera de todo moralismo inútil o caza al diablo de sacristía respondimos simplemente, con nuestras límpidas Tesis, que la experiencia nos ha enseñado que la involución oportunista de los partidos se ha maniobrado siempre desde arriba, desplegando con arte mayorías numéricas y disciplina formal. Introducir los métodos de la lucha política en el partido significó, por consiguiente, abandonar el partido precisamente en manos de los que se afirmaba querer combatir. El partido debe y puede defenderse de la presión, permanente y terrible del ambiente externo, a través de sus métodos de vida orgánica.
Estos no son un lujo estético o una liturgia formal para acantonar cuando se pase desde la ”fase de la investigación teórica” a la de la ”lucha de clase”. La única defensa del partido está en la máxima coherencia de su método orgánico. Estos temas están ulteriormente expuestos en un reciente informe, ”En la orgánica predisposición del partido, su preparación para la revolución”, que aquí publicamos a continuación del texto de 1974.
En 1951, en el ”fondo de la depresión” contrarrevolucionaria, completado el deslizamiento del estado ruso al campo de la defensa de las relaciones burguesas, y consumada la borrachera patriótica de la segunda guerra imperialista, el Partido Comunista Internacionalista, constituyéndose en modo claro y homogéneo, formuló un cuerpo de tesis características con el objetivo de definir y delimitar netamente a nuestro movimiento respecto a fuerzas que dejaron el Partido, y respecto a grupos sólo aparentemente afines a nosotros, que entonces y desde entonces hasta hoy han acompañado la marcha de los grandes aparatos de la socialdemocracia oficial.
En aquellas Tesis, a las que nuestra actual organización hace plena referencia, en los capítulos Teoría, Tareas del partido comunista, oleadas históricas de degeneración oportunista, Acción del partido en Italia y otros países en 1952, se trata no de filosofía o de historia abstracta al estilo profesoral, sino que se delinea un modo de ser de un partido, no sólidamente enfocado en ”los principios del materialismo histórico y del comunismo crítico de Marx y Engels”, sino que puede e intenta dar vida a esa ciencia social y a esas previsiones futuras en un organismo que actúa, en un partido en el interior del cual se postule la supresión del antagonismo entre conciencia y acción, entre teoría de la revolución y actividad revolucionaria.
Aun tratándose de una organización de no muchos efectivos, por determinación histórica en la Tesis 4 de la IV Parte se reivindica:
Cita 1 – Tesis características del Partido (Tesis de Florencia) – 1951
IV, 4 Hoy, en la plenitud de la depresión, a pesar de restringirse mucho las posibilidades de acción, el partido, siguiendo la tradición revolucionaria, no pretende romper la línea histórica de la preparación de una futura reanudación a gran escala del movimiento de clase, que haga suyos todos los resultados de las experiencias pasadas. De la restricción de la actividad práctica no deriva la renuncia a los postulados revolucionarios. El partido reconoce que la restricción de ciertos sectores está cuantitativamente acentuada, pero no por ello cambia el conjunto de los aspectos de su actividad, ni renuncia expresamente a ellos.
Las pocas fuerzas de militantes que se reorganizaron en la inmediata posguerra ya reconocieron entonces históricamente fuera de discusión la selección del programa para la emancipación revolucionaria de la clase trabajadora de la sociedad capitalista; de la que partes integrantes y esenciales no sólo son los principios teóricos de la crítica social y cognoscitiva comunista, sino también un completo sistema de normas tácticas, derivado de un arco secular de guerra proletaria y de un método de trabajo y de relación orgánica propio del partido proletario. La madurez y las confirmaciones de nuestros postulados teóricos provenientes de la viva verificación de la lucha de clase permiteron al partido de entonces afirmar en la Tesis 5 de la Parte IV:
Cita 2 – Tesis Características del Partido (Tesis de Florencia) – 1951
IV, 5 La actividad principal, hoy, es el restablecimiento de la teoría del comunismo marxista… Para ello el partido no lanzará ninguna doctrina nueva, reafirmando la plena validez de las tesis fundamentales del marxismo revolucionario, ampliamente confirmadas por los hechos…
Precisamente porque el proletariado es la última clase que será explotada y que por tanto no sucederá a ninguna en la explotación de otras clases, la doctrina ha sido construida sobre el nacimiento de la clase y no puede ser modificada ni reformada.
El desarrollo del capitalismo desde su nacimiento hasta hoy ha confirmado y confirma los teoremas del marxismo, tal y como han sido enunciados en los textos, y cualquier presunta ”innovación” o ”enseñanza” de estos últimos 30 años solo confirma que el capitalismo todavía vive y que debe ser abatido.
Como consecuencia de esta certeza científica nuestra y del método con ella coherente: el programa no está, menos aún hoy, por inventar, redescubrir o actualizar, el programa de la revolución existe en los hechos terribles de las derrotas proletarias y en la putrefacción del universo burgués. En doctrina, el programa de la revolución existe desde hace siglo y medio, como perfeccionamiento último en las lecciones que la izquierda marxista sacó y codificó como culminación de la avanzadilla proletaria de la revolución rusa y de la Tercera Internacional, primera realización palpitante de la prevista direcció única mundial del proletariado insurrecto. Desde entonces, tarea del partido es la de conservar tal sentimiento y tal ciencia subversiva.
Tarea del partido no es descubrir en el hoy indeterminado nuevas excepciones a nuestros teoremas sino saber leerlos en los hechos de hoy y del pasado.
Estando a la altura histórica de nuestra tradición, el partido de entonces se dedicó, con limitaciones ”solo cuantitativas”, como afirman las Tesis, al impersonal e indispensable trabajo de defensa de la continuidad comunista.
Se postula la forma organizada de tipo partido, propia, desde 1848 al menos, de la organización proletaria consciente, y única, que puede hospedar a la milicia comunista cuando ha podido existir mínimamente. Organización unitaria de partido como unitario es nuestro programa y ausente de choque de intereses contrastantes el mundo por el que luchamos. Del monoliticismo del programa se derivan centralismo y disciplina, que en el partido es, y no puede más que ser espontánea y sentida no como una constricción administrativa o terrorista, sino como el modo natural de vida de un organismo, tejido todo él hacia el mismo fin, conociendo bien el recorrido, la accidentalidad y los peligros que a él conducen; la disciplina en el sentido más fuerte, la orgánica, solo es posible en el partido comunista; por esto en el partido, a diferencia de los organismos de la moribunda sociedad de clase, el reclamo a la disciplina no se sirve de constricciones, solo pudiéndose deducir, en caso de indisciplina no individual, que algo más profundo en el trabajo del partido se está alejando de su curso histórico. Es una tesis nuestra que la lucha política interna y el choque de fracciones puede estar vedada en el partido, estando excluido en la teoría que dentro del movimiento comunista puedan delinearse nuevas escuelas o ideologías: cuando el partido se dividiese en dos formaciones, esto indicaría la fase inmediatamente precedente a la muerte de aquel partido y el nacimiento de una nueva organización que se opone a la degeneración de la vieja, como la historia de nuestro movimiento, antiguo y reciente, muestra en varios momentos.
En el concepto de partido comunista diseñado en las Tesis está también el rechazo de todo localismo y contingentismo en el trabajo de defensa del programa y de propaganda externa, viejos residuos éstos, propios de estratos sociales pequeño burgueses, restringidos al angosto horizonte del círculo, del grupo ”de estudio” local, que pretende ”recorrer su camino hacia el partido”, nuevas y oblicuas veredas, tortuosas y sin desembocadura, frente a la autopista del viejo y probado método impersonal de partido.
En el partido y solo en el partido se realizan los módulos de relación humana propios de la sociedad futura: con empecinada resistencia a las potentes influencias del ambiente externo solo en el partido se niega la superstición burguesa de la ”persona”, falsa abstracción de la burguesía insurgente, con los accesorios mercantiles de las carreras, de los premios y de la concurrencia.
Asumido que la consigna del partido histórico, no ”dogma revelado” sino síntesis de la experiencia proletaria pasada, confirmada por los hechos de ayer y de hoy, constituye la línea continua en la cual la organización militante debe conseguir canalizarse, en la Tesis 7 de la Parte IV se remacha:
Cita 3 – Tesis Características del Partido (Tesis de Florencia) – 1951
IV, 7…De ello resulta que el partido prohíbe la libertad personal de elaboración y de elucubración de nuevos esquemas y explicaciones del mundo social contemporáneo: prohíbe la libertad individual de análisis, de crítica y de previsión incluso al más preparado intelectualmente de los adherentes, y defiende la solidez de una teoría que no es el resultado de una fe ciega, sino el contenido de la ciencia de clase proletaria, construido con materiales de siglos, no por el pensamiento de hombres, sino por la fuerza de hechos materiales, reflejados en la conciencia histórica de una clase revolucionaria y cristalizados en su partido. Los hechos materiales no han hecho más que confirmar la doctrina del marxismo revolucionario.
En 1966 se verificó otra separación de fuerzas del partido, mientras que se mantuvo la continuidad de la organización en el afianzamiento de las normas y de relación interna en el partido, sacadas del balance de la degeneración de la Tercera Internacional como está específicamente expresado por las Tesis de 1965-66. Como en 1951 se formó otra organización separada, que se alejó del partido tomando direcciones distintas de la nuestra y de las cuales nunca nos interesó estudiar el rumbo seguido.
Sobre estas bases se ha constituido y ha trabajado el partido identificado en la cabecera de ”Programma Comunista” hasta 1973. Entonces, una escisión que definimos ”sucia”, deshonesta en cuanto que quien entonces traicionó al partido no tuvo el atrevimiento de proclamar, si no con hechos consumados a engañados militantes, la intención de desviarse del curso trazado, sino ostentando también – y la historia de los partidos formales nos enseña como es la regla para todo revisionismo – una reverencia tan formal como hipócrita por los grandes nombres de los hombres ilustres, y por los principios abstractos colocados en el frigorífico. A diferencia de las separaciones precedentes la de 1973 fue particularmente turbia y sufrida, ya que por primera vez desde 1951 la crisis y el fraccionismo implicaron también al centro directivo de la organización.
En 1973 el hecho material de la expulsión de Programma de una parte significativa de la organización, por si misma provocó la existencia de dos partidos distintos, cada uno de los cuales prosiguió por su camino. La incompatibilidad histórica de las posiciones de la izquierda para coexistir con cualquier oportunismo explica la nitidez de la irrevocable separación. La nueva organización que publica ”Il Partito Comunista” y ”Comunismo” también tuvo la posibilidad de sacar el balance de la última crisis del partido formal, si bien ”se desarrolló al nivel de las gallinas”, pero ”más carroñera”, y atacó la desviación como oportunista y fruto de voluntarismo e impaciencia en las directrices prácticas, devolviendo contra los acusadores el estigma de activismo que fue inventado contra nuestra inexistente fracción.
Dado que la posibilidad de existencia del partido no la extraemos mecánicamente del grado de relación de fuerzas entre las clases ni del número de militantes disponibles, sino de la aceptación absoluta por parte de todos del único y monolítico programa de siempre, el pequeño partido continuó el ”importante trabajo” emprendido en 1951, impidiendo que defecciones y la aplastante presión del mundo burgués pudiesen romper el ”hilo del tiempo” que, continuo y sin desmoronarse, ha pasado de una generación de militantes a otra. En 1973 no se combatió solamente contra algunas desviaciones, o solo acerca de algunas de las cuestiones más discutidas; sino que se defendió sobre todo nuestro mismo concepto de partido comunista, prueba de las pruebas en cuanto que conseguir mantener hoy en vida la organización proletaria consciente es la primera y máxima acción revolucionaria y ardiente derrota teórica para nuestro descollante enemigo.
Desde el momento de la separación con la vieja organización, por consiguiente, no mantenemos con ella ninguna relación ni debemos emitir ningún juicio acerca de su progresivo alejamiento de la Izquierda.
En el último decenio el partido ha ”perseverado”, en el sentido de la tesis, ”en esculpir los lineamientos de su doctrina, de su acción y de su táctica con unicidad de método, por encima del espacio y del tiempo”, ciertamente que el trabajo del partido sería y será mañana, si consiguiese sobrevivir, un potentísimo factor de aceleración para la reconstrucción del partido en grande de la revolución. No excluimos la posibilidad del renacimiento futuro del partido proletario, en otros países o en otros continentes, donde sea, a través exclusivamente del redescubrimiento y el reestudio de los textos y de la historia. Afirmamos, sin embargo, que este proceso, por lo demás largo y tormentoso, puede ser abreviado enormemente, consiguiendo que sea más directo, también con la presencia de un pequeño partido que transmite el hilo, las normas y las fórmulas sintetizadas y conclusivas, en sentido histórico, de nuestra ciencia.
En una situación social, hoy no peor de la de 1951, el partido se jacta de haber mantenido, a través del más largo reflujo de la revolución mundial, esta ”pequeña continuidad” del marxismo de izquierda, y no solo como ”tesis y textos” sino como órgano viviente y operante. Privado ya nuestro movimiento de hombres famosos, cuyo genio ya es ”inútil” para extraer nuevas iluminaciones, solo en el trabajo colectivo e impersonal del partido es posible buscar la ciencia social proletaria y entrever más allá de la niebla del amorfo ambiente presente.
Consideramos que no tenemos que añadir o modificar nada a nuestras tesis. Fuera de una estúpida ”presunción de organización” vacía de contenidos programáticos, típica, por lo demás, de todo oportunismo, incluso reciente, ni aficionados a una organización en sí, remachamos – solos contra una multiforme unión de actualizadores y de repensadores – que reivindicamos la plena y exclusiva continuidad con aquellas tesis y con aquel partido que tuvo el sentimiento revolucionario y la potencia dialéctica de quererse proclamar tal contra los masticadores del racionalismo espontaneista y del escepticismo de los ”políticos concretos”.
* * *
La última parte del texto aquí republicado, la quinta, está dedicada al crucial argumento de la táctica, de la acción práctica del Partido en las diversas épocas y en las diversas situaciones geográficas, nudo fundamental que deshacer para el asalto revolucionario, y viceversa, el más delicado y complejo ámbito en el cual la organización de partido se mueve, en el fuego vivo de la lucha social.
Como todo el trabajo, esta quinta parte se presenta con una premisa que encuadra sintéticamente el plan táctico general del Partido, y con una amplia serie de citas, articuladas en seis capítulos, de los textos fundamentales del comunismo revolucionario y de nuestra incorrupta tradición de lucha contra el estalinismo y el oportunismo, que demuestran precisamente la invariancia de aquel hilo rojo que corre a lo largo de generaciones de hombres y formaciones políticas.
El campo táctico, a la par que el campo organizativo, del que tratan las partes precedentes del texto, ha sido siempre uno de los puntos de mayor crítica, a partir del cual el Partido ha iniciado los bandazos más peligrosos, y, con la pretensión de que poseyendo ”sólidos principios” permitiese cualquier maniobra, o peor aún, de que el manejo de una organización ”fuerte y disciplinada” permitiese cualquier pirueta táctica, en pocos años fueron invertidas estructuras nacidas o renacidas sobre bases doctrinarias y organizativas solidísimas, y sin rodeos en la línea de una revolución victoriosa. Que luego la ”degringolade” (en francés ”voltereta”) táctica esté siempre acompañada de la degeneración de la vida y de la relación en el interior del Partido, con la aparición del fraccionismo desde el vértice, con métodos de compresión organizativa y de verdadera y propia lucha política, es un doloroso corolario de una demostración ahora ya definitiva en la historia secular del órgano partido.
Igualmente, el rígido cuadro en el que la rosa de las eventualidades tácticas puede desarrollarse asegura y refuerza la unidad, la compacidad y por consiguiente la disciplina de la entera formación del Partido, que ya no deberá estar más sometido a las invenciones tácticas de la dirección del movimiento, vinculada ésta también al respeto de normas y pernios vinculantes con el mismo rigor para la base que para el vértice, universalmente aceptadas y conocidas, sobre las cuales el partido mismo se ha formado. Y por tanto no podrá ser demandada la ejecución del plan táctico a consultas asamblearias, ni a confrontaciones de mayorías o minorías, o a jefes de mayor o menor genialidad, sino a un órgano exteriormente anónimo, impersonal y colectivo, obra de toda la formación, tanto más eficiente cuanto más sólidamente se haya vuelto a ligar a aquella tradición y a aquel método histórico, comprendidos y hechos propios por el partido.
Un arco de más de cuarenta años sustenta el ”grupo de afirmaciones” recogidas en el primer capítulo, en el potente sentido dialéctico e histórico que le damos a nuestra doctrina, en la cual asumimos la autoridad de los muertos y de los que están por nacer, de los militantes de la revolución que han estado y estarán sobre la piedra angular de la ”táctica” que soporta por cierto el tono de la entera vida del partido. El partido vive y ”existe” hacia el exterior, hacia la clase que define históricamente, también por su táctica; o sea por el conjunto de las reglas de acción que son, que deben ser, el reflejo, o mejor la ejecución consecuente de su ser, de su programa y de sus principios históricos, más allá de las mutables contingencias históricas o de los jefes más o menos geniales que lo guían.
La táctica no se improvisa, la táctica no puede ser cambiada al placer del jefe de turno o de las imprevistas contingencias del día, fuera de los railes rígidamente trazados por la experiencia histórica del partido, so pena de la destrucción del partido mismo, y la derrota del movimiento revolucionario. Más aún, buena táctica es aquella que no encuentra al partido no preparado para aplicarla, para conseguir que llegue a ser arma de ataque hacia el adversario.
Subrayamos el hecho de que en nuestra y solo en nuestra tesis de la absoluta autonomía del Partido, de la que se habla en el segundo capítulo y en el tercero, que se refiere a las Tesis de Roma, se resumen del modo más completo e inconfundible las características del Partido, que hacen de él un organismo totalmente particular y singular respecto a cualquier otro organismo, no solo proletario, sino que la humanidad entera haya expresado hasta ahora, tanto como para representar en la realidad viviente de hoy el anillo de conjunción entre el comunismo primitivo y el futuro comunismo superior.
El proletariado no tiene necesidad de partidos que solo sean capaces de dirigirlo a nuevas derrotas. El proletariado tiene necesidad del Partido que, habiendo sacado todas las lecciones del pasado, lo sepa guiar a la victoria definitiva contra el capitalismo. He aquí pues la cuestión central de la táctica: solo el partido posee una táctica tal por la que pueda plantear de manera consciente la cuestión de su acción, y es precisamente por esto que, en dadas condiciones históricas, puede desplegar mayor potencia que el mismo estado capitalista. Es conocido que hemos expresado más veces tal característica del Partido, y esta es su singularidad, con el término de ”inversión de la praxis” por el cual la relación acción-conciencia se invierte y la acción del órgano Partido puede llegar a ser consciente, cosa negada a cualquier otro organismo y con mayor razón al individuo.
En esto está contenida de modo totalmente evidente la tesis de la absoluta autonomía del Partido, de todos los demás partidos, incluso de los sedicentes proletarios y ”revolucionarios”: si el partido se mezclase, con otros organismos su potencia resultaría inevitablemente debilitada, en cuanto que el incremento numérico de los adherentes limitaría su compacidad y unicidad. Es obvio también, que la exigencia de la absoluta autonomía del partido es indispensable no solo en las áreas geohistóricas de revolución directa, sino también en las de doble revolución, la única diferencia posible es la relativa a la posibilidad de alianzas revolucionarias en estas últimas que no existe en las primeras.
El núcleo fundamental de la concepción marxista del partido está pues, precisamente, en el hecho de que la actuación consciente le viene atribuida al partido mismo, cuya acción precisamente puede ser prevista y coordinada con los objetivos que se persiguen, precisamente, porque es acción colectiva y no individual; y tampoco de una simple suma numérica de individuos, sino de una colectividad, que entrelazándose unitariamente, precisamente en la acción de partido, a toda la experiencia histórica del proletariado, expresa una potencia centuplicada respecto a su simple expresión numérica. En consecuencia, esto presupone que la acción del partido esté caracterizada por una sustancial unicidad en el comportamiento de sus miembros, cosa solo posible si las exigencias de la acción ”expuestas en claras reglas de acción”, a las cuales pueden llegar a adecuarse todos los adherentes independientemente de sus conocimientos individuales.
Resultando así definidos de modo preciso dos caracteres ambos esenciales, de la naturaleza del partido:
– el de la precisión, de la claridad y de la absoluta autonomía de su plan táctico;
– el de la prefiguración de la futura sociedad comunista, hoy ya viviente en las relaciones de partido.
Un partido similar no se improvisa, sino que solo puede ser el resultado de un largo y difícil trabajo en todos los planos: en el primario de la defensa y continua apropiación de la teoría, en el de la acción y participación coherente en toda lucha proletaria, en el de la consideración fraternal de todos los compañeros. Por todo esto y por ningún otro motivo puede ser comprometida su absoluta autonomía en relación a cualquier otro partido o movimiento, porque significaría negar al proletariado al único apoyo en la reanudación de su lucha revolucionaria, y el único órgano capaz de guiarlo hacia la victoria sobre el monstruo capitalista.
Tesis central, propuesta nuevamente en el cuarto capítulo con una mínima selección de citas de nuestra documentación que se remonta al arco de tiempo que va de 1922 a 1945, es aquella que para el plan táctico del partido ya está excluida la posibilidad de puesta en práctica del frente único, o sea de la convergencia de las directrices de acción proletaria comunistas y de la actividad de los propios militantes con los de otros partidos, fuera de un ámbito muy preciso: como contenido fuera de la acción directa proletaria; acción, es decir movimiento efectivo, no declaraciones ideológicas y pura propaganda; directa, o sea según los métodos de la lucha de clase, no parlamentaria, pacifista o de opinión; proletaria, o sea que reivindica objetivos proletarios y moviliza al proletariado separado de las otras clases. Como forma, por lo demás, no fuera de la organización sindical, el frente único siendo ya posible no entre el partido comunista y los otros partidos, sino realizado en la práctica solo entre las fracciones sindicales presentes en las organizaciones de lucha. Base de esta táctica es la previsión materialista de que «la defensa de los intereses inmediatos no se puede hacer más que preparando y realizando la ofensiva en todos sus desarrollos revolucionarios».
Fuera de este ámbito, determinante en el curso de la reanudación revolucionaria pero netamente definido, «el partido rechaza las maniobras, las combinaciones, las alianzas y los bloques que tradicionalmente se forman sobre la base de postulados y consignas de agitación contingentes, comunes a varios partidos», y, fuera de la acción directa proletaria y de la sindical, el partido no puede converger con otros partidos en directrices tácticas «que conlleven actitudes y consignas aceptables por movimientos políticos oportunistas».
Por tanto, las tesis pasan a condenar las equivocadas extensiones de la táctica del frente único por parte de los partidos degenerados de la Tercera Internacional, en el campo de la convergencia entre partidos ”proletarios” o ”revolucionarios” y por objetivos declaradamente gubernamentales o parlamentarios.
No juzgamos a los partidos por lo que dicen ser y tampoco sobre la base de sus clases de reclutamiento: los partidos que hoy reclutan proletarios, fuera del partido comunista, son partidos burgueses, no solo anti-revolucionarios y anti-comunistas, sino también anti-proletarios.
Si puede ser verdad que no todos los gobiernos son iguales para los efectos de la lucha de clase, debe tomarse en consideración el que a menudo el advenimiento de un gobierno ”de izquierda” ha tenido efectos destructivos en el movimiento revolucionario peores que un gobierno declaradamente burgués, y que si se puede considerar útil que los socialdemócratas se desenmascaren ante los proletarios elevándose en primera persona a las cumbres gubernativas, esto será verdad solo si el partido revolucionario no se hubiese comprometido precedentemente en la operación, y no hubiese ilusionado a los proletarios, empujándoles a batirse por ese gobierno, si se hubiese mantenido fuera y hubiese propagado ampliamente la posición opuesta de lucha y de organización.
Las directrices tácticas comunistas, referentes al frente único, tienen no un cáracter moral, ético o estético, sino esencialmente histórico. Afirmábamos:
Cita 4 – Naturaleza, función y táctica del partido revolucionario de la clase obrera – 1947
… En el periodo en que la clase capitalista todavía no había iniciado su ciclo liberal, que todavía debía derrocar al viejo poder feudal, o que incluso debía recorrer aún, en países importantes, etapas y fases notables de su expansión, todavía liberalizadoras en los procesos económicos, y democrática en la función estatal, era comprensible y admisible una alianza transitoria de los comunistas con aquellos partidos que, en el primer caso, eran abiertamente revolucionarios, antilegalitarios y organizados para la lucha armada, en el segundo caso aún asumían una tarea que aseguraba condiciones útiles y realmente ”progresivas” para que el régimen capitalista acelerase el ciclo que debe conducir a su caída…
En consecuencia, la táctica de las alianzas insurreccionales contra los viejos regímenes se cerró históricamente con el gran acontecimiento de la revolución en Rusia, que eliminó el último e imponente aparato estatal y militar de carácter no capitalista.
Después de tal fase,la posibilidad aunque sólo sea teórica de la táctica de los bloques debe considerarse formal y centralmente denunciada por el movimiento internacional revolucionario.
Por cuanto se refiere a las áreas de doble revolución, posteriormente desarrollábamos:
Cita 5 – La Plataforma política del Partido Comunista Internacional – 1945
21 -…En el cuadro de la presente historia mundial, si por ventura una residual función le compitiese a grupos burgueses democráticos, por la parcial y eventual supervivencia de exigencias de liberación nacional, de liquidación de islotes atrasados, feudales, y de similares restos de la historia, tal tarea sería desarrollada de manera más decidida y conclusiva, para dar lugar al ciclo ulterior de la crisis burguesa, no con un acomodamiento pasivo y abdicante del movimiento comunista a esos postulados no propios, sino en virtud de una implacable y constante oposición de los proletarios comunistas contra la incurable flaqueza y lentitud de los grupos pequeñoburgueses y de los partidos burgueses de izquierda.
Desde 1945 en adelante la tesis, muy evidenciada en ”Naturaleza, función y táctica del partido…”, de que la fase atravesada por el poder capitalista presenta características peculiares en economía y política que hacen de él la última del unitario y maloliente modo de producción capitalista, es una tesis exclusiva de nuestro Partido. Tal fase, iniciada al final del siglo pasado y plenamente desplegada con la primera guerra mundial, en verdad tiene características peculiares, aunque no modifican el modo de producción, en cuanto que no representan más que el desarrollo de ciertas cualidades ya presentes en la primera fase del poder capitalista, la liberaldemocrática. En economía prevalece, en la primera fase, la libre concurrencia, aunque por su naturaleza el desarrollo de la libre concurrencia llevará al monopolio, que caracteriza la fase imperialista. Y así en política, aun con un desfase temporal dependiente del hecho de que el andamiaje político-jurídico es más lento en el cambio de la estructura económica, tenemos el pasaje del estado multipartidista demoliberal al estado totalitario, transformación que tiene lugar en su totalidad con la primera guerra mundial. Nuestra tesis, en este texto confirmada con las citas del quinto capítulo, es que desde entonces «el mundo capitalista durante todo el arco de su supervivencia ya no podrá ordenarse en formas liberales, sino que cada vez más estará basado en monstruosas unidades estatales, despiadada expresión de la concentración económica».
Con la fase imperialista tenemos pues el ordenamiento en forma totalitaria de todos los estados, tanto de aquellos que mantienen las formas del Estado liberal, como de aquellos abiertamente fascistas. El retorno a las formas liberales de los Estados ex-fascistas después de la segunda guerra mundial no es un retorno al Estado liberal de la primera fase, sino que el Estado democrático posfascista mantiene sustancialmente, aun ostentando la forma liberal, las características totalitarias que se expresan a través de un estricto control social, una dirección política unitaria, un andamiaje jerárquico fuertemente centralizado.
Las dos fases (omitimos aquí la fase en la que la burguesía revolucionaria lucha contra el régimen feudal) están caracterizadas por una actitud distinta de la burguesía hacia el proletariado: en la primera fase, la burguesía tiene un comportamiento defensivo contra el proletariado revolucionario, en la segunda, la burguesía pasa a la ofensiva porque solo controlando al proletariado con concesiones económicas por un lado, con el sometimiento político por otro, puede impedirle las tentativas revolucionarias.
He ahí por qué, con gran sorpresa y desdén de todos los intelectuales seudorrevolucionarios, nosotros no consideramos en absoluto a la democracia como ”valor supremo” a defender contra el fascismo (por el contrario este último es menos peligroso para la revolución en cuanto que no esconde el uso de la violencia directa): en efecto, nuestra serie no es fascismo, democracia, socialismo, sino democracia, fascismo, dictadura del proletariado.
Una de las cuestiones tácticas que tuvieron mayor relieve en el periodo que siguió inmediatamente a la constitución de la Internacional Comunista, fue la relativa a la participación de los Partidos Comunistas en las elecciones democráticas, afrontada aquí en el sexto capítulo. Dicha cuestión, como es conocido, fue ampliamente discutida en el segundo Congreso de la I.C., y la Izquierda, después de haber defendido las razones del abstencionismo, aplicó las tesis de Lenin sobre el así llamado ”parlamentarismo”. La prueba histórica de cuanto ya entonces sostenía la Izquierda, o sea que una táctica de ese tipo, aún dirigida con indudables intenciones revolucionarias (Lenin consideraba que fuese el mejor medio para destruir el parlamento burgués), por el contrario, habría acabado contagiando y haciendo degenerar a los mismos partidos comunistas que se acababan de formar e incluso se estaban formando, como el italiano, todavía consumarse como luego se ha consumado ampliamente. Entonces, le fue posible a la Izquierda aceptar con disciplina una táctica que consideraba y que era equivocada, que era posible corregir siempre a través de las inevitables verificaciones históricas sucesivas: entonces lo importante y lo esencial era la formación del Partido revolucionario sobre bases de indiscutible fidelidad a la doctrina marxista como tuvo lugar precisamente en el Segundo Congreso de la Internacional.
Todo esto, ahora ya, prueba ampliamente que el único modo de plantear el problema de la táctica con fidelidad a los principios revolucionarios es aquel que la Izquierda defendía ya en los primeros años de vida de la Internacional: hay una estrecha conexión entre las normas tácticas y las directrices programáticas, por la cual las primeras, las normas tácticas están previstas y delimitadas, deduciéndolas de los principios y del examen de la situación histórica.
La Izquierda sostenía que la táctica del ”parlamentarismo revolucionario” había llegado a ser inadecuada con la situación histórica que se abrió con la primera guerra mundial. Con la guerra imperialista, la burguesía se había desenmascarado definitivamente, su actitud en las confrontaciones con el proletariado era ya definitivamente de ofensiva, basada exclusivamente en el uso abierto de la violencia, y por tanto toda táctica ”parlamentarista”, que precedentemente se fundaba en la función progresiva de la parte más radical de la misma burguesía, se había agotado completamente, y desde entonces está agotada para todo el ciclo histórico que concluirá con la revolución proletaria mundial.
La lucha por el Parlamento había sido, sin rodeos, la bandera de la burguesía revolucionaria contra los Estados absolutistas feudales, y en tal lucha el proletariado había sido su aliado más decidido, a pesar de que el parlamento no encarne y no haya encarnado nunca la forma del poder proletario, como la Comuna y el soviet han demostrado después.
En el periodo del desarrollo pacífico del capitalismo, de finales del siglo XIX y de principios del XX, los jóvenes partidos socialistas participaron, con táctica revolucionaria justa, en las elecciones democráticas, para conquistar mayor influencia en la clase proletaria, no desdeñando utilizar la legalidad burguesa para tal objetivo. Esto se basaba en la posibilidad de luchar no solo por objetivos de mejora de las condiciones económicas proletarias, sino también por ciertas realizaciones políticas, en las cuales también estaba interesada la parte más radical y progresiva de la misma burguesía. Tal táctica, sin embargo, como está afirmado claramente por Engels en la fundación de la II Internacional, no le atribuía ningún valor en sí mismo a las eventuales conquistas (cuando sucede esto, estamos en plena degeneración reformista), sino que estaba enfocada exclusivamente hacia el reforzamiento del movimiento revolucionario a la espera de que fuese la burguesía misma la que se bajase al terreno revolucionario abandonando la legalidad, obligada a ello por ineluctables necesidades materiales. La burguesía mundial ha descendido a este terreno, y definitivamente, precisamente en 1914: el proletariado mundial ha perdido entonces una importante batalla, pero la guerra histórica de clase está todavía abierta y el proletariado mundial podrá prevalecer definitivamente, volviendo a encontrar su órgano natural, el Partido de clase.
Los acontecimientos y las mismas derrotas proletarias de este siglo no han acontecido en vano, y el Partido hoy, «permaneciendo este estado de cosas y las actuales relaciones de fuerza, se desinteresa de las elecciones democráticas de todo género y no ejerce su actividad en tal campo».
Y hoy, como frente a Lenin, esta posición nuestra no se deriva de errores teóricos antimarxistas de tipo anarco-sindicalista, sino de una exigencia práctica, táctica y organizativa: todo partido, aunque sea el más revolucionario posible e imaginable, está destinado a degenerar si participa en el electoralismo (nos referimos al electoralismo estatal y no al eventual método electivo en las organizaciones económicas solo de proletarios), en cuanto a hoy, en la época plenamente imperialista, «el electoralismo solo es pensable en función de la promesa del poder, de franjas de poder».
PREMISA – Junio de 1974
El texto que sigue, como las cartas-circulares que lo preceden, está dirigido exclusivamente a los miembros del partido, aunque nos han llegado distintas peticiones, por parte de ex y de desconocidos, para obtener ”textos”. Está claro que no hemos satisfecho ninguna curiosidad, por otra parte solicitada por los afamados ”comunicados” aparecidos en ”Il Programma Comunista” de estos últimos meses y que han culminado con la ”congelada intimidación” que hay que inscribir en el museo de las monstruosidades.
Este trabajo es una modesta contribución, desarrollado según el bosquejo propuesto hace algunos años, rechazado por el Centro como si hubiese sido un cúmulo de blasfemias y de crímenes. Si la ”brújula” no estuviese loca, el texto habría aparecido en las columnas de ”Il Programma Comunista”, seguramente en el lugar de los equívocos artículos sobre ”organización”.
Los compañeros notarán que las nueve décimas partes del trabajo están constituidas por fragmentos de nuestros textos fundamentales, alineados por argumento, a lo largo del arco de sesenta años, como prueba de la continuidad y de la invariabilidad de las posiciones de la Izquierda Comunista, siempre fiel al marxismo revolucionario.
El esfuerzo no termina aquí. Queda por estudiar a Marx y Lenin. Sin embargo, el trabajo ya está avanzado y será objeto cuanto antes de un segundo fascículo.
Puesto que la Izquierda Comunista es la continuadora de la tradición que lleva los nombres de Marx y Lenin, sería suficiente con referirse a ella; pero, con los tiempos que corren, en que las falsificaciones, las manipulaciones y las interpretaciones arbitrarias se llevan a cabo cuando y de quien menos te lo esperas, para quien está obligado a remontarse ab ovo para cada cuestión individual, el ”hilo del tiempo” viene aferrado lo más lejos posible; que por lo demás ha sido siempre nuestro clásico método.
El texto, por consiguiente, se vuelve a proponer solamente una afirmación correcta de los postulados conocidos por todos y por todos anteriormente aceptados, aunque no siempre compartidos, para los que han trabajado viejas y nuevas generaciones de militantes, con la intención de fortificar y dilatar la organización combatiente de partido que con este continuo e incansable trabajo se desarrollaba cada vez más.
El camino a recorrer es éste. No existen otros. No hay ”decisiones nuevas” que tomar, ”reestructuraciones” que efectuar, ”modificaciones” que aportar, bajo el aparente y siempre dudoso pretexto de ”nuevas situaciones” que están encima. El partido crea sus órganos para la acción, a medida que la acción lo requiere en las múltiples formas de su desarrollo; los modifica o los sustituye por otros más idóneos, por necesidad orgánica, y no con la pretensión de que la perfección o el automatismo de estos organismos subrogue la justeza de la acción, como si casi todo se debiese reducir a organización, error este de tipo activista en el campo organizativo. La organización no se constituye ”in vitro”, en el falaz laboratorio del cerebro, independientemente del desenvolvimiento real de la lucha de clase. Habríamos creado un gracioso modelito de partido, más que un verdadero partido, ”compacto y potente”, que se forja sus instrumentos de batalla en el fuego de los choques sociales.
Perseguir el perfeccionamiento y el automatismo paroxistico implica el error, varias veces revelado por la Izquierda en la Internacional, que desde el campo de la organización ataca el de la táctica y también el de la naturaleza y de las funciones del partido; o sea, el error de que con una fuerte organización (donde ”fuerte” significa subordinada a cualquier centralismo y disponible para cualquier maniobra) todo se pueda hacer. Dadnos una organización ”bolchevique” y todo será lícito. Construyamos un partido disciplinado a toda prueba y la victoria estará asegurada.
Con la Izquierda sabemos, por cierto, que el partido se modifica bajo el impulso de su misma acción, por la que a la indiscriminación de la táctica corresponde la diferenciación de la organización. Es ineluctable, entonces, que el ”modelito” perfecto se rompa en mil pedazos. Por ejemplo, no se puede considerar lícito, aunque fuese como excepción, el reconocimiento, aun episódico, del eleccionismo, pensando que no se dañará la naturaleza, la función y la estructura antidemocrática del partido. Un ejemplo más, de carácter ”interno”: no se puede desencadenar hoy impunemente la ”lucha política” en la organización, sin pensar que este modo de funcionar no llegue a ser el ”normal”, la forma útil para la solución de cualquier problema, consiguiente y periódica ruptura de la organización. Se caería en el muy conocido ”fraccionismo desde arriba”. Considerar esto ”leninismo” es hacer una caricatura del leninismo.
El funcionamiento correcto del partido no puede ser confiado a estructuras organizativas especiales ni a la utilización de medios políticos dentro de la organización.
No es sobre la organización donde reposa la fuerza del partido. Sino que la fórmula correcta es: la organización es fuerte y funcional en la medida en que se adhiere cada vez más estrechamente al programa, y en consecuencia, desarrolla la ”política revolucionaria justa”. Lo contrario, es decir, que se tiene una ”justa política revolucionaria” y una adhesión estrecha al ”programa” en la medida en que la organización es ”fuerte” y ”funcional”, es falso. Es Stalin. Es una de las características del oportunismo.
Así asistiríamos al fenómeno de la ”bolchevización” a la inversa. Entonces, las distorsiones en la cuestión de organización concluyeron en los errores en el campo táctico; ahora estas distorsiones permitirían los errores tácticos. Y recordando la influencia recíproca entre los dos tipos de cuestiones, asistiríamos a una progresiva desbandada del partido en todos los campos.
Creemos que este proceso de deslizamiento no deba considerarse irreversible, a condición de que desde el partido provengan reacciones sanas que lo induzcan a retornar sobre sus posiciones correctas. En este sentido dirigimos nuestro esfuerzo, en cuya potenciación los compañeros de la Izquierda deben considerarse comprometidos.
Cuanto está expuesto en esta ”presentación”, como introducción a los respectivos grupos de citas, viene deducido directamente de los textos, y cualquier compañero podrá constatar serenamente que no se sacan conclusiones arbitrarias ni polémicas.
Todo está previsto y requetesabido. Al mismo tiempo estamos convencidos de que se puede hacer mejor. Es esta nuestra modesta contribución de tiempo, de trabajo y de pasión revolucionaria.
Para concluir, no es de polémica ni de ”lucha política” entre compañeros de lo que necesita el partido para su mejor equipamiento revolucionario.
Con el trabajo colectivo, con el concurso de todas sus fuerzas, bajo la ”dictadura del programa”, el partido se refuerza, desde el vértice a la base, se amalgaman todas sus fibras para tender, desde el indispensable minimum de la ”disciplina ejecutiva”, al optimum de la ”convicción”.
PREMISA – Septiembre 1974
El texto que sigue, vuelve a proponer, a través de citas tomadas de los textos más importantes, en el arco de más de cincuenta años (1912-1970), la concepción marxista del Partido, de sus tareas, de sus funciones, de su dinámica orgánica, que la Izquierda Comunista de Italia, la única en haberse mantenido, bajo los golpes de la contrarrevolución estalinista y del no menos fétido pos-estalinismo, en la línea de Marx, de Lenin y de la III Internacional, ha defendido constantemente y restaurado contra todo intento de desviaciones, codificándola en tesis y textos, que constituyen el resultado objetivo de la experiencia histórica de la lucha proletaria y del movimiento comunista mundial.
El texto presenta las citas colocadas en orden cronológico y subdivididas por argumentos. Cada capítulo lleva una premisa que sirve para encuadrar las citas y para poner de relieve las implicaciones y las consecuencias del pensamiento que expresan. La subdivisión en capítulos y la titulación de los mismos, tienen un carácter puramente técnico e instrumental, constituyendo en realidad las enunciaciones contenidas en cada parte un bloque unitario e inseparable de posiciones que corren en perfecta continuidad sobre el hilo del tiempo.
La mayor parte de las citas está sacada de los siguientes textos, a cuya lectura integral remitimos al lector y al militante:
– Tesis sobre la función del partido comunista en la revolución proletaria – 1920. – Partido y clase – 1921. – Partido y acción de clase – 1921. – El principio democrático – 1922. – La táctica de la Internacional Comunista – 1922. – Tesis de Roma – 1922. – Tesis del PC de Italia al IV congreso de la IC – 1922. – Organización y disciplina comunista – 1924. – Moción de la Izquierda del PC de Italia en la Conferencia Nacional de Como – 1924. – Lenin en el camino de la revolución – 1924. – Discursos y mociones de la Izquierda en el V congreso de la IC – 1924. – La plataforma de la Izquierda – 1925. – El peligro oportunista y la Internacional – 1925. – Tesis de Lyon – 1926. – Discurso del representante de la Izquierda en la VI sesión del Ejecutivo Ampliado de 1926. – Plataforma política del partido – 1945. – Las perspectivas de la posguerra en relación con la plataforma del partido – 1946. – El ciclo histórico del dominio político de la burguesía – 1947. – El curso histórico del movimiento de clase del proletariado – 1947 – Naturaleza, función y táctica del partido revolucionario de la clase obrera – 1947. – Fuerza, violencia y dictadura en la lucha de clase – 1948. – Normas organizativas generales – 1949. – Tesis características del partido – 1951. – Enderezar las patas a los perros – 1952. – Politique d’abord – 1952. – El cadáver todavía camina – 1953. – El ”battilocchio” en la historia – 1953. – Graznido de la praxis – 1953. – Presión ”racial” del campesinado… – 1953. – Rusia y revolución en la teoría marxista – 1955. – Diálogo con los muertos – 1956. – Estructura económica y social de Rusia… – 1957. – Apuntes para las tesis sobre la cuestión de organización – 1964. – Consideraciones sobre la orgánica actividad del Partido… – 1965. – Tesis sobre la tarea histórica, la acción y la estructura del PC mundial… – 1965. – Tesis suplementarias sobre la tarea histórica… – 1966. – La continuidad de acción del Partido sobre el hilo de la tradición de la Izquierda – 1967. – Premisas al volumen ”En defensa de la continuidad del Programa Comunista” – 1970.
Como se ve, es todo el patrimonio histórico de la Izquierda Comunista y del Partido Comunista Internacional resurgido sobre la base de sus posiciones en 1952 que viene reivindicado y propuesto de nuevo integralmente.
La necesidad de la reproposición global de este patrimonio histórico está conectada a las vicisitudes que han afligido en los últimos años a la organización del Partido Comunista Internacional, haciendo necesario el nacimiento de la nueva cabecera ”Il Partito Comunista” como punto de referencia organizativo para todos aquellos que entienden militar en las posiciones de la Izquierda; en la más absoluta fidelidad a las cuales ha nacido, se ha desarrollado y solamente puede vivir el Partido Comunista Internacional, es decir, solamente sobre estas bases, las únicas correctamente marxistas, puede organizarse el Partido Comunista Mundial compacto y potente, que es el órgano indispensable de la revolución proletaria y de la sucesiva dictadura de clase.
PARTE I
CAP. 1 – CENTRALISMO Y DISCIPLINA, BASES DE LA ORGANIZACIÓN DEL PARTIDO
Al afrontar el problema de las características que presenta el órgano partido, debemos remachar en primer lugar la tesis siguiente, que distingue a la verdadera y única visión marxista del problema: el partido político de clase es el órgano indispensable para dirigir la lucha proletaria, antes, durante y después de la revolución violenta y la conquista del poder. El partido es el único órgano que puede ejercer la dictadura de la clase proletaria, que por ello, en la visión marxista correcta, no se requiere a otras formas de organización del proletariado aun si comprendiesen únicamente proletarios (sindicatos, soviets y cualquier otro tipo de organización inmediata de los proletarios). El partido político de clase ejercerá pues, en exclusiva y directamente la dictadura, manejará las palancas del Estado dictatorial del proletariado, sometiendo a su dirección y a su disciplina a todas las otras formas de organización del proletariado, las cuales pueden tener una función revolucionaria solo en cuanto están influenciadas y dirigidas por el partido. En la concepción marxista, desde el Manifiesto de 1848, es el mismo proletariado el que se convierte en clase solamente cuando surge su partido político. Sin el partido la clase, es un puro elemento estadístico, pero es incapaz de acción unitaria para finalidades revolucionarias, en cuanto que solo desde el partido puede venirle la conciencia de sus intereses históricos generales y de sus finalidades. La conciencia de la clase solo está en su partido, no en los proletarios tomados individualmente, ni como masa estadística. Todos estos conceptos se encuentran en Marx, en Lenin y en toda la tradición del movimiento comunista revolucionario.
Escribíamos:
Cita 6 – Partido y clase – 1921
…El concepto de clase no debe suscitar en nosotros una imagen estática, sino una imagen dinámica. Cuando divisamos una tendencia social, un movimiento para finalidades dadas, entonces podemos reconocer la existencia de una clase en el verdadero sentido de la palabra. Pero entonces existe, en modo sustancial si no todavía en modo formal, el partido de clase.
Un partido vive cuando viven una doctrina y un método de acción. Un partido es una escuela de pensamiento político y por consiguiente, una organización de lucha. El primero es un hecho de conciencia, el segundo es un hecho de voluntad, más precisamente de tendencia a una finalidad.
Sin estos dos caracteres nosotros no poseemos todavía la definición de una clase. Repetimos, el frío registrador de datos puede constatar afinidades y circunstancias de vida en agrupaciones más o menos amplias, pero ninguna huella queda registrada en el devenir de la historia.
Y esos dos caracteres no pueden tenerse más que en el partido de clase, condensados, concretados…
… Recogiendo a una parte de la clase, es pues solo el partido el que le da la unidad de acción y de movimiento, porque reagrupa a aquellos elementos que, superando los límites de categoría y localidad, sienten y representan a la clase.
…Pero por poco que se piense que en aquella gran masa restante los individuos no tienen aún conciencia y voluntad de clase, viven para el propio egoísmo, para la categoría, para la patria chica, para la nación, se verá que con el objetivo de asegurar la acción de conjunto de la clase en el movimiento histórico, hace falta un organismo que la anime, la cimente, la preceda, la encuadre – es la palabra –; se verá que el partido es en realidad el núcleo vital, sin el cual toda la masa restante ya no tendría ningún motivo para ser considerada como un haz de fuerzas.
La clase presupone el partido – porque para ser y moverse en la historia la clase debe tener una doctrina crítica de la historia y una finalidad que alcanzar en ella.
La verdadera y la única concepción revolucionaria de la acción de clase está en la delegación de la dirección de ésta al partido. El análisis doctrinal, y un cúmulo de experiencias históricas, nos permiten reducir fácilmente a las ideologías pequeño burguesas y antirrevolucionarias de cualquier tendencia para negar y contrastar la necesidad y la prioridad de la función del partido.
Es una evidente tesis marxista, que se deriva necesariamente de toda nuestra visión teórica y de su inevitable consecuencia – la función primaria del partido – que el partido debe poseer una organización centralizada y disciplinada. La organización debe realizar una unidad estrechísima de movimiento en el espacio y en el tiempo. Y esto significa que la organización del partido debe poseer órganos de dirección y de coordinación de toda la acción, a cuyas órdenes deben absoluta disciplina todos sus adherentes. Sería completamente absurdo y contradiría cuanto hemos dicho sobre la función del partido la admisión de cualquier autonomía de las distintas secciones locales o nacionales, de cualquier ”libertad” en la acción por parte de individuos o de grupos dentro del partido. En el partido comunista todos los militantes son mantenidos en la máxima disciplina hacia las disposiciones centrales, a la ejecución de las órdenes provenientes del centro de la organización.
CITAS
Exponemos a continuación las citas que demuestran que precisamente este haya sido siempre el pensamiento de la Izquierda Comunista y de nuestro partido en línea con Marx y Lenin, en lucha abierta contra espontaneistas, anarquistas y autónomos de todo género que siempre han apestado al movimiento obrero.
7 – Tesis sobre la función del partido comunista en la revolución proletaria. 2° Congreso de la IC – 1920
13 -…El partido comunista debe ser construido sobre la base de una inquebrantable centralización proletaria… El partido comunista debe establecer también en sus filas una disciplina severa y militar… Sin la más fuerte disciplina, sin una centralización completa, sin una plena confianza de camaradería de todas las organizaciones de partido en el centro dirigente del partido mismo, la victoria de los trabajadores es imposible.
14 -…El carácter absolutamente vinculante de todas las directrices de los órganos superiores para los inferiores, y la existencia de un fuerte centro del partido, cuya autoridad no puede… ser contestada por nadie, son principios esenciales de la centralización.
15…(El partido comunista) debe conceder a su centro dirigente el derecho de tomar cuando sea necesario, decisiones importantes y obligatorias para todos los miembros del partido.
16 -…La reivindicación de una amplia ”autonomía” para las organizaciones locales del partido no puede… más que debilitar las filas del partido comunista.
8 – Partido y clase – 1921
…Un partido vive cuando viven una doctrina y un método de acción. Un partido es una escuela de pensamiento político y por consiguiente, una organización de lucha. El primero es un hecho de conciencia, el segundo es un hecho de voluntad, más exactamente de tendencia hacia una finalidad…
La revolución exige un organigrama de fuerzas activas y positivas, ligadas por una doctrina y por una finalidad… La clase parte de una homogeneidad inmediata de condiciones económicas que se nos presenta como el primer motor de la tendencia a superar, para quebrantar el actual sistema productivo, pero para asumir esta parte grandiosa debe tener su pensamiento, su método crítico, su voluntad, que mire hacia aquellas realizaciones que la indagación y la crítica han indicado, su organización de combate que canalice y utilice con el mejor rendimiento los esfuerzos y los sacrificios. Y en todo esto está el partido.
9 – Partido y acción de clase – 1921
…Un organismo que como el partido político posea por una parte una visión histórica general del proceso de la revolución y de sus exigencias, por otra una severa disciplina organizativa que asegure la subordinación de todas las funciones particulares al fin general de clase…
La tarea indispensable del partido se explica pues de dos modos, como hecho de conciencia primero, y luego como hecho de voluntad, traduciéndose la primera en una concepción teórica del proceso revolucionario, que debe ser común a todos los adherentes; la segunda en la aceptación de una precisa disciplina que asegure la coordinación y por tanto, el éxito de la acción.
10 – El principio democrático – 1922
…La democracia no puede ser para nosotros un principio; el centralismo indudablemente lo es, puesto que los caracteres esenciales de la organización del partido deben ser la unidad de estructura y de movimiento.
11 – Tesis sobre la táctica al II Congreso del PC de Italia (Tesis de Roma) – 1922
I.2 – La integración de todos los impulsos elementales en una acción unitaria se manifiesta a través de dos factores principales: uno de conciencia crítica, del que el partido extrae su programa, el otro de voluntad que se expresa en la organización disciplinada y centralizada del partido, que es el instrumento de su acción.
12 – Tesis sobre la táctica del PC de Italia al IV congreso de la IC – 1922
…La Internacional Comunista, para responder a su tarea de unificación en la lucha del proletariado de todos los países hacia el objetivo final de la revolución mundial, debe ante todo, asegurar la propia unidad de programa y de organización. Todas las secciones y todos los militantes de la Internacional Comunista deben estar comprometidos por su adhesión de principio al programa común de la Internacional Comunista.
La organización internacional, eliminando todos los vestigios de federalismo de la vieja Internacional, debe asegurar el máximo de centralización y de disciplina.
13 – Normas orientativas generales – 1949
…Las fuerzas de la periferia del partido y todos sus adherentes se mantienen en la práctica del movimiento sin tomar decisiones e iniciativas locales y contingentes de acción que no provengan de los órganos centrales, y sin dar a los problemas tácticos soluciones distintas de aquellas defendidas por todo el partido. Correspondientemente, los órganos directivos y centrales no pueden ni deben en sus decisiones y comunicaciones válidas para todo el partido abandonar los principios teóricos ni modificar los medios de acción táctica, ni siquiera con el motivo de que las situaciones hayan presentado hechos inesperados o no previstos en las perspectivas del partido. A falta de estos dos procesos recíprocos y complementarios no sirven recursos estatutarios, sino que se determinan las crisis de las que la historia del movimiento proletario ofrece no pocos ejemplos.
En consecuencia el partido, mientras pide la participación de todos los adherentes al continuo proceso de elaboración que consiste en el análisis de los acontecimientos y de los hechos sociales, y en el precisar las tareas y métodos de acciós apropiados, y realiza tal participación en los modos más adecuados, ya sea con órganos específicos como con las generales o periódicas consultas congresuales, no permite, en absoluto, que en su seno grupos de adherentes puedan reunirse en organizaciones y fracciones distintas y desarrollen su trabajo de estudio y de contribución redes de enlace, de correspondencia y de divulgación interna y externa distinta de la unitaria del partido.
14 – Marxismo y autoridad – 1956
29 -…Ningún marxista puede discutir, en absoluto, sobre la exigencia del centralismo. El partido no puede existir si se admite que varios pedazos puedan operar cada uno por su cuenta. Ninguna autonomía de las organizaciones locales en el método político. Estas son viejas luchas que ya se condujeron en el seno de los partidos de la II Internacional, por ejemplo, contra la autodecisión del grupo parlamentario del partido en su actividad, contra el caso por caso para las secciones locales o las federaciones, en los municipios y en las provincias, contra la acción caso por caso de los miembros del partido en las distintas organizaciones económicas, etc.
15 – El ”extremismo” condena de futuros renegados – 1961
14 -…Antes de que Lenin explique la vital necesidad del factor disciplina, desde tantas partes sospechado y contestado, y defina el sentido de la disciplina en el partido y en la clase, citamos un periodo que llegará un poco más adelante, y que al concepto-base comunista de la disciplina coloca en paralelo el otro no menos esencial de la centralización, pieza clave de toda construcción marxista. ”Repito: la experiencia de la victoriosa dictadura del proletariado en Rusia ha mostrado la evidencia, a aquellos que no saben pensar o no han debido nunca meditar sobre este problema, que una centralización absoluta y la más severa disciplina del proletariado son condiciones esenciales para la victoria sobre la burguesía”.
Lenin sabe que en aquella época, incluso en elementos que se autodefinían de izquierda, existían dudas sobre estas dos fórmulas que siempre han tenido sabor fuertemente agrio: ”centralización absoluta” y ”disciplina férrea”.
La resistencia a estas fórmulas se deriva de la ideología burguesa difundida en la pequeña burguesía, y por esta arrojada peligrosamente entre el proletariado, verdadero peligro contra el cual ha sido levantado este escrito clásico.
16 – Apuntes para las tesis sobre la cuestión de la organización – 1964
1 -…Tal corriente estaba fuertemente representada en el II Congreso, especialmente por los ingleses, americanos, holandeses y también por sindicalistas franceses e incluso por anarquistas españoles. La Izquierda comunista italiana tuvo que diferenciarse enseguida de estas corrientes que, además de no comprender las tesis sobre el partido, también digerían mal las relativas a la centralización y a la estrecha disciplina, entonces afirmada también vigorosamente por Zinoviev.
17 – Las tesis vistas por nosotros entonces y hoy – 1965
…En la concepción de la Izquierda del centralismo orgánico, los mismos congresos no deben decidir sobre el juicio del trabajo del centro y la elección de hombres, sino sobre cuestiones de rumbo, en modo coherente con la invariable doctrina histórica del partido mundial.
CAP. 2 – CENTRALISMO TOUT-COURT
Lenin usó, para definir la estructura y la dinámica del órgano partido, la fórmula del ”centralismo democrático”. Esta fórmula exactísima para describir a los partidos de la II Internacional, resultó inadecuada para nuestra corriente e imperfecta para definir el modo de moverse de los partidos comunistas que se formaron en la primera posguerra con la separación definitiva de los marxistas revolucionarios coherentes, de los reformistas, y les opusimos la fórmula más adecuada de ”centralismo orgánico”. Pero las citas que siguen muestran que con el término ”centralismo democrático” no se ha entendido nunca, por parte de los marxistas, indicar una praxis y una dinámica por la que el partido mitigaría en un cierto sentido el centralismo absoluto, necesario para el desarrollo de sus funciones, respondiendo en pleno a la concepción marxista del devenir histórico, con la aplicación de una praxis de ”democracia” y de ”libertad” dentro de la organización. No hay grupito de seudomarxistas que hoy no entienda la fórmula de Lenin como ”centralismo mitigado por la democracia”, mientras que para Lenin significaba que, para obtener el máximo de centralismo y de disciplina organizativa en el partido, era necesario (y lo era verdaderamente para los partidos socialistas y socialdemócratas de la II Internacional) la utilización de mecanismos democráticos formales.
Volveremos ampliamente sobre este problema, pero entretanto afirmamos que, para los auténticos marxistas, el único principio organizativo es el centralismo y la aplicación de mecanismos democráticos sólo ha sido un incidente históricamente necesario para realizar la máxima centralización de la organización. En este sentido anteponemos la demostración de que contra cualquier reivindicación de ”autonomía” y de ”libertad”, nosotros marxistas estamos por el centralismo ”sin adjetivos”. Es la lucha de los marxistas ”autoritarios” contra los ”libertarios” en la época de la I Internacional; es la lucha de Lenin por el ”centralismo burocrático” contra los mencheviques desde 1903; es nuestra posición: «quien se dedica a protestar contra el centralismo sin adjetivos no puede ser más que un encubridor de la burguesía».
CITAS
18 – Fundamentos del comunismo revolucionario marxista – 1957
19 -…El grito final que sale de su corazón es siempre el mismo: ”¿centralismo burocrático, o autonomía de clase?” Si la antítesis fuese esta, en lugar de la de Marx y de Lenin: ”¿Centro Dictatorial del Capital, o del Proletariado?” nosotros estaríamos, y que reviente quien quiera, por el centralismo burocrático, que en ciertos momentos de la historia puede ser un mal necesario, perfectamente dominable por un partido con tal de que esté libre del chalaneo con los principios (Marx), del relajamiento organizativo, del funambulismo táctico y de la peste autonomista y federalista. En cuanto a la ”autonomía de clase” es una estupidez integral.
19 – Estructura económica y social de la Rusia actual – 1957
114 -…Fue entonces cuando, con objetivos de vida interna de la Internacional, Lenin puso en sus históricas tesis la expresión de ”centralismo democrático”. Nosotros, los de la Izquierda italiana propusimos – una vez más los hechos nos han dado la razón – sustituir esta fórmula, que juzgábamos peligrosa, con la de ”centralismo orgánico”. Enseguida nos explicamos, pero permítasenos escribir con urgencia, que quien se dedica a hacer fracasar el centralismo, sin adjetivos, ultraja a Marx, Lenin y a la causa de la revolución: es un encubridor más de la conservación burguesa.
CAP. 3 – DIFERENCIACIÓN DE FUNCIONES
Es evidente que el defender la necesidad de una organización de partido centralizada y disciplinada implica, entre otras cosas, una diferenciación jerárquica que ve a los militantes individuales distribuidos en distintas funciones de distinto peso. En el partido debe haber jefes y responsables para las diferentes funciones. Debe haber aquellos que mandan y los que siguen las órdenes, y debe haber órganos diferenciados y adaptados para realizar estas funciones. La organización del partido se presenta así, en nuestra concepción, con una estructura que muchas veces hemos definido piramidal, en la cual todos los impulsos provenientes de los distintos puntos de la estructura convergen hacia un único nudo central, y desde este parten las disposiciones para toda la red organizada. La diferenciación de los diversos órganos y la colocación de los militantes en las distintas funciones y en los distintos escalones de la escala jerárquica es un hecho natural y orgánico, no ejecutable por la praxis del carrerismo burgués, ni como pura y simple imitación, es lo que explicaremos a continuación. Por el momento nos basta con exponer las citas que demuestran la necesidad de esta diferenciación y de esta jerarquía si se quiere hablar de organización centralizada y defender que esta no es solamente la visión de la Izquierda comunista, sino de Marx y de Lenin.
CITAS
20 – Lenin en el Camino de la revolución – 1924
…La organización en partido, que permite a la clase ser verdaderamente tal, y vivir como tal, se presenta como un mecanismo unitario en el cual los distintos ”cerebros” (en verdad no sólo los cerebros, sino también otros órganos individuales) asumen tareas distintas, según las aptitudes y potencialidades, todos al servicio de un objetivo y de un interés que progresivamente se unifican cada vez más íntimamente ”en el tiempo y en el espacio”… No todos los individuos tienen pues el mismo puesto y el mismo peso en la organización: en la medida en que esta división de tareas se va realizando según un plan más racional (y aquello que es hoy para el partido-clase será mañana para la sociedad), está perfectamente excluido que quien se halla más arriba gravite como privilegiado sobre los otros. Nuestra evolución revolucionaria no marcha hacia la desintegración, sino hacia la conexión cada vez más científica de los individuos entre sí.
21 – Normas orientativas generales – 1949
…El partido no es un cúmulo bruto de granos equivalentes entre sí, sino un organismo real suscitado por las determinaciones y por las exigencias sociales e históricas, con redes, órganos y centros diferenciados para el cumplimiento de las diversas tareas. La buena relación entre tales exigencias reales y la mejor función conduce a la buena organización y no a la inversa.
22 – Contenido original del programa comunista… – 1958
19 -…El partido que nosotros estamos seguros de ver resurgir en un luminoso devenir estará constituido por una vigorosa minoría de proletarios y de revolucionarios anónimos, que podrán tener diferentes funciones como las de órganos de un mismo ser viviente, pero todos estarán ligados, en el centro o en la base, a la norma inflexible y que está por encima de todos, de respeto a la teoría; de continuidad y rigor en la organización; de un método preciso de acción estratégica cuya rosa de eventualidades admitidas es, en sus vetos inviolables para todos, extraída de la terrible lección histórica de las devastaciones del oportunismo.
23 – Tesis suplementarias… (Tesis de Milán) – 1966
8 -…Por la necesidad misma de su acción orgánica, y para conseguir tener una función colectiva que supere y olvide todo personalismo y todo individualismo, el partido debe distribuir a sus miembros entre las distintas funciones y actividades que forman su vida. La alternancia de los compañeros en tales funciones es un hecho natural que no puede ser guiado con reglas análogas a las de las carreras de las burocracias burguesas. En el partido no hay concursos en los que se lucha para alcanzar posiciones más o menos visibles, sino que se debe tender a alcanzar orgánicamente aquello que no es una imitación de la burguesa división del trabajo, sino que es una adecuación natural del complejo y articulado órgano-partido para su función.
PARTE II
PREMISA
Hemos descrito la forma y la estructura del órgano Partido; estructura centralizada, existencia de órganos diferenciados y de un órgano central capaz de coordinar, dirigir, dar órdenes a toda la red, disciplina absoluta de todos los miembros de la organización siguiendo las órdenes dispuestas por el centro; ninguna autonomía para secciones o grupos locales; ninguna red de comunicación divergente de la unitaria que une el centro con la periferia y la periferia con el centro. Esta estructura centralizada es típica no solamente del partido comunista mundial, sino también de otros organismos; los ferrocarriles deben funcionar según la misma estructura centralizada bajo pena de dejar de funcionar; igual que las grandes fábricas capitalistas. El Estado burgués y también el proletario tienen por igual una estructura fuertemente centralizada, reivindicada por la burguesía revolucionaria en lucha contra las autonomías feudales; los partidos estalinistas son famosos por su rígida centralización y la disciplina férrea y terrorista impuesta a sus militantes; el partido fascista también se ha jactado de absoluta centralización, lo mismo que la iglesia católica, etc. No basta pues con reconocer la existencia de una estructura organizativa centralizada para distinguir al partido de clase de todos los demás partidos y organismos. No es solamente la estructura organizativa centralizada lo que define al partido de clase. El centralismo no es una categoría a priori, una especie de entidad o de principio metafísico que se aplica sin modificarse en las distintas fases históricas, en las distintas clases y organismos de clase. Si fuese así llegaría a ser coherente concebir el desarrollo histórico como una afirmación progresiva del principio de autoridad o viceversa, como lucha constante e inmanente entre el principio de autoridad y el opuesto de libertad y de autonomía.
Una concepción similar significaría sustituir el materialismo marxista con el más rancio idealismo. Según el marxismo no existen principios fijos e inmanentes antepuestos al curso real de la historia, ni el principio autoritario, ni el principio democrático y libertario.
Desde el punto de vista materialista se constata que, en el curso histórico, todo organismo económico, social o político ha tenido y tiene una estructura organizada cuyas características dependen de las funciones que estén llamados a desarrollar. Así exacto sostener, como marxistas, que, si es verdad que el estado burgués y el estado proletario, ambos presentan una estructura centralizada, despótica y represiva, sin embargo son completamente opuestos, no sólo por la base social sobre la que se apoya esta estructura y por las funciones que debe desarrollar, sino también, y en consecuencia, por el modo en que esta estructura se manifiesta y lleva a cabo sus funciones. Si desde un punto de vista estructural, el estado del proletariado fuese completamente igual al estado burgués, sería suficiente expulsar a la burguesía de la dirección de la máquina estatal, conseguir que sea dirigida por el partido único del proletariado y quizás permitir que voten sólo los proletarios. En realidad la burguesía realiza el centralismo con medios, formas y características propias; así como el proletariado realizará su centralismo estatal con formas, métodos e instrumentos característicos de la esencia de la clase proletaria. Es verdad que el marxismo no preconiza la conquista, aunque sea violenta, de la máquina estatal burguesa, sino su completa destrucción y su sustitución con otra máquina estatal completamente distinta, aunque también esta máquina sea utilizada con fines de dictadura, de violencia y de terror.
Al pequeño burgués, históricamente impotente para ir mas allá de las formas, le resulta imposible comprender que es muy distinta la estructura de la máquina partido puesta en pie por Mussolini o por Hitler, y la máquina, igualmente centralizada, constituida por el partido bolchevique de Rusia de la época de Lenin; y no solamente por la base social y por las finalidades y los principios a los que los dos organismos respondían, que eran completamente opuestos, sino también, y en consecuencia, por los métodos, los instrumentos, la praxis y la dinámica orgánica de los dos organismos. Por lo que desde hace medio siglo Mussolini y Lenin están asociados en la mente del pequeño burgués democrático al espectro, para él terrible, del concepto de dictadura y de terror.
Para nosotros marxistas, existe una relación directa entre la clase social de la que un determinado movimiento es expresión, sus principios, sus finalidades, los medios necesarios para alcanzarlas, y las características, los medios y los métodos que debe usar para llegar a una acción y a una estructura centralizada y unitaria. Por lo que es justo decir que el estado burgués realiza su centralismo, inherente a su naturaleza de clase apoyándose en la farsa de la voluntad popular periódicamente compulsada, y en realidad en la creación de una máquina burocrática y militar enorme, que se mantiene unida no ciertamente por convencimiento, sino por la coerción y por el dinero. El estado proletario realizará su centralismo, que no conocerá consultas democráticas ni del ”pueblo”, ni solamente de proletarios, sino la participación de éstos de modo cada vez más amplio en la realización efectiva de las funciones estatales, y, en consecuencia, la desaparición progresiva del aparato burocrático. Por eso, tendremos represión, violencia de clase, centralización absoluta sin tener burocracia ni ejército permanente: tal es la lección de la Comuna de París a la que Marx le reprochaba el no haber sido suficientemente terrorista y centralista, pero exalta que se podían tener jefes, direcciones con poderes absolutos, terrorismo de clase, sin tener burócratas y cuerpos militares de profesión. La ecuación centralismo igual a burocratismo es pues falsa; es verdadera históricamente para el estado burgués, no lo será para el estado proletario, si no queremos renegar del marxismo.
Las comunidades primitivas realizaban un estrechísimo centralismo y una disciplina absoluta del individuo hacia el grupo social sin necesidad de ninguna coerción o máquina especial, fundándose, exclusivamente, en la identidad de intereses y en la solidaridad de todos en la lucha contra el ambiente natural enemigo y contra otros grupos. La comunidad primitiva es un ejemplo de organización centralizada y diferenciada sin coerción. Igualmente, la futura sociedad comunista. Aús, es una tesis marxista fundamental, que solo cuando existió entre los miembros de un grupo social un irreconciliable contraste de intereses materiales fue necesaria una estructura coercitiva especial para obtener la misma centralización, que en la comunidad primitiva se obtenía de modo natural, espontáneo y orgánico.
Que el desarrollo centralista de las funciones y la existencia de un aparato burocrático y coercitivo no sean en absoluto la misma cosa, es una cuestión que solo los socialdemócratas fustigados por Lenin en ”El Estado y la Revolución” no pueden comprender, ya que ellos defendían que la necesidad de la máquina estatal debía ser eterna, porque de otro modo los intereses individuales habrían disgregado la sociedad, mientras el postulado y el fin del comunismo es la sociedad sin estado, sin medios de coerción sobre los hombres con la conclusión de que en ella la centralización será máxima y mucho más completa que en la sociedad actual y se fundará sobre un comportamiento natural y espontáneamente solidario de los hombres entre sí.
¿En la sociedad comunista serán todos los hombres iguales, uno será la fea o la bella copia del otro, abarcando a toda la especie? Es vieja superstición burguesa, junto a otra, de que no estando los individuos obligados a trabajar, la producción se paralizará y se caerá en una pereza colectiva total. Habrá individuos con características diferentes, más o menos dotados de medios físicos y cerebrales, la sociedad conocerá diversificación de funciones y de órganos destinados para las distintas funciones, y distribuirá orgánicamente y de modo natural a los diversos individuos en las diversas funciones. Lo que no existirá ya será la división social y técnica del trabajo, y la sociedad pondrá a todos los hombres en condiciones de desarrollar todas las funciones útiles (Engels, Anti-Dühring). Los medios de producción y de vida serán propiedad de toda la sociedad y, por consiguiente, será excluido para siempre el que el individuo mejor dotado se comporte como privilegiado frente a los otros; es más, sus dotes ”superiores” serán un beneficio para la sociedad, estarán a su servicio.
Entonces, si estas consideraciones están en línea con la tradición marxista, no basta ver en el partido una organización centralizada, en la cual todos sus miembros responden como un solo hombre a impulsos provenientes de un único punto central. No basta con decir, como decían los anarquistas, que también los comunistas son ”autoritarios”, y reivindicar contra ellos la ”libertad” del individuo; y no basta tampoco, para declarar estúpidamente que por el contrario estamos por el sometimiento al principio de autoridad y, por tanto, nos va bien cualquier centralismo, con tal de que centralismo, cualquier disciplina con tal de que sea disciplina, hemos negado todo esto mil veces en nuestra historia de partido.
