Partido Comunista Internacional

Presentación

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Las tesis marxistas, por lo tanto de nuestro partido, son el resultado de las luchas precedentes de la clase y, a diferencia de los burgueses idealistas y trascendentalistas, nuestros principios no parten de un verbo revelado de origen divino, ni se basan para el estudio de las cuestiones en canones jurídicos, filosóficos o morales. Como base de nuestra doctrina de partido está el análisis objetivo de los fenómenos sociales pasados y presentes, fundado en el examen de los medios materiales de producción que los grupos humanos utilizan para satisfacer sus necesidades y, por tanto, en sus relaciones económicas y sociales.

    Como fue descrito, por primera vez, científicamente por Marx, está probado históricamente que los diversos modos de producción que han existido hasta aquí, con sus estructuras jurídico-políticas y militares, se desarrollan o existen mientras logran contener en el cuadro particular de una forma de producción, en equilibrio inestable, las fuerzas productivas que tienden a desarrollarse. En determinados momentos históricos, éstas entran inevitablemente en contraste con las formas tradicionales, manifestándose en luchas entre clases con intereses económicos opuestos, y una época de «paz social» se cierra para abrirse una de revoluciones. Si el objetivo principal de la contienda armada es logrado (la conquista del poder político) nuevas relaciones económicas y sociales surgirán bajo una nueva forma.

    Como cualquier otro modo de producción, el moderno capitalista ha atravesado los tres típicos momentos políticos con sus hechos históricos característicos, en que se pueden esquemáticamente, con fines expositivos, sintetizar todos: revolucionario, reformista y conservador.

    Desde el Manifiesto de 1848 los comunistas apoyaron, en teoría y en la acción, toda tentativa burguesa, entonces tarea progresiva, de romper las formas precapitalistas de producción y de resistencia, frente a las amenazas de retroceso. Este aspecto práctico, táctico de los comunistas, no impedía la crítica despiadada de toda tentativa ideológica burguesa de hacer pasar su lucha y afirmación en el mundo como la emancipación y liberación de toda la especie, presentándolas como simple sustitución de la forma de explotación de las clases feudales precedentes por la capitalista, y organizando manifestaciones antiburguesas en el mismo transcurso de las luchas junto a la burguesía.

    En la segunda fase, la reformista, que en Europa va de 1871 a 1914, frente a la estabilización y desarrollo a escala mundial de forma relativamente tranquila, de las fuerzas productivas desplegadas por el modo de producción burgués, en política se asiste al desarrollo de las instituciones democráticas y de la práctica parlamentaria, siendo interés de la burguesía enmascarar el propio dominio como libremente aceptado, y asegurar a la clase obrera, a través de medidas económicas y legislativas (siempre que no mellen el cuadro jurídico burgués) su subsistencia.

    En correspondencia con estos hechos surgen en el seno del movimiento socialista las corrientes revisionistas del marxismo, del cual se falsifican las directivas y textos fundamentales, y se establece una nueva estrategia en la que se dice, que el nuevo orden económico advendría mediante la conquista gradual y pacífica de las instituciones burguesas por parte del partido y de los órganos proletarios. En la polémica, opuestas tendencias se abren en el movimiento obrero, concluyendo en la gravísima crisis en el seno del socialismo que coincide con la guerra de 1914, con el apoyo por una gran parte de los dirigentes sindicales y parlamentarios a las políticas de colaboración de clase y adhesión a la guerra.

    En la tercera fase, que es la del moderno imperialismo, en lo económico se asiste a la pérdida de las características liberales, con un aumento de la disciplina productiva y distributiva, en el que la libre concurrencia deja paso a la influencia de las asociaciones capitalistas, de tipo industrial primero y bancario después, o emanadas directamente de los Estados: Estados políticos que no solo tutelan los intereses capitalistas como órgano de gobierno y policía, sino que van asumiendo cada vez más el carácter de órgano de control y gestión de la economía y por ende de los intereses de una minoría.

    En política, como estableció Lenin en su crítica al imperialismo moderno, se asiste igualmente a un aumento de la opresión, manifestada históricamente con el advenimiento al poder de los regímenes definidos totalitarios o fascistas, tipos políticos más modernos, no atrasados, de la burguesía, necesaria fase evolutiva no transitoria y de la que no se puede volver a tolerancias liberales más que aparentes. En el campo táctico es por lo tanto falso, llamar al proletariado a luchas para restablecer el capitalismo liberal y democrático, es reaccionario e ilusorio, y sostener una posición tal significa el pasaje total a las filas de la conservación burguesa, así como es ilusorio proclamar alianzas con fuerzas burguesas y pequeño burguesas sobre la base de sus resistencias.

