Partidul Comunist Internațional

El Partido Comunista en la tradición de la Izquierda (Premisa -Parte II)

Categorii: Organic Centralism, Party Doctrine, Party History

Articol părinte: El Partido Comunista en la tradición de la Izquierda

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PRESENTACIÓN (1986)

El texto que sigue, „El Partido Comunista en la tradición de la Izquierda”, de junio de 1974, es el producto del esfuerzo colectivo del partido para volver a poner orden en las cuestiones fundamentales, puestas en discusión cada vez que la organización sufre bandazos, porque por norma, al menos hasta hoy, se concretizan en rupturas más o menos apreciables y amplias, más o menos fértiles para el fin de la potenciación de la acción del partido sobre la base de la continuidad y unicidad de teoría, programa, táctica y organización. No hay nada que modificar en el texto, compuesto „de golpe” bajo el apremio de urgencias dictadas por la necesidad siempre presente e impelente de volver a poner en pie los fundamentos sobre los que en 1952 se puso en marcha el Partido.

Este trabajo apareció en un opúsculo, el primero de una serie, porque entonces no había sido creada la nueva cabecera del órgano de prensa del Partido, „Il Partito Comunista”. De tal suerte, la circulación del texto ha sido forzosamente limitada, mientras que es indispensable que los compañeros, los lectores y los proletarios que siguen nuestra lucha, conozcan y estudien las soluciones que la Izquierda ha dado y da al complicado entrelazamiento de las cuestiones, resumibles en el título de nuestro texto clásico „Naturaleza, Función y táctica del Partido Comunista Revolucionario de la clase obrera” de 1945.
Allí se expone, con nuestro potente método histórico e impersonal, la perfecta coherencia de definición del Partido comunista según la escuela marxista, representada, después de la destrucción de la III Internacional, únicamente por la tradición de posiciones y de batalla de la Izquierda Comunista.

Tomadas a lo largo del arco de medio siglo, desde 1920, años aún de revolución en Europa, al reciente 1970, a través del ciclo de medio siglo de contrarrevolución (algo muy distinto a las chismosas „nuevas fases” descubiertas cada seis meses por el inmediatismo antimarxista), las citas, y las premisas que remachan su dictado, demuestran las características históricamente determinantes del partido revolucionario, „proyección en el hoy del hombre-sociedad de mañana”.

El texto, precisamente porque no añade o modifica nada en absoluto a las tomas de posición que la Izquierda defendió en la Internacional contra la corrupción estalinista, y luego contra la falsificación de las corrientes antiestalinistas de matriz no marxista, y a todo cuanto fue codificado y de hecho realizado en una no breve tradición de partido internacional en esta posguerra, constituye un documento sintético y sistemático, y la confirmación de nuestras Tesis programáticas sobre las llamadas cuestiones de organización. Ponemos en conocimiento de las jóvenes generaciones de proletarios, revolucionarios de mañana, y de todo aquel que se nos acerque aquellas Tesis reivindicadas únicamente por nuestra organización de partido.

El texto fue redactado al día siguiente de la última laceración de la estrecha unión del partido, la más grave y dramática de la posguerra por haber sido deseada y dirigida precisamente por el Centro dirigente contra quien en el Partido se declaraba totalmente fiel a los principios programáticos y a la disciplina organizativa. Debe considerarse prosecución de un trabajo desarrollado según nuestra tradición y nuestro método, con el cual se había mantenido, con el enfurecimiento de „nuevos cursos” organizativos, la correcta orientación sobre los principios básicos que regulan y disciplinan la vida de partido, su acción y su naturaleza; trabajo que había sido repropuesto a toda la organización para que no se desviase el norte de la brújula revolucionaria.

Entonces circuló como texto interno, dirigido exclusivamente a los compañeros de partido y al Centro, porque sólo interesaba la revocación de la medida administrativa de expulsión, canalizando las fuerzas de todos los compañeros en remachar las bases homogéneas y comunes, el común y antiguo método de trabajo, los principios comunes que, de palabra, nadie decía querer poner en discusión. Y principalmente para reafirmar las características y peculiares formas de la vida y de relación dentro del partido que le habían caracterizado desde que se reconstituyó en la inmediata posguerra.

Texto y trabajo de partido, no documento polémico o chivo expiatorio escisionista hacia una pretendida „otra parte”; en la premisa de entonces se leía: «Este trabajo es una modesta contribución desplegada sobre el plan propuesto hace algunos años, rechazada por el Centro como si hubiese sido un cúmulo de blasfemias y de necedades. Si la „brújula” no se hubiese vuelto loca, el texto habría aparecido en las columnas de „Programma Comunista”, seguramente en el lugar de los equívocos artículos sobre la organización».

Debimos constatar que la brújula estaba loca y en modo irreversible: desde entonces las dos organizaciones han proseguido por caminos diferentes y ninguna petición o reprobación tenemos que hacernos. Sin embargo, ha quedado, como lección irrenunciable, el método con el cual se respondió al desastre ampliamente extendido de la escisión, y de los errores que la provocaron, sostuvieron y la concluyeron suciamente en los años sucesivos, que han visto reducida a innobles y vergonzosos jirones aquella pretendida organización de hierro que habría debido surgir con el alejamiento de los débiles, de los „indisciplinados”, de la fracción como se decía, de los anti-centralismo, que se oponían a los nuevos cursos organizativos, a las desviaciones disciplinarias, no por temor a la disciplina y a la potencia organizativa, sino porque veían en esos métodos, en esos criterios, el camino de la desorganización, y también de la ruptura de la unidad programática.

Este trabajo tenaz buscaba suscitar en el Partido no satisfacciones personales de „derrotados” o „vencedores”, sino una sana reacción que lo volviese a llevar enteramente sobre las posiciones correctas, sin rehabilitaciones o autocríticas o procesos a quien sea.

Por tanto, el texto repropone solamente una afirmación correcta, extraída de la tradición integral de la Izquierda Comunista, de los postulados conocidos por todo el partido, y aceptados por todos los militantes que han trabajado para esculpir viejas y nuevas generaciones con la voluntad de fortificar y dilatar la organización combatiente de partido, que se reforzaba en este continuo e incansable trabajo.

En la desbandada y en la retirada general del movimiento proletario, cuando incluso partidos que se declaraban comunistas cedían a las antiguas supersticiones burguesas e idealistas que confían todo al mito del jefe ilustre o a las reverencias pequeño-burguesas hacia las jerarquías, o peor a mayorías aritméticas, sólo la Izquierda supo sacar la lección de la contrarrevolución reconociendo en la III Internacional, en sus dos primeros congresos, la anticipación del partido comunista mundial, antigua aspiración del comunismo marxista y necesidad histórica; y viceversa, denunciar las formas caducas, las supervivencias de federalismo y de heterogeneidad doctrinaria y programática dentro del partido y la degenerada consecuencia: el mecanismo democrático y su complemento, el burocratismo y el abuso de los formalismos organizativos..

Ya en la Internacional la Izquierda se opuso a que el método de trabajo interno, el estudio de la realidad social y de la individuación de la táctica adecuada, derivase como resultado de la lucha política en su interior, del choque y de la mutable relación de fuerzas entre diferentes fracciones.

Con mayor razón en el partido que volvió a nacer en la posguerra, ya embrión del partido comunista único mundial, excluimos que la vida interna se pudiese fundar sobre el choque de distintas corrientes, ideológicamente contrapuestas, habiéndose alcanzado ya definitivamente, por madurez histórica revolucionaria y de la lucha de clase, la unidad doctrinaria del partido y habiéndose codificado un sistema de normas tácticas.

Tal madurez objetiva de la experiencia proletaria, cristalizada en hechos, textos y Tesis, y constante en el organismo viviente del partido y en su unívoco y científico trabajo de indagación y de búsqueda, hace posible – es más, exige – un método orgánico para la realización de la táctica y para su funcionamiento coherente.

Afirmamos que el máximo rendimiento en la utilización de todas las fuerzas del partido reside en los métodos unitarios de trabajo que se apoyan en la „fraterna solidaridad y consideración entre compañeros”, por consiguiente, relegando finalmente al museo de la prehistoria, también de la organización proletaria, los métodos hoy destructivos que sólo por inmadurez histórica de nuestro movimiento debieron tener en ella los precedentes, de la „lucha” entre compañeros y entre fracciones con todo el bagaje de democracia, numerosas confrontaciones, pero también exageraciones y forzamientos polémicos, finalmente la fracción de izquierda debía soportar ataques personales, calumnias, habladurías, maniobras entre personajes más conocidos, manipulaciones de aduladas bases.

En fin, pudimos excluir, conjuntamente, el hábito a la „personificación del partido” o del „error”, según el cual el partido podría reconocerse a sí mismo en el enfoque correcto sólo en la autoridad de un „líder”, o viceversa, la desviación en un „culpable”. En el partido revolucionario mundial la búsqueda del planteamiento táctico justo fue finalmente posible sin el absurdo desgaste de energías (el „deporte del fraccionismo” en la III Internacional) de la batalla entre fracciones: el fin ya no es el de vencer, arrollar numéricamente o alejar de la dirección organizativa a un determinado grupo de compañeros, con cualquier medio, sino el de convencer al conjunto del organismo partido de la justeza de su línea táctica y así fundar sólidamente la unidad del movimiento.

Conocíamos la objeción: el partido, sometido a la presión del ambiente burgués externo, debe defenderse de las ideologías y de los enfoques impuros que penetran en su interior. Fuera de todo moralismo inútil o caza al diablo de sacristía respondimos simplemente, con nuestras límpidas Tesis, que la experiencia nos ha enseñado que la involución oportunista de los partidos se ha maniobrado siempre desde arriba, desplegando con arte mayorías numéricas y disciplina formal. Introducir los métodos de la lucha política en el partido significó, por consiguiente, abandonar el partido precisamente en manos de los que se afirmaba querer combatir. El partido debe y puede defenderse de la presión, permanente y terrible del ambiente externo, a través de sus métodos de vida orgánica.

Estos no son un lujo estético o una liturgia formal para acantonar cuando se pase desde la „fase de la investigación teórica” a la de la „lucha de clase”. La única defensa del partido está en la máxima coherencia de su método orgánico. Estos temas están ulteriormente expuestos en un reciente informe, „En la orgánica predisposición del partido, su preparación para la revolución”, que aquí publicamos a continuación del texto de 1974.

En 1951, en el „fondo de la depresión” contrarrevolucionaria, completado el deslizamiento del estado ruso al campo de la defensa de las relaciones burguesas, y consumada la borrachera patriótica de la segunda guerra imperialista, el Partido Comunista Internacionalista, constituyéndose en modo claro y homogéneo, formuló un cuerpo de tesis características con el objetivo de definir y delimitar netamente a nuestro movimiento respecto a fuerzas que dejaron el Partido, y respecto a grupos sólo aparentemente afines a nosotros, que entonces y desde entonces hasta hoy han acompañado la marcha de los grandes aparatos de la socialdemocracia oficial.

En aquellas Tesis, a las que nuestra actual organización hace plena referencia, en los capítulos Teoría, Tareas del partido comunista, oleadas históricas de degeneración oportunista, Acción del partido en Italia y otros países en 1952, se trata no de filosofía o de historia abstracta al estilo profesoral, sino que se delinea un modo de ser de un partido, no sólidamente enfocado en „los principios del materialismo histórico y del comunismo crítico de Marx y Engels”, sino que puede e intenta dar vida a esa ciencia social y a esas previsiones futuras en un organismo que actúa, en un partido en el interior del cual se postule la supresión del antagonismo entre conciencia y acción, entre teoría de la revolución y actividad revolucionaria.

Aun tratándose de una organización de no muchos efectivos, por determinación histórica en la Tesis 4 de la IV Parte se reivindica:

Cita 1 – Tesis características del Partido (Tesis de Florencia) – 1951
IV, 4 Hoy, en la plenitud de la depresión, a pesar de restringirse mucho las posibilidades de acción, el partido, siguiendo la tradición revolucionaria, no pretende romper la línea histórica de la preparación de una futura reanudación a gran escala del movimiento de clase, que haga suyos todos los resultados de las experiencias pasadas. De la restricción de la actividad práctica no deriva la renuncia a los postulados revolucionarios. El partido reconoce que la restricción de ciertos sectores está cuantitativamente acentuada, pero no por ello cambia el conjunto de los aspectos de su actividad, ni renuncia expresamente a ellos.

Las pocas fuerzas de militantes que se reorganizaron en la inmediata posguerra ya reconocieron entonces históricamente fuera de discusión la selección del programa para la emancipación revolucionaria de la clase trabajadora de la sociedad capitalista; de la que partes integrantes y esenciales no sólo son los principios teóricos de la crítica social y cognoscitiva comunista, sino también un completo sistema de normas tácticas, derivado de un arco secular de guerra proletaria y de un método de trabajo y de relación orgánica propio del partido proletario. La madurez y las confirmaciones de nuestros postulados teóricos provenientes de la viva verificación de la lucha de clase permiteron al partido de entonces afirmar en la Tesis 5 de la Parte IV:

Cita 2 – Tesis Características del Partido (Tesis de Florencia) – 1951
IV, 5 La actividad principal, hoy, es el restablecimiento de la teoría del comunismo marxista… Para ello el partido no lanzará ninguna doctrina nueva, reafirmando la plena validez de las tesis fundamentales del marxismo revolucionario, ampliamente confirmadas por los hechos…
Precisamente porque el proletariado es la última clase que será explotada y que por tanto no sucederá a ninguna en la explotación de otras clases, la doctrina ha sido construida sobre el nacimiento de la clase y no puede ser modificada ni reformada.
El desarrollo del capitalismo desde su nacimiento hasta hoy ha confirmado y confirma los teoremas del marxismo, tal y como han sido enunciados en los textos, y cualquier presunta „innovación” o „enseñanza” de estos últimos 30 años solo confirma que el capitalismo todavía vive y que debe ser abatido.

Como consecuencia de esta certeza científica nuestra y del método con ella coherente: el programa no está, menos aún hoy, por inventar, redescubrir o actualizar, el programa de la revolución existe en los hechos terribles de las derrotas proletarias y en la putrefacción del universo burgués. En doctrina, el programa de la revolución existe desde hace siglo y medio, como perfeccionamiento último en las lecciones que la izquierda marxista sacó y codificó como culminación de la avanzadilla proletaria de la revolución rusa y de la Tercera Internacional, primera realización palpitante de la prevista direcció única mundial del proletariado insurrecto. Desde entonces, tarea del partido es la de conservar tal sentimiento y tal ciencia subversiva.

Tarea del partido no es descubrir en el hoy indeterminado nuevas excepciones a nuestros teoremas sino saber leerlos en los hechos de hoy y del pasado.

Estando a la altura histórica de nuestra tradición, el partido de entonces se dedicó, con limitaciones „solo cuantitativas”, como afirman las Tesis, al impersonal e indispensable trabajo de defensa de la continuidad comunista.

Se postula la forma organizada de tipo partido, propia, desde 1848 al menos, de la organización proletaria consciente, y única, que puede hospedar a la milicia comunista cuando ha podido existir mínimamente. Organización unitaria de partido como unitario es nuestro programa y ausente de choque de intereses contrastantes el mundo por el que luchamos. Del monoliticismo del programa se derivan centralismo y disciplina, que en el partido es, y no puede más que ser espontánea y sentida no como una constricción administrativa o terrorista, sino como el modo natural de vida de un organismo, tejido todo él hacia el mismo fin, conociendo bien el recorrido, la accidentalidad y los peligros que a él conducen; la disciplina en el sentido más fuerte, la orgánica, solo es posible en el partido comunista; por esto en el partido, a diferencia de los organismos de la moribunda sociedad de clase, el reclamo a la disciplina no se sirve de constricciones, solo pudiéndose deducir, en caso de indisciplina no individual, que algo más profundo en el trabajo del partido se está alejando de su curso histórico. Es una tesis nuestra que la lucha política interna y el choque de fracciones puede estar vedada en el partido, estando excluido en la teoría que dentro del movimiento comunista puedan delinearse nuevas escuelas o ideologías: cuando el partido se dividiese en dos formaciones, esto indicaría la fase inmediatamente precedente a la muerte de aquel partido y el nacimiento de una nueva organización que se opone a la degeneración de la vieja, como la historia de nuestro movimiento, antiguo y reciente, muestra en varios momentos.