Desde el punto de vista marxista, definido el hecho de que el órgano partido, para realizar las tareas a las que la historia le llama, tiene necesidad de poseer una estructura absolutamente centralizada, será pues necesario analizar en qué modo pueda plasmarse esta estructura en un organismo particular como el partido comunista. Y entonces deberemos estudiar cuales son las características fisiológicas de este organismo, cual es la dinámica de su desarrollo y de su acción, cuales son sus enfermedades y sus degeneraciones, qué influencias tienen sobre él los acontecimientos históricos de las luchas de clase. Solo entonces estaremos en condiciones de describir menos superficialmente la esencia del centralismo y de la disciplina propios de este particular órgano histórico: el partido comunista. No un centralismo cualquiera y una disciplina cualquiera, descripción banal que se concluiría en dos líneas diciendo: ”debe existir un centro que ordena y una base que obedece”, añadiendo que, así como somos antidemocráticos, no queremos ni el recuento de las cabezas de los individuos, ni la elección de los dirigentes, y no nos provoca náuseas que ordenen de modo total un comité restringido o directamente un solo hombre, sin necesidad de que su poder sea sancionado por la mayoría de los inscritos consultada democráticamente. Cosas todas que aceptamos, pero que no sirven para explicar la dinámica real a través de la cual el órgano partido realiza su máxima centralización o, viceversa, la pierde y degenera en fases desfavorables para la lucha revolucionaria de clase. Y tampoco para comprender de qué modo el órgano partido deviene robusto, crece y se refuerza preparándose para vencer las enfermedades que puedan golpearlo. Todo esto debe explicarse para llegar a comprender cual sea la esencia del centralismo y de la disciplina comunista.
Es necesario, como en todas nuestras tesis, y particularmente en las tesis de Nápoles de 1965, dar no una receta de organización (la ”receta” está expresada en el término mismo de centralismo), sino describir la vida real del partido comunista, las vicisitudes a las que ha estado sometido en su larga historia, las enfermedades que mil veces le han atacado y la eficacia de los remedios que cada vez se ha considerado necesario aplicarle para curarle. Es necesario estudiar la historia del partido desde 1848 hasta hoy, verlo moverse en la vicisitud histórica real, en las fases de avance y de retroceso de la revolución a escala mundial. Solo de todo esto se pueden sacar las lecciones que pueden y deben ser útilmente asimiladas por el partido actual, fortaleciéndole y capacitándole para resistir a los factores materiales de signo negativo que destruyeron tres Internacionales y un movimiento revolucionario del proletariado que parecía consagrado, en los años de la primera posguerra, para la más espléndida victoria en todo el planeta.
Regalar la doctrinilla de que todo se reduce a una deficiencia de centralismo y que toda la lección que se debe sacar es que tenemos necesidad de una estructura aún más centralizada que la del partido bolchevique y de la III Internacional, significa engañar al partido y falsificar toda su tradición. ¿Como obtener en el partido la máxima centralización? ¿Cuales son las enfermedades que minan la centralización absoluta y la absoluta disciplina? ¿Poseyendo un cast de jefes más rígidos y totalitarios de lo que fueron, por ejemplo, Lenin, Trotski y Zinoviev? ¿O poseyendo una base de militantes más disciplinados, más pegados a la causa del comunismo, más obedientes y heroicos de cuanto lo fueron los militantes del siempre poco centralizado partido comunista alemán? ¿O más bien informando mejor de la doctrina histórica marxista a cada uno de nuestros militantes, en la serie infernal, que diría, que si un militante no ha estudiado bien todos los textos de partido, no está programado, no puede militar de modo disciplinado en la organización?
A esas preguntas se responde analizando la historia del partido a través de las lecciones que la Izquierda ha sacado, y que están codificadas en textos y en tesis que nadie puede modificar, actualizar o simplemente, olvidar de citar, porque van en línea continua desde 1912 a 1970; más de 50 años durante los cuales el problema de la vida, del desarrollo y de la degeneración patológica del órgano partido ha sido planteado y resuelto siempre del mismo modo. Comenzamos pues a examinar las características de este órgano partido. Solamente por éstas comprenderemos cuáles pueden ser los métodos más apropiados para centralizarlo y disciplinarlo al máximo o, por el contrario, para disgregarlo y destruirlo.
CAP. 1 – PARTIDO HISTÓRICO Y PARTIDO FORMAL
Como se recuerda en nuestras tesis de 1965, es Marx el primero en usar esta distinción: partido en su acepción histórica y partido contingente o formal, es decir, las distintas formaciones organizadas de combatientes revolucionarios en las cuales, en el curso de la historia, la doctrina, el programa y los principios del partido comunista se han encarnado. En otros términos, es la trinchera, la barricada establecida por la historia hace más de cien años sobre la que se colocan, con diferente fortuna, las diversas generaciones de los proletarios revolucionarios. El proletariado no nace hoy como clase revolucionaria, no expresa hoy por primera vez a su partido de clase, su órgano político, sin el cual no es capaz de acción unitaria en vista de un fin común, o sea no es clase; lo ha expresado en los albores de la sociedad capitalista, en el lejano 1848 cuando fue capaz por una parte de dar vida a las primeras insurrecciones armadas, por la otra, de encontrar una teoría que el desarrollo de las fuerzas productivas y del pensamiento teórico humano había llevado a madurar, pero que, por su naturaleza, solamente era utilizable por parte de una clase revolucionaria que viese en la destrucción completa del régimen capitalista el camino de la propia emancipación. Desde entonces, el punto de encuentro de la teoría marxista con la realidad de la lucha social en ebullición le ha dado vida al partido comunista marxista como falange de militantes de la revolución, colectivamente dotados con la potente arma de lectura de la historia que es el marxismo y, por consiguiente poniéndoles en condiciones de sacar las lecciones y las experiencias tanto de las derrotas como de las victorias del proletariado. «Sin teoría revolucionaria no puede haber movimiento revolucionario»: esta es la tesis de Lenin. Y el partido existe en cuanto que un núcleo pequeño o grande de revolucionarios empujados a combatir por oscuras determinaciones sociales contra la sociedad presente, empuña la teoría como arma, y la usa como una guía para la acción.
Cuando decimos que la conciencia de la clase está en el partido y solamente en él entendemos que esta conciencia consiste en las lecciones históricas de la lucha proletaria en todo el mundo desde su inicio, leída con la clave de la teoría única e invariante, que las formaciones presentes y futuras de revolucionarios tienen la tarea de empuñar y de respetar en su integridad, iluminando su acción con la luz de esta amplísima experiencia mundial que solo el marxismo puede leer y que sigue siendo tenebrosa y oscura para todas las ideologías y las doctrinas no marxistas.
Cada vez que en la historia se ha verificado, bajo el empuje de diversas sugestiones, el abandono de este patrimonio histórico, que no solo comprende la teoría, los principios y las finalidades, sino también la experiencia histórica de la marcha cansina de la revolución, el partido formal, es decir, la organización de combate de una época dada o de una determinada generación proletaria, ha abandonado el camino inevitablemente y se ha encontrado finalmente, del lado del enemigo de clase. Por lo tanto, para nosotros el partido existe, se desarrolla y marcha hacia la victoria solo en cuanto es capaz de permanecer adherido a la base del partido histórico; si esta base sufriera aunque solo fuese un rasguño ya se tendrían las traiciones y las deserciones de las que está llena la historia de los partidos formales. Ahora bien, el hecho de que la organización revolucionaria permanezca adherida a los fundamentos del partido histórico, de los que emana, no está garantizado por factores de tipo cultural o didáctico con los que se pueda decir (una vez que se han aprendido de memoria algunos textos) que se tienen los papeles en regla con el partido histórico o embustes del género. El patrimonio histórico del partido debe referirse a sí mismo, permear toda la acción incluso la cotidiana y limitada del partido formal. Y esta continua transfusión de la experiencia histórica en la acción actual del partido es ante todo un hecho colectivo de la organización, no un hecho individual de militantes más o menos iluminados, más o menos sabios. Lo que es necesario que llegue a ser patrimonio de la organización militante es la noción de esta adhesión absoluta que debe existir entre su acción, entre aquello que se dice y aquello que se hace hoy, con la teoría, los principios y la experiencia histórica pasada, y que ésta, y no su opinión personal ni tampoco colectiva, será siempre la máxima autoridad en todas las cuestiones de partido. ¿Quien da las órdenes en el partido? Siempre hemos afirmado: para nosotros ante todo las da el partido histórico al cual se le debe absoluta obediencia y fidelidad. ¿Y desde que micrófono dicta las órdenes el partido histórico? Puede ser un solo hombre o millones de hombres; puede ser el vértice de la organización, pero también puede ser la base que le reclama al vértice la observancia de aquellos elementos sin los cuales la organización misma deja de existir.
En el partido, escribíamos en 1967 en un texto que reproducimos, nadie manda y todos son mandados; nadie manda por que no se le pide la solución del problema a su cabeza individual, todos son mandados, porque tampoco el centro más absoluto puede dar órdenes que no estén en la línea continua del partido histórico.
Dictadura sobre todos (centro y base) de los principios, de las tradiciones y de las finalidades del movimiento comunista, pretensión legítima del centro de ser obedecido sin oposición en cuanto sus órdenes están sobre esta línea que debe manifestarse en toda acción de partido, reivindicación de la base, no a ser consultada cada vez que ha emanado una orden del centro, sino a seguirla solo y en cuanto que esté sobre la línea impersonal del partido histórico, aceptada por todos. En el partido hay pues jerarquías y jefes; se trata de instrumentos técnicos, de los que el partido no puede prescindir, porque su acción debe ser unitaria y centralizada en todo momento, debe responder al máximo de eficiencia y de disciplina. Pero estos órganos del partido no deciden la dirección de la acción partiendo de su cabeza más o menos genial; deben someterse también ellos a decisiones que ha tomado sobre todo la historia, y que son patrimonio colectivo e impersonal del órgano partido.
CITAS
24 – Marxismo y autoridad – 1956
29 -…Sobre la cuestión de la Autoridad general a la que el comunismo revolucionario debe reclamarse, nosotros volvemos a encontrar los criterios en el análisis económico, social e histórico. No es posible hace votar a muertos y vivos, y a los aún no nacidos. Mientras tanto, en la dialéctica original del órgano partido de clase, una operación similar deviene posible, real y fecunda, si bien en una dura y larga vía de pruebas y de luchas tremendas.
25 – Consideraciones sobre la actividad orgánica del partido cuando la situación general es históricamente desfavorable – 1965
12 -…Cuando de la invariante doctrina hacemos surgir la conclusión de que la victoria revolucionaria de la clase trabajadora no puede obtenerse más que con el partido de clase y la dictadura del mismo, y con el apoyo de palabras de Marx afirmamos que antes del partido revolucionario y comunista el proletariado es una clase, quizás para la ciencia burguesa, pero no para Marx y para nosotros; la conclusión a deducir es que para la victoria será necesario tener un partido que merezca al mismo tiempo la calificación de partido histórico y partido formal, o sea que se haya resuelto en la realidad de la acción y de la historia la contradicción aparente – y que ha dominado un largo y difícil pasado – entre partido histórico, por tanto, en cuanto al contenido (programa histórico, invariante), y partido contingente, y por tanto, en cuanto a la forma, que actúa como fuerza y praxis física de una parte decisiva del proletariado en lucha.
13…Si la sección surgida en Italia de las ruinas del viejo partido de la II Internacional fue llevada de forma particular, no por virtud de personas ciertamente, sino por derivaciones históricas, a advertir la exigencia de la soldadura entre el movimiento histórico y su forma actual, fue por haber mantenido luchas particulares contra las formas degeneradas y haber rechazado por tanto las infiltraciones no solo de las fuerzas dominadas por posiciones de tipo nacional, parlamentario y democrático, sino incluso en las (itálicas, maximalismo) que se dejaron influenciar por el revolucionarismo pequeño burgués, anarco-sindicalista. Esta corriente de izquierda luchó de manera particular para que fuesen rígidas las condiciones de admisión (construcción de la nueva estructura formal), las aplicó en pleno en Italia, y cuando ellas dieron resultados no perfectos en Francia, Alemania, etc, fue la primera en advertir un peligro para toda la Internacional.
La situación histórica, por la que en un solo país se había constituido el Estado proletario, mientras en los otros no se había llegado a conquistar el poder, hacía difícil la clara solución orgánica de mantener el timón de la organización mundial a la sección rusa.
La izquierda fue la primera en advertir que, en caso de que el comportamiento del Estado ruso, en la economía interna como en las relaciones internacionales, comenzase a acusar desviaciones, se habría establecido una diferencia entre la política del partido histórico o sea de todos los comunistas revolucionarios del mundo y la de un partido formal que defendiese los intereses del estado ruso contingente.
14…Este abismo se ha cavado desde entonces tan profundamente que las secciones ”aparentes”, que están bajo la dependencia del partido-guía ruso, hacen en el sentido efímero una vulgar política de colaboración con la burguesía, no mejor que la tradicional de los partidos corrompidos de la II Internacional.
Esto da la posibilidad, no diremos el derecho, a los grupos que derivan de la lucha de la izquierda italiana contra la degeneración de Moscú, de entender mejor que ningún otro por qué camino el partido verdadero, activo, y por tanto formal, pueda permanecer en total adhesión a los caracteres del partido histórico revolucionario, que en línea potencial existe por lo menos desde 1847, mientras en línea de praxis se ha afirmado a grandes rasgos históricos a través de la serie trágica de las derrotas de la revolució
26 – Tesis sobre la tarea histórica, la acción y la estructura del partido… (Tesis de Nápoles) – 1965
11 -…Indudablemente, en la evolución que los partidos siguen, puede contraponerse el camino de los partidos formales, que presentan continuas inversiones y altibajos, incluso con precipicios ruinosos, al camino ascendente del partido histórico. El esfuerzo de los marxistas de izquierda es el de actuar sobre la curva rota de los partidos contingentes para reconducirla a la curva continua y armónica del partido histórico...
La izquierda comunista ha considerado siempre que su larga batalla contra las tristes vicisitudes contingentes de los partidos formales del proletariado se ha llevado a cabo afirmando posiciones que en modo continuo y armónico se concatenan sobre la estela luminosa del partido histórico, que va sin romperse a lo largo de los años y de los siglos, desde las primeras afirmaciones de la naciente doctrina proletaria a la sociedad futura, que nosotros bien conocemos, en cuanto hemos individualizado los tejidos, los ganglios de la odiosa sociedad presente que la revolución deberá destruir.
CAP. 2 – ADHESIÓN AL PARTIDO
Así como negamos que el partido sea un reagrupamiento de conscientes, de apóstoles y de héroes, la correcta visión marxista también niega que la adhesión al partido tenga lugar por un hecho de comprensión racional por parte de los individuos, los cuales habiendo comprendido las posiciones del partido eligen sostenerlas con su obra. Es nuestra tesis que comprensión racional y acción no solo no son hechos separables y separados el uno del otro, sino que en el individuo la acción precede siempre a la comprensión y a la conciencia. También en el individuo que se adhiere al partido. Para nosotros existe en primer lugar el desarrollo de las fuerzas productivas que determina la división en clases de la sociedad y empuja a los hombres a tomar posición respecto a este conflicto del que pueden tener más o menos conciencia.
Si, según el marxismo, las sociedades no se reconocen por la conciencia que tienen de si mismas, sino que es necesario analizar su anatomía económica para comprender sus expresiones ideales, esto también vale para las clases que en la historia han realizado funciones revolucionarias, habiendo tenido siempre una conciencia mistificada y deformada de su función histórica. Solo el proletariado moderno ha podido forjarse una conciencia científica del devenir histórico, de sus finalidades y de su acción, pero esta conciencia no pertenece a todos los obreros tomados individual o colectivamente, siempre empujados a la batalla por determinaciones materiales e inconscientes. Esta conciencia no está ni siquiera en los miembros individuales que se adhieren al partido de clase, estando ellos también determinados a alinearse en el frente del comunismo por factores materiales y sociales, al igual que son estos mismos factores los que pueden determinar el abandono de la trinchera por parte de los individuos.
Es la lucha histórica la que ve formadas a dos clases sociales con intereses irreconciliables, que nadie puede eliminar, porque ancla sus raíces en el mecanismo productivo de la presente sociedad que determina a los individuos a alinearse sobre uno o sobre otro frente independientemente de la conciencia que puedan tener individualmente de las líneas de la trinchera y de los planes de batalla. Son fuerzas históricas, sociales y materiales que empujan a los individuos a adherirse al partido, a aceptar, como hemos dicho siempre, este bloque unívoco de teoría y de acción que constituye el partido, incluso sin haber leído nunca un texto de Marx o de Lenin. La conciencia no está en el individuo, ni antes ni después de su adhesión y tampoco después de larguísima militancia, sino en el órgano colectivo de viejos y de jóvenes, de cultos y de incultos, que desarrolla una acción compleja y continua sobre el hilo de una doctrina y de una tradición invariantes.
Es el órgano partido el que posee la conciencia de clase, porque esta posesión se la negamos al individuo, y solo puede existir en una organización que sepa uniformar todos sus actos, su comportamiento, su dinámica interna y externa a las líneas preexistentes de doctrina, de programa y de táctica, y que sepa crecer y desarrollarse sobre esta base, que se acepta en bloque aún sin haberla comprendido preventivamente. Es un hecho místico en la adhesión al partido la noción que puede espantar solo al pequeño burgués iluminista convencido de que se pueda aprender todo leyendo y estudiando en los libros.
En 1912 opusimos a los culturalistas, que querían transformar la Federación Juvenil Socialista en una ”escuela de partido” según la maldita fórmula: ”primero aprender y luego actuar”, que el hecho por el cual los jóvenes se adherían a nuestro frente de batalla no era cultural, sino de entusiasmo, de instinto y de fe. Y que esto sea puro materialismo está claro hasta para el burgués, que nota que su potente aparato escolástico se vuelve incapaz de hacer comprender alguna cosa cuando falta ”el interés”, es decir, el empuje material que determina a los individuos a aprender.
En el partido se aprende y se clarifican las ideas, participando en el complejo trabajo colectivo que se desarrolla siempre sobre el triple plan: defender y esculpir la teoría, participación activa en las luchas que las masas emprenden, y organización. Fuera de esta participación en el trabajo real del partido no puede existir comprensión y conciencia. En el partido se desarrolla un continuo trabajo de preparación teórica, de profundización de los lineamientos programáticos y tácticos y de explicación, a la luz de la doctrina, de los hechos que se desarrollan en la arena social realizando contemporáneamente y sin escisión el trabajo práctico, organizativo, de batalla y de penetración en el seno del proletariado. El militante aprende de la participación activa en este complejo trabajo y solo en cuanto está inmerso en él, dejándose sumergir por él. No hay otro modo de aprender y nuestras tesis han afirmado siempre que la división en compartimentos cerrados para la actividad teórica o para la actividad práctica es mortal en referencia no solo al partido, sino también a cualquier militante tomado individualmente.
Describiendo el modo en que el órgano partido realiza el paso de la teoría y de la tradición revolucionaria entre generaciones, dejándose permear en su complejo por esta teoría y por esta tradición, nosotros no podremos pues ver una especie de plan escolástico según el cual los jóvenes que se acercan al partido vayan siendo primero adoctrinados, más o menos rápidamente por bravos y experimentados maestros de marxismo, siendo invitados a estudiar determinados ”cursos breves”, para luego pasar a la verdadera y propia militancia y a la batalla práctica. Por el contrario, vemos una colectividad que estudia mientras combate y combate mientras estudia, y aprende tanto del estudio como de la batalla; vemos, pues, una colectividad que actúa, un órgano que vive de una actividad compleja y múltiple, cuyos diversos aspectos no son nunca separables el uno del otro. Y el joven es atraído y se adhiere a este trabajo complejo, se introduce en él y en él encuentra su puesto, orgánicamente, en el mismo desarrollo del trabajo; a nadie se le pide un doctorado, ni antes ni después de su adhesión, como a nadie se le hacen exámenes: el examen para todos lo hace el trabajo que debe ser realizado y que selecciona orgánicamente a los individuos en su puesto.
Para la adhesión al partido se requieren otras características que no son la cultura ”marxista” y el conocimiento individual de nuestra doctrina; se requieren dotes que Lenin llamó coraje, abnegación, heroísmo y voluntad de combatir; es para verificar estas cualidades para lo que se distingue entre simpatizante o candidato y el militante, el soldado activo del ejército revolucionario; ciertamente, no porque el simpatizante no ”sabe” todavía, mientras que el militante posee conciencia. Si no fuese asía toda la concepción marxista, porque el partido comunista es ese organismo que debe organizar en su seno, en los momentos de la reanudación revolucionaria, a millones de hombres, y estos no tendrán ni tiempo, ni necesidad de hacer cursos de marxismo ni siquiera acelerados, y se adherirán a nosotros no porque saben, sino porque sienten «en vía instintiva y espontánea y sin el mínimo curso de estudio que pueda imitar calificaciones escolásticas». Y seríá stúpido, además de antimarxista, sostener que estos ”recién llegados” los usaremos como ”base”, pero los dirigentes serán aquellos que han tenido el tiempo de ”aprender” y de ”prepararse”. Nos preparamos en un solo modo: participando en el trabajo colectivo del partido. Y el militante de partido es para nosotros no quien conoce la doctrina y el programa, sino quien «ha sabido olvidar, renegar, arrancarse de la mente y del corazón la clasificación en la que lo inscribió el padrón de esta sociedad en putrefacción, y ve y se confunde a sí mismo en todo el arco milenario que liga al ancestral hombre tribal, que lucha contra las fieras, al miembro de la comunidad futura, fraterna en la armoniosa alegría del hombre social» (”Consideraciones…” PC. n° 2 de 1965, punto 11).
Y es seguro que no se ha arrancado nada precisamente ni de la mente ni del corazón quien piensa que primero se necesita saber todo, haber comprendido todo, y solo después se puede actuar; o a lo mejor a quien concibe al partido como una gran academia para la preparación de ”cuadros”. Este tipo está inmerso hasta el cuello en el mito más podrido de la sociedad presente en putrefacción: aquel en el que el individuo pueda aprender y decidir con su mísero cerebro, cualquier otra cosa que no sean los dictados de las clases dominantes, manipuladoras astutas de cultura y de ideas.
CITAS
27 – Moción de la corriente de izquierda sobre ”Educación y cultura”, Bolonia – 1912
El congreso, considerando que en el régimen capitalista la escuela representa un arma potente de conservación en manos de la clase dominante, la cual tiende a dar a los jóvenes una educación que les convierta en sumisos y resignados al régimen actual, impidiéndoles discernir las contradicciones esenciales, revelando, por consiguiente, el carácter artificial de la cultura actual y de las enseñanzas oficiales, en todas sus fases sucesivas, y considerando que no debe atribuírsele ninguna confianza a una reforma de la escuela en sentido laico y democrático; (…) considera que la atención de los jóvenes socialistas debe ser dirigida más bien a la formación del carácter y del sentimiento socialista;
Considerando que una educación tal solo puede ser dada por el ambiente proletario cuando éste viva de la lucha de clase entendida como preparación para las máximas conquistas del proletariado, rechazando la definición escolástica de nuestro movimiento y toda discusión sobre su denominada función técnica, cree que, como los jóvenes encontrarán en todas las agitaciones de clase del proletariado el mejor terreno para el desarrollo de su conciencia revolucionaria, así también las organizaciones obreras podrán alcanzar, con la colaboración activa de sus elementos más jóvenes y ardientes, aquella fe socialista, que solo ella puede y debe salvarles de las degeneraciones utilitarias y corporativas;
en conclusión afirma que la educación de los jóvenes se hace más en la acción que en el estudio regulado por sistemas y normas cuasi burocráticas, y en consecuencia exhorta a todos los adherentes al movimiento juvenil socialista:
a) a reunirse mucho más a menudo de lo que prescriben los estatutos para discutir entre ellos sobre los problemas de la acción socialista, comunicándose los resultados de las observaciones y de las lecturas personales, y habituándose cada vez más a la solidaridad moral del ambiente socialista;
b) a tomar parte activa en la vida de las organizaciones de oficio.
28 – Fantasime Carlailiane – 1953
3 -…La conciencia teórica – defendida con la espada en la mano por la misma corriente de izquierda como dotación del partido y del movimiento juvenil – no debe ser planteada como una condición paralizante por la posibilidad de todos para combatir bajo el simple impulso de un sentimiento y de un entusiasmo socialista, surgido naturalmente por las condiciones sociales. Aquellos que de tal posición dialéctica nada comprendieron, e incluso vieron (con respecto a los motores que se mueven en un ánimo juvenil) inculcar la fe y el ”fanatismo” antes que la ciencia y la filosofía dijeron no pocas y potentes mentiras, hablaron de renovado culto del héroe y de… abandono de Marx para adherirse a Carlyle.
29 – Marx y el ”comunismo tosco” – 1959
…Se le pide al militante comunista la fuerza del músculo que golpea, antes que la orientación de pensamiento y de conciencia, como el gran marxista Lenin demostró magistralmente en ”¿Qué Hacer?”.
30 – El fácil escarnio – 1959
…Cuando en un cierto punto nuestro banal contradictor (…) nos diga que así construiremos nuestra propia mística, tomando él la postura, pobrecillo, con mente que ha superado todos los fideismos y las místicas, y nos escarnezca con los términos de postrados antes textos mosaicos o talmúdicos, bíblicos y coránicos, evangélicos o catequistas, y le respondamos que aún con esto no nos habrá inducido a tomar posición como inculpados a la defensiva, y que – incluso fuera de la utilidad de despreciar al filisteo que renace en toda época – no tenemos motivo para tratar como una ofensa la afirmación la cual todavía a nuestro movimiento, hasta que no haya triunfado en la realidad (que precede en nuestro método a toda conquista ulterior de la conciencia humana) puede venirle bien una mística, y si se quiere un mito.
31 – ”’El Extremismo’, condena de los futuros renegados” – 1961
18 -…La base de la disciplina se remonta en primer lugar a la ”conciencia de la vanguardia proletaria”, o sea de aquella minoría del proletariado que se reúne en los estratos avanzados del partido, y en seguida Lenin indica las cualidades de esta vanguardia con palabras que tienen un carácter más ”pasional” que racional, poniendo de relieve que, como desde tantos otros escritos suyos (”¿Qué Hacer?”) se ha puesto en evidencia, el proletario comunista se adhiere al partido con un hecho de intuición y no de racionalismo. Desde 1912 fue defendida esta tesis en la juventud socialista italiana contra los ”inmediatistas” – que siempre, a la par que los anarquistas ”educacionistas” – en la lucha entre culturalistas y anticulturalistas, como se dijo entonces, y entiéndase bien que los segundos, invocando un hecho de fe y de sentimiento y no de grado escolástico en la adhesión del joven revolucionario, probaban estar sobre el terreno de un estricto materialismo y de rigor de la teoría del partido. Lenin, que abre reclutamientos y no academias, habla aquí de dotes de ”devoción, firmeza, abnegación, heroísmo”. Nosotros, lejanos alumnos, recientemente hemos osado hablar abiertamente, con la decisión dialéctica, de hecho ”místico” en la adhesión al partido.
32 – Consideraciones sobre la orgánica actividad del partido cuando la situación general es históricamente desfavorable – 1965
11 – Las violentas chispas que saltaron entre los conductores de nuestra dialéctica nos han enseñado que es camarada militante comunista y revolucionario quien ha sabido olvidar, renegar, arrancarse de la mente y del corazón la clasificación en la que lo inscribió el padrón de esta sociedad en putrefacción, y ve y se confunde a sí mismo en todo el arco milenario que liga al ancestral hombre tribal, que luchaba contra las fieras, al miembro de la comunidad futura, fraterna en la armoniosa alegría del hombre social.
CAP. 3 – EL PARTIDO COMO ORGANIZACIÓN DE HOMBRES
El partido es una organización de hombres: vieja historia y realidad innegable.
La organización combatiente está compuesta de individuos con características y capacidades diversas, provenientes de ambientes sociales diversos, como de diversas experiencias individuales. Se trata de saber qué es lo que liga al conjunto de estos hombres en una organizació únnica: les liga evidentemente la adhesión a un complejo de teoría, principios y finalidades, y a una línea de acción que es propia del órgano partido comunista en su historia, y que los individuos, de cualquier parte que provengan, reconocen como propia y a la cual están determinados a obedecer; les mantiene unidos la adhesión a una posición de batalla, a una trinchera que la historia ha establecido antes que ellos y a la cual le deben absoluta fidelidad.
Los individuos que componen el partido no tienen individualmente la conciencia de este patrimonio histórico al cual se han adherido por vía instintiva y, como afirmamos en otra parte, mística.
La conciencia es poseída por el órgano colectivo no solamente en el sentido de la actividad común de todos los miembros del partido, al mismo tiempo actividad teórica y práctica, sino en el sentido más amplio de actividad colectiva sobre la base de normas teóricas, programáticas y tácticas y de finalidad, preexistentes a la misma colectividad operante en una determinada época y en un determinado lugar.
A esta colectividad operante se le requiere una sola cosa: permanecer adherida en toda su acción al hilo continuo que une el pasado al futuro, no innovar nada, no inventar nada, no descubrir nada. Al que forma parte de esta colectividad, a título individual, se le pide dar su contribución de cerebro y de brazos para hacer marchar la organización sobre la base trazada y comprometida para todos. Y entonces, ¿n establece las directrices del partido, lo que debe decir y hacer la colectividad partido? Lo establecen la teoría, los principios, las finalidades y el programa del partido que se traducen en actividad; actividad de estudio, de investigación, de interpretación de los hechos sociales, y de intervención activa en ellos. Es de esta actividad colectiva de donde deben salir las decisiones prácticas, que no deben contravenir de ningún modo a la base histórica sobre la que se apoya el partido. Las órdenes de movimiento a toda la red las da el centro mundial, siendo una función que puede ser desarrollada por un solo hombre o por un grupo de hombres, pero este mismo centro es una función del partido, es el producto de la actividad colectiva del partido y las órdenes no salen de sus capacidades cerebrales más o menos grandes, sino que constituyen el nudo de enlace de una actividad que engloba a todo el organismo y que debe estar sobre la base del partido histórico.
En nuestra concepción no se consulta a la totalidad de los individuos que componen el partido para definir las directrices de éste, y éste tampoco está definido por el grupo que se encuentra desarrollando la función central, el cual expresa decisiones que tienen valor obligatorio para todos los militantes en cuanto que se apoyan en el patrimonio histórico del partido y son el resultado de la obra y de la contribución de todo el organismo. Es pues nuestra tesis el que a los individuos no se les atribuye el mérito de la buena marcha del partido, ni de la culpa de su eventual deslizamiento. Nuestro problema no será nunca el de la búsqueda de los ”mejores hombres” que garanticen la buena marcha del trabajo; ni iremos nunca, como resulta de todas nuestras tesis, a remediar un error a través del desplazamiento de los individuos de la estructura jerárquica del partido. A los militantes considerados individualmente la teoría les niega conciencia, mérito y culpa, y les considera exclusivamente como instrumentos más o menos válidos de actividad colectiva, como considera sus acciones, ya sean correctas o equivocadas, fruto de determinaciones impersonales y anónimas, y no de su voluntad. Es el trabajo colectivo, sobre la base de la sana tradición, el que selecciona a los individuos para los distintos grados de la jerarquía y para las distintas funciones que definen al organismo partido. Pero la garantía del correcto desarrollo de las funciones no está dada por el cerebro o por la voluntad de un individuo o de un grupo: es por el contrario el resultado del desarrollo de todo el trabajo del partido.
CITAS
33 – Tesis sobre la táctica en el II Congreso del P.C. de Italia (Tesis de Roma) – 1922
I, 2 -…Sería erróneo considerar a estos dos factores, de conciencia y de voluntad como facultades que puedan obtenerse o deban exigirse de cada individuo, ya que sólo se realizan por medio de la integración de la actividad de muchos individuos en un organismo colectivo unitario.
III, 16…Sería totalmente errónea la concepción que fundase el organismo partido en la exigencia de una perfecta conciencia crítica de un completo espíritu de sacrificio en cada uno de los adherentes considerados individualmente.
34 – Organización y disciplina comunista – 1924
…Las órdenes que emanan de las jerarquías centrales no son el punto de partida, sino el resultado de la función del movimiento entendido como colectividad. Esto no se dice en el sentido tontamente democrático o jurídico, sino en el sentido realista e histórico. No defendemos, diciendo esto, un ”derecho” de la masa de los comunistas a elaborar las directrices a las que deben atenerse los dirigentes: constatamos que en estos términos se presenta la formación de un partido de clase, y sobre estas premisas deberemos plantear el estudio del problema.
Así se delinea el esquema de las conclusiones a las que tendemos nosotros en la materia. No existe una disciplina mecánica buena para la aplicación de órdenes y disposiciones superiores ”cualesquiera que sean”, existe un conjunto de órdenes y disposiciones que responden al origen real del movimiento que pueden garantizar el máximo de disciplina, o sea, de acción unitaria de todo el organismo, mientras que existen otras directrices que emanadas del centro pueden comprometer la disciplina y la solidez organizativa.
Se trata pues, de un diseño de las tareas de los órganos dirigentes. ¿Quién deberá hacerlo? Lo debe hacer todo el partido, toda la organización, no en el sentido banal y parlamentario de su derecho a ser consultado sobre el ”mandato” a otorgar a los jefes electivos y sobre los límites de éste, sino en el sentido dialéctico que contempla la tradición, la preparación, la continuidad real en el pensamiento y en la acción del movimiento.
35 – Lenin en el camino de la revolución – 1924 – La función del jefe
…La manifestación y la función del individuo están determinadas por las condiciones generales del ambiente y de la sociedad, y de la historia de ésta. Aquello que se elabora en el cerebro de un hombre ha tenido su preparación en las relaciones con otros hombres y en los hechos incluso de naturaleza intelectual de otros hombres. Algunos cerebros privilegiados y ejercitados, máquinas mejor construidas y perfeccionadas, traducen, expresan y reelaboran mejor un patrimonio de conocimientos y de experiencias que no existiría si no se apoyase en la vida de la colectividad.
El cerebro del jefe es un instrumento material que funciona por sus lazos con toda la clase y el partido; las formulaciones que el jefe dicta como teórico y las normas que prescribe como dirigente práctico, no son creaciones suyas, sino aplicación de una conciencia cuyos materiales pertenecen a la clase-partido y son producto de una vastísima experiencia. No siempre todos los elementos de ésta están presentes en el jefe bajo formas de erudiciónica, así es como nosotros podemos explicarnos realmente ciertos fenómenos de intuición que son juzgados como desviación y que, lejos de probarnos la trascendencia de algunos individuos sobre la masa, nos demuestran mejor nuestro cometido de que el jefe es el instrumento operador y no el motor del pensamiento y de la acción común…
La organización en partido que permite a la clase ser verdaderamente tal y vivir como tal, se presenta como un mecanismo unitario en el que los diversos ”cerebros” (no sólo por cierto los cerebros, sino también otros órganos individuales) llevan a cabo tareas diversas según las actitudes y potencialidades, todas al servicio de un objetivo y de un interés que progresivamente se unifica cada vez más íntimamente ”en el tiempo y en el espacio” (esta cómoda expresión tiene un sentido empírico y no trascendente). No todos los individuos tienen pues el mismo puesto y el mismo peso en la organización: en la medida que esta división de tareas se realiza según un plan más racional (y lo que vale hoy para el partido-clase, será mañana para la sociedad) está perfectamente excluido que quien se halla más arriba gravite como privilegiado sobre los demás. Nuestra evolución revolucionaria no va hacia la desintegración, sino hacia la conexión cada vez más científica de los individuos entre sí.
Ella es anti-individualista en cuanto materialista; no cree en el alma o en un contenido metafísico y trascendente del individuo, sino que inserta las funciones de éste en un cuadro colectivo, creando una jerarquía que se desarrolla en el sentido de eliminar cada vez más la coerción, sustituyéndola con la racionalidad técnica. El partido es ya un ejemplo de una colectividad sin coerción…
La cuestión no se plantea para nosotros con un contenido jurídico, sino como un problema técnico no prejuzgado por razonamientos demostrativos de derecho constitucional o, peor aún, natural. No existe razón de principio para que en nuestros estatutos se escriba ”jefe” o ”comité de jefes”: Y de estas premisas parte una solución marxista de la cuestión de la elección: elección que hace más que nada, la historia dinámica del movimiento y no la banalidad de consultas electivas. Preferimos no escribir en las reglas organizativas la palabra ”jefe”, porque no siempre tendremos en nuestras filas una individualidad de la fuerza de un Marx o de un Lenin. En conclusión, si el hombre, el ”instrumento”, de excepción existe, el movimiento lo utiliza: pero el movimiento vive lo mismo cuando tal personalidad eminente no existe. Nuestra teoría del jefe está muy lejos de los cretinismos con que las teologías y las políticas oficiales demuestran la necesidad de los pontífices, de los reyes, de los ”primeros ciudadanos”, de los dictadores y de los duches, pobres marionetas que se ilusionan con hacer la historia.
Más aún: este proceso de elaboración de material perteneciente a una colectividad, que nosotros vemos en la persona del dirigente, de la misma manera que toma de la colectividad y a ella restituye energías potenciadas y transformadas, así nada puede quitar con su separación del circulo de ésta. La muerte del organismo de Lenin no significa para nada el fin de esta función, si, como hemos demostrado, en realidad el material como él lo ha elaborado debe todavía ser alimento vital de la clase y del partido.
36 – Tesis de la Izquierda al 3er Congreso del P.C. de Italia (Tesis de Lyon) – 1926
I, 3 -…el partido político es el órgano en el cual se concentra, precisamente, el máximo de posibilidad de voluntad e iniciativa en todo el campo de su acción: no cualquier partido, por cierto, sino el partido de la clase proletaria, el partido comunista, ligado, por así decirlo, por un hilo ininterrumpido a los objetivos últimos del proceso futuro. En el partido, dicha facultad volitiva, así como su conciencia y preparación teórica, son funciones colectivas por excelencia…. Por consiguiente, el concepto marxista del partido y de su acción, como ya hemos enunciado, rechaza tanto al fatalismo (espectador pasivo de fenómenos sobre los cuales no es capaz de influir directamente) como a toda concepción voluntarista en el sentido individual, según la cual las cualidades de preparación teórica, fuerza de voluntad, espíritu de sacrificio, en suma, un tipo especial de figura moral y un requisito de ”pureza”, deberían ser exigidos indistintamente a cada militante del partido, el cual quedaría reducido a una élite distinta y superior al resto de los elementos sociales que componen la clase obrera.
37 – Discurso del representante de la Izquierda en el VI Ejecutivo Ampliado de la I.C. – 1926
…Esto se refiere también a la cuestión de los jefes que el camarada Trotski resalta en el prólogo al volumen ”1917” en su análisis de las causas de nuestras derrotas, y con cuya solución me solidarizo plenamente.
Trotski no habla de los jefes en el sentido de que nosotros necesitemos hombres venidos del cielo para esta finalidad. No, él plantea el problema de manera muy distinta. Los jefes también son un producto de la actividad del partido, de los métodos de trabajo del partido y de la confianza que el partido ha sabido ganarse. Si el partido, a pesar de la situación variable y a menudo desfavorable sigue la línea revolucionaria y combate las desviaciones oportunistas, la selección de los jefes formación de un estado mayor, se llevarán a cabo de un modo favorable, y en el periodo de la lucha final, conseguiremos, no precisamente tener siempre a un Lenin, sino a una dirección sólida y valiente cosa que hoy, según el estado actual de nuestras organizaciones, se puede esperar muy poco.
38 – Fuerza, violencia y dictadura en la lucha de clase – 1948
V -…esta tarea está confiada, por el contrario no a muchedumbres o grupos de individuos superiores que han descendido para beneficiar a la humanidad, sino a un organismo, a un mecanismo que se diferencia en el seno de la masa, utilizando los elementos individuales como células que componen los tejidos y elevándoles a una función que se hace posible sólo en este complejo de relaciones; este organismo, este sistema, este complejo de elementos, cada uno con funciones propias, análogamente a cuanto sucede en el organismo animal en el que se presentan sistemas complicadísimos de tejidos, de redes, de vasos, etc., es el organismo de clase, el partido, que en cierto modo, determina a la clase frente a sí misma y la hace capaz de desarrollar su historia.
39 – La inversión de la praxis en la teoría marxista (Reunión de Roma) – 1951
10 -…En el partido, mientras desde abajo confluyen todas las influencias individuales y de clase, su aporte crea una posibilidad y una facultad de visión crítica y teórica y de voluntad de acción, que permite transmitir a los individuos militantes y proletarios la explicación de situaciones y procesos históricos, y también las decisiones de acción y de combate (Apéndice, gráfico VIII).
11 – Así pues, mientras el determinismo excluye para el individuo la posibilidad de una voluntad y de una conciencia que precedan a la acción, la inversión de la praxis los admite únicamente en el partido, como resultado de una elaboración histórica general. Si, por lo tanto, voluntad y conciencia deben atribuirse al partido, debe negarse que éste se forme del concurso de la conciencia y de la voluntad de individuos de un grupo, y que tal grupo pueda considerarse, en lo más mínimo, fuera de las determinaciones físicas, económicas y sociales existentes en todo el ámbito de la clase.
12 – Por lo tanto, no tiene sentido el pretendido análisis según el cual existen todas las condiciones revolucionarias, pero falta una dirección revolucionaria. Es exacto decir que el órgano de dirección es indispensable, pero su aparición depende de las propias condiciones generales de lucha, jamás de la genialidad o del valor de un líder o de una vanguardia.
40 – Tesis características del partido (Tesis de Florencia) – 1951
II, 5…La cuestión de la conciencia individual no es la base de la formación del partido: no solo ningún proletario puede ser consciente y mucho menos poseedor culturalmente de la doctrina de clase, sino que tampoco ningún militante a título individual, y tal garantía no la ofrecen tampoco los jefes. Esta garantía consiste solo en la unidad orgánica del partido.
De la misma forma que se rechaza toda concepción de acción individual o de acción de una masa no ligada por un preciso tejido organizativo, también se rechaza la concepción del partido como una agrupación de sabios, de iluminados o de conscientes, sustituyéndola por la concepción de un tejido y de un sistema que en el seno de la clase proletaria tiene orgánicamente la función de explicarle la tarea revolucionaria en todos sus aspectos y en todas sus complejas fases.
41 – Las patas a los perros – 1952
…los nuevos hechos, según nuestra concisa posición, no conducen a corregir las antiguas posiciones ni a añadir a éstas complementos y rectificaciones. La lectura de los textos de principio la hacemos hoy como en 1921 y antes, la lectura de los hechos sucesivos del mismo modo, quedando confirmadas las propuestas sobre el método de trabajo de organización y de acción.
Este trabajo no está confiado ni a una persona ni a un comité, ni mucho menos a una oficina, es un momento y un sector de un trabajo unitario que se desarrolla desde hace más de un siglo y muy por encima de la sucesión de generaciones, no inscribiéndose en el curriculum vitae de nadie, ni siquiera en el de los que han tenido larguísimos periodos de elaboración coherente y maduración de los resultados. El movimiento prohíbe y debe prohibir iniciativas extemporáneas y personales o contingentes en esta obra elaboradora de textos directivos y también de estudios interpretativos del proceder histórico que nos circunda.
La idea de que con una horita de tiempo la pluma y el tintero cualquiera se dedique a redactar textos, o incluso que lo haga la cirinea ”base” invitada por una circular o por una efímera reunión académica ruidosa o clandestina es una idea infantil. Los resultados hay que notificarlos y desacreditarlos desde el principio. Sobre todo cuando una disposición tal de dictámenes viene por parte de los maniacos de la obra y de la intervención humana en la historia. ¿Intervienen hombres, determinados hombres, o un determinado Hombre con mayúsculas? Vieja cuestión. La historia la hacen los hombres, solo que saben muy poco por qué la hacen y cómo la hacen. Pero en general todos los que ”padecen” de la acción humana y los que se burlan de un presunto automatismo fatalista, por una parte son los que cultivan en su propio foro interior la idea de tener en su propio cuerpecillo ese Hombre predestinado, y por otra parte son los que no han entendido nada y nada pueden; ni siquiera entender que la historia no gana o pierde una décima de segundo, tanto si ellos duermen como lirones, como si llevan a cabo el sueño generoso de agitarse como obsesos.
Con gélido cinismo y sin el mínimo remordimiento, a todo ejemplar superactivista más o menos autoconvencido de sus muy serias funciones y a todos los sinedrines de innovadores y pilotos del mañana, repetimos: «¡iateve a cuccà!». Sois impotentes incluso para darle cuerda al despertador.
La tarea de poner en su sitio las tesis y enderezar las patas a los perros que se desmadran desde todas partes, tarea que reaparece siempre donde menos te los esperas, requiere algo muy distinto que la hora escasa que dura el congresito o el discursillo. No es fácil intentar hacer un índice de los lugares donde se ha debido acudir a taponar vías de agua, evidentemente obra o trabajo considerado poco glorioso por los que han nacido para ”pasar a la historia”, con un estilo que no se tapona sino que se abre. Pensamos que puede servir un pequeño índice que obviamente no es perfecto y tendrá repeticiones e inversiones.
Indicamos las tesis correctas frente a los errores: no llamamos a éstas antitesis, pronunciado despacio, que se confunde con el resbaladizo antítesis o lo que es lo mismo, presencia contrapuesta de dos tesis distintas. Diremos: contratesis.
También por puras razones expositivas dividimos los puntos en tres sectores, en evidente intercomunicación: historia, economía, filosofía (considerad el vocablo entre comillas)…
Las dilucidaciones sobre estas expresiones sintéticas han aparecido en numerosos escritos de partido y relaciones sobre conferencias y reuniones.
El freno a improvisaciones peligrosas no significa que tal trabajo pueda pensarse como un monopolio o una exclusiva en manos de quienquiera que sea.
Se pueden poner en orden los argumentos con mayor cuidado y se puede con mayor claridad y eficacia componer la exposición. Con actividad y estudio puede ser mejor hecho, en otros 7 años y 7 horas por semana.
Si después vienen quemadores de etapas, con ramilletes, convendrá decir (como recordamos en una ocasión del frígido Zinoviev) que han venido hombres de esos que aparecen cada 500 años: y él lo decía de Lenin.
Esperamos que sean embalsamados. Nosotros no nos sentimos como para tanto.
42 – Polítique d’abord – 1952
…Sustituida la fe ciega en un nombre respecto de los principios, de las tesis, de las normas de acción del partido como ente impersonal, asegurada por el favor ingenuo de las masas y de los mismos militantes, la influencia de una persona, que a la excitante ambición, latente o no, acompañaba dotes (al menos 95 veces sobre cien absolutamente espurias) de ingenio, cultura, elocuencia, habilidad y coraje, hicieron históricamente posibles los fenomenales descarrilamientos, los increíbles virajes de rumbo, con los que partidos enteros y notables fracciones de partido hicieron pedazos la línea de su doctrina y de su tradición, e hicieron así que la clase revolucionaria abandonase o invirtiese sin rodeos su frente de combate.
Estratos de militantes y de masas proletarias encajaron increíblemente cambios sorprendentes de fórmulas y de recetas; y cuando no cayeron en el engaño tuvieron oleajes funestos. Fracasó, por ejemplo, Mussolini en el intento de trajinar al partido socialista italiano en la borrachera de la guerra, pero en la fracción socialista de Milán que en octubre de 1914 por unanimidad le gritaba fuera, osó gritar al partir: ¡Me odíais porque me amáis!
Una larga y trágica experiencia debería haber enseñado, pues, que en la acción de partido es necesario usarles a todos según sus variadísimas actitudes y posibilidades, pero que ”no es necesario amar a nadie”, y estar dispuestos a arrojar fuera a cualquiera, aunque hubiese cumplido 11 meses de cárcel por cada año de vida. La decisión sobre las propuestas de acción en los grandes acontecimientos se debe conseguir hacer fuera de la ”autoridad” personal de maestros, jefes y dirigentes, y en base a las normas de principio y de acción prefijadas por nuestro movimiento: postulado dificilísimo, lo sabemos bien, pero sin el cual no se ve el camino para que un potente movimiento reaparezca.
La exaltación por las ”res gestae”, para las gloriosas hazañas de este o de aquel pretendido caudillo de muchedumbres, las mareas oceánicas en sus subidas y bajadas, ha servido siempre de pasarela para las más sorprendentes manipulaciones sobre los principios del movimiento. Seguidores y jefe muchas veces habían vivido así la exterioridad dramática de la lucha que habían ignorado, olvidado, quizás nunca penetradas, las ”tablas” de teoría y de acción sin las cuales no hay partido, no hay ascenso y victoria de la revolución. Y por esto cuando el jefe se hace trampa a sí mismo y a los demás, y cambia las cartas, tiene lugar en mil casos el extravío.
43 – La marioneta en la historia – 1953
9 -…Frenemos pues esta tendencia y en cuanto sea prácticamente posible suprimamos, no por cierto a los hombres, sino al Hombre con aquel dado Nombre y con aquel dado Curriculum Vitae…
Sé la respuesta que sugestiona fácilmente a los compañeros ingenuos. LENIN. Bien, es cierto que después de 1917 ganamos muchos militantes para la lucha revolucionaria porque se convencieron de que Lenin había sabido hacer y había hecho la revolución: vinieron, lucharon y luego profundizaron mejor nuestro programa. Con este expediente se han movido proletarios y masas enteras que quizás habrían dormido. Admitido. ¿Pero después? Con el mismo nombre se va haciendo palanca para la total corrupción oportunista de los proletarios: estamos reducidos hasta tal punto que la vanguardia de la clase está mucho más que antes de 1917, cuando pocos sabían aquel nombre.
Entonces digo que en las tesis y en las directrices establecidas por Lenin se resume lo mejor de la colectiva doctrina proletaria, de la política real de clase; pero que el nombre como nombre tiene un balance pasivo. Evidentemente se ha exagerado. Lenin mismo estaba hasta las orejas de bombo personal. Sólo son los hombrecillos vacíos los que se creen indispensables en la historia. Lenin se reía como un niño al escuchar tales cosas. Era seguido, adorado, y no comprendido…
Deberá llegar un tiempo en el que un fuerte movimiento de clase tenga teoría y acción correcta, sin explotar simpatías por los nombres. Creo que llegará. Quien no nos cree no puede ser más que un desconfiado de la nueva visión marxista de la historia, o peor un jefe de los oprimidos a sueldo del enemigo.
11-…La revolución burguesa debe tener un símbolo y un nombre, por mucho que también ella, en última instancia, sea hecha por fuerzas anónimas y relaciones materiales. Es la última revolución que no sabe ser anónima: por eso la recordamos como romántica.
Es nuestra revolución la que aparecerá cuando ya no haya estas pronas genuflexiones a personas, hechas sobre todo de vileza y de extravío, y como instrumento de la propia fuerza de clase tendrá un partido fundido en todos sus caracteres doctrinales, organizativos y combatientes, que nada dependa del nombre y del mérito del individuo, y que le niegue al individuo conciencia, voluntad, iniciativa, mérito o culpa, para resumir todo en su unidad de tajantes confines.
44 – El graznido de la praxis – 1953
19 -…La actividad es de los trabajadores, la conciencia solo de su partido. La actividad, la praxis, es directa y espontánea, la conciencia está reflejada, retardada, anticipada, sólo en el partido, y sólo cuando éste existe y actúa, la clase deja de ser un frío episodio de censo y se convierte en fuerza operante en la ”época de subversión”, y arroja sobre un mundo enemigo una acción que posee un fin conocido y deseado; conocido y deseado no por individuos, sean gregarios o jefes, soldados o generales, sino por la impersonal colectividad del partido, que abarca lejanos países y muchas generaciones y, por tanto, no es patrimonio exclusivo de una cabeza pero si lo es de los textos, otra técnica mejor no hay para que pasen la más rígida criba el soldado y sobretodo el general; mientras que es una banalidad sin límite el contraste inmanente entre dirigente y ejecutante, última blague (fanfarronada, en francés en el original) insípida transalpina.
La derecha del partido ruso quería que el miembro del partido viniese de un grupo obrero de profesión o de fábrica federado en el partido: los sindicatos fueron llamados por los rusos asociaciones profesionales. En un sentido polémico Lenin forjó la histórica frase de que el partido sobre todo es una organización de revolucionarios profesionales A estos no se les pregunta: ¿sois obreros? ¿de qué profesión? ¿mecánico, soldador o carpintero? Ellos pueden ser muy bien tanto obreros de fábrica como estudiantes o incluso hijos de nobles; responderán: revolucionario, esta es mi profesión. Solo el cretinismo estalinista podía dar a esta frase el sentido de revolucionario de oficio, de asalariado del partido. Esta fórmula inútil habría dejado el problema en el mismo punto. ¿Contratamos empleados para el aparato entre los obreros, o también fuera? Pero se trataba de algo muy distinto.
45 – Presión ”racial” del campesinado, presión clasista de los pueblos de color – 1953
Ni libertad de teoría ni libertad táctica.
Hay que ponerse de acuerdo en este principio fundamental de la Izquierda. La unidad sustancial y orgánica del partido, que se opone diametralmente a la unidad formal y jerárquica de los estalinistas, es una necesidad en materia de doctrina, en materia de programa y también para lo que se denomina la táctica. Si entendemos por táctica los medios de acción, éstos sólo pueden ser definidos a través de la misma investigación que nos ha permitido formular las reivindicaciones de nuestro programa final e integral basándonos en los datos de la historia pasada.
Los medios no pueden ser elegidos ni variar sin motivo a merced de las sucesivas épocas o, peor aún, de los diversos grupos, sin que se vean también afectados de modificación los objetivos programáticos y todo el curso que conduce a ellos.
Evidentemente, los medios no son elegidos por sus cualidades intrínsecas – belleza o fealdad, dulzura o amargor, flexibilidad o dureza. Pero su sucesión tiene que haber sido prevista en sus grandes líneas por el partido y formar parte de su armamento común en lugar de estar abandonada al azar de las ”situaciones” cotidianas. Siempre ha sido ese el sentido del combate de la Izquierda. Eso es lo que expresamos también cuando decimos que la ”base” está obligada a ejecutar las indicaciones tácticas del centro, en la medida en que el centro mismo esté ligado por un ”abanico” de tácticas posibles, ya previstas, y que correspondan a eventualidades también previstas. Sólo con ese vínculo dialéctico es posible superar un problema que es estúpido querer resolver a través de la democracia consultiva, cuya absurdidad ya hemos demostrado muchas veces. En efecto, todos la reivindican pero, en mayor o menor medida, todos están igualmente dispuestos a ofrecer el espectáculo a pequeña o a gran escala de asombrosos abusos de autoridad y de cambios sorprendentes en la organización.
46 – Diálogo con los muertos – 1956
74 -…El marxismo, y aquí sería necesario el tratadillo histórico-filosófico, no se apoya ni sobre una persona a la que haya que exaltar, ni sobre un sistema de personas colectivo, como sujetos de la decisión histórica, porque extrae las relaciones históricas y las causas de los acontecimientos de relaciones de cosas con los hombres, de tal forma que se ponen en evidencia los resultados comunes a cualquier individuo, sin pensar más en sus atributos personales individuales.
Puesto que el marxismo rechaza como solución de la ”cuestión social” toda formulación ”constitucional” y ”jurídica” como premisa al concreto curso histórico, no tendrá preferencias y no dará respuesta a las cuestiones mal planteadas: ¿debe decidirlo todo un hombre, un grupo de hombres, todo el corpus del partido, todo el corpus de la clase? Ante todo, no decide nadie, sino un campo de relaciones económico-productivas comunes a grandes grupos humanos. No se trata de pilotar la historia, sino de descifrarla, de descubrir sus corrientes y el único medio de participar en su dinámica es tener un cierto grado de ciencia de ella, algo muy diversamente posible en las distintas fases históricas.
¿Y entonces, quién la descifra mejor, quién explica mejor su ciencia, su exigencia? Según. Puede ser incluso uno sólo, mejor que el Comité, que el partido, que la clase. Consultar ”a todos los trabajadores” no avanzar más que consultar a todos los ciudadanos con el insensato ”recuento de cabezas”. El marxismo combate el laborismo, el obrerismo, en el sentido de que sabe que en muchos casos, en su mayor parte, la deliberación sería contrarrevolucionaria y oportunista… En cuanto al partido, incluso después de su selección de aquellos que por principio niegan ”las piedras angulares” de su programa, su mecánica histórica tampoco se resuelve con la ”base tiene siempre la razón”. El partido es una unidad histórica real, no una colonia de microbios-hombre. A la fórmula que dicen que es de Lenin de ”centralismo democrático” la Izquierda Comunista siempre ha propuesto sustituirla por la de centralismo orgánico. En cuanto a los comités, muchos son los casos históricos que desacreditan a la dirección colegiada: no debemos repetir aquí la relación entre Lenin y el partido, Lenin y el Comité Central, en abril de 1917 y en octubre de 1917.
El mejor detector de las influencias revolucionarias en el campo de fuerzas históricas puede, en determinadas relaciones sociales y productivas ser la masa, la muchedumbre, un consejo de hombres, un sólo hombre. El elemento discriminante está en otro sitio.
75 -…Citando a Lenin, no se han acordado de una construcción suya magnífica que está dirigida, nada menos que al… Comité Central.
«La clase obrera… en su lucha en todo el mundo… necesita de una autoridad… en la medida en que el joven obrero necesita de la experiencia de los combatientes más ancianos contra la opresión y la explotación… de los combatientes que han tomado parte en muchas huelgas y en diversas revoluciones, que han adquirido sabiduría por las tradiciones revolucionarias y tienen, por tanto, una amplia visión política. La autoridad de la lucha mundial del proletariado mundial es necesaria para los proletarios de cada país… el cuerpo colectivo de los obreros de cada país que conducen directamente la lucha será siempre la máxima autoridad en todas las cuestiones».
El centro de este párrafo son los conceptos de tiempo y de espacio, llevados a su extensión máxima; tradición histórica de la lucha, y campo internacional de ésta. Añadimos a la tradición el futuro, el programa de la lucha de mañana. ¿Como se conocerá en todos los continentes y en todas pocas este corpus leninista, al que damos el poder supremo en el partido? Esto es tarea de vivos, de muertos y de los que nacerán: esta nuestra fórmula que por cierto no la hemos ”creado”: está en el marxismo, está en Lenin.
¿Quién chismorrea ahora de poderes y autoridad confiados a un jefe, a un comité directivo, a una consulta de cuerpos contingentes en territorios contingentes? Toda decisión será para nosotros buena si está en las líneas de esa visión amplia y mundial. Puede captarla un sólo ojo o un millón.
Marx y Engels erigieron esta teoría, desde que explicaron, contra los libertarios, en qué sentido son autoritarios los procesos de las revoluciones de clase, en los cuales el individuo desaparece como quantité négligeable, con sus caprichos de autonomía, pero no se subordina a un jefe, a un héroe o a una jerarquía de marchitados instituidos.
47 – Estructura económica y social de la Rusia de hoy – 1956
Todo aquello que Lenin grita e incide en el texto de aquellas históricas tesis está claramente en contra de lo que en Rusia hacían, además de los partidos burgueses y pequeño burgueses, también los obreros y su mismo partido. Pero al mismo tiempo está ferozmente conforme con todo aquello que estaba escrito, en la ruta de Marx y Engels en 1848, remachada en cien acontecimientos, y en la ruta trazada por el mismo Lenin desde 1900 en adelante acerca de Rusia.
Los cagaprisas que tiemblan cada vez que oyen hablar de una nueva, moderna directriz, deben comprender solo esto: nosotros defendemos la inmutabilidad del rumbo, pero no su rectilineidad. Esta está llena de difíciles recovecos. Pero no nacen en la cabeza o en el capricho del jefe, del líder, como dice Trotski. Líder significa de hecho guía. El jefe del partido no tiene en las manos un volante y no puede maniobrar arbitrariamente la dirección, es el conductor de un tren o de un tranvía. Su fuerza está en que él sabe que la vía esta determinada, pero ciertamente no es rectilínea en todas partes, conoce las estaciones por donde pasa y la meta a donde conduce, las curvas y las pendientes.
Ciertamente, no solo él lo sabe. El trazado histórico pertenece no a una cabeza pensante, sino a una organización que va más allá de los individuos sobre todo en el tiempo, hecha de una historia vivida y de una doctrina (para vosotros la palabra dura) codificada.
Si esto es desmentido, estamos todos fuera de combate y ningún nuevo Lenin nos salvarás. Iremos a la mortificación apretando los manifiestos, los libros y las tesis en una bancarrota no compartible.
48 – El ”extremismo”, condena de futuros renegados – 1961
14 -…¿Desde qué micrófono dicta órdenes esta fuerza colectiva? Contestamos siempre que hay una regla mecánica y formalista: No es la mitad más uno quien tiene el derecho a hablar, incluso si en muchos traspasos sirve este método burgués; y no aceptamos como regla metafísica el ”recuento de cabezas” dentro del Partido, el sindicato, los consejos o la clase: algunas veces la voz decisiva vendrá de la masa en movimiento, otras de un grupo dentro de la estructura del Partido (Lenin no tiene miedo, como veremos, de decir oligarquía), otras veces por uno sólo, por un Lenin, como sucedió en Abril de 1917 y en el mismo octubre, contra la opinión de ”todos”.
49 – La gran luz se ofuscó – 1961
…No basta la solidez teórica del partido… para llevar al máximo el entrelazamiento entre la doctrina y la acción de la clase. Puede existir en los militantes del partido seguridad y entusiasmo, pero los militantes no lo pueden generar en las masas de cualquier modo y siempre, con su actividad de oradores, agitadores y escritores. no es un proceso retórico lo que llama a las masas en torno al partido, ni el poseer un conjunto de hombres elegidos, los famosos ”jefes”, que han dejado una historia, mas bien crónica, piadosa. El proceso es de física social, se constata, no se provoca.
Una tesis que nos presiona enormemente es que no se trata de elegir un grupo de hombres que forme el ”estado mayor” del partido, y como se dice con la palabra de moda, el ”staff” o el ”cast”. No se trata de fabricar con descubrimientos de personas lo que dicen hoy un trust de cerebros. Esta es una posición chismosa y despreciable de la que debemos mantenernos alejados. Esta ilusión no se nutre nunca de buena fe, sino que manifiesta hacia el exterior el carrerismo banal, peste de las democracias políticas, con las que se abren camino a empujones elementos que no tienen cualidades para sobresalir, si no la de astutos servidores de una ambición morbosa, y en todo caso de todo aquello que sea más fuerte que ellos. Todo farolero es un vil.
La historia de la miseria del Comintern, que siguió a su breve e inolvidable grandeza, fue la que se puso a buscar a los hombres más convenientes. En su momento denunciamos sin reticencias que esta era una selección a la inversa. Quizás los compañeros rusos en casos dados pensaron que estos pedazos de la máquina de partido habrían podido ser marginados a corto plazo, en el caso ya previsto de un rápido desgaste. Pero nosotros acusamos a este criterio de evidente exceso del voluntarismo más artificial.
50 – Consideraciones sobre la orgánica actividad del partido cuando la situación general es históricamente desfavorable – 1965
9 -…Todos sabemos que, cuando la situación se radicalice, innumerables elementos se alinearán con nosotros, en una vía inmediata, instintiva, y sin el mínimo curso de estudios que pueda imitar calificaciones escolásticas.
14 -…La transmisión de esta tradición no deformada con los esfuerzos para hacer real una nueva organización de partido internacional sin pausas históricas, organizativamente no se puede basar en la elección de hombres muy cualificados o muy informados de la doctrina histórica, sino que orgánicamente no puede más que utilizar del modo más fiel la línea entre la acción de grupo con la que ella se manifestaba hace 40 años y la línea actual. El nuevo movimiento no puede esperar superhombres ni tener Mesías, sino que se debe basar en la reavivación de cuanto pueda haber sido conservado a través de mucho tiempo, y la conservación no puede limitarse a la enseñanza de tesis y a la búsqueda de documentos, sino que se sirve incluso de utensilios vivos que forman una vieja guardia y que confíen en dar una consigna incorrupta y potente a una joven guardia.
51 – Tesis sobre la tarea histórica, la acción y la estructura del partido… (Tesis de Nápoles) – 1965
11 -…Naturalmente no renegaremos de nosotros mismos cometiendo la chiquillada de rebuscar la salvación buscando a los hombres mejores o eligiendo a jefes o semijefes, bagaje que consideramos distintivo del fenómeno oportunista, antagonista histórico del camino del marxismo revolucionario de izquierda.
52 – Tesis suplementarias… (Tesis de Milán) – 1966
9 -…El esfuerzo actual de nuestro partido en su difícil tarea es el de liberarse para siempre del empuje traidor que parecía emanar de hombres ilustres, y de la función despreciable de fabricar, para alcanzar sus objetivos y sus victorias, una estúpida notoriedad y publicidad para otros nombres personales. Al partido no le deben faltar en ninguno de sus meandros la decisión y el coraje de combatir por un resultado similar, verdadera anticipación de la historia y de la sociedad de mañana.
53 – Premisa a las ”Tesis de después del 1945” – 1970
La organización, como la disciplina, no es un punto de partida, sino de llegada; no tiene necesidad de codificaciones estatutarias y de reglamentos disciplinarios; no conoce antítesis entre ”base” y ”vértice”; excluye las rígidas barreras de una división del trabajo heredada del régimen capitalista, no porque no tenga necesidad de ”jefes”, e incluso de ”expertos” en determinados sectores, sino porque estos son y deben ser, como y más que el más ”umilde” de los militantes, vinculados por un programa, por una doctrina y por una clara y unívoca definición de las normas tácticas comunes para todo el partido, conocidas por cada uno de sus miembros, públicamente afirmadas y sobre todo traducidas a la práctica frente a la clase en su conjunto; y son tan necesarios, como dispensables en cuanto dejen de responder a la función a la que por selección natural, y no por ficticios recuentos de cabezas, el partido les ha delegado, o cuando, peor aún, se desvían del camino señalado para todos. Un partido de este género – como tiende a ser y se esfuerza por llegar a ser el nuestro, sin pretender con esto ni una ”pureza” ni una ”perfección” antihistórica – no condiciona su vida interna, su desarrollo, su (decimos también) jerarquía de funciones técnicas, al capricho de decisiones contingentes y mayoritarias; crece y se refuerza por la dinámica de la lucha de clase en general y de la propia intervención en ella en particular; crea, sin prefigurarlos, sus instrumentos de batalla, y sus ”órganos”, a todos los niveles; no tiene necesidad – si no es en excepcionales casos patológicos – de expulsar tras un ”proceso” regular a quien ya no se siente capaz de seguir la común e inmutable vía, porque debe estar en condiciones de eliminarlo del propio seno como un organismo sano elimina espontáneamente sus propios deshechos.
”La revolución no es una cuestión de formas de organización”; es la organización con todas sus formas la que, por el contrario, se constituye en función de las exigencias de la revolución prevista lo en su desembocadura, sino en su camino. Consultas, constituciones y estatutos son propios de las sociedades divididas en clases, y de los partidos que expresan a su vez no el curso histórico de una clase, sino el entrelazamiento de los cursos divergentes o no plenamente convergentes de varias clases. Democracia interna y ”burocratismo”, homenaje a la ”libertad de expresión” individual o de grupo, y ”terrorismo ideológico”, son términos no ya antitéticos, sino dialécticamente conexos: unidad de doctrina y de acción táctica, y carácter orgánico del centralismo organizativo, son igualmente caras de una misma medalla.
CAP. 4 – EL PARTIDO, PREFIGURACIÓN DE LA SOCIEDAD COMUNISTA
De cuanto hemos dicho a propósito de las características del órgano partido, debe resultar clara nuestra afirmación de que el partido prefigura, en su dinámica interna, en las relaciones entre sus diversos órganos y las diversas moléculas que componen su complejo organismo, la sociedad comunista futura sin clases y sin Estado.
El partido, actor y sujeto de la revolución violenta y de la dictadura, no es un partido cualquiera; es el partido comunista, ligado por ello a una perspectiva histórica especial de la que se deriva su programa y su acción, expresión de una clase particular, cuya lucha no va en el sentido de restablecer el dominio de una clase sobre otras clases sino en el de destruir la división en clases de la sociedad. El fin es la sociedad sin clases, la sociedad sin valores de cambio, la sociedad en la cual el interés individual y el interés de la especie ya no están contrapuestos, la sociedad donde cada uno darán sus posibilidades y recibirán sus necesidades; la sociedad, en fin, en la cual la adhesión de todos los individuos a los intereses sociales generales será obtenida sin ningún tipo de constricción, espontánea y orgánicamente.
El choque violento entre las clases, que el partido debe ser capaz de dirigir sin titubeos, como sin titubeos dirigirá en primera persona violencia y terrorismo estatal, se presenta pues, no como fin en sí mismo, sino como medio para la consecución de un fin que la dinámica interna del partido ya prefigura. El partido, de hecho, expresando los intereses de una sola clase en lucha por la eliminación de las clases, no presenta en su interior contrastes de intereses sociales; y en consecuencia está en condiciones de realizar su jerarquía de funciones orgánicas sin necesidad de mecanismos particulares ni aparatos coercitivos o con valor legal. En el partido ya no existen relaciones de tipo mercantil y el cemento del organismo viene dado por la libre adhesión de todas las células al combate y al sacrificio para un fin común. El cemento que mantiene unidos a los distintos miembros de la organización que liga el centro con la periferia y, al contrario, y que consigue que las órdenes sean seguidas por todos, es la confianza recíproca, la solidaridad entre compañeros que reconocen un fin único, que trabajan en común para un fin común (Lenin, ”¿Qué Hacer?”).
El partido debe ser y será el estado mayor de la revolución y de la dictadura, pero lo será tanto más cuanto más consiga poseer una dinámica interna que escape a todos los tipos de relaciones entre los hombres que son propias de la sociedad actual; cuanto menos se funden las relaciones internas en choques entre hombres y grupos, expresión de intereses de clase, cuanto menos formales sean las jerarquías, cuanto menos mecánicas, democráticas o burocráticas, cuanto menos se imite la división de las funciones entre los distintos miembros de la organización a la burguesa división del trabajo, cuanto menos deba contar con el nombre de personas y cuanto más prevalezcan la indagación solidaria y racional de las mejores soluciones, la disciplina espontánea y natural a una directriz reivindicada por todos como común, el trabajo anónimo, impersonal y colectivo de todas las células que componen el organismo.
El partido puede ser órgano tajante de lucha política entre las clases, en la medida en que cesa en su interior y viene a menos la lucha política; puede ser eficiente órgano de represión dictatorial en la medida en que en su interior no existe ni represión, ni dictadura.
Mientras tanto, el partido es ”estado mayor” en cuanto es prefiguración del modo natural y espontáneo de asociarse, que será precisamente el de la futura humanidad comunista. Si el partido pierde este carácter, si en su interior prevalece la lucha entre intereses contrastantes, la coerción, el burocratismo, el formalismo, el carrerismo, el homenaje a los grandes nombres, etc, por el contrario, de debilita en su función primaria de órgano político, de estado mayor de la revolución proletaria. ¿Significa esto concebir el partido como ”un falansterio circundado por infranqueables muros”, ”una isla de comunismo en las vísceras de la sociedad presente”? ¡Absolutamente no! Porque el partido está siempre y constantemente expuesto a la influencia de la sociedad en que se encuentra para combatir. De manera que su modo orgánico de funcionar, su prefiguración de la futura sociedad humana, no es fruto de una fórmula estatutaria sentada como base de la organización, sino que es fruto de una continua lucha del partido, de un trabajo continuo dirigido a esta realización que es, como la disciplina, no un punto de partida, sino un punto de llegada.
Nuestra tesis, dinámica, no estática, es que el partido crece y se refuerza en la medida en que consigue realizar esta dinámica propia del mismo, se debilita en la medida en que las situaciones reales e históricas no le permiten avanzar en esta dirección, muere cuando eventualmente deja de caminar por este camino y de luchar por este fin o cuando teorizó sin rodeos, como sucedió a la III Internacional, después de 1923, como suya una dinámica típica de las sociedades divididas en clases y de los partidos que las representan.
CITAS
54 – Lenin en el camino de la revolución – 1924
…La organización en partido que permite a la clase ser verdaderamente tal y vivir como tal, se presenta como un mecanismo unitario en el que los diversos ”cerebros” (no sólo por cierto los cerebros, sino también otros órganos individuales) realizan tareas diversas según las actitudes y potencialidades, todos al servicio de un objetivo y de un interés que progresivamente se unifica cada vez más íntimamente ”en el tiempo y en el espacio”.
