Partito Comunista Internazionale

El Partido Comunista 19

Las empresas, sus gobiernos y los sindicatos del régimen se unen para defender la plusvalía y la ganancia

UNIDAD DE ACCIÓN DE LOS TRABAJADORES POR LA BASE CONTRA LA EXPLOTACIÓN!!

En todas las empresas capitalistas, las privadas y las que son propiedad de los Estados (llamadas también “empresas públicas”), se generan productos y servicios sobre la base del trabajo social, aportado por todos los trabajadores que participan directa o indirectamente en el proceso productivo. Pero la propiedad de los productos de ese trabajo social, no es una propiedad social. Los productos obtenidos son propiedad de la empresa. La empresa vende los productos o servicios que genera el trabajo social, recupera sus gastos y obtiene una ganancia. La ganancia de la empresa se origina dentro de su proceso productivo, ya que del valor agregado por el trabajo social del obrero, solo se le devuelve una parte como salario. El resto del valor agregado por el trabajo social del obrero, el plustrabajo, equivale a la plusvalía que se apropia la empresa.

En Venezuela, por ejemplo, la industria petroquímica estatal, aun presentando una fuerte crisis expresada en una casi total parálisis de su producción, se cumple el mismo comportamiento de toda empresa capitalista: producción basada en trabajo social de la masa de obreros, apropiación de los productos del trabajo por parte de la empresa y acumulación de una plusvalía sobre la base de la explotación de trabajo asalariado. Esta industria produce Resinas Plásticas, Soda Caustica, Amoníaco, Urea, fertilizantes y productos intermedios como ácido clorhídrico, ácido sulfúrico y ácido fosfórico, con una nómina total actual de 5.000 trabajadores, a los que paga en salarios 44.863 dólares mensuales, que representan su capital variable v. En la producción de fertilizantes y Urea gasta aproximadamente, entre materias primas y depreciación de equipos y otros gastos, es decir Capital Constante c, un total de 7.150.000 dólares mensuales, produciendo mensualmente 55.000 toneladas de Urea que vende en el mercado en 9.900.000 dólares. La empresa obtiene una plusvalía (P) de 2.705.137 dólares y mientras tanto los trabajadores reciben un salario equivalente apenas al 2% de ese monto, pese a que toda esa masa de riqueza surge de su aporte de trabajo social, de trabajo vivo. En este ejemplo, la cuota de ganancia de la empresa es de 38%. Pero no están considerados los ingresos derivados del arranque de la producción y comercialización de Resinas Plásticas, Amoníaco, fertilizantes y productos intermedios (actualmente parada casi totalmente), en los cuales se consumen materias primas adicionales, participan otras instalaciones, equipos y plantas, pero con la misma plantilla de trabajadores. Es decir que con la producción y comercialización de la Urea la empresa tiene cubierto parte del capital constante c(materias primas, depreciación y otros) y todo el capital variable (v), representado por los salarios, siendo su cuota de ganancia potencialmente más alta. Con solo la venta de 250 TM de Urea (aproximadamente 13 gandolas) la empresa obtiene los ingresos para pagar los salarios de 1 mes.

La producción de Urea se cumple utilizando un 31% de la capacidad de las plantas. Quiere decir que la empresa puede aumentar su producción a 175.000 toneladas mensuales y elevar sus ingresos, manteniendo el mismo gasto de capital variable (v) y aumentando su ganancia (p). Algún tecnócrata podría decir que los números no son correctos; pero el punto relevante es que solo la fuerza de trabajo aportada por el trabajador genera riqueza, que los productos del trabajo social se los apropia la empresa pública o privada, quedándose con la plusvalía y obteniendo una ganancia y en el proceso el trabajador se queda con un salario que nunca le alcanza para sobrevivir con su familia.