En el concepto de partido comunista diseñado en las Tesis está también el rechazo de todo localismo y contingentismo en el trabajo de defensa del programa y de propaganda externa, viejos residuos éstos, propios de estratos sociales pequeño burgueses, restringidos al angosto horizonte del círculo, del grupo „de estudio” local, que pretende „recorrer su camino hacia el partido”, nuevas y oblicuas veredas, tortuosas y sin desembocadura, frente a la autopista del viejo y probado método impersonal de partido.

En el partido y solo en el partido se realizan los módulos de relación humana propios de la sociedad futura: con empecinada resistencia a las potentes influencias del ambiente externo solo en el partido se niega la superstición burguesa de la „persona”, falsa abstracción de la burguesía insurgente, con los accesorios mercantiles de las carreras, de los premios y de la concurrencia.

Asumido que la consigna del partido histórico, no „dogma revelado” sino síntesis de la experiencia proletaria pasada, confirmada por los hechos de ayer y de hoy, constituye la línea continua en la cual la organización militante debe conseguir canalizarse, en la Tesis 7 de la Parte IV se remacha:

Cita 3 – Tesis Características del Partido (Tesis de Florencia) – 1951
IV, 7…De ello resulta que el partido prohíbe la libertad personal de elaboración y de elucubración de nuevos esquemas y explicaciones del mundo social contemporáneo: prohíbe la libertad individual de análisis, de crítica y de previsión incluso al más preparado intelectualmente de los adherentes, y defiende la solidez de una teoría que no es el resultado de una fe ciega, sino el contenido de la ciencia de clase proletaria, construido con materiales de siglos, no por el pensamiento de hombres, sino por la fuerza de hechos materiales, reflejados en la conciencia histórica de una clase revolucionaria y cristalizados en su partido. Los hechos materiales no han hecho más que confirmar la doctrina del marxismo revolucionario.

En 1966 se verificó otra separación de fuerzas del partido, mientras que se mantuvo la continuidad de la organización en el afianzamiento de las normas y de relación interna en el partido, sacadas del balance de la degeneración de la Tercera Internacional como está específicamente expresado por las Tesis de 1965-66. Como en 1951 se formó otra organización separada, que se alejó del partido tomando direcciones distintas de la nuestra y de las cuales nunca nos interesó estudiar el rumbo seguido.

Sobre estas bases se ha constituido y ha trabajado el partido identificado en la cabecera de „Programma Comunista” hasta 1973. Entonces, una escisión que definimos „sucia”, deshonesta en cuanto que quien entonces traicionó al partido no tuvo el atrevimiento de proclamar, si no con hechos consumados a engañados militantes, la intención de desviarse del curso trazado, sino ostentando también – y la historia de los partidos formales nos enseña como es la regla para todo revisionismo – una reverencia tan formal como hipócrita por los grandes nombres de los hombres ilustres, y por los principios abstractos colocados en el frigorífico. A diferencia de las separaciones precedentes la de 1973 fue particularmente turbia y sufrida, ya que por primera vez desde 1951 la crisis y el fraccionismo implicaron también al centro directivo de la organización.

En 1973 el hecho material de la expulsión de Programma de una parte significativa de la organización, por si misma provocó la existencia de dos partidos distintos, cada uno de los cuales prosiguió por su camino. La incompatibilidad histórica de las posiciones de la izquierda para coexistir con cualquier oportunismo explica la nitidez de la irrevocable separación. La nueva organización que publica „Il Partito Comunista” y „Comunismo” también tuvo la posibilidad de sacar el balance de la última crisis del partido formal, si bien „se desarrolló al nivel de las gallinas”, pero „más carroñera”, y atacó la desviación como oportunista y fruto de voluntarismo e impaciencia en las directrices prácticas, devolviendo contra los acusadores el estigma de activismo que fue inventado contra nuestra inexistente fracción.

Dado que la posibilidad de existencia del partido no la extraemos mecánicamente del grado de relación de fuerzas entre las clases ni del número de militantes disponibles, sino de la aceptación absoluta por parte de todos del único y monolítico programa de siempre, el pequeño partido continuó el „importante trabajo” emprendido en 1951, impidiendo que defecciones y la aplastante presión del mundo burgués pudiesen romper el „hilo del tiempo” que, continuo y sin desmoronarse, ha pasado de una generación de militantes a otra. En 1973 no se combatió solamente contra algunas desviaciones, o solo acerca de algunas de las cuestiones más discutidas; sino que se defendió sobre todo nuestro mismo concepto de partido comunista, prueba de las pruebas en cuanto que conseguir mantener hoy en vida la organización proletaria consciente es la primera y máxima acción revolucionaria y ardiente derrota teórica para nuestro descollante enemigo.

Desde el momento de la separación con la vieja organización, por consiguiente, no mantenemos con ella ninguna relación ni debemos emitir ningún juicio acerca de su progresivo alejamiento de la Izquierda.

En el último decenio el partido ha „perseverado”, en el sentido de la tesis, „en esculpir los lineamientos de su doctrina, de su acción y de su táctica con unicidad de método, por encima del espacio y del tiempo”, ciertamente que el trabajo del partido sería y será mañana, si consiguiese sobrevivir, un potentísimo factor de aceleración para la reconstrucción del partido en grande de la revolución. No excluimos la posibilidad del renacimiento futuro del partido proletario, en otros países o en otros continentes, donde sea, a través exclusivamente del redescubrimiento y el reestudio de los textos y de la historia. Afirmamos, sin embargo, que este proceso, por lo demás largo y tormentoso, puede ser abreviado enormemente, consiguiendo que sea más directo, también con la presencia de un pequeño partido que transmite el hilo, las normas y las fórmulas sintetizadas y conclusivas, en sentido histórico, de nuestra ciencia.

En una situación social, hoy no peor de la de 1951, el partido se jacta de haber mantenido, a través del más largo reflujo de la revolución mundial, esta „pequeña continuidad” del marxismo de izquierda, y no solo como „tesis y textos” sino como órgano viviente y operante. Privado ya nuestro movimiento de hombres famosos, cuyo genio ya es „inútil” para extraer nuevas iluminaciones, solo en el trabajo colectivo e impersonal del partido es posible buscar la ciencia social proletaria y entrever más allá de la niebla del amorfo ambiente presente.

Consideramos que no tenemos que añadir o modificar nada a nuestras tesis. Fuera de una estúpida „presunción de organización” vacía de contenidos programáticos, típica, por lo demás, de todo oportunismo, incluso reciente, ni aficionados a una organización en sí, remachamos – solos contra una multiforme unión de actualizadores y de repensadores – que reivindicamos la plena y exclusiva continuidad con aquellas tesis y con aquel partido que tuvo el sentimiento revolucionario y la potencia dialéctica de quererse proclamar tal contra los masticadores del racionalismo espontaneista y del escepticismo de los „políticos concretos”.

* * *

La última parte del texto aquí republicado, la quinta, está dedicada al crucial argumento de la táctica, de la acción práctica del Partido en las diversas épocas y en las diversas situaciones geográficas, nudo fundamental que deshacer para el asalto revolucionario, y viceversa, el más delicado y complejo ámbito en el cual la organización de partido se mueve, en el fuego vivo de la lucha social.

Como todo el trabajo, esta quinta parte se presenta con una premisa que encuadra sintéticamente el plan táctico general del Partido, y con una amplia serie de citas, articuladas en seis capítulos, de los textos fundamentales del comunismo revolucionario y de nuestra incorrupta tradición de lucha contra el estalinismo y el oportunismo, que demuestran precisamente la invariancia de aquel hilo rojo que corre a lo largo de generaciones de hombres y formaciones políticas.

El campo táctico, a la par que el campo organizativo, del que tratan las partes precedentes del texto, ha sido siempre uno de los puntos de mayor crítica, a partir del cual el Partido ha iniciado los bandazos más peligrosos, y, con la pretensión de que poseyendo „sólidos principios” permitiese cualquier maniobra, o peor aún, de que el manejo de una organización „fuerte y disciplinada” permitiese cualquier pirueta táctica, en pocos años fueron invertidas estructuras nacidas o renacidas sobre bases doctrinarias y organizativas solidísimas, y sin rodeos en la línea de una revolución victoriosa. Que luego la „degringolade” (en francés „voltereta”) táctica esté siempre acompañada de la degeneración de la vida y de la relación en el interior del Partido, con la aparición del fraccionismo desde el vértice, con métodos de compresión organizativa y de verdadera y propia lucha política, es un doloroso corolario de una demostración ahora ya definitiva en la historia secular del órgano partido.

Igualmente, el rígido cuadro en el que la rosa de las eventualidades tácticas puede desarrollarse asegura y refuerza la unidad, la compacidad y por consiguiente la disciplina de la entera formación del Partido, que ya no deberá estar más sometido a las invenciones tácticas de la dirección del movimiento, vinculada ésta también al respeto de normas y pernios vinculantes con el mismo rigor para la base que para el vértice, universalmente aceptadas y conocidas, sobre las cuales el partido mismo se ha formado. Y por tanto no podrá ser demandada la ejecución del plan táctico a consultas asamblearias, ni a confrontaciones de mayorías o minorías, o a jefes de mayor o menor genialidad, sino a un órgano exteriormente anónimo, impersonal y colectivo, obra de toda la formación, tanto más eficiente cuanto más sólidamente se haya vuelto a ligar a aquella tradición y a aquel método histórico, comprendidos y hechos propios por el partido.

Un arco de más de cuarenta años sustenta el „grupo de afirmaciones” recogidas en el primer capítulo, en el potente sentido dialéctico e histórico que le damos a nuestra doctrina, en la cual asumimos la autoridad de los muertos y de los que están por nacer, de los militantes de la revolución que han estado y estarán sobre la piedra angular de la „táctica” que soporta por cierto el tono de la entera vida del partido. El partido vive y „existe” hacia el exterior, hacia la clase que define históricamente, también por su táctica; o sea por el conjunto de las reglas de acción que son, que deben ser, el reflejo, o mejor la ejecución consecuente de su ser, de su programa y de sus principios históricos, más allá de las mutables contingencias históricas o de los jefes más o menos geniales que lo guían.

La táctica no se improvisa, la táctica no puede ser cambiada al placer del jefe de turno o de las imprevistas contingencias del día, fuera de los railes rígidamente trazados por la experiencia histórica del partido, so pena de la destrucción del partido mismo, y la derrota del movimiento revolucionario. Más aún, buena táctica es aquella que no encuentra al partido no preparado para aplicarla, para conseguir que llegue a ser arma de ataque hacia el adversario.

Subrayamos el hecho de que en nuestra y solo en nuestra tesis de la absoluta autonomía del Partido, de la que se habla en el segundo capítulo y en el tercero, que se refiere a las Tesis de Roma, se resumen del modo más completo e inconfundible las características del Partido, que hacen de él un organismo totalmente particular y singular respecto a cualquier otro organismo, no solo proletario, sino que la humanidad entera haya expresado hasta ahora, tanto como para representar en la realidad viviente de hoy el anillo de conjunción entre el comunismo primitivo y el futuro comunismo superior.

El proletariado no tiene necesidad de partidos que solo sean capaces de dirigirlo a nuevas derrotas. El proletariado tiene necesidad del Partido que, habiendo sacado todas las lecciones del pasado, lo sepa guiar a la victoria definitiva contra el capitalismo. He aquí pues la cuestión central de la táctica: solo el partido posee una táctica tal por la que pueda plantear de manera consciente la cuestión de su acción, y es precisamente por esto que, en dadas condiciones históricas, puede desplegar mayor potencia que el mismo estado capitalista. Es conocido que hemos expresado más veces tal característica del Partido, y esta es su singularidad, con el término de „inversión de la praxis” por el cual la relación acción-conciencia se invierte y la acción del órgano Partido puede llegar a ser consciente, cosa negada a cualquier otro organismo y con mayor razón al individuo.

En esto está contenida de modo totalmente evidente la tesis de la absoluta autonomía del Partido, de todos los demás partidos, incluso de los sedicentes proletarios y „revolucionarios”: si el partido se mezclase, con otros organismos su potencia resultaría inevitablemente debilitada, en cuanto que el incremento numérico de los adherentes limitaría su compacidad y unicidad. Es obvio también, que la exigencia de la absoluta autonomía del partido es indispensable no solo en las áreas geohistóricas de revolución directa, sino también en las de doble revolución, la única diferencia posible es la relativa a la posibilidad de alianzas revolucionarias en estas últimas que no existe en las primeras.

El núcleo fundamental de la concepción marxista del partido está pues, precisamente, en el hecho de que la actuación consciente le viene atribuida al partido mismo, cuya acción precisamente puede ser prevista y coordinada con los objetivos que se persiguen, precisamente, porque es acción colectiva y no individual; y tampoco de una simple suma numérica de individuos, sino de una colectividad, que entrelazándose unitariamente, precisamente en la acción de partido, a toda la experiencia histórica del proletariado, expresa una potencia centuplicada respecto a su simple expresión numérica. En consecuencia, esto presupone que la acción del partido esté caracterizada por una sustancial unicidad en el comportamiento de sus miembros, cosa solo posible si las exigencias de la acción „expuestas en claras reglas de acción”, a las cuales pueden llegar a adecuarse todos los adherentes independientemente de sus conocimientos individuales.

Resultando así definidos de modo preciso dos caracteres ambos esenciales, de la naturaleza del partido:
– el de la precisión, de la claridad y de la absoluta autonomía de su plan táctico;
– el de la prefiguración de la futura sociedad comunista, hoy ya viviente en las relaciones de partido.

Un partido similar no se improvisa, sino que solo puede ser el resultado de un largo y difícil trabajo en todos los planos: en el primario de la defensa y continua apropiación de la teoría, en el de la acción y participación coherente en toda lucha proletaria, en el de la consideración fraternal de todos los compañeros. Por todo esto y por ningún otro motivo puede ser comprometida su absoluta autonomía en relación a cualquier otro partido o movimiento, porque significaría negar al proletariado al único apoyo en la reanudación de su lucha revolucionaria, y el único órgano capaz de guiarlo hacia la victoria sobre el monstruo capitalista.

Tesis central, propuesta nuevamente en el cuarto capítulo con una mínima selección de citas de nuestra documentación que se remonta al arco de tiempo que va de 1922 a 1945, es aquella que para el plan táctico del partido ya está excluida la posibilidad de puesta en práctica del frente único, o sea de la convergencia de las directrices de acción proletaria comunistas y de la actividad de los propios militantes con los de otros partidos, fuera de un ámbito muy preciso: como contenido fuera de la acción directa proletaria; acción, es decir movimiento efectivo, no declaraciones ideológicas y pura propaganda; directa, o sea según los métodos de la lucha de clase, no parlamentaria, pacifista o de opinión; proletaria, o sea que reivindica objetivos proletarios y moviliza al proletariado separado de las otras clases. Como forma, por lo demás, no fuera de la organización sindical, el frente único siendo ya posible no entre el partido comunista y los otros partidos, sino realizado en la práctica solo entre las fracciones sindicales presentes en las organizaciones de lucha. Base de esta táctica es la previsión materialista de que «la defensa de los intereses inmediatos no se puede hacer más que preparando y realizando la ofensiva en todos sus desarrollos revolucionarios».