Ésta es anti-individualista en cuanto materialista; no cree en el alma o en un contenido metafísico y trascendente del individuo, sino que inserta las funciones de éste en un cuadro colectivo, creando una jerarquía que se desarrolla en el sentido de eliminar cada vez más la coerción, sustituyéndola con la racionalidad técnica. El partido es ya un ejemplo de una colectividad sin coerción.
55 – ¿Volcán de la producción o pantano del mercado? – 1954
15 -…En cierto sentido el partido es el depositario anticipado del conocimiento seguro de una sociedad venidera y sucesiva también a la victoria política y a la dictadura del proletariado. Ni en esto hay nada de mágico, ya que el fenómeno es históricamente constatable para todos los modos de producción y para el de la burguesía, cuyos precursores teóricos y primeros luchadores políticos desarrollaron la crítica de formas y valores de la época, afirmando tesis, que sucesivamente llegaron a ser de acepción general: mientras en el ambiente que les circundaba, los mismos burgueses auténticos seguían a las confesiones antiguas y conformistas, no reconociendo en las enunciaciones teóricas ni siquiera sus palpables intereses materiales.
56 – Rusia y revolución en la teoría marxista – 1955
II, 39 -…En términos exactos la conciencia proletaria no existirá nunca. Existe la doctrina, el conocimiento comunista, y éste está en el partido del proletariado, no en la clase…
57 – Los fundamentos del comunismo revolucionario marxista – 1957
III, 14 -…La vía para superar esta situación de inferioridad pasa, a través de una larga serie de conflictos, por órganos constituidos sin ningún material y sin ningún modelo tomado de los órganos del mundo burgués, y que sólo pueden ser el Partido y el Estado proletario, en los cuales se cristaliza la sociedad de mañana antes de existir históricamente. En los órganos que llamamos inmediatos, que reproducen y conservan la impronta de la fisiología de la sociedad actual, no puede virtualmente cristalizarse más que la repetición y la salvación de esta última.
58 – Contenido original del programa comunista… – 1958
10 -…La capacidad para describir con antelación y de apresurar el futuro comunista, no buscada dialécticamente ni en el individuo ni en lo universal, se encuentra en esta fórmula que sintetiza su potencial histórico: el partido político, actor y sujeto de la dictadura.
Si la persona es un peligro – en efecto, ella no es más que un desvariar milenario de los hombres en las sombras que los apartan de su historia de especie – la vía que lo combate está solo en la cualidad unitaria universal del partido, en el que se realiza la concentración revolucionaria, más allá de los límites de la localidad, de la nacionalidad, de la categoría de trabajo, de la empresa-penal de asalariados; en el que vive anticipada la sociedad futura sin clases y sin intercambio.
59 – Las luchas de clases y de estados en el mundo de los pueblos no blancos… – 1958
13 -…El partido comunista no tiene nombres ni divos, ni siquiera Marx o Lenin; el partido comunista es una fuerza que saca su potencial de una humanidad que aún no ha nacido y cuya vida será solamente vida de colectividad y de especie, de las más simples funciones manuales hasta las más complejas y arduas actividades mentales. Definimos el partido: proyección en el hoy del Hombre-Sociedad de mañana.
Tal posesión de la doctrina revolucionaria hace del partido el depositario de la posición del futuro hombre social comunista. En este sentido, en varios textos escribimos que en él vive anticipada la sociedad futura sin clases y sin intercambio; en é la muerte del individualismo y de toda ideología y praxis personal.
60 – Tesis sobre la tarea histórica, la acción y la estructura del partido… (Tesis de Nápoles) – 1965
13 -…Que en el partido se pueda tender a dar vida a un ambiente ferozmente anti-burgués, que anticipe ampliamente los caracteres de la sociedad comunista, es un antiguo enunciado, por ejemplo de los jóvenes comunistas italianos desde 1912.
Pero esta digna aspiración no podrá reducirse a considerar al partido ideal como un falansterio rodeado por muros infranqueables.
Parte III
PREMISA
«El partido comunista no es un ejército, ni un engranaje estatal» remachan continuamente nuestras tesis, tanto aquellas que redactamos cuando nos oponíamos al ’voluntarismo organizativo’, que desde 1923 en adelante tomó pie y arruinó a la III Internacional, como las que hemos colocado en la base de la vida del partido reconstituido en la II posguerra, sobre la base de aquella trágica experiencia. El partido es, por el contrario, una organización ’voluntaria’ no en el sentido de que a él se adhiere por libre elección racional, cosa que también negamos, sino en el sentido de que todo militante ’es materialmente libre de dejarnos cuando quiera’ y que ’ni siquiera después de la revolución concebimos la afiliación forzada en nuestras filas’. Cuando se está en la organización se mantiene la observancia de la más férrea disciplina en la ejecución de las órdenes centrales, pero la trasgresión de esta regla no puede ser eliminada por el centro si no es a través de la expulsión de los transgresores. El centro no dispone, para hacerse obedecer, de otras sanciones materiales.
Es partiendo de esta definición elemental desde donde debemos volver a trazar los elementos que garantizan en el partido la disciplina más absoluta; y esta simple constatación ya excluye que la disciplina en el partido pueda ser obtenida con un conjunto de imposiciones de carácter burocrático o con medidas de coerción. ¿A qué se adhiere el militante de partido? Se adhiere a un conjunto de doctrina, programa y táctica, se adhiere a un frente de acción y de combate que instintivamente considera común a sí mismo y a todos aquellos que junto con él lo aceptan. ¿Qué puede mantener al militante en el frente de batalla convirtiéndole en subordinado y obediente a las órdenes que le llegan? No por cierto, las imposiciones de estas órdenes, sino el reconocimiento de que esas órdenes se colocan en aquel terreno común, son coherentes con los principios, con las finalidades, con el programa, con el plan de acción al que se ha adherido. Es pues, en la medida en que el órgano partido sabe moverse sobre esta base histórica, sabe conquistarla, sabe permear a toda su organización y su actividad, como se dan las condiciones reales para la existencia de la disciplina más absoluta. En la medida en que esto se verifica, los casos de indisciplina no achacables a cuestiones individuales, devienen menos frecuentes y el partido adquiere un comportamiento unívoco en la acción. El trabajo para crear una organización verdaderamente centralizada y capaz de responder en todo momento a disposiciones unitarias, consiste esencialmente pues, en precisar y esculpir continuamente los fundamentos de la teoría, del programa, de la táctica, y en la continua uniformidad de ellos con la acción del partido y de sus métodos de lucha.
Por tanto, en el partido resaltan precisiones y clarificación de las bases, sobre las que solamente la organización puede existir. Para eliminar para siempre la estúpida ecuación: centralismo=burocratismo, exponemos algunas citas de las Tesis del III Congreso mundial que fueron retomadas y puntualmente comentadas en nuestros Apuntes para las tesis sobre organización de 1964.
Cita 61 – Apuntes para las tesis sobre la cuestión de organización – 1964
7 -…Los siguientes pasos ya muestran cuales podrían ser los peligros de la falsa interpretación de las fórmulas centralismo democrático y democracia proletaria. Por ejemplo, la centralización del partido comunista no debe ser formal ni mecánica: «debe ser una centralización de la actividad comunista, es decir, la formación de una dirección potente, presta para el ataque y al mismo tiempo capaz de adaptación. Una centralización formal o mecánica no sería más que la centralización del poder en manos de una burocracia, con el fin de dominar a los otros miembros del partido o a las masas del proletariado revolucionario ajenas al partido». La tesis desmiente la versión mentirosa que nuestros adversarios dan de nuestro centralismo.
Sucesivamente se deplora como tara del viejo movimiento obrero un dualismo que tiene la misma naturaleza que el de la organización del Estado burgués, el dualismo entre la ”burocracia” y el ”pueblo”, o sea entre funcionarios activos y masa pasiva; desgraciadamente, el movimiento obrero hereda, en cierto sentido, del ambiente burgués estas tendencias al formalismo y al dualismo que el partido comunista debe superar radicalmente. El paso sucesivo, que pone a la vista los dos peligros opuestos y los dos excesos opuestos: anarquismo y burocratismo, explica en que sentido han buscado la salvación los comunistas en el mecanismo democrático: «una democracia puramente formal en el partido no puede evitar ni las tendencias burocráticas ni las tendencias anarquistas, porque es precisamente sobre la base de esta democracia desde donde la anarquía y el burocratismo han podido desarrollarse en el movimiento obrero. Por esta razón la centralización, o sea el esfuerzo para obtener una dirección fuerte, no puede tener éxito si se intenta obtenerla en el terreno de la democracia formal». Todo lo que continúa de las tesis, en los parágrafos que siguen al 2á, se basa en la descripción del trabajo comunista, de la propaganda y agitación, y de las luchas políticas, dejando claro que la solución se encuentra en la acción práctica y no en la codificación organizativa. Está especialmente ilustrado el entrelazamiento del trabajo legal con el ilegal.
A continuación colocamos las citas de nuestros textos fundamentales que, divididas en capítulos y dispuestas en orden cronológico, sirven para demostrar en qué habría individualizado la Izquierda las ”garantías” de la centralización y de la disciplina en el órgano partido, sacando las lecciones de una trágica experiencia histórica, garantías no absolutas por cierto, en cuanto que el partido es al mismo tiempo producto y factor de la historia y, en consecuencia, su reforzamiento, su desarrollo, su centralización, o viceversa, disgregarse y perecer viene en primer lugar obstaculizado o favorecido por el desarrollo de las situaciones históricas, pero que sirven de cualquier modo para indicar qué es lo que puede favorecer la realización de la máxima centralización y disciplina y qué puede favorecer, por el contrario, la indisciplina, el fraccionismo y la disgregación organizativa.
La primera serie de citas, bajo el título: ”El modelo de organización” define de modo irrevocable que la ”garantía” de que el partido se mueva de manera centralizada y disciplinada no reside precisamente en un ”modelo” organizativo que aplicado al partido haría imposible el fraccionismo y la indisciplina. Decir, a priori: la estructura del partido debe ser esta o esta otra y la indisciplina, la contestación, el desacuerdo nacen por el hecho de que no poseemos esta estructura-modelo significa caer en el idealismo y en el voluntarismo. Es nuestra tesis, remachada en mil circunstancias, que la estructura organizada y centralizada del partido nace y se desarrolla sobre la base del desarrollo de toda la compleja actividad del partido, como consecuencia e instrumento de la misma. A finales de 1967 la cuestión se define del modo siguiente:
«Fuerza real operante en la historia con caracteres de rigurosa continuidad, el partido vive y actúa no en base a la posesión de un patrimonio estatutario de normas, preceptos, y formas constitucionales, del modo hipócritamente deseado por el legalismo burgués o ingenuamente soñado por el utopismo premarxista, arquitecto de estructuras bien planificadas para desplegarse inmediatamente en la realidad de la dinámica histórica, sino en base a su naturaleza de organismo que se ha ido formando, en una sucesión ininterrumpida de batallas teóricas y prácticas sobre el hilo de una directriz de marcha constante; como escribía nuestra ”Plataforma” de 1945: ”las normas de organización del partido son coherentes con la concepción dialéctica de su función, no reposan en recetas jurídicas y reglamentarias, superan el fetiche de las consultas mayoritarias”».
Es en el ejercicio de sus funciones, de todas y no solo de una, donde el partido crea los propios órganos, engranajes, mecanismos; y es en el curso de este mismo ejercicio donde los deshace y los vuelve a crear, no obedeciendo en esto a dictámenes metafísicos o a paradigmas constitucionales, sino a las exigencias reales y precisamente orgánicas de su desarrollo. Ninguno de estos engranajes es teorizable ni a priori ni a posteriori; nada nos autoriza a decir, para poner un ejemplo muy simple, que el mejor modo de responder a la función para la que uno cualquiera de ellos ha nacido esté garantizado por su manejo por parte de uno o varios militantes; la única petición que se nos puede hacer es que los tres o los diez – si los hay – lo manejen como una única voluntad coherente con todo el curso pasado y futuro del partido, y que el uno, si lo hay, lo maneje en cuanto en su brazo y en su mente actúe la fuerza impersonal y colectiva del partido, y el juicio sobre la satisfacción de tal petición está dado por la praxis y por la historia, no por los artículos del código. La revolución es un problema no de formas sino de fuerza; lo es igualmente el partido en su vida real, en su organización como en su doctrina. El mismo criterio organizativo de tipo territorial, antes que por ”células de empresa”, reivindicado por nosotros no viene ni deducido de los principios abstractos e intemporales, ni elevado a dignidad de solución perfecta e intemporal; lo adoptamos solo porque es la otra cara la función primaria sintetizadora (de grupo, de categoría y de impulsos elementales) que le asignamos al partido.
La segunda serie de citas establece que, siendo el partido un organismo formado sobre la base de adhesiones voluntarias, la ”garantía” para que responda a la más severa disciplina deber ser buscada en la clara definición de las normas tácticas, únicas y obligatorias para todos, en la continuidad de los métodos de lucha y en la claridad de las normas organizativas. Cuando la Izquierda vio a la Internacional caer en el fraccionismo y en la insubordinación no extrajo la lección de que hacían falta mecanismos organizativos especiales o un centro más fuerte y más capaz de reprimir las veleidades autonomistas de las secciones individuales. Sacó la lección de que los bandazos, la falta de disciplina, la resistencia a las órdenes eran el efecto de una sistematización imperfecta de las normas tácticas, de una discontinuidad en los métodos de acción del partido y de los contornos cada vez más difuminados que la organización iba asumiendo a través del método de las fusiones, de las infiltraciones, del noyautage en otros partidos, etc.
La tesis de la Izquierda fue que, sin restablecer sólidamente este terreno prejudicial para cualquier otra organización, no se habría obtenido nunca, con ningún mecanismo, una fuerte y disciplinada estructura organizativa, ni un fuerte centro mundial de la acción proletaria. Se derivan de esto constantes afirmaciones de la Izquierda como aquella según la cual «la disciplina no es un punto de partida, sino un punto de llegada», «es el reflejo y el producto de la actividad del partido sobre la base de la doctrina, del programa, de las normas tácticas homogéneas y unitarias».
La tercera serie demuestra, a la luz de la experiencia histórica, que cuando en el partido se presentan y devienen frecuentes los casos de desacuerdo o de fraccionismo, esto significa no que ”la burguesía se está infiltrando”, sino que ”algo no marcha en el trabajo y en la vida del partido”.
Las fracciones son el síntoma de una enfermedad del partido, no la enfermedad misma. La enfermedad consiste en la disgregación por mil razones, y una es aquella base homogénea de principios, doctrina, programa y táctica sobre la que se apoya la unidad y la disciplina organizativa.
El remedio ante la multiplicación de los desacuerdos y de las fracciones no se busca en una ”exasperación hacia el vacío del autoritarismo jerárquico”, en la intensificación de las presiones y represiones organizativas y disciplinarias, en el cambio de puesto de hombres o de grupos, en los procesos y en las condenas y aún menos en la reivindicación de ”la disciplina por la disciplina”. El terror ideológico, las expulsiones, la disolución de grupos locales, las imposiciones y las constricciones deben tender a desaparecer si el organismo partido está sano: tienden a intensificarse y a devenir la regla de funcionamiento del partido cuando éste tienda hacia la degeneración y hacia la muerte. Todo esto está remachado en la cuarta serie de las citas, mientras la serie siguiente culmina en la definición de la vida interna del partido no como choque entre hombres y grupos, entre corrientes y fracciones que se pelean por la dirección del partido, sino como trabajo de continua indagación y definición racional de los fundamentos teóricos, programáticos y tácticos sobre los que debe apoyarse la acción organizativa del partido. En el partido la homogeneidad y la disciplina no se alcanzan a través de la ”lucha política interna”, sino a través de un trabajo colectivo y racional para definir cada vez mejor y para adquirir cada vez más aquellos fundamentos que forman la base de la acción del partido y que son comunes para todos y por todos aceptados. Ninguna lucha política interna.
CAP. 1 – EL ”MODELO” DE ORGANIZACIÓN
Definido el hecho de que el partido comunista debe poseer, por la necesidad misma de su acción, antes, durante y después de la conquista del poder político, una estructura centralizada y jerárquica como necesario soporte de la unicidad de táctica, debemos examinar la dinámica real a través de la que esta estructura se realiza y se potencia. Es nuestra, efectivamente, la afirmación de Lenin en el ”¿Qué Hacer?”: «Sin una organización sólida, preparada para la lucha política en todo momento y en todas las situaciones, no se puede hablar de ese plan sistemático de acción, iluminado por principios firmes y rigurosamente aplicado, que es el único que merece el nombre de táctica». Sin una organización centralizada y unitaria no se puede hablar de realizar una táctica unitaria; la organización única es el instrumento material de acción sin el cual no puede existir una táctica única. Pero la primera y determinante afirmación que nosotros encontramos constantemente en nuestros textos, y que responde plenamente al pensamiento de Lenin en ”¿Qué Hacer?” y al del tercer congreso de la Internacional, es la de que esta organización no nace como ”modelo” en la cabeza de alguien para ser luego introducida en la dinámica real del partido. No existe un ”modelo” de partido al que deba uniformarse su dinámica real. No existe el ”modelo bolchevique” o el modelo ”de la Izquierda” determinable y teorizable en abstracto y a priori sobre los que modelar la estructura del partido. La hipótesis apriorista de un ”modelo” similar constituyó la base de la denominada ”bolchevización” de la III Internacional, que no sirvió para formar partidos ”bolcheviques”, sino para destruir a los partidos comunistas en la primera posguerra.
La frase del centro de Moscú ya degenerante fue, desde 1924 en adelante: «los partidos comunistas de Europa son impotentes para aprovechar las ocasiones revolucionarias, para aplicar la justa política revolucionaria, porque carecen de una estructura organizativa como la que posee el partido bolchevique de Rusia». Así se invertía el problema, en cuanto que se confiaba la realización de la directriz revolucionaria de los partidos a la existencia o no de una cierta estructura organizativa, de un modelo típico. Y fue el final de los partidos y de la Internacional. Si es verdad, en efecto, que la disciplina no es un punto de partida, sino un punto de llegada, el punto de llegada de la actividad colectiva del partido sobre la base de una teoría, de un programa, de una táctica única y homogénea, también es verdad que la estructura organizada del partido es también ella ”un punto de llegada y no un punto de partida”; es el punto de llegada, el reflejo del modo en que el partido se mueve sobre sus bases teóricas, programáticas y tácticas en determinadas condiciones históricas, sociales y políticas en las que esta compleja actividad se desarrolla. La organización por células de fábrica del partido bolchevique no respondía ciertamente a un modelo de organización inventado por Lenin o por otro cualquier organizador de opereta; solamente era el reflejo en términos de organización, de la actividad de un órgano colectivo coherentemente implantado sobre la base del marxismo revolucionario en las condiciones históricas, sociales y políticas de la Rusia zarista. Y aquella estructura permitió al partido bolchevique vencer en Rusia no porque fuese la más adecuada al modelo de partido comunista sino porque era la que mejor se adaptaba para conducir la lucha política en las condiciones de Rusia. Era el reflejo más adecuado de la actividad del partido en Rusia. La misma estructura, aplicada en el occidente europeo, debía dar resultados necesariamente negativos, rompiendo la organización en lugar de reforzarla. Pero incluso la estructura ”territorial” de los partidos occidentales no constituía un ”modelo”, ni inferior ni superior al bolchevique.
Era simplemente un resultado histórico, un hecho: la actividad de los partidos comunistas occidentales asumía orgánicamente la forma estructural de las secciones territoriales en lugar de la de las células de fábrica por mil razones materiales que en verdad hacía que esta forma se presentase como la más adecuada para el desarrollo de las tareas que se le planteaban al partido. Cuando más, podemos decir que la estructura por secciones territoriales respondía mejor a la tarea de órgano sintetizador de los impulsos inmediatos y parciales, de grupos, de categoría y de localidad que le atribuimos al partido. Pero tampoco esto es un principio o un modelo a priori. La organización del partido es, efectivamente, un producto de su actividad en determinadas condiciones, «nace y se desarrolla sobre la base de la acción coherente del partido, de la realización de sus tareas revolucionarias» de las que representa el instrumento técnico necesario e insustituible. Es por esto que deviene falso y antimarxista buscar en Lenin el ”modelo de organización del partido” como sería igualmente falso buscar un modelo en la estructura de cualquier otro partido, comprendido el nuestro.
La Izquierda ha pretendido, en la segunda posguerra, edificar una organización de partido centralizada sin recurrir a la utilización de los mecanismos de democracia interna y, en consecuencia, sin codificaciones estatutarias y legales. Pero tampoco esto responde al ”modelo de la Izquierda”, sino más bien a una correcta valoración del desarrollo histórico que permite al partido de hoy relegar instrumentos y prácticas que debían ser adoptadas por los partidos de ayer. Nuestro partido ha tenido y ha construido desde su surgimiento una ”forma estructural de su actividad”, o sea una estructura centralizada y adecuada a la actividad que el partido estaba llamado a realizar; la forma estructural no respondía a una ”invención” o a un ”modelo”, sino a los siguientes datos reales: base teórica y programática homogénea y unitaria (no un conjunto de círculos y de corrientes como en la Rusia de 1900), plan táctico único y definido desde el inicio en sus bases fundamentales, sobre la base de las lecciones históricas (rechazo del ”parlamentarismo revolucionario”, obligación de trabajar en los sindicatos, rechazo de frentes únicos políticos, táctica no equivocada en las áreas de doble revolución). Estos datos permitieron a la organización estructurarse desde el inicio en torno a un periódico único, que respondía a una única directriz política y sus varias partes se manifestaron no como ”círculos locales”, sino como secciones territoriales de una organización única, con disposiciones y órdenes provenientes desde el inicio de un solo y único punto (el centro internacional).
Otros datos que definieron la estructura organizativa: actividad teórica 99%, actividad externa dirigida al proletariado 1%, efectivos del partido limitados a pocas decenas o centenas de elementos. Todos ellos, como se ve, factores independientes de la voluntad de cualquiera. La organización del partido, su estructura ”de trabajo” fue la que debía y podía ser como consecuencia de estos datos reales, no por voluntad de Fulano o de Mengano. Fue una estructuración orgánica de la actividad del partido realizada en condiciones reales dadas y con efectivos determinados. Esta estructuración se modificará, aunque seguirán manteniéndose firmes los resultados históricos (homogeneidad de teoría, de programa, de táctica, eliminación para siempre de los mecanismos democráticos y por ello ”burocráticos” internos) en la medida en que se modifiquen las condiciones materiales en las que se desarrolla la actividad del partido, en la medida en que las relaciones cuantitativas entre los diversos sectores de actividad vayan sufriendo cambios como reflejo de la reanudación de la lucha proletaria, en la medida en que los efectivos del partido vayan aumentando de número, etc.
El trabajo del partido exige órganos, instrumentos de centralización, de coordinación, de enfoque; estos instrumentos, mecanismos, etc, son expresión de exigencias reales que la actividad requiere. Es la acción del partido la que tiene la necesidad de una estructura adecuada, que empuja, apremia a construirla y a realizarla. No es, por el contrario, una determinada estructura tipo que viene introducida en la realidad, y que definiría al partido independientemente de su actividad. Sostener que el partido debe, para poderse definir como tal, poseer, en todo momento de su vida una determinada estructura, determinados órganos, etc, significa caer en el más abstracto voluntarismo antimarxista. No lo decimos nosotros, lo dicen todos nuestros textos, lo dice Lenin si no es leído por filisteos a la búsqueda de recetas seguras para el éxito. Porque necesariamente, ya lo hemos dicho, el presuponer un ”modelo de organización” conduce continuamente a otra desviación, aún más grave, del sano materialismo: conduce a reconocer en la existencia y en la realización de esta estructura tipo la ”garantía” de que el partido se mueva en la línea de la ”justa política revolucionaria”. Nuestra clásica serie se vuelve del revés, y así la estructura organizativa vendría a garantizar la táctica, el programa y los mismos principios. Para Marx, para Lenin y para la Izquierda, la única ”garantía” por la que puede existir y desarrollarse la organización fuertemente estructurada y compleja que necesita el partido, consiste en la realización de las tareas del partido sobre la base de una homogeneidad de teoría, de programa y de táctica. Para los idealistas de todas las épocas, como para los estalinistas, la estructura organizativa del partido, la centralización, la disciplina, son asumidas como un dato a priori y son ellas las que ”garantizan” la unicidad y homogeneidad de teoría, de programa y de táctica.
Para Lenin, la organización es el arma sin la cual la táctica única no puede realizarse: organización única como reflejo y producto orgánico de una actividad que se desarrolla sobre presupuestos únicos y según una directriz única. Para los ”leninistas” del tipo Stalin la organización única, el centralismo, la disciplina, son la premisa para llegar a poseer una táctica y una directriz de acción únicos. El marxista enuncia: si el movimiento acepta una teoría única, un único programa, un plan táctico unitario, a través de la realización de la actividad del partido sobre estas bases, se desarrolla una estructura organizativa centralizada y disciplinada; si estas bases faltasen saltan la organización, la centralización, la disciplina, y no existen recetas organizativas para impedir que se disgregue todo.
Para Stalin, pueden existir tácticas divergentes, no claras, oscilantes, mutables, pero todo marcha bien con tal de que exista la centralización y la disciplina organizativa; las divergencias, los desacuerdos, las corrientes y las fracciones se eliminan con medidas organizativas, reforzando la estructura organizativa, dotando al partido de instrumentos y mecanismos organizativos que tienen en sí mismos el poder para mantener al partido sobre la recta vía. Como se ve el proceso está completamente al s: los ”leninistas” del tipo Stalin leen el ”¿Qué Hacer?” partiendo del último capítulo, y lo hacen porque persiguen el mito pequeño burgués del modelo del partido, garantizado, en virtud de su estructura, hoy, mañana y siempre, contra los errores y contra las desviaciones. La pequeña burguesía siempre busca estar segura del… éxito de la revolución.
CITAS
62 – El principio democrático – 1922
Todas estas consideraciones no tienen nada de absoluto, y esto nos lleva a nuestra tesis que afirma que ningún esquema constitucional tiene valor de principio, y que la democracia mayoritaria, entendida en el sentido formal y aritmético, no es más que un método posible para coordinar las relaciones existentes en el seno de los organismos colectivos, y al cual es imposible atribuir – desde cualquier punto de vista – la presunción intrínseca de necesidad y de justicia, ya que estas expresiones no tienen para nosotros, los marxistas, ningún sentido, y que, por otra parte, no es nuestro propósito el de sustituir el aparato democrático criticado por nosotros por otro proyecto mecánico de aparato exento de por sí de defectos y errores (cursiva nuestra).
63 – Para remontarse al ABC. La naturaleza del Partido Comunista – 1925
…Como conclusión de todo esto es necesario restablecer una tesis marxista fundamental, según la cual el carácter revolucionario del partido está determinado por relaciones de fuerza sociales y por procesos políticos y no de formas vanas, del tipo de organización… En todas estas manifestaciones hay una supervivencia antimarxista y antileninista del utopismo, en cuanto que éste consiste en afrontar los problemas no partiendo del análisis de las fuerzas históricas reales, sino escribiendo una magnífica constitución, plan organizativo o reglamento. No es distinto el origen del falaz planteamiento ideológico del problema fraccionista al que asistimos, para el que todo se reduce a codificar sobre el papel la prohibición y el truncamiento de las fracciones.
64 – Tesis de la Izquierda al III Congreso del PC de Italia (Tesis de Lyon) – 1926
I, 2 -…En cuanto a los peligros de degeneración del movimiento revolucionario, y a los medios para asegurar la continuidad de enfoque político, necesaria en los jefes y en los gregarios, no es posible eliminarlos con una fórmula de organización.
65 – Fuerza, Violencia y Dictadura en la lucha de clase – 1948
V -…La posición de la Izquierda comunista italiana sobre esta que podríamos llamar la ”cuestión de las garantías revolucionarias”, es ante todo que garantías constitucionales o contractuales no pueden existir.
66 – Normas orientativas generales – 1949
…La justa relación en la función entre los órganos centrales y los periféricos del movimiento no se basa en esquemas constitucionales, sino sobre todo el desarrollo dialéctico de la lucha histórica de la clase obrera contra el capitalismo.
67 – Apuntes para las tesis sobre la cuestión de organización – 1964
6 -…Un primer parágrafo trata las generalidades y establece que la cuestión de organización no puede estar regulada por un principio inmutable, sino que debe adaptarse a las condiciones, y a los objetivos de la actividad del partido, durante la fase de la lucha de clase revolucionaria y durante el periodo de transición ulterior hacia la realización del socialismo, – ese primer grado de la sociedad comunista. Las diferentes condiciones de país a país deben tenerse en cuenta, pero dentro de ciertos límites. «El límite (hoy todos lo han olvidado) depende de la semejanza de las condiciones de la lucha proletaria en los diferentes países y en las diferentes fases de la revolución proletaria, que constituye, por encima de todas las particularidades, un hecho de esencial importancia para el movimiento comunista. Es esta semejanza la que da la base común de la organización de los partidos comunistas en todos los países: es sobre esta base sobre la que se debe desarrollar la organización de los partidos comunistas y no tender a la fundación de cualquier nuevo partido-modelo en lugar del que ya existe, o perseguir una fórmula de organización absolutamente correcta, y de Estatutos ideales».
68 – Tesis sobre la tarea histórica, la acción y la estructura del Partido… (Tesis de Nápoles) – 1965
11 -…Sobre otra tesis fundamental de Marx y de Lenin la izquierda es firmísima, o sea que un remedio a las alternativas y a las crisis históricas a las que el partido proletario no puede dejar de estar sujeto, no puede hallarse en una fórmula constitucional o de organización, que tenga la virtud mágica de salvarlo de las degeneraciones. Esta ilusión se inscribe entre aquellas pequeño burguesas que se remontan a Proudhon, y a través de una larga cadena desembocaron en el ordinovismo italiano, o sea que el problema social pueda ser resuelto por una fórmula de organización de los productores económicos. Indudablemente, en la evolución que los partidos siguen, puede contraponerse el camino de los partidos formales, que presentan continuas inversiones y altibajos, incluso con precipicios ruinosos, al camino ascendente del partido histórico. El esfuerzo de los marxistas de izquierda es el de actuar sobre la curva rota de los partidos contingentes para reconducirla a la línea continua y armónica del partido histórico. Esta es una posición de principio, pero es pueril quererla transformar en recetas de organización. Según la línea histórica nosotros utilizamos no solo el conocimiento del pasado y del presente de la humanidad, de la clase capitalista e incluso de la clase proletaria, sino además un conocimiento directo y seguro del futuro de la sociedad y de la humanidad, como está trazada en la certeza de nuestra doctrina que culmina en la sociedad sin clases y sin estado, que quizás en cierto sentido será una sociedad sin partido a menos que no se entienda como partido un órgano que no lucha contra otros partidos, sino que desarrolla la defensa de la especie humana contra los peligros de la naturaleza física y de sus procesos evolutivos y probablemente también catastróficos.
La Izquierda Comunista ha considerado siempre que su larga batalla contra las tristes vicisitudes contingentes de los partidos formales del proletariado se ha llevado a cabo afirmando posiciones que en modo continuo y armónico se concatenan sobre la estela luminosa del partido histórico, que va sin romperse a lo largo de los años y de los siglos, desde las primeras afirmaciones de la naciente doctrina proletaria a la sociedad futura, que nosotros bien conocemos, en cuanto hemos individualizado bien los tejidos y los ganglios de la odiosa sociedad presente que la revolución deberá destruir…
Pero igualmente vana, y quizás que todas las otras, sería la idea de fabricar un modelo de partido perfecto, idea que se resiente de las debilidades decadentes de la burguesía, que impotente en la defensa de su poder, en la conservación de su sistema económico que salta en pedazos y en el mismo dominio de pensamiento doctrinal, se refugia en deformes tecnologismos de robot para obtener en estos estúpidos modelos formales y automáticos una supervivencia, y substraerse a la certeza científica, para la que nosotros hemos escrito sobre su época histórica y su civilización la palabra ¡muerte!.
CAP. 2 – LAS ”GARANTÍAS”
Las citas que se exponen, que van de 1922 a 1970 siguen una línea de continuidad en la concepción comunista de las cuestiones de organización. Según esta línea la organización centralizada y disciplinada del partido se apoya no sobre la consulta democrática de las opiniones de la mayoría, ni aún menos sobre las imposiciones de un jefe o de un grupo de jefes, sino sobre la claridad y sobre la clarificación continua de las líneas de doctrina, principios, programa y finalidades, y sobre la adquisición cada vez más profunda de estas líneas por parte de la organización. Se apoya, en consecuencia, sobre la delimitación y claridad de las normas tácticas que deben ser conocidas por todos y aclaradas en todas sus posibles implicaciones. El trabajo de construcción organizativa es pues un trabajo necesario que mira constantemente a presentar de modo claro e inconfundible a toda la organización el patrimonio histórico de experiencias y balances dinámicos de los que la organización no es más que la expresión actual. Si existe la homogeneidad y la aceptación por parte de todos los adherentes de las bases teóricas, programáticas y tácticas, existirá también y necesariamente, como resultado, la homogeneidad y la disciplina organizativa; la obediencia general y espontánea hacia las órdenes del centro.
Si esta homogeneidad no existe es vano buscar remedio a las divergencias a través de la compresión disciplinaria, la imposición forzada de las órdenes centrales, la existencia de un fuerte órgano central, capaz de imponer sus decisiones a la periferia. Por el contrario, será necesario trabajar para reconstituir esta base homogénea esculpiendo y precisando las líneas de la doctrina, del programa y de la táctica a la luz de nuestra tradición. Ahora bien, esto no equivale a decir que el partido no debe tener órganos centrales con poderes absolutos no cuestionables por nadie. Significa decir que la garantía de la obediencia a las órdenes del centro no está en la capacidad de éste para castigar a los desobedientes, sino en actuar de modo que no haya desobedientes, y esto no se obtiene con medidas organizativas, sino con un trabajo continuo, constante, de toda la organización que tienda a la adquisición de sus bases de doctrina, de programa y de táctica.
Cuando se dice que «surgen divergencias sobre problemas de teoría, de programa y de táctica, porque no tenemos suficiente centralización organizativa, porque el centro no es capaz de imponer por amor o por la fuerza sus soluciones a la organización» se invierte el problema y se sale del surco histórico que ha trazado la Izquierda. Más aún: se destruye el partido, porque se pone al inicio lo que debe estar al final de un proceso. La disciplina no es un punto de partida, sino un punto de llegada y, si en un determinado momento las órdenes del centro hallan resistencia en la organización, esto significa que o son órdenes que se desvían de las bases tradicionales sobre las que se apoya la organización (y entonces la resistencia es positiva), o la organización en su conjunto no ha adquirido sus bases tradicionales. En ambos casos la imposición, la medida administrativa, el castigo, puede servir en lo inmediato para conseguir que el partido se mueva, pero no por cierto para resolver la situación. Es una objeción vil contra la Izquierda, aquella que dice que, aun poseyendo la homogeneidad teórica, programática y táctica, no está dicho que automáticamente se posea la organización centralizada. La organización se debe construir, es verdad, pero debe apoyarse sobre las bases ya conocidas. Y entonces la construcción de la organización deviene un hecho técnico, la lógica consecuencia en términos de instrumentos prácticos que sirven para coordinar, armonizar y dirigir todo el trabajo y la acción del partido. Desearemos un órgano central que funcione, del que emanen las disposiciones; serán necesarios responsables de los distintos sectores de la actividad; será necesaria una red de comunicaciones centralizada y metódica, serán necesarios miles de instrumentos de trabajo y serán puestos en pie con esfuerzo. ¡Ciertamente! Pero no servirán para nada si no se apoyan sobre aquella base. Y ¡ay! si en un determinado momento se pensase en obtener de estos instrumentos formales la garantía del buen funcionamiento del partido y de su disciplina interna. Se trata de instrumentos técnicos que el partido debe utilizar para poder actuar de manera coordinada y centralizada, pero en absoluto constituyen la garantía de la acción misma, de la centralización y de la disciplina.
CITAS
69 – Tesis sobre la táctica al II Congreso del PC de Italia (Tesis de Roma) – 1922
29 -…El programa del partido no tiene el carácter de un simple fin que debe ser alcanzado por cualquier vía, sino el de una perspectiva histórica de vías y fines ligados entre sí. En las situaciones sucesivas, la táctica debe estar en relación con el programa; por ello mismo, las normas tácticas generales para las sucesivas situaciones deben estar precisadas dentro de ciertos límites que no son rígidos, pero que son cada vez más claros y precisos y menos oscilantes a medida que el movimiento se refuerza y se aproxima a su victoria general. Para dirigir la acción, solo dicho criterio puede permitir aproximarse cada vez más a la máxima centralización efectiva en los partidos y en la Internacional, de modo que la ejecución de las disposiciones centrales sea aceptada sin resistencias, no solo en el seno de los partidos comunistas sino también en el movimiento de las masas que ellos han llegado a encuadrar. No debe olvidarse que la aceptación de la disciplina orgánica del movimiento está basada en la iniciativa de individuos y grupos (que depende de las influencias de la situación y de sus desarrollos) y en un progreso continuo y lógico de experiencias y de rectificaciones del camino a seguir para conducir la lucha más eficaz contra las condiciones de vida impuestas al proletariado por el actual orden social. Por consiguiente, el partido y la Internacional deben exponer sistemáticamente el conjunto de las normas tácticas generales, para la aplicación de las cuales podrán llamar a la acción y al sacrificio a las formaciones de sus adherentes y a las capas del proletariado que se agrupan a su alrededor.
70 – Tesis del PC de Italia sobre la táctica de la IC al IV Congreso – 1922
…Para eliminar los peligros oportunistas y las crisis disciplinarias la Internacional Comunista debe apoyar la centralización organizativa en la claridad y la precisión de las resoluciones tácticas, y en la exacta definición de los métodos a aplicar.
Una organización política, es decir, basada en la adhesión voluntaria de todos sus miembros, solo responde a las exigencias de la acción centralizada cuando todos sus componentes conocen y aceptan el conjunto de los métodos que pueden ser ordenados por el centro para ser aplicados en las diferentes situaciones.
El prestigio y la autoridad del centro, que no dispone de sanciones materiales, sino que se vale de parámetros que pertenecen al dominio de los factores psicológicos, exigen de manera absoluta claridad, decisión y continuidad en las proclamaciones programáticas y en los métodos de lucha. En esto reside la única garantía de poder constituir un centro de la efectiva acción unitaria del proletariado internacional.
Una organización sólida solamente nace de la estabilidad de sus normas organizativas; asegurando a cada uno su aplicación imparcial, ésta reduce al mínimo las rebeliones y las deserciones. Los estatutos organizativos, tanto como la ideología y las normas tácticas deben dar una impresión de unidad y de continuidad.
71 – Discurso del representante de la Izquierda al IV Congreso de la IC – 1922
…Nosotros estamos por el máximo de centralización y de poder para los órganos supremos centrales. Pero lo que debe asegurar la obediencia a las iniciativas del centro dirigente no solo es un sermón solemne para la disciplina por un lado, y por el otro los más sinceros compromisos para respetarla… La garantía para la disciplina debe ser buscada en otra parte, si nosotros recordamos a la luz de la dialéctica marxista cual es la naturaleza de nuestra organización, que no es un mecanismo, que no es un ejército, sino que es un complejo unitario real, cuyo desarrollo, en primer lugar, es un producto y en segundo lugar un factor del desarrollo de la situación histórica. La garantía de la disciplina no puede ser hallada más que en la precisión de los límites dentro de los cuales nuestros métodos de acción deben aplicarse, en la precisión de los programas y de las resoluciones tácticas fundamentales y de las medidas de organización.
72 – Organización y disciplina comunista – 1924
Considerar la disciplina máxima y perfecta, aquella que emanaría de un consenso universal también en la consideración crítica de todos los problemas del movimiento, no como un resultado, sino como un medio infalible de emplear con ciega convicción, diciendo tout court: la Internacional es el partido comunista mundial y se debe sin más, seguir fielmente cuanto sus organismos centrales publican es un poco invertir sofísticamente el problema.
Debemos recordar, para comenzar nuestro análisis de la cuestión, que los partidos comunistas son organismos de adhesión ”voluntaria”. Esto es un hecho inherente a la naturaleza histórica de los partidos… Es un hecho que nosotros no podemos obligar a nadie a tomar nuestro carné, no podemos hacer un alistamiento de comunistas, no podemos establecer sanciones contra la persona que no se someta a la disciplina interna: cada uno de nuestros adherentes es materialmente libre de dejarnos cuando quiera…
En consecuencia no podemos adoptar la fórmula, ciertamente ventajosa, de la obediencia absoluta en la ejecución de órdenes llegadas desde arriba. Las órdenes que emanan de las jerarquías centrales no son el punto de partida, sino el resultado de la función del movimiento entendido como colectividad…
No existe una disciplina mecánica buena para la aplicación de órdenes y disposiciones superiores ”cualesquiera que sean”, existe un conjunto de órdenes y disposiciones que responden al origen real del movimiento que pueden garantizar el máximo de disciplina, o sea, de acción unitaria de todo el organismo, mientras que existen otras directrices que emanadas del centro pueden comprometer la disciplina y la solidez organizativa…
Nosotros resumimos así nuestra tesis, y creemos ser fieles a la dialéctica del marxismo: la acción que el partido desarrolla y la táctica que adopta, o sea, la manera con la que el partido se presenta hacia ”el exterior” tienen a su vez consecuencias sobre la organización y constitución ”interna” del mismo. Compromete fatalmente al partido quien, en nombre de una disciplina ilimitada, pretende tenerlo preparado para una acción, una táctica, una maniobra estratégica ”cualquiera”, o sea, sin límites bien determinados y conocidos por el conjunto de los militantes.
El máximo deseable de unidad y solidez disciplinaria se alcanzará eficazmente solo afrontando el problema sobre esta plataforma, y no pretendiendo que esté ya prejudicialmente resuelto por una banal regla de obediencia mecánica.
73 – Discurso del representante de la Izquierda al V Congreso de la IC – 1924
…Nosotros queremos una verdadera centralización, una verdadera disciplina. Y para ello hace falta claridad en la directriz táctica y continuidad en la posición de nuestras organizaciones frente a los otros partidos.
74 – Tesis de la Izquierda al III Congreso del PC de Italia (Tesis de Lyon) – 1926
I, 3 -…Negar la posibilidad y la necesidad de prever las grandes líneas de la táctica no de prever las situaciones, cosa posible con una seguridad aún menor; sino de prever qué deberemos hacer en las diversas hipótesis posibles sobre la marcha de las situaciones objetivas – significa negar la tarea del partido y negar la única garantía que podemos dar de que, en cada eventualidad, sus militantes y las masas responderán a las órdenes del centro dirigente. En ese sentido, el partido no es un ejército, ni tampoco un engranaje estatal, o sea, un órgano en el cual la parte de la autoridad jerárquica es preponderante y la de la adhesión voluntaria nula; es obvio que para el miembro del partido queda siempre una vía para no ejecutar las órdenes, contra la cual no existen sanciones materiales: el abandono del partido mismo. La buena táctica es aquella que, con el desarrollo de las situaciones, cuando el centro dirigente no tiene tiempo de consultar al partido, y menos aún a las masas, ella no provoca en el seno del partido mismo ni en el del proletariado repercusiones inesperadas y que puedan ir en un sentido opuesto al éxito de la campaña revolucionaria. El arte de la táctica revolucionaria es el de prever cómo reaccionará el partido a las órdenes y cuáles son las órdenes que obtendrán la buena reacción: ese arte sólo puede ser confiado a la utilización colectiva de las experiencias de acción del pasado, resumidas en claras reglas de acción… No dudamos en decir que, al ser el partido mismo algo perfectible y no perfecto, mucho debe ser sacrificado a la claridad, a la capacidad de persuasión de las normas tácticas, aunque esto comporte cierta esquematización… No es solo el buen partido el que da la buena táctica, sino que es la buena táctica la que da el buen partido, y la buena táctica tiene que ser comprendida y elegida por todos en sus líneas fundamentales.
75 – Discurso del representante de la Izquierda en el VI Ejecutivo Ampliado de la IC – 1926
…Es un hecho que nosotros debemos tener un partido absolutamente homogéneo, sin divergencias de ideas y sin distintos reagrupamientos en su seno. Pero esto no es un dogma, no es un principio a priori; es un fin por el cual se debe y se puede combatir, en el curso del desarrollo que conduce a la formación de un verdadero partido comunista, con la condición de que todas las cuestiones ideológicas, tácticas y organizativas se planteen y se resuelvan correctamente.
76 – Naturaleza, función y táctica del partido revolucionario de la clase obrera – 1947
…La causa de estos fracasos debe remontarse al hecho de que las sucesivas consignas tácticas han llovido sobre los partidos y entre sus encuadramientos con el carácter de improvisadas sorpresas y sin ninguna preparación de la organización comunista para las distintas eventualidades. Los planos tácticos del partido, por el contrario, aun previendo variedad de situaciones y de comportamientos, no pueden y no deben llegar a ser un monopolio esotérico de jerarquías supremas, sino que deben estar estrechamente coordinados a la coherencia teórica, a la conciencia política de los militantes, a las tradiciones de desarrollo del movimiento, y deben permear la organización de modo que ésta esté preparada preventivamente y que pueda prever cuáles serán las reacciones de la estructura unitaria del partido en las vicisitudes favorables y desfavorables de la marcha de la lucha. Pretender algo más o distinto del partido, y creer que éste no se quebrante con golpes de timón tácticos imprevistos, no equivale a tener un concepto más completo y revolucionario, sino claramente como muestran las confrontaciones históricas concretas, constituye el clásico proceso definido con el término de oportunismo, por el cual el partido revolucionario o se disuelve y naufraga en la influencia derrotista de la política burguesa, o se queda al descubierto y desarmado más fácilmente frente a las iniciativas de represión.
77 – Fuerza, violencia y dictadura en la lucha de clase – 1948
V -…En la base de la relación entre militante y partido hay un empeño; nosotros tenemos de ese empeño una concepción que, para librarnos del antipático término de contractual, podemos definir simplemente como dialéctica. La relación es doble, constituye un doble flujo en sentidos contrarios, del centro a la base y de la base al centro; si la acción dirigida por el centro responde a la buena funcionalidad de esta relación dialéctica, le responderán entonces las sanas reacciones de la base.
El problema de la disciplina consiste por consiguiente en poner a los militantes de base sistema de límites que sea el inteligente reflejo de los límites puestos a la acción de los jefes.
78 – Marxismo y autoridad – 1956
29 -…El adjetivo democrático admite que en los congresos se decida, después en las organizaciones de base, por recuento de votos. ¿Pero es suficiente el recuento de votos para establecer que el centro obedezca a la base y no al revés? ¿Tiene esto algún sentido para quien conoce los perjuicios del electoralismo burgués?
Recordaremos las garantías tantas veces propuestas e ilustradas por nosotros en el Diálogo con los muertos Doctrina: el centro no tiene facultades para cambiar la doctrina ya establecida, desde los orígenes, en los textos clásicos del movimiento. Organización única internacionalmente, que no crece por agregaciones o fusiones, sino solo por admisiones individuales; los militantes no pueden estar en otros movimientos. Táctica: las posibilidades de maniobra y de acción deben estar previstas por las decisiones de los congresos internacionales con un sistema cerrado En la base no se pueden iniciar acciones no dispuestas por el centro: el centro no puede inventar nuevas tácticas y procedimientos, con el pretexto de nuevos acontecimientos. La unión entre la base del partido y el centro se consigue de forma dialéctica. Si el partido ejerce la dictadura de la clase en el estado, y contra las clases contra las cuales actúa el estado, no existe dictadura del centro del partido sobre la base. La dictadura no se niega con una democracia mecánica interna formal, sino con el respeto de los vínculos dialécticos.
79 – Diálogo con los muertos – 1956
77 -…Nuestras garantías son conocidas y simples.
1 – Teoría – Como hemos dicho no nace en una fase histórica cualquiera, ni espera para hacerlo a la llegada del Gran Hombre, del Genio. Puede nacer solamente en determinadas circunstancias; ya se conoce la fecha de sus ”generalidades”, no la paternidad. La nuestra debió nacer después de 1830 sobre la base de la economía inglesa. Está garantizada (admitiendo incluso que la verdad y la ciencia integrales son objetivos vanos y solo se puede avanzar en la lucha contra la magnitud del error) en cuanto se mantiene firmemente en sus líneas dorsales que forman un sistema completo. Durante su curso histórico tiene dos únicas alternativas: realizarse o desaparecer. La teoría del partido es un conjunto de leyes que rigen la historia y su curso pasado, y futuro. Por lo tanto la garantía propuesta es: no está permitido revisar nada, y mucho menos enriquecer la teoría. Nada de creatividad.
2 – Organización – Debe ser continua en la historia, como fidelidad a la misma teoría y a la continuidad del hilo de las experiencias de lucha. Solo cuando esto se lleva a cabo en amplias partes de mundo y en amplios periodos de tiempo, llegan las grandes victorias. La garantía contra el centro es que éste no tenga derecho a crear, pero debe ser obedecido solamente en cuanto sus disposiciones de acción permanezcan dentro de los límites precisos de la doctrina, de la perspectiva histórica del movimiento, establecida durante muchos años a nivel mundial. La garantía es que sea rechazado el aprovechamiento de la ”especial” situación local o nacional, de la emergencia inesperada, de la contingencia particular. O bien en la historia es posible fijar concomitancias generales entre espacios y tiempos lejanos, o bien es inútil hablar de partido revolucionario que lucha por una forma de sociedad futura. Como siempre hemos estudiado, existen grandes subdivisiones históricas y ’geográficas’ que ofrecen perspectivas fundamentales para la acción del partido: en amplios territorios, a través de los continentes y a través de los siglos: ninguna dirección del partido puede anunciar desarrollos del género de un año para otro. Poseemos este teorema, probado por miles de verificaciones experimentales: anunciador de ’nuevo curso’ igual a traidor.
Garantía contra la base y contra la masa es que la acción unitaria y central, la famosa ”disciplina”, se obtiene cuando la dirección está bien unida a los cánones de teoría y práctica, y cuando se prohíbe a grupos locales ’crear’ por su cuenta programas autónomos, expectativas y movimientos. Esta relación dialéctica entre la base y el vértice de la pirámide (que en Moscú hace 30 años ya pedíamos renverser, invertir) es la clave que asegura al partido, impersonal en cuanto único, la facultad exclusiva de leer la historia, la posibilidad de intervenir en ella, la indicación de que tal posibilidad ha aparecido. Desde Stalin hasta un comité de substalinistas, nada ha sido cambiado.
3 – Táctica – Están prohibidas por la mecánica del partido ’creatividades’ estratégicas. El plan de operaciones es público y notorio y describe sus límites precisos, o sea en periodos históricos y territorios. Un ejemplo obvio: en Europa desde 1874 el partido no se solidariza con ninguna guerra entre Estados. En Europa desde 1919, el partido no participa (no habría debido…) en elecciones. En Asia y Oriente, todavía hoy el partido apoya los movimientos revolucionarios democráticos y nacionales y una alianza de lucha entre proletariado y otras clases, incluso la burguesía local. Damos estos crudos ejemplos para evitar que se diga que el esquema es uno y rígido siempre y por doquier, para eludir la famosa acusación de que esta construcción integralmente materialista histórica, derive de postulados inmóviles, éticos o estéticos o místicos sin más. La dictadura de clase y del partido no degenera en formas difamadas como oligárquicas con la condición de que sea evidente y declarada públicamente en relación a un amplio arco previsto de perspectiva histórica, sin condicionarla hipócritamente a controles mayoritarios, sino con la única prueba de la fuerza enemiga. El partido marxista no se avergüenza de las tajantes conclusiones de su doctrina materialista no parte, para extraerlas de posiciones sentimentales y decorativas.
El programa debe contener en una línea neta la estructura de la sociedad futura como negación de toda la estructura actual, punto de llegada declarado para todos los tiempos y lugares. Describir la presente sociedad es solo una parte de la tarea revolucionaria. Deprecarla y difamarla no es asunto nuestro. Pero la ruptura despiadada de las relaciones de producción presentes debe tener lugar según un programa claro, que prevé científicamente el surgimiento por encima de estos obstáculos despedazados de nuevas formas de organización social, conocidas exactamente por la doctrina del partido.
80 – Tesis sobre la tarea histórica… (Tesis de Nápoles) – 1965
13 -…En la concepción del centralismo orgánico la garantía de la selección de sus componentes es la que siempre proclamamos contra los centristas de Moscú. El partido persevera en esculpir los lineamientos de su doctrina, de su acción y de su táctica con una unicidad de métodos por encima del espacio y del tiempo. Todos aquellos que ante estas delineaciones se encuentran incómodos tienen a su disposición la obvia vía de abandonar las filas del partido.
81 – Premisa a ”Tesis del PC de Italia sobre la táctica” en el IV Congreso de la IC – 1965
…Algunos puntos se refieren al problema de la organización. Toda tradición de federalismo debe ser eliminada, para asegurar centralización y disciplina unitaria. Pero este problema histórico no se resuelve con expedientes mecánicos. También la nueva Internacional, para evitar peligros oportunistas y crisis disciplinarias internas, debe fundar la centralización en la claridad no solo del programa, sino también de la táctica y del método de trabajo. Desde entonces se remachaba que ésta es la única garantía sobre la que el centro puede basar su segura autoridad.
82 – Tesis suplementarias… (Tesis de Milán) – 1966
…En el partido revolucionario, en pleno desarrollo hacia la victoria, las obediencias son espontáneas y totales pero no ciegas y forzadas, y la disciplina central, como está ilustrado en las tesis y en la documentación que las apoya, equivale a una armonía perfecta de las funciones y de la acción de la base y del centro, y no puede ser sustituida por ejercicios burocráticos de un voluntarismo antimarxista.
83 – Premisa a ”Tesis del PC de Italia sobre la táctica para el IV congreso de la IC” – 1970
…De rebote, salta el fundamento de una disciplina internacional que no sea ficticia, mecánica, basada en la interpretación de los artículos de un código civil o penal, sino orgánica; y ese fundamento es reemplazado por una disciplina formal, impuesta por un órgano a la vez deliberante y ejecutivo, cuya capacidad para mantener en el juego complejo e imprevisible de las maniobras, el hilo de la continuidad teórica, práctica y organizativa, se da a priori por admitida en virtud de una inmunización que se supone permanente…
La disciplina es el resultado de la homogeneidad programática y de la continuidad de la acción práctica: introducid la improvisación como variable independiente y, por más que esté circunscrita por sulas restrictivas, al final del proceso está solo el knut (o Stalin si se prefiere).
84 – Premisa a ”Tesis de la Izquierda al III congreso del PC de Italia (Tesis de Lyon)” – 1970
Por tanto, es preciso echar las bases de la disciplina apoyándola en el pedestal inquebrantable de la claridad, de la solidez y de la invariabilidad de los principios y de las directivas tácticas. En años cuyo fulgor hacía parecer lejanos, la disciplina se creaba por un hecho orgánico que tenía sus raíces en la granítica fuerza doctrinaria y práctica del Partido bolchevique; hoy, o se reconstruye esta disciplina sobre los fundamentos colectivos del movimiento mundial, con un espíritu de seriedad y de fraterno sentido de la gravedad de la hora actual, o todo se perderá…
Se había alterado la disciplina hacia el programa, tan lúcido y tajante como era en su origen. Para impedir que de aquella indisciplina naciera el desbarajuste, se pretendió volver a crear in vitro ”partidos verdaderamente bolcheviques”: y es sabido lo que se volverán estas caricaturas del partido de Lenin bajo el talón estalinista. En el IV congreso habíamos advertido: «La garantía de la disciplina no puede ser hallada más que en la definición de los límites que deben ser fijados a la aplicación de nuestros métodos, en la precisión de los programas, de las resoluciones tácticas fundamentales y de las medidas de organización». Repetimos en el V congreso que era ilusorio perseguir el sueño de una disciplina sólida si faltaba claridad y precisión en los campos prejudiciales a toda disciplina y homogeneidad organizativa; que era vano ilusionarse con la quimera de un Partido Mundial único si la continuidad y el prestigio del órgano internacional eran destruidos continuamente por la ”libertad de elección” (concedida no solo a la periferia, sino incluso al vértice) de los principios que determinan la acción práctica y de esta misma acción; que era hipocresía invocar una ”bolchevización” que no significase intransigencia en los fines y en la adecuación de los medios a los fines.
85 – Premisa a ”Tesis después de 1945” – 1970
…Si el partido está en posesión de tal homogeneidad teórica y práctica (posesión que no es algo, de hecho, garantizado para siempre, sino una realidad a defender con uñas y dientes y, si se da el caso, reconquistar una y otra vez), su organización, que es al mismo tiempo su disciplina, nace y se desarrolla orgánicamente en el tronco unitario del programa y de la acción práctica, y expresa en sus diversas formas de explicación, en la jerarquía de sus órganos, la perfecta adherencia del partido al complejo de sus funciones, ninguna excluida.
CAP. 3 – CORRIENTES Y FRACCIONES
Entonces, en la concepción de la Izquierda el surgimiento dentro del partido de disensiones y de fracciones es el síntoma, la manifestación exterior de una enfermedad que ataca al órgano partido. En consecuencia, no se trata tanto de combatir los síntomas, sino de indagar las causas del mal, que siempre residen en un modo no correcto del desarrollo del trabajo colectivo del partido y de las funciones centrales. El trabajo del partido es inadecuado o incorrecto respecto a la línea histórica sobre la que se debe apoyar; el proceso de asimilación de las bases teóricas, programáticas y tácticas por parte de la organización es inadecuado: en consecuencia pueden nacer las divergencias y las fracciones. Esta es la tesis de la Izquierda. O bien, el partido está en presencia de un proceso degenerativo oportunista y el fraccionismo es la sana reacción del órgano partido a esta desviación.
Totalmente al contrario, como se ve, de la tesis sostenida repetidas veces por el centro actual, según el cual las fracciones son las portadoras del oportunismo dentro del partido. La tesis de la Izquierda conduce a una conclusión práctica: la formación de fracciones es un toque de alarma que indica que algo no marcha en la conducción general del partido; por ello, es necesario, en el trabajo del partido volver a hallar las causas que han conducido al surgimiento de las fracciones. Volviendo a colocar sobre sus clásicas bases el trabajo y la acción del partido, las fracciones desaparecen y ya no tienen razón para manifestarse. También aquí, el acento está presente en el desarrollo correcto del trabajo, en el campo teórico, programático y táctico, en la clarificación interna a través del trabajo, para la resolución sustancial, es decir en el campo teórico, programático, táctico, de las disensiones que surgen en el partido. La tesis del centro conduce a la conclusión opuesta: las fracciones son la enfermedad, son debidas al virus oportunista y pequeño burgués que trata de penetrar en el partido; por tanto, es necesario rechazar, destruir, matar las fracciones; expulsados los hacedores de fracciones, la vida del partido se vuelve normal y regular. Para la Izquierda, el oportunismo penetra en el partido bajo la bandera de la unidad, de la reverencia a los jefes, de la disciplina por la disciplina. Para el centro, el oportunismo penetra en el partido bajo la bandera del fraccionismo, de la indisciplina, etc. Para la Izquierda la represión del fraccionismo no es tarea del partido, sino que más bien es la prevención del mismo, a través de la justa ”política revolucionaria”. Para el centro la represión del fraccionismo, la disciplina por la disciplina, la absoluta obediencia a las jerarquías centrales se convierten en la principal tarea del partido. Para la Izquierda una cierta suscripción en el PC sonaría así: ”contra las causas que han permitido la manifestación del fraccionismo”; para el centro la misma suscripción suena así: ”contra el fraccionismo”. Para la Izquierda no es la pierna putrefacta la que amenaza con pudrir todo el organismo, sino el organismo enfermo el que hace que se pudra la pierna. Para el centro basta con amputar la pierna para que el organismo vuelva a estar sano.
Las consecuencias de estas concepciones opuestas son necesariamente las siguientes: para la Izquierda las medidas disciplinarias, las compresiones organizativas, el terror ideológico, la energía represiva, no solo no son un remedio contra el fraccionismo, sino que representan un síntoma de un oportunismo latente; para el centro, por el contrario, la caza al fraccionismo, la energía represiva, las medidas disciplinarias, la desconfianza entre los compañeros, son indicios de vitalidad y de fuerza del órgano partido. Para la Izquierda, las medidas disciplinarias deben llegar a ser cada vez más raras, preparando finalmente su desaparición. Para el centro, este ”bagaje innoble” debe llegar a ser la regla de funcionamiento del partido. Para la Izquierda el partido funciona bien cuando no tiene necesidad de adoptar medidas represivas. Para el centro, el partido funciona muy bien cuanto más capaz es de adoptar medidas de este género.
El centro actual del partido camina pues sobre un camino opuesto al del marxismo revolucionario y de la Izquierda; su comportamiento a base de matanzas cotidianas de fracciones, es precisamente, según la Izquierda, el síntoma de un oportunismo latente.
CITAS
86 – Tesis del PC de Italia sobre la táctica de la IC al IV congreso – 1922
…En la medida en que la Internacional aplique tales expedientes, se verificarán manifestaciones de federalismo y rupturas disciplinarias. Si se frenase o invirtiese el proceso tendiente a la eliminación de dichas anormalidades, o si éstas se erigiesen en sistema, se presentaría con extrema gravedad el peligro de una recaída en el oportunismo.
87 – Declaración de la Izquierda sobre el proyecto de organización en el IV congreso de la IC – 1922
…Sin embargo, debo remachar que, si queremos realizar una centralización efectiva, o sea una síntesis de las fuerzas espontáneas de la vanguardia del movimiento revolucionario en los diversos países, para poder eliminar las crisis disciplinarias que hoy constatamos, debemos, sí, centralizar nuestro aparato organizativo, pero al mismo tiempo unificar nuestros métodos de lucha y precisar bien todo lo que se refiere al programa y a la táctica de la IC. A todos los grupos y compañeros pertenecientes a la IC debemos explicarles exactamente lo que significa el deber de obediencia incondicional que ellos contraen entrando en nuestras filas.
88 – Organización y disciplina comunista – 1924
…Precisamente porque somos antidemocráticos, pensamos que sobre el tema una minoría puede tener una visión más correcta que la de la mayoría, en interés del proceso revolucionario.
Ciertamente esto sucede excepcionalmente, y es de extrema gravedad el hecho de que se presente esta inversión disciplinaria como sucedió en la vieja Internacional y como es augurable que no tenga que venir más a nuestras filas. Pero, sin pensar en este caso extremo existen otras situaciones menos agudas y críticas en las que todavía la contribución de grupos invocando una precisión de las directrices trazadas por el centro dirigente, es útil e indispensable.
89 – Moción de la Izquierda en la Conferencia Nacional de Como del PC de Italia – 1924
10 – Es indiscutible que en la Internacional que funciona como partido comunista mundial, la centralización orgánica y la disciplina excluyen la existencia de fracciones o grupos que puedan o no adosarse la dirección de los partidos nacionales, como ahora acaece en todos los países. La Izquierda del PC de Italia está por la más rápida consecución de este objetivo, pero considera que ese no se alcanza con decisiones e imposiciones mecánicas, sino asegurando el justo desarrollo histórico del Partido Comunista Internacional, que debe ser paralelo a la precisión de la ideologítica, a la definición no equivocada de la táctica, y a la consolidación organizativa.
90 – Réplica de la Izquierda a Zinoviev en el V congreso de la IC – 1924
…Exactamente lo mismo decía en aquel artículo, a saber: «Es un hecho que en el seno de la Internacional, en todos los países, existen fracciones que se combaten en los congresos y luchan por la conquista de la dirección de los respectivos partidos. Nosotros también somos del parecer de que en la Internacional no deben existir estas fracciones, si la Internacional debe llegar a ser un partido comunista mundial verdaderamente centralizado. ¿Pero qué se necesita para alcanzar este objetivo? Para este fin, no basta con reprochar y reclamar más o menos enérgicamente a la disciplina a personas individuales: por el contrario, es necesario dirigir el trabajo del modo requerido por nosotros, es decir, imprimiendo a la Internacional Comunista una línea organizativa unitaria y coherente. Si esto tiene lugar, las fracciones desaparecerán. Si no se siguiese esta vía, sino la opuesta, entonces no se obtendrá la desaparición de las fracciones internacionales y se deberá tomar en consideración la constitución de una fracción internacional».
91 – El peligro oportunista y la Internacional – 1925
…No vemos pues, graves inconvenientes en una exagerada preocupación hacia el peligro oportunista. El criticismo y el alarmismo realizados como deporte son ciertamente deplorabilísimos; pero dado incluso que, ellos sean, también el preciso reflejo de ’algo que no marcha bien’ y la intuición de desviaciones graves que se preparan, puro producto de elucubraciones de militantes, es cierto que no tendrán el modo de debilitar mínimamente al movimiento y serán fácilmente superadas. Mientras el peligro es gravísimo si, por el contrario, como más bien ha sucedido tantas veces, la enfermedad oportunista descolla antes de que se haya osado, desde cualquier parte, dar vigorosamente alarma. La crítica sin error no daña ni siquiera la milésima parte de cuanto daña el error sin crítica.
92 – La Plataforma de la Izquierda – 1925
…La aparición o el desarrollo de las fracciones indica un mal general del partido, es un síntoma de la ausente respuesta de las funciones vitales del mismo partido a sus finalidades, y se combaten individualizando el mal para eliminarlo, no abusando de los poderes disciplinarios para resolver de modo necesariamente formal y provisional la situación.
93 – Tesis de la Izquierda al III Congreso del PC de Italia (Tesis de Lyon) – 1926
II. 5 – Otro aspecto de la consigna de la bolchevización es el de considerar como garantía segura de la eficiencia del partido a una completa centralización disciplinaria y a la severa prohibición del fraccionismo.
La última instancia para todas las cuestiones controvertidas es el órgano central internacional, en el cual se atribuye – si bien no jerárquicamente, al menos políticamente – una hegemonía al Partido Comunista Ruso.
Esta garantía en realidad no existe, y todo el planteamiento del problema es inadecuado. De hecho, no se ha evitado el desenfreno del fraccionismo en la Internacional, sino que, por el contrario, se lo ha estimulado bajo formas disimuladas e hipócritas. Por otra parte, desde el punto de vista histórico, la superación de las fracciones en el partido ruso no ha sido un expediente ni una receta de efectos mágicos aplicada en el terreno estatutario, sino que ha sido el resultado y la expresión de un feliz planteamiento de los problemas de doctrina y de acción política.
Las sanciones disciplinarias son uno de los elementos que garantizan contra las degeneraciones, pero a condición de que su aplicación quede en los límites de los casos excepcionales, y no se vuelva la norma y casi el ideal de funcionamiento del partido…
Los partidos comunistas deben realizar un centralismo orgánico que, con el máximo compatible de consultas a la base, asegure la eliminación espontánea de toda agrupación que tienda a diferenciarse. Esto no se obtiene con prescripciones jerárquicas formales y mecánicas; sino, tal como dice Lenin, con la justa política revolucionaria.
Un aspecto fundamental de la evolución del partido no es la represión del fraccionismo, sino la prevención del mismo.
Es absurdo y estéril, y además muy peligroso, pretender que el partido y la Internacional estén asegurados misteriosamente contra toda recaída o tendencia a la recaída en el oportunismo. Estos efectos pueden depender tanto de cambios de la situación como del juego de los restos de las tradiciones socialdemócratas. En la resolución de nuestros problemas, se debe admitir, entonces, que toda diferencia de opinión que no pueda reducirse a casos de conciencia o derrotismo personal puede desarrollarse útilmente para preservar de graves peligros al partido y al proletariado en general.
Si estos peligros se acentuasen, la diferenciación asumiría inevitablemente, pero útilmente, la forma del fraccionismo; esto podría conducir a escisiones, no por el infantil motivo de una falta de energía represiva por parte de los dirigentes, sino solo en el caso que se verificase la maldita hipótesis del fracaso del partido y de su sometimiento a influencias contrarrevolucionarias…
El peligro de la influencia burguesa sobre el partido de clase no se presenta históricamente como organización de fracción, sino a través de una penetración astuta que agita una demagogia unitaria y que opera como una dictadura desde lo alto, inmovilizadora de las iniciativas de la vanguardia proletaria.
No se logra individualizar y eliminar semejante factor derrotista planteando la cuestión de la disciplina contra las tentativas de fracción, sino consiguiendo orientar al partido y al proletariado contra esa insidia en el momento en que toma el aspecto no solo de una revisión doctrinal, sino también de una propuesta positiva a favor de una importante maniobra política de efectos anticlasistas.
94 – Discurso del representante de la Izquierda en el VI Ejecutivo Ampliado de la IC – 1926
Pero si hay divergencias, esto prueba que la política del partido está salpicada de errores, que no tiene la capacidad de combatir victoriosamente las tendencias desviacionistas del movimiento obrero que se manifiestan de ordinario en ciertos momentos cruciales de la situación general. Si nos encontramos ante casos de indisciplina, es el síntoma de que el partido no ha alcanzado tal capacidad. En efecto, la disciplina es un punto de llegada, no un punto de partida, no una especie de plataforma inconmovible. Por otro lado, esto corresponde al carácter voluntario de la adhesión a nuestra organización de Partido. Por esta razón, una especie de código penal del partido no puede ser un remedio a los casos frecuentes de falta a la disciplina…
Volvamos a las fracciones. A mi juicio, no se puede plantear la cuestión de las fracciones desde el punto de vista de la moral o del código penal. ¿Hay en la historia un solo ejemplo de un camarada que haya creado una fracción para divertirse? Jamás se ha producido esto. ¿Hay un ejemplo que muestre que el oportunismo haya penetrado en el partido por medio de fracciones, que la organización de fracciones haya servido de base a una movilización derrotista de la clase obrera y que el partido revolucionario se haya salvado por la intervención de los liquidadores de fracciones? No, la experiencia muestra que el oportunismo entra siempre en nuestras filas bajo la máscara de la unidad. Su interés es influenciar a la mayor parte posible, por eso hace siempre sus proposiciones peligrosas bajo la máscara de la unidad. La historia de las fracciones muestra en general que las fracciones no hacen honor a los partidos en cuyo interior se forman, sino a los camaradas que las forman. La historia de las fracciones es la historia de Lenin; no es la historia de los golpes asestados a la existencia de los partidos, sino que por el contrario, es la historia de su cristalización y de su defensa contra las influencias oportunistas…
El nacimiento de una fracción muestra que algo no marcha en el Partido. Para poner remedio al mal, hay que buscar las causas históricas que han suscitado la anomalía y que han determinado la formación o la tendencia a formar esta fracción. Las causas residen en los errores ideológicos y ticos del partido. Las fracciones no son la enfermedad, sino solamente el síntoma y si se quiere combatir el organismo enfermo, no se deben combatir los síntomas, sino que se debe intentar sondear las causas de la enfermedad. Por otro lado, en la mayor parte de los casos se trataba de grupos de camaradas que no hacían ningún intento para crear una organización o algo parecido. Se trataba de puntos de vista, de tendencias que intentaban abrirse paso por la vía del normal, regular y colectivo trabajo del partido.
95 – Fuerza, violencia y dictadura en la lucha de clase – 1948
V -…Cuando esta crisis explota, precisamente porque el partido no es un organismo inmediato y automático, se producen las luchas internas, las divisiones en tendencias, las fracturas, que son en ese caso un proceso útil como la fiebre que libra al organismo de la enfermedad, pero que sin embargo ”constitucionalmente” no podemos admitir, alentar o tolerar.
Para evitar por consiguiente que el partido caiga en las crisis del oportunismo, o deba necesariamente reaccionar ante ellas con el fraccionismo, no existen reglamentos o recetas. Existe sin embargo la experiencia de la lucha proletaria de tantos decenios que nos permite reconocer algunas condiciones, cuya búsqueda, cuya defensa, cuya realización debe ser una tarea incansable de nuestro movimiento.