El obrero, sin embargo, solo es dueño de su fuerza de trabajo, no posee ni siquiera una llave de tuercas. Con su salario el trabajador trata de acceder a productos y servicios que necesita su familia para sobrevivir, educarse y atender su salud. La empresa, que además del salario, debe entregarle al trabajador equipos e implementos y condiciones y medio ambiente de trabajo seguros, no siempre lo hace o no siempre de manera completa y oportuna. Si los trabajadores plantean que el salario es insuficiente la empresa siempre hace resistencia o aumenta el salario lo mínimo posible y, con la complicidad de los sindicatos, extiende la duración de los contratos colectivos, alarga las jornadas de trabajo, paga bonos complementarios por alimentación, entrega bolsas de comida o ayudas de medicinas; y de esta manera la empresa protege sus ganancias.

El patrono o el directivo de la empresa le dice a los trabajadores “somos una gran familia”, “todos somos trabajadores”, “el bienestar de la empresa es el bienestar de todos”, y en este mensaje le hacen coro los sindicatos del régimen, que en vez de estar al servicio de los trabajadores están al servicio de los patronos. Cuando llega una crisis y aumenta el inventario de productos que no se logran vender, los trabajadores sufren las consecuencias: despidos, permisos no remunerados, reducción del salario, alargamiento e intensificación de la jornada de trabajo, reducción o eliminación de beneficios contemplados en contratos colectivos.

¿Qué pasaría si en un acarreo de Urea en camiones se detectara que 400 kilos de producto se quedaron pegados en el fondo del cajón? Lo más probable es que la empresa, a través de su personal de seguridad, despedirá a los trabajadores que dieron pié a esta pérdida, porque ese producto le pertenece a la empresa y, más específicamente, porque representa parte de la plusvalía que obtiene la empresa gracias a la explotación de los trabajadores de su nómina. El trabajador que por error u omisión produzca o no detenga perdidas de los materiales producidos, comete el pecado de atentar contra la plusvalía que se apropia la empresa; y como todo pecador, debe ser castigado. En algunos casos el trabajador no solo es despedido, sino que puede ser calificado como delincuente y pasado a manos de los tribunales y la cárcel.

Si todos o una parte de los trabajadores deciden paralizar las operaciones en solidaridad con el trabajador despedido. Ya sea que paren solo la producción o solo los despachos de los productos terminados, inmediatamente serán sujetos de la acción patronal. Primero llegará el sindicato en tono conciliador, prometiendo negociar con el patrón para reincorporar al trabajador despedido, pero levantando la huelga de los obreros. Pero si los obreros persisten en su huelga y en sus exigencias, se comienzan a activar los mecanismos represivos en los que actúan de manera conjunta, con el respaldo de la ley, los patronos, el sindicato, los cuerpos represivos, los tribunales y el ministerio del trabajo.

En abril de 2020 ocurrió que un sector de los trabajadores petroquímicos solicitó al patrón (sin el apoyo del sindicato, como era de esperarse): a) Un salario de 500 USD mensuales, porque el actual no alcanza y estiman que con eso cubren sus necesidades más elementales, b) Pago de reembolso de gastos médicos y escolares, c) Entrega mensual de una dotación de productos de higiene y limpieza para sus hogares, d) Entrega mensual de 2 cajas con dotación de alimentos como complemento a lo que puedan comprar con su salario. Fue una solicitud tímida, en un comunicado que dirigieron a los funcionarios directivos de la empresa. Pero fue una acción valiente e importante, considerando la histórica pasividad de los trabajadores petroquímicos y petroleros y considerando que el sindicato es descaradamente patronal. Para esta exigencia no hubo respuesta y ni siquiera promesas recibirán; pues ninguna empresa del Estado puede sentar el precedente de aplicar un salario como este. La exigencia persistió en mayo y se pudo observar como los trabajadores comenzaron a expresar su descontento trabajando con desgano, algo parecido a lo que en Venezuela llaman “operación Morrocoy”, en alusión al lento caminar de las tortugas. Los trabajadores no se han puesto en movimiento para pasar a emprender un conflicto por aumento salarial. Han estado por décadas viviendo la ilusión de la aristocracia obrera que los hizo históricamente pensar como pequeñoburgueses y sometidos al discurso meritocrático, patriótico, de defensa de la economía nacional y del falso anti‑imperialismo. Ahora los salarios y “beneficios” de los trabajadores petroquímicos están por debajo del promedio y son muchos los que optaron por retirarse de la empresa para emigrar en búsqueda de mejores ingresos. El descontento está allí presente, sin un sindicato que lo canalice hacia la lucha reivindicativa o sin una organización de base alternativa, un comité obrero de base o algo parecido. ¿Seguirán siendo los trabajadores petroquímicos, al igual que los petroleros, trabajadores pasivos, con sindicatos patronales y presa fácil de la politiquería de todos los gobiernos y movimientos oportunistas? ¿Podrán pasar del descontento a la acción? Los mecanismos de la explotación del trabajo asalariado siguen su curso, apretando cada vez más el torniquete miseria que asfixia a los trabajadores y alimenta su indignación.