Fuera de este ámbito, determinante en el curso de la reanudación revolucionaria pero netamente definido, «el partido rechaza las maniobras, las combinaciones, las alianzas y los bloques que tradicionalmente se forman sobre la base de postulados y consignas de agitación contingentes, comunes a varios partidos», y, fuera de la acción directa proletaria y de la sindical, el partido no puede converger con otros partidos en directrices tácticas «que conlleven actitudes y consignas aceptables por movimientos políticos oportunistas».

Por tanto, las tesis pasan a condenar las equivocadas extensiones de la táctica del frente único por parte de los partidos degenerados de la Tercera Internacional, en el campo de la convergencia entre partidos „proletarios” o „revolucionarios” y por objetivos declaradamente gubernamentales o parlamentarios.

No juzgamos a los partidos por lo que dicen ser y tampoco sobre la base de sus clases de reclutamiento: los partidos que hoy reclutan proletarios, fuera del partido comunista, son partidos burgueses, no solo anti-revolucionarios y anti-comunistas, sino también anti-proletarios.

Si puede ser verdad que no todos los gobiernos son iguales para los efectos de la lucha de clase, debe tomarse en consideración el que a menudo el advenimiento de un gobierno „de izquierda” ha tenido efectos destructivos en el movimiento revolucionario peores que un gobierno declaradamente burgués, y que si se puede considerar útil que los socialdemócratas se desenmascaren ante los proletarios elevándose en primera persona a las cumbres gubernativas, esto será verdad solo si el partido revolucionario no se hubiese comprometido precedentemente en la operación, y no hubiese ilusionado a los proletarios, empujándoles a batirse por ese gobierno, si se hubiese mantenido fuera y hubiese propagado ampliamente la posición opuesta de lucha y de organización.

Las directrices tácticas comunistas, referentes al frente único, tienen no un cáracter moral, ético o estético, sino esencialmente histórico. Afirmábamos:

Cita 4 – Naturaleza, función y táctica del partido revolucionario de la clase obrera – 1947
… En el periodo en que la clase capitalista todavía no había iniciado su ciclo liberal, que todavía debía derrocar al viejo poder feudal, o que incluso debía recorrer aún, en países importantes, etapas y fases notables de su expansión, todavía liberalizadoras en los procesos económicos, y democrática en la función estatal, era comprensible y admisible una alianza transitoria de los comunistas con aquellos partidos que, en el primer caso, eran abiertamente revolucionarios, antilegalitarios y organizados para la lucha armada, en el segundo caso aún asumían una tarea que aseguraba condiciones útiles y realmente „progresivas” para que el régimen capitalista acelerase el ciclo que debe conducir a su caída…
En consecuencia, la táctica de las alianzas insurreccionales contra los viejos regímenes se cerró históricamente con el gran acontecimiento de la revolución en Rusia, que eliminó el último e imponente aparato estatal y militar de carácter no capitalista.
Después de tal fase,la posibilidad aunque sólo sea teórica de la táctica de los bloques debe considerarse formal y centralmente denunciada por el movimiento internacional revolucionario.

Por cuanto se refiere a las áreas de doble revolución, posteriormente desarrollábamos:

Cita 5 – La Plataforma política del Partido Comunista Internacional – 1945
21 -…En el cuadro de la presente historia mundial, si por ventura una residual función le compitiese a grupos burgueses democráticos, por la parcial y eventual supervivencia de exigencias de liberación nacional, de liquidación de islotes atrasados, feudales, y de similares restos de la historia, tal tarea sería desarrollada de manera más decidida y conclusiva, para dar lugar al ciclo ulterior de la crisis burguesa, no con un acomodamiento pasivo y abdicante del movimiento comunista a esos postulados no propios, sino en virtud de una implacable y constante oposición de los proletarios comunistas contra la incurable flaqueza y lentitud de los grupos pequeñoburgueses y de los partidos burgueses de izquierda.

Desde 1945 en adelante la tesis, muy evidenciada en „Naturaleza, función y táctica del partido…”, de que la fase atravesada por el poder capitalista presenta características peculiares en economía y política que hacen de él la última del unitario y maloliente modo de producción capitalista, es una tesis exclusiva de nuestro Partido. Tal fase, iniciada al final del siglo pasado y plenamente desplegada con la primera guerra mundial, en verdad tiene características peculiares, aunque no modifican el modo de producción, en cuanto que no representan más que el desarrollo de ciertas cualidades ya presentes en la primera fase del poder capitalista, la liberaldemocrática. En economía prevalece, en la primera fase, la libre concurrencia, aunque por su naturaleza el desarrollo de la libre concurrencia llevará al monopolio, que caracteriza la fase imperialista. Y así en política, aun con un desfase temporal dependiente del hecho de que el andamiaje político-jurídico es más lento en el cambio de la estructura económica, tenemos el pasaje del estado multipartidista demoliberal al estado totalitario, transformación que tiene lugar en su totalidad con la primera guerra mundial. Nuestra tesis, en este texto confirmada con las citas del quinto capítulo, es que desde entonces «el mundo capitalista durante todo el arco de su supervivencia ya no podrá ordenarse en formas liberales, sino que cada vez más estará basado en monstruosas unidades estatales, despiadada expresión de la concentración económica».

Con la fase imperialista tenemos pues el ordenamiento en forma totalitaria de todos los estados, tanto de aquellos que mantienen las formas del Estado liberal, como de aquellos abiertamente fascistas. El retorno a las formas liberales de los Estados ex-fascistas después de la segunda guerra mundial no es un retorno al Estado liberal de la primera fase, sino que el Estado democrático posfascista mantiene sustancialmente, aun ostentando la forma liberal, las características totalitarias que se expresan a través de un estricto control social, una dirección política unitaria, un andamiaje jerárquico fuertemente centralizado.

Las dos fases (omitimos aquí la fase en la que la burguesía revolucionaria lucha contra el régimen feudal) están caracterizadas por una actitud distinta de la burguesía hacia el proletariado: en la primera fase, la burguesía tiene un comportamiento defensivo contra el proletariado revolucionario, en la segunda, la burguesía pasa a la ofensiva porque solo controlando al proletariado con concesiones económicas por un lado, con el sometimiento político por otro, puede impedirle las tentativas revolucionarias.

He ahí por qué, con gran sorpresa y desdén de todos los intelectuales seudorrevolucionarios, nosotros no consideramos en absoluto a la democracia como „valor supremo” a defender contra el fascismo (por el contrario este último es menos peligroso para la revolución en cuanto que no esconde el uso de la violencia directa): en efecto, nuestra serie no es fascismo, democracia, socialismo, sino democracia, fascismo, dictadura del proletariado.

Una de las cuestiones tácticas que tuvieron mayor relieve en el periodo que siguió inmediatamente a la constitución de la Internacional Comunista, fue la relativa a la participación de los Partidos Comunistas en las elecciones democráticas, afrontada aquí en el sexto capítulo. Dicha cuestión, como es conocido, fue ampliamente discutida en el segundo Congreso de la I.C., y la Izquierda, después de haber defendido las razones del abstencionismo, aplicó las tesis de Lenin sobre el así llamado „parlamentarismo”. La prueba histórica de cuanto ya entonces sostenía la Izquierda, o sea que una táctica de ese tipo, aún dirigida con indudables intenciones revolucionarias (Lenin consideraba que fuese el mejor medio para destruir el parlamento burgués), por el contrario, habría acabado contagiando y haciendo degenerar a los mismos partidos comunistas que se acababan de formar e incluso se estaban formando, como el italiano, todavía consumarse como luego se ha consumado ampliamente. Entonces, le fue posible a la Izquierda aceptar con disciplina una táctica que consideraba y que era equivocada, que era posible corregir siempre a través de las inevitables verificaciones históricas sucesivas: entonces lo importante y lo esencial era la formación del Partido revolucionario sobre bases de indiscutible fidelidad a la doctrina marxista como tuvo lugar precisamente en el Segundo Congreso de la Internacional.

Todo esto, ahora ya, prueba ampliamente que el único modo de plantear el problema de la táctica con fidelidad a los principios revolucionarios es aquel que la Izquierda defendía ya en los primeros años de vida de la Internacional: hay una estrecha conexión entre las normas tácticas y las directrices programáticas, por la cual las primeras, las normas tácticas están previstas y delimitadas, deduciéndolas de los principios y del examen de la situación histórica.

La Izquierda sostenía que la táctica del „parlamentarismo revolucionario” había llegado a ser inadecuada con la situación histórica que se abrió con la primera guerra mundial. Con la guerra imperialista, la burguesía se había desenmascarado definitivamente, su actitud en las confrontaciones con el proletariado era ya definitivamente de ofensiva, basada exclusivamente en el uso abierto de la violencia, y por tanto toda táctica „parlamentarista”, que precedentemente se fundaba en la función progresiva de la parte más radical de la misma burguesía, se había agotado completamente, y desde entonces está agotada para todo el ciclo histórico que concluirá con la revolución proletaria mundial.

La lucha por el Parlamento había sido, sin rodeos, la bandera de la burguesía revolucionaria contra los Estados absolutistas feudales, y en tal lucha el proletariado había sido su aliado más decidido, a pesar de que el parlamento no encarne y no haya encarnado nunca la forma del poder proletario, como la Comuna y el soviet han demostrado después.

En el periodo del desarrollo pacífico del capitalismo, de finales del siglo XIX y de principios del XX, los jóvenes partidos socialistas participaron, con táctica revolucionaria justa, en las elecciones democráticas, para conquistar mayor influencia en la clase proletaria, no desdeñando utilizar la legalidad burguesa para tal objetivo. Esto se basaba en la posibilidad de luchar no solo por objetivos de mejora de las condiciones económicas proletarias, sino también por ciertas realizaciones políticas, en las cuales también estaba interesada la parte más radical y progresiva de la misma burguesía. Tal táctica, sin embargo, como está afirmado claramente por Engels en la fundación de la II Internacional, no le atribuía ningún valor en sí mismo a las eventuales conquistas (cuando sucede esto, estamos en plena degeneración reformista), sino que estaba enfocada exclusivamente hacia el reforzamiento del movimiento revolucionario a la espera de que fuese la burguesía misma la que se bajase al terreno revolucionario abandonando la legalidad, obligada a ello por ineluctables necesidades materiales. La burguesía mundial ha descendido a este terreno, y definitivamente, precisamente en 1914: el proletariado mundial ha perdido entonces una importante batalla, pero la guerra histórica de clase está todavía abierta y el proletariado mundial podrá prevalecer definitivamente, volviendo a encontrar su órgano natural, el Partido de clase.

Los acontecimientos y las mismas derrotas proletarias de este siglo no han acontecido en vano, y el Partido hoy, «permaneciendo este estado de cosas y las actuales relaciones de fuerza, se desinteresa de las elecciones democráticas de todo género y no ejerce su actividad en tal campo».

Y hoy, como frente a Lenin, esta posición nuestra no se deriva de errores teóricos antimarxistas de tipo anarco-sindicalista, sino de una exigencia práctica, táctica y organizativa: todo partido, aunque sea el más revolucionario posible e imaginable, está destinado a degenerar si participa en el electoralismo (nos referimos al electoralismo estatal y no al eventual método electivo en las organizaciones económicas solo de proletarios), en cuanto a hoy, en la época plenamente imperialista, «el electoralismo solo es pensable en función de la promesa del poder, de franjas de poder».

PREMISA – Junio de 1974

El texto que sigue, como las cartas-circulares que lo preceden, está dirigido exclusivamente a los miembros del partido, aunque nos han llegado distintas peticiones, por parte de ex y de desconocidos, para obtener „textos”. Está claro que no hemos satisfecho ninguna curiosidad, por otra parte solicitada por los afamados „comunicados” aparecidos en „Il Programma Comunista” de estos últimos meses y que han culminado con la „congelada intimidación” que hay que inscribir en el museo de las monstruosidades.

Este trabajo es una modesta contribución, desarrollado según el bosquejo propuesto hace algunos años, rechazado por el Centro como si hubiese sido un cúmulo de blasfemias y de crímenes. Si la „brújula” no estuviese loca, el texto habría aparecido en las columnas de „Il Programma Comunista”, seguramente en el lugar de los equívocos artículos sobre „organización”.

Los compañeros notarán que las nueve décimas partes del trabajo están constituidas por fragmentos de nuestros textos fundamentales, alineados por argumento, a lo largo del arco de sesenta años, como prueba de la continuidad y de la invariabilidad de las posiciones de la Izquierda Comunista, siempre fiel al marxismo revolucionario.

El esfuerzo no termina aquí. Queda por estudiar a Marx y Lenin. Sin embargo, el trabajo ya está avanzado y será objeto cuanto antes de un segundo fascículo.

Puesto que la Izquierda Comunista es la continuadora de la tradición que lleva los nombres de Marx y Lenin, sería suficiente con referirse a ella; pero, con los tiempos que corren, en que las falsificaciones, las manipulaciones y las interpretaciones arbitrarias se llevan a cabo cuando y de quien menos te lo esperas, para quien está obligado a remontarse ab ovo para cada cuestión individual, el „hilo del tiempo” viene aferrado lo más lejos posible; que por lo demás ha sido siempre nuestro clásico método.

El texto, por consiguiente, se vuelve a proponer solamente una afirmación correcta de los postulados conocidos por todos y por todos anteriormente aceptados, aunque no siempre compartidos, para los que han trabajado viejas y nuevas generaciones de militantes, con la intención de fortificar y dilatar la organización combatiente de partido que con este continuo e incansable trabajo se desarrollaba cada vez más.

El camino a recorrer es éste. No existen otros. No hay „decisiones nuevas” que tomar, „reestructuraciones” que efectuar, „modificaciones” que aportar, bajo el aparente y siempre dudoso pretexto de „nuevas situaciones” que están encima. El partido crea sus órganos para la acción, a medida que la acción lo requiere en las múltiples formas de su desarrollo; los modifica o los sustituye por otros más idóneos, por necesidad orgánica, y no con la pretensión de que la perfección o el automatismo de estos organismos subrogue la justeza de la acción, como si casi todo se debiese reducir a organización, error este de tipo activista en el campo organizativo. La organización no se constituye „in vitro”, en el falaz laboratorio del cerebro, independientemente del desenvolvimiento real de la lucha de clase. Habríamos creado un gracioso modelito de partido, más que un verdadero partido, „compacto y potente”, que se forja sus instrumentos de batalla en el fuego de los choques sociales.

Perseguir el perfeccionamiento y el automatismo paroxistico implica el error, varias veces revelado por la Izquierda en la Internacional, que desde el campo de la organización ataca el de la táctica y también el de la naturaleza y de las funciones del partido; o sea, el error de que con una fuerte organización (donde „fuerte” significa subordinada a cualquier centralismo y disponible para cualquier maniobra) todo se pueda hacer. Dadnos una organización „bolchevique” y todo será lícito. Construyamos un partido disciplinado a toda prueba y la victoria estará asegurada.

Con la Izquierda sabemos, por cierto, que el partido se modifica bajo el impulso de su misma acción, por la que a la indiscriminación de la táctica corresponde la diferenciación de la organización. Es ineluctable, entonces, que el „modelito” perfecto se rompa en mil pedazos. Por ejemplo, no se puede considerar lícito, aunque fuese como excepción, el reconocimiento, aun episódico, del eleccionismo, pensando que no se dañará la naturaleza, la función y la estructura antidemocrática del partido. Un ejemplo más, de carácter „interno”: no se puede desencadenar hoy impunemente la „lucha política” en la organización, sin pensar que este modo de funcionar no llegue a ser el „normal”, la forma útil para la solución de cualquier problema, consiguiente y periódica ruptura de la organización. Se caería en el muy conocido „fraccionismo desde arriba”. Considerar esto „leninismo” es hacer una caricatura del leninismo.

El funcionamiento correcto del partido no puede ser confiado a estructuras organizativas especiales ni a la utilización de medios políticos dentro de la organización.