96 – Diálogo con los muertos – 1956
76 -…La clase tiene una guía en la historia en cuanto que los factores materiales que la mueven se cristalizan en el partido, en cuanto que éste posee una teoría completa y continua, una organización a su vez universal y continua, que no se descomponga y componga a cada momento con agregaciones y escisiones; éstas son, sin embargo, la fiebre que constituye la reacción de un organismo similar a sus crisis patológicas.
97 – Tesis sobre la tarea histórica, la acción y la estructura del partido… (Tesis de Nápoles) – 1965
10 -…Sin embargo los textos ya indicados en cien pasajes muestran que la Izquierda en su pensamiento fundamental ha visto siempre el camino hacia la supresión de los métodos electorales y de los votos para nombres de compañeros o sus tesis generales como un camino que iba hacia la abolición de otro innoble bagaje del democratismo politiquero, o sea el de las radiaciones, de las expulsiones o de las disoluciones de grupos locales, hemos enunciado muchas veces en todas las cartas la tesis de que estos procedimientos disciplinarios debían ser cada vez más excepcionales para preparar el camino a su supresión.
Si por el contrario tiene lugar, y peor aún si estas cuestiones disciplinarias sirven para salvar no principios sanos y revolucionarios sino precisamente las posiciones conscientes o inconscientes de un oportunismo naciente, como tuvo lugar en 1924, 1925 y 1926 esto significa solamente que la función del centro ha sido conducida de forma equivocada y se ha hecho perder toda influencia real de disciplina de la base hacia él, tanto más cuanto más descaradamente va decantando un ciego rigor disciplinario.
11 – Ha sido sin embargo una posición firme y constante de la Izquierda que, si las crisis disciplinarias se multiplican y llegan a ser una regla, esto significa que algo no marcha en la conducción general del partido, y el problema merece ser estudiado. Naturalmente no renegaremos nosotros mismos cometiendo la niña de retornar a buscar la salvación en la elección de los hombres mejores o en la elección de jefes y de semijefes, bagaje que mantenemos distintivo del fenómeno oportunista antagonista histórico del camino del marxismo revolucionario de izquierda.
CAP. 4 – JUSTO LUGAR DEL TERROR IDEOLÓGICO Y DE LAS PRESIONES ORGANIZATIVAS
He aquí la concepción de la Izquierda, por lo demás, fruto del sanguinario balance de la contrarrevolución estalinista: si las bases de la disciplina organizativa reposan en la posesión por parte de la organización colectiva del partido de sus posiciones teóricas, programáticas y tácticas, posesión que no viene dada de una vez para siempre, sino que debe comprometer al partido constante y cotidianamente en una obra que defiende, clarifica, repropone y esculpe estos pilares fundamentales; si la aparición de disensiones en el partido, de actos de insubordinación, de fenómenos de fraccionismo, no es más que el síntoma de que algo no marcha en el desarrollo de este trabajo, y la reacción sana hacia un inadecuado e incorrecto planteamiento de éste, está claro que las compresiones disciplinarias deben tender a desaparecer en la medida en que el partido está sano y lucha apoyándose en sus clásicas bases. Está claro que estos métodos organizativos deben llegar a ser raras excepciones y finalmente desaparecer; está claro que ellos no resuelven nada y no garantizan nada. Está claro también que cuando llegan a ser el modo normal o casi el ideal de la vida interna del partido, el partido mismo ya no está garantizado contra nada y en consecuencia se encuentra (¡entonces sí!) verdaderamente expuesto a la desviación oportunista. Ahora bien, sobre esta base, viene puesto en su justo lugar por la Izquierda otro eslabón de nuestra inalterable cadena: la función de los hombres, de los jefes y de las jerarquías del partido. Estas deben existir como instrumentos técnicos de coordinación y de dirección de todo el trabajo de partido, pero no es la existencia de éstos lo que garantiza al partido contra los errores y las desviaciones. Por consiguiente, cuando se verifican desviaciones y errores, la solución no está en juzgar la labor de hombres, en la elección de hombres mejores, en la sustitución de hombres con otros hombres. La solución está en la búsqueda correcta y racional por parte del órgano colectivo partido del hilo histórico roto por la desviación y el error.
Los hombres pueden seguir siendo los mismos (a menos que no sean traidores) con tal de que el órgano partido vuelva a encontrar su camino. La Izquierda indica, por ello, en la ”personificación de los errores”, en ”la elección de los hombres más preparados”, en la sustitución de un hombre con otro, entendiendo que éstos son los que resuelven el error y la desviación, el síntoma de una visión deformada de la vida y de la dinámica del órgano partido. Indica la Izquierda que a este método incorrecto no pueden dejar de acompañarle otros fenómenos que, desgraciadamente, se encuentran también en nuestra organización actual: el carrerismo, el burocratismo, el ciego optimismo de oficina para el que todo va bien y la presunción jactanciosa según la cual quien se permite dudar no es más que un pelmazo que hay que quitar de en medio inmediatamente; en fin, en sobreponer a la base inerte y aterrorizada del partido un cuerpo de funcionarios elegidos bajo el único criterio de la ciega fidelidad al centro del partido. El enfurecimiento de los descubridores y de los matadores de fracciones, la delación, la desconfianza sistemática entre compañeros, la diplomacia para uso interno: todos estos fenómenos que tienden ya hoy a manifestarse en la organización no son más que el corolario necesario de un planteamiento invertido de la concepción del partido y de su correcto funcionamiento.
En la concepción de la Izquierda el partido no es una colonia de microbios-hombre. En la concepción de la Izquierda el partido distribuye de manera orgánica y funcional, los distintos miembros en las diversas funciones técnicas, comprendida la función central de dirección que tiene necesidad de hombres o de un hombre solo, pero en la cual no está en absoluto la garantía del movimiento correcto del partido. La palabra, una vez más, a nuestra incorrupta tradición de partido.
CITAS
98 – EL peligro oportunista y la Internacional – 1925
…En la mentalidad que se va abriendo camino entre los elementos dirigentes de nuestro movimiento, nosotros comenzamos a ver el verdadero peligro de derrotismo y del pesimismo latentes. En lugar de mover virilmente la acción comunista contra las dificultades que la circundan en este periodo, de discutir abiertamente los multiformes peligros y de reconstituir frente a ellos las razones vitales de nuestra doctrina y de nuestro método, ellos se quieren refugiar en un sistema intangible. Su gran satisfacción es la de consolidarse, apoyándose ampliamente en ’ha hablado mal de Garibaldi’; con indagaciones sobre las presuntas ideas e intenciones íntimas no manifestadas todavía, que Fulano y Zutano han contravenido el recetario escrito en su agenda, para gritar después: están contra la Internacional, contra el leninismo…
Este sería el verdadero, el peor liquidacionismo del partido y de la Internacional, acompañado de todos los fenómenos característicos y bien conocidos del filisteísmo burocrático. El síntoma de esto es el ciego optimismo de oficina: todo marcha bien y quien se permite dudar no es más que un saboteador que debe ser expulsado lo antes posible. Nosotros nos oponemos a esta moda, precisamente porque, confiando en la causa comunista y en la Internacional, negamos que ésta deba reducirse a consumir vulgarmente ’su patrimonio’ de potencia y de influencia política…
Pero vayamos un poco más allá en este asunto de la bolchevización y precisemos nuestra desconfianza abierta hacia ella. En cuanto se concreta en la organización por células, sobre la que está omnipotente la red de funcionarios, seleccionados con el criterio de la obediencia ciega a un recetario que querría ser el leninismo, en un método táctico y de trabajo político que se burla de realizar el máximo de analogía ejecutiva con las disposiciones más inesperadas, y en un planteamiento histórico de la acción comunista mundial, en la que la última palabra deba hallarse siempre en los precedentes del partido ruso interpretados por un grupo privilegiado de compañeros.
99 – La Plataforma de la Izquierda – 1925
…Análogamente, el problema de la disciplina se plantea como canalización y utilización de las fuerzas que se desarrollan y que el sistema organizativo debe ser capaz de armonizar. En tal sentido, las nuevas experiencias llegan a ser patrimonio del partido, que las interpreta y las asimila: no se convierten en un descubrimiento de algunos funcionarios que las imponen al partido inerte según interpretaciones la mayor parte de las veces equivocadas. Las sanciones disciplinarias devienen por tanto represiones de fenómenos esporádicos y no compresión general de todo el partido, del cual incluso deben constituir una reserva contra manifestaciones individuales aberrantes.
100 – Tesis de la Izquierda al tercer congreso del PC de Italia. (Tesis de Lyon) – 1926
II. 5…Las sanciones disciplinarias son uno de los elementos que garantizan contra las degeneraciones, pero a condición de que su aplicación quede en los límites de los casos excepcionales, y no se vuelva la norma y casi el ideal de funcionamiento del partido…
Un aspecto fundamental de la evolución del partido no es la represión del fraccionismo, sino la prevención del mismo…
Los resultados de este método perjudican al partido y al proletariado, y retrasan el logro del ”verdadero” partido comunista. Este método, aplicado en muchas secciones de la Internacional, es de por sí un grave síntoma de un oportunismo latente.
101 – Discurso del representante de la Izquierda en el VI Ejecutivo Ampliado de la IC – 1926
Premisa de Programma Comunista, N°17-1965)
…Escogemos los pasajes que se refieren a la historia de los errores tácticos y de la derrota alemana, la famosa campaña de disciplina a alta presión y de pretendida prohibición del fraccionismo, definida como ”bolchevización”.
Texto:
…Cuando nos hemos encontrado frente a los errores que esta táctica ha provocado, y sobre todo, cuando se produjo la derrota de octubre de 1923 en Alemania, la Internacional reconoció haberse equivocado. No era un pequeño accidente, era un error que debíamos pagar abandonando la esperanza de conquistar un nuevo gran país al lado del primer país que había conquistado la revolución proletaria, lo que habría sido de una importancia enorme para la revolución mundial.
Desgraciadamente, nos contentamos con decir: no se trata de revisar de modo radical las decisiones del IV congreso mundial, solamente es necesario apartar a ciertos camaradas que se han equivocado en la aplicación de la táctica del frente único; es necesario encontrar a los responsables. Se los ha encontrado en el ala derecha del partido alemán, no se ha querido reconocer que es la Internacional en su conjunto la que tiene la responsabilidad…
Pero, si hemos estado contra las decisiones del V Congreso, es sobre todo porque éstas no eliminaban los grandes errores y porque, a nuestro entender, no está bien limitar la cuestión a un proceso contra individuos, mientras que lo necesario es un cambio en la misma Internacional. Se rehusó seguir este camino sano y valeroso. En muchas ocasiones hemos criticado que entre nosotros, en el medio ambiente en que trabajamos, se desarrolle un espíritu parlamentario y diplomático. Las tesis están muy a la izquierda, los discursos están muy a la izquierda, y aquellos mismos contra quienes van dirigidos los aprueban porque piensan que así están inmunizados…
Y paso a otro aspecto de la bolchevización, el del régimen interno del partido y de la Internacional Comunista.
En esto, se ha hecho otro descubrimiento: lo que falta a todas las secciones es la disciplina de hierro de los bolcheviques, de la cual el partido ruso nos da ejemplo.
Se pronuncia una prohibición absoluta de las fracciones, y se decreta la obligación para todos los miembros del partido de participar en el trabajo común, cualquiera que sea su opinión. Creo que n en este terreno la cuestión de la bolchevización se ha planteado de modo muy demagógico...
Se ha instituido en estos últimos tiempos en nuestros partidos un régimen de terror especie de deporte que consiste en intervenir, castigar, reprimir y aniquilar, y todo esto con un placer muy particular, como si esto fuera justamente el ideal de la vida del partido. Los campeones de estas brillantes operaciones parecen incluso persuadidos de que éstas constituyen una prueba de capacidad y de energía revolucionarias. Y pienso, por el contrario, que los verdaderos y buenos revolucionarios son en general los camaradas blanco de estas medidas de excepción y que las soportan pacientemente para no destruir el partido. Estimo que este derroche de energía, este deporte, esta lucha en el interior del partido no tiene nada que ver con el trabajo revolucionario que debemos llevar. Llegará el día en que habrá que golpear y destruir el capitalismo, y en este terreno el partido deberá dar pruebas de su a revolucionaria. No queremos anarquismo en el partido, pero tampoco queremos un régimen de continuas represalias, que solo es la negación de la unidad y de la solidez del partido.
Hoy el punto de vista oficial es el siguiente: la Central actual es eterna; ella puede hacer lo que quiera, pues siempre tiene razón cuando toma medidas contra el que la contradice, cuando ”aniquila” intrigas y oposiciones. El mérito no está en reprimir las rebeliones; lo importante es que no haya rebeliones. Se reconoce la unidad del partido en los resultados alcanzados, no en un régimen de amenazas y de terror. Tenemos necesidad de sanciones en los estatutos, está claro. Pero deben ser excepciones, no deben convertirse en procedimientos normales y permanentes en el interior del partido. Si hay elementos que abandonan manifiestamente la vía común, hay que tomar medidas contra ellos. Pero si el recurso al código penal se convierte en la regla en una sociedad, es que esta sociedad no es precisamente la más perfecta. Las sanciones no deben tomarse más que excepcionalmente y no constituir una regla, un deporte, el ideal de los dirigentes. Es necesario que esto cambie si queremos formar un bloque sólido en el verdadero sentido de la palabra…
Si se habla de fracciones a destruir, al menos habría que poder probar que se trata de una asociación con la burguesía o con círculos y ambientes burgueses o quizá, de relaciones personales con ellos. Si no es posible un tal análisis, es indispensable buscar las causas históricas del nacimiento de la fracción y no arrojarle el anatema a priori…
Por el método de caza a las fracciones as de campañas de escándalo, de vigilancia policíaca y de desconfianza respecto a los camaradas, un método que representa en realidad el peor fraccionismo que se desarrolla en las capas superiores del partido, no se ha podido más que deteriorar la situación de nuestro movimiento y empujar toda crítica objetiva a la vía del fraccionismo.
No es con tales medios como se crea la unidad interior del partido, ellos no hacen más que paralizar el partido y hacerlo inepto e impotente. Es absolutamente indispensable una transformación radical de los métodos de trabajo. Si no ponemos fin a todo esto, las consecuencias serán muy graves.
102 – Tesis sobre la tarea histórica, la acción y la estructura del partido (Tesis de Nápoles) – 1965
3 -…En una tercera dirección, la Izquierda denuncia desde entonces y cada vez más vigorosamente, en los años sucesivos la ampliación del peligro oportunista: este tercer argumento es el método de trabajo interno de la Internacional, con el que el centro representado por el Comité Ejecutivo de Moscú usa con los partidos, o ya sea con partes de partidos que han incurrido en errores políticos, métodos no solo de ”terror ideológico”, sino sobre todo de presión organizativa, lo que constituye una equivocada aplicación y poco a poco una falsificación total de los justos principios de la centralización y de la disciplina sin excepciones. Tal método de trabajo iba exasperándose por todas partes, pero de forma particular en Italia en los años sucesivos a 1923 – en los que la Izquierda, seguida por todo el partido, dio pruebas de disciplina ejemplar pasando las consignas a compañeros derechistas y centristas designados por Moscú – después de que se abusó gravemente del espectro de ”fraccionamiento” y la constante amenaza de expulsión de una corriente acusada artificialmente de preparar una escisión con el único fin de hacer prevalecer los peligrosos errores centristas en la política del partido. Este tercer punto vital fue discutido a fondo en los congresos internacionales y en Italia, y es no menos importante que la condena a las tácticas oportunistas y a las fórmulas organizativas de tipo federalista…
4 -…A esta penosa influencia del dinero, que desaparecerá en la sociedad comunista, pero después de una cadena de eventos de los que la afirmación de la dictadura comunista no es más que el primero, se añadía el manejo de un arma de maniobra que nosotros en términos abiertos declaramos digna de los parlamentos y de las diplomacias burguesas, o de la burguesísima sociedad de las naciones, o sea el incentivo o la imposición según los casos del carrerismo y de las ambiciones faroleras de las personas de los jefes de subgobierno que pululan en las filas; de modo que cualquiera de ellos fuese puesto en la alternativa inexorable de elegir entre una inmediata y cómoda notoriedad, subsiguiente inclinación a aceptar las tesis de la omnipotente central, o bien una no remontable oscuridad y quizás miseria, si hubiese querido defender las justas tesis revolucionarias de las que la central se había desviado.
Hoy está claro por la evidencia histórica, que aquellas centrales internacionales y nacionales estaban sobre la vía de la desviación y de la traición; según la teoría de siempre de la Izquierda, ésta es la condición que debe quitarles todo derecho a obtener en nombre de una disciplina hipócrita la ciega obediencia de la base.
103 – Premisa al ”Discurso del representante de la Izquierda al V congreso de la IC” – 1965
…La posición de la Izquierda italiana fue que no se debía golpear a hombres, sino a un método táctico equivocado del que toda la Internacional era responsable, como ya fue denunciado por nosotros en el IV congreso de 1922.
104 – Premisa a ”Fuerza, Violencia y Dictadura en la lucha de clase” – 1965
…Están comprendidos en la parte conclusiva los pasajes que exponemos aquí, y vibrantemente expuestos los dos temas, de que el control democrático desde abajo no remedia nada sino que es un engaño clásico del oportunismo, mientras que la gélida y cínica presión disciplinaria desde arriba se debe al mismo tiempo, por los paralelismos históricos nefastos, cancelar de nuestros métodos y de nuestra vida interna de partido.
105 – Tesis suplementarias… (Tesis de Milán) – 1966
7 – Otra lección que surge de episodios de la vida de la III Internacional (en nuestra documentación repetidamente recordada a través de las insistentes denuncias de la Izquierda) es la de la vanidad del ”terror ideológico” método desgraciado con el cual se quiere sustituir el natural proceso de la difusión de nuestra doctrina a través del encuentro con la realidad hirviente en el ambiente social, con una catequización forzada de elementos recalcitrantes y acobardados, por razones o bien más fuertes que los hombres y que el partido o bien inherentes a una imperfecta evolución del partido mismo, humillándoles y mortificándoles en reuniones públicas incluso ante el enemigo, si acaso hubiesen sido exponentes y dirigentes de nuestra acción en episodios de alcance político histórico. Se acostumbró a obligar a tales elementos (a menudo poniéndoles a elección el recobrar posiciones importantes en el engranaje de la organización) a una confesión pública de los propios errores, imitando así el método fideista y pietista de la penitencia y del mea culpa Por tal vía verdaderamente filistea y digna de la moral burguesa, jamás ningún miembro del partido llegó a ser mejor ni el partido puso remedio a la amenaza de su decadencia. En el partido revolucionario, en pleno desarrollo hacia la victoria, las obediencias son espontáneas y totales pero no ciegas y forzadas, y la disciplina central, como está ilustrado en las tesis y en la documentación que las apoya, equivale a una armonía perfecta de las funciones y de la acción de la base y del centro, no puede ser sustituida por ejercicios burocráticos de un voluntarismo antimarxista…
El abuso progresivo de tales métodos no hace más que señalar la desgraciada vía del triunfo de la última oleada del oportunismo.
106 – Premisa a ”Tesis del PC de Italia sobre la táctica para el IV congreso” de 1970
…En segundo lugar, y por las mismas razones, la Izquierda advirtió que, una vez tomado ese tortuoso camino, y no deteniéndose a tiempo, se habría recorrido necesariamente toda la pendiente. Se habría recurrido a un expediente tras otro, quizás opuestos entre sí. La responsabilidad, y finalmente, la ”culpa” del fracaso de uno de ellos se habría buscado, no en su naturaleza divergente del fin, sino en su ”erróneo” manejo por parte de individuos o grupos, esforzándose afanosamente por remediarlos por medio de bruscos virajes e improvisadas crucifixiones de ”jefes”, subjefes y gregarios, minando así las bases mismas de aquella disciplina internacional, no formal sino substancial, que se quería con justa razón instaurar…
La alarma sobre una posible recaída en el oportunismo, que la Izquierda lanzó a partir de 1922 cada vez con mayor insistencia, no concernía (y ésta es para nosotros – sobre todo para los jóvenes militantes – otra lección de primera magnitud) a un fenómeno subjetivo, sino a un fenómeno objetivo, del cual, a los bolcheviques menos que a nadie, se podía y debía culpar, sea porque el surgimiento de dicho fenómeno no se explica banalmente con los ”errores” de Fulano o de Mengano (se debe en cambio comprender que ellos actúan según las imposiciones del camino emprendido)… No pedimos la cabeza de nadie, ni aun cuando se pidió y se obtuvo la nuestra: hicimos todo lo que estaba en nuestro alcance para que las cabezas y los brazos volvieran a trabajar sobre la única vía que nunca habíamos creído que se pudiera o debiera cuestionar…
No queremos caer, y damos fe de no haber caído, en el torbellino infernal de la contraposición de personas a personas, en el que Trotski se dejará arrastrar después de 1927 debido a su más que legítima indignación por el demonio estalinista. Defendemos el marxismo, no la propiedad intelectual de nadie; condenamos una desviación con sus consecuencias inevitables, no al hombre colocado en el banquillo de los acusados para alimentar la dudosa satisfacción del juez y el morboso placer de la platea…
Es una vieja consecuencia de las ”garantías” que, cuando por desgracia son puestas sobre el tapete, surja la pregunta: ¿n custodiará a los custodios? Existen dos alternativas: o bien la dirección y la ”base” están ligadas por un vínculo común y superior (y éste no puede ser más que el programa invariable y obligatorio para todos), o debe resurgir el aparato judicial de primera, segunda y tercera instancia, con todo el rebaño de abogados, de fiscales y, obviamente, de profesores de derecho constitucional; y este aparato no es un ente metafísico, sino la superestructura del organismo que teóricamente debería controlar y juzgar: juez y acusado en una sola persona. No queda entonces más que someterlo también a la autoridad suprema, no a la del buen dios (que al menos hasta ahora queda excluido), sino a la de la policía, luego a la del comisario y, en fin a la del mariscal.
107 – Premisa a ”Tesis de la Izquierda para el III Congreso del PC de Italia” (Tesis de Lyon) – 1970
…En el V congreso de la Internacional Comunista (17 de junio al 8 de julio de 1924), en el que por una parte refleja el profundo extravío de los partidos después del desastroso balance de un bienio de bruscos virajes tácticos y de órdenes equívocas (…) y por otra parte vuelve a confirmar la praxis de la crucifixión de los dirigentes de las secciones nacionales en el altar de la infalibilidad del Ejecutivo, la Izquierda eleva de nuevo la única voz severa, así como serena y reacia a los perifollos personales y locales. Si alguna vez hubiera estado en sus hábitos alegrarse de las confirmaciones aplastantes de sus previsiones en la terrible prueba de sangre proletaria inútilmente derramada o pedir a su vez que cayeran rodando las cabezas de los ”reos” y de los ”corruptos” para ceder el puesto a cabezas ”inocentes” o ”incorruptibles”, aquel habría sido el momento de hacerlo. Pero no es esto lo que pide ni lo que quiere la Izquierda; ésta pide y quiere que se hunda valerosamente el bisturí en las desviaciones de principio que producían inevitablemente aquellos ”errores” y de las cuales las ”cabezas” eran solo la expresión ocasional…
Con el continuo desgrane de las cuentas del rosario de las innovaciones tácticas, lo que cada vez volvía a dar aliento a las corrientes centrífugas que dormitaban en todos los partidos, y con la sucesión de los bruscos cambios, lo que generaba confusiones y dislocaciones incluso entre los militantes más sólidos, la cuestión de la ”disciplina” se planteaba forzosamente no como el producto natural y orgánico de una lograda homogeneidad teórica y de una sana convergencia de la acción práctica, sino por el contrario como una manifestación morbosa de la discontinuidad en la acción y de la desarmonía del patrimonio doctrinal. En la misma medida en que se constataban errores, desviaciones y aflojamientos, y se trataba de remediarlos cambiando los comités centrales o ejecutivos, se imponía, por un lado, el ”puño de hierro” y, por otro, su idealización como método y como norma interna del Comintern y de sus secciones, y como antídoto de eficacia segura no ya contra los adversarios o los falsos amigos, sino contra los camaradas. La era de los procesos contra sí mismo, la era de lo que la Izquierda en el VI Ejecutivo Ampliado de 1926 llamó ”el deporte de la humillación y del terror ideológico” (a menudo llevado a cabo por ”ex-opositores humillados”) había comenzado. Y no existe proceso sin carcelero.
Se había alterado la disciplina hacia el programa, tan lúcido y tajante como era en su origen. Para impedir que de aquella indisciplina naciera el desbarajuste, se pretendió volver a crear in vitro ”partidos verdaderamente bolcheviques”: y es sabido lo que se volverán estas caricaturas del Partido de Lenin bajo el talón estalinista…
Yendo más lejos, abordamos el problema mucho más vasto y general, que en 1925-26 implicaba todas las cuestiones destinadas a volverse candentes en la lucha interna del Partido ruso. Antes de que fuera demasiado tarde, denunciamos la manía y el frenesí de la ”lucha contra el fraccionismo”, y de esa caza de brujas que celebrará sus saturnales en la innoble campaña de 1926-1928 contra la izquierda rusa (…) una caza de brujas que no había tenido derecho de ciudadanía en el Partido bolchevique de los años de esplendor ni siquiera contra el enemigo abierto – que se destruía si era necesario, pero al que nunca se cubría vilmente de fango – y que sobrepasando los confines estatales rusos, producirá primero la indecente figura del acusador público, luego la del delator de oficio y finalmente la del carnicero…
«Y si a pesar de todo, se verifica una crisis interna, sus causas y los medios para curarla deben ser buscados en otra parte, esto es, en el trabajo y en la política del Partido». Esto podía parecer una afirmación curiosa a los ojos de una Internacional cuyos congresos habían acabado por transformarse cada vez más en los locales de procesos a partidos, grupos o personas llamadas a responder de los trágicos reveses en Europa y en el mundo: todo se transformaba entonces en el producto de ”coyunturas desfavorables”, de situaciones ”adversas”.
CAP. 5 – LA LUCHA POLÍTICA EN EL PARTIDO
Las citas que siguen demuestran que en la correcta visión marxista de la Izquierda el modo de moverse del partido comunista, su dinámica interna, no se configura como lucha política, choque entre posiciones contrastantes, una de las cuales debe prevalecer sobre la otra y dictar su enfoque al partido. La preponderancia de una dinámica similar en el órgano partido indica que éste ya no es la expresión de los intereses homogéneos y unitarios de una sola clase, sino de los intereses contrastantes de varias clases, que lógicamente expresan distintas directrices políticas. La lucha política interna configuraba la dinámica de los partidos de la II Internacional, precisamente en cuanto en ellos convergía un ala proletaria revolucionaria y un ala pequeño burguesa reformista y gradualista. Y cuando se impuso una dinámica de lucha política en la III Internacional eso significó su conquista gradual por parte de un ala contrarrevolucionaria. La Izquierda no condujo una lucha política interna en la III Internacional, sino que incluso aceptó voluntariamente en 1923 ser sustituida en la dirección del partido italiano por los elementos centristas, limitándose a explicar cuales eran los errores y las debilidades del organismo internacional sobre diversos problemas, y cuales eran los peligros a los que se estaba exponiendo; reivindicó siempre una investigación racional y objetiva por parte de toda la Internacional para la mejor solución de los problemas que se le planteaban al partido, y las ”Tesis de Roma” de 1922 no solo dejan a salvo la absoluta disciplina ejecutiva a la central de Moscú, sino que no son entendidas como contrapuestas a las posiciones de la central misma, sino como una contribución de la sección italiana a la solución racional correspondiente con los principios comunes de las cuestiones tácticas.
Es solo después de 1923 cuando la Izquierda, identificando los peligros de recaída en el oportunismo, que la Internacional presentaba de modo cada vez más evidente, abrirá la perspectiva de la posibilidad, si la línea de Moscú no se hubiera invertido, de llegar a la constitución de una fracción internacional de izquierda para defender a la Internacional de la resurgida ala oportunista. Y solo en 1926, en el Congreso de Lyon, la Izquierda presentará un cuerpo de tesis globalmente opuesto al de la central italiana, identificando en ésta el coágulo de elementos que nunca habían estado en el terreno del marxismo revolucionario, contraponiéndoles su tradición como la única adherente al comunismo y al marxismo. Para la Izquierda, en cuanto el partido comunista se constituye sobre la base de una doctrina única, de un único programa, de principios claramente enunciados y colocados en la base de la adhesión individual al partido y en cuanto que sobre esta base homogénea están definidas racionalmente las grandes líneas de la táctica, no dejan por esto de planteársele al partido graves y complejos problemas que debe resolver todos los días de su vida. Pero la homogeneidad de base sobre la que se apoya el partido, propicia que estos problemas puedan encontrar solución a través de un trabajo y una indagación a todo el partido, en una clarificación constante de aquellos fundamentos que todos los militantes declaran aceptar y que no deben ser abandonados para solucionar cualquier problema. El hecho de que en determinados momentos puedan presentarse varias soluciones a un mismo problema, y que sobre estas distintas soluciones se alineen los militantes no debe inducir a olvidar el patrimonio común sobre el que se apoya el partido y al que cualquier solución debe estar vinculada. La solución de un problema que el centro del partido decide aplicar no debe demostrar por eso ser la expresión de una relación de fuerzas entre grupos contrapuestos dentro del partido, y de que prevalezca uno sobre otro, sino de estar en regla con las líneas dorsales fijadas por la doctrina, por el programa y por la táctica del partido, y esta fidelidad al patrimonio común deber ser exigida a cualquier planteamiento de cualquier problema. La solución de los problemas que afectan al partido es requerida también a un trabajo colectivo realizado sobre una base común aceptada por todos y por eso susceptible de indagación objetiva y racional.
Al centro se le debe la obediencia y disciplina ejecutiva total en cuanto demuestra no ser la expresión de una mayoría de pareceres individuales, sino de estar sobre el terreno de esta continuidad.
La aparición de disensiones sobre una determinada cuestión táctica o de trabajo práctico, mientras compromete a todos los miembros de la organización a seguir fielmente las órdenes centrales, no autoriza a nadie a defender que el partido se ha dividido en corrientes y fracciones en lucha entre ellas, en la medida en que las dos posiciones sobre aquel problema que es objeto de disensión, son fruto de un mismo modo de plantear los problemas sobre la base de una tradición de partido. Así los errores que pueden verificarse en la solución de un determinado problema no autorizan a nadie a sostener que ellos son debidos a la presencia en el partido de un planteamiento táctico general divergente de aquel común o acusar a personas o grupos de haberlo cometido en cuanto disidentes del rumbo general del partido. La Izquierda no dedujo del hecho de que la dirección de Moscú aplicaba la táctica del frente único político y tampoco la del gobierno obrero, la conclusión de que existía en el partido un ala divergente sobre el rumbo general, o que hubiese concepciones distintas de las nuestras sobre las cuestiones fundamentales y cuando estas tácticas se demostraron prácticamente equivocadas no exigió la cabeza de nadie, ni pidió que se cambiasen los dirigentes de los partidos y de la Internacional. Partió siempre, en las disensiones, de las soluciones que la Internacional estaba dando a varios problemas, de la concepción ”idealista” y ”metafísica” que tanto los defensores del frente único político y del gobierno obrero, como nosotros, éramos en principio compañeros que aceptaban una base común, y reivindicó que la solución debía encontrarse en la clarificación y en la precisión de esta base.
Renegar de esta noción de que en el partido comunista en principio todos son compañeros aun cuando se equivocan y hacen equivocarse al partido entero, significa pues renegar de toda la tradición de la lucha de la Izquierda en la Internacional, significa no encontrar ya respuesta a los siguientes interrogantes: ¿por qué la Izquierda no pidió nunca la sustitución del centro de Moscú, defensor del frente único político por otro centro que defendiese posiciones correctas? ¿Por qué abandonó la Izquierda espontáneamente en manos de los defensores del frente único y del gobierno obrero la dirección del partido italiano, aunque este estuviese completamente sobre sus posiciones? ¿Por qué no acusó a Zinoviev o quizás a Lenin mismo de ser un agente infiltrado en el partido? Es conocido que la Izquierda no requirió nunca nada de todo esto, pero por el contrario requirió que se buscasen soluciones tácticas correctas y obligatorias para todos en un trabajo colectivo de clarificación y de definición del patrimonio común a todos nosotros, y vio en los procesos a los hombres que habían cometido errores, en la personificación de los errores, en las críticas y en las autocríticas, un alejamiento de esta sana dinámica y, por tanto un peligro de recaída en el oportunismo.
Estando en contacto con gente que ama olvidar demasiado fácilmente, estamos obligados a poner un ejemplo práctico. En nuestro pequeño partido la divergencia sobre el problema sindical ha conducido a un choque en el que una parte de los compañeros ha sido definida como infectada de activismo y voluntarismo, y por consiguiente, todo el trabajo para resolver la cuestión (por decir algo) ha sido establecido en el sentido de desautorizar a esta parte de sus responsabilidades, pasándolas a la parte sana; de un posible error táctico como el de la ”defensa de la CGIL” se ha sacado la deducción de que se estaba en presencia de una corriente ”anarco-sindicalista” dentro del partido, y que era necesario no solo corregir el error, sino también desenmascarar a esta corriente de la que el error no era más que un reflejo.
Desde 1922 a 1926, la dirección de la Internacional Comunista ha conducido a la ruina a un partido de millones de hombres y ha saboteado ”objetivamente” la lucha revolucionaria de todo el proletariado europeo y mundial, pero nunca de la pluma o de la boca de la Izquierda ha salido en cuatro años, y tampoco sucesivamente, que la Internacional estaba dirigida por antimarxistas, y que por ello fuese necesario arrancar la dirección de la organización a aquellos que eran culpables de fatales errores. Ni se encontrará nunca en un escrito o en un discurso de la Izquierda la afirmación de que nosotros luchábamos contra el ejecutivo de Moscú, de cuyos errores tácticos se debía deducir que se tratase de una corriente oportunista infiltrada en el partido. No lo decíamos ni siquiera en 1926 cuando todo estaba perdido. Y no personificábamos el error de Zinoviev, de Kámenev o de Trotski endosándoles etiquetas que solo valen para quien está fuera del partido, no por respeto ciego hacia la ”dignidad de la persona”, sino porque les considerábamos y les consideramos hoy ”errores” no determinados por hombres. Posición esta, completamente opuesta a aquella que por el contrario dice: «se combaten las posiciones equivocadas, pero cuando éstas se radicalizan, se combaten también a los hombres que son los agentes de estas posiciones», y que es equivocada tanto en la primera como en la segunda parte, porque nuestro trabajo en la Internacional no fue nunca de combate político, sino de contribución y de aclaración. No combatimos políticamente ni las posiciones equivocadas, ni a los hombres-agentes de estas posiciones. Demostrábamos que las posiciones estaban equivocadas y tratábamos de establecer un trabajo colectivo e impersonal para indagar sobre la base de la confianza recíproca, sobre un terreno limpio de pactos, diplomacias, choques y presiones, la justa posición a la luz de nuestros principios.
O el presupuesto de nuestro trabajo era que tanto Amadeo Bordiga, como Zinoviev ”eran en principio compañeros”, también cuando daban al mismo problema dos soluciones opuestas, o divergentes, y que por eso, el problema no era el de ”condenar” la solución de Zinoviev, sino el de indagar la solución válida para todo el movimiento comunista, o bien toda la historia de la Izquierda puede ser tirada a un pozo.
CITAS
108 – La política de la Internacional – 1925
…Pero entonces, se dirá, ¿pedís vosotros por principio que en los próximos congresos comunistas exista lucha y disensión abierta y violenta sin posibilidad de una solución común? Respondemos enseguida que si la unanimidad se alcanzase por el estudio y la consideración objetiva y superior de los problemas, esto sería lo ideal; pero que la unanimidad artificial es mucho más dañina que la disensión abierta en la consulta del congreso, salvando siempre la disciplina ejecutiva.
109 – Organización y disciplina comunista – 1924
…Pero para asegurarse de que procede efectivamente y en el mejor modo en aquella deseada dirección y conformar a tal objetivo nuestra obra de comunistas, debemos asociar nuestra confianza en la esencia y capacidad revolucionaria de nuestro glorioso organismo mundial a un trabajo continuo basado sobre el control y la valoración racional de cuanto sucede en sus filas y del planteamiento de su política.
110 – Tesis de la Izquierda al III congreso del PC de Italia (Tesis de Lyon) – 1926
I,3 -…Nosotros negamos sustancialmente que, con la exigencia de un acatamiento puro y simple a un hombre, a un comité, o a un único partido de la Internacional y a su tradicional aparato dirigente, sea lícito sofocar el esfuerzo y el trabajo colectivo del partido para definir las normas de la táctica.
II,5 -…Uno de los aspectos negativos de la llamada bolchevización consiste en sustituir la elaboración política completa y consciente en el seno del partido, que corresponde a un progreso efectivo hacia el centralismo más compacto, por una agitación exterior y clamorosa de las fórmulas mecánicas de la unidad por la unidad y de la disciplina por la disciplina.
III,10 – La campaña que ha culminado con la preparación del congreso ha sido deliberadamente planteada después del V congreso mundial no como un trabajo de propaganda y de elaboración en todo el partido de las directivas de la Internacional tendente a crear una verdadera y útil conciencia colectiva más avanzada, sino como una agitación con miras a lograr del modo más rápido y con el mínimo esfuerzo la renuncia de los camaradas a su adhesión a las opiniones de la izquierda. No se ha considerado si tal método era útil o perjudicial para el partido a los efectos de su eficiencia respecto a los enemigos externos, sino que se ha procurado por todos los medios el logro de ese objetivo interno.
111 – Discurso del representante de la Izquierda al VI Ejecutivo Ampliado de la IC – 1926
…La cuestión hay que plantearla pues de otro modo. Incluso si la coyuntura y las perspectivas son desfavorables o relativamente desfavorables, no se deben aceptar resignadamente las desviaciones oportunistas y justificarlas con el pretexto de que sus causas hay que buscarlas en situación objetiva. Y si, a pesar de todo, una crisis interna se verifica, las causas y medios para curarla deben ser buscadas de otra forma, es decir, en el trabajo, y no han sido hoy las que deberían haber sido.
112 – Politique d’abord – 1952
…Las polémicas sobre personas y entre personas, el uso y abuso de los nombres, son sustituidos con el control y la verificación sobre las enunciaciones que el movimiento, en las sucesivas y duras tentativas para reordenarse, coloca en la base de su trabajo y de su lucha.
113 – Presión ”racial” del campesinado, presión clasista de los pueblos de color – 1953
Hay que ponerse de acuerdo en este concepto fundamental de la Izquierda. La unidad sustancial y orgánica del partido, que se opone diametralmente a la unidad formal y jerárquica de los estalinistas, es una necesidad en materia de doctrina, en materia de programa y también para lo que se denomina la táctica. Si entendemos por táctica los medios de acción, éstos solo pueden ser definidos a través de la misma investigación que nos ha permitido formular las reivindicaciones de nuestro programa final e integral basándonos en los datos de la historia pasada.
114 – Tesis sobre la tarea histórica, la acción y la estructura del partido. (Tesis de Nápoles) – 1965
5 -…Adoptada la vieja consigna que responde a la frase: ”sobre el hilo del tiempo”, nuestro movimiento se dedicó a volver a poner ante los ojos y las mentes del proletariado el valor de los resultados históricos que se habían inscrito en el largo curso de la dolorosa retirada. No se trataba de reducirse a una función de difusión cultural o de propaganda de doctrinillas, sino de demostrar que teoría y acción son campos dialécticamente inseparables y que las enseñanzas no son librescas o profesorales, sino que derivan (para evitar la palabra, hoy en manos de los filisteos, de experiencias) de balances dinámicos de choques acaecidos entre fuerzas reales de notable magnitud y extensión, utilizando incluso los casos en que el balance final se ha resuelto con una derrota de las fuerzas revolucionarias. Es eso que nosotros llamamos con viejo criterio marxista clásico: ”lecciones de las contrarrevoluciones”.
7 – Tratándose de un traspaso y de una consigna histórica de una generación que había vivido las luchas gloriosas de la primera posguerra y de la escisión de Livorno a la nueva generación proletaria que se trataba de liberar de la loca felicidad de la caída del fascismo para reconducirla a la conciencia de la acción autónoma del partido revolucionario contra todos los otros, y sobre todo contra el partido socialdemócrata, para reconstituir fuerzas consagradas a la perspectiva de la dictadura y del terror proletarios contra la gran burguesía como contra todos sus odiosos instrumentos, el nuevo movimiento encontró por vía orgánica y espontánea una forma estructural de su actividad que ha sido sometida a una prueba de quince años…
8 – La estructura de trabajo del nuevo movimiento, convencido de la magnitud, de la dureza y de la amplitud histórica de la propia obra, que no podía incitar a elementos dudosos y deseosos de rápida carrera porque no prometía, sino que excluía éxitos históricos a corto plazo, se basó en reuniones frecuentes de enviados de toda la periferia organizada, en los que no se planificaban debates contradictorios y polémicos entre tesis contrapuestas, o que por tanto pudiesen esporádicamente aflorar de las nostalgias del morbo antifascista, y en las cuales nada había que votar y nada que deliberar, sino que solamente había la continuación orgánica del importante trabajo de consignación histórica de las lecciones fecundas del pasado a las generaciones presentes y futuras, a las nuevas vanguardias que se irán delineando en las filas de las masas proletarias…
Esta obra y esta dinámica se inspiran en enseñanzas clásicas de Marx y de Lenin, que dieron la forma de tesis a su presentación de las grandes verdades históricas revolucionarias, y estas tesis y relaciones, ligadas en su preparación a las grandes tradiciones marxistas de hace más de un siglo, eran reflejadas por todos los presentes, gracias también a las comunicaciones de nuestra prensa, en todas las reuniones de la periferia por los grupos locales y de convocatorias regionales, donde tal material rico era transportado para conocimiento de todo el partido. No tendría ningún sentido la objeción de que se trató de textos perfectos, irrevocables e inmodificables, porque a lo largo de todos estos años se ha declarado siempre en nuestro seno que se trataba de materiales en continua elaboración y destinados a alcanzar una forma cada vez mejor y más completa; tanto es así que de todas las filas del partido, e incluso de elementos jovencísimos, se ha verificado con una frecuencia cada vez más creciente la aportación de contribuciones admirables y perfectamente a tono con las líneas clásicas propias de la Izquierda.
115 – Tesis suplementarias… (Tesis de Milán) – 1966
2 – El pequeño movimiento actual se da perfectamente cuenta de que la gris fase histórica atravesada, hace mucho más difícil la obra de utilización a gran distancia histórica de las experiencias surgidas de las grandes luchas, y no solo de las clamorosas victorias cuanto de las derrotas sangrientas y de los repliegues sin gloria. El forjamiento del programa revolucionario, en la correcta y no deformada visión de nuestra corriente, no se limita a rigor doctrinal y a profundidad de crítica histórica, sino que tiene necesidad como linfa vital de la ligazón con las masas sublevadas en los periodos en que el empuje irresistible las determina a combatir. Este lazo dialéctico es particularmente difícil hoy que el empuje de las masas se ha adormecido y apagado por la flacidez de la crisis del capitalismo senil, y por la cada vez mayor ignominia de las corrientes oportunistas. Aun aceptando que el partido tenga un perímetro restringido, debemos comprender que nosotros preparamos el verdadero partido sano y eficiente al mismo tiempo, para el periodo histórico en que las infamias del tejido social contemporáneo harán retornar a las masas insurgentes a la vanguardia de la historia; en cuyo lance podrían una vez más errar si faltase el partido no pletórico sino compacto y potente, que es el órgano indispensable de la revolución. Las contradicciones incluso dolorosas de este periodo deberán ser superadas sacando la lección dialéctica que nos ha venido de las amargas decepciones de los tiempos pasados y señalando con coraje los peligros que la Izquierda había advertido y denunciado en otro tiempo, y todas las formas insidiosas que una y otra vez revistió la amenazante infección oportunista.
116 – Premisa a ”Tesis de la Izquierda para el III Congreso del PC de Italia (Tesis de Lyon)” – 1970
…Curiosa deducción: a los ojos de una Internacional cuyos congresos habían acabado por transformarse cada vez más en los locales de procesos a partidos, grupos o personas llamadas a responder de los trágicos reveses en Europa y en el mundo: todo se transformaba entonces en el producto de ”coyunturas desfavorables”, de situaciones ”adversas”.
La verdad era que, no digamos el proceso, sino la revisión crítica debía ser hecha de raíz y estar basada en coeficientes impersonales, mostrando cómo el juego de causas y efectos entre factores objetivos y subjetivos es infinitamente complejo, y que si bien sobre los primeros (considerados solo por un momento ”en sí mismos”, fuera de la influencia de nuestra acción colectiva) el poder de intervención del partido es limitado, está en cambio en nuestro poder salvaguardar, incluso al precio de impopularidad y fracasos momentáneos, las condiciones que únicamente permiten a los segundos actuar sobre la historia y fecundarla.
Hace falta pues echar las bases de la disciplina apoyándola en el indestructible pedestal de la claridad, solidez e invariabilidad de los principios y de las directrices tácticas. En años cuyo fulgor hacía parecer lejanos, la disciplina se creaba por un hecho orgánico que tenía sus raíces en la granítica fuerza doctrinaria y práctica del partido bolchevique; hoy, o se la reconstruye sobre fundamentos colectivos del movimiento mundial, en un espíritu de seriedad y de fraterno sentido de la gravedad del momento, o todo se perderá.
Parte IV
CAP. 1 – ESTRUCTURA DEL PARTIDO
Reconstituyéndose sobre bases clásicas en 1952, nuestro partido, no se distinguía solo por la posesión de un correcto bagaje doctrinario y teórico, programático y táctico, que se derivaba de la aplicación de la continua e invariante doctrina a las lecciones de cincuenta años de contrarrevolución; ni solo a su predisposición de combate dirigida «a buscar cualquier pequeño rayo de luz» que le permitiese, sin menospreciar en ningún momento los principios vitales, ampliar el sector de contacto con las masas proletarias donde estas fuesen impulsadas a la lucha incluso por objetivos parciales e inmediatos; pero también, por tanto, para forjar una estructura organizativa y de trabajo centralizada, preparada para el desarrollo de las tareas que al partido se le planteaban. Esta estructura de trabajo está ampliamente definida en las citas que siguen. Esta se funda, desde 1952, en la existencia de un centro del que parten todas las disposiciones para el conjunto de la red bajo forma de ”circulares a la organización”, en un enlace y contacto cada vez más frecuente que une el centro con los distintos puntos de la organización comprometidos en los diversos sectores de trabajo; sobre el flujo opuesto de las secciones territoriales y de los grupos o militantes individuales activos hacia el centro; sobre reuniones periódicas de toda la red organizada que puntualizan, a través de amplios informes, el trabajo realizado, tanto en el campo teórico como en el práctico, por el partido en un determinado periodo de tiempo. El vasto material de estas reuniones periódicas es publicado en la prensa de partido y constituye un objeto de estudio y de ulterior elaboración en las reuniones locales y regionales. Esta estructura de trabajo ha permitido al partido la publicación regular de sus órganos de prensa para los que se exigen colaboradores y difusores; ha permitido un continuo trabajo consistente en esculpir los lineamientos teóricos, programáticos y tácticos del movimiento, y una intervención constante en lo vivo de las luchas obreras, para coordinar y dirigir estas tareas se sintió la necesidad, en 1962, de publicar un órgano sindical específico, y, en 1968, la necesidad de crear un órgano coordinador llamado ”oficina central sindical”.
Puede ser que esta estructura funcionase mal y, por tanto, compartimos todas las tentativas de hacerla más rígida y estricta, intensificando las relaciones entre centro y periferia, y viceversa, exigiendo mayor regularidad y precisión en el doble flujo a través de la disposición, en los puntos apropiados del engranaje de todos los brazos necesarios. Está claro que, en la medida que el trabajo del partido se intensifique y llegue a ser más complejo, harán falta otros instrumentos de coordinación y centralización; se verificará, en conexión con el aumento del número de compañeros y las dificultades del trabajo, la necesidad de una selección cada vez mayor entre los militantes, la cada vez mayor precisión de las funciones, de los órganos dedicados a realizar las funciones y de los hombres que deben ser destinados a los distintos órganos. Pero esto es un hecho orgánico, no voluntarista; está determinado por la potenciación del trabajo del partido, no por la voluntad de cualquiera. Los órganos diferenciados que el partido posee en un determinado momento deben ser el resultado de las necesidades funcionales de la actividad del partido, no de un esquema organizativo sin base material, y considerado necesario solo porque corresponde a la idea del partido perfecto o del mecanismo perfecto que alguien puede tener en su cabeza.
Lenin ha sostenido en ”¿Qué Hacer?” que, si es verdad que la organización cada vez más compleja del partido se deriva del desarrollo del trabajo del partido mismo, también es verdad que las formas de organización pueden a su vez favorecer o, viceversa, limitar el desarrollo del trabajo. Esto equivale a decir que el partido debe tener en todo momento una forma estructural de su actividad que esté en condiciones de no impedir, sino de favorecer el desarrollo de la actividad en todos los campos. Ahora bien, las formas de organización que el partido se ha dado desde 1952 a 1970 son quizás inadecuadas para contener el rápido desarrollo de la actividad o bien ¿a causa de la existencia de estas formas, el trabajo no puede desarrollarse cuanto debería, ni desarrollarse del mejor modo? El problema merece atención y estudio racional. Pero solo sobre este plan y no sobre otros, fruto de elucubraciones cerebrales.
Se puede decir que la estructura centralizada del periodo 1952-1970 debe ser mejorada y potenciada para responder mejor a las tareas de más amplio alcance que se le presenten al partido, pero no se puede decir que «hasta ahora la nuestra ha sido una vida de círculo», «estamos luchando por darle al partido una forma organizada», etc. Afirmaciones de este género, no solo falsifican la historia real del partido, el cual «desde 1952 encontró por vía orgánica y espontánea una forma estructural de su actividad que ha sido sometida a una prueba de quince años» (Tesis – 1965), sino que pueden conducir a consecuencias mortales en la concepción marxista del partido. La primera consecuencia puede ser la de afirmar que esta organización no existía, porque en realidad no existía el partido, sino más bien un grupo de aprendices de la teoría o un círculo marxista. Se derivaría de esto que la transformación de este grupo o círculo en partido sería un hecho organizativo y, por tanto, que el partido debe todavía nacer y nacerá en la medida en que se forje una estructura organizativa determinada. Así se recaería en el ”modelo de organización” idealista que caracteriza al partido, contra Marx, Lenin y la Izquierda. Pero una desviación aún más grave sería la de identificar la existencia o no de una estructura organizativa centralizada en la presencia de formalismos de organización como estatutos, códigos, aparatos especiales de tipo burocrático, etc, afirmando que, solo si estos existen, se puede hablar de estructura organizada. Una afirmación de este género nos conduciría por su propio peso a una concepción idealista del partido. Es el marxismo el que ha afirmado que ha existido y existirá una sociedad que, aun teniendo órganos diferenciados y centralismo absoluto, no ha tenido necesidad, ni tendrá necesidad para mantener esta estructura ni de estatutos, ni de códigos, ni de un aparato especial y diferenciado del cuerpo social, características propias solamente de las sociedades divididas en clases, sino que se servirá exclusivamente de una jerarquía de funciones técnicas para el desarrollo de las cuales serán seleccionados orgánicamente individuos que serán «tan necesarios como dispensables», según su idoneidad para desarrollar la función, entendiendo que son las funciones técnicas las que se sirven de los individuos y no al revés. Hemos aclarado en otra parte que precisamente en este sentido el partido prefigura a la sociedad futura.
En 1952, el partido ha renunciado a tener en su interior codificaciones estatutarias, así como ha renunciado a servirse de los mecanismos democráticos internos hasta la convocatoria de «congresos soberanos», no porque fuese una secta de estudiosos o un ”círculo” sin ninguna organización, sino porque ha definido que puede estructurarse la organización de partido sin recurrir a estos mecanismos; ha renunciado a ellos no para retomarlos posteriormente, una vez terminada la fase del ”círculo”, sino para siempre.
Dejemos demostrar esto a nuestra correcta tradición:
1) Escribíamos en 1967 (Programma Comunista, n.5-1967): «La generosa preocupación de los compañeros de que el partido actúe de modo organizativamente seguro, lineal y homogéneo, reclamándose pues – como ponía en guardia Lenin en la ”carta a un camarada” – no a la búsqueda de estatutos, códigos y constituciones, o peor aún, de personajes de temple ”especial”, sino a aquella del modo mejor de contribuir, todos y cada uno, al armónico cumplimiento de las funciones sin las cuales el partido dejaría de existir como fuerza unificadora y como guía y representación de la clase, que es la única vía para ayudarle a resolver día por sí mismo – como en el ”¿Qué Hacer?” de Lenin allí donde se habla del periódico como de un ”organizador colectivo” – sus problemas de vida y de acción. Aquí la clave del ”centralismo orgánico”, aquí el arma segura en la histórica batalla de las clases, no en la vacía abstracción de las pretendidas ”normas” de funcionamiento de los mecanismos más perfectos o, peor aún, en la escualidez de los procesos contra los hombres que por selección orgánica se encuentran manejándolos ”desde abajo” o ”desde arriba”». Y un poco antes: «fuerza real operante en la historia con caracteres de rigurosa continuidad, el partido vive y actúa (y aquí la respuesta a la segunda desviación) no en base a la posesión de un patrimonio estatutario de normas, preceptos y formas constitucionales, al modo hipócritamente querido por el legalismo burgués o ingenuamente soñado por el utopismo premarxista, arquitecto de estructuras bien planificadas para introducirlas ya dispuestas en la realidad de la dinámica histórica, sino en base a su naturaleza de organismo, que se ha formado en una sucesión ininterrumpida de batallas teóricas y prácticas sobre el hilo de una directriz en constante marcha: como escribía nuestra ”Plataforma” de 1945: ”las normas de organización del partido son coherentes con la concepción dialéctica de su función, no descansan en recetas jurídicas y reglamentos, superan el fetiche de las consultas mayoritarias”. Es en el ejercicio de sus funciones, de todas y no de una, donde el partido crea los propios órganos, engranajes y mecanismos; y es en el curso de este mismo ejercicio donde los deshace y los vuelve a crear, no obedeciendo en esto a dictámenes metafísicos o a paradigmas constitucionales, sino a las exigencias reales y precisamente orgánicas de su desarrollo. Ninguno de estos engranajes es teorizable, ni a priori ni a posteriori».
2) Y en 1970, para volver a probar que cuanto está escrito más arriba forma parte del pensamiento continuo del partido (”In difesa…” pág.131): «La organización, como la disciplina, no es un punto de partida, sino un punto de llegada; no tiene necesidad de codificaciones estatutarias y de reglamentaciones disciplinarias (…). Consultas, constituciones y estatutos son propios de las sociedades divididas en clases, y de los partidos que expresan a su vez no el curso histórico de una clase, sino el cruce de los cursos divergentes o no plenamente convergentes de varias clases. Democracia interna o ”burocratismo”, homenaje a la ”libertad de expresión” individual o de grupo y ”terrorismo ideológico” son términos no tanto antitéticos, sino dialécticamente conexos».
Sacamos esta conclusión: nuestro partido ha pretendido, desde 1945, darse una estructura centralizada y diferenciada en una jerarquía defunciones técnicas (”In difesa…” pág.131) sin recurrir a estatutos, mecanismos democráticos, aparatos burocráticos, procesos, expulsiones, y elección de hombres ”especiales”. Quien ve en esto una ausencia de estructuras organizativas está orgánicamente fuera de nuestro partido, porque el partido ve en ellos, por el contrario, como se demuestra en todas las citas «la realización de aspiraciones que eran manifiestas en la Izquierda Comunista desde la época de la II Internacional» (Tesis de Nápoles) y la eliminación por parte de la propia estructura de uno de los errores de partida de la Internacional de Moscú» (”Consideraciones…” 1965).
CITAS
117 – Tesis sobre la tarea histórica, la acción y la estructura del partido… (Tesis de Nápoles) – 1965
7 – Tratándose de un traspaso y de una consigna histórica para una generación que había vivido las luchas gloriosas de la primera posguerra y de la escisión de Livorno a la nueva generación proletaria que se trataba de liberar de la loca felicidad de la caída del fascismo para reconducirla a la conciencia de la acción autónoma del partido revolucionario contra todos los otros, y sobre todo contra el partido socialdemócrata, para reconstituir fuerzas consagradas a la perspectiva de la dictadura y del terror proletarios contra la gran burguesía como contra todos sus odiosos instrumentos, el nuevo movimiento encontró por vía orgánica y espontánea una forma estructural de su actividad que ha sido sometida a una prueba de quince años…
8 – La estructura de trabajo del nuevo movimiento, convencido de la magnitud, de la dureza y de la amplitud histórica de la propia obra, que no podía incitar a elementos dudosos y deseosos de rápida carrera porque no prometía, sino que excluía éxitos históricos a corto plazo, se basó en reuniones frecuentes de enviados de toda la periferia organizada, en los que no se planificaban debates contradictorios y polémicos entre tesis contrapuestas, o que por tanto pudiesen esporádicamente aflorar de las nostalgias del morbo antifascista, y en las cuales nada había que votar y nada que deliberar, sino que solamente había la continuación orgánica del importante trabajo de consignación histórica de las lecciones fecundas del pasado a las generaciones presentes y futuras, a las nuevas vanguardias que se van delineando en las filas de las masas proletarias, diez y cien veces golpeadas, engañadas y desilusionadas, y que finalmente se levantarán contra el fenómeno doloroso de la descomposición purulenta de la sociedad capitalista…
Esta obra y esta dinámica se inspiran en enseñanzas clásicas de Marx y de Lenin, que dieron la forma de tesis a su presentación de las grandes verdades históricas revolucionarias, y estas tesis y relaciones, ligadas en su preparación a las grandes tradiciones marxistas de hace más de un siglo, eran reflejadas por todos los presentes, gracias también a las comunicaciones de nuestra prensa, en todas la reuniones de la periferia por los grupos locales y de convocatorias regionales, donde tal material histórico era transportado para conocimiento de todo el partido. No tendría ningún sentido la objeción de que se trató de textos perfectos, irrevocables e inmodificables, porque a lo largo de todos estos años se ha declarado siempre en nuestro seno que se trataba de materiales en continua elaboración y destinados a alcanzar una forma cada vez mejor y más completa; tanto es así que de todas las filas del partido, e incluso de elementos jovencísimos, se ha verificado con una frecuencia cada vez más creciente la aportación de contribuciones admirables y perfectamente a tono con las líneas clásicas propias de la Izquierda.
Es solo con el desarrollo del trabajo en esta dirección, que hemos tratado, como nosotros esperamos la dilatación cuantitativa de nuestras filas y de las espontáneas adhesiones que llegarán al partido y que le harán un día una fuerza social más grande.
9 – Antes de dejar el argumento de la formación del partido después de la segunda gran guerra, está bien reafirmar algunos resultados que hoy valen como puntos característicos para el partido, en cuanto son resultados históricos de hecho, a pesar de la limitada extensión cuantitativa del movimiento, y no descubrimientos de inútiles genios o solemnes resoluciones de congresos ”soberanos”.
El partido reconoció muy pronto, que, incluso en una situación extremadamente desfavorable e incluso en los lugares en que la esterilidad de ésta es máxima, es desechado el peligro de concebir el movimiento como una mera actividad de prensa propagandística y de proselitismo político. La vida del partido se debe integrar donde quiera y siempre y sin excepciones en un esfuerzo incesante para injertarse en la vida de las masas y también en sus manifestaciones influenciadas por directrices contrapuestas a las nuestras. Es antigua tesis del marxismo de Izquierda que se debe aceptar trabajar en los sindicatos de derecha donde los obreros están presentes, y el partido aborrece las posiciones individualistas de quienes muestran desdeñar el meter el pie en aquellos ambientes llegando finalmente a teorizar la ruptura de las pocas y débiles huelgas a las que los sindicatos actuales se lanzan. En muchas regiones el partido tiene ahora detrás de sí una notable actividad en este sentido si bien deberá cada vez más afrontar dificultades graves y fuerzas contrarias, superiores al menos estadísticamente. Es importante establecer que, incluso donde este trabajo no ha alcanzado todavía una apreciable preparación, es rechazada la posición por la cual el pequeño partido se reduzca a círculos cerrados sin ligazón con el exterior, o limitados a buscar adhesiones solo en el mundo de las opiniones, que para el marxista es un mundo falso siempre que no sea tratado como superestructura del mundo de los conflictos económicos. Tan erróneo sería subdividir el partido o sus agrupamientos locales en compartimentos cerrados que fueran activos solo en uno de los campos de la teoría, de estudio, de investigación histórica, de propaganda, de proselitismo y de actividades sindicales, que en el espíritu de nuestra teoría y de nuestra historia son absolutamente inseparables y en principio accesibles a todos y cada uno de los compañeros.
Otro punto que el partido ha conquistado históricamente y que jamás podrá abandonar, es la neta repulsa a todas las propuestas de ampliar sus efectivos y sus bases a través de convocatorias de congresos constituyentes comunes con otros círculos o grupos, que pululan por todas partes desde el final de la guerra, elaborando teorías sin conexión y deformes, o afirmando como único dato positivo la condena del estalinismo ruso y de todas sus derivaciones locales.
118 – Tesis suplementarias… (Tesis de Milán) – 1966
Sabemos bien que la dialéctica histórica conduce a todo organismo de lucha a perfeccionar sus medios ofensivos empleando las técnicas en poder del enemigo. De esto se deduce que en la fase del combate armado los comunistas tendrán un encuadramiento militar con precisos esquemas de jerarquías con fines unitarios que aseguren el mejor resultado de la acción. Esta verdad no debe ser inútilmente imitada en toda actividad aún no combatiente del partido. Las vías de transmisión de las operaciones deben ser unívocas, pero esta lección de la burocracia burguesa no nos debe hacer olvidar por qué vías se corrompe y degenera, incluso cuando es adoptada en las filas de asociaciones obreras. La organicidad del partido no exige de hecho que todo compañero vea la personificación de la forma partido en otro compañero específicamente designado para transmitir disposiciones que vienen de arriba. Esta transmisión entre las moléculas que componen el órgano partido tiene siempre contemporáneamente la doble dirección; y la dinámica de toda unidad se integra en la dinámica histórica del conjunto. Abusar de los formalismos de organización sin una razón vital ha sido y será siempre un defecto y un peligro sospechoso y estúpido.
CAP. 2 – LAS ”FASES” DE DESARROLLO DEL PARTIDO
De las citas que exponemos a continuación, partiendo de las Tesis de Roma de 1922, para llegar a las citas del prefacio a ”In difesa” de 1970, resulta claramente la noción del desarrollo del partido político propia de la escuela marxista revolucionaria. Es la teoría marxista la que ha liquidado el viejo dilema de la humanidad – la separación entre pensamiento y acción, entre teoría y práctica – demostrando que estos términos están estrecha e inseparablemente ligados entre sí en la realidad. En la sociedad humana es la acción la que determina la conciencia y esto también es válido para la clase proletaria, cuya acción está determinada por hechos y exigencias materiales. En el partido de clase, conciencia y acción inseparablemente ligadas y no pueden existir la una sin la otra. La única diferencia es que el órgano partido es susceptible, a diferencia de todos los otros, de acción consciente, o sea la conciencia es premisa de la actuación en el teatro de las luchas sociales.
Estamos en presencia del órgano partido de clase cuando se compendian en la dinámica de un determinado reagrupamiento los tres factores ya descritos en las Tesis de Roma: defender y esculpir la teoría y la doctrina histórica; organización física de un núcleo combatiente; intervención y actividad en la física lucha proletaria. Estas tres tareas están contenidas contemporáneamente en todo momento de la vida del partido, porque son las tareas que definen al partido. La proporción entre las energías que son dedicadas por el partido a cada una de estas tareas puede variar según las épocas históricas y las situaciones objetivas en las que el partido se encuentra para actuar, pero ninguna de ellas es despreciada, al menos en la predisposición del partido incluso cuando una situación absolutamente negativa lo redujese prácticamente a cero. En una situación contrarrevolucionaria como la actual, el 95% de las energías del partido están dedicadas a la restauración de la sana doctrina, y solo el 5% al conjunto de la actividad organizativa y de intervención en las luchas obreras. En una situación de reanudación revolucionaria y de ataque al poder burgués, el porcentaje de energía se invertirá necesariamente y el 95% del mismo estará dedicado a tareas de organización y de intervención en las luchas. Pero esto depende solo y exclusivamente de la situación externa al partido, la cual influye sobre él no solo determinando el perímetro más o menos restringido de la organización, sino también imponiendo una cierta y particular distribución de las energías dentro del órgano. Estos son accidentes históricos, pero el partido no renuncia en ningún campo al desarrollo de todas sus funciones vitales en ningún momento de su vida. Son relaciones cuantitativas entre las diversas manifestaciones de a que no determina el partido, sino la situación externa. Pero desde el punto de vista cualitativo las funciones del partido siguen manteniéndose todas en pie en todos los momentos de su vida. En determinados momentos de la historia el trabajo práctico entre las masas proletarias puede ser, desde un punto de vista inmediato, inexistente, pero la predisposición del órgano partido para realizar este trabajo aprovechando todo resquicio debe existir. Del mismo modo por cuanto se refiere a la organización armada y al trabajo ilegal, cuya necesidad debe estar siempre presente en el partido incluso, si, en la práctica, éste no desarrolla ninguna actividad en este sentido.
De la distribución de las energías del partido en las distintas actividades – trabajo teórico, propaganda, proselitismo, acción sindical, acción armada, etc – nada se debe deducir y nada se debe concluir sobre la naturaleza del partido, porque cualitativamente no cambia nada. Deducir que, puesto que el cien por cien de los efectivos están dedicados a un trabajo teórico, cosa que puede depender solo de condiciones objetivas externas, el partido se encuentra en la ”fase” de preparación teórica, y que es inútil o secundario el trabajo práctico de organización y de penetración en la clase, es blasfemia antimarxista que mata al partido reduciéndolo a un cenáculo de pensadores, que no estaría en condiciones ni siquiera de aprenderse la teoría, porque forma parte de la naturaleza de nuestra teoría la característica de poder ser patrimonio solo de un órgano combatiente y de no poder ser aprendida por vía intelectual por un grupo de ”profesores”. Por ello quien concibe no solo la acción del partido, sino también la de un militante individual, como afirman nuestras tesis, distribuida en ”fases” divididas en el tiempo – primero se aprende la teoría y los principios del movimiento, se leen y se estudian todos los textos marxistas hasta obtener pleno dominio intelectual, sucesivamente se emprende un trabajo para dar una estructura organizativa a los que han ”aprendido”, para transformar a los ”profesores de marxismo” en ”militantes de una organización”, finalmente la organización, armada con la teoría aprendida, se lanza al campo de la acción externa – está fuera de toda la concepción marxista.
Es tesis marxista que las tres manifestaciones de energía o van juntas o no existen. La teoría puede ser ”aprendida”, es vieja tesis marxista, solo por un núcleo organizado e inmerso en la acción práctica. De otro modo no existe ni siquiera aprendizaje, ni clarificación, ni acción de esculpir, porque el aprendizaje de la teoría marxista, arma de batalla del partido, no puede ser un hecho individual y cultural, sino que es un hecho colectivo del órgano partido y se lleva a cabo en el desarrollo coordinado de toda su actividad.
Es por esto que nuestro pequeño núcleo tuvo desde su reconstrucción el derecho de definirse partido comunista. Era y es numéricamente reducidísimo, pero no ha dejado nunca de realizar sus funciones orgánicas: no se ha reducido a un cenáculo de pensadores o de estudiosos, aun siendo el radio de su actividad externa cuantitativamente muy limitado, no ha caído en el activismo y en el inmediatismo característico de todos los grupúsculos gauchistes, ha sabido ligar la fidelidad y la defensa absoluta de la teoría, de los principios y de las experiencias históricas del proletariado al desarrollo de toda la acción práctica posible en esta época de contrarrevolución, sin dejar pasar la ocasión para intervenir incluso en las más limitadas manifestaciones de la lucha obrera de modo organizado y con caracteres de neta distinción respecto a cualquier otro agrupamiento. Es en esta línea coherente, en esta batalla teórica y práctica como se reconoce el partido. Y es sobre esta base segura que el proceder de la crisis capitalista y el retorno del proletariado a la lucha, al menos sobre el terreno económico, aportará al pequeño núcleo de hoy las formaciones de las jóvenes guardias revolucionarias que buscarán de nuevo el arma determinante para lanzarse al campo de la guerra social. A condición de que el partido haya sabido mantener esta continuidad orgánica de programa y de acción.
Más allá de esta concepción del partido no existe más que la muerte. Es completamente absurda la tesis según la cual existe el partido histórico-programa que es defendido por un núcleo de intelectuales y estudiosos; luego existe la ”sociedad de propaganda”; más aún, a condición de darse la adecuada organización, existe el núcleo del partido Es verdaderamente debilitante que similares construcciones mecanicistas e idealistas, que solo se pueden obtener falsificando a Lenin y la tradición de la Izquierda, todavía encuentren el modo de corromper al movimiento obrero.
Si el partido mantiene esta continuidad y esta conexión dialéctica entre las distintas tareas y funciones que forman su vida orgánica, la organización se desarrolla, se diversifica, se estructura, no por voluntad de cualquiera, sino por las necesidades mismas del desarrollo, de la ampliación, de una actividad del partido cada vez más compleja. Se crean nuevos órganos, porque las funciones se complican cada vez más y requieren una estructura adecuada a sus necesidades, porque la actividad del partido apremia requiriendo instrumentos apropiados a su mejor despliegue en todos los campos, no por el motivo infantil de que un día alguien piense que ha llegado la hora de darle por fin estructura organizada al partido y se pone, en su pequeño cerebro, a parir un modelo de organización quizás recopiando las últimas líneas de un Lenin poco leído y poco comprendido, peor citado en compensación de la manera más baja, incluso para resolver el problemilla de la liberación cotidiana de escorias líquidas y sólidas.
El partido, no la sociedad de propaganda o el ”círculo”, se ha formado definitivamente en 1952, cuando ha precisado de manera definitiva sus fundamentos de doctrina, de programa y de táctica (naturaleza, función y táctica; tesis características, etc) y ha comenzado sobre esa base a desarrollar todo el complejo de sus actividades, ninguna excluida. Desde 1952 se ha dado una estructura organizativa adecuada a su extensión numérica y al desarrollo de las actividades que marcaba la temperatura social externa. Esta estructura viene ampliamente descrita en las Tesis de 1965-66. Esta estructura se modificará por cierto llegando a ser más compleja, más estricta, más diferenciada y con caracteres más netos y precisos, pero bajo el impulso de la extensión de la red de los organizados, del desarrollo del trabajo, del crecimiento de la influencia del partido sobre la clase y no por el hermoso descubrimiento de cualquier ”genio inútil” o de cualquier ”congreso soberano” que descubra que no podemos llamarnos partido si no poseemos un tal o cual aparato que le parece haber encontrado descrito en Lenin.
CITAS
119 – Tesis características del partido (Tesis de Florencia) – 1951
II, 4 – Tareas igualmente necesarias del partido antes, durante y después de la lucha armada por la toma del poder son la defensa y la difusión de la teoría del movimiento, la defensa y el reforzamiento de la organización interna con el proselitismo, la propaganda de la teoría y del programa comunista, y la constante actividad en las filas del proletariado dondequiera que éste sea impulsado, por las necesidades y determinaciones económicas, a la lucha por sus intereses.
IV, 4 – Hoy en la plenitud de la depresión, a pesar de restringirse mucho las posibilidades de acción, el partido, siguiendo la tradición revolucionaria, no pretende sin embargo romper la línea histórica de la preparación de una futura reanudación en gran escala del movimiento de clase, que haga suyos todos los resultados de las experiencias pasadas. De la restricción de la actividad práctica no deriva la renuncia a los postulados revolucionarios. El partido reconoce que la restricción de ciertos sectores es cuantitativamente acentuada, pero no por ello cambia el conjunto de los aspectos de su actividad, ni renuncia expresamente a ellos.