Está demostrado que los trabajadores organizados en verdaderos sindicatos de clase o comités obreros de base, tienen en sus manos la huelga como su principal arma, que debe estar dirigida a la paralización de las operaciones y los despachos de las empresas y así amenazar el tesoro más preciado de los capitalistas: la ganancia. Solo con la huelga los trabajadores podrán presionar a los patronos al exigir aumento salarial, reducción de la jornada de trabajo, dotación de equipos de protección personal, condiciones y medio ambiente de trabajo seguros, así como la reincorporación de trabajadores despedidos o detenidos. Está demostrado que toda lucha obrera deberá ir más allá de las fronteras de una sola empresa, para no quedarse aislada y convertirse en un movimiento huelgario coordinado, en el que participen trabajadores de diferentes empresas y ramas de actividad económica, unidos en la exigencia de un pliego único de reivindicaciones. Las formas de poner en práctica la protesta y la movilización pueden ser diversas, según las realidades locales, pero lo importante es que las acciones sean coordinadas y las exigencias se presenten unificadas. La paralización de la producción, el despacho y la movilización de mercancías es fundamental para que la lucha unitaria de los asalariados logre vencer la resistencia de los capitalistas. También son importantes los piquetes de agitación y las concentraciones en sitios donde se pueda repartir propaganda y dar a conocer la situación de los trabajadores y las exigencias planteadas. Un movimiento de reivindicativo de clase no podrá tomar fuerza contando con los sindicatos actuales y tendrá necesariamente que construirse desde la organización unitaria por la base en cada localidad.

Ahora que la crisis capitalista se agrava en todo el mundo, acelerada por los efectos de la pandemia del Covid‑19, los capitalistas de las empresas públicas y privadas, junto a sus gobiernos, se comportarán como fieras heridas, por la merma de su tasa de ganancias. Y esto no es diferente en los países cuyos gobiernos se autodenominan “socialistas” y “obreristas”, que pretenden que los trabajadores carguen con el peso de la crisis, en algunos casos manteniendo empleos, pero a cambio de salarios de hambre.

Los trabajadores no pueden seguir pasivos y en cada país deben reaccionar organizándose, dándole la espalda a todos los llamados a la paz social, a la defensa de la economía nacional, de la patria y de la nación, porque esos llamados se traducen en la inacción de la clase obrera para colocar sobre sus hombros el peso de la crisis. Que la pandemia no se convierta en un chantaje para desmovilizar a los trabajadores. Se pretende que los trabajadores se movilicen por miles para producir y garantizar las ganancias de los capitalistas, pero que se desmovilicen cuando se trata de exigir reivindicaciones.


– POR AUMENTO LINEAL DE SALARIOS!!
– POR CONDICIONES SEGURAS DE TRABAJO!!
– CONTRA LOS DESPIDOS Y DETENCIONES DE TRABAJADORES!!
– PAGO DE SALARIOS COMPLETOS A DESEMPLEADOS!!

Panorama americano - Il movimento delle “Pantere Nere”

Nel quadro di un’informazione sui movimenti di classe in USA alla quale intendiamo dare carattere continuativo, accenniamo anzitutto brevemente alle Pantere Nere, il movimento che oggi meglio esprime l’aspirazione all’emancipazione della “comunità” negra, in lotta quotidiana contro la violenza della polizia, accanita nella sua reazione contro uno strato sociale senza peso economico e totalmente abbandonato a sé stesso, come il sottoproletariato.