No es sobre la organización donde reposa la fuerza del partido. Sino que la fórmula correcta es: la organización es fuerte y funcional en la medida en que se adhiere cada vez más estrechamente al programa, y en consecuencia, desarrolla la „política revolucionaria justa”. Lo contrario, es decir, que se tiene una „justa política revolucionaria” y una adhesión estrecha al „programa” en la medida en que la organización es „fuerte” y „funcional”, es falso. Es Stalin. Es una de las características del oportunismo.

Así asistiríamos al fenómeno de la „bolchevización” a la inversa. Entonces, las distorsiones en la cuestión de organización concluyeron en los errores en el campo táctico; ahora estas distorsiones permitirían los errores tácticos. Y recordando la influencia recíproca entre los dos tipos de cuestiones, asistiríamos a una progresiva desbandada del partido en todos los campos.

Creemos que este proceso de deslizamiento no deba considerarse irreversible, a condición de que desde el partido provengan reacciones sanas que lo induzcan a retornar sobre sus posiciones correctas. En este sentido dirigimos nuestro esfuerzo, en cuya potenciación los compañeros de la Izquierda deben considerarse comprometidos.

Cuanto está expuesto en esta „presentación”, como introducción a los respectivos grupos de citas, viene deducido directamente de los textos, y cualquier compañero podrá constatar serenamente que no se sacan conclusiones arbitrarias ni polémicas.

Todo está previsto y requetesabido. Al mismo tiempo estamos convencidos de que se puede hacer mejor. Es esta nuestra modesta contribución de tiempo, de trabajo y de pasión revolucionaria.

Para concluir, no es de polémica ni de „lucha política” entre compañeros de lo que necesita el partido para su mejor equipamiento revolucionario.

Con el trabajo colectivo, con el concurso de todas sus fuerzas, bajo la „dictadura del programa”, el partido se refuerza, desde el vértice a la base, se amalgaman todas sus fibras para tender, desde el indispensable minimum de la „disciplina ejecutiva”, al optimum de la „convicción”.

PREMISA – Septiembre 1974

El texto que sigue, vuelve a proponer, a través de citas tomadas de los textos más importantes, en el arco de más de cincuenta años (1912-1970), la concepción marxista del Partido, de sus tareas, de sus funciones, de su dinámica orgánica, que la Izquierda Comunista de Italia, la única en haberse mantenido, bajo los golpes de la contrarrevolución estalinista y del no menos fétido pos-estalinismo, en la línea de Marx, de Lenin y de la III Internacional, ha defendido constantemente y restaurado contra todo intento de desviaciones, codificándola en tesis y textos, que constituyen el resultado objetivo de la experiencia histórica de la lucha proletaria y del movimiento comunista mundial.

El texto presenta las citas colocadas en orden cronológico y subdivididas por argumentos. Cada capítulo lleva una premisa que sirve para encuadrar las citas y para poner de relieve las implicaciones y las consecuencias del pensamiento que expresan. La subdivisión en capítulos y la titulación de los mismos, tienen un carácter puramente técnico e instrumental, constituyendo en realidad las enunciaciones contenidas en cada parte un bloque unitario e inseparable de posiciones que corren en perfecta continuidad sobre el hilo del tiempo.

La mayor parte de las citas está sacada de los siguientes textos, a cuya lectura integral remitimos al lector y al militante:

– Tesis sobre la función del partido comunista en la revolución proletaria – 1920. – Partido y clase – 1921. – Partido y acción de clase – 1921. – El principio democrático – 1922. – La táctica de la Internacional Comunista – 1922. – Tesis de Roma – 1922. – Tesis del PC de Italia al IV congreso de la IC – 1922. – Organización y disciplina comunista – 1924. – Moción de la Izquierda del PC de Italia en la Conferencia Nacional de Como – 1924. – Lenin en el camino de la revolución – 1924. – Discursos y mociones de la Izquierda en el V congreso de la IC – 1924. – La plataforma de la Izquierda – 1925. – El peligro oportunista y la Internacional – 1925. – Tesis de Lyon – 1926. – Discurso del representante de la Izquierda en la VI sesión del Ejecutivo Ampliado de 1926. – Plataforma política del partido – 1945. – Las perspectivas de la posguerra en relación con la plataforma del partido – 1946. – El ciclo histórico del dominio político de la burguesía – 1947. – El curso histórico del movimiento de clase del proletariado – 1947 – Naturaleza, función y táctica del partido revolucionario de la clase obrera – 1947. – Fuerza, violencia y dictadura en la lucha de clase – 1948. – Normas organizativas generales – 1949. – Tesis características del partido – 1951. – Enderezar las patas a los perros – 1952. – Politique d’abord – 1952. – El cadáver todavía camina – 1953. – El „battilocchio” en la historia – 1953. – Graznido de la praxis – 1953. – Presión „racial” del campesinado… – 1953. – Rusia y revolución en la teoría marxista – 1955. – Diálogo con los muertos – 1956. – Estructura económica y social de Rusia… – 1957. – Apuntes para las tesis sobre la cuestión de organización – 1964. – Consideraciones sobre la orgánica actividad del Partido… – 1965. – Tesis sobre la tarea histórica, la acción y la estructura del PC mundial… – 1965. – Tesis suplementarias sobre la tarea histórica… – 1966. – La continuidad de acción del Partido sobre el hilo de la tradición de la Izquierda – 1967. – Premisas al volumen „En defensa de la continuidad del Programa Comunista” – 1970.

Como se ve, es todo el patrimonio histórico de la Izquierda Comunista y del Partido Comunista Internacional resurgido sobre la base de sus posiciones en 1952 que viene reivindicado y propuesto de nuevo integralmente.

La necesidad de la reproposición global de este patrimonio histórico está conectada a las vicisitudes que han afligido en los últimos años a la organización del Partido Comunista Internacional, haciendo necesario el nacimiento de la nueva cabecera „Il Partito Comunista” como punto de referencia organizativo para todos aquellos que entienden militar en las posiciones de la Izquierda; en la más absoluta fidelidad a las cuales ha nacido, se ha desarrollado y solamente puede vivir el Partido Comunista Internacional, es decir, solamente sobre estas bases, las únicas correctamente marxistas, puede organizarse el Partido Comunista Mundial compacto y potente, que es el órgano indispensable de la revolución proletaria y de la sucesiva dictadura de clase.

PARTE I

CAP. 1 – CENTRALISMO Y DISCIPLINA, BASES DE LA ORGANIZACIÓN DEL PARTIDO

Al afrontar el problema de las características que presenta el órgano partido, debemos remachar en primer lugar la tesis siguiente, que distingue a la verdadera y única visión marxista del problema: el partido político de clase es el órgano indispensable para dirigir la lucha proletaria, antes, durante y después de la revolución violenta y la conquista del poder. El partido es el único órgano que puede ejercer la dictadura de la clase proletaria, que por ello, en la visión marxista correcta, no se requiere a otras formas de organización del proletariado aun si comprendiesen únicamente proletarios (sindicatos, soviets y cualquier otro tipo de organización inmediata de los proletarios). El partido político de clase ejercerá pues, en exclusiva y directamente la dictadura, manejará las palancas del Estado dictatorial del proletariado, sometiendo a su dirección y a su disciplina a todas las otras formas de organización del proletariado, las cuales pueden tener una función revolucionaria solo en cuanto están influenciadas y dirigidas por el partido. En la concepción marxista, desde el Manifiesto de 1848, es el mismo proletariado el que se convierte en clase solamente cuando surge su partido político. Sin el partido la clase, es un puro elemento estadístico, pero es incapaz de acción unitaria para finalidades revolucionarias, en cuanto que solo desde el partido puede venirle la conciencia de sus intereses históricos generales y de sus finalidades. La conciencia de la clase solo está en su partido, no en los proletarios tomados individualmente, ni como masa estadística. Todos estos conceptos se encuentran en Marx, en Lenin y en toda la tradición del movimiento comunista revolucionario.

Escribíamos:

Cita 6 – Partido y clase – 1921
   …El concepto de clase no debe suscitar en nosotros una imagen estática, sino una imagen dinámica. Cuando divisamos una tendencia social, un movimiento para finalidades dadas, entonces podemos reconocer la existencia de una clase en el verdadero sentido de la palabra. Pero entonces existe, en modo sustancial si no todavía en modo formal, el partido de clase.
    Un partido vive cuando viven una doctrina y un método de acción. Un partido es una escuela de pensamiento político y por consiguiente, una organización de lucha. El primero es un hecho de conciencia, el segundo es un hecho de voluntad, más precisamente de tendencia a una finalidad.
Sin estos dos caracteres nosotros no poseemos todavía la definición de una clase. Repetimos, el frío registrador de datos puede constatar afinidades y circunstancias de vida en agrupaciones más o menos amplias, pero ninguna huella queda registrada en el devenir de la historia.
    Y esos dos caracteres no pueden tenerse más que en el partido de clase, condensados, concretados…
… Recogiendo a una parte de la clase, es pues solo el partido el que le da la unidad de acción y de movimiento, porque reagrupa a aquellos elementos que, superando los límites de categoría y localidad, sienten y representan a la clase.
   …Pero por poco que se piense que en aquella gran masa restante los individuos no tienen aún conciencia y voluntad de clase, viven para el propio egoísmo, para la categoría, para la patria chica, para la nación, se verá que con el objetivo de asegurar la acción de conjunto de la clase en el movimiento histórico, hace falta un organismo que la anime, la cimente, la preceda, la encuadre – es la palabra –; se verá que el partido es en realidad el núcleo vital, sin el cual toda la masa restante ya no tendría ningún motivo para ser considerada como un haz de fuerzas.
    La clase presupone el partido – porque para ser y moverse en la historia la clase debe tener una doctrina crítica de la historia y una finalidad que alcanzar en ella.
    La verdadera y la única concepción revolucionaria de la acción de clase está en la delegación de la dirección de ésta al partido. El análisis doctrinal, y un cúmulo de experiencias históricas, nos permiten reducir fácilmente a las ideologías pequeño burguesas y antirrevolucionarias de cualquier tendencia para negar y contrastar la necesidad y la prioridad de la función del partido.

Es una evidente tesis marxista, que se deriva necesariamente de toda nuestra visión teórica y de su inevitable consecuencia – la función primaria del partido – que el partido debe poseer una organización centralizada y disciplinada. La organización debe realizar una unidad estrechísima de movimiento en el espacio y en el tiempo. Y esto significa que la organización del partido debe poseer órganos de dirección y de coordinación de toda la acción, a cuyas órdenes deben absoluta disciplina todos sus adherentes. Sería completamente absurdo y contradiría cuanto hemos dicho sobre la función del partido la admisión de cualquier autonomía de las distintas secciones locales o nacionales, de cualquier „libertad” en la acción por parte de individuos o de grupos dentro del partido. En el partido comunista todos los militantes son mantenidos en la máxima disciplina hacia las disposiciones centrales, a la ejecución de las órdenes provenientes del centro de la organización.

CITAS

Exponemos a continuación las citas que demuestran que precisamente este haya sido siempre el pensamiento de la Izquierda Comunista y de nuestro partido en línea con Marx y Lenin, en lucha abierta contra espontaneistas, anarquistas y autónomos de todo género que siempre han apestado al movimiento obrero.

7 – Tesis sobre la función del partido comunista en la revolución proletaria. 2° Congreso de la IC – 1920
    13 -…El partido comunista debe ser construido sobre la base de una inquebrantable centralización proletaria… El partido comunista debe establecer también en sus filas una disciplina severa y militar… Sin la más fuerte disciplina, sin una centralización completa, sin una plena confianza de camaradería de todas las organizaciones de partido en el centro dirigente del partido mismo, la victoria de los trabajadores es imposible.
    14 -…El carácter absolutamente vinculante de todas las directrices de los órganos superiores para los inferiores, y la existencia de un fuerte centro del partido, cuya autoridad no puede… ser contestada por nadie, son principios esenciales de la centralización.
    15…(El partido comunista) debe conceder a su centro dirigente el derecho de tomar cuando sea necesario, decisiones importantes y obligatorias para todos los miembros del partido.
    16 -…La reivindicación de una amplia „autonomía” para las organizaciones locales del partido no puede… más que debilitar las filas del partido comunista.

8 – Partido y clase – 1921
   …Un partido vive cuando viven una doctrina y un método de acción. Un partido es una escuela de pensamiento político y por consiguiente, una organización de lucha. El primero es un hecho de conciencia, el segundo es un hecho de voluntad, más exactamente de tendencia hacia una finalidad…
    La revolución exige un organigrama de fuerzas activas y positivas, ligadas por una doctrina y por una finalidad… La clase parte de una homogeneidad inmediata de condiciones económicas que se nos presenta como el primer motor de la tendencia a superar, para quebrantar el actual sistema productivo, pero para asumir esta parte grandiosa debe tener su pensamiento, su método crítico, su voluntad, que mire hacia aquellas realizaciones que la indagación y la crítica han indicado, su organización de combate que canalice y utilice con el mejor rendimiento los esfuerzos y los sacrificios. Y en todo esto está el partido.

9 – Partido y acción de clase – 1921
   …Un organismo que como el partido político posea por una parte una visión histórica general del proceso de la revolución y de sus exigencias, por otra una severa disciplina organizativa que asegure la subordinación de todas las funciones particulares al fin general de clase…
    La tarea indispensable del partido se explica pues de dos modos, como hecho de conciencia primero, y luego como hecho de voluntad, traduciéndose la primera en una concepción teórica del proceso revolucionario, que debe ser común a todos los adherentes; la segunda en la aceptación de una precisa disciplina que asegure la coordinación y por tanto, el éxito de la acción.

10 – El principio democrático – 1922
   …La democracia no puede ser para nosotros un principio; el centralismo indudablemente lo es, puesto que los caracteres esenciales de la organización del partido deben ser la unidad de estructura y de movimiento.

11 – Tesis sobre la táctica al II Congreso del PC de Italia (Tesis de Roma) – 1922
    I.2 – La integración de todos los impulsos elementales en una acción unitaria se manifiesta a través de dos factores principales: uno de conciencia crítica, del que el partido extrae su programa, el otro de voluntad que se expresa en la organización disciplinada y centralizada del partido, que es el instrumento de su acción.

12 – Tesis sobre la táctica del PC de Italia al IV congreso de la IC – 1922
   …La Internacional Comunista, para responder a su tarea de unificación en la lucha del proletariado de todos los países hacia el objetivo final de la revolución mundial, debe ante todo, asegurar la propia unidad de programa y de organización. Todas las secciones y todos los militantes de la Internacional Comunista deben estar comprometidos por su adhesión de principio al programa común de la Internacional Comunista.
    La organización internacional, eliminando todos los vestigios de federalismo de la vieja Internacional, debe asegurar el máximo de centralización y de disciplina.

13 – Normas orientativas generales – 1949
   …Las fuerzas de la periferia del partido y todos sus adherentes se mantienen en la práctica del movimiento sin tomar decisiones e iniciativas locales y contingentes de acción que no provengan de los órganos centrales, y sin dar a los problemas tácticos soluciones distintas de aquellas defendidas por todo el partido. Correspondientemente, los órganos directivos y centrales no pueden ni deben en sus decisiones y comunicaciones válidas para todo el partido abandonar los principios teóricos ni modificar los medios de acción táctica, ni siquiera con el motivo de que las situaciones hayan presentado hechos inesperados o no previstos en las perspectivas del partido. A falta de estos dos procesos recíprocos y complementarios no sirven recursos estatutarios, sino que se determinan las crisis de las que la historia del movimiento proletario ofrece no pocos ejemplos.
    En consecuencia el partido, mientras pide la participación de todos los adherentes al continuo proceso de elaboración que consiste en el análisis de los acontecimientos y de los hechos sociales, y en el precisar las tareas y métodos de acciós apropiados, y realiza tal participación en los modos más adecuados, ya sea con órganos específicos como con las generales o periódicas consultas congresuales, no permite, en absoluto, que en su seno grupos de adherentes puedan reunirse en organizaciones y fracciones distintas y desarrollen su trabajo de estudio y de contribución redes de enlace, de correspondencia y de divulgación interna y externa distinta de la unitaria del partido.