7 – Con esta justa valoración revolucionaria de las tareas actuales, el partido – aunque poco numeroso y poco ligado a la masa del proletariado y aunque siempre celoso de la tarea teórica como tarea de primer plano – rechaza absolutamente ser considerado como un círculo de pensadores o de simples estudiosos que buscan nuevas verdades o que han extraviado la verdad de ayer considerándola insuficiente.
9 – Los acontecimientos, no la voluntad o la decisión de los hombres, determinan así incluso el sector de penetración de las grandes masas, limitándolo a una pequeña parte de la actividad total. Sin embargo el partido no pierde ocasión alguna para penetrar en toda fractura, en todo intersticio, sabiendo bien que la reanudación de la acción revolucionaria no tendrá lugar sino después que este sector se haya ampliado grandemente y vuelto dominante.
10 – La aceleración del proceso deriva, además de las profundas causas sociales de las crisis históricas, de la obra de proselitismo y de propaganda con los reducidos medios disponibles.
120 – Consideraciones sobre la orgánica actividad del partido cuando la situación general es históricamente desfavorable – 1965
8 – Dado que el carácter de degeneración del complejo social se concentra en la falsificación y en la destrucción de la teoría y de la sana doctrina, está claro que el pequeño partido de hoy tiene un carácter preeminente de restauración de los principios de valor doctrinal y desdichadamente falta el fondo favorable en que Lenin la cumplió después del desastre de la primera guerra. Sin embargo, no por esto podemos levantar una barrera entre la teoría y la acción práctica, porque después de un cierto límite nos autodestruiremos junto a todas nuestras bases de principio. Reivindicamos por tanto todas las formas de actividad propias de los momentos favorables en la medida en que las relaciones reales de fuerza lo permitan.
9 – Todo esto podría desarrollarse mucho más ampliamente, pero se puede llegar a una conclusión acerca de la estructura organizativa del partido en un pasaje tan difícil. Sería un error fatal verlo como divisible en dos grupos; uno dedicado al estudio y otro a la acción, porque esta distinción es mortal no solo para el cuerpo del partido, sino incluso respecto a un militante individual. El sentido del unitarismo y del centralismo orgánico es el que el partido desarrolla dentro de sírganos aptos para las diversas funciones, que nosotros llamamos propaganda, proselitismo, organización proletaria, trabajo sindical, etc, hasta, llegar mañana, a la organización armada, pero que nada se debe concluir por el número de compañeros que se considera dedicado a tales funciones, porque en principio ningún compañero debe ser ajeno a ninguna de ellas.
Es un accidente histórico que en esta fase puedan parecer demasiados los compañeros dedicados a la teoría y a la historia del movimiento, y pocos los ya preparados para la acción. Sobre todo sería insensato buscar el número dedicado a una y otra manifestación de energía. Todos sabemos que, cuando la situación se radicalice, innumerables elementos se alinearán con nosotros, en una vía inmediata, instintiva y sin el mínimo curso de estudios que pueda imitar calificaciones escolásticas.
121 – Tesis sobre la tarea histórica, la acción y la estructura del partido… (Tesis de Nápoles) – 1965
5 -…Adoptada la vieja consigna que responde a la frase: ”sobre el hilo del tiempo”, nuestro movimiento se dedicó a volver a poner ante los ojos y las mentes del proletariado el valor de los resultados históricos que se habían inscrito en el largo curso de la dolorosa retirada. No se trataba de reducirse a una función de difusión cultural o propaganda de doctrinillas, sino de demostrar que teoría y acción son campos dialécticamente inseparables y que las enseñanzas no son librescas o profesorales, sino que derivan (para evitar la palabra, hoy en manos de los filisteos, de experiencias) de balances dinámicos de choques acaecidos entre fuerzas reales de notable magnitud y extensión, utilizando incluso los casos en que el balance final se ha resuelto, con una derrota de las fuerzas revolucionarias. Es eso que nosotros llamamos con viejo criterio marxista clásico: ”lecciones de las contrarrevoluciones”.
122 – Premisa a ”Tesis después de 1945” – 1970
…Se puede decir que solo en la segunda mitad de 1951 y especialmente a partir de 1952, el partido tomó un rumbo firme y homogéneo, basado en el enlace con las tesis de fondo del periodo de 1920-26 y en el balance dinámico de los veinticinco años sucesivos, que les confería lineamientos aún más netos y ya inconfundibles; y se dio una estructura correspondiente a esta aportación teórica en torno al nuevo quincenal ”Il Programma Comunista”.
El problema central era, sin duda la reproposición de la doctrina marxista, mil veces hollada y desfigurada por la contrarrevolución estalinista, en su integridad; pero este objetivo no podía ser ni fue nunca separado, en doctrina y en la práctica, del esfuerzo constante no solo de propagar nuestras posiciones teóricas y programáticas, sino de ”importarlas”, según la clásica definición de Lenin, dentro de la clase obrera, participando, en los límites de nuestras fuerzas, en sus luchas por objetivos incluso inmediatos y contingentes, y no haciendo nunca del partido, por pequeño que fuese numéricamente, una academia de pensadores, un cenáculo de iluminados, una secta de conspiradores armados de un bagaje inestimable, pero desconocido excepto para los iniciados.
CAP. 3 – PARTIDO Y TERCERA INTERNACIONAL
Las citas que siguen muestran cual ha sido la actitud de la Izquierda hacia la III Internacional y qué lecciones ha extraído el partido de su degeneración y destrucción como obra de la contrarrevolución estalinista. Resultarán claras como hemos individualizado siempre las causas de este proceso degenerativo no solo en el reflujo del movimiento revolucionario internacional – causa determinante a través de la influencia negativa que no podía dejar de ejercer sobre el partido, como siempre la tendrá el desarrollo de los hechos sociales, en cuanto que el partido es el producto del desarrollo de las situaciones, y las situaciones influyen de modo natural sobre él, favoreciendo el camino o a la inversa obstaculizándolo, sino también en las debilidades que históricamente habían distinguido el proceso de formación del nuevo organismo y que, cuando se verificó el reflujo revolucionario, no podían más que pesar sobre la capacidad de reacción del organismo mismo en la situación desfavorable. Estas ”debilidades” orgánicas del organismo III Internacional son identificadas por la Izquierda en los siguientes hechos:
1) – «No obstante se debe decir que, si la restauración de los valores revolucionarios fue grandiosa y completa en lo que respecta a los principios doctrinales, el planteamiento teórico y el problema central del poder del Estado, por el contrario no fue tan completa la sistematización organizativa de la nueva Internacional y el planteamiento de la táctica de ésta y la de los partidos adherentes» (de ”Naturaleza, función y táctica…” – 1945).
2) – «En la situación de la primera posguerra, que se presentaba como objetivamente revolucionaria, la dirección de la Internacional se dejó guiar por la preocupación – por otra parte no carente de motivo – de no encontrarse preparada y con un escaso seguimiento de las masas en caso de estallar un movimiento general europeo que podía conseguir la conquista del poder en algunos de los grandes países capitalistas. Era tan importante para la Internacional leninista la eventualidad de un rápido hundimiento del mundo capitalista, que hoy se comprende como, en la esperanza de poder dirigir masas más amplias en la lucha por la revolución europea, se fuese muy pródigo en aceptar la adhesión de movimientos que no eran verdaderos partidos comunistas y se buscase con la táctica elástica del frente único, tener contacto con las masas que estaban detrás de las jerarquías de partido que oscilaban entre la conservación y la revolución.
Si se hubiese verificado la eventualidad favorable, los reflejos sobre la política y la economía del primer poder proletario en Rusia habrían sido tan sumamente importantes como para permitir el resaneamiento rapidísimo de las organizaciones internacionales y nacionales del movimiento comunista.
Por el contrario, al haberse verificado la eventualidad menos favorable, la del restablecimiento relativo del capitalismo, el proletariado revolucionario debió reemprender la lucha y el camino con un movimiento que, habiendo sacrificado su claro planteamiento político y su homogeneidad de composición y de organización, estaba expuesto a nuevas degeneraciones oportunistas» (de ”Naturaleza, función y táctica…” – 1951).
3) – «Pero el error que abrió las puertas de la III Internacional a la nueva y más grave oleada oportunista no era solamente un error de cálculo de las probabilidades futuras del devenir revolucionario del proletariado; era un error de planteamiento y de interpretación histórica consistente en querer generalizar las experiencias y los métodos del bolchevismo ruso, aplicándolos a los países con una civilización burguesa y capitalista enormemente más avanzada» (de ”Naturaleza, función y táctica…” – 1951).
4) – «Una confusión no menor se originó en la organización interna y se comprometió el resultado del difícil trabajo de selección de los elementos revolucionarios de los oportunistas en los distintos partidos y países. Se creyó que se podían captar nuevos efectivos bien maniobrables por el centro arrancando en bloque sectores izquierdistas en los partidos socialdemócratas. Por el contrario, pasado un primer periodo de formación de la nueva Internacional, ésta debía funcionar establemente como partido mundial y a sus secciones nacionales debían adherirse individualmente nuevos prosélitos. Se quiso ganar a grandes grupos de trabajadores pero, contrariamente se pactó con los jefes desordenando todos los cuadros del movimiento, descomponiéndolos y recomponiéndolos, mediante combinaciones de personas en periodos de lucha activa. Se reconocieron como comunistas a fracciones y células dentro de los partidos socialistas y oportunistas y se llevaron a cabo fusiones organizativas; casi todos los partidos, en vez de estar preparados para la lucha estuvieron en una crisis permanente, actuaron sin continuidad y sin límites definidos entre amigos y enemigos, registrando continuos fracasos en las distintas naciones. La Izquierda reivindica la unicidad y la continuidad organizativa» (”Tesis características del Partido” – 1951).
Sobre estos cuatro puntos, pues, la Internacional mostró debilidades que hicieron posible la reconquista por parte del oportunismo, debilidades que la Izquierda italiana fue la única en identificar desde 1920. Fue la Izquierda italiana la que insistió para que se hicieran más rígidas las condiciones de admisión (1920) y consiguió que se introdujesen en los veintiún puntos algunas de sus precisiones vitales, pero no consiguió que se aprobase la eliminación de las ”particularidades nacionales”, a las que después se agarraron los maximalistas italianos para su juego de falsas adhesiones que la dirección de la Internacional aceptó desde 1921, proponiendo una posible revisión de la irrevocable escisión del PC de Italia (ver ”Moscú y la cuestión italiana”, en ”Rassegna Comunista”, 1921).
Siempre en el II Congreso, la Izquierda también expresó sus dudas sobre las nociones de ”partido fracción de la clase” y de ”centralismo democrático”, no por manía de pureza literaria, sino por los peligros que rezumaba la inadecuación de estas formulaciones. En el mismo II Congreso, la Izquierda se opuso a la táctica del parlamentarismo revolucionario no solo como táctica equivocada para el occidente europeo, sino también en cuanto que esta táctica era incapaz de trazar una línea de demarcación definitiva con los llamados ”comunistas electoralistas”, es decir, con los maximalistas.
En el III Congreso, la Izquierda se opone a la dudosa formulación de ”conquista de la mayoría”, la cual aunque tuviese un sentido preciso y correcto en Lenin y Trotski, presentaba inmensos peligros para los jóvenes partidos comunistas de occidente. Desde 1921, la Izquierda se opone a la práctica de las fusiones, de las agregaciones de partes de otros partidos al partido comunista, que debe ser único y con adhesiones individuales; así se opone también a la práctica del noyautage de fracciones comunistas en otros partidos y exige que se hagan rígidas las normas de organización. En diciembre de 1921 son adoptadas las tesis sobre el frente único, y la Izquierda adelanta las conocidas reservas, aun habiendo sido precisamente la Izquierda la primera en adoptar la táctica del frente único desde abajo en Italia. En el congreso de Roma, en 1922, la Izquierda vota las famosas tesis sobre la táctica en las cuales se reivindica la necesidad para la Internacional de una delimitación y previsión de los medios tácticos, al menos en las grandes líneas y para grandes arcos de tiempo y de espacio con el objetivo de impedir el bandazo que luego se instaurará en la Internacional de las tácticas oscilantes y dictadas exclusivamente por la modificación de las situaciones.
Las Tesis de Roma, propuestas como proyecto para toda la Internacional, serán criticadas y rechazadas por ésta con la acusación de ”abstracción”, ”esquematismo”, ”formalismo”, etc. Por consiguiente, sería absurdo decir que la Izquierda solo ha tenido con la Internacional divergencias secundarias de carácter táctico. La Izquierda ha tenido una divergencia profunda con la Internacional sobre la cuestión de cómo plantear los problemas tácticos en general. Y el hundimiento sucesivo de la Internacional ha confirmado que, mientras ésta había resuelto de manera definitiva los problemas de teoría y de principio, no había podido plantear el problema de la táctica de modo igualmente definitivo y adecuado, y a través de esta brecha que quedó abierta ha podido pasar de nuevo el oportunismo. Nuestras tesis explican claramente las razones materiales e históricas por las que esta sistematización necesaria del problema táctico no fue posible. Sin embargo, es un hecho que la sistematización no se dio a pesar de la continua exigencia de la Izquierda, la cual se atrajo precisamente por esto, por parte de la Internacional, la acusación de doctrinarismo y de abstracción. También sería igualmente inexacto sostener que el partido bolchevique de Rusia intentó siempre y con todas sus fuerzas plantear los problemas de la Internacional de manera coherentemente marxista, pero se encontró frente a sí en occidente con un material que, exceptuada la Izquierda, rechazaba este planteamiento correcto. Es evidente por el contrario que la misma posición del partido bolchevique, obligado a resistir aislado en el poder, influyó sobre el modo en que planteó y resolvió los problemas de la Internacional, modo que estuvo dominado por la imperiosa necesidad de una victoria revolucionaria en occidente a cualquier precio. Por lo que el partido bolchevique fue pues muy generoso aceptando a grupos y fracciones no perfectamente marxistas, abrió algunas vías de agua ya con los veintiún puntos y con la táctica del parlamentarismo revolucionario, las amplió con las oscilaciones tácticas y con una praxis organizativa equivocada, haciendo así más difícil, a su vez, la formación en occidente de verdaderos partidos comunistas.
Los partidos comunistas de occidente, y en particular el alemán y el francés, siguieron estando llenos de reformistas no por el motivo infantil de que ellos se escondiesen en la organización y que el centro de Moscú no fuese capaz de emplear una energía represiva para rechazarles en masa, sino porque los límites de los partidos hacia el exterior se mantuvieron siempre difuminados no en las normas disciplinarias o en los exámenes de admisión individual, sino en los campos vitales de la táctica y de las normas de organización; y se mantuvieron tales e incluso se difuminaron cada vez más porque la dirección de la Internacional se jugaba todas sus cartas a una victoria cercana en Alemania y, para tener un partido que fuese capaz de dirigir al proletariado insurrecto, amplió las mallas de la organización. Las amplió no olvidándose de verificar cada adhesión individual, y de obligar a hacer a los militantes individuales el rígido curriculum – lector, oyente, simpatizante, camarada (modo en que la rigidez organizativa podría ser entendida al máximo por grupos tipo ”Lotta Comunista”) – sino yendo menos a la regla de las mismas adhesiones individuales, admitiendo las particularidades nacionales, chalaneando fusiones e infiltraciones en otros grupos, abriendo las puertas a conocidos derechistas y centristas con tal de que tuviesen una influencia en las masas proletarias, y finalmente, dejando en blanco la página de las normas tácticas. Esta praxis en verdad hizo que, con el reflujo del movimiento revolucionario, se volviese a encontrar con partidos que no habían conseguido desarrollarse en sentido comunista, sino que todavía estaban empapados de mentalidad socialdemócrata e incluso parlamentaria.
Volvemos así a nuestra correcta formulación de las cuestiones de organización. Nuestras tesis no hablan en ningún punto de una ausente caza a los hechiceros socialdemócratas anidados en los partidos comunistas como factor de debilidad de la Internacional. Los socialdemócratas podían ”esconderse” en los partidos comunistas, porque la Internacional no había roto definitivamente con la praxis parlamentaria, porque admitía las fusiones y los bloques, porque rechazaba una delimitación rígida de las normas tácticas, y no porque no había bastantes ”inspectores” para enviarlos a ”controlar” las secciones. Si la fisonomía organizativa y táctica de los partidos comunistas hubiese sido más clara y tajante, los socialdemócratas anidados en la organización habrían saltado ”orgánicamente” fuera por sí mismos y ”orgánicamente” se habrían marchado. Si esta precisión en el campo no disciplinario, sino táctico y organizativo, no era posible era vano encontrar remedio en su ausencia con un endurecimiento de las normas disciplinarias, de las penalizaciones y de las expulsiones. Esta es la batalla de la Izquierda.
CITAS
123 – Tesis de la Izquierda al III Congreso del PC de Italia (Tesis de Lyon) – 1926
II, 1 – Con la constitución de la Internacional Comunista, la crisis de la II Internacional, determinada por la guerra mundial, ha tenido una solución completa y definitiva desde el punto de vista de la restauración de la doctrina revolucionaria, mientras que, desde el punto de vista organizativo y táctico, la formación del Comintern constituye una gran conquista histórica, pero no ha dado a la crisis del movimiento proletario una solución igualmente completa.
El factor fundamental para la formación de la nueva Internacional ha sido la revolución rusa, primera victoria gloriosa del proletariado mundial. Respecto a los problemas tácticos, y debido a las condiciones sociales de Rusia, la revolución rusa no ha dado el tipo histórico general para las revoluciones de los otros países bajo el aspecto de los problemas tácticos. En dicho país, en el paso que va del poder feudal autocrático a la dictadura proletaria, no existió una época de dominio político de la clase burguesa con su aparato estatal exclusivo y estable.
Precisamente por esto, la confirmación histórica de la concepción del programa marxista ha tenido en la revolución rusa su alcance más grandioso, y ha servido poderosamente para derrotar al revisionismo socialdemócrata en el terreno de los principios. Pero en el terreno organizativo, la lucha contra la Segunda Internacional, parte integrante de la lucha contra el capitalismo mundial, no ha tenido un éxito igualmente decisivo, y han sido cometidos múltiples errores por los cuales los partidos comunistas no han alcanzado la eficiencia que las condiciones objetivas les hubieran permitido.
Otro tanto debe decirse en el terreno táctico, en el cual han sido resueltos y se resuelven hoy insuficientemente muchos problemas propios del tablero en el que figuran la burguesía, el Estado burgués parlamentario moderno con un aparato históricamente estable y el proletariado; y no siempre los partidos comunistas han obtenido cuanto era posible a los efectos del avance del proletariado contra el capitalismo y de la liquidación de los partidos socialdemócratas, órganos políticos de la contrarrevolución burguesa.
II, 4 – En la fundación del Comintern tuvo mucho peso la consideración de la urgencia de una vasta concentración de fuerzas revolucionarias, previéndose entonces un desarrollo mucho más rápido de las situaciones objetivas. Sin embargo, se ha podido constatar que hubiera sido más conveniente proceder con mayor rigor en los criterios de organización. A los efectos de la formación de los partidos o de la conquista de las masas, los resultados no han sido favorecidos ni por las concesiones a grupos sindicalistas o anarquistas, ni por pequeñas transacciones admitidas sobre las 21 condiciones con los centristas, ni por las fusiones orgánicas con partidos y fracciones de partidos obtenidas con el noyautage político, ni por tolerar la doble organización comunista en ciertos países con los partidos simpatizantes. La consigna de la organización de los partidos sobre la base de las células, lanzada después del V Congreso, no logra su objetivo que era el de eliminar los defectos unánimemente constatados en las secciones de la Internacional.
III, 4 – El Congreso de Roma (marzo de 1922) puso de manifiesto una divergencia teórica entre la Izquierda italiana y la mayoría de la Internacional, la cual fue muy mal expresada en un principio por nuestras delegaciones en el III Congreso y en el Ejecutivo Ampliado de febrero de 1922. Estas, especialmente en la primera ocasión, cometieron errores efectivos en un sentido infantilista. Las Tesis de Roma fueron la feliz liquidación teórica y política de todo peligro oportunista de izquierda en el partido italiano.
En la práctica del partido, la única divergencia con la Internacional se había manifestado a propósito de la táctica hacia los maximalistas, pero dicha divergencia parecía superada con los resultados unitarios del Congreso socialista de octubre de 1921.
Las Tesis de Roma fueron aprobadas como contribución del partido a las decisiones de la Internacional y no como la línea de acción inmediata; el Centro del partido lo confirmó en el Ejecutivo Ampliado de 1922 y no se abrió la discusión teórica precisamente por disciplina y por decisión de ésta.
No obstante, en agosto de 1922, la Internacional no interpretó la situación como lo hizo el Centro del partido, sino que consideró que la situación italiana era inestable debido al debilitamiento de la resistencia del Estado, y pensó reforzar el partido sobre la base de la fusión con los maximalistas, considerando como factor decisivo la escisión entre maximalistas y unitarios, y no las enseñanzas que el partido extraía de la vasta maniobra de la huelga de agosto.
Desde ese momento las dos líneas políticas divergen definitivamente. En el IV Congreso Mundial (diciembre de 1922) el viejo Centro del partido se opuso a la tesis que prevaleció en el. Al retornar los delegados a Italia, delegó unánimemente la responsabilidad de la fusión confiándola a una Comisión, pero conservando naturalmente sus propias funciones administrativas. Se produjeron entonces los arrestos de febrero de 1923 y la gran ofensiva contra el partido. Finalmente, en el Ejecutivo Ampliado de junio de 1923 se depuso al viejo ejecutivo y se lo sustituyó por otro totalmente diferente. Ante esta situación, las dimisiones de una parte de los miembros del Centro del partido fueron una simple consecuencia lógica. En mayo de 1924, una conferencia consultiva del partido daba todavía a la izquierda una aplastante mayoría contra el centro y la derecha, y así se llegó en 1924 al V Congreso mundial.
124 – Naturaleza, función y táctica del partido revolucionario de la clase obrera – 1947
…Contra esta dirección desastrosa para el movimiento obrero, reaccionó a través de la revolución rusa, la III Internacional. No obstante debe decirse que, si bien la restauración de los valores revolucionarios fue grandiosa y completa en lo que respecta a los principios doctrinales, el planteamiento teórico y el problema central del poder del Estado, no fue igualmente completa la sistematización organizativa de la nueva Internacional y el planteamiento de la táctica de ésta y de los partidos adherentes.
La crítica a los oportunistas de la II Internacional fue ciertamente completa y decisiva no solo en cuanto a su abandono total de los principios marxistas, sino también en cuanto a su táctica de coalición y de colaboración con gobiernos y partidos burgueses.
Se puso en evidencia que la dirección particular y contingente dada a los viejos partidos socialistas no había llevado a asegurar totalmente a los trabajadores pequeños beneficios y mejoras materiales a cambio de renunciar a preparar y llevar a cabo el ataque integral contra las instituciones y el poder burgués, sino que había conducido, comprometiendo ambos resultados, el mínimo y el máximo, a una situación peor, o sea a utilizar las organizaciones, las fuerzas, la combatividad, las personas y las vidas de los proletarios para realizar objetivos que no eran los objetivos políticos e históricos de su clase, y que conducían al reforzamiento del imperialismo capitalista. Este había superado en la guerra, al menos durante una fase histórica completa, la amenaza ínsita en las contradicciones de su mecanismo productivo, y había superado la crisis política determinada por la guerra y por sus repercusiones con el sometimiento de los encuadramientos sindicales y políticos de la clase adversaria a través del método político de las coaliciones nacionales.
Esto equivalía, según la crítica del leninismo, a desnaturalizar completamente el papel y la función del partido proletario de clase que no es la de la salvar de peligros denunciados la patria burguesa o las instituciones de la así llamada libertad burguesa, sino la de tener alineadas las fuerzas obreras sobre la línea de la dirección histórica general del movimiento, que debe culminar en la conquista total del poder político, abatiendo al Estado burgués.
Se trataba, nada más terminar la guerra, cuando eran desfavorables las así llamadas condiciones subjetivas de la revolución (o sea la eficacia de la organización y de los partidos del proletariado) pero eran favorables las condiciones objetivas, debido a la manifestación de la crisis del mundo burgués en toda su magnitud, se trataba pues de reparar la primera deficiencia con una rápida reorganización de la Internacional revolucionaria.
El proceso estuvo dominado, no podía ser de otra manera, por el grandioso acontecimiento histórico de la primera victoria revolucionaria obrera en Rusia, que había permitido reponer a plena luz las grandes directrices comunistas. Se quiso trazar sin embargo la táctica de los partidos comunistas, que en los otros países agrupaban a grupos socialistas contrarios al oportunismo bélico, imitando directamente la táctica aplicada victoriosamente en Rusia por el partido bolchevique en la conquista del poder, a través de la histórica lucha de febrero a noviembre de 1917.
Esta aplicación dio lugar desde un primer momento a importantes debates acerca de los métodos tácticos de la Internacional, y especialmente sobre el del frente único, consistente en invitaciones dirigidas frecuentemente a los otros partidos proletarios y socialistas para llevar a cabo una agitación y una acción comunes y con la finalidad de poner en evidencia lo inadecuado que era el método de esos partidos y alejar en beneficio de los comunistas su tradicional influencia sobre las masas.
En efecto, a pesar de las abiertas advertencias de la Izquierda italiana y de otros grupos de oposición, los jefes de la Internacional no se dieron cuenta de que esta táctica del frente único, empujando a las organizaciones revolucionarias junto a las socialdemócratas, socialpatriotas, oportunistas, de las cuales se habían separado recientemente oponiéndose irreductiblemente, no solo habría desorientado a las masas, haciendo imposibles las ventajas que se esperaban de esa táctica, sino que además habría – lo que era más grave – contaminado a los mismos partidos revolucionarios. Es cierto que el partido revolucionario es el mejor factor de la historia y el menos vinculado, pero no deja de ser igualmente un producto de la misma y sufre cambios y desplazamientos cuando se modifican las fuerzas sociales. No puede pensarse que el problema táctico es un manejo voluntario de un arma que, dirigida en cualquier dirección, sigue siendo la misma; la táctica del partido influencia y modifica al partido mismo. Si también ninguna táctica puede ser condenada en nombre de dogmas aprioristas, toda táctica debe ser analizada preventivamente y discutida a la luz de una cuestión como esta: ¿al ganar una mayor influencia eventual del partido sobre las masas, no se comprometerá el carácter del partido y su capacidad para guiar a las masas hasta el objetivo final?
La adopción de la táctica del frente único por parte de la III Internacional significaba, en realidad, que también la Internacional Comunista se colocaba sobre la vía del oportunismo, que había conducido a la II Internacional a la derrota y a la liquidación. Una característica de la táctica oportunista había sido el sacrificio de la victoria final y total a los éxitos parciales contingentes; la táctica del frente único se revela también como oportunista, precisamente porque también sacrificaba la primera e insustituible garantía de la victoria total y final (la capacidad revolucionaria del partido de clase) a la acción contingente que habría debido asegurar ventajas momentáneas y parciales al proletariado (el aumento de la influencia del partido sobre las masas, y una mayor compacidad del proletariado en la lucha por la mejora gradual de sus condiciones materiales y por el mantenimiento de eventuales conquistas alcanzadas).
En la situación de la primera posguerra, que se presentaba como objetivamente revolucionaria, la dirección de la Internacional se dejó guiar por la preocupación – por otra parte no carente de motivo – de no encontrarse preparada y con un escaso seguimiento de las masas en caso de estallar un movimiento general europeo que podía conseguir la conquista del poder en algunos de los grandes países capitalistas. Era tan importante para la Internacional leninista la eventualidad de un rápido hundimiento del mundo capitalista, que hoy se comprende como, en la esperanza de poder dirigir masas más amplias en la lucha por la revolución europea, se fuese muy pródigo en aceptar la adhesión de movimientos que no eran verdaderos partidos comunistas y se buscase con la táctica elástica del frente único, tener contacto con las masas que estaban detrás de las jerarquías de partido que oscilaban entre la conservación y la revolución.
Si se hubiese verificado la eventualidad favorable, los reflejos sobre la política y la economía del primer poder proletario en Rusia habrían sido tan sumamente importantes como para permitir el resaneamiento rapidísimo de las organizaciones internacionales y nacionales del movimiento comunista.
Por el contrario, al haberse verificado la eventualidad menos favorable, la del restablecimiento relativo del capitalismo, el proletariado revolucionario debió reemprender la lucha y el camino con un movimiento que, habiendo sacrificado su claro planteamiento político y su homogeneidad de composición y de organización, estaba expuesto a nuevas degeneraciones oportunistas.
Pero el error que abrió las puertas de la III Internacional a la nueva y más grave oleada oportunista no era solamente un error de cálculo de las probabilidades futuras del devenir revolucionario del proletariado; era un error de planteamiento y de interpretación histórica consistente en querer generalizar las experiencias y los métodos del bolchevismo ruso, aplicándolos a los países con una civilización burguesa y capitalista enormemente más avanzada. La Rusia anterior a febrero de 1917 era todavía una Rusia feudal en la que las fuerzas productivas capitalistas estaban oprimidas bajo los grilletes de las relaciones de producción antiguas: era obvio que en esta situación, análoga a la de Francia en 1789 y Alemania en 1848, el partido político proletario debía combatir contra el zarismo incluso si hubiese sido imposible evitar que tras su derrocamiento se estableciese un régimen burgués capitalista; y era por consiguiente igualmente obvio que el partido bolchevique podía acceder a tener contactos con otras agrupaciones políticas, contactos que se habían vuelto necesarios en la lucha contra el zarismo. Entre febrero y octubre de 1917, el partido bolchevique reencontró las condiciones objetivas favorables para un esquema más vasto: el de injertar sobre el abatimiento del zarismo la ulterior conquista revolucionaria proletaria. En consecuencia, hizo más rígidas sus posiciones tácticas, asumiendo posiciones de lucha abierta y despiadada contra todas las demás formaciones políticas, desde los reaccionarios defensores de un retorno zarista y feudal, a los socialistas revolucionarios y a los mencheviques. Pero el hecho de que pudiera temerse un efectivo retorno reaccionario del feudalismo absolutista y teocrático, y el hecho de que las formaciones estatales y políticas de la burguesía o influenciadas por ella, en esa situación extremadamente fluida e inestable, no tuviesen aún ninguna solidez y capacidad de atracción y absorbencia de la fuerzas autónomas proletarias, pusieron al partido bolchevique en condiciones de poder aceptar contacto y acuerdos provisionales con otras organizaciones que tuviesen un seguimiento obrero, como acaeció en el episodio de Kornilov.
El partido bolchevique, realizando el frente único contra Kornilov, luchaba en realidad contra un efectivo retorno reaccionario feudal y, además, no tenía que temer una mayor solidez de las organizaciones mencheviques y socialistas revolucionarias, que hiciese posible la influencia de éstas, ni un grado de solidez y de consistencia del poder estatal que le consintiese a este último obtener una ventaja de la alianza contingente con los bolcheviques para después volverse contra ellos.
La situación y las relaciones de fuerza en los países con una avanzada civilización burguesa eran completamente distintas. En estos países no se planteaba ya (y con mayor razón no se plantea hoy) la perspectiva de un retorno reaccionario del feudalismo, y por tanto quedaba excluido totalmente el objetivo de eventuales acciones comunes con otros partidos. Además, en estos países el poder estatal y los agrupamientos burgueses estaban tan consolidados en el éxito y en la tradición del dominio, que se debía prever bien que las organizaciones autónomas del proletariado, empujadas a contactos frecuentes y estrechos con la táctica del frente único, habrían estado expuestas a una casi inevitable influencia y absorción por parte de ellos.
El haber ignorado esta profunda diferencia de situaciones, y el haber querido aplicar en los países avanzados los métodos tácticos bolcheviques, adaptados a la situación del naciente régimen burgués en Rusia, ha llevado a la Internacional Comunista a una serie siempre creciente de desastres, y finalmente a su ignominiosa liquidación.
La táctica del frente único fue llevada hasta el punto de dar consignas distintas de las programáticas del partido sobre el problema del Estado, sosteniendo la petición y la actuación de gobiernos obreros, y por lo tanto de gobiernos formados por representaciones mixtas comunistas y socialdemócratas, las cuales llegaron al poder a través de las vías parlamentarias normales sin romper violentamente el aparato estatal burgués. Esta consigna del Gobierno Obrero fue presentada en el V Congreso de la Internacional Comunista como corolario lógico y natural de la táctica del frente único; y se aplicó en Alemania obteniendo como resultado una severa derrota del proletariado alemán y de su partido comunista.
125 – Tesis características (Tesis de Florencia) – 1951
III, 6 – La III Internacional surge sobre la base del doble dato histórico de la lucha contra la socialdemocracia y contra el socialpatriotismo.
No solo en toda la Internacional proletaria no se hacen alianzas con otros partidos para la gestión del poder parlamentario, sino que, además, se niega que el poder pueda conquistarse por vías legales, incluso de manera ”intransigente” y solo por el partido proletario, y se remacha, sobre las ruinas del periodo pacífico del capitalismo, la necesidad de la violencia armada y de la dictadura.
No solo no se hacen alianzas con los gobiernos en guerra, ni siquiera ”de defensa”, y se mantiene, incluso en la guerra, una oposición de clase, sino que además, se intenta en todos los países la acción derrotista en la retaguardia para transformar la guerra imperialista de los Estados en guerra civil de las clases.
7 – La reacción a la primera oleada de oportunismo había sido la fórmula: ninguna alianza electoral, parlamentaria y ministerial para obtener reformas.
La reacción a la segunda oleada fue la otra fórmula táctica: ninguna alianza de guerra (desde 1871) con el Estado y la burguesía.
La tardía eficacia de las reacciones impidió que se aprovechase del viraje y hundimiento de 1914-18 para entablar en todas partes victoriosamente la lucha por el derrotismo de guerra y por la destrucción del Estado burgués.
8 – La única y grandiosa excepción histórica es la victoria de Octubre de 1917 en Rusia. Rusia era el único gran Estado europeo regido aún por un poder feudal, y con escasa penetración de las formas capitalistas de producción. En Rusia existía un partido no numeroso, pero tradicionalmente firme sobre la justa línea de la doctrina marxista, que se opuso en la Internacional a las dos oleadas oportunistas y, al mismo tiempo, estuvo a la altura de plantear, desde las pruebas grandiosas de 1905, los problemas de la inserción de dos revoluciones: la burguesa y la proletaria.
Este partido lucha en febrero de 1917 con los otros contra el zarismo e, inmediatamente después, no solo contra los partidos burgueses liberales, sino contra los partidos proletarios oportunistas, y consigue derrotarlos a todos. Él desempeña además el papel central en la reconstitución de la Internacional revolucionaria.
11 – Tan pronto quedó claro que la sociedad burguesa se consolidaba después de la grave conmoción de la primera guerra mundial, y que los partidos comunistas no lograban la victoria a no ser en tentativas rápidamente reprimidas, la misma evidencia de la imperiosa necesidad de acelerar la conquista del poder en Europa para evitar que se tuviese en el curso de pocos años o la caída violenta del Estado soviético o su degeneración en Estado capitalista, llevó a preguntarse qué maniobra adoptar para conjurar el hecho de que considerables estratos proletarios siguiesen aún bajo las influencias socialdemócratas y oportunistas.
Dos métodos se contrapusieron: el de considerar a los partidos de la Segunda Internacional, que realizaban abiertamente una campaña despiadada tanto contra el programa comunista como contra la Rusia revolucionaria, como enemigos declarados, luchando contra ellos como parte integrante del frente burgués de clase, y como la más peligrosa; y el de recurrir a expedientes capaces de desplazar en beneficio del partido comunista la influencia de los partidos socialdemócratas sobre las masas, por medio de ”maniobras” estratégico-tácticas.
12 – Para avalorar este último método se utilizaron erróneamente las experiencias de la política bolchevique en Rusia, saliéndose de la justa línea histórica. Las proposiciones de alianzas a otros partidos, pequeñoburgueses y hasta burgueses, estaban fundadas en la situación en la cual el poder zarista ponía a todos aquellos movimientos fuera de la ley y los forzaba a luchar insurreccionalmente. En Europa no era posible proponer acciones comunes, aunque fuese con propósito de maniobra, más que en el plano legalitario, ya fuese parlamentario o sindical. En Rusia, la experiencia de un parlamentarismo liberal había sido brevísima en 1905 y en los pocos meses de 1917, como asimismo la de un sindicalismo admitido por la ley; en el resto de Europa, medio siglo de degeneración había hecho de estos campos el terreno propicio para el adormecimiento de toda energía revolucionaria y para el avasallamiento de los jefes proletarios a la burguesía. La garantía consistente en la firmeza de organización y de principio del partido bolchevique era una cosa diversa de la garantía dada por la existencia del poder estatal proletario en Rusia, que, debido a las propias condiciones sociales y a las relaciones internacionales, era el más expuesto, como la historia lo demostró, a ser arrastrado a la renuncia de los principios y de las directivas revolucionarias…
14 – La experiencia del método táctico seguido por la Internacional de 1921 a 1926 fue negativa, y a pesar de ello, en cada congreso (III, IV, V y Ejecutivo Ampliado de 1926), se dieron versiones cada vez más oportunistas del mismo. El método se basaba en la regla: cambiar la táctica según el examen de las situaciones. Cada seis meses se descubrían con pretendidos análisis nuevas etapas del curso del capitalismo, pretendiendo remediarlas recurriendo a nuevas maniobras. En el fondo, en esto reside el revisionismo, quien siempre ha sido ”voluntarista”, o sea, cuando ha constatado que las previsiones sobre el advenimiento del socialismo no se habían verificado aún, ha pensado en forzar la historia con una nueva praxis, pero con ello ha cesado también de luchar por el propio objetivo proletario y socialista de nuestro programa máximo. La situación excluye en adelante la posibilidad de insurrección, dijeron los reformistas en 1900; es nihilismo esperar lo imposible: trabajemos para las posibilidades concretas, elecciones y reformas legales, conquistas sindicales. Cuando tal método falló, el voluntarismo de los sindicalistas reaccionó, imputando la culpa al método político y al partido político, y preconizó el esfuerzo de audaces minorías en la huelga general conducida exclusivamente por los sindicatos para obtener un cambio radical. De un modo no diverso, cuando se vio que el proletariado occidental no se lanzaba a la lucha por la dictadura, se quiso recurrir a sucedáneos para remediar la situación. Sucedió que, pasado el momento de desequilibrio de las fuerzas capitalistas, la situación objetiva y la relación de fuerzas no cambiaron, mientras que el movimiento fue debilitándose y después corrompiéndose tal como había sucedido con los apresurados revisionistas de derecha y de izquierda del marxismo revolucionario que habían terminado al servicio de la burguesía en las uniones de guerra. Fue saboteada la preparación teórica y la restauración de los principios cuando se indujo a la confusión entre el programa de la conquista del poder total para el proletariado y el advenimiento de gobiernos ”afines” mediante el apoyo y la participación parlamentaria y ministerial de los comunistas: en Turingia y Sajonia tal experiencia terminó en una farsa, bastando dos policías para despachar al jefe comunista del gobierno.
15 – No fue menor la confusión acarreada en la organización interna, y se comprometió el resultado del difícil trabajo de selección de los elementos revolucionarios y de su separación de los oportunistas en los diversos partidos y países. Se creyó conseguir nuevos efectivos, fácilmente maniobrables por el centro, arrancando en bloque las alas izquierdas a los partidos socialdemócratas. Por el contrario, pasado un primer periodo de formación de la nueva Internacional, ésta debía funcionar de manera estable como partido mundial, y los nuevos prosélitos adherirse individualmente a sus secciones nacionales. Se quisieron ganar fuertes grupos de trabajadores, pero en lugar de esto se pactó con los jefes, desordenando todos los cuadros del movimiento, descomponiéndolos y recomponiéndolos mediante combinaciones de personas en periodos de lucha activa. Se reconocieron como comunistas a fracciones y a células en el seno de partidos socialistas y oportunistas, y se practicaron fusiones organizativas: casi todos los partidos, en vez de tornarse aptos para la lucha, fueron así mantenidos en un estado de crisis permanente, actuaron sin continuidad y sin límites definidos entre amigos y enemigos, y registraron continuos fracasos en las diversas naciones. La Izquierda reivindica la unicidad y la continuidad organizativa.
126 – Consideraciones sobre la orgánica actividad del partido cuando la situación general es históricamente desfavorable – 1965
14 -…A falta incluso de este riesgo histórico de salvar si no la revolución al menos el nervio de su partido histórico, hoy se ha vuelto a comenzar en una situación objetiva turbia y sorda, en medio de un proletariado infectado de democratismo pequeño burgués hasta la médula; pero el naciente organismo, utilizando toda la tradición doctrinal y de praxis remachada por la verificación histórica de tempestivas previsiones, la aplica también a su acción cotidiana persiguiendo la reanudación de un contacto cada vez más amplio con las masas explotadas, y elimina de la propia estructura uno de los errores de partida de la Internacional de Moscú, liquidando la tesis del centralismo democrático y la aplicación de toda máquina de voto, como ha eliminado de la ideología hasta del último adherente toda concesión a encaminamientos democratoides, pacifistas, autonomistas y libertarios.
127 – Tesis sobre la tarea histórica, la acción y la estructura del partido comunista mundial, según las posiciones que desde hace más de medio siglo forman el patrimonio histórico de la Izquierda comunista-julio 1965 (Tesis de Nápoles)
3. Por lo que respecta al periodo sucesivo de vida de la nueva Internacional forma patrimonio inolvidable de la Izquierda Comunista la justa diagnosis teórica y previsión histórica de nuevos peligros oportunistas que se delineaban en el proceso de vida de los primeros años de la nueva Internacional. Tal punto está desarrollado, para evitar teoricismos pesados con método histórico. Las primeras manifestaciones denunciadas y opuestas por la izquierda se verificaron en la táctica a propósito de las relaciones a establecer con los viejos partidos socialistas de la II Internacional, de los que los comunistas se habían dividido organizativamente con las escisiones, y consecuentemente aún con medidas equivocadas en materia de estructura organizativa. El III Congreso había constatado justamente que no era suficiente (ya en 1921 se podía prever que la gran oleada revolucionaria, que siguió a la finalización de la guerra en 1918 se iba enfriando y que el capitalismo habría intentado contraofensivas ya sea en el campo económico como en el político, haber formado partidos comunistas estrechamente empeñados con el programa de la acción violenta, de la dictadura proletaria y el Estado comunista, si una amplia parte de las masas proletarias, permanecía accesible a las influencias de los partidos oportunistas, por todos nosotros considerados entonces como los peores instrumentos de la contrarrevolución burguesa y que tenían las manos manchadas de sangre de Carlos y de Rosa. No obstante, la Izquierda Comunista no aceptó la fórmula de que fuese condición indispensable para la acción revolucionaria (condenable como iniciativa blanquista de pequeños partidos) la conquista de la ”mayoría” del proletariado (por otro lado no se supo jamás si se trataba del verdadero proletariado asalariado o del ”pueblo”, incluyendo campesinos propietarios y microcapitalistas, artesanos y cualquier otro pequeño burgués). Tal fórmula de la mayoría con su sabor democrático despertaba una primera alarma, desdichadamente verificada por la historia, que el oportunismo pudiese renacer introducido bajo la acostumbrada bandera del homenaje a los conceptos mortíferos de democracia y de recuento electoral.
Desde el IV Congreso, finales de 1922, en adelante, la previsión pesimista y la vigorosa lucha de la izquierda prosiguen denunciando las táctica peligrosas (frente único entre partidos comunistas y socialistas, consigna del ”gobierno obrero”) y los errores organizativos (por los cuales se querían ampliar los partidos no solo con la llegada de proletarios que abandonasen a los otros partidos con programa, acción y estructura socialdemócrata, sino confusiones que aceptasen partidos enteros y porciones de partidos junto a pactos con sus estados mayores, e incluso con la admisión como secciones nacionales del Comintern a los pretendidos partidos ”simpatizantes” lo que era claro error en el sentido federalista. En una tercera dirección, la Izquierda denuncia desde entonces y cada vez más vigorosamente, en los años sucesivos la ampliación del peligro oportunista: este tercer argumento es el método de trabajo interno de la Internacional, con el que el centro representado por el Comité Ejecutivo de Moscú usa con los partidos, o ya sea con partes de partidos que han incurrido en errores políticos, métodos no solo de ”terror ideológico”, sino sobre todo de presión organizativa, lo que constituye una equivocada aplicación y poco a poco una falsificación total de los justos principios de la centralización y de la disciplina sin excepciones…
10 – Volviendo a la historia de los primeros años de la Internacional Comunista, recordaremos que los dirigentes rusos de ésta, los que tenían detrás de sí lo un conocimiento profundo de la doctrina y de la historia marxista, sino también el resultado grandioso de la victoria revolucionaria de Octubre, concebían tesis como las de Lenin como material que debiese ser aceptado por todos, aun reconociendo que en la vida del partido Internacional se habría desarrollado una elaboración ulterior. Ellos requirieron que no se votase nunca porque todo iba aceptado con adhesión unánime y espontáneamente confirmada por toda la periferia de la organización, que en aquellos años gloriosos vivía una atmósfera de entusiasmo e incluso de triunfo.
La Izquierda no disentía de estas generosas aspiraciones, pero consideró que, para alcanzar los desarrollos que todos soñábamos, habría sido necesario hacer más rigurosas y rígidas ciertas medidas de organización y de constitución del Partido Comunista único, y precisar en el mismo sentido todas las normas de su táctica.
Cuando se delineó que un cierto relajamiento en estos terrenos vitales, denunciados por nosotros ante el mismo gran Lenin, comenzaba a producir efectos dañosos, fuimos obligados a contraponer relaciones a relaciones y tesis a tesis.
A diferencia de otros grupos de oposición, de los mismos que se formaban en Rusia y de la misma corriente trotskista, nosotros evitamos siempre con cuidado dar a nuestro trabajo interno en la Internacional la forma de una reivindicación de consultas democráticas y electivas por toda la base, o de reclamar elecciones generales de los comités directivos…
En los primerísimos años la Izquierda esperó que las concesiones organizativas y tácticas hallasen explicación en la fecundidad del momento histórico y tuviesen valor solo temporal, en cuanto la perspectiva de Lenin esperaba grandes revoluciones en Europa Central y quizás Occidental, y después de estas la línea habría retornado a aquella integral y luminosa en consonancia con los principios vitales; pero poco a poco esta esperanza era sustituida cada vez más por la certeza de que se habría ido hacia la ruina oportunista, – que no podía dejar de tomar sus formas clásicas de una perspectiva magnificadora y de una exaltación de la intriga democrática y electoral – más que nunca la Izquierda condujo su defensa histórica sin menoscabar la propia desconfianza contra el mecanismo democrático.
CAP. 4 – CENTRALISMO DEMOCRÁTICO Y CENTRALISMO ORGÁNICO
Las citas que hemos expuesto demuestran la evidencia de que la diferencia entre centralismo democrático y centralismo orgánico es todo lo contrario que ”terminológica”. Hoy se suele afirmar que en el partido «el centralismo democrático y el centralismo orgánico son la misma cosa», que nosotros «proponíamos llamar orgánico al centralismo para mayor precisión de términos», que, en el fondo, todo se reduce a la reivindicación del «centralismo sin adjetivos». El centralismo orgánico significaría solamente que tenemos necesidad, dado que estamos en el ambiente del capitalismo putrefacto, de un centralismo aún más rígido del que tuvo el partido bolchevique. Y la necesidad de un centralismo ”más rígido” habría dictado nuestra posición sobre la eliminación de los mecanismos democráticos de consultas internas. En síntesis, las cosas estarían de este modo: centralismo democrático significa un centralismo menos completo, porque viene cuestionado por las necesidades de la consulta periódica de la base; centralismo orgánico significaría ”centralismo absoluto” en cuanto que ya no se consulta a nadie, y todas las decisiones sin discusión quedan en manos del centro dirigente con poderes absolutos. En definitiva: centralismo democrático – mecanismos democráticos = centralismo orgánico. Quedaría por explicar por qué los partidos de la II Internacional utilizaron mecanismos de democracia interna, mientras que nosotros podemos hacer la sustracción de más arriba. Es evidente que la razón debe residir en una dinámica distinta, como el modo de moverse, de vivir, de desarrollarse de los partidos de la II Internacional respecto al nuestro y a la misma III Internacional; por lo que mientras los bolcheviques, supongamos de 1903 o de 1905, estaban obligados a teorizar la fórmula ”centralismo democrático” y a adoptar en la organización mecanismos de democracia electiva, nosotros podemos decir hoy que en nuestro partido se queda fuera para siempre, después de haber augurado que se quedase fuera también en la Internacional Comunista.
Una primera distinción bien plasmada en todas nuestras tesis se impone: aquella entre ”valor de principio” a dar a los mecanismos de democracia y utilización necesaria por parte del partido en una determinada época histórica. Lenin, lo hemos remachado siempre, no le ha atribuido nunca ningún valor de principio a la democracia dentro o fuera del partido; aún más, cada vez que ha sido posible o necesario no ha dudado en hollarla y en violarla, pero ha estado obligado a utilizarla con todo su instrumental estatutario, formalista, burocrático, como ”mecanismo accidental” para la construcción de la organización de partido. Nosotros, no solo no le hemos atribuido nunca ningún valor de principio, sino que también la hemos eliminado para siempre con todo su cortejo en cuanto instrumento útil para la construcción organizativa. En 1920 proponíamos que no se dijese que era nuestro principio el ”centralismo democrático”, porque la democracia no puede ser un principio para nosotros, mientras que el centralismo sin duda lo es.
La fórmula habría debido ser: centralismo que también puede utilizar como mecanismo útil prácticamente el mecanismo democrático. En 1965 hemos definido que no solo no queremos el principio de democracia, sino que no consideramos útiles ni siquiera sus mecanismos y los rechazamos para siempre. No se trata por tanto de contraponer un centralismo más rigido a un centralismo menos rígido para llegar a la aberrante conclusión de que, orgánico o no, estamos por el centralismo cualquiera que sea. El centralismo democrático, en efecto, no era de hecho un centralismo menos rígido, sino una centralización de la acción del partido obtenida a través de la utilización del mecanismo democrático; el centralismo orgánico no es un centralismo ”más rígido”, sino la centralización obtenida dejando al margen el mecanismo democrático. Ahora bien, no solo en a de todas nuestras tesis, sino también de Lenin (”¿Qué Hacer?”, ”Un paso adelante y dos pasos atrás”, etc), cuando hablamos de mecanismos democráticos debemos entender no solo la consulta periódica de la base, sino también todo el conjunto de instrumentos conexo: congresos deliberantes y soberanos, estatutos, códigos, aparatos burocráticos, expulsiones, represión con carácter legal como método de vida del partido, selección o elección de compañeros particulares, etc.
Que burocratismo y democracia no sean términos antitéticos, sino íntima y dialécticamente conexos, está escrito en grandes caracteres en todas nuestras tesis. Por tanto, si hemos eliminado la democracia de la organización, quiere decir que hemos eliminado también el burocratismo. Si se mantuviese el burocratismo, antes o después debería retornar también la democracia interna.
La praxis del centralismo democrático era adecuada y necesaria para los partidos de la II Internacional en cuanto que ellos se movían efectivamente sobre una base no perfectamente homogénea a través del choque de corrientes y fracciones contrapuestas por divergencias no ocasionales y momentáneas sobre la táctica y a menudo también sobre el programa. Se trataba de corrientes distintas, expresión de distintos intereses de clase que confluían en la organización del partido estando de acuerdo sobre algunos puntos generales y comunes, pero en divergencia, sin posibilidad de conciliación, sobre otros. A principios de siglo era evidente para Lenin y para todos los revolucionarios que los revisionistas y los mencheviques expresaban la influencia de las aristocracias obreras y de la pequeña burguesía reformista dentro del partido proletario. El partido se encontraba así siendo el producto de la convergencia de distintos estratos sociales y por eso, de distintas tácticas, aun si todas reconocían un fin común. La organización de partido resultaba así dividida en corrientes divergentes no ocasionalmente, sino fisiológicamente, como regla común. La lucha política interna es pues para estos partidos una norma de vida, más aún, la norma de vida. Mencheviques y bolcheviques luchan por la conquista de la dirección del partido en cuanto que se contraponen dos líneas tácticas: ala revolucionaria y ala reformista dentro de todos los partidos socialistas y socialdemócratas. Para que la lucha interna no se transforme en inmovilización de la acción práctica del partido, debe ser regulada por un mecanismo legal aceptado y reconocido por todos, debe establecer los deberes y los derechos de la ”mayoría” y de la ”minoría”. Dado que la unicidad de movimiento práctico es siempre la consecuencia de una unicidad de táctica y ya que las líneas tácticas en el partido, al menos, son siempre dos, el único modo de conseguir que se mueva el partido con un enfoque práctico único se deriva que es el de prevalecer una línea sobre otra a través de la convocatoria de congresos democráticos que son ”escenarios de lucha” para la victoria de una corriente sobre otra. La jerarquía que sale de estos congresos, en los que se forma una ”mayoría” y una ”minoría” debe tener un carácter necesariamente burocrático, porque representa no al partido en su conjunto, sino la victoria de una parte del partido sobre la otra parte.
El centro del partido no puede referirse para obtener el respeto de sus órdenes, a un patrimonio de normas tácticas común a todo el partido, público y aceptado por todos los militantes, sino que debe referirse necesariamente a las deliberaciones que tienen valor legal en cuanto que expresan el parecer de la mayoría, debe referirse a los estatutos, a las deliberaciones congresuales, etc. A través de las deliberaciones democráticas de los congresos se va creando una jerarquía burocrática que deriva su poder de las deliberaciones del congreso y de los estatutos que nadie puede violar bajo pena de sanciones, hasta la expulsión del partido. Los hombres que dirigen el partido y los puestos en las diversas funciones son elegidos por el congreso, que decide no en nombre de la capacidad o incapacidad del individuo para desarrollar la función, sino en nombre de su pertenencia a una determinada línea política. Y por consiguiente deben ser conocidos y denominados con nombre y apellidos, deben en un cierto modo llevar una señal especial. Todos los militantes que pertenezcan al ala victoriosa o a la derrotada en el congreso deben reconocerle absoluta disciplina a las órdenes de aquel determinado hombre con aquella determinada señal.
La Internacional Comunista, nacida sobre la base homogénea de la doctrina y del programa marxista, sobre la base de principios unitarios y claramente enunciados, sobre la base de finalidades únicas, ya no habría tenido necesidad de esta praxis y de estos mecanismos en la medida en que hubiese procedido en el sentido de la delimitación de los medios tácticos y con continuidad en las medidas de organización. La Internacional comenzó a desmontar esta práctica y a sustituirla con una ”orgánica” en muchos sectores, como está explicado claramente en nuestros ”Apuntes para las tesis”. No pudo desmontarla completamente, porque los partidos comunistas se habían formado y se iban formando sobre bases no totalmente homogéneas, porque no se llegó nunca a la configuración de una táctica única para toda la Internacional y se admitieron las ”particularidades nacionales” y las fusiones organizativas. El proceso de formación estaba influenciado por la perspectiva de los bolcheviques de una revolución europea a corto plazo, para cuya dirección también se requería una organización no del todo homogénea, pero capaz de guiar al proletariado en el asalto. La Izquierda, mientras se plegaba a esta perspectiva considerada válida por todos, pidió que no se hiciese un principio de la praxis democrática que restaba en los partidos y en la Internacional, sino que se dijese que se trataba solamente de un ”mecanismo accidental”, mientras que la construcción real del partido tenía lugar a través de un método orgánico apoyado en la conquista de una homogeneidad cada vez mayor en el campo táctico y organizativo. Si la Internacional hubiese caminado sobre esta vía, el reflejo en el campo organizativo habría sido incluso la eliminación de lo que quedaba de la mecánica democrática y burocrática interna.
Por consiguiente, el partido resurgido en la segunda posguerra no ha hecho más que sacar las conclusiones de un proceso que se había iniciado en 1919, y que el hundimiento de la Internacional había interrumpido e invertido. En el partido comunista mundial, fundado en una teoría única, reconocida, válida e invariable para todos, sobre principios y finalidades únicas, sobre un programa único y sobre un conjunto de normas tácticas deducidas de los principios y hechas patrimonio de todos los militantes; en el partido comunista que rechaza la praxis de las fusiones, del noyautage en otros partidos, de las ”excepciones nacionales y locales”, pero que admite solo y exclusivamente adhesiones individuales, ya no hay lugar ni para la democracia ni para la burocracia, ni hay ya lugar para las ”elecciones sobre nombres de compañeros o sobre tesis generales”; ya no hay lugar para la lucha de las corrientes y de las fracciones, es decir para la lucha política interna.
La garantía de la obediencia a las órdenes del centro por parte de la base ya no viene dada por la observancia de los artículos de un estatuto o de un código, sino de la adhesión de las órdenes al patrimonio común del partido. La jerarquía del partido ya no tiene necesidad ni de ser elegida por la base, ni de ser nombrada desde arriba, porque el único criterio de selección que queda es el de la capacidad para el desarrollo de las distintas funciones del órgano partido. Que en el centro se encuentre un individuo mejor que otro no puede cambiar nada en el rumbo político del partido, ni en su táctica; puede cambiar la mayor o menor eficiencia central, pero la designación de los militantes mejor preparados para las distintas funciones se convierte en un hecho ”natural y espontáneo” que no tiene necesidad de ninguna sanción especial. La jerarquía del partido deviene así una jerarquía no política, sino orgánica. El partido se articula en diversos órganos y funciones que requieren hombres físicos para su desarrollo; a estos hombres ya no se les pregunta: ¿sois bolcheviques o mencheviques? ¿Pertenecéis al ala derecha o al ala izquierda del partido? Solo se les pregunta si están en condiciones de realizar la tarea para la que el partido les llama, tanto si es la más alta o la más baja de la escala jerárquica. Y, por tanto, ya no es determinante saber quien es el individuo que da las órdenes, sino que se requiere que las órdenes estén en la línea de la tradición a todo el partido, que no se destaquen de ella, y que sean tempestivas y adecuadas. Es decir, se requiere que la función ”centro” sea realizada en el mejor modo sobre la línea del partido por quien la ejerce. Y la vida interna del partido no se manifiesta ya en una lucha constante entre corrientes divergentes; lucha política, o sea lucha por conquistar el poder central en la organización, con el objetivo de imponerle a ésta una determinada línea táctica. Admitido que sobre la doctrina no se discute, que sobre las líneas dorsales del plan táctico no se discute, las relaciones internas se configuran como trabajo solidario y común de todos los miembros del partido, entendido en cómo indagar, sobre la base del patrimonio común a todos, las soluciones más idóneas de los distintos problemas.
Se deben esculpir cada vez mejor los fundamentos teóricos del movimiento, se deben esculpir sus líneas tácticas, se deben resolver a la luz de los principios comunes, de la táctica común y del examen de las situaciones en que el partido se encuentra actuando, los complejos problemas de la acción práctica, la búsqueda de los instrumentos organizativos más eficientes para coordinar toda la acción del partido; se debe trabajar para adquirir todo el patrimonio teórico y práctico del movimiento y para transmitirlo a las nuevas generaciones de militantes. Pero todo esto no acaece a través de choques y congresos o consultas de opiniones; tiene lugar a través de la indagación racional y científica de las soluciones, teniendo por base que cualquiera que sean esas soluciones, no deben desbordar los límites que el partido se ha trazado a sí mismo en todos los campos.
Sobre esta base también los errores que un órgano cualquiera del partido puede cometer, comprendido el órgano ”centro”, al dar solución a un determinado problema, no conlleva la condena de hombres o su sustitución, sino la indagación de las causas reales del error a la luz de nuestra doctrina y de nuestras normas tácticas. Es verdad que a un mismo problema táctico se le puede dar más de una respuesta. En este caso puede verificarse la división momentánea y localizada en aquel problema de grupos de militantes. Pero también en este caso no se crea una situación de lucha política, porque la exigencia fundamental será siempre que, cualquiera de las dos soluciones que sea adoptada, no esté en contraste con los principios y con las líneas tácticas dorsales fijadas por el partido. El hecho de que el partido adopte para algún problema la solución más idónea y no la peor le es confiado no a la consulta de las mayorías, ni a una pretendida infalibilidad de los órganos centrales o de la persona de los jefes, sino al desarrollo y a la profundización del trabajo del partido y por eso de su experiencia en todos los campos de la teoría como de la acción práctica.
La homogeneidad teórica, programática y táctica del partido no es por cierto un dato asegurado de una vez para siempre; es una cosa que se mantiene y se defiende en todo acto del partido y en todas partes. Si en un determinado momento la acción del partido viene a contradecir a este patrimonio homogéneo, y esto puede acaecer por el peso de situaciones externas desfavorables o por una escasa adecuación del partido para el desarrollo de las tareas que la situación le impone, el reflejo en el campo organizativo será necesariamente la creación de disensiones internas, de corrientes e incluso de fracciones. Este estado de malestar en la organización, es nuestra tesis clásica, debe indicar que «algo no marcha en el trabajo y en la conducción general del partido», «que algo se ha hecho de modo equivocado o inadecuado en la actividad del partido, en las bases sobre las cuales el partido mismo se apoya»; y el remedio debe encontrarse no en la represión ”burocrática” de la disensión, ni invocando ”la disciplina por la disciplina”, cosa que representa una solución momentánea y parcial del problema, sino en la precisión de los pilares fundamentales del partido, en la indagación objetiva y en la reproposición a toda la organización de aquellos puntos nodales de teoría y de praxis que deben dictar la acción del partido. Se deberá investigar la línea de continuidad que liga el pasado del partido a su presente y a su futuro, adecuando a esta línea las directrices de acción, llamando a los militantes a disciplinarse sobre esta base.
Es evidente la objeción del pequeño burgués: ¿quién impedirá que los individuos hagan lo que les parezca, que desobedezcan porque en cada individuo, incluso militante del partido, existe el germen del individualismo, de la autoexaltación, del anarquismo, etc? ¿quién impedirá que los individuos promuevan problemas solo por el gusto de promoverlos o de criticar? La Izquierda ya ha respondido hace 50 años a objeciones de este género y la respuesta suena así: en un organismo, como el partido, que se forma sobre la base de adhesiones voluntarias en una trinchera común de combate y de sacrificio, estas manifestaciones individuales deben seguir siendo raras excepciones y en cuanto tales se pueden también reprimir burocráticamente; pero si estas manifestaciones se multiplican y crecen en lugar de reducirse y tender a desaparecer, quiere decir que algo no marcha en la compleja actividad del partido y en su conducción central; aunque no fuese más que por el hecho de que en lugar de atraer individuos sanos y dispuestos a renunciar a los propios pruritos individuales, comienza a atraerse a charlatanes y marrulleros. Y también esto se resuelve no solo cazando a los charlatanes, sino precisamente buscando las causas por las que el órgano partido les atrae y el remedio está en hacer tan cortante y neta la fisonomía del partido, en todas sus manifestaciones teóricas y prácticas como para desanimar cualquier adhesión que no sea la de quien está dispuesto a convertirse en un verdadero militante de la revolución.
La solución no está nunca, para la Izquierda en intensificar los retículos burocráticos y las represiones organizativas, de las cuales como siempre hemos dicho, podemos prescindir muy bien lo mismo que podemos prescindir del recuento de cabezas individuales.
CITAS
128 – El principio democrático – 1922
…El criterio democrático es hasta el presente un accidente material para la construcción de nuestra organización interna y para la formulación de los estatutos del partido: no es la plataforma indispensable. He aquí por qué nosotros no erigiremos en principio la conocida fórmula organizativa del ”centralismo democrático”. La democracia no puede ser para nosotros un principio, mientras que, indudablemente, el centralismo lo es, porque las características esenciales de la organización del partido deben ser la unidad de estructura y de movimiento. El término centralismo basta para expresar la continuidad de la estructura del partido en el espacio; y para introducir el concepto esencial de la continuidad en el tiempo, es decir, en el objetivo al cual se tiende y en la dirección en la cual se avanza hacia los sucesivos obstáculos que deben ser superados, es más, ligando estos dos conceptos esenciales de unidad, nosotros propondríamos decir que el partido comunista funda su organización sobre el centralismo orgánico, a la vez que se guarda del accidental mecanismo democrático esa parte que podrá servirnos, eliminaremos el uso del término ”democracia” tan querido por los peores demagogos e impregnado de ironía para todos los explotados, los oprimidos, y los engañados, regalándolo, como es aconsejable, para su uso exclusivo, a los burgueses y a los campeones del liberalismo, incluso cuando éste lleva el disfraz de cualquiera de sus poses extremistas.
129 – Tesis sobre la táctica al II Congreso del PC de Italia (Tesis de Roma) – 1922
3 – A la precisa definición de la conciencia teórico-crítica del movimiento comunista, contenida en las declaraciones programáticas de los partidos y de la Internacional Comunista, como a la organización de los primeros y de la segunda, se ha llegado y se llega a través del examen y del estudio de la historia de la sociedad humana, y de su estructura en la presente época capitalista, desarrollados con los datos, las experiencias de la lucha proletaria real, y en la activa participación en la misma.
4 – La proclamación de estas declaraciones programáticas, como también la designación de los hombres a los cuales se les confían los diferentes puestos de la organización del partido, resultan formalmente de una consulta democrática de congresos representativos del partido, pero en realidad deben ser vistas como un resultado del proceso real que, al acumular los elementos de la experiencia y al realizar la preparación y la selección de los dirigentes, da forma al contenido programático y a la constitución jerírquica del partido.
130 – Tesis de la Izquierda al III Congreso del PC de Italia (Tesis de Lyon) – 1926
II, 5…Los partidos comunistas deben realizar un centralismo orgánico que, con el máximo compatible de consultas a la base, asegure la eliminación espontánea de toda agrupación que tienda a diferenciarse. Esto no se obtiene con prescripciones jerárquicas formales y mecánicas; sino, tal como lo dice Lenin, con la justa política revolucionaria.
131 – Apuntes para las tesis sobre la cuestión de la organización – 1964
2 – La fórmula citada más arriba aparece en el punto 14 de las tesis de Zinoviev, y está formulada así: «El Partido Comunista debe estar basado en una centralización democrática. La constitución por medio de elecciones de Comités secundarios, la sumisión obligatoria de todos los comités al comité que está por encima de ellos, y la existencia de un Centro provisto de plenos poderes, cuya autoridad no puede ser cuestionada en el intervalo entre Congresos del Partido, por nadie; tales son los principios esenciales de la centralización democrática».
Estas tesis no entran en mayores detalles y, por cuanto se refiere al concepto de subordinación de la periferia al Centro, la Izquierda no tenía motivos para no aceptarlas. La duda surgió sobre la forma de designación de los Comités desde la periferia al Centro y sobre el empleo del mecanismo electoral por recuento de votos, a los que hace una referencia evidente el adjetivo democrático opuesto al sustantivo centralismo…
12 – Cuando la Izquierda comunista desarrolló mayormente su crítica a las desviaciones de la Tercera Internacional sobre los problemas de la táctica, también hizo una crítica de los criterios de organización, y el seguimiento de los hechos históricos ha demostrado que aquellas desviaciones han conducido fatalmente al abandono de posiciones básicas programáticas y teóricas…
Nuestra fórmula centralismo orgánico quería decir precisamente que no solo el partido es un órgano particular de la clase, sino aún más, que solo cuando ese órgano existe la clase actúa como organismo histórico y no solo como una sección estadística que todo burgués está dispuesto a reconocer. Marx, en la reconstrucción históricamente fundamental e irrevocable de Lenin, no solo dice no haber descubierto las clases, sino ni siquiera la lucha entre las clases, e indica como connotación inconfundible de su original teoría la dictadura del proletariado: esto quiere decir precisamente que solo por medio del partido comunista el proletariado podrá llegar a su dictadura. Las dos nociones, pues, de partido y de clase no se contraponen numéricamente porque el partido es pequeño y la clase es grande, sino histórica y orgánicamente; porque solo cuando en el campo de la clase se ha formado el órgano energético que es el partido, la clase llega a ser tal y se prepara para llevar a cabo la tarea que le asigna nuestra doctrina de la historia.
13 – La sustitución del adjetivo democrático por el de orgánico no está motivada solo por la mayor exactitud de una imagen de tipo biológico respecto a la descolorida imagen de naturaleza aritmética, sino también por la exigencia sólida y de lucha política de liberarse de la noción de democracia, abatiendo la cual habíamos podido reedificar con Lenin la Internacional revolucionaria.
14 -…Por otra parte, las críticas organizativas de la Izquierda al trabajo de la Internacional siguieron siendo coherentes con la petición de que el concepto de organicidad en la distribución de las funciones en el seno del movimiento no fuese confundido con una reivindicación de libertad de pensamiento y aún menos, con un respeto a la democracia electiva y numérica…
Estos precedentes históricos confirman por todas partes que el mecanismo de contar los votos es siempre un fraude y un engaño, en la sociedad, en la clase o en el partido; pero la mejor resistencia la ofreció el Partido italiano precisamente en cuanto que su enraizada tradición política repudiaba todo homenaje, incluso mínimo, a las gestas y a los mecanismos de la democracia histórica y del método del recuento de votos.
132 – Consideraciones sobre la orgánica actividad del partido cuando la situación general es históricamente desfavorable – 1965
14 -…La Izquierda trató históricamente sin romper con el principio de la disciplina mundial centralizada, de dar la batalla revolucionaria incluso defensiva manteniendo al proletariado de vanguardia indemne de los pactos fraudulentos con los estratos intermedios, sus partidos y sus ideologías entregadas totalmente a la derrota. A falta incluso de esta posibilidad histórica de salvar, si no la revolución al menos el nervio de su partido histórico, hoy se ha vuelto a comenzar en una situación objetiva torpe y sorda, en medio de un proletariado infectado de democratismo pequeño burgués hasta la médula; pero el naciente organismo, utilizando toda la tradición doctrinal y de praxis remachada por la verificación histórica de tempestivas previsiones, la aplica también a su acción cotidiana persiguiendo la reanudación de un contacto cada vez más amplio con las masas explotadas, y elimina de la propia estructura uno de los errores de partida de la Internacional de Moscú, liquidando la tesis del centralismo democrático y la aplicación de toda máquina de voto, como ha eliminado de la ideología hasta del último adherente toda concesión a encaminamientos democratoides, pacifistas, autonomistas y libertarios.
133 – Tesis sobre la tarea histórica, la acción y la estructura del partido… (Tesis de Nápoles) – 1965
7 – Tratándose de un traspaso y de una consigna histórica para una generación que había vivido las luchas gloriosas de la primera posguerra y de la escisión de Livorno a la nueva generación proletaria que se trataba de liberar de la loca felicidad de la caída del fascismo para reconducirla a la conciencia de la acción autónoma del partido revolucionario contra todos los otros, y sobre todo contra el partido socialdemócrata, para reconstituir fuerzas consagradas a la perspectiva de la dictadura y del terror proletarios contra la gran burguesía como contra todos sus odiosos instrumentos, el nuevo movimiento encontró por vía orgánica y espontánea una forma estructural de su actividad que ha sido sometida a una prueba de quince años. El partido puso en práctica aspiraciones que eran manifiestas en la Izquierda comunista desde la época de la II Internacional, y sucesivamente durante la lucha histórica contra las primeras manifestaciones de peligros oportunistas en la III. Esta aspiración secular es la lucha contra la democracia y toda influencia de este torpe mito burgués; ella echa las raíces en la crítica marxista, en los textos fundamentales y en los primeros documentos de las organizaciones proletarias desde el Manifiesto de los Comunistas, en adelante.