Il giornale Black Panter è l’eco assidua di queste battaglie e dei problemi di difesa e organizzazione della “comunità” che esse comportano. Le sue fotografie sono quelle dei militanti uccisi, imprigionati, delle manifestazioni e delle lotte contro gli sbirri, delle devastazioni da questi compiute, dei campi di battaglia e anche dei nemici uccisi nello scontro – i “pig” – i porci (i poliziotti).

Questa lotta contro un nemico che ha sempre e solo la faccia del “porco” poliziotto, oltre il quale non si riesce a vedere la determinazione di classe e politica, rappresenta la vera anima del movimento e anche il suo graduale dissanguamento in una lotta che non si può affrontare alle radici.

I suoi dirigenti vengono deliberatamente e ripetutamente colpiti dalla polizia, che cerca ogni pretesto per ingaggiare una battaglia che le consenta l’eliminazione degli elementi pericolosi – cosa che le è riuscita più volte – come nell’attacco in cui furono uccisi Bunchy Carter (membro del “ministero della difesa”) e John Huggins (del “ministero delle informazioni”) e in cui venne ferito Eldridge Cleaver (poi rifugiato in Algeria); l’arresto e il processo, naturalmente con verdetto di classe, sono l’altra via. Il dirigente Huey P. Newton, che è il teorizzatore del gruppo, Bobby Seale e Angela Davis sono fra i nomi più noti incorsi in queste retate.

Risulta che, attualmente, le carceri statunitensi “ospitano” almeno 400 membri delle Pantere Nere. La polizia attacca anche le sedi di partito, come si è verificato durante i preparativi della sezione plenaria di Filadelfia per la “Convenzione costituzionale del popolo rivoluzionario”, o sostiene battaglie scaturite da episodi singoli, come il maltrattamento di un bambino o di un ubriaco, cui ben presto partecipano tutti i membri del quartiere. La guerra aperta è lo stato normale di vita di una comunità che si vede come blocco contrapposto al resto della società.

Al di sopra di ogni differenza, i membri della “comunità” si sentono uniti da una solidarietà effettiva; le Pantere Nere pongono infatti in primo piano l’unità totale del loro gruppo razziale e assumono la direzione anche della più insignificante battaglia, senza arrestarsi – ed è questo un loro punto d’onore – di fronte a scrupoli morali e legali: non esitano a difendere neppure “lo elemento criminale”, visto come risultato di una situazione di disperata oppressione.

Le Pantere Nere si pongono effettivamente come rappresentanti del popolo negro contrapposto al popolo bianco. Qui vi è certamente un limite teorico. Ma quale partito “marxista” ha oggi il coraggio di difendere un “delinquente” comune, un “teppista”, di mostrare i nessi sociali e gli aberranti rapporti di classe che producono questi elementi “asociali”, e le ribellioni individuali che possono trovare un’unica via di salvezza nell’incanalarsi in una spinta di rivolta sociale organizzata? La difesa dell’azione anche individuale degli elementi della loro comunità rappresenta nel contempo il carattere di forza e la debolezza teorica di un movimento che oltrepassa i limiti di classe per riconoscere quelli della comunità razziale.

Il partito delle Pantere Nere non lotta per il negro in quanto proletario oppresso, colpito e anche buttato in un angolo o depauperato in tutti i sensi, per conseguenza più sensibile alla propaganda della rivoluzione sociale, ma per il negro in generale, dando quindi un peso ben maggiore alle differenze etniche che a quelle di classe. La lotta di classe viene riconosciuta come esistente solo nelle singole comunità, quasi come un affare interno ad esse, e se il richiamo è apertamente verso il sottoproletariato negro, del quale si rivendica lo spirito di lotta accanita, ciò avviene perché nel suo stato si vede la condizione generale del negro e perché esso diviene mezzo all’emancipazione della comunità negra al di fuori dell’emancipazione della classe lavoratrice dal capitale, unica condizione per l’emancipazione di tutti gli strati oppressi e il superamento di ogni questione razziale.