14 – Marxismo y autoridad – 1956
    29 -…Ningún marxista puede discutir, en absoluto, sobre la exigencia del centralismo. El partido no puede existir si se admite que varios pedazos puedan operar cada uno por su cuenta. Ninguna autonomía de las organizaciones locales en el método político. Estas son viejas luchas que ya se condujeron en el seno de los partidos de la II Internacional, por ejemplo, contra la autodecisión del grupo parlamentario del partido en su actividad, contra el caso por caso para las secciones locales o las federaciones, en los municipios y en las provincias, contra la acción caso por caso de los miembros del partido en las distintas organizaciones económicas, etc.

15 – El „extremismo” condena de futuros renegados – 1961
    14 -…Antes de que Lenin explique la vital necesidad del factor disciplina, desde tantas partes sospechado y contestado, y defina el sentido de la disciplina en el partido y en la clase, citamos un periodo que llegará un poco más adelante, y que al concepto-base comunista de la disciplina coloca en paralelo el otro no menos esencial de la centralización, pieza clave de toda construcción marxista. „Repito: la experiencia de la victoriosa dictadura del proletariado en Rusia ha mostrado la evidencia, a aquellos que no saben pensar o no han debido nunca meditar sobre este problema, que una centralización absoluta y la más severa disciplina del proletariado son condiciones esenciales para la victoria sobre la burguesía”.
    Lenin sabe que en aquella época, incluso en elementos que se autodefinían de izquierda, existían dudas sobre estas dos fórmulas que siempre han tenido sabor fuertemente agrio: „centralización absoluta” y „disciplina férrea”.
    La resistencia a estas fórmulas se deriva de la ideología burguesa difundida en la pequeña burguesía, y por esta arrojada peligrosamente entre el proletariado, verdadero peligro contra el cual ha sido levantado este escrito clásico.

16 – Apuntes para las tesis sobre la cuestión de la organización – 1964
    1 -…Tal corriente estaba fuertemente representada en el II Congreso, especialmente por los ingleses, americanos, holandeses y también por sindicalistas franceses e incluso por anarquistas españoles. La Izquierda comunista italiana tuvo que diferenciarse enseguida de estas corrientes que, además de no comprender las tesis sobre el partido, también digerían mal las relativas a la centralización y a la estrecha disciplina, entonces afirmada también vigorosamente por Zinoviev.

17 – Las tesis vistas por nosotros entonces y hoy – 1965
   …En la concepción de la Izquierda del centralismo orgánico, los mismos congresos no deben decidir sobre el juicio del trabajo del centro y la elección de hombres, sino sobre cuestiones de rumbo, en modo coherente con la invariable doctrina histórica del partido mundial.

CAP. 2 – CENTRALISMO TOUT-COURT

Lenin usó, para definir la estructura y la dinámica del órgano partido, la fórmula del „centralismo democrático”. Esta fórmula exactísima para describir a los partidos de la II Internacional, resultó inadecuada para nuestra corriente e imperfecta para definir el modo de moverse de los partidos comunistas que se formaron en la primera posguerra con la separación definitiva de los marxistas revolucionarios coherentes, de los reformistas, y les opusimos la fórmula más adecuada de „centralismo orgánico”. Pero las citas que siguen muestran que con el término „centralismo democrático” no se ha entendido nunca, por parte de los marxistas, indicar una praxis y una dinámica por la que el partido mitigaría en un cierto sentido el centralismo absoluto, necesario para el desarrollo de sus funciones, respondiendo en pleno a la concepción marxista del devenir histórico, con la aplicación de una praxis de „democracia” y de „libertad” dentro de la organización. No hay grupito de seudomarxistas que hoy no entienda la fórmula de Lenin como „centralismo mitigado por la democracia”, mientras que para Lenin significaba que, para obtener el máximo de centralismo y de disciplina organizativa en el partido, era necesario (y lo era verdaderamente para los partidos socialistas y socialdemócratas de la II Internacional) la utilización de mecanismos democráticos formales.

Volveremos ampliamente sobre este problema, pero entretanto afirmamos que, para los auténticos marxistas, el único principio organizativo es el centralismo y la aplicación de mecanismos democráticos sólo ha sido un incidente históricamente necesario para realizar la máxima centralización de la organización. En este sentido anteponemos la demostración de que contra cualquier reivindicación de „autonomía” y de „libertad”, nosotros marxistas estamos por el centralismo „sin adjetivos”. Es la lucha de los marxistas „autoritarios” contra los „libertarios” en la época de la I Internacional; es la lucha de Lenin por el „centralismo burocrático” contra los mencheviques desde 1903; es nuestra posición: «quien se dedica a protestar contra el centralismo sin adjetivos no puede ser más que un encubridor de la burguesía».

CITAS

18 – Fundamentos del comunismo revolucionario marxista – 1957
    19 -…El grito final que sale de su corazón es siempre el mismo: „¿centralismo burocrático, o autonomía de clase?” Si la antítesis fuese esta, en lugar de la de Marx y de Lenin: „¿Centro Dictatorial del Capital, o del Proletariado?” nosotros estaríamos, y que reviente quien quiera, por el centralismo burocrático, que en ciertos momentos de la historia puede ser un mal necesario, perfectamente dominable por un partido con tal de que esté libre del chalaneo con los principios (Marx), del relajamiento organizativo, del funambulismo táctico y de la peste autonomista y federalista. En cuanto a la „autonomía de clase” es una estupidez integral.

19 – Estructura económica y social de la Rusia actual – 1957
    114 -…Fue entonces cuando, con objetivos de vida interna de la Internacional, Lenin puso en sus históricas tesis la expresión de „centralismo democrático”. Nosotros, los de la Izquierda italiana propusimos – una vez más los hechos nos han dado la razón – sustituir esta fórmula, que juzgábamos peligrosa, con la de „centralismo orgánico”. Enseguida nos explicamos, pero permítasenos escribir con urgencia, que quien se dedica a hacer fracasar el centralismo, sin adjetivos, ultraja a Marx, Lenin y a la causa de la revolución: es un encubridor más de la conservación burguesa.

CAP. 3 – DIFERENCIACIÓN DE FUNCIONES

Es evidente que el defender la necesidad de una organización de partido centralizada y disciplinada implica, entre otras cosas, una diferenciación jerárquica que ve a los militantes individuales distribuidos en distintas funciones de distinto peso. En el partido debe haber jefes y responsables para las diferentes funciones. Debe haber aquellos que mandan y los que siguen las órdenes, y debe haber órganos diferenciados y adaptados para realizar estas funciones. La organización del partido se presenta así, en nuestra concepción, con una estructura que muchas veces hemos definido piramidal, en la cual todos los impulsos provenientes de los distintos puntos de la estructura convergen hacia un único nudo central, y desde este parten las disposiciones para toda la red organizada. La diferenciación de los diversos órganos y la colocación de los militantes en las distintas funciones y en los distintos escalones de la escala jerárquica es un hecho natural y orgánico, no ejecutable por la praxis del carrerismo burgués, ni como pura y simple imitación, es lo que explicaremos a continuación. Por el momento nos basta con exponer las citas que demuestran la necesidad de esta diferenciación y de esta jerarquía si se quiere hablar de organización centralizada y defender que esta no es solamente la visión de la Izquierda comunista, sino de Marx y de Lenin.

CITAS

20 – Lenin en el Camino de la revolución – 1924
   …La organización en partido, que permite a la clase ser verdaderamente tal, y vivir como tal, se presenta como un mecanismo unitario en el cual los distintos „cerebros” (en verdad no sólo los cerebros, sino también otros órganos individuales) asumen tareas distintas, según las aptitudes y potencialidades, todos al servicio de un objetivo y de un interés que progresivamente se unifican cada vez más íntimamente „en el tiempo y en el espacio”… No todos los individuos tienen pues el mismo puesto y el mismo peso en la organización: en la medida en que esta división de tareas se va realizando según un plan más racional (y aquello que es hoy para el partido-clase será mañana para la sociedad), está perfectamente excluido que quien se halla más arriba gravite como privilegiado sobre los otros. Nuestra evolución revolucionaria no marcha hacia la desintegración, sino hacia la conexión cada vez más científica de los individuos entre sí.

21 – Normas orientativas generales – 1949
   …El partido no es un cúmulo bruto de granos equivalentes entre sí, sino un organismo real suscitado por las determinaciones y por las exigencias sociales e históricas, con redes, órganos y centros diferenciados para el cumplimiento de las diversas tareas. La buena relación entre tales exigencias reales y la mejor función conduce a la buena organización y no a la inversa.

22 – Contenido original del programa comunista… – 1958
    19 -…El partido que nosotros estamos seguros de ver resurgir en un luminoso devenir estará constituido por una vigorosa minoría de proletarios y de revolucionarios anónimos, que podrán tener diferentes funciones como las de órganos de un mismo ser viviente, pero todos estarán ligados, en el centro o en la base, a la norma inflexible y que está por encima de todos, de respeto a la teoría; de continuidad y rigor en la organización; de un método preciso de acción estratégica cuya rosa de eventualidades admitidas es, en sus vetos inviolables para todos, extraída de la terrible lección histórica de las devastaciones del oportunismo.

23 – Tesis suplementarias… (Tesis de Milán) – 1966
    8 -…Por la necesidad misma de su acción orgánica, y para conseguir tener una función colectiva que supere y olvide todo personalismo y todo individualismo, el partido debe distribuir a sus miembros entre las distintas funciones y actividades que forman su vida. La alternancia de los compañeros en tales funciones es un hecho natural que no puede ser guiado con reglas análogas a las de las carreras de las burocracias burguesas. En el partido no hay concursos en los que se lucha para alcanzar posiciones más o menos visibles, sino que se debe tender a alcanzar orgánicamente aquello que no es una imitación de la burguesa división del trabajo, sino que es una adecuación natural del complejo y articulado órgano-partido para su función.

PARTE II

PREMISA

Hemos descrito la forma y la estructura del órgano Partido; estructura centralizada, existencia de órganos diferenciados y de un órgano central capaz de coordinar, dirigir, dar órdenes a toda la red, disciplina absoluta de todos los miembros de la organización siguiendo las órdenes dispuestas por el centro; ninguna autonomía para secciones o grupos locales; ninguna red de comunicación divergente de la unitaria que une el centro con la periferia y la periferia con el centro. Esta estructura centralizada es típica no solamente del partido comunista mundial, sino también de otros organismos; los ferrocarriles deben funcionar según la misma estructura centralizada bajo pena de dejar de funcionar; igual que las grandes fábricas capitalistas. El Estado burgués y también el proletario tienen por igual una estructura fuertemente centralizada, reivindicada por la burguesía revolucionaria en lucha contra las autonomías feudales; los partidos estalinistas son famosos por su rígida centralización y la disciplina férrea y terrorista impuesta a sus militantes; el partido fascista también se ha jactado de absoluta centralización, lo mismo que la iglesia católica, etc. No basta pues con reconocer la existencia de una estructura organizativa centralizada para distinguir al partido de clase de todos los demás partidos y organismos. No es solamente la estructura organizativa centralizada lo que define al partido de clase. El centralismo no es una categoría a priori, una especie de entidad o de principio metafísico que se aplica sin modificarse en las distintas fases históricas, en las distintas clases y organismos de clase. Si fuese así llegaría a ser coherente concebir el desarrollo histórico como una afirmación progresiva del principio de autoridad o viceversa, como lucha constante e inmanente entre el principio de autoridad y el opuesto de libertad y de autonomía.

Una concepción similar significaría sustituir el materialismo marxista con el más rancio idealismo. Según el marxismo no existen principios fijos e inmanentes antepuestos al curso real de la historia, ni el principio autoritario, ni el principio democrático y libertario.

Desde el punto de vista materialista se constata que, en el curso histórico, todo organismo económico, social o político ha tenido y tiene una estructura organizada cuyas características dependen de las funciones que estén llamados a desarrollar. Así exacto sostener, como marxistas, que, si es verdad que el estado burgués y el estado proletario, ambos presentan una estructura centralizada, despótica y represiva, sin embargo son completamente opuestos, no sólo por la base social sobre la que se apoya esta estructura y por las funciones que debe desarrollar, sino también, y en consecuencia, por el modo en que esta estructura se manifiesta y lleva a cabo sus funciones. Si desde un punto de vista estructural, el estado del proletariado fuese completamente igual al estado burgués, sería suficiente expulsar a la burguesía de la dirección de la máquina estatal, conseguir que sea dirigida por el partido único del proletariado y quizás permitir que voten sólo los proletarios. En realidad la burguesía realiza el centralismo con medios, formas y características propias; así como el proletariado realizará su centralismo estatal con formas, métodos e instrumentos característicos de la esencia de la clase proletaria. Es verdad que el marxismo no preconiza la conquista, aunque sea violenta, de la máquina estatal burguesa, sino su completa destrucción y su sustitución con otra máquina estatal completamente distinta, aunque también esta máquina sea utilizada con fines de dictadura, de violencia y de terror.

Al pequeño burgués, históricamente impotente para ir mas allá de las formas, le resulta imposible comprender que es muy distinta la estructura de la máquina partido puesta en pie por Mussolini o por Hitler, y la máquina, igualmente centralizada, constituida por el partido bolchevique de Rusia de la época de Lenin; y no solamente por la base social y por las finalidades y los principios a los que los dos organismos respondían, que eran completamente opuestos, sino también, y en consecuencia, por los métodos, los instrumentos, la praxis y la dinámica orgánica de los dos organismos. Por lo que desde hace medio siglo Mussolini y Lenin están asociados en la mente del pequeño burgués democrático al espectro, para él terrible, del concepto de dictadura y de terror.

Para nosotros marxistas, existe una relación directa entre la clase social de la que un determinado movimiento es expresión, sus principios, sus finalidades, los medios necesarios para alcanzarlas, y las características, los medios y los métodos que debe usar para llegar a una acción y a una estructura centralizada y unitaria. Por lo que es justo decir que el estado burgués realiza su centralismo, inherente a su naturaleza de clase apoyándose en la farsa de la voluntad popular periódicamente compulsada, y en realidad en la creación de una máquina burocrática y militar enorme, que se mantiene unida no ciertamente por convencimiento, sino por la coerción y por el dinero. El estado proletario realizará su centralismo, que no conocerá consultas democráticas ni del „pueblo”, ni solamente de proletarios, sino la participación de éstos de modo cada vez más amplio en la realización efectiva de las funciones estatales, y, en consecuencia, la desaparición progresiva del aparato burocrático. Por eso, tendremos represión, violencia de clase, centralización absoluta sin tener burocracia ni ejército permanente: tal es la lección de la Comuna de París a la que Marx le reprochaba el no haber sido suficientemente terrorista y centralista, pero exalta que se podían tener jefes, direcciones con poderes absolutos, terrorismo de clase, sin tener burócratas y cuerpos militares de profesión. La ecuación centralismo igual a burocratismo es pues falsa; es verdadera históricamente para el estado burgués, no lo será para el estado proletario, si no queremos renegar del marxismo.

Las comunidades primitivas realizaban un estrechísimo centralismo y una disciplina absoluta del individuo hacia el grupo social sin necesidad de ninguna coerción o máquina especial, fundándose, exclusivamente, en la identidad de intereses y en la solidaridad de todos en la lucha contra el ambiente natural enemigo y contra otros grupos. La comunidad primitiva es un ejemplo de organización centralizada y diferenciada sin coerción. Igualmente, la futura sociedad comunista. Aús, es una tesis marxista fundamental, que solo cuando existió entre los miembros de un grupo social un irreconciliable contraste de intereses materiales fue necesaria una estructura coercitiva especial para obtener la misma centralización, que en la comunidad primitiva se obtenía de modo natural, espontáneo y orgánico.