Si la historia humana no se explica por la influencia de individuos de excepción que hayan podido sobresalir por fuerza y valor físico o incluso intelectual y moral, si la lucha política es vista de manera falsa y diametralmente opuesta a la nuestra como una elección de tales personalidades de excepción (tanto si se cree que es obra de la divinidad o que está confiada a aristocracias sociales, como – y ésta es la más hostil de las formas para nosotros – si se delega en el mecanismo del ”recuento” de votos en los cuales han sido finalmente admitidos todos los elementos sociales); y por el contrario la historia es historia de la lucha entre las clases y se lee y se aplica en las batallas, que ya no son críticas sino violentas y armadas, solo desvelando las relaciones económicas que entre las clases se establecen dentro de las formas de producción; si este teorema fundamental había sido confirmado por la sangre derramada por innumerables combatientes de los que la mistificación democrática había conseguido así que fuesen quebrantados por los esfuerzos generosos, y si el patrimonio de la Izquierda Comunista se había erigido sobre este balance de opresión, de explotación y de traición, la vía a recorrer era solo aquella que en el proceso histórico nos hubiese liberado cada vez más del letal mecanismo democrático, no solo en la sociedad, y en los diversos cuerpos que se organizan en su seno, sino en el seno de la misma clase revolucionaria y sobre todo en el de su partido político. Esta aspiración de la Izquierda, que no se puede reconducir a una intuición milagrosa o a un iluminismo racional de pensadores, sino que se ha urdido en los efectos de una cadena de luchas reales violentas, sangrientas y despiadadas incluso cuando se han cerrado con la derrota de las fuerzas revolucionarias, tiene sus trazos históricos en toda la serie de manifestaciones de la Izquierda, desde cuando luchaba contra los bloques electorales y las influencias de las ideologías masónicas, contra las sugestiones bélicas primero de guerras coloniales y después de la gigantesca primera guerra europea, la cual triunfó sobre las aspiraciones proletarias de desobedecer a los ejércitos y de volver las armas contra quienes les habían obligado a empuñarlas, sobre todo agitando el espectro indecente de conquistas de libertad y de democracia; desde que finalmente en todos los países de Europa y bajo la guía del proletariado revolucionario ruso ella se lanzó a la lucha para abatir al primer y directo enemigo y vasallo que cubría el corazón de la burguesía capitalista contra la derecha socialdemócrata y contra el aún más innoble centro, el cual difamándonos a nosotros como difamaba al bolchevismo, al leninismo y a la dictadura soviética rusa, apoyó todas sus palancas sobre la tentativa de reconstruir de nuevo, el puente-trampa entre la avanzadilla proletaria y los criminales ideales de la democracia. Al mismo tiempo tal aspiración de liberarse de toda influencia incluso de la misma palabra de democracia se halla consagrada en innumerables textos de la Izquierda que al inicio de estas tesis hemos indicado rápidamente.
13 -…En la concepción del centralismo orgánico la garantía de la selección de sus componentes es la que siempre proclamamos contra los centristas de Moscú. El partido persevera en esculpir los lineamientos de su doctrina, de su acción y de su táctica con una unicidad de métodos por encima del espacio y del tiempo. Todos aquellos que ante estas delineaciones se encuentran incómodos tienen a su disposición la obvia vía de abandonar las filas del partido. Ni siquiera después de haber llevado a cabo la conquista del poder, podemos concebir la inscripción forzada en nuestras filas; es por esto que quedan fuera de las justas acepciones del centralismo orgánico las compresiones terroristas en el campo disciplinario, que no pueden dejar de copiar su mismo vocabulario de abusadas formas constitucionales burguesas, como la facultad del poder ejecutivo de disolver y de recomponer las formaciones electivas, todas estas formas se consideran superadas desde hace mucho tiempo no diremos para el mismo partido proletario sino finalmente para el Estado revolucionario y temporal del proletariado victorioso.
134 – Las tesis vistas por nosotros entonces y hoy – 1965
…La tesis decimocuarta define así el centralismo democrático: elección de los comités secundarios por parte de los primarios – subordinación obligatoria de todo comité al superior – centro con plenos poderes, no cuestionables entre congreso y congreso. Señalamos solo que, en la concepción de la Izquierda del centralismo orgánico, los mismos congresos no debían decidir sobre el juicio de la obra del Centro y la elección de hombres, sino sobre cuestiones de enfoque, de modo coherente con la invariante doctrina histórica del partido mundial.
135 – Premisa a ”Tesis después de 1945” – 1970
…Precisamente a estas exigencias siempre vivas, que el militante debe encontrar clara y definitivamente satisfechas en las bases programáticas del partido, responden las ”Consideraciones” redactadas a finales de 1964, y publicadas hacia primeros de 1965, en una síntesis tan jugosa, cuanto brillante que, entre otras cosas, desmienten sin posibilidad de apelación la vieja y estúpida acusación dirigida contra la Izquierda de soñar una ”élite” de revolucionarios ”puros”, perfectos en su existencia dentro de una ”torre de marfil”, y concluyen con la reivindicación de aquel ”centralismo orgánico” contrapuesta al ”centralismo democrático” de la III Internacional, que desde el lejano 1921 es un postulado constante de la Izquierda, pero que solo hoy puede encontrar plena realización sin posibilidad de retorno hacia atrás, con la exclusión de todo recurso a mecanismos ”democráticos” también dentro de la organización de partido…
En verdad, la cuestión del centralismo orgánico en cuanto contraposición al centralismo democrático es algo muy distinto que… terminológico. En su contradicción, la segunda fórmula refleja s bien en el sustantivo la aspiración al partido mundial único como nosotros la hemos auspiciado siempre, pero refleja en el adjetivo la realidad de partidos aún heterogéneos por formación histórica y base doctrinaria, entre las que se asienta como árbitro supremo (incluso como vértice de una pirámide, unido a la base por un hilo único y homogéneo que va del uno a la otra y viceversa sin solución de continuidad) un Comité Ejecutivo o un ente homónimo, el cual, no estando a su vez vinculado por aquel único hilo, sino siendo libre para tomar decisiones alternas y fluctuantes según las vicisitudes de las ”situaciones” y de los altibajos del conflicto social, recurre periódicamente – como en la tradición para nada contradictoria de la democracia – ora a la farsa de la ”consulta” de la periferia (convencido de poder asegurarse el apoyo plebiscitario o casi), ora al arma de la intimidación y del ”terror ideológico”, en el caso de la Internacional Comunista ayudado por la fuerza física y por el ”brazo secular” del Estado.
En nuestra visión, por el contrario, el partido se presenta con caracteres de centralización orgánica, porque no es una ”parte”, aunque sea la más avanzada, de la clase proletaria, sino su órgano sintetizador de todos sus impulsos elementales, como de todos sus militantes, de cualquier dirección que provengan, y tal órgano está en posesión de una teoría, de un conjunto de principios, de un programa, que saltan los límites de tiempo del hoy para expresar la tendencia histórica, el objetivo final y el modo de operar de las generaciones proletarias y comunistas del pasado, del presente y del futuro, y que superan los confines de nacionalidad y de Estado para encarnar los intereses de los asalariados revolucionarios del mundo entero; tal es, añadimos, incluso en condiciones de hacer una previsión al menos a grandes rasgos del desarrollo de las situaciones históricas, y por tanto, de la capacidad de fijar un cuerpo de directrices y normas tácticas obligatorias para todos (obviamente, no sin considerar las épocas y las áreas de ”revolución doble” o, por el contrario, de ”revolución proletaria pura”, también previstas y que implican un muy preciso, aunque distinto comportamiento táctico). Si el partido está en posesión de tal homogeneidad teórica y práctica (posesión que no es un hecho garantizado para siempre, sino una realidad a defender con las uñas y con los dientes, y llegado el caso a reconquistar de nuevo), su organización, que es al mismo tiempo su disciplina, nace y se desarrolla orgánicamente en el tronco unitario del programa y de la acción práctica, y expresa en sus diversas formas de explicación, en la jerarquía de sus órganos, la perfecta adhesión del partido al complejo de sus funciones, ninguna excluida.
La organización, como la disciplina, no es un punto de partida, sino un punto de llegada, no tiene necesidad de codificaciones estatutarias y de reglamentaciones disciplinarias; no conoce antítesis entre ”base” y ”vértice”, excluye las rígidas barreras de una división del trabajo heredada del régimen capitalista, no porque no tenga necesidad de ”jefes”, e incluso ”expertos” en determinados sectores, sino porque estos son y deben estar, como y más que el más ”humilde” de los militantes, vinculados por un programa, por una doctrina y por una clara y unívoca definición de las normas tácticas, comunes a todo el partido, conocidas por cada uno de sus miembros, públicamente afirmadas y sobre todo traducidas en la práctica frente a la clase en su conjunto; y son tan necesarias, como dispensables en cuanto dejan de responder a la función para la cual por selección natural, y no por ficticios recuentos de cabezas, el partido le ha delegado, o cuando, peor aún, se desvíen del camino señalado para todos. Un partido de este género – como tiende a ser y se esfuerza por llegar a ser el nuestro, sin pretender con esto ni una ”pureza” ni una ”perfección” antihistórica – no condiciona su vida interna, su desarrollo, su – decimos también – jerarquía de funciones técnicas, al capricho de decisiones contingentes y mayoritarias; crece y se refuerza por la dinámica de la lucha de clase en general y de la propia intervención en ella en particular; se crea, sin prefigurarlos, sus instrumentos de batalla, sus ”órganos”, a todos los niveles; no tiene necesidad – si no es en excepcionales casos patológicos – de expulsar después de un ”proceso” regular a quien no sigue ya el camino común e inmutable, porque debe estar en condiciones de eliminarlo del propio seno como un organismo sano elimina espontáneamente sus propios desechos.
”La revolución no es cuestión de formas de organización”, es la organización con todas sus formas, por el contrario, la que se constituye en función de las exigencias de la revolución, prevista no solo en su desembocadura, sino en su camino. Consultas, constituciones y estatutos son propios de las sociedades divididas en clases, y de los partidos que expresan a su vez no el curso histórico de una clase, sino el entrecruzamiento de los cursos divergentes o no plenamente convergentes de varias clases. Democracia interna y ”burocratismo”, homenaje a la ”libertad de expresión” individual o de grupo y ”terrorismo ideológico”, son términos no ya antitéticos, sino dialécticamente conexos: unidad de doctrina y de acción práctica, y carácter orgánico del centralismo organizativo, son igualmente las caras de una misma medalla.
CAP. 5 – LA VIDA REAL DEL PARTIDO
Queremos terminar esta parte del trabajo con la trascripción integral de la parte final de un informe expuesto en una de nuestras reuniones generales, publicado en el n.5 de ”Programma Comunista”, de 1967. La conclusión de este informe se titula ”Vida real del partido”, y no tenemos nada que añadirle ni que recortarle; lo reivindicamos en todas sus enunciaciones.
136 – La continuidad de acción del partido sobre el hilo de la tradición de la Izquierda – 1967
Por los amplios párrafos ya citados salta a la vista cómo para nosotros no solo los problemas de organización y de funcionamiento del Partido revolucionario marxista se enlazan a las cuestiones fundamentales de la doctrina, del programa y de la táctica, sino que la correcta solución de estas es previa para el correcto planteamiento y solución de aquellos.
También aquí la Izquierda completaba, en 1926 el ciclo de una batalla sostenida año tras año sin doblegarse nunca, en el seno de la Internacional; y nosotros queremos recordarla al concluir este informe ya demasiado amplio, remitiendo para ofrecer un cuadro menos resumido a las Tesis de Roma por una parte y a las Tesis de Nápoles y de Milán por otra.
Por aquel tiempo había llegado a su completa madurez el proceso denunciado por nosotros tempestivamente y ”testarudamente” en sus fases sucesivas, a través de las cuales el Comintern, en la misma medida y por la misma razón que adoptaba tácticas imprevistas, heterogéneas y eclécticas, y realizaba zig-zags tan imprevistos como desconcertantes, para llegar finalmente a la teorización del empleo de cualquier medio para obtener el fin; en la misma medida y por la misma razón que, actuando así laceraba irremediablemente el tejido unitario de la acción política del Partido mundial, pretendía imponerle una uniformidad formal del todo similar – precisamente – a la de un ejército, y reencontrar, gracias a ella, la homogeneidad política perdida; y preparaba el terreno sobre el cual el estalinismo había construido su edificio de ”unidad” caporalesca, primero usando a diestro y siniestro el arma de la intervención disciplinaria y del ”terror ideológico”, después la de la presión física apoyada por el ”brazo secular” del poder del Estado. A esta centralización formal y de cuartel nosotros no opusimos jamás la crítica de que ”conculcaba la libertad”, sino precisamente todo lo contrario, porque era un arma para consentir al centro dirigente todas las libertades de violar el único, invariante e impersonal programa. A este falso centralismo no solo no le contradecía, sino que se le adaptaba como un guante, el apelativo ”democrático”, ya que para el marxismo la democracia no es un medio de expresión de la llamada ”voluntad general” o ”mayoritaria” sino un medio de manipulación de la mayoría con el fin de aprobar decisiones ya tomadas a las espaldas de ésta: un medio de engaño. Era necesario, para estar libres de violar el programa cien veces al año burlándose de las reacciones de la célebre y cortejada ”base”, y así previéndolos antes de que se desencadenasen, imponer la vacía regla de la centralización sobre el modelo de los estados mayores de todos los ejércitos del mundo (no por casualidad la Internacional se hinchó entonces, colocando en los altos grados de la jerarquía organizativa a ex-mencheviques y ex-socialdemócratas, los Martinov, los Smeral, etc, hombres – como dijo Trotski – siempre dispuestos para hacer olvidar su pasado en un presente que rehabilitaba sus tradiciones políticas, para ”tener la mano sujetándose los pantalones” como otros tantos furrieles), teorizando la disciplina por la disciplina, la obediencia por la obediencia, cuales quiera que fuesen las órdenes que viniesen de arriba, y ante todo del Altísimo. Paralelamente, y por la misma razón, se pretendía establecer un ”modelo organizativo”; en una especie de carta constitucional definida de una vez por todas, la garantía de la compacidad y de la eficiencia del Partido (en el caso de que se trata, la organización por células) y se la llamó, con bestial impudicia bolchevización.
Nuestra respuesta a estos dos graves patinazos, precursores de todo el fango y la sangre de los treinta años sucesivos – una respuesta que ocupó gran parte de la valiente batalla del Ejecutivo Ampliado de febrero-marzo de 1926 – fue límpida y definitiva. Al primero rebatimos que la unidad y la centralización real – reivindicada por nosotros más que por ningún otro en la acción y en el modo de organizarse el Partido es el producto, el punto de llegada, no la causa y el punto de partida de la unidad y centralización de la doctrina, del programa y del sistema de las normas tácticas: inútil buscar aquellas si faltan éstas; peor que inútil, destructivo y mortífero. Nosotros somos centralistas (y este es, si se quiere, nuestro único principio organizativo) no porque reconozcamos válido en sí y de por sí el centralismo, no porque lo deduzcamos de una idea eterna o de un esquema abstracto, sino porque es único el fin al que tendemos y única la dirección en que nos movemos en el espacio (internacionalmente) y en el tiempo (por encima de las generaciones «de los muertos, de los vivos y de los que aún no han nacido»); somos centralistas por la fuerza de la invariancia de una doctrina inmutable que ni individuos ni grupos están en disposición de mutar; y de la continuidad de nuestra acción en el flujo y reflujo de las contingencias históricas, frente a todos los obstáculos de que está sembrado el camino de la clase obrera. Nuestro centralismo es el modo de ser de un Partido que no es un ejército aunque tiene una rigurosa disciplina, como no es una escuela aunque se enseña, sino que es una fuerza histórica real, definida por su estable orientación en la larga guerra entre las clases. Es en torno a este inseparable y durísimo nudo, doctrina-programa-táctica, posesión colectiva e impersonal del movimiento, como se cristaliza nuestra organización, y lo que la mantiene unida no es el látigo del ”centro organizador” sino el hilo único y uniforme que liga a ”dirigentes” y ”base”, ”centro” y ”periferia”, comprometiéndose en la observancia y en la defensa de un sistema de fines y de medios, ninguno de los cuales es separable del otro.
En esta vida real del Partido Comunista – no de cualquier partido, sino solo y precisamente de él, en cuanto comunista tanto de hecho como de nombre – el rompecabezas que molesta al demócrata burgués: ¿quién decide, la ”dirección” o la ”base”, los muchos o los pocos? ¿quién ”manda” y quién ”obedece”? – se disuelve definitivamente por sí mismo: es el cuerpo unitario del Partido, el que invoca y sigue su camino; y en él, como en las palabras de un oscuro soldado nivelador, «nadie manda y todos son mandados» lo que no quiere decir que no haya órdenes sino que estas se adaptan con la forma natural de moverse y de actuar del Partido, cualquiera que sea el que los dé. Pero romped esa unidad de doctrina-programa-táctica, y todo estalla, no dejando más que un… puesto de dirección y en bloque en un extremo, maniobrando a las masas de los militantes (como el general – supuesto ”genio” estratégico – mueve a los soldaditos, supuestos pobres tontos, tal vez haciéndoles pasar con armas y bagajes al campo enemigo, o como el jefe de estación maniobra sus trenes, quizás haciéndolos chocar el uno contra el otro) y una ilimitada plaza de armas para toda maniobra posible, al otro extremo. Romped esta unidad y lógico e históricamente justificado llega el estalinismo, como lógica e históricamente justificada llega la ruinosa subordinación de un Partido como el nuestro, que tiene por primera tarea la de asegurar la «continuidad histórica y la unidad internacional del movimiento» (punto 4 del Programa de Livorno, 1924), al mecanismo falso y embustero de la ”consulta democrática”. Rompedla y habréis destruido el partido de clase.
Fuerza real y operante en la historia con caracteres de rigurosa continuidad, el Partido vive y actúa (y aquí la respuesta a la segunda desviación) no en base a la posesión de un patrimonio estatutario de normas, preceptos y formas constitucionales, al modo hipócritamente deseado por el legalismo burgués o ingenuamente soñado por el utopismo premarxista, arquitecto de las bien planificadas estructuras para colocarlas ya preparadas en la realidad de la dinámica histórica, sino en base a su naturaleza de organismo formado en una sucesión ininterrumpida de batallas teóricas y prácticas, sobre el hilo de una directriz de marcha constante: como escribía nuestra ”Plataforma” de 1945: «las normas de organización del Partido son coherentes con la concepción dialéctica de su función, no reposan sobre recetas jurídicas y reglamentarias, superan el fetiche de las consultas mayoritarias». Es en el ejercicio de sus funciones, todas y no una, como el Partido crea sus propios órganos, engranajes y mecanismos; y es en el curso de este mismo ejercicio en el que los deshace y los vuelve a crear, no obedeciendo en esto a dictámenes metafísicos o a paradigmas constitucionales, sino a las exigencias reales y propiamente orgánicas de su desarrollo. Ninguno de estos engranajes es teorizable, ni a priori ni a posteriori; nada nos autoriza a decir, para poner un ejemplo muy sencillo, que el mejor funcionamiento de cara a la función para la cual ha nacido uno cualquiera de ellos esté garantizado por su manejo por parte de un solo militante o de varios, la única petición que se puede hacer es que los tres o los diez – si los hay – lo manejen como una voluntad única, coherente con todo el curso pasado y futuro del partido, y que el uno, si existe, lo maneje en cuanto en su brazo y en su mente obre la fuerza impersonal y colectiva del partido; y el juicio sobre la satisfacción de tal petición viene dado por la praxis, por la historia, no por los artículos del código. La revolución es un problema no de forma sino de fuerza; lo es en igual medida el Partido en su vida real, en su organización como en su doctrina. El mismo criterio organizativo de tipo territorial antes que ”celular” reivindicado por nosotros no está deducido de principios abstractos y extemporáneos, ni elevado a la dignidad de solución perfecta y extemporánea; lo adoptamos solo porque es la otra cara de la primaria función sintetizadora (de grupos, de categorías, de empujes elementales) que asignamos al partido.
La preocupación generosa de los compañeros de que el Partido obre de este modo organizativamente seguro, lineal y homogéneo, se dirige por tanto – como indicaba el mismo Lenin en la ”Carta a un camarada” – no a la búsqueda de estatutos, códigos y constituciones, o peor aún, de personajes de temple ”especial”, sino a la del modo mejor de contribuir, todos y cada uno, al armónico cumplimiento de las funciones sin las cuales el Partido cesaría de existir como fuerza unificadora y como guía y representación de la clase, – que es la única vía para ayudarlo a resolver día, ”por sí” mismo sus problemas de vida y de acción – como en el ”¿Qué Hacer?” de Lenin allí donde se habla del periódico como un ”organizador colectivo”. Está la clave del ”centralismo orgánico”, está el arma segura en la histórica batalla de las clases, no en la vacía abstracción de las pretendidas ”normas” de funcionamiento de los mecanismos más perfectos o, peor, en la desolación de los procesos a los hombres que por selección orgánica se encuentran manejándolos ”en la base” o ”en la dirección” – mecanismos y engranajes también ellos, eficientes o ineficientes no en sí mismos, es decir en virtud de cualidades o ausencia de cualidades personales, sino de la línea en la cual el Partido entero – su programa dictatorial, su invariable doctrina, su táctica conocida y prevista, las relaciones internas y recíprocas entre parte y parte de un organismo cuyos miembros viven o mueren todos juntos en cuanto la misma sangre circula o cesa de circular en el músculo central y en las fibras periféricas –, les impone moverse.
O sobre esta vía, o sobre los dos carriles, en apariencia distintos, en realidad convergentes, del caótico y arbitrario democratismo y del torcido autoritarismo estalinista: ninguna otra ”elección” nos dejan las Tesis de 1920, 1922, 1926, de 1945, de 1966 y, para decirlo todo, de siempre.
Parte IV
PREMISA – LA TÁCTICA DEL PARTIDO
Del hecho de que el partido no es un cenáculo de pensadores o de seguidores de una determinada filosofía, sino un órgano de combate para la guerra entre las clases, que empuña como arma la teoría y el conocimiento, se debe deducir, como hacen todas nuestras tesis, que la acción del partido no se limita a la propaganda y explicación de su rumbo, ni solo a un trabajo de crítica de los hechos sociales y políticos, sino que interviene activamente en ellos, combate físicamente unido con la clase proletaria que se mueve también por objetivos parciales e inmediatos, la organiza, la enfoca y la empuja a la lucha. La acción que el partido debe desarrollar en cuanto órgano político de la clase proletaria es pues muy compleja, pero esencial para la preparación del proletariado en sentido revolucionario, preparación que no será nunca el producto de una simple propaganda teórica o de una demostración de superioridad interpretativa por parte de los comunistas. Si para el marxismo la conciencia viene después de la acción, es evidente que el partido no puede esperar atraer tras de sí a la clase solo a través de la propaganda o de una acción de tipo educativo y pedagógico; es necesario que miles de lazos se formen a través de los hechos materiales y la intervención en ellos del partido que es reconocido así por la clase como una entidad física con una fisonomía muy determinada, a través de elementos que no son de comprensión racional, de estudio y de propaganda.
El conjunto de los medios que el partido debe usar en las variadas y múltiples vicisitudes de la lucha de clase, para encaminarles en un sentido favorable a sus fines, para atraer al proletariado bajo sus banderas, para arrancarlo de las filas de los partidos no comunistas, para desmoralizar y abatir finalmente al enemigo de clase: he aquí el problema de la táctica, que la Izquierda ha definido siempre como ”grave y difícil”, no soñando nunca con eludirlo y con sustituirlo metafísicamente con una pura y simple propaganda de principios teóricos o con una simple acción de crítica intelectual.
Una vez reconocido que el desarrollo de la lucha entre proletariado y burguesía es un hecho complejo caracterizado por innumerables y variadas vicisitudes materiales, y que el proletariado no se entrelaza con su partido por un convencimiento racional, se plantea el problema de los medios con los cuales el partido debe intervenir en la realidad de la lucha, es decir, el problema de la táctica del partido.
La primera noción en este campo, que deriva de nuestra misma concepción materialista, es una crítica despiadada de aquello que ha sido siempre definido por nosotros como ”infantilismo”: los medios tácticos no se eligen con criterios morales, estéticos y formalistas; no se decide el inicio o no de una acción segú ésta se presente más o menos en línea con una pretensión moral nuestra. Sobre esta base Lenin tuvo que escarnecer a aquellos que rechazaban por principio los ”compromisos” y la Izquierda estuvo siempre totalmente de acuerdo con él en este plano.
Pero la Izquierda, con Marx y Lenin, ha reivindicado siempre que una elección de los medios tácticos debe ser hecha por la simple razón de que no todos los medios tácticos son adecuados para alcanzar el fin, y que el uso de los medios que parecen dar un éxito inmediato a la acción del partido, por el contrario pueden demostrarse en contradicción con el desarrollo ulterior y las finalidades últimas de la acción misma.
La elección de los medios tácticos debe existir, no guiada por preconceptos morales, sino por la justa valoración, a la luz de nuestra doctrina materialista, de las relaciones reales entre las clases y entre los partidos que expresan la política de las distintas clases y de la previsión de las vicisitudes que atravesará la lucha, y de cuáles deberán ser las acciones del partido ante las distintas situaciones que se presentarán, para que esas puedan resolverse en su potenciación y en la mejor predisposición de las fuerzas proletarias hacia la batalla final, debe ser preventiva y constituir un patrimonio del partido del mismo modo que lo constituye su invariante doctrina.
Es la teoría la que permite al partido definir su programa en el cual está contenida la previsión de una serie ininterrumpida de eventos a través de los cuales la lucha de las clases llegará a su prevista desembocadura. Es la teoría la que permite al partido delinear el campo de acción de las fuerzas sociales, valorar sus relaciones recíprocas, establecer las posibles reacciones en presencia de hechos determinantes. Las lecciones de los hechos históricos, leídas a la luz de la teoría, conducen al partido a establecer que la vía para el comunismo pasa necesariamente a través de la revolución violenta, la destrucción de la máquina estatal burguesa, la violencia y el terror revolucionarios ejercidos por la clase proletaria bajo la dirección de su partido y a través de la máquina estatal de la dictadura proletaria.
El partido debe estar en condiciones de prever y de planificar también los medios que en la situación histórica concreta son susceptibles de conducir a estas desembocaduras finales, las fuerzas que están en juego, las acciones y reacciones que median entre estas fuerzas, los medios que por el contrario no deben ser utilizados en cuanto que contradirían la consecución del fin revolucionario. El análisis crítico conduce por eso al partido a establecer en primer lugar los campos histórico-políticos, las fases históricas en las que su acción debe desarrollarse y en las que son distintas las relaciones y las actitudes de las fuerzas sociales que combaten entre ellas y por tanto deben ser distintos los medios que el partido aplica. Si no fuese posible este análisis y esta previsión, el marxismo caería como teoría revolucionaria y por eso no se podría hablar ni siquiera de partido comunista y de clase proletaria.
Los campos históricos en los que se inserta la táctica del partido son definidos así en nuestro informe a la reunión general de Génova de 1953:
«1.- La posición de la Izquierda Comunista se distingue netamente no solo del eclecticismo en el terreno de la maniobra táctica del partido, sino también del tosco simplismo de aquel que reduce toda la lucha de clases al dualismo, repetido siempre y por doquier, de dos clases convencionales que serían las únicas en actuar. La estrategia del moderno movimiento proletario tiene líneas precisas y estables, válidas para toda hipótesis de acción futura, y que deben ser referidas a las distintas ”áreas” geográficas en que se subdivide el mundo habitado y a los distintos ciclos históricos.
2.- La inglesa es la primera y clásica área de cuyo juego de fuerzas fue sacada por primera vez la irrevocable teoría del curso de la revolución socialista. Desde 1688, la revolución burguesa ha suprimido el poder feudal y extirpado rápidamente las formas de producción feudales; desde 1840, es posible deducir la concepción marxista sobre el mecanismo de las tres clases esenciales: propiedad burguesa de la tierra – capital industrial, comercial, financiero – proletariado, en lucha con las dos primeras.
3.- En el área de Europa Occidental (Francia, Alemania, Italia, países menores) la lucha burguesa contra el feudalismo va de 1789 a 1871, y en las situaciones de este ciclo se impone la alianza del proletariado con los burgueses cuando éstos luchan con las armas para derrocar el poder feudal – mientras los partidos obreros han rechazado ya toda confusión ideológica con las apologías económicas y políticas de la sociedad burguesa.
4.- Los Estados Unidos de América se ponen en 1866 en las condiciones de la Europa Occidental después de 1871, habiendo liquidado formas capitalistas espurias con la victoria contra el surismo esclavista y rural. A partir de 1871, los marxistas radicales rechazan en toda el área euroamericana toda alianza y todo bloque, en cualquier terreno que fuera, con partidos burgueses.
5.- La situación anterior a 1871, a la que nos hemos referido en el punto 3, dura en Rusia y en otros países del Este europeo hasta 1917, y en ellos se plantea el problema ya conocido por la Alemania de 1848: provocar dos revoluciones, y luchar, por tanto, por las tareas de la revolución capitalista. Una condición para un paso directo a la segunda revolución, la proletaria, era la revoluciónpolítica en Occidente, que fallón cuando la clase proletaria rusa conquistó sola el poder político, conservándolo durante algunos años.
6.- Mientras que hoy en el área de Europa Oriental puede considerarse como consumada la sustitución del feudalismo por el modo capitalista de producción y de intercambio, en el área asiática está en pleno curso la revolución contra el feudalismo y contra regímenes más antiguos, conducida por un bloque revolucionario de clases burguesas, pequeñoburguesas y trabajadoras.
9.- En los países de Asia donde aún dominan economías locales agrarias de tipo patriarcal y feudal, la lucha incluso política de las ”cuatro clases”, aun cuando surjan a continuación poderes nacionales y burgueses, es un elemento de victoria en la lucha internacional comunista, sea por la formación de nuevas áreas aptas al planteamiento de las reivindicaciones socialistas ulteriores, sea por los golpes asestados por tales insurrecciones y revueltas al imperialismo euroamericano».
Nuestras Tesis de Roma, 1922, hacían una distinción de fases históricas que, al mismo tiempo, era de áreas geográficas: «Poder feudal absolutista, Poder democrático-burgués, Gobierno socialdemócrata; Interregno de guerra social en el que llegan a ser inestables las bases del Estado; Poder proletario en la dictadura de los Consejos» y advertían: «En cierto sentido el problema de la táctica consiste, además de en elegir la buena vía para una acción eficaz, en evitar que la acción del partido se desborde de sus límites oportunos, replegándose sobre los métodos correspondientes a situaciones superadas, lo que tendría como consecuencia un parón del proceso de desarrollo del partido y un repliegue en la preparación revolucionaria».
Nuestra corriente ha sostenido siempre que los medios tácticos que el partido puede utilizar en determinadas áreas históricas y sociales, y en relación a la verificación de determinadas situaciones deben estar previstos y «recogidos en claras reglas de acción», las cuales constituyen la base de la organización misma del partido. Si no fuese posible determinar algunas reglas tácticas, una ”rosa de eventualidades”, un plan valedero para un larguísimo arco de tiempo y para grandísimos espacios, no sería ni siquiera posible llegar a la homogeneidad y a la centralización organizativa. No se trata, lo hemos dicho, de definir el conjunto de los medios dejándose guiar por postulados aprioristas, sino de determinar, a la luz de la doctrina y de manera cada vez más completa y profunda, el ”campo” histórico en el que el partido combate, y el juego de las fuerzas sociales internas de este ”campo”.
Es en base a esta exigencia práctica, donde vienen definidas y puntualizadas cada vez mejor, por el trabajo colectivo y por la experiencia misma del partido, los ”límites” fuera de los cuales la táctica del partido no puede funcionar so pena de reflejarse negativamente en el mismo partido. Porque otra afirmación nuestra, de carácter fundamental, es que la táctica que usa el partido se refleja e influye sobre la organización, como sobre los principios del partido; la táctica es la actuación del partido y no puede contradecir a su ser, sin que el ser mismo antes o después deba modificarse. Fue la Internacional Comunista la que pretendió, después de 1922, poder adoptar cualquier medio, cualquier maniobra, sin por esto despedazar al partido en su entrelazamiento organizativo y en su solidez teórica y programática. Nuestras Tesis de Lyon de 1926 sacan la lección de esta catastrófica pretensión precisamente en el momento en que la Internacional está a punto de ser conquistada definitivamente por la contrarrevolución estalinista: «No es solo el buen partido el que da la buena táctica, sino que es la buena táctica la que da el buen partido».
Y esto es evidente si, como marxistas, nosotros pensamos que no puede bastar con declarar que se adhiere a una cierta doctrina, a un programa y a principios y finalidades dadas, si estos no dan forma por sí mismos a toda la actividad real del partido determinando las características y las manifestaciones, hasta las más limitadas. Si la vida real de partido, su acción, su modo de moverse en las confrontaciones de las fuerzas sociales y políticas viene a contradecir a sus enunciaciones de principio, está claro que estas mismas enunciaciones caerán a largo plazo por mucho que se siga proclamando el respeto hacia ellos y propagándolas y agitándolas. Éste es el clásico camino del oportunismo, que proclama una adhesión platónica a los principios comunistas mientras desarrolla en la práctica las más oscenas desviaciones de esos principios.
Para nosotros, la adhesión y la fidelidad a los principios se manifiesta en el colosal y dificilísimo esfuerzo por conseguir verdaderamente que toda la vida del partido se uniforme y sea coherente con esos principios. Y esto no por lujo doctrinario, sino por necesidad práctica de la lucha; estará en condiciones de vencer la batalla revolucionaria (esa es la demostración luminosa de la Revolución de Rusia) sólo un organismo de partido que haya sabido apoyar en la granítica base del marxismo un plan táctico coherente, permaneciendo fiel en todas las vicisitudes de la lucha sin ceder nunca una pulgada, sacrificando a esta continuidad y rigidez de planteamiento las posibilidades de fáciles y momentáneos éxitos: el ”pantano” del que habla Lenin en el ”¿Qué Hacer?”, y que siempre está preparado para acoger a todos aquellos que abandonan la línea prevista y codificada, considerando precisamente que pueden usar cualquier medio, que pueden realizar cualquier maniobra, ilusionándose con que ésta no se refleja en su mismo ser.
En la base de la elección de los medios tácticos y de las maniobras debe ponerse la condición prioritaria de que ambas cosas sirvan para potenciar y no para invalidar la fisonomía del partido con contornos tajantes frente a todos los otros partidos y al Estado político. El problema táctico consiste en dos factores fundamentales: el partido – elemento consciente y capaz de prever la desembocadura de la lucha de clase – y la masa del proletariado que debe ser dirigida, en el curso del desarrollo de la acción física y material, para que siga al partido, por la vía que éste indica, con los métodos que éste propone. Entonces, en la base de la solución de todo problema táctico debe estar puesta la condición de que para realizar el segundo dato, no se desnaturalice, ni se deforme el primero y fundamental. Si eso se verifica, las masas también pueden desplazarse, pero es el partido el que se desvía de su camino y ya no es un instrumento útil para dirigir la lucha revolucionaria. Éste es un criterio esencial y válido para todos los campos históricos de la lucha de clase. Se injerta en este problema general el de que el partido debe siempre presentarse a los ojos de las masas proletarias como opuesto a todos los otros partidos políticos y al Estado, demostrando en la práctica, en el curso de la acción, al proletariado la necesidad de abrazar los métodos revolucionarios de lucha, desechando cualquier otro recurso a movimientos y acciones que se coloquen sobre el plano de las instituciones presentes y tiendan a demostrar a las masas que la solución de sus problemas pequeños o grandes, inmediatos o generales, es imposible por la vía pacifica y legal, sin hacer chocar la fuerza organizada del proletariado contra el conjunto de las instituciones legales.
Ofrecemos, partiendo de nuestras Tesis de Roma (1922), las grandes líneas de la táctica del partido en el campo europeo occidental y americano en la época imperialista. En este campo y en esta poca histórica los pilares básicos, las grandes líneas, que delimitan toda acción táctica del partido, son las siguientes:
a) ningún bloque, alianza o frente con otros partidos políticos, incluso pseudoproletarios, sobre la base de consignas contingentes comunes (frente único sindical sobre la base de la acción directa de las masas proletarias, contra frente único político y acciones comunes dirigidas sobre el terreno de las instituciones democráticas legales);
b) ninguna participación del partido en campañas electorales de ningún género; devaluación constante del método electoral del recuento de opiniones, no solo como impotente para la conquista del poder político, sino como contraproducente para la misma defensa de intereses inmediatos de la clase. Invitación constante y demostración de la necesidad para el proletariado de pasar del terreno de la acción legal y pacifista al terreno de la acción directa incluso para la defensa de sus más elementales intereses;
c) en las confrontaciones de la ”aparente” división del campo burgués en bloques de ”derechas” y de ”izquierdas” y de postulados que sedicentemente interesan a la clase obrera, y que este último bloque proclama querer realizar, una crítica constante contra las posiciones del bloque de ”izquierda”, demostración de que éste forma un frente antirrevolucionario con la ”derecha”, demostración de que esos postulados, en la medida en que interesan verdaderamente a las masas proletarias, solamente son realizables en el plano de la movilización y de la lucha de la clase, y no sobre el plano legalitario y pacífico. El partido puede hacerse directamente promotor de la lucha por objetivos que el bloque de ”izquierda” enuncia demagógicamente, pero que le interesan verdaderamente a la clase obrera, llamando él mismo al proletariado a afirmarlos y a defenderlos, constituyendo un frente de lucha de sus organismos económicos inmediatos y lanzándose al plano de la acción y de la huelga general, llegando a la demostración práctica de que aquellos partidos que solo quieren moverse en el plano de la acción a través de las instituciones legales, en realidad traicionan incluso aquellos objetivos que sostienen de palabra, precisamente porque rechazan el uso de los únicos medios que podrían permitir su consecución o su defensa. Sobre esta constatación histórica real está fundado el abstencionismo electoral (y no solo parlamentario) del partido comunista en occidente desde 1920 en adelante, y la polémica de nuestra corriente contra las tesis del parlamentarismo revolucionario defendida por Lenin y por los bolcheviques.
d) en las confrontaciones de la posible verificación de un gobierno de ”izquierda”, demostración constante y preventiva de que éste no constituiría una mejora de ningún género y en ningún campo para el proletariado. Valoración de que el ”experimento socialdemócrata” puede ser positivo, pero solo en el sentido de que demostraría prácticamente a las masas la naturaleza contrarrevolucionaria de los partidos oportunistas y podría convertirse en un aumento de potencia del partido revolucionario a condición de que éste haya denunciado desde el inicio tal experimento, haya indicado a las masas su necesario fracaso y haya sabido separar claramente sus responsabilidades de las de los partidos oportunistas. Ninguna solidaridad del partido con un gobierno del género, ni siquiera en el caso de que fuese violentamente atacado por fuerzas de ”derecha”. Si en una circunstancia similar el proletariado fuese llamado por los partidos oportunistas a acciones armadas contra la ”derecha”, el partido tendría la tarea de dirigir a los proletarios en armas hacia la conquista del poder político y la dictadura de clase, denunciando toda defensa del poder existente, y proclamando abiertamente que éste es tan hostil al proletariado como las fuerzas que le atacan, y que ambas deben sucumbir al poder armado del proletariado dirigido por el partido comunista.
Estos pilares básicos de la táctica del partido, declarados abiertamente en las Tesis de Roma de 1922, mientras se desarrollaba en Italia la ofensiva fascista, permanecen confirmados y verificados en las Tesis de Lyon de 1926, las cuales extraen la lección de aquel intervalo de tiempo, que había visto al fascismo afirmarse y al partido inclinarse peligrosamente hacia la búsqueda de ”aliados políticos” contra el fascismo, no solo en los partidos seudo-obreros, sino también en los burgueses ”democráticos” (Aventino, etc). En este cuerpo de Tesis se enuncia como complemento de las grandes líneas descritas más arriba:
a) negación de que el partido deba, en presencia de luchas de clase y de partidos, que no sean n las de su terreno específico, «elegir entre las dos fuerzas en contienda a aquella que representa el desarrollo de la situación más favorable para la evolución histórica general y que deba más o menos sostenerla abiertamente y coaligarse con ella». Ninguna elección entre ”gobiernos reaccionarios de derecha” y ”gobiernos de izquierda”; demostración al proletariado de que «la burguesía intenta y a menudo consigue alternar sus métodos y partidos de gobierno según su interés contrarrevolucionario» y que «el triunfo del oportunismo ha pasado siempre a través del apasionamiento del proletariado hacia las vicisitudes sucesivas de la política burguesa».
b) Por consiguiente: «El partido comunista, en presencia de luchas que aún no pueden desarrollarse como la lucha definitiva por la victoria proletaria, no se convertirá en gerente de cambios y realizaciones que no le interesan directamente a la clase que él representa, y no intercambiará su carácter y su actitud autónoma con los de una especie de sociedad de seguros para todos los movimientos políticos autoproclamados ”renovadores”, o para todos los sistemas y gobiernos ticos amenazados por un pretendido gobierno peor».
En perfecta continuidad con el análisis expuesto por Lenin, la Izquierda identifica, con el ordenamiento totalitario de la economía capitalista de la época imperialista, la premisa objetiva para la sustitución de las formas democrático-parlamentarias del dominio burgués con formas totalitarias de gobierno: el ”moderno y progresivo” método fascista que, llegado a su expresión más evidente en Italia y en Alemania, se impone sin embargo en todos los grandes Estados imperialistas del mundo, destruyendo en todas partes la vieja y reaccionaria forma democrática liberal, manteniéndola al máximo como «espejito para las alondras proletarias». En la fase imperialista del capitalismo en su desarrollo hasta la segunda guerra mundial, «los postulados económicos, sociales y políticos del liberalismo y de la democracia son antihistóricos, ilusorios y reaccionarios, y el mundo está en la dirección por la que en los grandes países la organización liberal desaparece y cede el puesto al más moderno sistema fascista» (”Naturaleza, Función y táctica del partido…” 1947).
En esta visión permanecen confirmados y remachados los pilares tácticos ya sancionados en las Tesis de Roma y de Lyon con las siguientes precisiones:
1) el partido no debe aplicar ninguna «táctica que, incluso por sus únicas posiciones formales, conlleve actitudes y consignas aceptables por los movimientos políticos oportunistas» (Ibidem).
2) la praxis política del partido «rechaza las maniobras, las combinaciones, las alianzas y los bloques que tradicionalmente se forman sobre la base de postulados y consignas de agitación contingentes comunes a varios partidos» (Ibidem).
3) «Tanto en la vida económica cotidiana como en la política general y mundial, la clase obrera, como no tiene nada que perder, no tiene nada que defender, y su tarea es solo ataque y conquista. Por lo tanto, al aparecer las manifestaciones de concentración, unidad y totalitarismo capitalista, el partido revolucionario debe ante todo reconocer en ello su victoria ideológica integral, y debe pues preocuparse solamente de la relación efectiva de fuerzas para el enfrentamiento en la guerra civil revolucionaria, relación que hasta hoy han tornado desfavorables, precisa y solamente, las oleadas de degeneración oportunista e inmediatista» (”Tesis características del Partido”, 1951);
4) «Incluso las aparentes supervivencias de las instituciones electorales parlamentarias de las burguesías tradicionales van agotándose cada vez más quedando solamente una fraseología, y poniendo en evidencia en los momentos de crisis social la forma dictatorial del Estado, como última instancia del capitalismo, contra la cual debe ejercerse la violencia del proletariado revolucionario. El partido, por lo tanto, permaneciendo este estado de cosas y las actuales relaciones de fuerza, se desinteresa de las elecciones democráticas de todo tipo y no desarrolla su actividad en ese campo» (Ibidem).
Es dentro de estos precisos ”límites”, dictados por la historia, donde (en el campo occidental) debe desarrollarse el complejo problema de la táctica del partido comunista. Es por esto que, en los últimos dos parágrafos de esta parte del trabajo, colocamos las citas que demuestran el análisis hecho por el partido del fascismo y del totalitarismo como ”progresivos” respecto a la vieja democracia liberal. No estamos en la fase y en el campo histórico-político en el que el partido proletario apoya sobre el terreno de la acción armada y con una plena autonomía de programa, de táctica y de organización a los movimientos democrático-burgueses contra los viejos regímenes (eran admisibles alianzas y bloques de partidos políticos), ni en aquel, típico de la Europa de 1871-1914, en que se ponía a la orden del día la revolución burguesa ”hasta el fondo” y la democracia burguesa, aún no siendo ya revolucionaria, al menos era realmente ”progresista” (y el partido combatió al lado de la pequeña burguesía por la extensión de la democracia, por las reformas, por el sufragio universal, etc); estamos en la época en la que el totalitarismo estatal se afirma eliminando sustancialmente, cuando no formalmente, los últimos vestigios de la democracia parlamentaria con todo su cortejo de ”garantías” y de ”derechos”.
El partido proletario debe afinar su acción para esta constatación que, como remachan nuestras tesis de la segunda posguerra, le distingue de todos los otros reagrupamientos políticos para los cuales, aunque estén en la ”extrema izquierda”, la democracia sigue siendo un ”bien” que hay que defender o que reconquistar, y el fascismo es el ”peor mal”. Para el partido, la democracia está muerta de una vez para siempre para la misma burguesía, y el mundo moderno se organiza en formas totalitarias y fascistas, incluso donde puede y considera oportuno mantener la apariencia de las ”instituciones libres” para atontar a los proletarios. Por eso, el último parágrafo del trabajo recoge las citas que expresan el pensamiento del partido sobre el eleccionismo y sobre el parlamentarismo, y que se resumen en la obvia conclusión de que, si todavía en 1920 el uso del mecanismo electoral era un instrumento para asegurar el dominio de la burguesía, y como instrumento del dominio burgués era atacado y desenmascarado el parlamento, hoy, tras la victoria del totalitarismo, la burguesía misma ya no domina a través de parlamentos y elecciones, sino que solamente se sirve de ellos para esconder sus verdaderos instrumentos de poder a los ojos del proletariado. De ahí la clara directriz táctica expresada en nuestro Diálogo con los Muertos (1956): «Desde 1920 el partido ya no participa (no habría debido) en elecciones». Solo sobre la base de estos pilares fundamentales es donde deben ser valorados y estudiados los movimientos del partido en las distintas situaciones en el área euroamericana.
CAP. 1 – NECESIDAD DE LA PREVISIÓN Y PROGRAMACIÓN TÁCTICAS
137 – La táctica de la Internacional Comunista – 1922
II -…No hay marxista que no deba estar con Lenin cuando denuncia como enfermedad infantil un criterio de acción que impide ciertas posibilidades de iniciativa en base a la simple consideración de que no son bastante rectilíneas y colocadas en el esquema formal de nuestras idealidades sin desentonaciones y deformaciones antiestéticas. El medio puede tener aspectos contrarios al fin para el cual lo adoptamos, dice el fondo de nuestro pensamiento crítico: para un fin alto, noble, seductor, el medio puede presentarse mezquino, tortuoso y vulgar: lo que importa es poder calcular su eficacia, y quien lo haga con la simple confrontación de las formas exteriores desciende al nivel de una concepción subjetiva e idealista de las causalidades históricas que tiene algo de cuáquero, ignorando los recursos superiores de nuestra crítica, que hoy deviene una estrategia, y que vive de las geniales concepciones realistas del materialismo de Marx…
Al igual que no hay una argumentación para tomar en serio, que pueda excluir la utilidad de adoptar los medios de acción de la burguesía para abatir a la burguesía, tampoco se puede negar aprioristamente que con la adopción de los medios tácticos de los socialdemócratas se puedan abatir a los socialdemócratas.
No queremos ser malentendidos y nos reservamos exponer después nuestro pensamiento, y por lo demás, quien quiera comprender la construcción no tiene más que estudiar nuestras tesis sobre la táctica. Diciendo que el campo de las posibles y admisibles iniciativas tácticas no puede estar limitado por consideraciones dictadas por un simplismo falsamente doctrinal, metafísicamente dedicado a confrontaciones formales y preocupado por la pureza y por la rectitud como fines en sí mismas, no pretendemos decir que el campo de la táctica deba seguir siendo ilimitado y que todos los métodos sean buenos para alcanzar nuestros fines. Sería un error confiar la difícil solución de la búsqueda de los medios aptos por la simple consideración de que se tenga la intención de valerse de ellos para objetivos comunistas. No se haría más que repetir el error de convertir en subjetivo un problema que es objetivo, contentándose con el hecho de que quien elige, dispone y dirige las iniciativas, está decidido a luchar por las finalidades comunistas y se deja guiar por ellas.
Existe y debe, por tanto, estar cada vez mejor elaborado un criterio nada infantil, sino íntimamente marxista, de trazar los límites de las iniciativas tácticas, que no tiene nada en común con los preconceptos y los prejuicios de un equivocado extremismo, pero que alcanza por otra vía la útil previsión de los lazos, de otro modo muy complejos, que unen los expedientes tácticos a los que se recurre con los resultados que se esperan de ellos y que luego se derivan de los mismos…
Por poco que se profundice el valor dialéctico de esta situación se verá que todas las objeciones de una intransigencia simplista caen totalmente. ¿La alianza para la revolución con los derrotistas y con los traidores a la revolución? grita aterrorizado el comunista tipo cuarta internacional o el rufián centrista tipo entre la segunda y la tercera. Pero nosotros no nos paramos en esta ejercitación terminológica…
V -…Porque el partido no es el ”sujeto” invariable e inmezclable de las incomprensibilidades filosóficas, sino un elemento objetivo de la situación. La solución del dificilísimo problema de la táctica del partido, sin embargo no es análoga a la de los problemas del arte militar; en política se puede corregir, pero no manipular a placer la situación: los datos del problema no son nuestro ejército o el del adversario, pero la formación del ejército a costa de los estratos indiferentes y de las mismas formaciones enemigas se forma – y puede formarse tanto de una parte como de la otra – mientras se desarrollan las hostilidades.
138 – Tesis sobre la táctica al II Congreso del PC de Italia (Tesis de Roma) – 1922
24 -…El programa del partido comunista contiene una perspectiva de acciones sucesivas relacionadas con sucesivas situaciones, según el proceso de desarrollo que generalmente se les atribuye. Existe pues una estrecha conexión entre las directivas programáticas y las reglas tácticas. Por consiguiente, el estudio de la situación aparece como un elemento integrante para la resolución de los problemas tácticos, dado que el partido había previsto ya en su conciencia y experiencia crítica un cierto desenvolvimiento de las situaciones y, por tanto, había delimitado las posibilidades tácticas correspondientes a la acción a desarrollar en las distintas fases. El examen de la situación permitirá controlar la exactitud del planteamiento programático del partido; el día en que este examen impusiese una revisión sustancial, el problema sería mucho más grave que los que pueden resolverse gracias a una simple conversión táctica, y la inevitable rectificación de la visión programática no podría dejar de tener consecuencias serias sobre la organización y la fuerza del partido. Éste debe esforzarse pues por prever el desarrollo de las situaciones para explicar en ellas ese grado de influencia que le es posible ejercer; pero esperar las situaciones para dejarse indicar e inspirar eclécticamente y sin continuidad por éstas, es un método característico del oportunismo socialdemócrata…
26 – Sin embargo, el partido no puede emplear su voluntad e iniciativa en una dirección caprichosa y en una medida arbitraria. Los límites dentro de los cuales debe y puede fijar la una y la otra le son impuestos precisamente por sus directivas programáticas, como también por la posibilidad y oportunidad de acciones que se deduzcan del examen de las situaciones contingentes.
27 – Del examen de la situación se debe extraer un juicio sobre las fuerzas del partido y sobre la relación entre éstas y las de los movimientos adversarios. Sobre todo, es necesario preocuparse por juzgar la extensión de la capa del proletariado que seguiría al partido si éste emprendiese una acción y trabase una lucha. Se trata de formarse una noción exacta de las influencias y de los impulsos espontáneos que la situación económica determina en el seno de las masas, y de la posibilidad de desarrollo de estos impulsos como resultado de las iniciativas del partido comunista y de la actitud de los otros partidos…
28 – Los elementos integrantes de esta investigación son muy variados. Ellos consisten en el examen de las tendencias efectivas a la constitución y al desarrollo de las organizaciones del proletariado, y en el análisis de las reacciones – incluso psicológicas – que producen en él las condiciones económicas, como también las mismas actitudes e iniciativas sociales y políticas de la clase dominante y de sus partidos. En el campo político, el examen de la situación ha de completarse con el análisis de las posiciones y fuerzas de las distintas clases y partidos respecto al poder del Estado. En este aspecto, se pueden clasificar en fases fundamentales las situaciones en las cuales el partido comunista puede tener que actuar, y que en su sucesión normal lo llevan a reforzarse extendiendo sus efectivos y – al mismo tiempo – a precisar cada vez más los límites de su táctica. Estas fases pueden ser indicadas así: poder feudal absolutista – poder burgués democrático – gobierno socialdemócrata interregno de guerra social en que se vuelven inestables las bases del Estado – poder proletario en la dictadura de los consejos. En cierto sentido, el problema de la táctica no consiste solamente en elegir la buena vía para una acción eficaz, sino también en evitar que la acción del partido rebase sus límites adecuados, replegándose en métodos que corresponden a situaciones superadas, lo que provocaría como consecuencia la detención del proceso de desarrollo del partido y un repliegue en la preparación revolucionaria…
29 -…Por consiguiente el partido y la Internacional deben exponer sistemáticamente el conjunto de las normas tácticas generales, para la aplicación de las cuales podrán llamar a la acción y al sacrificio a las formaciones de sus adherentes y a las capas del proletariado que se colocan en torno a ellos, demostrando cómo tales normas y perspectivas de acción constituyen la vía inevitable para alcanzar la victoria. Es pues una necesidad práctica y organizativa la que conduce a establecer los términos y los límites de la táctica del partido, y no el deseo de teorizar y esquematizar la complejidad de los movimientos que el partido podrá ser llamado a emprender. Es precisamente por estas razones muy concretas que el partido debe adoptar decisiones que parecen restringir sus posibilidades de acción, pero que son las únicas que garantizan la unidad orgánica de su obra en la lucha proletaria.
47 -…La táctica del partido comunista no está dictada por preconceptos teóricos o por preocupaciones éticas y estéticas, sino solo por la real correspondencia de los medios con la meta y la realidad del proceso histórico, según la síntesis dialéctica de doctrina y de acción que es el patrimonio de un movimiento destinado a ser el protagonista de la renovación social más vasta, el conductor de la guerra revolucionaria más grande.
139 – Tesis de la Izquierda al III Congreso del PC de Italia (Tesis de Lyon) – 1926
I, 3 -…Hay que decir bien alto que, en ciertas situaciones, pasadas, presentes y futuras, el proletariado ha estado, está y estará en su mayoría, necesariamente, sobre una posición no revolucionaria, de inercia y colaboración con el enemigo según los casos; pero que, a pesar de todo, el proletariado continúa siendo siempre y por doquier la clase potencialmente revolucionaria y depositaria del desquite de la revolución, mientras exista en su seno el partido comunista que, sin renunciar jamás a todas las posibilidades de afirmarse y manifestarse de manera coherente, sabe evitar las vías que aparecen más fáciles a los efectos de una popularidad inmediata, pero que lo desviarían de su tarea y privarían al proletariado del punto de apoyo indispensable de su reanudación. Sobre dicho terreno dialéctico y marxista, y jamás sobre el terreno estético y sentimental, debe rechazarse la bestial expresión oportunista de que un partido comunista es libre de adoptar todos los medios y todos los métodos. Al afirmar que el partido, precisamente por ser verdaderamente comunista, es decir, sano en los principios y en la organización, se puede permitir todas las acrobacias en la maniobra política, se olvida que el partido es para nosotros, al mismo tiempo, factor y producto del desarrollo histórico, y que frente a las fuerzas de este último el proletariado se comporta como una materia más plástica aún. Lo que tendrá influencia sobre el proletariado no serán las explicaciones tortuosas que los jefes del partido presentarían para justificar ciertas ”maniobras”, sino los efectos reales que es necesario saber prever, utilizando sobre todo la experiencia de los errores pasados. Solo si se sabe actuar en el campo de la táctica y rechazar enérgicamente las falsas vías con normas de acción precisas y respetadas, el partido podrá preservarse de las degeneraciones, lo que jamás logrará solamente con credos teóricos y sanciones organizativas…
Construir la táctica comunista según un método no dialéctico, sino formalista, sería estar en contra de Marx y Lenin. Sería un error garrafal afirmar que los medios deben corresponder a los fines no en virtud de su sucesión histórica y dialéctica en el proceso del desarrollo, sino según la semejanza y analogía de los aspectos que los medios y los fines pueden tener desde el punto de vista inmediato y casi diremos ético, psicológico o estético. En materia de táctica, no debe cometerse el error que anarquistas y reformistas cometen en materia de principios, cuando a éstos les parece absurdo que la supresión de las clases y del poder estatal haya que prepararla a través del predominio de la clase y del estado dictatorial proletario, y que la abolición de toda violencia social se realice a través del empleo de la violencia ofensiva y defensiva, violencia revolucionaria con respecto al poder actual y conservador con respecto al poder proletario. Análogamente, se equivocaría quien afirmase que un partido revolucionario deba estar en todo momento por la lucha sin tener en cuenta las fuerzas de amigos y enemigos; que en una huelga, por ejemplo, el comunista no pueda propugnar más que su continuación a ultranza; que un comunista deba rechazar ciertos medios como el disimulo, la astucia, el espionaje, etc, porque carecen de nobleza y son poco simpáticos. La crítica marxista y de Lenin contra el seudorrevolucionarismo superficial que apesta el camino del proletariado constituye el esfuerzo por eliminar esos criterios estúpidos y sentimentales de la resolución de los problemas tácticos. Esta crítica forma parte de manera definitiva de la experiencia del movimiento comunista…
Pero esa crítica al infantilismo no significa que en materia de táctica deban reinar la indeterminación, el caos y la arbitrariedad, y que ”todos los medios” sean adecuados para alcanzar nuestros objetivos. Decir que la garantía de la adecuación de los medios a los fines reside en la naturaleza revolucionaria adquirida por el partido y en la contribución que a sus decisiones aportan hombres insignes o grupos que tienen tras de sí una brillante tradición, es un juego de palabras no marxista, por cuanto prescinde de la repercusión que tienen sobre el partido los medios de acción mismos que éste emplea, por el juego dialéctico de causas y efectos, y porque prescinde de nuestra negación de todo valor a las ”intenciones” que dictan las iniciativas de individuos y grupos; por otra parte, jamás se puede prescindir de la ”sospecha” (en un sentido no injurioso) acerca de dichas intenciones, tal como lo muestran las sangrientas experiencias del pasado.
En su libro sobre el infantilismo, Lenin dice que los medios tácticos deben ser escogidos en función de la realización del objetivo final revolucionario, gracias a una clara visión histórica de la lucha del proletariado y de su desenlace, y que sería absurdo descartar un cierto medio táctico solo porque parezca ”feo” o merezca la definición de ”compromiso”; por el contrario, hay que establecer si ese medio corresponde o no al fin. Éste es un problema siempre actual y seguirá siendo actual como tarea formidable para la actividad colectiva del partido y de la Internacional Comunista. Respecto al problema de los principios teóricos podemos decir que Marx y Lenin nos han legado una herencia segura, sin querer decir con esto que haya terminado toda tarea de nuevas investigaciones teóricas para el comunismo; sin embargo, no puede decirse lo mismo en el campo táctico, ni siquiera después de la revolución rusa y de la experiencia de los primeros años de vida de la nueva Internacional, la cual ha estado privada prematuramente de Lenin. El problema de la táctica, mucho más amplio que las respuestas simplistas y sentimentales de los ”infantiles” debe ser aún mejor iluminado con la contribución de todo el movimiento comunista internacional, y de toda su experiencia pasada y reciente. No se está en contra de Marx y de Lenin cuando se afirma que para la resolución de ese problema se deben buscar reglas de acción, que no son vitales y fundamentales como los principios, pero que deben ser obligatorias tanto para los militantes como para los órganos dirigentes del movimiento, y que contemplen las diferentes posibilidades de desarrollo de las situaciones, para trazar con toda la precisión posible el sentido en que deberá moverse el partido cuando éstas presenten determinados aspectos.
El examen y la comprensión de las situaciones deben ser elementos necesarios para adaptar las decisiones tácticas, pero no en cuanto puedan conducir, según la arbitrariedad de los jefes, a ”improvisaciones” y ”sorpresas”, sino en cuanto indicarán al movimiento que ha llegado la hora de una acción lo más prevista posible. De lo que se trata es de prever lo que deberemos hacer en las distintas hipótesis posibles en el curso de las situaciones objetivas, y no de prever las situaciones, lo que todavía es menos posible con seguridad. Negar la posibilidad y la necesidad de prever las grandes líneas de la táctica, – no de prever las situaciones, cosa posible con una seguridad aún menor, sino de prever qué deberemos hacer en las diversas hipótesis posibles sobre la marcha de las situaciones objetivas – significa negar la tarea del partido y negar la única garantía que podemos dar de que, en cada eventualidad, sus militantes y las masas responderán a las órdenes del centro dirigente.
140 – Las perspectivas de la posguerra en relación con la plataforma del Partido – 1946
Un carácter totalmente central y distintivo de nuestro criterio directivo, contrapuesto, en una lucha de decenios a los de todos los oportunistas y desertores de la lucha de clase, es el de establecer en líneas clarísimas las directrices de acción del partido ante los previsibles y más impresionantes desarrollos de la vida histórica del mundo capitalista que nosotros combatimos. Debe estar totalmente excluido para el partido, y, si éste está a la altura de su función, también para la clase que él personifica, que con el estallido de acontecimientos incluso grandísimos y de cataclismos históricos, centros dirigentes y grupos organizados tengan que descubrir que el dominio de los acontecimientos indiquen la elección de vías y la aceptación de consignas de acción en contraste con las del movimiento sólidamente establecidas y seguidas.
Tal es la condición para que un movimiento revolucionario pueda no solo resurgir, sino evitar sumergirse en las crisis como las del socialnacionalismo de 1914 y del nacionalcomunismo impuesto por Moscú en la fase histórica de la segunda guerra…
La esencia de la tarea práctica del Partido y de su posibilidad de influir en las relaciones de las fuerzas actuantes, y en la sucesión de los acontecimientos está, precisamente, no en la improvisación y en la imaginación de hábiles recursos y maniobras en la medida en que las nuevas situaciones maduran, sino en la estricta continuidad entre sus posiciones críticas y sus consignas de propaganda y de batalla en toda la sucesión y la contraposición de las diversas fases del devenir histórico.
141 – Naturaleza, función y táctica del partido revolucionario de la clase obrera – 1947
Los principios y las doctrinas no existen de por sí como un fundamento que surge y se establece antes de la acción; tanto ésta como aquellos se forman en un proceso paralelo. Son los intereses materiales concurrentes los que empujan prácticamente a la lucha a los grupos sociales, y de la acción suscitada por estos intereses materiales se forma la teoría que deviene patrimonio característico del partido. Si se dejan de lado las relaciones de intereses, los incentivos para la acción y las orientaciones prácticas de ésta, se abandona y se deforma la doctrina del partido.
Pensar que ésta pueda convertirse en algo sagrado e intangible debido a su codificación en un texto programático y por un estrecho encuadramiento organizativo y disciplinario del organismo partido, y que por tanto puedan consentirse múltiples y desvariadas orientaciones y maniobras en la acción táctica, significa no distinguir de una manera marxista cual es el verdadero problema que hay que resolver para conseguir la elección de los métodos de acción…
Hoy es posible, sin extraer de los textos sobre las discusiones de entonces todo el conjunto de los argumentos críticos, concluir que el balance de una táctica demasiado elástica y demasiado maniobrada no solo es un resultado negativo, sino desastrosamente ruinoso…
La causa de estos fracasos debe buscarse en el hecho de que las sucesivas consignas han llovido sobre los partidos y en medio de sus encuadramientos con el carácter de sorpresas imprevistas y sin ninguna preparación de la organización comunista para las distintas eventualidades. Los planes tácticos del partido, por el contrario, incluso previendo una variedad de situaciones y de comportamiento, no pueden y no deben convertirse en un monopolio esotérico de jerarquías supremas, sino que deben estar estrechamente coordinados a la coherencia teórica, a la conciencia política de los militantes, a las tradiciones de desarrollo del movimiento, y deben permear la organización de modo que ésta esté preparada preventivamente y pueda prever cuáles serán las reacciones de la estructura unitaria del partido ante los acontecimientos favorables o desfavorables que surjan en el transcurso de la lucha. Pretender algo más o distinto para el partido, y creer que éste no sufre daños con imprevistos golpes de timón tácticos, no equivale a tener de él un concepto más rígido y revolucionario, sino que abiertamente, como demuestran los cotejos históricos concretos, constituye el clásico proceso definido con el término de oportunismo, por el cual el partido revolucionario o se disuelve y naufraga en la influencia derrotista de la política burguesa, o queda más fácilmente al descubierto y desarmado ante las iniciativas represivas.
142 – Teoría y acción (Reunión de Forlí) – 1952
1 – Dada la situación presente de decaimiento al mínimo de la energía revolucionaria, una tarea práctica es la de examinar el curso histórico de toda la lucha, y es un error definirla como un trabajo de tipo literario o intelectual, contraponiéndola a no se sabe qué inmersión en medio de la acción de las masas.
6 – Por lo tanto, no siendo concebibles bruscos retornos de las masas a una organización útil de ataque revolucionario, el mejor resultado que los próximos tiempos pueden dar es volver a proponer los verdaderos fines y reivindicaciones proletarias y comunistas, y remachar la lección de que es derrotismo toda improvisación táctica que cambie de situación en situación con la pretensión de explotar datos inesperados de las mismas.
7 – El estúpido actualismo-activismo que adapta gestos y movimientos a los datos inmediatos de hoy, verdadero existencialismo de partido, debe ser sustituido por la reconstrucción del sólido puente que une el pasado al futuro, y cuyas grandes líneas se dicta a sí mismo el partido de una vez para siempre, prohibiendo a los militantes, y sobre todo a los jefes, la búsqueda y el descubrimiento tendenciosos de ”nuevas vías”.
8 – Esta moda, sobre todo cuando difama y abandona el trabajo doctrinal y la restauración teórica (necesaria hoy como lo fue para Lenin en 1914-18), al suponer que la acción y la lucha son todo, recae en la destrucción de la dialéctica y del determinismo marxistas, sustituyendo la inmensa búsqueda histórica de los raros momentos y puntos cruciales sobre los cuales apoyarse por un voluntarismo descabellado, que es de hecho la peor y más crasa adaptación al status quo y a sus míseras perspectivas inmediatas.
11 – Un trabajo semejante es largo y difícil, absorbe años y años; por otra parte, la relación de fuerzas de la situación mundial no puede invertirse antes de decenios. Por lo tanto, todo espíritu estúpido y falsamente revolucionario de aventura rápida debe ser desechado y despreciado en cuanto que es propio de quien no sabe resistir en la posición revolucionaria y, como en tantos ejemplos de la historia de las desviaciones, abandona la vía maestra por los callejones equívocos del éxito a breve plazo.
143 – Consideraciones sobre la orgánica actividad del partido cuando la situación general es históricamente desfavorable – 1965
5 – La relación que existe entre las soluciones tácticas, para que no sean condenadas por los principios doctrinales y teóricos, y el multiforme desarrollo de las situaciones objetivas y en cierto sentido, externas al partido, es ciertamente muy mutable; pero la Izquierda ha mantenido que el partido debe dominarla y preverla anticipadamente, como está desarrollado en las Tesis de Roma sobre la táctica, entendidas como proyecto de tesis para la táctica internacional.
CAP. 2 – ELEMENTO PRIORITARIO DE LA TÁCTICA: AUTONOMÍA ABSOLUTA DEL PARTIDO
144 – La táctica de la Internacional Comunista – 1922
IV -…Nosotros creemos que un plan similar se basa en una contradicción y contiene prácticamente los elementos de un fracaso indefectible. Es indudable que el Partido Comunista debe proponerse utilizar también los movimientos no conscientes de las grandes masas, y no puede dedicarse a una prédica negativa puramente teórica cuando se encuentre en presencia de tendencias generales hacia otras vías de acción que no sean las propias de su doctrina y praxis. Pero esta utilización resulta provechosa si planteándose sobre el terreno en el que se mueven las grandes masas, trabajando también en uno de los dos factores esenciales del éxito revolucionario, se está seguro de no comprometer el otro, no menos indispensable de la existencia y progresivo reforzamiento del partido y de aquel encuadramiento de una parte del proletariado que ya ha sido conducida sobre el terreno en el cual actúan las consignas del partido…
Si un día, tras un periodo de acontecimientos y de luchas más o menos largo, la masa obrera se encontrase finalmente frente a la vaga constatación de que toda tentativa de revuelta es inútil, si no se choca contra la misma máquina del aparato estatal burgués, porque en las fases precedentes hubiese permanecido gravemente comprometida la organización del partido comunista y de los movimientos que lo flanquean (como el encuadramiento sindical y el militar), el proletariado se encontraría desprovisto de las armas mismas de su lucha, de la contribución indispensable de aquella minoría que posee la clara visión de las tareas a afrontar, y que por haberla poseído durante mucho tiempo y mantenido a la vista se ha dado todo un entrenamiento y se ha armado en el amplio sentido de la palabra, ambas cosas indispensables para la victoria de la gran masa.
Nosotros pensamos que esto tendría lugar, demostrándose la esterilidad de todo plan táctico como los que estamos examinando, si el Partido Comunista asumiese prevaleciente y clamorosamente actitudes políticas tales como para anular o cuestionar su carácter intangible de PARTIDO DE OPOSICIÓN RESPECTO AL ESTADO Y A LOS OTROS PARTIDOS POLÍTICOS…
La actitud y la actividad de oposición política del Partido Comunista no son un lujo doctrinal, sino, como veremos, una condición concreta del proceso revolucionario.
Efectivamente, actividad de oposición quiere decir constante predicación de nuestras tesis de la insuficiencia de toda acción de conquista democrática del poder y de toda lucha política que quiera mantenerse en el terreno legal y pacífico, fidelidad a esa actividad de oposición en la crítica continua y en la división de responsabilidades por la obra de los gobiernos y de los partidos legales, formación, ejercitación y entrenamiento de órganos de lucha que solo un partido antilegalitario como el nuestro puede construir, fuera y contra el mecanismo que es el de la defensa burguesa…
Bajo este aspecto, nosotros, fieles a la tradición resplandeciente de la Internacional Comunista, no juzgamos a los partidos políticos con el criterio con el cual es justo juzgar a los organismos económicos sindicales, o sea según el campo de reclutamiento de sus efectivos y la clase sobre la que se realiza dicho reclutamiento, sino con el criterio de su actitud hacia el Estado y su mecanismo representativo. Un partido que se cierra voluntariamente en los confines de la legalidad, o sea, que no concibe otra acción política que la que se puede ejercer sin uso de violencia civil en las instituciones de la constitución democrático burguesa, no es un partido proletario, sino un partido burgués, y en cierto sentido basta, para dar este juicio negativo, el solo hecho de que un movimiento político (como el sindicalista o democrático) aun poniéndose fuera de los límites de la legalidad rechaza aceptar el concepto de la organización estatal de la fuerza revolucionaria proletaria, o sea de la dictadura. Aquí no hay más que la enunciación de la plataforma defendida por nuestro partido: frente único sindical del proletariado, oposición política incesante hacia el gobierno burgués y todos los partidos legales...