La comunità negra è certo, insieme con diverse altre minoranze razziali, la parte della società americana che riunisce in sé gli elementi più sfruttati, peggio trattati, i manovali senza alcun altro attributo che quello di fornire forza lavoro grezza, i senza-lavoro che il “progresso tecnologico” produce e riproduce continuamente, gli elementi ad occupazione saltuaria, “senza dio né morale” gli “asociali” e i “teppisti”, quelli col “cromosoma sbagliato”, “tendenti al crimine”, ecc.; ma non va assolutamente considerata come una comunità a sé, un gruppo indipendente, che può venire separato dall’insieme della società, se no si cade nell’utopia da una parte e in un disegno a dir poco retrogrado dall’altra.

È perfettamente comprensibile che i proletari e i sottoproletari di pelle nera, rimasti isolati in una lotta che solo saltuariamente riceve un appoggio dagli altri lavoratori in un paese in cui avere la pelle bianca equivale a ricevere un trattamento di favore sul posto di lavoro e nella società – un privilegio che in una certa fase (quella della disgregazione degli organismo di classe, politici e economici) si difende anche contro la concorrenza dei compagni della stessa pelle nell’applicazione della legge inumana de la lotta fra uomo e uomo dominante nel mondo del capitalismo – in questa situazione, dicevamo, è perfettamente comprensibile che essi non vedano nei loro compagni di classe bianchi i loro fratelli. Tanto più che lo Stato borghese ha capito da un pezzo che fomentare l’odio razziale significa scongiurare ogni solidarietà di classe capace di scuoterlo nelle sue fondamenta.

Ed è giusto che chi, in una tale situazione, con la scusa dell’assenza politica dei salariati bianchi, conclude che quelli neri devono stare ad “aspettare”, raccolga il più grande disprezzo?

I proletari combattivi, anche in una piccola avanguardia, indipendentemente dal colore della loro pelle, devono muoversi per trascinarsi dietro gli strati indecisi, devono mostrare loro la necessità di organizzarsi per contrastare lo sviluppo stesso del capitalismo, la sua pressione schiacciante sulla classe venditrice di forza lavoro, e per abbatterne il dominio. Che una tale organizzazione, per una serie di circostanze, abbia temporaneamente una maggioranza di salariati neri, non deve cambiare nulla al carattere non razziale dell’organizzazione stessa.

La classe operaia americana, tuttavia, è rimasta per troppo tempo priva della sua guida politica perché possa superare le enormi difficoltà che si frappongono allo sviluppo di un simile processo, senza dover affrontare una lotta durissima non solo contro il capitale, ma per decifrare gli stessi suoi interessi di classe, e sopportare sacrifici dolorosi e tentativi destinati al fallimento. Un prezzo che inevitabilmente dovrà pagare sarà di porsi momentaneamente al seguito di ideologie improprie, non adeguate alla lotta di classe proletaria.

Il movimento delle Pantere Nere risente in modo determinante di questo isolamento tragico; il suo errore è di ritenerlo ormai definitivo. Incapace di giungere per proprio conto alla analisi della situazione attuale, frutto di quella vittoria della controrivoluzione che coinvolge un periodo di vari decenni e una area di estensione mondiale, esso ha cercato un’intesa con il partito comunista ufficiale degli Stati Uniti, totalmente ancorato alle posizioni dello stalinismo, e peggio, giungendo poi inevitabilmente alla rottura per il diversissimo atteggiamento di fronte all’uso della violenza. La ricerca di un contatto con forze più combattive ha quindi portato le Pantere Nere all’incontro con i cosiddetti “maxisti-leninisti”, con a capo da una parte la Cina e dall’altro il “terzo mondo” in genere, che apparentemente si trovano nella stessa condizione di oppressi dal medesimo imperialismo, e che hanno al loro attivo una guerra nazionale contro gli Stati Uniti.