Que el desarrollo centralista de las funciones y la existencia de un aparato burocrático y coercitivo no sean en absoluto la misma cosa, es una cuestión que solo los socialdemócratas fustigados por Lenin en „El Estado y la Revolución” no pueden comprender, ya que ellos defendían que la necesidad de la máquina estatal debía ser eterna, porque de otro modo los intereses individuales habrían disgregado la sociedad, mientras el postulado y el fin del comunismo es la sociedad sin estado, sin medios de coerción sobre los hombres con la conclusión de que en ella la centralización será máxima y mucho más completa que en la sociedad actual y se fundará sobre un comportamiento natural y espontáneamente solidario de los hombres entre sí.

¿En la sociedad comunista serán todos los hombres iguales, uno será la fea o la bella copia del otro, abarcando a toda la especie? Es vieja superstición burguesa, junto a otra, de que no estando los individuos obligados a trabajar, la producción se paralizará y se caerá en una pereza colectiva total. Habrá individuos con características diferentes, más o menos dotados de medios físicos y cerebrales, la sociedad conocerá diversificación de funciones y de órganos destinados para las distintas funciones, y distribuirá orgánicamente y de modo natural a los diversos individuos en las diversas funciones. Lo que no existirá ya será la división social y técnica del trabajo, y la sociedad pondrá a todos los hombres en condiciones de desarrollar todas las funciones útiles (Engels, Anti-Dühring). Los medios de producción y de vida serán propiedad de toda la sociedad y, por consiguiente, será excluido para siempre el que el individuo mejor dotado se comporte como privilegiado frente a los otros; es más, sus dotes „superiores” serán un beneficio para la sociedad, estarán a su servicio.

Entonces, si estas consideraciones están en línea con la tradición marxista, no basta ver en el partido una organización centralizada, en la cual todos sus miembros responden como un solo hombre a impulsos provenientes de un único punto central. No basta con decir, como decían los anarquistas, que también los comunistas son „autoritarios”, y reivindicar contra ellos la „libertad” del individuo; y no basta tampoco, para declarar estúpidamente que por el contrario estamos por el sometimiento al principio de autoridad y, por tanto, nos va bien cualquier centralismo, con tal de que centralismo, cualquier disciplina con tal de que sea disciplina, hemos negado todo esto mil veces en nuestra historia de partido.

Desde el punto de vista marxista, definido el hecho de que el órgano partido, para realizar las tareas a las que la historia le llama, tiene necesidad de poseer una estructura absolutamente centralizada, será pues necesario analizar en qué modo pueda plasmarse esta estructura en un organismo particular como el partido comunista. Y entonces deberemos estudiar cuales son las características fisiológicas de este organismo, cual es la dinámica de su desarrollo y de su acción, cuales son sus enfermedades y sus degeneraciones, qué influencias tienen sobre él los acontecimientos históricos de las luchas de clase. Solo entonces estaremos en condiciones de describir menos superficialmente la esencia del centralismo y de la disciplina propios de este particular órgano histórico: el partido comunista. No un centralismo cualquiera y una disciplina cualquiera, descripción banal que se concluiría en dos líneas diciendo: „debe existir un centro que ordena y una base que obedece”, añadiendo que, así como somos antidemocráticos, no queremos ni el recuento de las cabezas de los individuos, ni la elección de los dirigentes, y no nos provoca náuseas que ordenen de modo total un comité restringido o directamente un solo hombre, sin necesidad de que su poder sea sancionado por la mayoría de los inscritos consultada democráticamente. Cosas todas que aceptamos, pero que no sirven para explicar la dinámica real a través de la cual el órgano partido realiza su máxima centralización o, viceversa, la pierde y degenera en fases desfavorables para la lucha revolucionaria de clase. Y tampoco para comprender de qué modo el órgano partido deviene robusto, crece y se refuerza preparándose para vencer las enfermedades que puedan golpearlo. Todo esto debe explicarse para llegar a comprender cual sea la esencia del centralismo y de la disciplina comunista.

Es necesario, como en todas nuestras tesis, y particularmente en las tesis de Nápoles de 1965, dar no una receta de organización (la „receta” está expresada en el término mismo de centralismo), sino describir la vida real del partido comunista, las vicisitudes a las que ha estado sometido en su larga historia, las enfermedades que mil veces le han atacado y la eficacia de los remedios que cada vez se ha considerado necesario aplicarle para curarle. Es necesario estudiar la historia del partido desde 1848 hasta hoy, verlo moverse en la vicisitud histórica real, en las fases de avance y de retroceso de la revolución a escala mundial. Solo de todo esto se pueden sacar las lecciones que pueden y deben ser útilmente asimiladas por el partido actual, fortaleciéndole y capacitándole para resistir a los factores materiales de signo negativo que destruyeron tres Internacionales y un movimiento revolucionario del proletariado que parecía consagrado, en los años de la primera posguerra, para la más espléndida victoria en todo el planeta.

Regalar la doctrinilla de que todo se reduce a una deficiencia de centralismo y que toda la lección que se debe sacar es que tenemos necesidad de una estructura aún más centralizada que la del partido bolchevique y de la III Internacional, significa engañar al partido y falsificar toda su tradición. ¿Como obtener en el partido la máxima centralización? ¿Cuales son las enfermedades que minan la centralización absoluta y la absoluta disciplina? ¿Poseyendo un cast de jefes más rígidos y totalitarios de lo que fueron, por ejemplo, Lenin, Trotski y Zinoviev? ¿O poseyendo una base de militantes más disciplinados, más pegados a la causa del comunismo, más obedientes y heroicos de cuanto lo fueron los militantes del siempre poco centralizado partido comunista alemán? ¿O más bien informando mejor de la doctrina histórica marxista a cada uno de nuestros militantes, en la serie infernal, que diría, que si un militante no ha estudiado bien todos los textos de partido, no está programado, no puede militar de modo disciplinado en la organización?

A esas preguntas se responde analizando la historia del partido a través de las lecciones que la Izquierda ha sacado, y que están codificadas en textos y en tesis que nadie puede modificar, actualizar o simplemente, olvidar de citar, porque van en línea continua desde 1912 a 1970; más de 50 años durante los cuales el problema de la vida, del desarrollo y de la degeneración patológica del órgano partido ha sido planteado y resuelto siempre del mismo modo. Comenzamos pues a examinar las características de este órgano partido. Solamente por éstas comprenderemos cuáles pueden ser los métodos más apropiados para centralizarlo y disciplinarlo al máximo o, por el contrario, para disgregarlo y destruirlo.

CAP. 1 – PARTIDO HISTÓRICO Y PARTIDO FORMAL

Como se recuerda en nuestras tesis de 1965, es Marx el primero en usar esta distinción: partido en su acepción histórica y partido contingente o formal, es decir, las distintas formaciones organizadas de combatientes revolucionarios en las cuales, en el curso de la historia, la doctrina, el programa y los principios del partido comunista se han encarnado. En otros términos, es la trinchera, la barricada establecida por la historia hace más de cien años sobre la que se colocan, con diferente fortuna, las diversas generaciones de los proletarios revolucionarios. El proletariado no nace hoy como clase revolucionaria, no expresa hoy por primera vez a su partido de clase, su órgano político, sin el cual no es capaz de acción unitaria en vista de un fin común, o sea no es clase; lo ha expresado en los albores de la sociedad capitalista, en el lejano 1848 cuando fue capaz por una parte de dar vida a las primeras insurrecciones armadas, por la otra, de encontrar una teoría que el desarrollo de las fuerzas productivas y del pensamiento teórico humano había llevado a madurar, pero que, por su naturaleza, solamente era utilizable por parte de una clase revolucionaria que viese en la destrucción completa del régimen capitalista el camino de la propia emancipación. Desde entonces, el punto de encuentro de la teoría marxista con la realidad de la lucha social en ebullición le ha dado vida al partido comunista marxista como falange de militantes de la revolución, colectivamente dotados con la potente arma de lectura de la historia que es el marxismo y, por consiguiente poniéndoles en condiciones de sacar las lecciones y las experiencias tanto de las derrotas como de las victorias del proletariado. «Sin teoría revolucionaria no puede haber movimiento revolucionario»: esta es la tesis de Lenin. Y el partido existe en cuanto que un núcleo pequeño o grande de revolucionarios empujados a combatir por oscuras determinaciones sociales contra la sociedad presente, empuña la teoría como arma, y la usa como una guía para la acción.

Cuando decimos que la conciencia de la clase está en el partido y solamente en él entendemos que esta conciencia consiste en las lecciones históricas de la lucha proletaria en todo el mundo desde su inicio, leída con la clave de la teoría única e invariante, que las formaciones presentes y futuras de revolucionarios tienen la tarea de empuñar y de respetar en su integridad, iluminando su acción con la luz de esta amplísima experiencia mundial que solo el marxismo puede leer y que sigue siendo tenebrosa y oscura para todas las ideologías y las doctrinas no marxistas.

Cada vez que en la historia se ha verificado, bajo el empuje de diversas sugestiones, el abandono de este patrimonio histórico, que no solo comprende la teoría, los principios y las finalidades, sino también la experiencia histórica de la marcha cansina de la revolución, el partido formal, es decir, la organización de combate de una época dada o de una determinada generación proletaria, ha abandonado el camino inevitablemente y se ha encontrado finalmente, del lado del enemigo de clase. Por lo tanto, para nosotros el partido existe, se desarrolla y marcha hacia la victoria solo en cuanto es capaz de permanecer adherido a la base del partido histórico; si esta base sufriera aunque solo fuese un rasguño ya se tendrían las traiciones y las deserciones de las que está llena la historia de los partidos formales. Ahora bien, el hecho de que la organización revolucionaria permanezca adherida a los fundamentos del partido histórico, de los que emana, no está garantizado por factores de tipo cultural o didáctico con los que se pueda decir (una vez que se han aprendido de memoria algunos textos) que se tienen los papeles en regla con el partido histórico o embustes del género. El patrimonio histórico del partido debe referirse a sí mismo, permear toda la acción incluso la cotidiana y limitada del partido formal. Y esta continua transfusión de la experiencia histórica en la acción actual del partido es ante todo un hecho colectivo de la organización, no un hecho individual de militantes más o menos iluminados, más o menos sabios. Lo que es necesario que llegue a ser patrimonio de la organización militante es la noción de esta adhesión absoluta que debe existir entre su acción, entre aquello que se dice y aquello que se hace hoy, con la teoría, los principios y la experiencia histórica pasada, y que ésta, y no su opinión personal ni tampoco colectiva, será siempre la máxima autoridad en todas las cuestiones de partido. ¿Quien da las órdenes en el partido? Siempre hemos afirmado: para nosotros ante todo las da el partido histórico al cual se le debe absoluta obediencia y fidelidad. ¿Y desde que micrófono dicta las órdenes el partido histórico? Puede ser un solo hombre o millones de hombres; puede ser el vértice de la organización, pero también puede ser la base que le reclama al vértice la observancia de aquellos elementos sin los cuales la organización misma deja de existir.

En el partido, escribíamos en 1967 en un texto que reproducimos, nadie manda y todos son mandados; nadie manda por que no se le pide la solución del problema a su cabeza individual, todos son mandados, porque tampoco el centro más absoluto puede dar órdenes que no estén en la línea continua del partido histórico.

Dictadura sobre todos (centro y base) de los principios, de las tradiciones y de las finalidades del movimiento comunista, pretensión legítima del centro de ser obedecido sin oposición en cuanto sus órdenes están sobre esta línea que debe manifestarse en toda acción de partido, reivindicación de la base, no a ser consultada cada vez que ha emanado una orden del centro, sino a seguirla solo y en cuanto que esté sobre la línea impersonal del partido histórico, aceptada por todos. En el partido hay pues jerarquías y jefes; se trata de instrumentos técnicos, de los que el partido no puede prescindir, porque su acción debe ser unitaria y centralizada en todo momento, debe responder al máximo de eficiencia y de disciplina. Pero estos órganos del partido no deciden la dirección de la acción partiendo de su cabeza más o menos genial; deben someterse también ellos a decisiones que ha tomado sobre todo la historia, y que son patrimonio colectivo e impersonal del órgano partido.

CITAS

24 – Marxismo y autoridad – 1956
    29 -…Sobre la cuestión de la Autoridad general a la que el comunismo revolucionario debe reclamarse, nosotros volvemos a encontrar los criterios en el análisis económico, social e histórico. No es posible hace votar a muertos y vivos, y a los aún no nacidos. Mientras tanto, en la dialéctica original del órgano partido de clase, una operación similar deviene posible, real y fecunda, si bien en una dura y larga vía de pruebas y de luchas tremendas.

25 – Consideraciones sobre la actividad orgánica del partido cuando la situación general es históricamente desfavorable – 1965
    12 -…Cuando de la invariante doctrina hacemos surgir la conclusión de que la victoria revolucionaria de la clase trabajadora no puede obtenerse más que con el partido de clase y la dictadura del mismo, y con el apoyo de palabras de Marx afirmamos que antes del partido revolucionario y comunista el proletariado es una clase, quizás para la ciencia burguesa, pero no para Marx y para nosotros; la conclusión a deducir es que para la victoria será necesario tener un partido que merezca al mismo tiempo la calificación de partido histórico y partido formal, o sea que se haya resuelto en la realidad de la acción y de la historia la contradicción aparente – y que ha dominado un largo y difícil pasado – entre partido histórico, por tanto, en cuanto al contenido (programa histórico, invariante), y partido contingente, y por tanto, en cuanto a la forma, que actúa como fuerza y praxis física de una parte decisiva del proletariado en lucha.
    13…Si la sección surgida en Italia de las ruinas del viejo partido de la II Internacional fue llevada de forma particular, no por virtud de personas ciertamente, sino por derivaciones históricas, a advertir la exigencia de la soldadura entre el movimiento histórico y su forma actual, fue por haber mantenido luchas particulares contra las formas degeneradas y haber rechazado por tanto las infiltraciones no solo de las fuerzas dominadas por posiciones de tipo nacional, parlamentario y democrático, sino incluso en las (itálicas, maximalismo) que se dejaron influenciar por el revolucionarismo pequeño burgués, anarco-sindicalista. Esta corriente de izquierda luchó de manera particular para que fuesen rígidas las condiciones de admisión (construcción de la nueva estructura formal), las aplicó en pleno en Italia, y cuando ellas dieron resultados no perfectos en Francia, Alemania, etc, fue la primera en advertir un peligro para toda la Internacional.
    La situación histórica, por la que en un solo país se había constituido el Estado proletario, mientras en los otros no se había llegado a conquistar el poder, hacía difícil la clara solución orgánica de mantener el timón de la organización mundial a la sección rusa.
    La izquierda fue la primera en advertir que, en caso de que el comportamiento del Estado ruso, en la economía interna como en las relaciones internacionales, comenzase a acusar desviaciones, se habría establecido una diferencia entre la política del partido histórico o sea de todos los comunistas revolucionarios del mundo y la de un partido formal que defendiese los intereses del estado ruso contingente.
    14…Este abismo se ha cavado desde entonces tan profundamente que las secciones „aparentes”, que están bajo la dependencia del partido-guía ruso, hacen en el sentido efímero una vulgar política de colaboración con la burguesía, no mejor que la tradicional de los partidos corrompidos de la II Internacional.
    Esto da la posibilidad, no diremos el derecho, a los grupos que derivan de la lucha de la izquierda italiana contra la degeneración de Moscú, de entender mejor que ningún otro por qué camino el partido verdadero, activo, y por tanto formal, pueda permanecer en total adhesión a los caracteres del partido histórico revolucionario, que en línea potencial existe por lo menos desde 1847, mientras en línea de praxis se ha afirmado a grandes rasgos históricos a través de la serie trágica de las derrotas de la revolució

26 – Tesis sobre la tarea histórica, la acción y la estructura del partido… (Tesis de Nápoles) – 1965
    11 -…Indudablemente, en la evolución que los partidos siguen, puede contraponerse el camino de los partidos formales, que presentan continuas inversiones y altibajos, incluso con precipicios ruinosos, al camino ascendente del partido histórico. El esfuerzo de los marxistas de izquierda es el de actuar sobre la curva rota de los partidos contingentes para reconducirla a la curva continua y armónica del partido histórico...
    La izquierda comunista ha considerado siempre que su larga batalla contra las tristes vicisitudes contingentes de los partidos formales del proletariado se ha llevado a cabo afirmando posiciones que en modo continuo y armónico se concatenan sobre la estela luminosa del partido histórico, que va sin romperse a lo largo de los años y de los siglos, desde las primeras afirmaciones de la naciente doctrina proletaria a la sociedad futura, que nosotros bien conocemos, en cuanto hemos individualizado los tejidos, los ganglios de la odiosa sociedad presente que la revolución deberá destruir.