V -…La burguesía y sus aliados trabajan para difundir en el proletariado la persuasión de que para su lucha por mejoras no es necesario servirse de medios violentos, y que sus armas se encuentran en el empleo pacífico del aparato democrático representativo y en la órbita de las instituciones legales. Estas conclusiones son muy peligrosas para la suerte de la revolución, porque es verdad que en un cierto momento caerán, pero en ese mismo momento, tras su caída, no se presentará la actitud de las masas para sostener la lucha contra el aparato legal y estatal burgués con los medios de la guerra revolucionaria, ni a proclamar ni a sostener la dictadura de clase, único medio para sofocar a la clase enemiga. La repugnancia y la inexperiencia del proletariado para usar estas armas resolutivas se convertirían en otras tantas ventajas para la burguesía: destruir esta repugnancia subjetiva en el mayor número posible de proletarios para dar al adversario los golpes decisivos, y prepararlo para las exigencias de tal acción, es por el contrario la tarea del partido comunista. Es ilusorio perseguir tal fin con la preparación de la ideología y de la ejercitación para la guerra de clase hasta del último proletario, es indispensable garantizarlo con la formación y la consolidación de un organismo colectivo cuya obra y actitud en dicho campo constituyan el reclamo de la parte más grande posible de los trabajadores, para que poseyendo un punto de referencia y de apoyo, la indefectible desilusión que dispersará mañana las mentiras democráticas sean seguidas por una conversión útil a los métodos de lucha revolucionaria…
La vía de la revolución deviene un círculo vicioso si el proletariado, para constatar que el variopinto telón de la democracia liberal y populachera esconde los férreos bastiones del Estado de clase, deberá proceder hasta el fondo sin pensar en proveerse de medios aptos para demoler el último y decisivo obstáculo, si no en el momento en que desde la fortaleza del dominio burgués saldrán para precipitarse sobre él, armadas hasta los dientes, las feroces formaciones de la reacción. El partido es necesario para la victoria revolucionaria en cuanto que es necesario que mucho antes una minoría del proletariado comience a gritar incesantemente a los demás que es necesario armarse para el choque supremo, armándose ella misma e instruyéndose para la lucha que será inevitable. Precisamente por eso, el Partido para asumir su tarea específica no solo debe predicar y demostrar con razonamientos que la vía pacífica y legal es una vía insidiosa, sino que debe ”contener” a la parte más avanzada del proletariado para que no se atormente con la ilusión democrática, encuadrada en formaciones que por una parte comienzan a prepararse para las exigencias técnicas de la lucha confrontándose con las acciones esporádicas de la reacción burguesa, por otra se habitúan a sí mismas y a una amplia parte de las masas circundantes a las exigencias ideológicas y políticas de la acción decisiva con su crítica incesante de los partidos socialdemócratas y a la lucha contra ellos en el interior del sindicato…
Por todas estas razones, nuestro Partido sostiene que no hay que hablar de alianzas en el terreno político con otros partidos, aunque se digan ”proletarios”, ni de suscripciones de programas que implican una participación del Partido Comunista en la conquista democrática del Estado. Esto no excluye que se puedan plantear y prospectar, como realizables por la presión del proletariado, incluso reivindicaciones que se realizarían por medio de decisiones del poder político del Estado, y que a través de éste los socialdemócratas dicen querer y poder realizar, puesto que con una acción tal no se desarma el grado de iniciativa de lucha directa que el proletariado ha alcanzado.
Por ejemplo, entre nuestras reivindicaciones por el frente único para sostener con la huelga general nacional, está la asistencia a los desocupados por parte de la clase industrial y del Estado, pero nosotros rechazamos toda complicidad con el engaño vulgar de los programas ”concretos” de política estatal del partido socialista y de los jefes sindicales reformistas, incluso si estos aceptasen proponerles como programa de un gobierno ”obrero” en lugar de aquel que sueñan con los partidos de la clase dominante en digno y fraterno revoltijo.
Entre sostener una medida (que se podría, para parodiar viejos debates, llamar ”reforma”) desde dentro o desde fuera del Estado, hay una formidable diferencia establecida por el desarrollo de las situaciones: que con la acción directa de las masas desde fuera en caso de que el Estado no pueda o no quiera ceder se llegará a la lucha para derrocarlo, en el caso de que ceda incluso en parte se habrá valorizado y ejercitado el método de la acción antilegalitaria – mientras que con el método de la conquista desde dentro, si también ese falla, según el plan que hoy se sostiene, ya no es posible contar con las fuerzas capaces de asaltar la máquina estatal por haber interrumpido su proceso de agregación en torno a un núcleo independiente.
La acción de las grandes masas en el frente único no puede, pues, realizarse más que en el campo de la acción directa y por acuerdos con los órganos sindicales de cada categoría, localidad y tendencia, y la iniciativa de esta agitación corresponde al Partido Comunista, ya que los otros partidos, sosteniendo la inacción de las masas frente a las provocaciones de la clase dominante y explotadora, y la distracción en el terreno de la legalidad estatal y democrática, demuestran desertar de la causa proletaria y nos permiten impulsar al máximo la lucha para dirigir al proletariado a la acción con la directriz y con los métodos comunistas, defendidos al lado del grupo más humilde de explotados que exige un pedazo de pan o lo defiende de la insaciable avidez patronal, pero contra el mecanismo de las instituciones presentes y contra cualquiera que se coloque en su terreno.
145 – Tesis sobre la táctica al II Congreso del PC de Italia (Tesis de Roma) – 1922
30 – Pueden faltar las condiciones para una acción táctica que, al tener el carácter de un asalto al poder burgués con las fuerzas a disposición del partido comunista, puede ser definida como directa (y de la cual se hablarás adelante). Lejos de restringirse a un puro y simple trabajo de proselitismo y de propaganda, el partido puede y debe ejercer entonces una influencia propia sobre los acontecimientos a través de sus relaciones y presiones sobre otros partidos y movimientos políticos y sociales, tendiendo a determinar desarrollos de la situación en un sentido favorable a sus propias finalidades, y de modo de apresurar el momento en que será posible la acción revolucionaria decisiva.
Las iniciativas y actitudes a adoptar en tal caso constituyen un delicado problema en cuya base es necesario establecer la condición de que aquellas no deben de ningún modo estar ni aparecer en contradicción con las exigencias ulteriores de la lucha específica del partido, de acuerdo con el programa que él es el único en defender, y por el cual el proletariado deberá luchar en el momento decisivo. La propaganda del partido no tiene solo un valor teórico, sino que resulta sobre todo de las posiciones cotidianamente asumidas en la lucha proletaria real, y debe poner continuamente en evidencia la necesidad de que el proletariado abrace el programa y los métodos comunistas. Toda actitud que cause o comporte el paso a segundo plano de la afirmación integral de esta propaganda, toda actitud que del logro de determinados resultados contingentes trate de hacer no ya un medio para ir más allá, sino un fin en sí mismo, conduciría a un debilitamiento de la estructura del partido y de su influencia en la preparación revolucionaria de las masas.
36 -…El partido comunista agitará entonces estas mismas reivindicaciones, subrayándolas y precisándolas como bandera de lucha de todo el proletariado, impulsándolo hacia adelante para forzar a los partidos que hablan solo por oportunismo a enrolarse y empeñarse en la vía de la conquista de los mismos. Ya se trate de peticiones económicas, o incluso de carácter político, el partido comunista las propondrá como objetivos de una coalición de los organismos sindicales, y evitará la constitución de comités dirigentes de lucha y de agitación en los cuales él estaría representado y comprometido al flanco de otros partidos políticos. Y esto siempre con el objetivo de mantener la atención de las masas en el programa comunista específico, como también la propia libertad de movimiento para la elección del momento en que se deberá ampliar la plataforma de acción y desbordar a los otros partidos que se han mostrado impotentes y que han sido abandonados por las masas. Así entendido, el frente único sindical ofrece la posibilidad de acciones de conjunto de toda la clase trabajadora. De estas acciones, el método comunista no podrás que salir victorioso, por ser el único susceptible de dar un contenido al movimiento unitario del proletariado, y por estar libre de toda responsabilidad respecto al trabajo de los partidos que exhiben por oportunismo y con intenciones contrarrevolucionarias su apoyo verbal a la causa del proletariado.
CAP. 3 – LA TÁCTICA DEL PARTIDO EN EL CAMPO EUROPEO OCCIDENTAL: LAS TESIS DE ROMA
146 – Tesis sobre la táctica al II Congreso del PC de Italia (Tesis de Roma) – 1922
31 – En la situación histórico-política que corresponde al poder democrático burgués, se verifica en general una división del campo político en dos corrientes o ”bloques”, de derecha y de izquierda, que se disputan la dirección del Estado. Por lo general, al bloque de izquierda se adhieren más o menos abiertamente los partidos socialdemócratas, coalicionistas por principio. El desarrollo de esta lucha no es indiferente al partido comunista, sea porque ella versa sobre puntos y reivindicaciones que interesan a las masas proletarias, y que concentran su atención, sea porque su desenlace con una victoria de la izquierda puede allanar realmente la vía a la revolución proletaria…
32 – Para preparar ideológica y prácticamente al proletariado para la lucha revolucionaria por la dictadura, una tarea esencial del partido comunista es la crítica despiadada del programa de la izquierda burguesa y de todo programa que quiera extraer la solución de los problemas sociales del marco de las instituciones burguesas democráticas y parlamentarias. En su mayor parte, el contenido de los desacuerdos entre la derecha y la izquierda burguesa conmueve al proletariado solo en virtud de falsificaciones demagógicas, que naturalmente no pueden ser desbaratadas con un puro trabajo de crítica teórica, sino que deben ser atacadas y desenmascaradas en la práctica y al calor de la lucha. En general, las reivindicaciones políticas de la izquierda (que no tienen en absoluto la finalidad de dar un paso adelante para poner el pie sobre un escalón intermedio entre el sistema económico y político capitalista y el sistema proletario) tienden a crear condiciones de mejor funcionamiento y de defensa más eficaz del capitalismo moderno, tanto por su contenido intrínseco como por su tendencia a dar a las masas la ilusión de que las instituciones presentes puedan ser utilizadas para su proceso emancipador. Esto concierne tanto las reivindicaciones de extensión del derecho de voto y de otras garantías y perfeccionamientos del liberalismo, como la lucha anticlerical y todo el conjunto de la política ”masónica”.
Las reformas legislativas de carácter económico o social no tienen otro valor: o su realización no se verificará, o solo se verificará en la medida en que lleguen a crear (y con la intención de crear) un obstáculo al empuje revolucionario de las masas.
33 – El advenimiento de un gobierno de la izquierda burguesa, o incluso de un gobierno socialdemócrata, pueden ser considerados como un inicio de la lucha definitiva por la dictadura proletaria, pero no en el sentido de que su obra le crearía premisas útiles de carácter económico o político, y menos aún con la esperanza de que concederían al proletariado una mayor libertad de organización, de preparación y de acción revolucionaria. El partido comunista sabe y tiene el deber de proclamar, en virtud de razones críticas y de una sangrienta experiencia, que estos gobiernos solo respetarían la libertad de movimiento del proletariado hasta tanto éste los reconociese y los defendiese como sus propios representantes, mientras que responderían con la más feroz reacción a un asalto de las masas contra la máquina del Estado democrático. Por ende, es en un sentido muy distinto que el advenimiento de estos gobiernos puede ser útil: es decir, en la medida en que su obra permitirá al proletariado deducir de los hechos la experiencia real de que solo la instauración de su dictadura puede provocar una verdadera derrota del capitalismo. Es evidente que dicha experiencia podrá ser utilizada eficazmente solo en la medida en que el partido comunista haya denunciado previamente tal fracaso, y conservado una sólida organización independiente en torno a la cual el proletariado podrá reagruparse cuando esté obligado a abandonar a los grupos y partidos cuya experiencia gubernamental había sostenido en parte.
34 – Por consiguiente, una coalición del partido comunista con partidos de la izquierda burguesa, o de la socialdemocracia, no solo daña la preparación revolucionaria y haría difícil la utilización de una experiencia de gobierno de izquierda, sino que también prácticamente retardaría en general la victoria del bloque de izquierda sobre el de derecha…
35 – Por otra parte, el partido comunista no descuidará el hecho innegable de que las reivindicaciones sobre las que gira la agitación del bloque de izquierda atraen el interés de las masas, y de que – en su formulación – corresponden a menudo a sus exigencias reales. El partido comunista no sostendrá la tesis superficial del rechazo de tales concesiones porque solo la conquista revolucionaria final y total merecería los sacrificios del proletariado; esta proclamación no tendría sentido, dado que – sin lugar a dudas – el proletariado pasaría entonces al séquito de los demócratas y socialdemócratas, quedando bajo su control. Por consiguiente, el partido comunista invitará a los trabajadores a aceptar las concesiones de la izquierda como una experiencia, sobre cuyos resultados expresará claramente con su propaganda todas sus previsiones pesimistas y la necesidad de que el proletariado no ponga en juego su independencia organizativa y política, para no salir arruinado de esta situación. El partido comunista instará a las masas para que exijan de los partidos de la socialdemocracia (que garantizan la posibilidad de realización de las promesas de la izquierda burguesa) que mantengan sus compromisos; y con su crítica independiente e ininterrumpida se preparará a recoger los frutos del resultado negativo de tales experiencias, demostrando cómo toda la burguesía está efectivamente enrolada en un frente único contra el proletariado revolucionario, y cómo los partidos que se dicen obreros, pero que sostienen la coalición con parte de la burguesía, no son más que sus cómplices y agentes.
36 – Las reivindicaciones expuestas por los partidos de izquierda, y particularmente por los socialdemócratas, son a menudo de tal naturaleza que es útil instar al proletariado a moverse directamente para conseguirlas, dado que si la lucha fuese emprendida pondría inmediatamente en evidencia la insuficiencia de los medios con los cuales los socialdemócratas se proponen realizar un programa de medidas benéficas para el proletariado. El partido comunista agitará entonces estas mismas reivindicaciones, subrayándolas y precisándolas como bandera de lucha de todo el proletariado, impulsándolo hacia adelante para forzar a los partidos que hablan solo por oportunismo a enrolarse y empeñarse en la vía de la conquista de los mismos. Ya se trate de peticiones económicas, o incluso de carácter político, el partido comunista las propondrá como objetivos de una coalición de los organismos sindicales, y evitará la constitución de comités dirigentes de lucha y de agitación en los cuales él estaría representado y comprometido al flanco de otros partidos políticos. Y esto siempre con el objetivo de mantener la atención de las masas en el programa comunista específico, como también la propia libertad de movimiento para la elección del momento en que se deberá ampliar la plataforma de acción y desbordar a los otros partidos que se han mostrado impotentes y que han sido abandonados por las masas. Así entendido, el frente único sindical ofrece la posibilidad de acciones de conjunto de toda la clase trabajadora. De estas acciones, el método comunista no podrás que salir victorioso, por ser el único susceptible de dar un contenido al movimiento unitario del proletariado, y por estar libre de toda responsabilidad respecto al trabajo de los partidos que exhiben por oportunismo y con intenciones contrarrevolucionarias su apoyo verbal a la causa del proletariado.
37 – La situación a la que nos referimos puede tomar el aspecto de un asalto de la derecha burguesa contra un gobierno demócrata o socialdemócrata. También en este caso, la actitud del partido comunista no podrá ser la de proclamar su solidaridad con gobiernos semejantes, ya que no se puede presentar al proletariado como una conquista a defender un orden político cuya experiencia ha sido acogida y seguida para acelerar en el proletariado la convicción de que este orden no está hecho a su favor, sino con fines contrarrevolucionarios.
38 – Podrá suceder que el gobierno de izquierda deje a organizaciones de derecha, a bandas blancas burguesas, llevar a cabo sus hazañas contra el proletariado y sus instituciones y no solo no pida el apoyo del proletariado, sino que también pretenda que éste no tenga el derecho a responder con la organización de una resistencia armada. En tal caso, los comunistas demostrarán cómo no puede tratarse más que de una complicidad efectiva, más aún, de una división de funciones entre el gobierno liberal y las fuerzas irregulares reaccionarias… En esta situación, el verdadero y peor enemigo de la preparación revolucionaria es el ala liberal del gobierno: ésta ilusiona al proletariado diciendo que lo defenderá en nombre de la legalidad, para así llegar a encontrarlo inerme y desorganizado, y para poder postrarlo en pleno acuerdo con las bandas blancas, el día en que el proletariado se encontrase por fuerza en la necesidad de luchar contra el aparato legal que preside su explotación.
39 – Otra hipótesis es aquella en que el gobierno y los partidos de izquierda que lo componen invitasen al proletariado a participar en la lucha armada contra el asalto de la derecha. Esta invitación solo puede preparar una trampa, y el partido comunista la acogerá proclamando que las armas en las manos de los proletarios equivale al advenimiento del poder y del Estado proletarios, y la destrucción de la máquina tradicional, burocrática y militar del Estado, ya que ésta no obedecerás las órdenes de un gobierno de izquierda llegado al poder con medios legalitarios cuando éste llamase al pueblo a la lucha armada, y dado que solo la dictadura proletaria podría dar estabilidad a una victoria sobre las bandas blancas. Por consiguiente, no deberá proclamarse ni practicarse ninguna ”lealtad” hacia un tal gobierno; y, sobre todo, se deberá indicar a las masas el peligro de que la consolidación de su poder frente al levantamiento de la derecha o a la tentativa de golpe de Estado significase la consolidación del organismo que se opondrá al avance revolucionario del proletariado (cuando éste se imponga como la única vía de escape) si el control de la organización armada estatal permaneciese en manos de los partidos gubernamentales democráticos, es decir, si el proletariado hubiese depuesto las armas sin haberlas empleado en derrocar las actuales formas políticas y estatales, contra todas las fuerzas de la clase burguesa.
40 -…Sin embargo, en otros casos, las exigencias inmediatas y urgentes de la clase trabajadora (tanto de conquista como de defensa) encuentran indiferentes a los partidos de izquierda y a los socialdemócratas. Si no dispone de fuerzas suficientes para llamar directamente a las masas a la lucha por esas conquistas, a causa de la influencia que los socialdemócratas ejercen sobre aquellas, el partido comunista formulará esas reivindicaciones de la lucha proletaria, y para arrancarlas invocará la realización del frente único del proletariado sobre el terreno sindical; al mismo tiempo, no solo evitará ofrecer una alianza a los socialdemócratas, sino que proclamará que éstos traicionan hasta los intereses contingentes e inmediatos de los trabajadores. De este modo, el frente único sindical encontrará en su puesto a los comunistas que militan en los sindicatos y, por otra parte, el partido tendrá la posibilidad de intervenir si la lucha tomase otro carácter, contra el cual inevitablemente se alinearían los socialdemócratas, y algunas veces los sindicalistas y anarquistas. Por el contrario, el rechazo de los otros partidos proletarios a efectuar el frente único sindical por estas reivindicaciones será utilizado por el partido comunista para destruir su influencia, no solo con la crítica y la propaganda que demuestren cómo ese rechazo revela una verdadera complicidad con la burguesía, sino sobre todo con la participación en primera línea en las acciones parciales del proletariado que la situación no dejará de suscitar sobre la base de esos objetivos por los cuales el partido habría propuesto el frente único sindical de todas las organizaciones locales de todas las categorías. El partido comunista obtendrá la demostración concreta de que los dirigentes socialdemócratas, al oponerse a la extensión de las acciones, preparan su derrota…
CAP. 4 – RECHAZO DE BLOQUES, ALIANZAS Y FRENTES ENTRE PARTIDOS
147 – La táctica de la Internacional Comunista – 1922
II -…En cambio la táctica del frente único como está concebida por nosotros comunistas no contiene de hecho estos elementos de renuncia por nuestra parte. Estos quedan solo como un posible peligro: nosotros creemos que este peligro deviene preponderante si la base del frente único es conducida fuera del terreno de la acción directa proletaria y de la organización sindical para invadir el campo parlamentario y gubernamental, y diremos por qué razones, conectadas con el desarrollo lógico de esta táctica.
El frente único proletario no quiere decir el banal comité mixto de representantes de distintas organismos, en favor del cual los comunistas abdican de su independencia y libertad de acción para trocarla por un cierto grado de influencia sobre movimientos de una masa más grande que las que les seguiría si actuasen solos. Es algo muy distinto.
Nosotros proponemos el frente único porque nos sentimos seguros de que la situación es tal que los movimientos conjuntos de todo el proletariado, cuando se plantean problemas que no interesan solamente a una categoría o a una localidad, sino a todas, no pueden efectuarse más que en sentido comunista, es decir, en el mismo sentido que nosotros le daríamos si dependiese de nosotros guiar a todo el proletariado. Nosotros proponemos la defensa de los intereses inmediatos y del enfoque que se ha dado actualmente al proletariado contra los ataques de la patronal, porque esta defensa, que no ha estado nunca en contraste con nuestros principios revolucionarios, no se puede hacer más que preparando y realizando la ofensiva en todos sus desarrollos revolucionarios así como nosotros lo hemos prefigurado…
V – (…) El experimento socialdemócrata en ciertas situaciones debe tener lugar y ser utilizado por los comunistas, pero no se puede pensar en esta ”utilización” como en un hecho subitáneo que acaecerá al final del experimento, sino como resultado de una incesante crítica que el Partido Comunista habrá realizado incesantemente, y para la cual es indispensable una precisa separación de responsabilidades.
De aquí nuestro concepto de que el Partido Comunista no puede abandonar nunca su actitud de oposición política hacia el Estado y hacia los otros partidos, considerada como un elemento de su obra de construcción de las condiciones subjetivas de la revolución, que es su misma razón de ser. Un Partido Comunista mezclado con los partidos de la socialdemocracia pacifista y legalitaria en una campaña política parlamentaria o gubernamental ya no asume la tarea del Partido Comunista.
148 – Tesis de la Izquierda al III Congreso del PC de Italia – (Tesis de Lyon) – 1926
Otro error en la cuestión general de la táctica, que con toda claridad lleva netamente a la clásica posición oportunista refutada por Marx y Lenin, es la formulación de que el partido, excepto en el momento de representar el factor de la revolución proletaria total y final, sabiendo que las condiciones de la revolución cambiarán solamente a través de una evolución de las formas políticas y sociales, deba escoger entre las fuerzas en contienda, cuando tengan lugar luchas de clase y de partidos que no sean todavía las que correspondan a su terreno específico, aquella que represente el desarrollo de la situación en un sentido más favorable para la evolución histórica general, y deba apoyarla y coaligarse más o menos abiertamente con ella.
Ante todo, falta el presupuesto de semejante política, porque el esquema típico de una evolución social y política que esté precisada en todos sus detalles, y que equivalga a la mejor preparación del advenimiento final del comunismo, es un concepto que solo los oportunistas han querido atribuir al marxismo y es el fundamento de la difamación por parte de los Kautsky de la revolución rusa y del movimiento comunista actual. Ni siquiera se puede establecer como tesis general que las condiciones más propicias para el trabajo fecundo del partido comunista se encuentren en ciertos tipos de régimen burgués, por ejemplo, en los más democráticos. Si es verdad que las medidas reaccionarias y de ”derecha” de los gobiernos burgueses han detenido muchas veces al proletariado, no es menos cierto, y ha sucedido con mucha más frecuencia, que la política liberal y de izquierda de los gobiernos burgueses ha atenuado muchas veces la lucha de clases y ha desviado a la clase obrera de acciones decisivas. Una valoración más exacta y verdaderamente conforme a la ruptura del marxismo con la seducción democrática, evolucionista y progresista, muestra que la burguesía intenta y a menudo logra alternar periódicamente sus métodos y partidos de gobierno según su interés contrarrevolucionario, mientras que toda nuestra experiencia nos demuestra cómo el triunfo del oportunismo ha pasado siempre a través del apasionamiento del proletariado por las vicisitudes sucesivas de la política burguesa.
En segundo lugar, incluso si fuese cierto que ciertas transformaciones a nivel de gobierno en el régimen actual facilitan el desarrollo ulterior de la acción del proletariado, la experiencia muestra con evidencia que esto presupone una condición expresa: la exigencia de un partido que haya advertido a tiempo a las masas de la desilusión que seguiría a lo que le era presentado como un éxito inmediato; y no solo presupone la simple existencia del partido, sino también su capacidad para actuar, incluso antes de la lucha a la que aquí nos referimos, con una autonomía que salte a los ojos del proletariado, el que lo sigue según su actitud concreta y no solo según los esquemas que le fuese cómodo adoptar oficialmente. Por lo tanto, el partido comunista, en presencia de luchas que no pueden desarrollarse aún como la lucha definitiva por la victoria proletaria no será el gerente de transformaciones y realizaciones que no interesan directamente a la clase que representa, y no renunciará a su carácter y a su actitud autónoma para participar en una especie de sociedad de seguros para todos los movimientos políticos supuestamente ”renovadores”, o para todos los sistemas y gobiernos políticos amenazados por un pretendido ”gobierno peor”.
A menudo, se avanza falsamente contra las exigencias de esta línea de acción la fórmula de Marx según la cual «los comunistas apoyan todo movimiento dirigido contra las condiciones sociales existentes», así como la doctrina de Lenin contra ”la enfermedad infantil del comunismo”. La especulación intentada en torno a estas enunciaciones dentro de nuestro movimiento no difiere en su naturaleza íntima de la especulación análoga conducida siempre por parte de los revisionistas y de los centristas a la Berstein o Nenni que, en nombre de Marx y Lenin, han pretendido burlarse de los revolucionarios marxistas.
Ante todo, hay que observar acerca de estas enunciaciones, que ellas tienen un valor histórico contingente, pues se refieren, por parte de Marx, a la Alemania aún no burguesa; y en cuanto a la experiencia bolchevique ilustrada por Lenin en su libro, a la Rusia zarista. Estas bases no son las únicas sobre las cuales se debe fundar la resolución de la cuestión táctica en las condiciones clásicas: proletariado en lucha con una burguesía capitalista plenamente delineada. En segundo lugar, hay que observar que el apoyo del que habla Marx y los ”compromisos” de los que habla Lenin (término preferido por Lenin sobre todo por ”coquetería” de ese magnífico dialéctico marxista que es el campeón de la verdadera y no formal intransigencia, orientada y dirigida hacia una meta inmutable), son apoyos y compromisos con movimientos aún constreñidos a abrirse camino mediante la insurrección contra las formas pasadas, incluso contra las ideologías y la voluntad eventual de sus jefes; y la intervención del partido comunista se presenta como una intervención en el terreno de la guerra civil: así formula Lenin la cuestión de los campesinos y de las nacionalidades, el episodio de Kornilov y tantos otros casos. Pero, aún al margen de estas dos observaciones sustanciales, el sentido de la crítica que Lenin hace del infantilismo, y el de todos los textos marxistas sobre la agilidad de la política revolucionaria, no está de ningún modo en contradicción con la barrera que los mismos elevan voluntariamente contra el oportunismo, el que es definido, por Engels y después por Lenin, como la ”ausencia de principios”, o sea, como el olvido del objetivo final.
149 – La plataforma política del Partido comunista internacional – 1945
7 – La clase proletaria italiana no tiene ningún interés, ni particular ni general, ni inmediato ni histórico, en apoyar la política de los grupos y de los partidos que, beneficiándose no de su propia fuerza, sino de la derrota militar del gobierno fascista, personifican hoy el ejercicio del simulacro de poder que el vencedor en armas cree dejar a una estructura estatal italiana. El partido, expresión de los intereses proletarios, debe negarle a estos grupos no sólo la colaboración en el gobierno, sino todo consenso con sus proclamaciones doctrinales comunes, históricas y políticas, que hablan de solidaridad nacional entre las clases, de lucha unida, de partidos burgueses y sedicentes proletarios sobre la consigna de la libertad, de la democracia, de la guerra contra el fascismo y el nazismo.
El rechazo del partido a toda colaboración política no solo se refiere a los órganos del gobierno, sino también a los comités de liberación, y a cualquier otro organismo o combinación semejante, con la misma o distinta base política…
21 – El partido proletario, en Italia como en todo el mundo, debe distinguirse de los amasijos de todos los otros movimientos políticos y, mejor aún, seudo partidos de hoy, en el enfoque histórico fundamental, por la valoración original de la antítesis entre fascismo y democracia como tipos de organización del mundo moderno. El movimiento comunista en su origen (hace unos 100 años) debía y podía, para acelerar todo movimiento contra las condiciones sociales existentes, admitir la alianza con los partidos democráticos, porque éstos tenían entonces una tarea histórica revolucionaria. Hoy tal tarea se ha agotado hace mucho tiempo y esos mismos partidos tienen una función contrarrevolucionaria. El comunismo, a pesar de las derrotas del proletariado en batallas decisivas ha realizado como movimientos pasos gigantescos.
Su característica actual es la de haber roto y denunciado históricamente, desde que el capitalismo llegó a ser imperialista, desde que la primera guerra mundial ha revelado la función anti-revolucionaria de demócratas y socialdemócratas, toda política de acción paralela incluso transitoria con las democracias. En la situación que suceda a estas crisis, el comunismo o bien se retirará de la historia engullido por las arenas movedizas de la democracia progresiva, o actuará y combatirá solo.
En la táctica política el partido proletario revolucionario, en Italia como en todo el mundo resurgirá solo en tanto se distinga de todos los otros y sobre todo del falso comunismo que se reclama al régimen actual de Moscú, por haber desvelado despiadadamente el derrotismo de todas las pretendidas maniobras de penetración y de engaño presentadas como adhesiones transitorias a objetivos comunes con otros partidos y movimientos, y justificadas con el prometer en secreto en el círculo interno de los adherentes que tal maniobra sirve solo para debilitar y enredar al adversario para romper en un cierto momento los acuerdos y las alianzas, pasando a la ofensiva de clase. Tal método se ha demostrado susceptible de conducir al descuartizamiento del partido revolucionario, a la incapacidad de la clase obrera para luchar por sus propios fines, para la dispersión de sus mejores energías asegurando resultados y conquistas que sólo le dan ventajas a sus enemigos.
Como en el ”Manifiesto” de hace un siglo, los comunistas rechazan ocultar sus principios y sus fines, y declaran abiertamente que su finalidad no podrá ser alcanzada más que con la caída violenta de todos los ordenamientos sociales existentes hasta ahora. En el marco de la presente historia mundial, si por casualidad hubiese grupos burgueses democráticos que tuviesen una función residual debido a la parcial y eventual supervivencia de exigencias de liberación nacional, de liquidación de islotes atrasados de feudalismo, y de residuos históricos similares, tal función debería llevarse a cabo de la manera más decidida y concluyente, para dar lugar al ulterior ciclo de la crisis burguesa, no con un acomodamiento pasivo y abdicante del movimiento comunista ante postulados que no son los suyos, sino en virtud de una implacable y lacerante oposición de los proletarios comunistas a la insanable debilidad y desidia de los grupos pequeño-burgueses y de los partidos burgueses de izquierda.
Consecuentemente con estas directrices, que tienen validez en todo el campo mundial, un movimiento comunista en Italia debe significar, en la pavorosa situación de disolución de todos los encuadramientos sociales y de todas las orientaciones doctrinales y prácticas de clases y partidos, un violento reclamo a la despiadada clarificación de la situación. Fascistas o antifascistas, monárquicos y republicanos, liberales y socialistas, demócratas y católicos, que a cada momento que pasa se esterilizan en debates carentes de todo sentido teórico, a través de una rivalidad despreciable, con maniobras y chanchullos repugnantes, deberían recibir un desafío despiadado, que les obligase a todos a revelar las posiciones reales de los intereses de clase, nacionales y extranjeros, que de hecho expresan, y a llevar a término, si por casualidad lo tuviesen, su tarea histórica.
Si, en la disgregación y en la fragmentación de todos los intereses colectivos y de grupo, es aún posible en Italia una nueva cristalización de manifiestas fuerzas políticas combatientes, el resurgimiento del partido proletario revolucionario podrá determinar una situación nueva.
Cuando este movimiento, que será el único en proclamar sus finalidades máximas de clase, su totalitarismo de partido, los crudos límites que le separan de los demás, ponga la brújula política en la dirección del Norte revolucionario, todos los demás se verán obligados a confesar su lucha.
150 – Naturaleza, función y táctica del partido revolucionario de la clase obrera – 1947
… De las experiencias prácticas de las crisis oportunistas y de las luchas dirigidas por los grupos marxistas de izquierda contra los revisionismos de la Segunda Internacional y contra la progresiva desviación de la Tercera Internacional, se ha extraído el resultado de que no es posible mantener íntegro el planteamiento programático, la tradición política y la solidez organizativa del partido si éste aplica una táctica que, incluso solamente para las posiciones formales, trae consigo actitudes y consignas aceptables por los movimientos políticos oportunistas.
De igual forma, toda incertidumbre y tolerancia ideológica tiene su reflejo en una táctica y en una acción oportunista.
El partido, por lo tanto, se contra distingue de todos los demás, de los abiertamente enemigos o sedicentemente afines, como también de los que pretenden reclutar sus seguidores en las filas de la clase obrera, ya que su praxis política rechaza las maniobras, las combinaciones, las alianzas, los bloques que tradicionalmente se forman sobre la base de postulados y consignas contingentes comunes a más partidos.
Esta posición del partido tiene un valor esencialmente histórico, y lo distingue en el terreno táctico de cualquier otro, tal y como le distingue su original visión del periodo que actualmente atraviesa la sociedad capitalista.
El partido revolucionario de clase es el único que considera que hoy los postulados económicos, sociales y políticos del liberalismo y de la democracia son antihistóricos, ilusorios y reaccionarios, y que el mundo está en un punto en el que en los grandes países la estructuración liberal desaparece y cede el puesto al sistema fascista más moderno.
Sin embargo, en el periodo en el que la clase capitalista no había iniciado aún su ciclo liberal, debiendo derrocar todavía al viejo poder feudal, o también en aquellos países importantes donde debía recorrer etapas y fases notables de su expansión liberal en los procesos económicos y democrática en la función estatal, era comprensible y admisible una alianza transitoria de los comunistas con los partidos que, en un primer caso, eran abiertamente revolucionarios, antilegalitarios y estaban organizados para la lucha armada, y en un segundo caso asumían todavía una tarea que aseguraba condiciones útiles y realmente ”progresivas” para que el régimen capitalista apresurase el ciclo que debe conducir a su caída.
El paso de la táctica comunista entre estas dos épocas históricas no puede ser desmenuzado en una casuística local y nacional, ni desperdigarse en el análisis de la complejas incertidumbres que indudablemente presenta el ciclo del devenir capitalista, sin desembocar en la praxis rechazada por Lenin en ”Un paso adelante y dos atrás”.
La política del partido proletario es ante todo internacional (y esto lo distingue de todos los demás) ya desde la primera enunciación de su programa y de la primera presentación de la exigencia histórica de su organización efectiva. Como dice el ”Manifiesto”, los comunistas, apoyan por doquier todo movimiento revolucionario que esté dirigido contra el estado de cosas actual, político y social, poniendo de relieve y haciendo valer, junto a la cuestión de la propiedad, los intereses comunes de todo el proletariado, que son independientes de la nacionalidad.
Y la concepción de la estrategia revolucionaria comunista, en tanto que no estaba corrompida por el estalinismo, es que la táctica internacional de los comunistas se inspira con el objetivo de determinar la ruptura del frente burgués en el país en el que aparezcan las mayores posibilidades, dirigiendo hacia este fin todos los recursos del movimiento.
Consecuentemente, la táctica de las alianzas insurreccionales contra los viejos regímenes se cierra históricamente con el gran acontecimiento de la revolución en Rusia, que eliminó el último e imponente aparato militar con un carácter no capitalista.
Después de tal fase, la posibilidad incluso teórica de la táctica de los bloques debe considerarse denunciada formal y centralmente por el movimiento internacional revolucionario.
La excesiva importancia dada, en los primeros años de la Tercera Internacional, a la aplicación de las posiciones tácticas rusas en los países con un régimen burgués estable, y también en los extraeuropeos y coloniales, fue la primera manifestación de la reaparición del peligro revisionista.
La característica de la segunda guerra imperialista y de sus consecuencias ya evidentes es la influencia segura en cualquier rincón del mundo, incluso en el más atrasado dentro de los tipos de sociedades indígenas, no tanto de las prepotentes formas económicas capitalistas, como del inexorable control político y militar por parte de los grandes centros imperiales del capitalismo; y por ahora de su gigantesca coalición, que incluye al Estado ruso.
Consecuentemente, las tácticas locales no pueden ser más que aspectos de la estrategia general revolucionaria, cuya primera tarea es la restauración de la claridad programática del partido proletario mundial, seguido del tejido de su red organizativa en cada país.
Esta lucha se lleva a cabo dentro de un marco de influencia máxima de los engaños y de las seducciones del oportunismo, que se resumen ideológicamente en la propaganda de la reconquista de la libertad contra el fascismo, y, con una inmediata adherencia, en la práctica política de las coaliciones, de los bloques, de las fusiones y de las reivindicaciones ilusorias presentadas por la colusión de las jerarquías de innumerables partidos, grupos y movimientos.
Solo de un modo será posible que las masas proletarias comprendan la exigencia de la reconstrucción del partido revolucionario, distinto sustancialmente de todos los demás, y es proclamando no como una contingente reacción a las saturnales oportunistas y a las acrobacias de las combinaciones de los politicastros, sino como una directriz fundamental y central, el repudio históricamente irrevocable de la práctica de los acuerdos entre partidos.
Ninguno de los movimientos, en los que participa el partido, debe estar dirigido por un supra-partido u órgano superior y que esté por encima de un grupo de partidos afiliados, ni siquiera en fases transitorias.
En la moderna fase histórica de la política mundial, las masas proletarias podrán movilizarse de nuevo de forma revolucionaria solo llevando a cabo su unidad de clase en la acción de un partido único y compacto en la teoría, en la acción, en la preparación del ataque insurreccional, en la gestión del poder.
Tal solución histórica debe presentarse en cada manifestación del partido, incluso limitada, ante las masas como la única alternativa posible contra la consolidación internacional del dominio económico y político de la burguesía y de su capacidad no definitiva, pero aún hoy enorme, de controlar formidablemente los contrastes y las convulsiones que amenazan la existencia de su régimen.
CAP. 5 – TOTALITARISMO
151 – La plataforma política del Partido Comunista Internacional – 1945
4 – La consigna política central del Partido Comunista Internacional en todos los países (como ya sucedió durante la guerra y la aparente lucha de los regímenes burgueses que se definieron democráticos contra las formas fascistas de gobierno capitalista, también el actual periodo posbélico en el que los Estados vencedores de la guerra heredan y adoptan esta política después de una conversión propagandista, más o menos brusca y más o menos hábil) no será la de esperar, propugnar, reclamar con consignas de agitación la reconstitución del ordenamiento burgués precisamente por el sobrepasado periodo de equilibrio liberal y democrático transitorio. El partido rechaza pues toda política de colaboración con grupos de partidos burgueses y seudo proletarios que agitan el falso y engañoso postulado de sustituir al fascismo con regímenes de ”verdadera” democracia. Tal política, ante todo, es ilusoria porque el mundo capitalista para toda la época de su supervivencia ya no podrá ordenarse en formas liberales, sino que estará cada vez más basado en monstruosas unidades estatales, despiadada expresión de la concentración económica de la patronal, y cada vez más armada de una policía represiva de clase; en segundo lugar es derrotista, porque a la consecución de este postulado (incluso cuando por un breve y posterior periodo en cualquier sector secundario del mundo moderno pudiese tener una supervivencia), sacrifica las características vitales más importantes del movimiento en la doctrina, en la autonomía organizativa de clase, en la táctica capaz de preparar y poner en marcha la lucha revolucionaria final, objetivo esencial del partido; en tercer lugar es contrarrevolucionaria en cuanto que avala, ante los ojos del proletariado, ideologías, grupos sociales y partidos sustancialmente escépticos e impotentes para los fines de la misma democracia que profesan en abstracto, y cuya única función y objetivo, plenamente concomitantes con los de los movimientos fascistas, es la de conjurar a cualquier precio la marcha independiente y el asalto directo de las masas explotadas a los fundamentos económicos y jurídicos del sistema burgués.
152 – Las perspectivas de la posguerra en relación con la plataforma del partido – 1946
… Así, las conclusiones a las que podía llegar una crítica marxista libre de influencias y degeneraciones oportunistas, desde los primeros albores del conflicto hoy desaparecido, sobre la vacuidad y la inconsistencia del material de agitación usado por las democracias burguesas y por el falso Estado proletario ruso, y con ellos, por todos los movimientos que se inspiraban y sostenían en ellos, aparecen hoy facilones y banales tras la tremenda decepción sufrida por las masas que habían creído ampliamente en aquellas consignas. La tesis de que la guerra contra los Estados fascistas y la victoria de sus adversarios no devolvería la vida a los superados e infecundos idilios del liberalismo y de la democracia burguesa, sino que sería la afirmación mundial del moderno modo de ser del capitalismo, que es monopolista, imperialista, totalitario y dictatorial, tal tesis es hoy accesible a cualquiera; pero cinco o seis años atrás habría podido ser enunciada y defendida sólo por los grupos de vanguardia revolucionaria que permanecieron estrechamente fieles a las líneas históricas de método de Marx y Lenin.
La fuerza del partido político de clase del proletariado debe surgir de la eficacia de estas anticipaciones, que son al mismo tiempo de crítica y de combate, de la confirmación que extraen en el desarrollo de los hechos, y no del juego de los compromisos, de los acuerdos, de los bloques y de los desbloqueos de los que vive la política parlamentaria y burguesa.
El nuevo partido de clase internacional surgirá con verdadera eficiencia histórica, y ofrecerá a las masas proletarias la posibilidad de una revancha, sólo si sabe comprometer todas sus actitudes futuras en una férrea línea de coherencia a los antecedentes de las batallas clasistas y revolucionarias.
Aún atribuyendo pues la máxima importancia a la crítica de los falsísimos planteamientos que los partidos autoproclamados socialistas y comunistas han dado, durante la guerra, a su interpretación de los acontecimientos, a su propaganda, y a su comportamiento táctico, y reivindicando aquella que habría debido ser la restauración de una visión política clasista en el periodo de guerra, el Partido debe hoy trazar también las líneas interpretativas y tácticas correspondientes a la situación de la llamada paz, acaecida con el cese de las hostilidades…
También aquí se querrá probar a los proletarios que el régimen de la libertad parlamentaria es una conquista que les interesa, un patrimonio histórico que corren el riesgo de perder y que está amenazado, como ayer por el imperialismo teutónico o nipón, mañana por el moscovita.
Frente a esta propaganda y a la invocación del frente único de guerra en nombre de la libertad, a la que se adherirán, entre mil matices pequeño-burgueses, los socialistas del tipo Segunda Internacional (que bajo la tregua temporal se convertirán en antirrusos como lo fueron por otros motivos en la época de Lenin), muchos anarcoides, los distintos demócratas sociales con fondo santurrón y confesional que van infectando todos los países, el Partido proletario de clase responderá con la más resuelta oposición a la guerra, con la denuncia de sus propagandistas y, dondequiera que pueda, con la lucha directa de clase enfocada sobre el despliegue de la vanguardia revolucionaria en cada país.
Esto en coherencia con su específica valoración crítica del desarrollo de la presente fase rica según la cual, mientras el régimen ruso no es un régimen proletario, y el Estado de Moscú se ha convertido en uno de los sectores del imperialismo capitalista, sin embargo su forma centralizada y totalitaria aparece como más moderna que la superada y agonizante de la democracia parlamentaria; y la restauración anacrónica de la democracia en lugar de los regímenes totalitarios dentro de los límites del devenir capitalista, no es un postulado que el proletariado deba defender.
Tal postulado por lo demás es contrario al camino histórico general, y no es realizado en las guerras imperialistas por la victoria militar de los Estados que se declaran defensores del mismo.
153 – El ciclo histórico del dominio político de la burguesía – 1947
Pues a medida que el potencial de la producción industrial se elevaba, que crecían numéricamente los ejércitos del trabajo, que se precisaba la conciencia crítica del proletariado, y que se robustecían sus organizaciones, la clase burguesa dominante, paralelamente a la transformación de su praxis económica de librecambista en intervencionista, tiene necesidad de abandonar su método de aparente tolerancia de las ideas y de las organizaciones políticas por un método de gobierno autoritario y totalitario: en ello estriba el sentido general de la época actual. La nueva orientación de la administración burguesa del mundo se apoya en el hecho innegable de que todas las actividades humanas, como resultado mismo de los progresos de la ciencia y de la técnica, se desarrollan desde la autonomía de las iniciativas aisladas, propia de sociedades menos modernas y complejas, hacia la constitución de redes cada vez más densas de relaciones y de dependencia en todos los campos, redes que van cubriendo gradualmente al mundo entero.
La iniciativa privada ha realizado sus prodigios y ha batido sus récords con las audacias de los primeros navegantes y con las temerarias y feroces empresas de los colonizadores de las regiones más alejadas del mundo. Pero ahora cede el paso ante la preponderancia de los formidables entrelazamientos de las actividades coordinadas, en la producción de las mercancías, en su distribución, en la gestión de los servicios colectivos, en la investigación científica en todos los campos.
Es impensable una autonomía de iniciativa en la sociedad que dispone de la navegación aérea, de la radiodifusión, del cinematógrafo, de la televisión, invenciones para un empleo exclusivamente social.
Así pues, desde hace varios decenios, y con un ritmo cada vez más decidido, incluso la política gubernamental de la clase dominante se desenvuelve hacia formas de estricto control, de dirección unitaria, de estructuración jerárquica fuertemente centralizada. Este estadio y esta forma política moderna, superestructura que nace del fenómeno económico monopolista e imperialista, ya previsto por Lenin desde 1916 cuando se decía que las formas políticas de la más reciente fase capitalista solo pueden ser de tiranía y de opresión esta fase que tiende a sustituir generalmente en el mundo moderno a la del liberalismo democrático clásico, no es otra cosa que el fascismo.
Es un enorme error científico e histórico confundir este surgimiento de una nueva forma política impuesta por los tiempos, consecuencia y condición inevitable de la supervivencia del sistema capitalista de opresión ante la erosión de sus antagonismos internos, con un retorno reaccionario de las fuerzas sociales de las clases feudales que amenazarían con sustituir a las formas democráticas burguesas por una restauración de los despotismos del ’ancien regime’, mientras que la burguesía, desde hace siglos, ha puesto fuera de combate y aniquilado en la mayor parte del mundo a estas fuerzas sociales feudales.
Quien padezca – por poco que sea – la influencia de semejante interpretación y siga – por poco que sea – sus sugestiones y sus preocupaciones, se halla fuera del campo y de la política comunistas.
La nueva forma de administración del mundo moderno por el capitalismo burgués (si y hasta cuando – no lo derroque la revolución del proletariado) aparece en el curso de un proceso que no puede ser descifrado con los métodos banales y escolásticos del crítico filisteo.
El marxismo jamás ha tenido en cuenta la objeción de que el primer ejemplo del poder proletario debía ocurrir en un país industrial avanzado y no en la Rusia zarista y feudal, por cuanto la alternancia de los ciclos de clase es un hecho internacional y función de fuerzas a escala mundial. Dichos ciclos se manifiestan localmente allí donde concurren las condiciones históricas favorables (guerra, derrota, excesiva supervivencia de regímenes decrépitos, buena organización del partido revolucionario, etc.).
Menos aún debe causar asombro el hecho de que las manifestaciones del traspaso del liberalismo al fascismo puedan presentar dialécticamente en cada pueblo las más variadas sucesiones, ya que se trata de un traspaso menos radical, en el cual no es la clase dominante la que cambia: sólo cambia la forma de su dominación.
Desde el punto de vista económico, el fascismo puede definirse pues como una tentativa de autocontrol y de autolimitación del capitalismo, tendente a frenar con una disciplina centralizada los efectos más alarmantes de los fenómenos económicos que tornan incurables las contradicciones del sistema.
Desde el punto de vista social, puede definirse como la tentativa de la burguesía (que había nacido con la filosofía y la sicología de la autonomía y del individualismo absolutos) de darse una conciencia colectiva de clase, y de contraponer sus propias formaciones y encuadramientos políticos y militares a las fuerzas de clase amenazantes que se determinan en la clase proletaria.
Políticamente, el fascismo constituye la fase en que la clase dominante descarta como inútiles los esquemas de la tolerancia liberal, proclama el método de gobierno de un único partido y liquida las viejas jerarquías de sirvientes del capital demasiado gangrenadas por el empleo de los métodos del engaño democrático.
Por último, en el plano ideológico, el fascismo no sólo revela no ser una revolución, mas ni siquiera un recurso universal seguro de la contrarrevolución burguesa, al no renunciar, porque no puede hacerlo, a enarbolar una mitología de valores universales. A pesar de haberlos invertido dialécticamente, se apropia de los postulados liberales de la colaboración de clases; habla de nación y no de clase; proclama la igualdad jurídica de los individuos; y sigue presentando falazmente su propio andamiaje estatal como la emanación del conjunto de la colectividad social…
Así como Lenin estableció, en la diagnosis económica, que es reaccionario todo aquel que se ilusiona con que el capitalismo monopolista y estatal pueda retroceder hacia el capitalismo liberal de las primeras formas clásicas, así hoy debe decirse con claridad que lo es igualmente quienquiera que persiga el espejismo de una reafirmación del método político liberal-democrático contrapuesto al de la dictadura fascista, con la cual (en un cierto punto de la evolución) las fuerzas burguesas aplastan con una táctica frontal las organizaciones autónomas de clase del proletariado.
La doctrina del partido proletario debe establecer como propio eje central la condena de la tesis según la cual, frente a la fase política fascista de la dominación burguesa, se deba dar como consigna el retorno al sistema parlamentario democrático de gobierno. La perspectiva revolucionaria consiste en que la fase burguesa totalitaria agote rápidamente su tarea y sea aplastada por el irrumpir revolucionario de la clase obrera. Ésta, lejos de lloriquear por el irremediable fin de las falaces libertades burguesas, ha de triturar con su fuerza la Libertad de poseer, de oprimir y de explotar, la que siempre ha sido la bandera del mundo burgués desde su primer y heroico nacimiento entre las llamas de la revolución antifeudal, pasando por la fase pacifista de tolerancia liberal, hasta su despiadado desenmascaramiento en la batalla final por la defensa de las instituciones del privilegio y de la explotación patronal.
La guerra en curso ha sido perdida por los fascistas, pero ganado por el fascismo. A pesar del empleo en vastísima escala del camelo democrático, y al haber salvado, aun en esta tremenda crisis, la integridad y la continuidad histórica de sus más potentes unidades estatales, el capitalismo realizará un grandioso esfuerzo ulterior por dominar las fuerzas que lo amenazan. Pondrá en acción un sistema cada vez más ceñido de control de los procesos económicos y de inmovilización de la autonomía de cualquier movimiento social y político que amenace perturbar el orden constituido. Así como los vencedores legitimistas de Napoleón debieron heredar la estructura social y jurídica del nuevo régimen francés los vencedores de los fascistas y nazis, en un proceso más o menos breve y más o menos claro, reconocerán con sus actos, a pesar de negarlo con sus vacías proclamaciones ideológicas, la necesidad de administrar el mundo, tremendamente conmocionado por la segunda guerra imperialista, con los métodos autoritarios y totalitarios que han sido experimentados por primera vez en los Estados vencidos.
Esta verdad fundamental es más que el resultado de difíciles análisis críticos aparentemente paradójicos: se manifiesta cada día mís en el trabajo de organización por el control económico, social y político del mundo.
Antaño individualista, nacional, librecambista y aislacionista, la burguesía celebra hoy sus congresos mundiales, y así como la Santa Alianza trató de detener a la revolución burguesa con una internacional del absolutismo, el mundo capitalista trata de fundar hoy día su Internacional, que no podrá ser más que centralista y totalitaria.
¿Tendrá ésta éxito en su tarea histórica esencial, que en los hechos (y cada vez más declaradamente) es la de reprimir y aniquilar la fuerza revolucionaria de la Internacional del proletariado, a pesar de querer disimularla con la consigna de represión de un resurgir del fascismo?
154 – Tendencias y socialismo – 1947
… El reformismo gradualista, sin embargo, no está muerto en tal fase, puesto que el capitalismo mismo tenía necesidad de él. El capitalismo de los últimos decenios ha presentado características bien conocidas, encuadrado en el ”Imperialismo” de Lenin.
Estas nuevas formas económicas de entrelazamiento, de monopolio y de planificación le han conducido a nuevas formas sociales y políticas. La burguesía se ha organizado como clase social, además de como clase política; también se ha propuesto organizar ella misma al movimiento proletario insertándolo en su Estado y en sus planes, y como contrapartida ha introducido en sus programas la gama de las reformas desde hace tanto tiempo invocadas por los jefes gradualistas del proletariado. Con esto la burguesía, transformada en fascista, corporativa, nacional-socialista, ha arrojado fuera más o menos claramente el ordenamiento de libertad individual y de democracia electoral que le había sido indispensable en su advenimiento histórico, que era oxígeno para ella, no concesión para las clases que dominaba o explotaba, ni ambiente útil para la acción de éstas…
El mismo movimiento comunista en Italia, vigoroso, independiente, claro en la teoría y en la táctica, ha podido ser conducido a la esclavitud por aquel totalitarismo soviético que tanto intriga y preocupa a los Saragats y a sus asociados de la Iniciativa, desviándolo de sus planteamientos programáticos hacia la estúpida consigna de luchar por la libertad en Italia. La libertad, este es el sentido del mundo moderno, ya no le sirve a la burguesía, que se moderniza para proceder en la historia estrechando en mallas cada vez más ajustadas a sus individuos, a sus empresas, a sus iniciativas en cualquier ángulo de la tierra. Ha arrojado fuera este medio suyo ahora ya inútil, la libertad individual, ha empuñado nuestro medio, propio de nosotros, revolucionarios proletarios, la socialidad, el clasismo, la organización, arrancándonoslo de las manos. Nuestra respuesta no puede ser la de recoger su arma despuntada y combatir con ella una lucha tan insana y desesperada como la del artesano contra la fábrica mecánica, de la piragua contra la cañonera, del torpedo humano contra la bomba atómica…
Como quiera que sea la superioridad histórica relativa de la versión soviética está en su totalitarismo, progresivo en cuanto que es planificador y centralizador, con cotas brillantes de rendimiento técnico y por no entretenerse con escrúpulos de tolerancias liberales. Y entonces ¿por qué ofenderse del epíteto de totalitario, por qué predicar una democracia para uso externo, y declararla progresiva?. El porqué es puramente demagógico, es la carrera para quien explote mejor el empuje de la campaña común – la más gigantesca mofa de la historia humana – contra el monstruo fascista, modelo para sus vencedores.
La clave que coloca a todos estos señores en su lugar es pues simple: la sucesión no es: fascismo, democracia, socialismo por el contrario es: democracia, fascismo, dictadura del proletariado.
155 – El curso histórico del movimiento de clase del proletariado – 1947
Desde que en su estadio imperialista el capitalismo procura dominar sus contradicciones económicas con una red central de control, y coordinar con un hipertrófico aparato estatal el control de todos los hechos sociales y políticos, para ello modifica su acción con respecto a las organizaciones obreras. Al principio, la burguesía las había condenado; más tarde, las había autorizado y dejado crecer; en este tercer periodo, la burguesía comprende que no puede ni suprimirlas ni dejarlas desarrollarse autónomamente, y se propone encuadrarlas con cualquier medio en su aparato de Estado, en aquel aparato que era exclusivamente político a principios del ciclo y que llega a ser, en la época del imperialismo, político y económico al mismo tiempo: el Estado de los capitalistas y de los patronos se transforma en Estado-capitalista y Estado-patrón. En esta vasta estructura burocrática se crean puestos de dorada prisión para los jefes del movimiento proletario. A través de las mil formas con una aparente función de equilibrio entre las clases, los dirigentes del movimiento obrero cesan de apoyarse sobre sus fuerzas autónomas, y van a ser absorbidos en la burocracia del Estado.
El mismo movimiento de organización económica del proletariado será aprisionado, exactamente con el mismo método inaugurado por el fascismo, es decir, con la tendencia al reconocimiento jurídico de los sindicatos, lo que significa su transformación en órganos del Estado burgués. Estará claro que el plan para vaciar el movimiento obrero, propio del revisionismo reformista (laborismo en Inglaterra, economismo en Rusia, sindicalismo puro en Francia, sindicalismo reformista a la Cabrini-Bonomi y más tarde Rigola-D’Aragona en Italia) coincide en sustancia con el del sindicalismo fascista, el del corporativismo de Mussolini, y el del nacionalsocialismo de Hitler. La única diferencia está en que el primer método corresponde a una fase en la que la burguesía piensa únicamente en la defensiva contra el peligro revolucionario, y el segundo a la fase en la que, por el incremento de la presión proletaria, la burguesía pasa a la ofensiva. En ninguno de ambos casos ella confiesa hacer obra de clase, sino que proclama siempre querer respetar la satisfacción de ciertas exigencias económicas de los trabajadores y realizar una colaboración entre las clases.
En vez de un mundo de libertad, la guerra habrá portado consigo un mundo de mayor opresión. Cuando el nuevo sistema fascista, aportación de la más reciente fase imperialista de la economía burguesa, lanzó una amenaza política y un desafío militar a los países en que la rancia mentira liberal aún podía circular como supervivencia de una fase histórica superada, dicho desafío no dejaba al agonizante liberalismo ninguna alternativa favorable: o los Estados fascistas ganaban la guerra, o la ganaban sus adversarios. No se trató de un conflicto entre dos ideologías o concepciones de la vida social, sino del necesario proceso de llegada de la nueva forma del mundo burgués acentuada, más totalitaria, más autoritaria, más decidida a todo esfuerzo por la conservación y contra la revolución.
Ante esta nueva construcción del mundo capitalista, el movimiento de las clases proletarias sólo podrá reaccionar si comprende que no se puede ni se debe llorar el estadio caduco de la tolerancia liberal, de la independencia soberana de las pequeñas naciones, sino que la historia solo ofrece una vía para eliminar todas las explotaciones, todas las tiranías y las opresiones, y es la vía de la acción revolucionaria de clase, que en todo país, dominador o vasallo, alinee las clases de los trabajadores contra la burguesía local, con completa autonomía de pensamiento, de organización, de comportamiento político y de acciones de combate, y por encima de las fronteras de todos los países, en paz y en guerra, en situaciones consideradas normales o excepcionales, previstas o imprevistas por los esquemas filisteos del oportunismo traidor, una las fuerzas de los trabajadores de todo el mundo en un organismo unitario, cuya acción no se detenga hasta el completo aniquilamiento de las instituciones del capitalismo.
CAP. 6 – ELECCIONISMO – ABSTENCIONISMO – NINGUNA SOLIDARIDAD CON LA DEFENSA DE LA DEMOCRACIA
156 – Tesis de la Izquierda al III Congreso del PC de Italia (Tesis de Lyon) – 1926
III.2 -…Inmediatamente después de la guerra, la posición de la extrema izquierda se concretó en el periódico Il Soviet. Éste fue el primero en plantear y defender las directivas de la revolución rusa, negando las interpretaciones antimarxistas, oportunistas, sindicalistas y anarcoides, planteando correctamente los problemas esenciales de la dictadura proletaria y de la tarea del partido, y sosteniendo desde el primer momento la escisión del Partido Socialista.
Este grupo sostenía el abstencionismo electoral y sus conclusiones fueron rechazadas por el II Congreso de la Internacional. Pero su abstencionismo no partía de errores teóricos antimarxistas de tipo anarcosindicalista, tal como lo prueban las decididas polémicas dirigidas contra la prensa anarquista. La táctica abstencionista era preconizada ante todo en el ambiente político de completa democracia parlamentaria, la cual crea particulares dificultades a la conquista de las masas para volverlas conscientes de la justa consigna de la dictadura, dificultades que creemos insuficientemente valoradas todavía por la Internacional.
En segundo lugar, el abstencionismo no era propuesto como una táctica para todos los tiempos, sino para la situación general, hoy desgraciadamente superada, de la inminencia de grandes luchas y de la puesta en marcha de las más grandes masas proletarias.
Con las elecciones de 1919, el gobierno burgués de Nitti abrió una inmensa brecha a la presión revolucionaria, desvió el impulso del proletariado y la atención del partido explotando las tradiciones de electoralismo desenfrenado. El abstencionismo de ”Il Soviet” fue entonces la única reacción justa contra las verdaderas causas del desastre proletario ulterior.
Más tarde, en el Congreso de Bolonia (octubre de 1919) solo la minoría abstencionista planteó correctamente el problema de la escisión de los reformistas, y buscó en vano un acuerdo con parte de los maximalistas, renunciando en este terreno a hacer del abstencionismo una cuestión previa. Después del fracaso de esta tentativa, la fracción abstencionista fue la única que hasta el II Congreso mundial trabajó a escala nacional para la formación del partido comunista.
Fue este grupo, pues, el que representó la orientación espontánea, según las propias experiencias y tradiciones de la Izquierda del proletariado italiano, sobre las directivas que contemporáneamente triunfaban en Rusia con la victoria de Lenin y del bolchevismo.
157 – La plataforma política del Partido comunista internacional – 1945
17 – Al igual que la sustitución de la república por la monarquía no representa un punto de llegada para el incandescente problema social italiano, tampoco puede ser aceptado como tal el de la convocatoria de una asamblea electiva representativa con poderes constituyentes. Ante todo tal asamblea tendrá límites muy restringidos para su influencia, por la permanencia en el territorio (sobre el que debería tener plena soberanía) primero de fuerzas militares de ocupación y después de las fuerzas armadas que serán definidas y predispuestas por la organización de paz que seguirá al conflicto actual y seguirá estando vigente en los Estados satélites. Por tanto, cualquiera que pueda ser la táctica del partido (de participación en la campaña electoral con propaganda escrita y oral; de presentación de candidaturas, de intervención en el seno de la asamblea), ésta se deberá inspirar no sólo en los principios programáticos del partido, sino en la abierta proclamación de que en ningún caso la consulta con el mecanismo electivo puede consentir a las clases explotadas darles adecuada expresión a sus necesidades y a sus intereses y aún menos de llegar a la gestión del poder político. El partido se diferenciará de todos los otros partidos italianos del momento, no sólo porque no se presentará en el mercado de las combinaciones y coaliciones electorales, sino por la posición sustancial de que, mientras que todos los otros proclamarán que el programa político a poner en práctica y a aceptar sin ulterior resistencia será el incógnito que prevalezca en la mayoría numérica de la asamblea, el partido revolucionario rechaza desde el inicio tal abdicación y, en la hipótesis abstracta (pero con una certeza práctica) de que la victoria electoral confirme la supervivencia constitucional de las instituciones capitalistas fundamentales, aun siendo minoría en sentido democrático, continuará su lucha para abatirlos desde el exterior. Sólo la contingencia histórica y el valor de las relaciones de fuerza, y no ya la autoridad de mayorías constitucionales, determinará el alcance de esta lucha, que va según las posibilidades de la dinámica de clase, de la crítica teórica a la propaganda de oposición política, a la incesante agitación anti institucional, al asalto revolucionario armado. Sobre todo el partido desmentirá como contrarrevolucionario a todo movimiento que proclame útil simular para fines de más fácil agitación y de éxito electoral el obsequio preventivo a la soberana validez de la consulta parlamentaria, pretendiendo ser susceptible de pasar desde esta equívoca política – cuyos múltiples experimentos históricos han confirmado todos la corrupción y el desarme de las energías revolucionarias – a un ataque contra el régimen constituido.
En las elecciones locales el partido no puede abstraerse, por consideraciones de intereses contingentes, de la finalidad general de separar las responsabilidades y el enfoque de las fuerzas proletarias de todas las otras, y de continuar en plena coherencia la agitación de sus reivindicaciones históricas generales.
En fases más maduras de la situación, que previsiblemente no pueden desarrollarse si no es a través de estrictas conexiones intereuropeas, el partido se prepara y prepara a las masas para la constitución de los Soviets, órganos representativos sobre base de clase, que son al mismo tiempo órganos de combate, y para la destrucción de todo derecho representativo para las clases sociales económicamente explotadoras.
El partido, en la construcción de los órganos proletarios de todo género, pre y posrrevolucionarios, no hace ninguna distinción entre trabajadores de los dos sexos; la cuestión de la concesión del voto a la mujer en el presente régimen representativo es para el partido una cuestión secundaria, ya que no puede colocarse fuera del terreno crítico de que el ejercicio del derecho de voto es una pura ficción jurídica en un ambiente en el que la disparidad económica crea sumisiones insuperables, una de las cuales es la del sexo femenino, cuya emancipación no es concebible más que en una economía de tipo no personal y no familiar.
158 – Las perspectivas de la posguerra en relación a la Plataforma del Partido – 1946
… La actitud preconizada por nuestro movimiento, en la posible futura tercera guerra imperialista, es la de rechazar, en ambos campos de la gran lucha, toda consigna que tenga el carácter de ”defensismo” (término ya bien conocido y adoptado por Lenin en la batalla crítica y política contra el oportunismo del primer ciclo, 1914-18) y contra todo ”intermedismo”, término con el cual queremos entender la pretensión de indicar como objetivo principal o prejudicial de la fuerza y de los esfuerzos del proletariado revolucionario no el abatimiento de sus opresores de clase, sino la realización de ciertas condiciones en los modos de organizarse de la presente sociedad, que le ofrecerían un terreno más favorable para conquistas ulteriores.
El aspecto ”defensista” del oportunismo consiste en afirmar que la clase obrera, en el presente ordenamiento social, aun siendo aquella que las clases superiores dominan y explotan, corre el peligro en cien modos de ver empeorar de forma general sus condiciones si ciertas características del ordenamiento social presente son amenazadas.
Así, decenas de veces hemos visto a las jerarquías derrotistas del proletariado llamarle a abandonar la lucha clasista para correr a defender, coaligado con otras fuerzas sociales y políticas en el campo nacional o en el mundial, los más diversos postulados: la libertad, la democracia, el sistema representativo, la patria, la independencia nacional, el pacifismo unitario, etc., etc., abandonando las tesis marxistas por las que el proletariado, única clase revolucionaria, considera a todas esas formas del mundo burgués como las mejores armaduras de las que de vez en cuando se rodea el privilegio capitalista, y sabe que, en la lucha revolucionaria, nada tiene que perder además de sus cadenas. Este proletariado, transformado en gestor de patrimonios históricos preciosos, en salvador de los fracasados ideales de la política burguesa, es el que el oportunismo ”defensista” ha entregado más mísero y esclavo que antes a sus enemigos de clase en las ruinosas crisis acaecidas durante la primera y la segunda guerra imperialista.
Bajo el aspecto complementario del ”intermedismo” la corrupción oportunista se presenta ya no solamente con el carácter negativo de la tutela de ventajas de las que la clase obrera gozaba y que podría perder, sino bajo el aspecto más sugestivo de conquistas preliminares que podría realizar – entiéndase con la complaciente y generosa ayuda de una parte más moderna y evolucionada de la burguesía y de sus partidos – colocándose sobre posiciones desde las cuales le será mía fácil dar un salto hacia sus máximas conquistas. El ”intermedismo” triunfó en mil formas, sin embargo, desembocando siempre en el método de la colaboración de clase, desde la guerra revolucionaria que llamaba Mussolini a los socialistas italianos en 1914, a la insurrección partisana y a la democracia progresiva, que en la reciente guerra los tránsfugas del comunismo de la III Internacional han creado como sucedáneo de la lucha revolucionaria y de la dictadura del proletariado, con el agravante de camuflar este tráfico ilícito de principios como la aplicación de la táctica elástica que atribuyen a Lenin. Formas no distintas de este método se tienen en las consignas poco comprensibles y vaciadas de contenido de ”Europa proletaria”, de ”Estados Unidos del mundo” y otros sustitutos equívocos similares del postulado programático central de Marx y de Lenin para la conquista armada de todo el poder político por parte del proletariado.
En conclusión, en la posible próxima fractura del frente imperialista mundial, el movimiento político obrero revolucionario podrá afirmarse, resistir y volver a partir para una reconquista histórica sólo cuando sepa despedazar las dos insidias del oportunismo ”defensista” según la cual deberían ser quemadas todas las municiones: por un lado del frente para la salvación de la libertad representativa de las democracias occidentales, por el otro, para la salvación del poder proletario y comunista ruso. Al mismo tiempo será una condición para la reanudación clasista el análogo rechazo de todo ”intermedismo” que quiera engañar a las masas indicando la vía para su redención revolucionaria ulterior, en una parte del frente afirmando el método del gobierno parlamentario contra el totalitarismo moscovita, y la otra en la extensión del régimen seudo soviético a los países del capitalismo del oeste.
159 – Después de la garibaldata – 1948
… Si por otra parte hubiesen vencido ellos, ni Barbarroja ni bigote gris habrían entrado en Italia. No son los recuentos de las papeletas los que determinan las situaciones, sino los factores económicos que se concretan en posiciones de fuerza, en controles inexorables sobre la producción y el consumo, en policías organizadas y pagadas, en flotas que surcan los mares de sus señores.
Cualquiera que sea elegido para el gobierno de la república, no tendría otra elección más que renunciar o ponerse al servicio del engranaje de las fuerzas capitalistas mundiales que manejan al estado vasallo italiano. En cuanto a hacer ”sabotaje”, es otra ilusión sobre la tarea de los portaestandartes parlamentarios. Son las esferas de los negocios burgueses y de las altas instancias militares y civiles las que pueden a su merced sabotear a los politicastros de los maletines, no al revés.
El mecanismo electoral ha caído hoy en el campo inexorable del conformismo y del sometimiento de las masas a las influencias de los centros con un altísimo potencial, así como los granitos de limaduras de hierro se adaptan dócilmente según las líneas de fuerza del campo magnético. El elector no está ligado a una confesión ideológica ni a una organización de partido, sino a la sugestión del poder, y en la cabina electoral no resuelve por cierto los grandes problemas de la historia y de la ciencia social, sino que noventa y nueve veces sobre cien lo único que está a su alcance es preguntarse: ¿Quién vencerá? Lo mismo que hace el jugador a la Sisal: y más aún, acierta mejor quien no tiene ninguna competencia en materia de juego, y miente a sus mismas simpatías íntimas.
Este arduo problema de adivinar quien es el más fuerte, lo afronta el candidato respecto al gobierno, el gobernante respecto al campo internacional. Lo afronta el elector respecto al candidato que vota; busca, no aporta, un apoyo personal en la difícil lucha de cada día.
Si se hubiese sabido el 17 de abril que vencería De Gasperi, en lugar del 50% le habrían dado el 90% de los sufragios. A esto llegaba la dialéctica de los frentistas, y todo argumento serio era superado y prostituido frente a la máxima: ¡venceremos! (y podemos pagar, con los dineros de Pantalone, buscavidas, matones y compañeros ”independientes”). Mussolini no decía otra cosa, De Gasperi lo decía y lo está haciendo sin recato.
Toda la política y la táctica de los adversarios de los democristianos han sido derrotistas. La larga práctica del oportunismo de los jefes de las organizaciones llamadas de masas ha conducido a una situación en la que ya no es insertable una avanzadilla progresiva, en la lucha sobre el terreno de las elecciones, de un partido que tenga un programa y una actitud de oposición de principio y que proclame a los electores el rechazo de la ilusión de que por vía democrática pueden las clases explotadas llegar al poder.
Hoy el eleccionismo solo es pensado en función de la promesa del poder, de porciones de poder.
160 – Tesis características del partido (Tesis de Florencia) – 1951
III,17 -…Se trataba, por el contrario, de la realización plena del gran acontecimiento histórico contenido en la visión marxista, y tan solo en ella: la concentración económica que, poniendo en total evidencia el carácter social y mundial de la producción capitalista, la impulsaba a unificar su mecanismo; y la consecuencia política y de guerra social derivaba del esperado enfrentamiento final de clase, pero cuyos caracteres correspondían a aquella alternativa en la cual la presión proletaria permanecía sin embargo por debajo del potencial defensivo del Estado capitalista de clase.