    Solamente realizando su autonomía de clase el proletariado, duramente golpeado y disperso después de tremendas batallas, no ha de subyacer al dominio del capital, y evitará caer en aquellas formas, igualmente peligrosas, de derrotismo revolucionario.

    Las continuas admoniciones de la Izquierda en la Tercera Internacional Comunista no fueron escuchadas, y eran la más pura expresión de la movilización proletaria frente a la enorme fuerza social de la contrarrevolución mundial que surgía en esos años. Solo en 1926 los jefes bolcheviques advirtieron el peligro y, dejando de lado antiguos sinsabores, se lanzaron desesperadamente a pecho descubierto haciendo bloque contra el oportunismo del socialismo en un solo país. La oposición rusa, con Trotski y Zinoviev a la cabeza, fue derrotada, y con ella las grandiosas revueltas proletarias en China, las grandiosas huelgas de los obreros británicos, en fin, saldrá derrotado el movimiento comunista internacional en su totalidad. Con la adhesión del Komintern a la segunda guerra imperialista se llega por fin al entierro del partido de la revolución mundial, consecuencia del alejamiento de la vía maestra trazada por la historia, aquella que en 1917 había llevado a la victoria en Rusia. El resto, hasta nuestros días, no será sino la macabra danza alrededor de su ataúd.

    Aquellos largos años de admoniciones contra el eclecticismo táctico de la Internacional, dieron a la izquierda italiana la capacidad de sacar las lecciones de la contrarrevolución y única y solamente sobre la base de este balance se podrá dar un resurgimiento del movimiento proletario internacional y de su partido.

    Sería antimarxista buscar en los errores del Komintern la causa de la derrota sufrida, producida por factores objetivos, pero el hecho es que se destruyó incluso el partido mundial. Aun en las situaciones objetivas más desfavorables es tarea primaria del partido, so pena de su desaparición, la salvaguardia, pagando el precio de la impopularidad, de las condiciones subjetivas que, al recuperarse el movimiento revolucionario, actuarán sobre la historia para fecundarla.

    Fue reivindicando paso a paso estos principios de la izquierda marxista, como Lenin y los bolcheviques entregaron a la historia la primera revolución proletaria victoriosa de la historia, luchando contra el régimen feudal al lado de la burguesía, en contra de ésta después de la derrota del viejo régimen y contra todos los partidos reformistas y gradualistas del movimiento obrero, llegaron a concentrar todo el poder en manos del proletariado y de su partido. El movimiento del proletariado internacional surgido de la Primera Guerra Mundial recibió un potentísimo impulso con el gran evento: las cuestiones relativas a la lucha de clases, la conquista violenta del poder y la estrategia de la revolución proletaria fueron reconducidas a la vía revolucionaria justa y se cristalizaron en la fundación de la Tercera Internacional.

    Al estallar la Revolución de Octubre la izquierda italiana fue la única en dar a los bolcheviques una adhesión total, de sustancia, y no formal o genérica como tantísimos otros partidos obreros que hicieron giros de 180° siguiendo el entusiasmo del momento. En el ámbito del movimiento socialista internacional la izquierda del PSI (Partido Socialista Italiano) había sido en efecto la única en alinearse contra toda concesión patriótica o de defensa de la primera guerra imperialista mundial, sobre las mismas posiciones defendidas por Lenin, y ya desde 1918 en declarar como necesarias, para los fines de éxito de la revolución mundial, la ruptura irrevocable no solo con la corriente de derecha, sino también con aquella más engañosa de centro, que operaban en el seno de los partidos de la Segunda Internacional. Luego sostuvo la formación de nuevos partidos comunistas sobre las bases codificadas en 1920 en el congreso de la Internacional. La Izquierda, siguiendo los dictados del cúmulo de experiencias de luchas proletarias en occidente, donde los regímenes democráticos estaban sólidamente implantados desde hacía décadas, y en los que la maduración de las premisas subjetivas de la revolución se retrasaban respecto a las objetivas, no solo dio una contribución decisiva a la codificación de las condiciones de admisión a la I.C., sino que propugnó una mayor rigidez de las mismas que no dejara espacio a adaptaciones derivadas de situaciones locales. Es más, en la búsqueda comunista de erigir barreras insuperables al perenne oportunismo, la Izquierda invocó desde entonces la necesidad de codificar no solo la doctrina y el programa comunista, sino también un sistema de normas tácticas cerrado conocido por todos y vinculante para el movimiento internacional entero, única garantía de disciplina y eficiencia en la organización. La posesión de tales condiciones se muestra indispensable para un partido fuerte y seguro en la preparación del asalto revolucionario, en los momentos de crisis de la sociedad capitalista; pero es también el único modo, en los momentos cíclicos de reflujo, de no perjudicar al partido y al futuro reflote de la lucha proletaria.