È con questo ibrido apporto – che confonde la lotta di indipendenza (più o meno reale) dal legame con l’imperialismo con quella dell’emancipazione di classe – che le Pantere Nere hanno “arricchito” le loro posizioni precedenti: di qui nasce la teoria che mette sullo stesso piano la lotta dei sottoproletari neri e quella dei popoli coloniali, che stabilisce un nesso fra la metropoli bianca e la colonia nera all’interno dello stesso Stato, dall’altra, concludendone che c’è una “classe operaia della metropoli e c’è una classe operaia della colonia negra”, con interessi propri e divergenti; e che afferma quindi la necessità di organizzazioni distinte e anche contrapposte fino a postulare una vera e propria solidarietà fra gli operai bianchi e la loro classe borghese dominante da un lato, e fra i diversi strati di pelle nera dall’altro. Alla lotta di classe, in breve, si contrappone la lotta delle “comunità” di colore.

La responsabilità di tale atteggiamento viene, per la verità, addossata ai proletari bianchi, “parassiti che vivono alle spalle dell’umanità”, e in parte una tale responsabilità esiste (vista tuttavia con analisi e prospettiva errate): ma non sembra che le Pantere Nere abbiano mai concepito la solidarietà di classe se non in funzione dei propri interessi di comunità, invece di farli confluire in quelli generali della classe operaia. Inoltre, come si è visto, il richiamo esplicito non è alla classe operaia ma al sottoproletariato in genere e negro in particolare: «Siamo lumpen (straccioni) – dichiara orgogliosamente Cleaver (ved. Quaderni Piacentini, Nr. 42, nov. 1970) – Il lumpen-proletariato è costituito da tutte quelle persone che non hanno investito alcun capitale nei mezzi di produzione o nelle istituzioni della società capitalistica; che sono parte perpetuamente in riserva dell’ “esercito industriale di riserva”; che non hanno mai lavorato e che non lavoreranno mai», ecc., ecc.

Il tentativo è di adeguare a questa categoria sociale una teoria e una tattica, cercando nelle ragioni storiche e sociali stesse dell’impotenza politica del sottoproletariato una forza e una via nuove e originali: il sottoproletariato, non avendo la possibilità di boicottare la produzione con uno sciopero, ed essendo costretto alla lotta nelle strade, sarebbe più rivoluzionario, non avrebbe «nessun diretto oppressore eccetto forse la polizia dei pigs con la quale si scontra quotidianamente», e non si capisce che questo significa anche la sua fatale sconfitta.

Ben diverso è il rapporto colonia-metropoli: anche una colonia è in un certo rapporto di dipendenza dal paese imperialista, ma è nello stesso tempo produttrice e fornitrice di alcuni prodotti, in genere materie prime, e in alcuni casi è in grado di svolgere una vera e propria opera di ricatto, mentre spesso è ben disposta a raggiungere accordi con l’imperialismo per lo sfruttamento del proprio proletariato. Non ha quindi la caratteristica, descritta da Cleaver per il sottoproletariato, di essere “tagliata fuori dall’economia”. Tutt’altro! Essa si lamenta di essere tagliata fuori dal commercio mondiale, che è ben altra cosa.

Si può anche notare di passaggio che parimenti errata è l’applicazione della guerriglia come forma di lotta armata: per la colonia essa trova la sua origine nel fatto che la lotta non può essere spinta fino alla distruzione dei rapporti borghesi, ma è solo un modo per esercitare una certa pressione e cambiarne l’indirizzo. Il movimento di classe, al contrario, sappiamo bene che non ha da perdere che le sue catene e perciò si organizza in una vera e propria guerra che lo deve condurre al controllo totale del potere politico (non ammette quindi alcuna autonomia locale al suo interno).