CAP. 2 – ADHESIÓN AL PARTIDO

Así como negamos que el partido sea un reagrupamiento de conscientes, de apóstoles y de héroes, la correcta visión marxista también niega que la adhesión al partido tenga lugar por un hecho de comprensión racional por parte de los individuos, los cuales habiendo comprendido las posiciones del partido eligen sostenerlas con su obra. Es nuestra tesis que comprensión racional y acción no solo no son hechos separables y separados el uno del otro, sino que en el individuo la acción precede siempre a la comprensión y a la conciencia. También en el individuo que se adhiere al partido. Para nosotros existe en primer lugar el desarrollo de las fuerzas productivas que determina la división en clases de la sociedad y empuja a los hombres a tomar posición respecto a este conflicto del que pueden tener más o menos conciencia.

Si, según el marxismo, las sociedades no se reconocen por la conciencia que tienen de si mismas, sino que es necesario analizar su anatomía económica para comprender sus expresiones ideales, esto también vale para las clases que en la historia han realizado funciones revolucionarias, habiendo tenido siempre una conciencia mistificada y deformada de su función histórica. Solo el proletariado moderno ha podido forjarse una conciencia científica del devenir histórico, de sus finalidades y de su acción, pero esta conciencia no pertenece a todos los obreros tomados individual o colectivamente, siempre empujados a la batalla por determinaciones materiales e inconscientes. Esta conciencia no está ni siquiera en los miembros individuales que se adhieren al partido de clase, estando ellos también determinados a alinearse en el frente del comunismo por factores materiales y sociales, al igual que son estos mismos factores los que pueden determinar el abandono de la trinchera por parte de los individuos.

Es la lucha histórica la que ve formadas a dos clases sociales con intereses irreconciliables, que nadie puede eliminar, porque ancla sus raíces en el mecanismo productivo de la presente sociedad que determina a los individuos a alinearse sobre uno o sobre otro frente independientemente de la conciencia que puedan tener individualmente de las líneas de la trinchera y de los planes de batalla. Son fuerzas históricas, sociales y materiales que empujan a los individuos a adherirse al partido, a aceptar, como hemos dicho siempre, este bloque unívoco de teoría y de acción que constituye el partido, incluso sin haber leído nunca un texto de Marx o de Lenin. La conciencia no está en el individuo, ni antes ni después de su adhesión y tampoco después de larguísima militancia, sino en el órgano colectivo de viejos y de jóvenes, de cultos y de incultos, que desarrolla una acción compleja y continua sobre el hilo de una doctrina y de una tradición invariantes.

Es el órgano partido el que posee la conciencia de clase, porque esta posesión se la negamos al individuo, y solo puede existir en una organización que sepa uniformar todos sus actos, su comportamiento, su dinámica interna y externa a las líneas preexistentes de doctrina, de programa y de táctica, y que sepa crecer y desarrollarse sobre esta base, que se acepta en bloque aún sin haberla comprendido preventivamente. Es un hecho místico en la adhesión al partido la noción que puede espantar solo al pequeño burgués iluminista convencido de que se pueda aprender todo leyendo y estudiando en los libros.

En 1912 opusimos a los culturalistas, que querían transformar la Federación Juvenil Socialista en una „escuela de partido” según la maldita fórmula: „primero aprender y luego actuar”, que el hecho por el cual los jóvenes se adherían a nuestro frente de batalla no era cultural, sino de entusiasmo, de instinto y de fe. Y que esto sea puro materialismo está claro hasta para el burgués, que nota que su potente aparato escolástico se vuelve incapaz de hacer comprender alguna cosa cuando falta „el interés”, es decir, el empuje material que determina a los individuos a aprender.

En el partido se aprende y se clarifican las ideas, participando en el complejo trabajo colectivo que se desarrolla siempre sobre el triple plan: defender y esculpir la teoría, participación activa en las luchas que las masas emprenden, y organización. Fuera de esta participación en el trabajo real del partido no puede existir comprensión y conciencia. En el partido se desarrolla un continuo trabajo de preparación teórica, de profundización de los lineamientos programáticos y tácticos y de explicación, a la luz de la doctrina, de los hechos que se desarrollan en la arena social realizando contemporáneamente y sin escisión el trabajo práctico, organizativo, de batalla y de penetración en el seno del proletariado. El militante aprende de la participación activa en este complejo trabajo y solo en cuanto está inmerso en él, dejándose sumergir por él. No hay otro modo de aprender y nuestras tesis han afirmado siempre que la división en compartimentos cerrados para la actividad teórica o para la actividad práctica es mortal en referencia no solo al partido, sino también a cualquier militante tomado individualmente.

Describiendo el modo en que el órgano partido realiza el paso de la teoría y de la tradición revolucionaria entre generaciones, dejándose permear en su complejo por esta teoría y por esta tradición, nosotros no podremos pues ver una especie de plan escolástico según el cual los jóvenes que se acercan al partido vayan siendo primero adoctrinados, más o menos rápidamente por bravos y experimentados maestros de marxismo, siendo invitados a estudiar determinados „cursos breves”, para luego pasar a la verdadera y propia militancia y a la batalla práctica. Por el contrario, vemos una colectividad que estudia mientras combate y combate mientras estudia, y aprende tanto del estudio como de la batalla; vemos, pues, una colectividad que actúa, un órgano que vive de una actividad compleja y múltiple, cuyos diversos aspectos no son nunca separables el uno del otro. Y el joven es atraído y se adhiere a este trabajo complejo, se introduce en él y en él encuentra su puesto, orgánicamente, en el mismo desarrollo del trabajo; a nadie se le pide un doctorado, ni antes ni después de su adhesión, como a nadie se le hacen exámenes: el examen para todos lo hace el trabajo que debe ser realizado y que selecciona orgánicamente a los individuos en su puesto.

Para la adhesión al partido se requieren otras características que no son la cultura „marxista” y el conocimiento individual de nuestra doctrina; se requieren dotes que Lenin llamó coraje, abnegación, heroísmo y voluntad de combatir; es para verificar estas cualidades para lo que se distingue entre simpatizante o candidato y el militante, el soldado activo del ejército revolucionario; ciertamente, no porque el simpatizante no „sabe” todavía, mientras que el militante posee conciencia. Si no fuese asía toda la concepción marxista, porque el partido comunista es ese organismo que debe organizar en su seno, en los momentos de la reanudación revolucionaria, a millones de hombres, y estos no tendrán ni tiempo, ni necesidad de hacer cursos de marxismo ni siquiera acelerados, y se adherirán a nosotros no porque saben, sino porque sienten «en vía instintiva y espontánea y sin el mínimo curso de estudio que pueda imitar calificaciones escolásticas». Y seríá stúpido, además de antimarxista, sostener que estos „recién llegados” los usaremos como „base”, pero los dirigentes serán aquellos que han tenido el tiempo de „aprender” y de „prepararse”. Nos preparamos en un solo modo: participando en el trabajo colectivo del partido. Y el militante de partido es para nosotros no quien conoce la doctrina y el programa, sino quien «ha sabido olvidar, renegar, arrancarse de la mente y del corazón la clasificación en la que lo inscribió el padrón de esta sociedad en putrefacción, y ve y se confunde a sí mismo en todo el arco milenario que liga al ancestral hombre tribal, que lucha contra las fieras, al miembro de la comunidad futura, fraterna en la armoniosa alegría del hombre social» („Consideraciones…” PC. n° 2 de 1965, punto 11).

Y es seguro que no se ha arrancado nada precisamente ni de la mente ni del corazón quien piensa que primero se necesita saber todo, haber comprendido todo, y solo después se puede actuar; o a lo mejor a quien concibe al partido como una gran academia para la preparación de „cuadros”. Este tipo está inmerso hasta el cuello en el mito más podrido de la sociedad presente en putrefacción: aquel en el que el individuo pueda aprender y decidir con su mísero cerebro, cualquier otra cosa que no sean los dictados de las clases dominantes, manipuladoras astutas de cultura y de ideas.

CITAS

27 – Moción de la corriente de izquierda sobre „Educación y cultura”, Bolonia – 1912
    El congreso, considerando que en el régimen capitalista la escuela representa un arma potente de conservación en manos de la clase dominante, la cual tiende a dar a los jóvenes una educación que les convierta en sumisos y resignados al régimen actual, impidiéndoles discernir las contradicciones esenciales, revelando, por consiguiente, el carácter artificial de la cultura actual y de las enseñanzas oficiales, en todas sus fases sucesivas, y considerando que no debe atribuírsele ninguna confianza a una reforma de la escuela en sentido laico y democrático; (…) considera que la atención de los jóvenes socialistas debe ser dirigida más bien a la formación del carácter y del sentimiento socialista;
    Considerando que una educación tal solo puede ser dada por el ambiente proletario cuando éste viva de la lucha de clase entendida como preparación para las máximas conquistas del proletariado, rechazando la definición escolástica de nuestro movimiento y toda discusión sobre su denominada función técnica, cree que, como los jóvenes encontrarán en todas las agitaciones de clase del proletariado el mejor terreno para el desarrollo de su conciencia revolucionaria, así también las organizaciones obreras podrán alcanzar, con la colaboración activa de sus elementos más jóvenes y ardientes, aquella fe socialista, que solo ella puede y debe salvarles de las degeneraciones utilitarias y corporativas;
    en conclusión afirma que la educación de los jóvenes se hace más en la acción que en el estudio regulado por sistemas y normas cuasi burocráticas, y en consecuencia exhorta a todos los adherentes al movimiento juvenil socialista:
a) a reunirse mucho más a menudo de lo que prescriben los estatutos para discutir entre ellos sobre los problemas de la acción socialista, comunicándose los resultados de las observaciones y de las lecturas personales, y habituándose cada vez más a la solidaridad moral del ambiente socialista;
b) a tomar parte activa en la vida de las organizaciones de oficio.

28 – Fantasime Carlailiane – 1953
    3 -…La conciencia teórica – defendida con la espada en la mano por la misma corriente de izquierda como dotación del partido y del movimiento juvenil – no debe ser planteada como una condición paralizante por la posibilidad de todos para combatir bajo el simple impulso de un sentimiento y de un entusiasmo socialista, surgido naturalmente por las condiciones sociales. Aquellos que de tal posición dialéctica nada comprendieron, e incluso vieron (con respecto a los motores que se mueven en un ánimo juvenil) inculcar la fe y el „fanatismo” antes que la ciencia y la filosofía dijeron no pocas y potentes mentiras, hablaron de renovado culto del héroe y de… abandono de Marx para adherirse a Carlyle.

29 – Marx y el „comunismo tosco” – 1959
   …Se le pide al militante comunista la fuerza del músculo que golpea, antes que la orientación de pensamiento y de conciencia, como el gran marxista Lenin demostró magistralmente en „¿Qué Hacer?”.

30 – El fácil escarnio – 1959
   …Cuando en un cierto punto nuestro banal contradictor (…) nos diga que así construiremos nuestra propia mística, tomando él la postura, pobrecillo, con mente que ha superado todos los fideismos y las místicas, y nos escarnezca con los términos de postrados antes textos mosaicos o talmúdicos, bíblicos y coránicos, evangélicos o catequistas, y le respondamos que aún con esto no nos habrá inducido a tomar posición como inculpados a la defensiva, y que – incluso fuera de la utilidad de despreciar al filisteo que renace en toda época – no tenemos motivo para tratar como una ofensa la afirmación la cual todavía a nuestro movimiento, hasta que no haya triunfado en la realidad (que precede en nuestro método a toda conquista ulterior de la conciencia humana) puede venirle bien una mística, y si se quiere un mito.

31 – „’El Extremismo’, condena de los futuros renegados” – 1961
    18 -…La base de la disciplina se remonta en primer lugar a la „conciencia de la vanguardia proletaria”, o sea de aquella minoría del proletariado que se reúne en los estratos avanzados del partido, y en seguida Lenin indica las cualidades de esta vanguardia con palabras que tienen un carácter más „pasional” que racional, poniendo de relieve que, como desde tantos otros escritos suyos („¿Qué Hacer?”) se ha puesto en evidencia, el proletario comunista se adhiere al partido con un hecho de intuición y no de racionalismo. Desde 1912 fue defendida esta tesis en la juventud socialista italiana contra los „inmediatistas” – que siempre, a la par que los anarquistas „educacionistas” – en la lucha entre culturalistas y anticulturalistas, como se dijo entonces, y entiéndase bien que los segundos, invocando un hecho de fe y de sentimiento y no de grado escolástico en la adhesión del joven revolucionario, probaban estar sobre el terreno de un estricto materialismo y de rigor de la teoría del partido. Lenin, que abre reclutamientos y no academias, habla aquí de dotes de „devoción, firmeza, abnegación, heroísmo”. Nosotros, lejanos alumnos, recientemente hemos osado hablar abiertamente, con la decisión dialéctica, de hecho „místico” en la adhesión al partido.

32 – Consideraciones sobre la orgánica actividad del partido cuando la situación general es históricamente desfavorable – 1965
    11 – Las violentas chispas que saltaron entre los conductores de nuestra dialéctica nos han enseñado que es camarada militante comunista y revolucionario quien ha sabido olvidar, renegar, arrancarse de la mente y del corazón la clasificación en la que lo inscribió el padrón de esta sociedad en putrefacción, y ve y se confunde a sí mismo en todo el arco milenario que liga al ancestral hombre tribal, que luchaba contra las fieras, al miembro de la comunidad futura, fraterna en la armoniosa alegría del hombre social.

CAP. 3 – EL PARTIDO COMO ORGANIZACIÓN DE HOMBRES

El partido es una organización de hombres: vieja historia y realidad innegable.

La organización combatiente está compuesta de individuos con características y capacidades diversas, provenientes de ambientes sociales diversos, como de diversas experiencias individuales. Se trata de saber qué es lo que liga al conjunto de estos hombres en una organizació únnica: les liga evidentemente la adhesión a un complejo de teoría, principios y finalidades, y a una línea de acción que es propia del órgano partido comunista en su historia, y que los individuos, de cualquier parte que provengan, reconocen como propia y a la cual están determinados a obedecer; les mantiene unidos la adhesión a una posición de batalla, a una trinchera que la historia ha establecido antes que ellos y a la cual le deben absoluta fidelidad.

Los individuos que componen el partido no tienen individualmente la conciencia de este patrimonio histórico al cual se han adherido por vía instintiva y, como afirmamos en otra parte, mística.

La conciencia es poseída por el órgano colectivo no solamente en el sentido de la actividad común de todos los miembros del partido, al mismo tiempo actividad teórica y práctica, sino en el sentido más amplio de actividad colectiva sobre la base de normas teóricas, programáticas y tácticas y de finalidad, preexistentes a la misma colectividad operante en una determinada época y en un determinado lugar.