Los jefes de la Internacional, al contrario, debido a una grosera confusión histórica con el periodo kerenskiano en Rusia, recayeron no solo en un grave error de interpretación teórica, sino también en un consiguiente e inevitable trastrocamiento de táctica. Se trazó para el proletariado y los partidos comunistas una estrategia defensiva y conservadora, y se les aconsejó formar un frente con todos los grupos burgueses menos aguerridos e iluminados (e incluso por esto menos convincentes como aliados) quienes sostenían que se debía garantizar a los obreros ventajas inmediatas, y no privar a las clases populares del derecho de asociación, de voto, etc. No se comprendió, por un lado, que el fascismo o el nacionalsocialismo nada tenían que ver con una tentativa de retorno a formas de gobierno despóticas y feudales, y ni siquiera con un predominio de supuestos estratos burgueses de derecha opuestos a la clase capitalista más avanzada de la gran industria, o con una tentativa de gobierno autónomo de clases intermedias entre la burguesía y el proletariado, y, por otro lado, que el fascismo, al mismo tiempo que se liberaba de la inmunda máscara parlamentaria, heredaba plenamente el reformismo social seudo marxista, asegurado con una serie de medidas, de intervenciones del Estado de clase en el interés de la conservación del capitalismo, no solo condiciones mínimas de vida, sino también una serie de progresos sociales y asistenciales para las maestranzas y otras clases pobres. Fue dada, pues, la consigna de la lucha por la libertad, la cual fue impartida desde 1926 por el presidente de la Internacional al partido italiano, en cuyas filas la casi totalidad de los militantes quería conducir contra el fascismo, en el poder desde hacía cuatro años, una política autónoma de clase, y no la del bloque con todos los partidos democráticos y hasta monárquicos y católicos para reivindicar con ellos el restablecimiento de las garantías constitucionales y parlamentarias. Los comunistas italianos hubieran querido desde entonces desacreditar el contenido de la oposición al fascismo de todos los partidos medio-burgueses, pequeñoburgueses y seudo-proletarios; y por esto, previeron en vano desde aquel momento que toda la energía revolucionaria naufragaría si se entraba en aquella vía degenerativa que condujo finalmente a los Comités de Liberación Nacional.
La política del partido comunista es, por naturaleza, de ofensiva, y en ningún caso debe luchar por la conservación ilusoria de condiciones propias de las instituciones capitalistas. Si en el periodo anterior a 1871 el proletariado tuvo que luchar al lado de las fuerzas burguesas, no fue para que éstas pudiesen conservar posiciones dadas o evitar la caída de formas históricas adquiridas, sino por el contrario, para que pudiesen destruir y superar formas históricas precedentes. Tanto en la vida económica cotidiana como en la política general y mundial, la clase proletaria, como no tiene nada que perder, no tiene nada que defender, y su tarea es solo ataque y conquista Por lo tanto, al aparecer las manifestaciones de concentración, unidad y totalitarismo capitalista, el partido revolucionario debe ante todo reconocer en ello su victoria ideológica integral, y debe pues preocuparse solamente de la relación efectiva de fuerzas para el enfrentamiento en la guerra civil revolucionaria, relación que hasta hoy han tornado desfavorables, precisa y solamente, las oleadas de degeneración oportunista e inmediatista; debe hacer lo posible para desencadenar el ataque final y, donde no pueda hacerlo, afrontar la derrota, pero no debe pronunciar jamás un imbele y derrotista ”vade retro Satana”, que equivale a implorar estúpidamente la tolerancia o el perdón del enemigo de clase.
IV, 12 – El partido no es una filiación de la Fracción Abstencionista, a pesar de que ésta haya desempeñado un gran papel en el movimiento hasta la creación del Partido Comunista de Italia en Livorno en 1921. La oposición en el seno del Partido Comunista de Italia y de la Internacional Comunista no se fundó sobre las tesis del abstencionismo, sino sobre otras cuestiones de fondo. El parlamentarismo, siguiendo el desarrollo del Estado capitalista que asumirá manifiestamente la forma de dictadura que el marxismo descubrió en él desde el inicio, va perdiendo importancia progresivamente. Incluso las aparentes supervivencias de las instituciones electorales parlamentarias de las burguesías tradicionales va agotándose cada vez más, quedando solamente una simple fraseología, y poniendo en evidencia en los momentos de crisis social la forma dictatorial del Estado, como última instancia del capitalismo contra la que debe ejercerse la violencia del proletariado revolucionario. El partido, por lo tanto, permaneciendo este estado de cosas y las actuales relaciones de fuerza, se desinteresa de las elecciones democráticas de todo tipo y no desarrolla su actividad en ese campo.
161 – El cadáver todavía camina – 1953
Está claro pues que el problema principal es la eliminación de los socialdemócratas del partido del proletariado, cuestión secundaria es la de si éste deba o no participar en las elecciones, tanto en el pensamiento de entonces de Lenin como en los sucesivos debates y tesis sobre el parlamentarismo del II Congreso, de poco después.
Pero para nosotros hoy está también claro lo que defendimos entonces: que la única vía para conseguir el traspaso de las fuerzas al terreno revolucionario pasaba por un enorme esfuerzo para liquidar, nada más acabar la guerra, la tremenda sugestión democrática y electoralista, que demasiadas saturnales había celebrado ya.
La táctica deseada por Moscú fue seguida por el partido de Livorno, disciplinada e incluso comprometidamente. Pero desgraciadamente, la subordinación de la revolución a las corruptoras instancias de democracia estaba ya en curso internacional y localmente, y el punto de encuentro leninista de los dos problemas, además de su peso relativo, se revelaron insostenibles. El parlamentarismo es como un engranaje que si se agarra a una extremidad la tritura inexorablemente. Su empleo en épocas ”reaccionarias” defendido por Lenin era proponible; en épocas de posible ataque revolucionario es una maniobra en la que la contrarrevolución burguesa gana demasiado fácilmente la partida. En diversas situaciones y bajo mil épocas, la historia ha demostrado que no puede encontrarse mejor diversivo contra la revolución que el electoralismo…
Si recordamos estas etapas una vez más, es para establecer el estrecho lazo entre cada afirmación de electoralismo, parlamentarismo, democracia y libertad, con una derrota, un paso atrás del potencial proletario de clase…
Lo mismo decimos de la ”histórica batalla” contra la ”ley-fraude”. La elección no solo es de por sí un fraude sino que lo es más cuanto más se pretende dar, paridad en peso a cada voto personal. Todo el guiso lo hacen en Italia unos pocos miles de cocineros, subcocineros y pinches, que aborregan en lotes y ”a medida” a los veinte millones de electores.
¡Si el parlamento sirviese para administrar técnicamente alguna cosa y no solo para atontar a los ciudadanos, sobre cinco años de máxima vida no le dedicaría uno a las elecciones y otro a discutir la ley para su constitución!
162 – La revolución anticapitalista occidental (Reunión de Génova 1953)
12 -…No es posible superar esta situación si no es bajo todos sus aspectos: demostración de que en Rusia no hay construcción de socialismo; que si el Estado ruso combatirá no será por el socialismo, sino por rivalidades imperiales; demostración, sobre todo, de que en Occidente las finalidades democráticas, populares y progresivas no solo no interesan a la clase trabajadora, sino que sirven para mantener en pie un capitalismo podrido.
163 – El fácil escarnio – 1959
…Con el mismo remedio logrado hace tanto tiempo por nosotros, nos dirigimos al punto de lanzar una afrenta a toda superstición actual por el método del recuento de las opiniones personales equiponderadas, y le damos el mismo título de charlatán a quien lo emplea a escala de la sociedad, de la clase, e incluso del partido; porque cuando ese miserable o embrollón habla de clase y de partido como fuerzas que transforman la sociedad, en realidad piensa en ellas como imitables parodias de aquella misma sociedad demo-burguesa, la cual nunca se podrá separar de su sucio cieno.
CONCLUSIÓN
Este largo trabajo, como se ha escrito en la premisa, está dirigido a los compañeros del partido, y constituye un reclamo a las concepciones fundamentales sobre las cuales el partido se ha reconstituido en la segunda posguerra, y sobre las cuales debe continuar moviéndose so pena de degenerar y perecer. Constituye al mismo tiempo una exposición de la línea de pensamiento y de acción sobre la cual tiene intención de continuar moviéndose sin desviarse el grupo que ha sido objeto de ”expulsión” de la organización en noviembre de 1973.
Así como en la base de las escisiones organizativas debe haber divergencias de posiciones, hemos intentado exponer en un trabajo sistemático, y por encima de cualquier polémica o acusación, aquellas que nosotros consideramos que son las posiciones características de la Izquierda Comunista desde hace cincuenta años, deduciéndolas no de nuestras ”opiniones” sino de nuestros textos fundamentales, de todo aquello que el partido ha afirmado y escrito en su larga y afanosa vida.
No queremos ”diálogos” con nadie. Queremos que la organización militante que se adorna con el nombre de Partido Comunista Internacional reivindique claramente como propias en 1974 estas posiciones, que por sí solas constituyen la línea de continuidad a la que todos, jefes y gregarios, deben atenerse. Es sobre la base de la enunciación neta de posiciones sobre la que se continúa o se abandona, es la que nos une o nos separa. ”Nuestras” posiciones no hemos podido expresarlas de otro modo más que retomando citas de nuestros textos fundamentales en línea continua desde 1920 a 1970.
Si cuanto está escrito en las páginas precedentes es la base sobre la que se mueve y actúa la organización actual, no tenemos razón para mantenernos separados, y nuestros brazos están a disposición de la organización. Si esto no es así, si cuanto está escrito constituye por casualidad para quien milita bajo la insignia del Programma Comunista una ”especie de pantano en donde se bañan los gansos”, quiere decir que la historia pone al orden del día la defensa y la reafirmación de estas posiciones por una vía distinta de aquella de la actual formación organizada, en cuanto que esa afirma y defiende otras posiciones que divergen de esta vía. Si es así, la escisión organizativa está plenamente justificada, en cuanto que no consideramos de ningún modo que abandonamos la fidelidad a las posiciones a las que hemos dado nuestra adhesión de una vez para siempre, cuando hemos entrado en el partido. Y consideramos que en el partido se queda quien es fiel a estas posiciones, sale orgánicamente de él quien las abandona, las mistifica, las olvida. A estas consideraciones volvemos a llamar a todos los compañeros. No hay nada más que añadir.
APÉNDICE
En la orgánica predisposición del partido está su preparación para la revolución
1 – EL PARTIDO COMO GUÍA ORGÁNICO DE LA CLASE
El primer punto del que se parte es aquel según el cual el Partido es consciente de que no podrá haber nunca ninguna victoria revolucionaria si no llegan a reunirse las condiciones históricas que permitan al Partido mismo constituir el guía orgánico del proletariado revolucionario.
El partido organiza a aquellos militantes que no solo están decididos a batirse por la victoria de la revolución, sino que también son conscientes de las finalidades que el Partido persigue, y conocen los medios necesarios para conseguirlas.
Esto no significa que la conciencia individual sea condición para la admisión en el Partido, cosa que excluimos de la manera más absoluta; sin embargo esta tesis fundamental y de principio significa que deja de existir toda relación orgáica de Partido cuando se usan en su interior métodos de constricción física, explícitos y, peor aún, diplomáticos, que excluimos antes, durante y después de la Revolución. Dicha tesis demuestra también que los miembros del Partido deben ser considerados no como un material con el que hacer trabajo de propaganda y agitación, sino compañeros con los que desarrollar un trabajo común para la preparación revolucionaria común: en esto está también contenida la tesis de que el Partido representa a la clase para sí en su devenir histórico, independientemente de las situaciones.
Cita 164 – Discurso del representante de la Izquierda en el VI Ejecutivo Ampliado de la IC – 1926
…Es absolutamente indispensable que el partido tenga la posibilidad de formarse una opinión y expresarla abiertamente. En el congreso del partido italiano he dicho que el error que se ha cometido es no haber hecho, en el interior del partido, una diferencia neta entre agitación y propaganda. La agitación va dirigida a una gran masa de individuos a los que se aclaran algunas ideas simples, mientras que la propaganda toca a un número relativamente restringido de camaradas a los que se explica un número más grande de ideas más complicadas. El error que se ha cometido es haberse limitado a la agitación en el interior del partido; se ha considerado por principio a la masa de los miembros del partido como inferiores, se les ha tratado como a elementos a los que se puede poner en movimiento, y no como factor de un trabajo común. Se puede comprender hasta cierto punto la agitación fundada en fórmulas a aprender de memoria, cuando se busca el efecto más grande por medio del gasto más pequeño de energía, cuando hay que poner en movimiento a grandes masas, allí donde el factor de la voluntad y de la conciencia no juega más que un papel secundario. Pero no ocurre lo mismo con el partido. Exigimos que se acabe con este método de agitación en el interior del partido. El partido debe reunir alrededor suyo a esa parte de la clase obrera que tiene una conciencia de clase y en la que reina la conciencia de clase; si al menos no reivindicáis la teoría de los elegidos que, entre otras acusaciones infundadas, nos ha sido imputada otras veces. Es necesario que la gran masa de los miembros del partido se forje una conciencia política común y que estudie los problemas que se plantea el partido comunista. En este sentido es de extrema urgencia cambiar el régimen interno del partido.
Solo en raros momentos de la historia la clase física corresponde con la clase para sí, y se trata de un proceso objetivo sobre el que la voluntad del Partido puede influir muy relativamente, incluso en los momentos de mayor consistencia numérica del Partido. Por el contrario, el trabajo de preparación revolucionaria del Partido mismo es una tarea exquisitamente subjetiva, que por cierto, no podrá dejar de resentirse del ambiente externo y del desarrollo de las situaciones, pero en todo caso puede ser asumido solo a través de un continuo esfuerzo de la organización formal para mantenerse a la altura del partido histórico.
2 – FACTORES OBJETIVOS DE LA DEGENERACIÓN DE LA INTERNACIONAL COMUNISTA
Como se ha afirmado otras veces en los textos y en las tesis, es necesario referirse a la batalla que la Izquierda ha conducido con el centro de la Internacional desde 1922 a 1926, porque fue precisamente a través de aquella batalla como se deshizo el nudo histórico para el renacimiento del Partido mundial de las cenizas de la Tercera Internacional. Derrota de la Revolución y renacimiento del Partido sobre la base de las enseñanzas derivadas precisamente de la victoria de la contrarrevolución se sueldan así inseparablemente.
No podremos comprender el significado de la batalla de la Izquierda contra el estalinismo, en los años cruciales de 1922-26, si no es a la luz de nuestra exclusiva tesis de que fueron factores objetivos los que determinaron la victoria de la contrarrevolución. Todos aquellos que han sobrevalorado los aspectos subjetivos (errores del centro internacional) han acabado por abandonar los más elementales principios comunistas mismos, precisamente porque han cerrado la posibilidad de recoger el significado de clase de los acontecimientos rusos y europeos de aquel periodo.
Esta tesis nuestra está afirmada en todos los textos y nos distingue no solo en las confrontaciones con el oportunismo oficial de marca moscovita, sino también en las confrontaciones con el oportunismo en muchos casos más maloliente aún de los miles de grupúsculos sedicentemente revolucionarios.
Cita 165 – Estructura económica y social de la Rusia actual – 1957
118 -…En Rusia la fase revolucionaria estaba madura para empujar en un breve ciclo fuerzas nuevas y disgregar fuerzas muertas, en Europa la situación era falsamente revolucionaria y el despliegue no fue decisivo, la incertidumbre y el cambio de actitud fue efecto y no causa del cambio de dirección de la histórica curva del potencial de clase.
Si hubo errores y si es sensato hablar de errores de hombres y de políticos, no consisten en haber perdido los autobuses históricos que se podían aferrar, sino en haber deducido, de la lucha en Rusia, la presencia de la situación suprema, en haber creído que ésta se podía sustituir en Europa con el efecto de ilusorias triquiñuelas subjetivas, en no haber tenido, por parte del movimiento, la fuerza de decir que el autobús del poder proletario en occidente no había pasado y que por lo tanto era mentira indicar que llegaba el autobús de la economía socialista en Rusia.
Sin embargo hemos subrayado otras veces que no se deben subvalorar los errores tácticos y organizativos de los primeros años de la Internacional Comunista, no porque sin aquellos errores la contrarrevolución no se habría dado, sino porque precisamente en el empleo común del significado de aquellos errores y de las tempestivas reacciones de la Izquierda está la posibilidad material de conseguir que el Partido marche sobre la vía revolucionaria correcta.
Las debilidades que, por parte de la Izquierda, fueron indicadas enseguida a la Internacional eran relativas al planteamiento mismo de la cuestión de la táctica (ausencia de límites claros y precisos; la actitud impaciente, por lo demás no sin motivo, en las confrontaciones de la lucha por la conquista del poder político en los países capitalistas europeos, de aquí el maniobrismo, la generalización de la experiencia rusa a los grandes países capitalistas europeos (confusión de la táctica en las áreas de revolución doble con la de las áreas de revolución única); la práctica, en el campo organizativo, del fusionismo de los partidos comunistas con partidos no revolucionarios.
Ya hemos escrito otras veces que tales debilidades no eran imputadas por la Izquierda a pretendidas incapacidades subjetivas de los dirigentes de la Internacional. A pesar de esto, la Izquierda sabía que insistir en la práctica de tales debilidades había tenido la consecuencia de debilitar y luego destruir la Internacional. Por eso, desde el II Congreso, la Izquierda actuó para reducir al mínimo los efectos negativos de tales debilidades en toda la Internacional, con la clara intención de preservar si no a todo el Partido, al menos al nervio que había dado vida a la Internacional. Las vicisitudes sucesivas tuvieron por el contrario el peor de los cursos posibles para obtener también este resultado limitado. El hundimiento posterior de la Internacional ha confirmado que, mientras que ella había desarrollado de manera definitiva los problemas de teoría y de principio, no había afrontado de modo igualmente definitivo y adecuado el problema de la táctica, y a través de esta brecha que quedó abierta ha podido entrar de nuevo el oportunismo.
3 – VALORACIÓN DE LA SITUACIÓN HISTÓRICA Y TAREAS DEL PARTIDO
Es de fundamental importancia la valoración correcta de la situación histórica, porque de otro modo llegarían a ser vagas no solo las connotaciones de la táctica, sino también y en consecuencia, la fisonomía del Partido, su función y sus tareas específicas.
La lección que debemos sacar de los años 1919-26 es que, en último análisis, fue la capacidad del capitalismo para resistir a la potente oleada revolucionaria lo que explica también los errores subjetivos de la Internacional. En los años siguientes, el capitalismo mundial ha podido permitirle a la clase obrera de los países imperialistas la participación en la explotación del mundo con migajas sustanciales. Desde un punto de vista materialista no puede explicarse diversamente la aquiescencia total del grueso de la clase obrera occidental a las exigencias capitalistas, que se expresan con el control político de la clase misma por parte de los partidos oportunistas; de otro modo, deberíamos considerar al oportunismo como un fenómeno no social y económico, sino moral. En esto no debe estar contenida ninguna concesión a las teorías de la ”integración” en el sistema capitalista de la clase obrera, porque también debe reafirmarse la segura previsión de que la misma clase obrera de los países occidentales e imperialistas deberá volver a expresar potencia de lucha de clase para la consecución de sus objetivos históricos cómo y más que en 1919. ¿Quándo? Cuando la base material de la alianza entre el imperialismo y la clase obrera de los países imperialistas se venga abajo, por razones igualmente materiales.
Las tareas tácticas y organizativas del Partido, permanentes y contingentes, deben estar directamente relacionadas con este proceso histórico que postula la reanudación de la lucha revolucionaria de clase. El Partido no debe adoptar métodos y actitudes que no tengan como soporte una situación material correspondiente a las previsiones y que no estén ampliamente explicadas a la luz de la teoría, en cuanto que en tal caso se comprometerían los caracteres fundamentales del Partido mismo. Sin una precisa correlación entre fines, principios, táctica y análisis de la situación el Partido acabaría por asumir actitudes que perjudicarían sus caracteres distintivos, y caería igualmente e inevitablemente en el activismo y en el voluntarismo.
Cita 166 – Tesis de la Izquierda al III Congreso del PC de Italia (Tesis de Lyon) – 1926
El examen y la comprensión de las situaciones deben ser elementos necesarios para adaptar las decisiones tácticas, pero no en cuanto puedan conducir, según la arbitrariedad de los jefes, a ”improvisaciones” y ”sorpresas”, sino en cuanto indicarán al movimiento que ha llegado la hora de una acción lo más prevista posible. De lo que se trata es de prever lo que deberemos hacer en las distintas hipótesis posibles en el curso de las situaciones objetivas, y no de prever las situaciones, lo que todavía es menos posible con seguridad. Negar la posibilidad y la necesidad de prever las grandes líneas de la táctica, – no de prever las situaciones, cosa posible con una seguridad aún menor; sino de prever qué deberemos hacer en las diversas hipótesis posibles sobre la marcha de las situaciones objetivas – significa negar la tarea del partido y negar la única garantía que podemos dar de que, en cada eventualidad, sus militantes y las masas responderán a las órdenes del centro dirigente. En ese sentido, el partido no es un ejército, ni tampoco un engranaje estatal, o sea, un órgano en el cual la parte de la autoridad jerárquica es preponderante y la de la adhesión voluntaria nula; es obvio que para el miembro del partido queda siempre una vía para no ejecutar las órdenes, contra la cual no existen sanciones materiales: el abandono del partido mismo. La buena táctica es aquella que, con el desarrollo de las situaciones, cuando el centro dirigente no tiene tiempo de consultar al partido, y menos aún a las masas, ella no provoca en el seno del partido mismo ni en el del proletariado repercusiones inesperadas y que puedan ir en un sentido opuesto al éxito de la campaña revolucionaria. El arte de la táctica revolucionaria es el de prever cómo reaccionará el partido a las órdenes y cuáles son las órdenes que obtendrán la buena reacción: ese arte solo puede ser confiado a la utilización colectiva de las experiencias de acción del pasado, resumidas en claras reglas de acción. Al dejar la ejecución de las mismas a los dirigentes, los militantes se aseguran de que éstos no traicionarán su mandato, y se comprometen sustancialmente, y no en apariencia, a ejecutar de manera fecunda y decidida las órdenes del movimiento. No dudamos en decir que, al ser el partido mismo algo perfectible y no perfecto, mucho debe ser sacrificado a la claridad, a la capacidad de persuasión de las normas tácticas, aunque esto comporte cierta esquematización. Cuando las situaciones destruyan los esquemas tácticos preparados por nosotros, no se solucionará nada cayendo en el oportunismo y en el eclecticismo, sino que se deberá hacer un nuevo esfuerzo para adecuar la línea táctica a las tareas del partido. No es solo el buen partido el que da la buena táctica, sino que es la buena táctica la que da el buen partido, y la buena táctica tiene que ser comprendida y elegida por todos en sus líneas fundamentales.
Nosotros negamos sustancialmente que, con la exigencia de una acatamiento puro y simple a un hombre, a un comité, o a un único partido de la Internacional y a su tradicional aparato dirigente, sea lícito sofocar el esfuerzo y el trabajo colectivo del partido para definir las normas de la táctica.
La acción del partido asume un aspecto de estrategia en los momentos culminantes de la lucha por el poder, en los cuales dicha acción asume un carácter esencialmente militar. En las situaciones precedentes, la acción del partido no se reduce, sin embargo, a la función puramente ideológica, propagandística y organizativa, sino que consiste, como se ha dicho, en participar y actuar en cada una de las luchas suscitadas en el proletariado. Por consiguiente, el sistema de las normas tácticas debe ser edificado precisamente con el fin de establecer a qué condiciones la intervención del partido y su actividad en dichos movimientos, su agitación al calor de las luchas proletarias, se coordinan con el objetivo revolucionario final y garantizan simultáneamente el progreso útil de la preparación ideológica, organizativa y táctica.
4 – NECESIDAD DE LA CONTINUA PREPARACIÓN DEL PARTIDO
Al decidir la intervención del Partido en las situaciones históricas dadas debemos evitar el error voluntarista que se reduce casi siempre a una desvalorización del Partido, atribuyendo a organismos inmediatos de la clase funciones revolucionarias típicas del Partido. Y en modo particular la tradición sindicalista. Por el contrario, debemos ser conscientes de que cuando la situación histórica madure verdaderamente, en sentido revolucionario, numerosos militantes revolucionarios se alinearán, incluso por vía instintiva, con el Partido; y precisamente esto también será una de las señales más evidentes de la aceleración del proceso de la reanudación revolucionaria.
Cita 167 – Tesis características del Partido (Tesis de Florencia-1951)
IV, 10 – La aceleración del proceso deriva, además de las profundas causas sociales de las crisis históricas, de la obra de proselitismo y de propaganda con los reducidos medios disponibles. El partido excluye absolutamente que se pueda estimular el proceso con recursos, maniobras o expedientes que se apoyen en aquellos grupos, cuadros y jerarquías que usurpan el nombre de proletarios, socialistas y comunistas. Estos medios, que conformaron la táctica de la Tercera Internacional, al día siguiente de la desaparición de Lenin de la vida política, no surtieron otro efecto que el de la disgregación del Comintern, como teoría organizativa y fuerza operante del movimiento, dejando siempre algún de partido en el camino del ”expediente táctico”. Estos métodos son retomados y revalorizados por el movimiento trotskista y por la IV Internacional considerándolos erróneamente como métodos comunistas.
Para acelerar el nuevo ascenso de clase no existen recetas a punto. Para hacer escuchar a los proletarios la voz de clase no existen maniobras y expedientes, que como tales no harían aparecer al partido tal como es verdaderamente, sino una desfiguración de su función, en detrimento y perjuicio de la efectiva reanudación del movimiento revolucionario, que se basa en la madurez real de los hechos y del correspondiente adecuamiento del partido, habilitado a ellos solamente por su inflexibilidad doctrinaria y política.
La Izquierda italiana ha combatido siempre el expedientismo para permanecer siempre a flote, denunciándolo como una desviación de principio que no tiene nada que ver con el determinismo marxista.
El error opuesto al voluntarismo es el fatalismo craso. En el proceso histórico que ve realmente a la clase obrera reapropiarse de sus instrumentos revolucionarios, el Partido no solo puede, sino que debe intervenir como factor voluntario. En las situaciones históricas contingentes el Partido debe pues intervenir con sus principios inconfundibles, con el objetivo de consolidar los mayores lazos posibles con la clase. No es cualquier lazo con la clase lo que le interesa al Partido (sería puro oportunismo), sino solo aquel que no contradice nuestro esquema de prospectiva revolucionaria: lucha defensiva de clase, reconstrucción del sindicato de clase, reforzamiento del Partido, lucha revolucionaria por la conquista del poder político. Viceversa, proponerse en cualquier situación dirigir a la clase o incluso influenciarla fuera de nuestra perspectiva tiene como consecuencia inevitable comprometer la compacidad del Partido, por los reflejos que un tipo tal de actividad no puede dejar de tener en la organización.
168 – Tesis de la Izquierda en el III Congreso del PC de Italia (Tesis de Lyon) – 1926
I, 3 -…La actividad del partido no puede ni debe limitarse solo a la conservación de la pureza de los principios teóricos y de la pureza del complejo organizativo, o bien solo al logro a toda costa de éxitos inmediatos y de popularidad numérica. Ella debe englobar siempre y en todas las situaciones los tres puntos siguientes:
a) la defensa y precisión, en relación con los nuevos grupos de hechos que se presentan, de postulados programáticos fundamentales, o sea, de la conciencia teórica del movimiento de la clase obrera;
b) el aseguramiento de la continuidad del complejo organizativo del partido y de su eficiencia, y su defensa contra las infecciones de influencias extrañas y opuestas al interés revolucionario del proletariado;
c) la participación activa en todas las luchas de la clase obrera, incluso en las suscitadas por intereses parciales y limitados, para alentar su desarrollo, pero aportándoles constantemente el factor del enlace con los objetivos revolucionarios finales y presentando las conquistas de la lucha de clase como vías de acceso a las indispensables luchas futuras, denunciando el peligro de acomodarse con las realizaciones parciales, consideradas como puntos de llegada, y de sacrificarles las condiciones de la actividad y combatividad clasista del proletariado, tales como la autonomía e independencia de su ideología y de sus organizaciones, en el primer rango de las cuales está el partido.
El objetivo supremo de esta compleja actividad del Partido es preparar las condiciones subjetivas de la preparación del proletariado para ponerlo en condiciones de aprovechar las posibilidades revolucionarias objetivas que presentará la historia, en cuanto éstas se manifiesten de manera que salga vencedor de la lucha, y no vencido.
…Hay que decir bien alto que, en ciertas situaciones, pasadas, presentes y futuras, el proletariado ha estado, está y estará necesariamente en su mayoría en una posición no revolucionaria, de inercia y de colaboración con el enemigo según los casos; y que en tanto, a pesar de todo el proletariado continúa siendo siempre y por doquier la clase potencialmente revolucionaria y depositaria del desquite de la revolución, mientras exista en su seno el partido comunista que, sin renunciar jamás a ninguna posibilidad de afirmarse y manifestarse de manera coherente, sabe evitar las vías que aparecen más fáciles a los efectos de una popularidad inmediata, pero que lo desviarían de su tarea y privarían al proletariado del punto de apoyo indispensable de su reanudación. Sobre dicho terreno dialéctico y marxista, y jamás sobre el terreno estético y sentimental, debe rechazarse la bestial expresión oportunista de que un partido comunista es libre de adoptar todos los medios y todos los métodos. Al afirmar que el partido, precisamente por ser verdaderamente comunista, es decir, sano en los principios y en la organización, puede permitirse todas las acrobacias en la maniobra política, se olvida que el partido es para nosotros, al mismo tiempo, factor y producto del desarrollo histórico, y que frente a las fuerzas de este último el proletariado se comporta como una materia más plástica aún. Lo que tendrá influencia sobre el proletariado no serán las explicaciones tortuosas que los jefes del partido presentarían para justificar ciertas ”maniobras”, sino los efectos reales que es necesario saber prever, utilizando sobre todo la experiencia de los errores pasados. Solo si se sabe actuar en el campo de la táctica y rechazar enérgicamente las falsas vías con normas de acción precisas y respetadas, el partido podrá preservarse de las degeneraciones, lo que jamás logrará solamente con credos teóricos y sanciones organizativas.
El partido debe habilitarse para llegar a ser el órgano indispensable de la Revolución, y solo lo puede hacer ”defendiendo en el presente las tareas futuras del movimiento proletario”. Aquí está el sentido y la importancia de la necesidad de la preparación del Partido, tarea primaria precisamente del periodo histórico que todavía hoy atravesamos. Cuando las masas proletarias se encuadren nuevamente en el terreno de la lucha de clase no habrá tiempo para la preparación de un partido capaz de desarrollar, de manera eficaz, sus tareas revolucionarias. La experiencia histórica demuestra que la situación revolucionaria arrolla a los partidos no preparados sólidamente en el terreno revolucionario (hundimiento de la II Internacional con el estallido de la primera guerra mundial), mientras que solo partidos precedentemente preparados pueden dirigir al proletariado a la victoria en las crisis revolucionarias (partido bolchevique en Rusia 1917). No es pues el movimiento, ni siquiera el del proletariado revolucionario, lo que determina la claridad de programas y compacidad de acción del Partido, sino al revés, es la claridad programática y táctica y la compacidad organizativa, precedentemente conquistadas por el Partido, las que permiten la victoria del proletariado revolucionario contra el Estado capitalista. De otro modo, ¿en qué se basaría nuestra noción fundamental de que la dictadura del proletariado significa dictadura del Partido?
5 – LA COMPACIDAD Y UNIDAD DEL PARTIDO SON EL RESULTADO DE SU ACTIVIDAD ORGÁNICA
El trabajo de preparación revolucionaria del Partido debe consistir en la transmisión continua y en cada una de sus partes de la doctrina y de la tradición histórica con el objetivo de conseguir ese grado de asimilación colectiva indispensable con el fin de que el Partido mismo pueda asumir la función de órgano de la Revolución cuando la situación esté madura. La conciencia de esta necesidad, aun habiendo sido una aspiración originaria de la Izquierda, solo se obtiene con la lucha contra el estalinismo. Derrota práctica del movimiento revolucionario y victoria teórica, en cuanto conciencia de la única posibilidad de victoria revolucionaria futura se unen inseparablemente en la experiencia de la Izquierda, ya fuera de la Internacional estalinizada. Es pues a esta única experiencia a la que debemos referirnos en nuestro trabajo cotidiano de partido y sobre todo, a la batalla dirigida por la Izquierda contra los primeros síntomas de degeneración de la Internacional, cuando se forjaron los primeros instrumentos y los antídotos contra los primeros intentos, llegados luego a buen fin, de revancha del oportunismo contra el partido.
Cita 169 – Tesis suplementarias… (Tesis de Milán) – 1966
2 -…Aun aceptando que el partido tenga un perímetro restringido, debemos comprender que nosotros preparamos el verdadero partido sano y eficiente al mismo tiempo, para el periodo histórico en que las infamias del tejido social contemporáneo harán retornar a las masas insurgentes a la vanguardia de la historia; en cuyo lance podrían una vez más errar si faltase el partido no pletórico sino compacto y potente, que es el órgano indispensable de la revolución. Las contradicciones incluso dolorosas de este periodo deberán ser superadas sacando la lección dialéctica que nos ha venido de las amargas decepciones de los tiempos pasados y señalando con coraje los peligros que la Izquierda había advertido y denunciado en otro tiempo, y todas las formas insidiosas que una y otra vez revistió la amenazante infección oportunista.
3 – Con tal objetivo se desarrollará en profundidad aún mayor el trabajo de presentación crítica de las batallas del pasado y de las repetidas reacciones de la Izquierda marxista y revolucionaria contra las históricas oleadas de desviaciones y de extravío que se han puesto desde hace más de un siglo en el camino de la revolución proletaria. Con referencia a las fases en que se presentaron las condiciones de una ardiente lucha entre las clases, menospreciando el coeficiente de la teoría y estrategia revolucionaria, y sobre todo con la historia de las vicisitudes que invalidaron a la Tercera Internacional cuando parecía que el punto crucial hubiese sido superado para siempre, y de las posiciones criticas que la Izquierda asumió para conjurar el peligro que sobresalía y la ruina que desdichadamente siguió, se podrán consagrar enseñanzas que no pueden ni quieren ser recetas para el éxito, sino admoniciones severas para defendernos de aquellos peligros y de aquellas debilidades en las que tomaron cuerpo las insidias y las trampas, cuando la historia hizo caer tantas veces a las fuerzas que parecían consagradas a la causa del avance revolucionario.
Estos instrumentos, sometidos ahora ya a una selección histórica confirmada varias veces, fueron la reacción de la Izquierda contra el eclecticismo táctico (aleatoriedad del término usado en el tercer congreso de la Internacional en 1921, ”conquista de la mayoría”, ausencia de límites muy precisos en las indicaciones tácticas, frente único, etc); la reacción de la Izquierda contra métodos organizativos fusionistas con otros partidos; la denuncia de los métodos de caza a los presuntos responsables de fracasos que se imputaban a la mala aplicación de las normas tácticas dictadas por el Presidium de la Internacional, cuando por el contrario no eran imputables más que a las condiciones objetivas desfavorables, contra las que se actuaba mal precisamente con el eclecticismo táctico; la lucha de la Izquierda contra un método de trabajo interno, consistente en la caza del espectro del fraccionismo en lugar de la búsqueda común de las posiciones justas. Mientras se pretendía invertir situaciones históricas desfavorables, lo que era materialmente imposible, se estaba destruyendo el órgano Partido. De aquellas vicisitudes el Partido ha sacado definitivamente la convicción de que no se puede obtener el resultado de cohesión y compacidad organizativa si no es como resultado de una actividad (teórica y práctica) que una a todo el Partido, desde el centro a la periferia, por consiguiente, como resultado de un método de trabajo en el que la lucha política interna quede excluida en línea de principio.
Cita 170 – Tesis sobre la tarea histórica, la acción y la estructura del partido… (Tesis de Nápoles) – 1965
3 – Por lo que respecta al periodo sucesivo de vida de la nueva Internacional forma patrimonio inolvidable de la Izquierda Comunista la justa diagnosis teórica y la previsión histórica de nuevos peligros oportunistas que se delineaban en el proceso de vida de los primeros años de la nueva Internacional. Tal punto está desarrollado, para evitar teoricismos pesados, con método histórico. Las primeras manifestaciones denunciadas y opuestas por la Izquierda se verificaron en la táctica a propósito de las relaciones a establecer con los viejos partidos socialistas de la II Internacional, de los que los comunistas se habían dividido organizativamente con las escisiones, y consecuentemente también con medidas equivocadas en materia de estructura organizativa. El III Congreso había constatado justamente que no era suficiente (ya en 1921 se podía prever que la gran oleada revolucionaria, que siguió a la finalización de la guerra en 1918 se iba enfriando y que el capitalismo habría intentado contraofensivas ya sea en el campo económico como en el político, haber formado partidos comunistas estrechamente empeñados con el programa de la acción violenta, de la dictadura proletaria y el Estado comunista, si una amplia parte de las masas proletarias, permanecía accesible a las influencias de los partidos oportunistas, por todos nosotros considerados entonces como los peores instrumentos de la contrarrevolución burguesa y que tenían las manos manchadas de sangre de Carlos y de Rosa. No obstante, la Izquierda Comunista no aceptó la fórmula de que fuese condición indispensable para la acción revolucionaria (condenable como iniciativa blanquista de pequeños partidos) la conquista de la ”mayoría” del proletariado (por otro lado no se supo jamás si se trataba del verdadero proletariado asalariado o del ”pueblo”, incluyendo campesinos propietarios y microcapitalistas, artesanos y cualquier otro pequeño burgués). Tal fórmula de la mayoría con su sabor democrático despertaba una primera alarma, desdichadamente verificada por la historia, que el oportunismo pudiese renacer introducido bajo la acostumbrada bandera del homenaje a los conceptos mortíferos de democracia y de recuento electoral.
Desde el IV Congreso, finales de 1922, en adelante, la previsión pesimista y la vigorosa lucha de la Izquierda prosiguen denunciando las tácticas peligrosas (frente único entre partidos comunistas y socialistas, consigna del ”gobierno obrero”) y los errores organizativos (por los cuales se querían ampliar los partidos no solo con la llegada de proletarios que abandonasen a los otros partidos con programa, acción y estructura socialdemócrata, sino con fusiones que aceptasen partidos enteros y porciones de partidos junto a otros pactos con sus estados mayores, e incluso con la admisión como secciones nacionales del Comintern de los pretendidos partidos ”simpatizantes” lo que era claro error en el sentido federalista. En una tercera dirección, la Izquierda denuncia desde entonces y cada vez más vigorosamente, en los años sucesivos la ampliación del peligro oportunista: este tercer argumento es el método de trabajo interno de la Internacional, con el que el centro representado por el Comité Ejecutivo de Moscú usa con los partidos, o ya sea con partes de partidos que han incurrido en errores políticos, métodos no solo de ”terror ideológico”, sino sobre todo de presión organizativa, lo que constituye una equivocada aplicación y poco a poco una falsificación total de los justos principios de la centralización y de la disciplina sin excepciones. Tal método de trabajo iba exasperándose por todas partes, pero de forma particular en Italia en los años sucesivos a 1923 – en los que la Izquierda, seguida por todo el partido dio pruebas de disciplina ejemplar pasando las consignas a compañeros derechistas y centristas designados por Moscú – después de que se abusó gravemente del espectro de ”fraccionamiento” y la constante amenaza de expulsión de una corriente acusada artificialmente de preparar una escisión del partido, con el único fin de hacer prevalecer los peligrosos errores centristas en la política del partido. Este tercer punto vital fue discutido a fondo en los Congresos Internacionales y en Italia, y es no menos importante que la condena a las tácticas oportunistas y a las fórmulas organizativas de tipo federalista.
A pesar de los generosos y tempestivos intentos de salvar a la Internacional, ésta, de ahí a pocos años, llegó a ser totalmente presa del nuevo y más potente oportunismo. La enseñanza contenida en las vicisitudes de entonces y confirmada por las sucesivas se ha duplicado: no hay recetas para impedir las crisis que retornan frecuentemente al Partido, pero sería criminal no atesorar las experiencias de aquel periodo.
El mantenimiento del correcto método de trabajo interno es indispensable para que el Partido no degenere y para que se realice plenamente la función de transmisión de las posiciones revolucionarias correctas a las nuevas generaciones. Es nuestra tesis que el Partido no puede dejar de resentirse del ambiente externo en el que está obligado a actuar, ambiente que hoy es el más desfavorable e impregnado de oportunismo que sea posible imaginar. Es pues solo en la coherencia teórica de sus posiciones donde el Partido debe encontrar la fuerza para oponerse al oportunismo ampliamente difundido. Y es precisamente aquí donde surge la cuestión del mantenimiento de los principios y de la táctica justa.
La mejor solución para esta cuestión, de importancia capital para sabernos orientar en nuestro trabajo cotidiano, reside:
a) en evitar dirigir la lucha que el Partido conduce contra el oportunismo (que es una lucha de todo el Partido contra un enemigo externo) contra una parte del Partido mismo, acusada por la otra parte de ”oportunismo”. La lucha política interna ha sido abandonada para siempre;
b) en el conocimiento cada vez mejor de nuestras posiciones y de la historia de la batalla del comunismo de izquierda contra las posiciones oportunistas, porque de otro modo el Partido acabaría por no saber ya reconocer las mismas posiciones revolucionarias.
Solamente así el Partido podrá adquirir la capacidad colectiva de separar cada vez más netamente las posiciones de las diferentes formas de oportunismo de las auténticamente revolucionarias. Y tal capacidad no consistirá en atribuir ”posiciones oportunistas” a compañeros individuales o partes del partido, sino en el de reconocer tempestivamente los peligros denunciados en su tiempo por la Izquierda con tal de que el Partido pueda ser defendido en el mejor de los modos.
Este resultado es una conquista continua para el Partido y, para que pueda ser siempre precisado y confirmado, es necesario y vital clarificar continuamente, a través del complejo y conexo trabajo del partido, incluidos los contactos físicos y epistolares frecuentes entre los compañeros, los objetivos de nuestra actividad y su correlación con los medios necesarios para conseguirlos.
Cita 171 – Fuerza, violencia y dictadura en la lucha de clase – 1948
V -…Para evitar por consiguiente que el partido caiga en las crisis del oportunismo, o deba necesariamente reaccionar a ellas con el fraccionismo, no existen reglamentos o recetas. Existe sin embargo la experiencia de la lucha proletaria de tantos decenios que nos permite reconocer algunas condiciones, cuya búsqueda, cuya defensa, cuya realización deben ser una tarea incansable de nuestro movimiento. En conclusión indicamos las principales:
1) El partido debe defender y afirmar la máxima claridad y continuidad en la doctrina comunista tal como se ha ido desarrollando en sus sucesivas aplicaciones a los desarrollos de la historia, y no debe consentir proclamaciones de principio en oposición, aun parcial, con sus principios teóricos.
2) El partido debe en toda situación histórica proclamar abiertamente el contenido integral de su programa económico, social y político, y sobre todo lo que concierne la cuestión del poder, de su conquista con la fuerza armada, de su ejercicio con la dictadura.
Las dictaduras que degeneran en el privilegio de un pequeño círculo de burócratas y pretorianos han sido siempre precedidas por proclamaciones ideológicas enmascaradas hipócritamente bajo fórmulas de naturaleza populachera de fondo ora democrático, ora nacional, y por la pretensión de tener tras de sí la totalidad de las masas populares, mientras que el partido revolucionario no vacila en proclamar su intención de agredir al Estado y a sus instituciones, y de tener a la clase vencida bajo el peso despótico de la dictadura aun cuando admite que solo una minoría avanzada de la clase oprimida ha llegado a comprender estas exigencias de la lucha.
«Los comunistas – dice El Manifiesto – desdeñan esconder sus fines». Los que alardean de alcanzarlos teniéndolos hábilmente cubiertos son sólo los renegados del comunismo.
3) El partido debe realizar un estricto rigor organizativo en el sentido de que no acepta, agrandarse a través de compromisos con grupos o grupitos o, peor aún, traficar con la conquista de adhesiones para la base y concesiones a pretendidos jefes y dirigentes.
4) El partido debe luchar por una clara comprensión histórica del sentido antagónico de la lucha. Los comunistas reivindican la iniciativa del asalto a todo un mundo de ordenamientos y de tradiciones, saben que ellos constituyen un peligro para todos los privilegiados, y llaman a las masas a la lucha para la ofensiva y no para la defensiva contra pretendidos peligros de perder jactadas ventajas y progresos, conquistados en el mundo capitalista. Los comunistas no dan en alquiler y préstamo su partido para correr a las murallas en defensa de causas que no son suyas y de objetivos no proletarios como la libertad, la patria, la democracia y otras mentiras semejantes.
«Los proletarios saben no tener nada que perder en la lucha más que sus cadenas».
5) Los comunistas renuncian a todo el conjunto de expedientes tácticos que fueron invocados con la pretensión de acelerar la cristalización de la adhesión de amplios estratos de las masas en torno al programa revolucionario. Estos expedientes son el compromiso político, la alianza con otros partidos, el frente único, las diversas fórmulas acerca del Estado usadas como sucedáneo de la dictadura proletaria – gobierno obrero y campesino, gobierno popular, democracia progresiva.
Los comunistas reconocen históricamente en el empleo de esos medios tácticos precisamente una de las principales condiciones de la disolución del movimiento proletario y del régimen comunista soviético, y consideran a aquellos que deploran la infección oportunista del movimiento estalinista y que al mismo tiempo propugnan ese arsenal táctico como enemigos aún más peligrosos que los propios estalinistas.
El Partido, en efecto, no considera la táctica con el mismo rasero que la política burguesa, o sea como si consistiese en un conjunto de intrigas y advertencias de carácter parlamentario y diplomático. La necesidad histórica de la Revolución Comunista no es algo que hemos extraído de nuestra cabeza y que queremos imponer con juegos de astucia a un mundo repugnante; es la necesidad misma de la evolución histórica. Al Partido, como factor de voluntad y de conciencia, le espera un papel determinante, el de la dirección de la clase que estará obligada a luchar por el poder desde condiciones materiales muy precisas. Y tal papel fundamental, el Partido, estará en condiciones de desarrollarlo en la medida en que se lance decidido y compacto contra todos los otros partidos que tratarán por todos los medios de impedir la Revolución.
Para poder desarrollar tal función sirve un centralismo, pero no cualquiera, es necesario que el funcionamiento del Partido esté unido a sus funciones orgánicamente, entorno a las cuales se centraliza. Es decisivo que el Partido pueda realizar hoy esta experiencia porque deberá constituir la característica peculiar del Partido que materialmente guiará la revolución. Si tiene sentido toda nuestra obra para reimportar en la clase obrera, la teoría y la acción revolucionaria, más sentido tiene realizar este criterio de funcionamiento y de método de trabajo, puesto que sin la experiencia decisiva del pequeño organismo que somos nosotros hoy, muy difícilmente es previsible la improvisada aparición de un partido de centenares de miles de miembros caracterizado por estos principios organizativos, como en todo caso deberá ser el Partido que guiará la Revolución.
6 – LAS LECCIONES DE LAS CONTRARREVOLUCIONES
Los acontecimientos históricos del periodo 1919-26 no sólo indican la derrota del movimiento revolucionario, sino también el renacimiento del Partido de las cenizas de la Tercera Internacional. Se trata de acontecimientos cuyas causas más profundas no son buscadas ni en las traiciones ni en la fidelidad a la Revolución de hombres geniales e ilustres, sino en las determinaciones históricas objetivas. Como fueron objetivas las causas de la derrota de las fuerzas revolucionarias, en cuanto que en Europa la situación era falsamente revolucionaria y la incertidumbre y el cambio de actitud de los partidos comunistas europeos y de la misma Internacional fueron efecto y no causa de la caída de la curva del potencial de clase, igualmente objetivas fueron las causas que determinaron la lucha de la Izquierda contra el estalinismo. Fue en tal lucha donde se seleccionaron, por determinaciones históricas y ciertamente no por virtud de individuos, las posiciones que desde entonces forman la columna fundamental del Partido destinado a guiar la próxima oleada revolucionaria contra los poderes capitalistas; y es por eso que a aquella lucha y a aquellas posiciones remiten continuamente todas las tesis del Partido, porque es allí donde es posible encontrar la respuesta a cualquier cuestión, por encima del politiqueo personal, en relación con toda la tradición revolucionaria.
Solo la Izquierda ha mantenido intacta la teoría y solo en ella se ha cristalizado la premisa de la reanudación del movimiento revolucionario, pero todo esto es inseparable del hecho de que sólo la Izquierda denunció, desde su nacimiento, las primeras desviaciones tácticas como primeros síntomas de un nuevo oportunismo, que luego se manifestó completamente. La conclusión que el Partido ha sacado es que toda táctica ”elástica y maniobrera” no puede dejar de tener un resultado desastroso y de fracaso para la Revolución.
La Izquierda fue la primera en advertir que desde el momento en que el Estado ruso comenzó a desviarse, sometiendo también al PCUS y a la misma Internacional, se habría abierto una fosa cada vez más ancha entre los intereses del proletariado mundial y los del Estado ruso. Se quedó sola sosteniendo que de ese modo se habría abierto un proceso contrarrevolucionario, y se quedó sola entendiendo como el partido formal debiese renacer ex-novo para adherirse de nuevo al partido histórico, contra otras escuelas que sostenían y sostienen la posibilidad de bloquear desde dentro la degeneración de un Partido y de un Estado de cualquier modo ”obreros”.
Por eso la transmisión de esta tradición incorrupta por encima de las degeneraciones, no puede hacerse más que utilizando, del modo más fiel posible, las enseñanzas de la batalla de clase conducida por la Izquierda en los años que siguieron a 1919, que fue rota sobre todo por el vínculo de dependencia de un centro que degeneraba. A través de una continua referencia a las vicisitudes que cuestionaron a la Tercera Internacional y a las posiciones críticas que la Izquierda sostuvo para conjurar el peligro de un nuevo oportunismo se deben extraer las enseñanzas, que sin rodeos debemos considerar ”sagradas”, no tanto porque pretendemos haber descubierto en ellas recetas para el éxito, sino porque constituyen ”severas admoniciones” para defendernos de los peligros y de las debilidades en las que tantas veces han caído las fuerzas revolucionarias y en las cuales todo el organismo es susceptible de recaer. El Partido debe conservar intactas estas enseñanzas fundamentales y mantener como su patrimonio inamovible el justo diagnóstico teórico y previsión histórica hecha por la Izquierda de nuevos peligros oportunistas como se delinearon en los primeros años de vida de la nueva Internacional. En tal patrimonio es de fundamental importancia la evidente tesis marxista, afirmada por la Izquierda en todas las polémicas contra la degeneración de Moscú, de que el Partido es al mismo tiempo factor y producto del desarrollo histórico y que por consiguiente no está rodeado por intraspasables muros, sino que se resiente de los efectos de su misma acción dirigida hacia el exterior.
El abismo en que cayeron en pocos años el Partido Comunista ruso y la misma Internacional, que aun habiendo dirigido la gloriosa revolución de Octubre y habiendo hecho temblar de miedo a la burguesía mundial, fue tan profundo que la misma posibilidad de mantener incluso un débil hilo organizativo que transmitiese las posiciones correctas y la correcta tradición revolucionaria fue confiada a un exiguo número de militantes. A pesar de esto el sentido histórico del renacimiento del Partido y del mantenimiento de lazos organizativos de Partido en todo el periodo estrictamente desfavorable para la Revolución que se abrió con la victoria del estalinismo, ha sido siempre el de la preparación del verdadero Partido para el periodo histórico en que el proletariado volverá a la vanguardia de la historia, en la convicción absoluta de que también el próximo asalto revolucionario seguramente sería derrotado si faltase aún el órgano indispensable para la Revolución, el Partido. Tal Partido no puede ser improvisado, ni puede nacer bajo el impulso de sugestiones y movimientos espontáneos, sino que solo puede ser el resultado de un largo y difícil trabajo, que mantenga intacto el lazo que une a la incorrupta teoría con la acción revolucionaria. Este formidable respiro histórico y el profundo conocimiento de la preparación del órgano efectivo y eficiente de la revolución deben estar siempre presentes en el Partido, aun si la distancia de la época revolucionaria es abismal.
En las ”Tesis de Lyon”, que sacan el balance de la lucha contra el estalinismo, a pesar del resultado extremadamente negativo para los fines y los efectos inmediatos de la lucha, son planteados los fundamentos de como debe entenderse la actividad del Partido en todas las épocas y en todas las situaciones y tales fundamentos deben ser considerados como sagradas enseñanzas no sólo para el Partido de hoy, sino también para el de mañana, precisamente porque se derivan de aquellas causas que entonces jugaron a favor de la contrarrevolución, pero que en las futuras condiciones históricas podrán jugar a favor de la revolución. De estas enseñanzas sagradas hemos aprendido que en todas las épocas y en todas las situaciones la actividad del Partido no debe limitarse jamás a la conservación de la pureza de los principios teóricos y del entramado organizativo, ni a alcanzar a toda costa éxitos inmediatos. Esta actividad debe englobar siempre la defensa de los postulados programáticos fundamentales, incluso cuando las llamadas nuevas cuestiones pretendiesen desmentir alguno; asegurar la continuidad de la organización, de su eficacia y de su defensa contra exigencias extrañas al interés de la revolución; la participación activa en toda lucha proletaria suscitada incluso por intereses parciales y limitados, propugnando siempre su desarrollo, pero planteando siempre en primerísimo plano el entrelazamiento de toda lucha con los objetivos finales revolucionarios, sin presentar nunca las eventuales conquistas obtenidas con el método de la lucha de clase como posiciones de llegada, sino como puntos de pasaje para las indispensables luchas del futuro. Objetivo supremo de toda esta actividad es preparar las condiciones subjetivas que permitan al proletariado aprovecharse de las posibilidades objetivas que presentará la historia de modo que salga de la lucha como vencedor y no como vencido.
Es manteniéndose adherido a esta compleja visión de la actividad del Partido como es posible conservar al Partido mismo sobre la vía revolucionaria justa, por encima de todo activismo fanfarrón e inútil, que pretende producir con la propia voluntad las condiciones objetivas de la Revolución, no comprendiendo que éstas son un producto de la historia y por tanto sustituyen ésta con su propia voluntad; e igualmente fuera de todo espontaneismo que devalúa toda actividad de preparación subjetiva del Partido pretendiendo que la claridad y la eficacia del rumbo del Partido sean un producto de la acción de las masas y no cualidades del Partido, que éste debe saber adquirir antes de la explosión de la Revolución, bajo pena de la derrota de la Revolución misma.
7 – NEXO PRINCIPIOS-PROGRAMA-TÁCTICA
La degeneración del movimiento comunista en los años 20 ha confirmado de manera decisiva que el único modo de plantear con fidelidad a los principios revolucionarios, el problema de la táctica es el defendido por la Izquierda desde los primeros años de vida de la Tercera Internacional: hay una estrecha conexión entre las directrices programáticas y las reglas tácticas, y por tanto, el estudio de la situación debe ser entendido sólo como elemento integrador para la solución de los problemas tácticos. El Partido, en su conciencia y experiencia crítica, debe haber previsto el desarrollo de las situaciones y por consiguiente, delimitado las posibilidades tácticas que les correspondan, mientras el método opuesto de la espera de las situaciones para soportar los efectos y las sugestiones es un método oportunista típico. El sistema de las normas tácticas debe ser construido, pues, con el objetivo específico de establecer, según que condiciones, la intervención del Partido y su actividad se coordinan con el objetivo revolucionario final. Es una necesidad práctica y de organización, y no el deseo de teorizar y esquematizar la complejidad de los movimientos sociales la que impone al Partido establecer los términos y los límites de la propia acción. Por el contrario, es para los que sobrevaloran el movimiento y para los negadores de la función primaria del Partido a los que tal método les parece restrictivo para sus posibilidades de acción, que por lo demás es el único que puede asegurar la unidad orgánica del Partido mismo y por tanto la condición fundamental de la victoria de la Revolución.
Por eso es necesario que el sistema de las normas tácticas deba ser hecho precisamente por todo el Partido y deba ser vinculante para todos. Con tal fin debe ser objeto de estudio y aplicación, en la medida de lo posible, para que todo el Partido esté presto para empuñarlo cuando las condiciones históricas previstas se presenten. Sin embargo, no puede ser teorizada la tesis de que el Partido busca ”en libertad de crítica” el propio plan táctico, porque por esta vía mucho más insinuante se retornaría a la teorización de esperar las situaciones para condicionarlas, en otras palabras se retornaría a la libertad de táctica. Del proceso de la justa teoría y de la justa valoración de la fase histórica, sin las cuales el Partido mismo no existiría, se debe sacar también la justa táctica, que permeando toda la organización, asegure también la organicidad y la compacidad del Partido.
No hemos defendido nunca que el Partido, en cuanto órgano consciente, sea libre para extraer cualquier implicación táctica de sus principios, ni hemos buscado jamás la garantía de la coordinación de los medios a los objetivos revolucionarios en la naturaleza revolucionaria del Partido o en la contribución aportada por hombres insignes y bien dotados de preparación marxista, en cuanto que todo esto prescinde de la repercusión que tienen sobre el Partido los mismos medios de su acción. De la lucha histórica de la Izquierda contra el estalinismo emergente y con el balance de esta lucha hemos concluido que sólo sabiendo actuar en el campo de la táctica y cerrándose enérgicamente frente a los falsos caminos, con normas de acción precisas y respetadas, el Partido se garantiza contra las degeneraciones, nunca solamente con credos teóricos y sanciones organizativas. Entonces, nuestra aversión hacia el método de la libertad de táctica conduce a la negación de tal libertad también para el Partido mismo, en el sentido de que el Partido no puede aplicar tácticas imprevistas y que no hayan permeado con su significado y con su correlación con el objetivo final revolucionario a toda la organización. El elemento voluntario en el Partido consiste en la posibilidad de decidir, en el momento de mayor eficacia de las fuerzas revolucionarias, la aplicación del propio plan táctico, y aquí su supremacía en las confrontaciones con el enemigo, en cuanto que ningún otro organismo tiene la posibilidad de conocer los efectos de la propia acción sobre el desarrollo de la situación. He ahí, para poder explicar su potencia revolucionaria, el Partido debe estar presto para la acción mucho antes de que los acontecimientos históricos previstos se verifiquen y he ahí la importancia de la preparación para tales tareas, incluso si se lleva a cabo en épocas grises y oscuras como la actual, en la que es fácil perder el significado y la importancia de la actividad realizada en vistas de la victoria de la Revolución.
Hoy no se trata de elaborar algo nuevo, porque en la tradición del Partido, en los textos y en las tesis cada elemento de nuestro plan táctico está ampliamente previsto y precisado. Se trata pues de plantear el trabajo del Partido de modo que toda la organización pueda adquirir, con el mayor grado de plenitud posible y practicar en la propaganda y en la lucha social los elementos de la táctica, en todo campo de acción del Partido. Podría parecer una tarea de poca importancia, pero es tan importante que sin un adecuado desarrollo hoy, mañana llegaría a ser imposible la victoria de la revolución, porque el Partido no puede ser improvisado durante la explosión en las épocas revolucionarias. Las directrices generales de la táctica que aplicará el Partido en todos los países deben atesorar las experiencias prácticas de las crisis oportunistas y de las luchas dirigidas por la Izquierda contra los revisionismos de la Segunda Internacional y contra las desviaciones progresivas de la Tercera, de las cuales se ha extraído el resultado de que no es posible mantener íntegro el enfoque programático, la tradición práctica y la solidez organizativa del Partido si éste aplica una táctica que, incluso solo para las posiciones formales, conlleva actitudes y consignas aceptables por los movimientos políticos oportunistas. De esto se deriva la noción básica, sobre la cual se funda el plan táctico general del Partido, donde nuestra praxis política rechaza las maniobras, las combinaciones, las alianzas y los bloques que tradicionalmente se forman sobre la base de postulados y consignas de agitación comunes a distintos partidos. Esta noción básica en el campo táctico tiene un valor esencialmente histórico, es decir, no puede ser puesta en discusión con valoraciones contingentes, y distingue al Partido exactamente como lo distingue la visión original del periodo que actualmente atraviesa la sociedad capitalista, que no está caracterizado por el retorno a las formas demo-liberales del periodo prefascista, sino que está cada vez más basado en monstruosas y totalitarias unidades estatales, despiadada expresión de la concentración económica.
8 – CONTRA LA LUCHA POLÍTICA EN EL PARTIDO
Otra enseñanza sagrada que se deriva de la lucha de la Izquierda contra el estalinismo en los años 20, es que la preparación del Partido para el desarrollo de sus tareas revolucionarias debe producirse a través de un método de trabajo interno del que está excluido por principio el criterio de la lucha política. El Partido, efectivamente, está caracterizado, además de por inconfundibles principios teóricos y programáticos, por precisos límites tácticos y organizativos, para los cuales, con la cancelación de estos límites, sería cancelado el Partido mismo. Se trata, por consiguiente, de otra noción básica: el Partido está en lucha continua contra un enemigo externo que no puede pretender derrotar a través del método de la convicción de la justeza de nuestros principios revolucionarios, porque la solución del problema de la Revolución solo está confiado a una cuestión de fuerza. Pero el mismo método no puede ser empleado en el trabajo interno de preparación para el desarrollo de las tareas revolucionarias, porque debe estar dirigido no a la destrucción de un enemigo sino a la adquisición colectiva de las posiciones justas. En este trabajo no solo es mortal el método de la lucha política, sino también el de la presión organizativa: una prueba más que suficiente de esto la constituyen los métodos usados por el Ejecutivo de Moscú en los años 20 hacia Partidos que también incurrieron en graves errores políticos, pero hacia los cuales fueron adoptados métodos de ”terror ideológico” y de ”presión organizativa”, que constituyen una equivocada aplicación y poco a poco una falsificación total de los justos principios de la centralización y de la disciplina. Este método fue usado por el Ejecutivo de Moscú hacia todos los Partidos de la Internacional, pero particularmente hacia el Partido italiano en los años posteriores a 1923, abusando gravemente del espectro del fraccionismo y de la constante amenaza de expulsión del Partido a la corriente de Izquierda acusada artificialmente de preparar la escisión, y todo esto con el único objetivo de hacer prevalecer en la política de la Internacional los peligrosos errores centristas.
Del desastroso y quebrado balance de este método hemos decidido que cuando de la invariante doctrina hacemos surgir la conclusión de que la victoria revolucionaria no puede obtenerse más que con el Partido de clase y con su dictadura, y apoyándonos en palabras de Marx afirmamos que antes del Partido revolucionario y comunista el proletariado es una clase quizás para la ciencia burguesa, pero no para Marx y para nosotros; la condición a sacar es que para la victoria será necesario tener un Partido que merezca al mismo tiempo la calificación de Partido histórico y Partido formal, o sea que se haya resuelto en la realidad de la acción y de la historia la contradicción aparente entre el partido histórico, por tanto en cuanto al contenido, y partido contingente, y por tanto en cuanto a la forma, que actúa como fuerza y praxis física de una parte decisiva del proletariado en lucha. Es pues para la obtención de un resultado de este género, que debe ser empleada toda la energía, y no en la ridícula lucha entre grupos que pretenden poseer la primogenitura y por consiguiente, la exclusiva del método justo y de las posiciones justas. He aquí porqué ya no es posible tener los papeles en regla con el partido histórico y desentenderse del partido formal: porque la tarea histórica que hoy se plantea no es ya la de la elaboración de la teoría revolucionaria, que ya poseemos en su totalidad, sino la de conseguir que tal teoría llegue a ser carne y sangre del partido contingente y formal. Es solo a través de esta actividad como se hace posible la realización de aquella condición fundamental para que el Partido mismo pueda aprovecharse de las posibilidades objetivas que la historia prepara, de tal modo que en el choque resulte vencedor y no vencido.
9 – CONCLUSIONES
La experiencia histórica y en particular las vicisitudes relativas a la degeneración de la III Internacional nos han enseñado que es un grave error considerar al Partido como un resultado adquirido de una vez para siempre, porque todo organismo puede degenerar. El vehículo a través del cual pasó la degeneración de la III Internacional fue la insuficiente coherencia de la táctica con las directrices programáticas, y desde entonces, es a través de este vehículo por donde puede pasar todavía la degeneración del Partido. Se trata de un vehículo mucho más engañoso y difícil de individualizar que aquel que reniega abiertamente de los principios, en cuanto que se puede conciliar muy bien con su diferencia formal. Por esto resulta indispensable señalar con coraje los peligros que la Izquierda advirtió y denunció contra la degeneración de Moscú para impedir a tiempo que los mismos peligros que llevaron a la degeneración de la III Internacional puedan jugar todavía el mismo papel nefasto. De hecho, las garantías contra el oportunismo no pueden consistir solo en el pasado, sino que deben estar en todo momento de la vida del Partido presentes y actuales. Por lo demás, no existen graves inconvenientes en una exagerada preocupación hacia el peligro oportunista porque, dado incluso que fuese el producto de la elucubración de militantes individuales y no el reflejo efectivo de algo que no marcha, es cierto que no tendrá el modo de debilitar mínimamente al Partido, mientras, por el contrario, el peligro para el Partido es gravísimo si la enfermedad se extiende antes de que se haya osado dar la alarma desde cualquier parte. También éstas son las lecciones inolvidables que se derivan de la lucha de la Izquierda en los años 20, y que nos hacen concluir como entonces, que la crítica sin error no daña ni siquiera la milésima parte de lo que daña el error sin crítica. Ciertamente no se trata de afirmar la apología de la libertad de pensamiento y de crítica en el Partido, como derecho de todo individuo, sino de establecer el modo fisiológico de funcionar y de trabajar de un partido revolucionario.
Contra la Izquierda se polemizaba de este modo: la Izquierda dice que la Internacional se equivoca, pero puesto que la Internacional no puede equivocarse es la Izquierda la que se ha equivocado. La Izquierda por el contrario no pretendía de nadie el reconocimiento de sus razones, pero requería que la cuestión fuese planteada en otros términos muy distintos: la Izquierda dice que la Internacional se equivoca, por las siguientes razones inherentes al problema planteado, demostramos por el contrario que la Izquierda misma se equivoca por lo que se prueba que la Internacional ha cometido errores. Se acusaba a la Izquierda también de mantener continuamente la sospecha de oportunismo hacia los dirigentes de la Internacional, lo que no hacía doblegarse a la Izquierda para denunciar los peligrosos errores, y vanamente esperó la Izquierda no el acostumbrado grito: he aquí a quien acusa a la Internacional de oportunismo y merece sin más la cruz, sino la demostración seria de las garantías que pueden servir para separar la práctica del oportunismo de la acción revolucionaria.
A pesar de los generosos intentos de la Izquierda para salvar a la Internacional del nuevo y más maloliente oportunismo, éste, en pocos años, fue quien triunfó directamente. Por lo que la conclusión que hemos extraído es que no existen reglas ni recetas para evitar que el Partido caiga en las crisis oportunistas. Sin embargo, existe la experiencia de la lucha de la Izquierda que nos permite individualizar algunas condiciones de vida orgánica del Partido, cuya realización debe ser nuestra incansable tarea:
1) Excluimos que la actividad del Partido pueda conducir a la constitución de fracciones que luchan por la dirección del Partido. Así como excluimos que en la periferia se formen fracciones para la ”conquista” del centro del Partido también excluimos que el Centro conciba su función exclusivamente dirigida al ”mantenimiento” de la dirección del Partido.
Siendo absurdo y estéril, además de muy peligroso, pretender que el Partido esté asegurado misteriosamente contra toda recaída o tendencia a la recaída en el oportunismo, se debe admitir la eventualidad de la formación de fracciones para preservar al Partido de graves peligros y para la defensa de su integridad programática, lo que incluso podría conducir a escisiones no por el motivo infantil de ausencia de energía represiva por parte del centro, sino en la peor hipótesis de la quiebra del Partido y de su sometimiento a influencias contrarrevolucionarias. De cualquier modo, la cuestión de las fracciones no se plantea desde el punto de vista de la moral. «¿Hay un solo ejemplo en la historia de un camarada que haya organizado una fracción para divertirse?», preguntaba la Izquierda acusada de fraccionismo en el VI Ejecutivo Ampliado de la Internacional. «No – respondía –, un caso similar no ha sucedido nunca y, para poder decir que se trata de una maniobra burguesa para infiltrarse en el Partido es necesario tener las pruebas de ello. La experiencia prueba, por el contrario, que el oportunismo penetra en nuestras filas siempre tras la máscara de la unidad». El nacimiento de una fracción indica que hay algo que no va bien en el Partido, y para remediar el mal no hay otro modo más que remontarse a las causas que lo han producido, y estas causas residen siempre en errores ideológicos y políticos del Partido. Entonces, también la prevención y la cura de la enfermedad que se presenta con los síntomas del fraccionismo se resuelven esculpiendo y precisando las posiciones de principio y de táctica correctas.
2) Por las mismas razones por las que no vemos en las fracciones en cuanto tales el mal en sí mismo que hay que combatir siempre y en todo lugar, no consideramos que la unidad a toda costa sea un bien en sí mismo. El mantenimiento de la unidad del Partido es ciertamente un bien que hay que salvaguardar y es preciso temer como la pérdida de la vista la pérdida incluso mínima de nuestras débiles fuerzas, pero esto es inseparable del mantenimiento de las correctas posiciones en todos los campos, porque el peligro de la influencia burguesa sobre el Partido de clase se presenta históricamente como una astuta penetración que agita una demagogia unitaria y operante como una dictadura desde el vértice.
3) El trabajo de todo el Partido debe estar dirigido a obtener un organismo homogéneo, y sin distintos agrupamientos en su seno. Se trata de un fin por el cual todo el Partido está obligado a trabajar, y que se puede obtener con la condición de que todas las cuestiones ideológicas, tácticas y organizativas estén planteadas y resueltas correctamente. Por eso, sería equivocado adoptar la fórmula de la obediencia absoluta en las ejecuciones de las órdenes venidas desde arriba, para cuanto se refiere a las relaciones externas del Partido entre el centro dirigente y la periferia. De hecho, las órdenes emanadas del centro no son el punto de partida, sino el resultado de la función del movimiento entendido como colectividad. Por consiguiente, no hay una disciplina mecánica buena para la puesta en práctica de órdenes y disposiciones superiores ’cualesquiera que sean’: hay un conjunto de órdenes y disposiciones que responden a los orígenes reales del movimiento que pueden garantizar el máximo de disciplina, o sea de acción unitaria de todo el organismo, mientras que hay otras directrices que pueden comprometer la solidez organizativa. La cuestión de la disciplina y de las relaciones internas entre periferia y centro consiste pues en un bosquejo de las tareas de los órganos dirigentes, cosa que debe ser realizada por todo el Partido, no ciertamente en el sentido democrático del mandato que la periferia confiere al centro, sino en el sentido dialéctico que contempla la tradición, la preparación, la continuidad real en el pensamiento y en la acción del movimiento.
El mantenimiento del método de trabajo interno correcto sin embargo es inseparable del modo con el que el Partido actúa hacia el exterior. Las mismas relaciones internas, pues, estarían destinadas a degenerar si el Partido se desviase incluso solo parcialmente de sus tareas, de las que resumimos las principales:
1) El Partido debe defender y afirmar la máxima claridad y continuidad de la doctrina comunista y no debe consentir proclamaciones de principio en contraste incluso parcial con sus fundamentos teóricos.
2) El Partido debe proclamar abiertamente en cualquier situación histórica el contenido integral de su programa en cuanto a las actuaciones económicas, sociales y políticas y sobre todo en relación a la cuestión del poder, de su conquista con la fuerza armada, y de su ejercicio con la dictadura.
3) El Partido debe adoptar un estrecho rigor de organización en el sentido de que no acepta hacerse más grande a través de compromisos con grupos o grupitos o, peor aún, de chalanear con la conquista de adhesiones por la base y concesiones a presuntos jefes y dirigentes.
4) El Partido debe luchar por una clara comprensión histórica del sentido antagónico de la lucha, reivindicando la iniciativa del asalto a todo un mundo de ordenamientos y de tradiciones y llama a las masas a la lucha para la ofensiva y no para la defensa contra presuntos peligros de perder jactadas ventajas y progresos conquistados en el mundo capitalista.
5) El Partido renuncia a todo ese conjunto de expedientes tácticos que fueron invocados con la pretensión de acelerar la cristalización de la adhesión de amplios estratos de las masas en torno al programa revolucionario. Estos expedientes son el compromiso político, la alianza con otros partidos, el frente único, las distintas fórmulas acerca del Estado usadas como un sucedáneo de dictadura proletaria. Una de las principales condiciones de la disolución del movimiento proletario se distingue históricamente precisamente por el empleo de estos medios tácticos, y considera a aquellos que deploran la infección oportunista del movimiento estalinista y al mismo tiempo propugnan dicho arsenal táctico, como enemigos más peligrosos que los estalinistas mismos.