    El proletariado de Europa centro-occidental, considerado con acierto por Lenin y la III I.C. como la verdadera clave para el triunfo, también en el plano social, de la revolución rusa y mundial, se encontraba mayoritariamente bajo la influencia del reformismo oportunista. El problema que la historia ponía a la Internacional era cómo llevar a las filas de los verdaderos partidos comunistas el grueso de los trabajadores, que venían siendo continuamente traicionados por los partidos socialdemócratas. Ante un análisis superficial podía parecer que la intransigencia bolchevique hacia los oportunistas, arma fundamental de la victoriosa lucha de Octubre, estuviera en contraste con la rápida expansión de la influencia de los partidos comunistas. La Internacional creyó resolver la cuestión mediante una estratagema táctica demasiado audaz: frente a los ataques a gran escala de la burguesía internacional contra las condiciones de vida y de trabajo de los proletarios, trataba de empeñar en un frente único a los dirigentes traidores de la Segunda Internacional contra los adversarios burgueses, y de esta manera llevar sus reivindicaciones bien a fondo para desenmascararlos y denunciarlos ante los obreros cuando inevitablemente dieran marcha atrás. La izquierda italiana, reconociendo el contenido exquisitamente revolucionario de la táctica que Lenin había podido utilizar en Rusia en función antifeudal, no pudo evitar el indicar los posibles peligros de tal aplicación táctica en occidente. Al mismo tiempo fue la única en aplicar esta táctica, siguiendo fielmente el espíritu con el que había sido concebida, por escrupuloso respeto a la disciplina de la I.C..

    Esta táctica no podía dejar de fallar, efectivamente ella presuponía una condición esencial: la radicalización y extensión de las luchas obreras, dado que es en las victorias y no en las derrotas cuando el proletariado toma conciencia de su vía de clase. Además, ella exigía ser llevada por partidos comunistas fuertes, homogéneos y sólidamente templados, y de esta manera limitar el frente único a las reivindicaciones de clase, excluyendo compromisos electorales y parlamentarios.

    Para muchos partidos que durante la Primera Guerra Mundial se habían sacrificado en el altar de la defensa nacional, esta táctica no fue considerada sino como una vuelta a empezar.

    La Izquierda, en Italia, fue parte determinante en la fundación, en 1921, del Partido Comunista de Italia sección de la Internacional Comunista, con sus primeras tesis revolucionarias netas y su acción violentamente antiburguesa, dirigida tanto contra las bandas fascistas como contra los traidores socialdemócratas, necesario complemento de aquellas. La Izquierda se opuso luego puntual y enérgicamente a los bandazos y a la sucesiva degeneración estalinista del partido mundial. Fue excluida de la dirección del P.C.de I.(Partido Comunista de Italia) y testimonios de su batalla en defensa de las posiciones comunistas tácticas y de principio son las tesis que, con los métodos administrativos típicos del centrismo estalinista, fueron puestas en minoría en el congreso del P.C.de I. de Lyon, en 1926.

    Fracción de izquierda en la Internacional hasta la segunda guerra, el partido se reconstituyó en la inmediata posguerra en Italia y asumió una base definitiva con las Tesis Características de 1951 que aquí publicamos. Sobre esta base la pequeña organización de militantes, reducida geográficamente a Italia y algunos países de Europa, pero que pretende, llamándose Partido Comunista Internacional mantenerse en la tradición del marxismo ortodoxo, ha continuado la lucha en defensa de las armas teóricas de la revolución del mañana, en contacto con la clase obrera, a su lado en las luchas cotidianas de defensa contra la explotación patronal capitalista, y fuera de la politiquería personal y electoralista. Ha publicado sucesivamente los periódicos Prometeo, Battaglia Comunista e Il Programma Comunista, en plena continuidad programática de posiciones intransigentes de lucha; después y hasta ahora Il Partito Comunista y la revista Comunismo, todo ello en lengua italiana. A medida que el Partido extendía su red de militantes a otros países, han ido apareciendo las revistas La Gauche Communiste en francés y Communist Left en inglés. Con este primer número de La Izquierda Comunista el partido retoma las publicaciones periódicas en español.