Il punto debole delle Pantere Nere è decisamente la teoria; e la cosa salta agli occhi se si considerano i punti programmatici. Non si tratta nemmeno di un programma politico, ma di punti che dovrebbero servire alla mobilitazione delle masse. La “piattaforma-programma” è dell’ottobre 1966, ma viene rivendicata tale e quale anche oggi, e merita la definizione, nel caso più benevolo, di riformismo tradizionale, appoggiato da una forma di lotta di guerriglia. I dieci punti rivendicano per la comunità negra: libertà, pieno impiego, alloggio decente, educazione adeguata alla propria storia e razza (punto particolarmente retrogrado), esenzione dal servizio militare, cessazione delle persecuzioni poliziesche, libertà ai prigionieri negri, tribunali con giurie negre, plebiscito sotto patrocinio delle Nazioni Unite (sic!) per stabilire la volontà della comunità negra; chiedono infine che si ponga termine alla razzia capitalistica e si tenga fede alla promessa di cento anni fa, cioè il pagamento di 40 acri e 2 mules a titolo di risarcimento del lavoro schiavistico e delle soppressioni in massa (accettato anche in denaro contante!).

Quello che manca è una minima analisi politica ed economica della via per il conseguimento dell’emancipazione (e che cos’è un programma se non la formulazione di tesi che esprimono tali analisi?): vi è solo una seria di richieste allo Stato dominante, concepite come suoi doveri, che potranno anche mobilitare sul terreno della violenza gruppi di sfruttati, ma non possono modificare l’essenza dei rapporti di classe se non sulla carta.

Indicativo, a questo proposito, è che si giunga a scrivere petizioni alle Nazioni Unite che dovrebbero, «in base alla semplice giustizia», svolgere «un’azione universale, comprese sanzioni politiche ed economiche, contro gli USA» colpevoli del reato di genocidio così come è stato definito dalle stesse Nazioni Unite nella Assemblea Generale del 9 dicembre 1948. Si potrebbe pensare ad una pura e semplice, anche se molto ingenua, manovra per rendere “pubblica” la situazione negra, ma la conclusione della piattaforma-programma sintetizzata più sopra dà il giusto fondo “teorico” alla cosa: «tutti gli uomini sono stati creati eguali e dotati dal Creatore di alcuni diritti inalienabili, fra cui la vita, la libertà, il conseguimento della felicità» che comportano i soliti interventi correttivi del “popolo” più o meno sovrano, quando, come del classico pensiero borghese-democratico, sorge il tiranno o i diritti vengono comunque calpestati.

Il movimento che oppone violenza aperta alla violenza mistificata dello Stato democratico e razzista degli Stati Uniti, intende dunque agire nell’ambito stesso di questa società e si riduce a reclamare una certa autonomia per la propria gente. Ammirevole nella sua battaglia a viso aperto, si muove tuttavia su un terreno equivoco e sostanzialmente antistorico.

Proprio questo aspetto, che si ritiene legato alle esperienze degli “eroici” popoli nord‑coreano e vietnamita, è la parte retrograda del movimento ed entra in crisi e contraddizione intrinseca man mano che la lotta di classe si sviluppa e riprende il suo contenuto reale, ponendo come vero suo protagonista il proletariato (non importa in quale pelle!), cioè la classe che sopprime ogni pretesa di autonomia in tutti i campi, da quello della scuola, della “giustizia”, del “servizio militare”, della famiglia, a quello dell’organizzazione politica, economica, statale, perché tutto è fuso, in un unico irresistibile movimento, quello della classe sfruttata nel suo insieme, guidata da un unico partito.

Tuttavia, è indubbio che la esperienza dolorosa dei proletari e sottoproletari negri, limitati in una lotta a sfondo razziale che vede chiusa davanti a sé la via di un reale affrancamento nelle condizioni economiche e sociali date, potrà contribuire con i suoi continui sacrifici di generose forze, gli assassinii perpetrati dai difensori dell’ “ordine”, i processi scandalosamente repressivi e lo stesso razzismo crescente al polo opposto (tutte cose che potranno anche condurre a un lento dissanguamento di energie proletarie), contribuirà ad aprire gli occhi al proletariato bianco e non bianco e a generare un’avanguardia politica che sappia unire nelle sue file tutti i proletari senza discriminazioni di razza. Questo, l’augurio e anche l’omaggio che noi formuliamo per il bene dei negri in coraggiosa battaglia come dei bianchi in torpido sonno!