A esta colectividad operante se le requiere una sola cosa: permanecer adherida en toda su acción al hilo continuo que une el pasado al futuro, no innovar nada, no inventar nada, no descubrir nada. Al que forma parte de esta colectividad, a título individual, se le pide dar su contribución de cerebro y de brazos para hacer marchar la organización sobre la base trazada y comprometida para todos. Y entonces, ¿n establece las directrices del partido, lo que debe decir y hacer la colectividad partido? Lo establecen la teoría, los principios, las finalidades y el programa del partido que se traducen en actividad; actividad de estudio, de investigación, de interpretación de los hechos sociales, y de intervención activa en ellos. Es de esta actividad colectiva de donde deben salir las decisiones prácticas, que no deben contravenir de ningún modo a la base histórica sobre la que se apoya el partido. Las órdenes de movimiento a toda la red las da el centro mundial, siendo una función que puede ser desarrollada por un solo hombre o por un grupo de hombres, pero este mismo centro es una función del partido, es el producto de la actividad colectiva del partido y las órdenes no salen de sus capacidades cerebrales más o menos grandes, sino que constituyen el nudo de enlace de una actividad que engloba a todo el organismo y que debe estar sobre la base del partido histórico.

En nuestra concepción no se consulta a la totalidad de los individuos que componen el partido para definir las directrices de éste, y éste tampoco está definido por el grupo que se encuentra desarrollando la función central, el cual expresa decisiones que tienen valor obligatorio para todos los militantes en cuanto que se apoyan en el patrimonio histórico del partido y son el resultado de la obra y de la contribución de todo el organismo. Es pues nuestra tesis el que a los individuos no se les atribuye el mérito de la buena marcha del partido, ni de la culpa de su eventual deslizamiento. Nuestro problema no será nunca el de la búsqueda de los „mejores hombres” que garanticen la buena marcha del trabajo; ni iremos nunca, como resulta de todas nuestras tesis, a remediar un error a través del desplazamiento de los individuos de la estructura jerárquica del partido. A los militantes considerados individualmente la teoría les niega conciencia, mérito y culpa, y les considera exclusivamente como instrumentos más o menos válidos de actividad colectiva, como considera sus acciones, ya sean correctas o equivocadas, fruto de determinaciones impersonales y anónimas, y no de su voluntad. Es el trabajo colectivo, sobre la base de la sana tradición, el que selecciona a los individuos para los distintos grados de la jerarquía y para las distintas funciones que definen al organismo partido. Pero la garantía del correcto desarrollo de las funciones no está dada por el cerebro o por la voluntad de un individuo o de un grupo: es por el contrario el resultado del desarrollo de todo el trabajo del partido.

CITAS

33 – Tesis sobre la táctica en el II Congreso del P.C. de Italia (Tesis de Roma) – 1922
    I, 2 -…Sería erróneo considerar a estos dos factores, de conciencia y de voluntad como facultades que puedan obtenerse o deban exigirse de cada individuo, ya que sólo se realizan por medio de la integración de la actividad de muchos individuos en un organismo colectivo unitario.
    III, 16…Sería totalmente errónea la concepción que fundase el organismo partido en la exigencia de una perfecta conciencia crítica de un completo espíritu de sacrificio en cada uno de los adherentes considerados individualmente.

34 – Organización y disciplina comunista – 1924
   …Las órdenes que emanan de las jerarquías centrales no son el punto de partida, sino el resultado de la función del movimiento entendido como colectividad. Esto no se dice en el sentido tontamente democrático o jurídico, sino en el sentido realista e histórico. No defendemos, diciendo esto, un „derecho” de la masa de los comunistas a elaborar las directrices a las que deben atenerse los dirigentes: constatamos que en estos términos se presenta la formación de un partido de clase, y sobre estas premisas deberemos plantear el estudio del problema.
    Así se delinea el esquema de las conclusiones a las que tendemos nosotros en la materia. No existe una disciplina mecánica buena para la aplicación de órdenes y disposiciones superiores „cualesquiera que sean”, existe un conjunto de órdenes y disposiciones que responden al origen real del movimiento que pueden garantizar el máximo de disciplina, o sea, de acción unitaria de todo el organismo, mientras que existen otras directrices que emanadas del centro pueden comprometer la disciplina y la solidez organizativa.
    Se trata pues, de un diseño de las tareas de los órganos dirigentes. ¿Quién deberá hacerlo? Lo debe hacer todo el partido, toda la organización, no en el sentido banal y parlamentario de su derecho a ser consultado sobre el „mandato” a otorgar a los jefes electivos y sobre los límites de éste, sino en el sentido dialéctico que contempla la tradición, la preparación, la continuidad real en el pensamiento y en la acción del movimiento.

35 – Lenin en el camino de la revolución – 1924 – La función del jefe
   …La manifestación y la función del individuo están determinadas por las condiciones generales del ambiente y de la sociedad, y de la historia de ésta. Aquello que se elabora en el cerebro de un hombre ha tenido su preparación en las relaciones con otros hombres y en los hechos incluso de naturaleza intelectual de otros hombres. Algunos cerebros privilegiados y ejercitados, máquinas mejor construidas y perfeccionadas, traducen, expresan y reelaboran mejor un patrimonio de conocimientos y de experiencias que no existiría si no se apoyase en la vida de la colectividad.
    El cerebro del jefe es un instrumento material que funciona por sus lazos con toda la clase y el partido; las formulaciones que el jefe dicta como teórico y las normas que prescribe como dirigente práctico, no son creaciones suyas, sino aplicación de una conciencia cuyos materiales pertenecen a la clase-partido y son producto de una vastísima experiencia. No siempre todos los elementos de ésta están presentes en el jefe bajo formas de erudiciónica, así es como nosotros podemos explicarnos realmente ciertos fenómenos de intuición que son juzgados como desviación y que, lejos de probarnos la trascendencia de algunos individuos sobre la masa, nos demuestran mejor nuestro cometido de que el jefe es el instrumento operador y no el motor del pensamiento y de la acción común…
    La organización en partido que permite a la clase ser verdaderamente tal y vivir como tal, se presenta como un mecanismo unitario en el que los diversos „cerebros” (no sólo por cierto los cerebros, sino también otros órganos individuales) llevan a cabo tareas diversas según las actitudes y potencialidades, todas al servicio de un objetivo y de un interés que progresivamente se unifica cada vez más íntimamente „en el tiempo y en el espacio” (esta cómoda expresión tiene un sentido empírico y no trascendente). No todos los individuos tienen pues el mismo puesto y el mismo peso en la organización: en la medida que esta división de tareas se realiza según un plan más racional (y lo que vale hoy para el partido-clase, será mañana para la sociedad) está perfectamente excluido que quien se halla más arriba gravite como privilegiado sobre los demás. Nuestra evolución revolucionaria no va hacia la desintegración, sino hacia la conexión cada vez más científica de los individuos entre sí.
    Ella es anti-individualista en cuanto materialista; no cree en el alma o en un contenido metafísico y trascendente del individuo, sino que inserta las funciones de éste en un cuadro colectivo, creando una jerarquía que se desarrolla en el sentido de eliminar cada vez más la coerción, sustituyéndola con la racionalidad técnica. El partido es ya un ejemplo de una colectividad sin coerción…
    La cuestión no se plantea para nosotros con un contenido jurídico, sino como un problema técnico no prejuzgado por razonamientos demostrativos de derecho constitucional o, peor aún, natural. No existe razón de principio para que en nuestros estatutos se escriba „jefe” o „comité de jefes”: Y de estas premisas parte una solución marxista de la cuestión de la elección: elección que hace más que nada, la historia dinámica del movimiento y no la banalidad de consultas electivas. Preferimos no escribir en las reglas organizativas la palabra „jefe”, porque no siempre tendremos en nuestras filas una individualidad de la fuerza de un Marx o de un Lenin. En conclusión, si el hombre, el „instrumento”, de excepción existe, el movimiento lo utiliza: pero el movimiento vive lo mismo cuando tal personalidad eminente no existe. Nuestra teoría del jefe está muy lejos de los cretinismos con que las teologías y las políticas oficiales demuestran la necesidad de los pontífices, de los reyes, de los „primeros ciudadanos”, de los dictadores y de los duches, pobres marionetas que se ilusionan con hacer la historia.
    Más aún: este proceso de elaboración de material perteneciente a una colectividad, que nosotros vemos en la persona del dirigente, de la misma manera que toma de la colectividad y a ella restituye energías potenciadas y transformadas, así nada puede quitar con su separación del circulo de ésta. La muerte del organismo de Lenin no significa para nada el fin de esta función, si, como hemos demostrado, en realidad el material como él lo ha elaborado debe todavía ser alimento vital de la clase y del partido.

36 – Tesis de la Izquierda al 3er Congreso del P.C. de Italia (Tesis de Lyon) – 1926
    I, 3 -…el partido político es el órgano en el cual se concentra, precisamente, el máximo de posibilidad de voluntad e iniciativa en todo el campo de su acción: no cualquier partido, por cierto, sino el partido de la clase proletaria, el partido comunista, ligado, por así decirlo, por un hilo ininterrumpido a los objetivos últimos del proceso futuro. En el partido, dicha facultad volitiva, así como su conciencia y preparación teórica, son funciones colectivas por excelencia…. Por consiguiente, el concepto marxista del partido y de su acción, como ya hemos enunciado, rechaza tanto al fatalismo (espectador pasivo de fenómenos sobre los cuales no es capaz de influir directamente) como a toda concepción voluntarista en el sentido individual, según la cual las cualidades de preparación teórica, fuerza de voluntad, espíritu de sacrificio, en suma, un tipo especial de figura moral y un requisito de „pureza”, deberían ser exigidos indistintamente a cada militante del partido, el cual quedaría reducido a una élite distinta y superior al resto de los elementos sociales que componen la clase obrera.

37 – Discurso del representante de la Izquierda en el VI Ejecutivo Ampliado de la I.C. – 1926
   …Esto se refiere también a la cuestión de los jefes que el camarada Trotski resalta en el prólogo al volumen „1917” en su análisis de las causas de nuestras derrotas, y con cuya solución me solidarizo plenamente.
    Trotski no habla de los jefes en el sentido de que nosotros necesitemos hombres venidos del cielo para esta finalidad. No, él plantea el problema de manera muy distinta. Los jefes también son un producto de la actividad del partido, de los métodos de trabajo del partido y de la confianza que el partido ha sabido ganarse. Si el partido, a pesar de la situación variable y a menudo desfavorable sigue la línea revolucionaria y combate las desviaciones oportunistas, la selección de los jefes formación de un estado mayor, se llevarán a cabo de un modo favorable, y en el periodo de la lucha final, conseguiremos, no precisamente tener siempre a un Lenin, sino a una dirección sólida y valiente cosa que hoy, según el estado actual de nuestras organizaciones, se puede esperar muy poco.

38 – Fuerza, violencia y dictadura en la lucha de clase – 1948
    V -…esta tarea está confiada, por el contrario no a muchedumbres o grupos de individuos superiores que han descendido para beneficiar a la humanidad, sino a un organismo, a un mecanismo que se diferencia en el seno de la masa, utilizando los elementos individuales como células que componen los tejidos y elevándoles a una función que se hace posible sólo en este complejo de relaciones; este organismo, este sistema, este complejo de elementos, cada uno con funciones propias, análogamente a cuanto sucede en el organismo animal en el que se presentan sistemas complicadísimos de tejidos, de redes, de vasos, etc., es el organismo de clase, el partido, que en cierto modo, determina a la clase frente a sí misma y la hace capaz de desarrollar su historia.

39 – La inversión de la praxis en la teoría marxista (Reunión de Roma) – 1951
    10 -…En el partido, mientras desde abajo confluyen todas las influencias individuales y de clase, su aporte crea una posibilidad y una facultad de visión crítica y teórica y de voluntad de acción, que permite transmitir a los individuos militantes y proletarios la explicación de situaciones y procesos históricos, y también las decisiones de acción y de combate (Apéndice, gráfico VIII).
    11 – Así pues, mientras el determinismo excluye para el individuo la posibilidad de una voluntad y de una conciencia que precedan a la acción, la inversión de la praxis los admite únicamente en el partido, como resultado de una elaboración histórica general. Si, por lo tanto, voluntad y conciencia deben atribuirse al partido, debe negarse que éste se forme del concurso de la conciencia y de la voluntad de individuos de un grupo, y que tal grupo pueda considerarse, en lo más mínimo, fuera de las determinaciones físicas, económicas y sociales existentes en todo el ámbito de la clase.
    12 – Por lo tanto, no tiene sentido el pretendido análisis según el cual existen todas las condiciones revolucionarias, pero falta una dirección revolucionaria. Es exacto decir que el órgano de dirección es indispensable, pero su aparición depende de las propias condiciones generales de lucha, jamás de la genialidad o del valor de un líder o de una vanguardia.

40 – Tesis características del partido (Tesis de Florencia) – 1951
    II, 5…La cuestión de la conciencia individual no es la base de la formación del partido: no solo ningún proletario puede ser consciente y mucho menos poseedor culturalmente de la doctrina de clase, sino que tampoco ningún militante a título individual, y tal garantía no la ofrecen tampoco los jefes. Esta garantía consiste solo en la unidad orgánica del partido.
    De la misma forma que se rechaza toda concepción de acción individual o de acción de una masa no ligada por un preciso tejido organizativo, también se rechaza la concepción del partido como una agrupación de sabios, de iluminados o de conscientes, sustituyéndola por la concepción de un tejido y de un sistema que en el seno de la clase proletaria tiene orgánicamente la función de explicarle la tarea revolucionaria en todos sus aspectos y en todas sus complejas fases.

41 – Las patas a los perros – 1952
   …los nuevos hechos, según nuestra concisa posición, no conducen a corregir las antiguas posiciones ni a añadir a éstas complementos y rectificaciones. La lectura de los textos de principio la hacemos hoy como en 1921 y antes, la lectura de los hechos sucesivos del mismo modo, quedando confirmadas las propuestas sobre el método de trabajo de organización y de acción.
    Este trabajo no está confiado ni a una persona ni a un comité, ni mucho menos a una oficina, es un momento y un sector de un trabajo unitario que se desarrolla desde hace más de un siglo y muy por encima de la sucesión de generaciones, no inscribiéndose en el curriculum vitae de nadie, ni siquiera en el de los que han tenido larguísimos periodos de elaboración coherente y maduración de los resultados. El movimiento prohíbe y debe prohibir iniciativas extemporáneas y personales o contingentes en esta obra elaboradora de textos directivos y también de estudios interpretativos del proceder histórico que nos circunda.
    La idea de que con una horita de tiempo la pluma y el tintero cualquiera se dedique a redactar textos, o incluso que lo haga la cirinea „base” invitada por una circular o por una efímera reunión académica ruidosa o clandestina es una idea infantil. Los resultados hay que notificarlos y desacreditarlos desde el principio. Sobre todo cuando una disposición tal de dictámenes viene por parte de los maniacos de la obra y de la intervención humana en la historia. ¿Intervienen hombres, determinados hombres, o un determinado Hombre con mayúsculas? Vieja cuestión. La historia la hacen los hombres, solo que saben muy poco por qué la hacen y cómo la hacen. Pero en general todos los que „padecen” de la acción humana y los que se burlan de un presunto automatismo fatalista, por una parte son los que cultivan en su propio foro interior la idea de tener en su propio cuerpecillo ese Hombre predestinado, y por otra parte son los que no han entendido nada y nada pueden; ni siquiera entender que la historia no gana o pierde una décima de segundo, tanto si ellos duermen como lirones, como si llevan a cabo el sueño generoso de agitarse como obsesos.
    Con gélido cinismo y sin el mínimo remordimiento, a todo ejemplar superactivista más o menos autoconvencido de sus muy serias funciones y a todos los sinedrines de innovadores y pilotos del mañana, repetimos: «¡iateve a cuccà!». Sois impotentes incluso para darle cuerda al despertador.
    La tarea de poner en su sitio las tesis y enderezar las patas a los perros que se desmadran desde todas partes, tarea que reaparece siempre donde menos te los esperas, requiere algo muy distinto que la hora escasa que dura el congresito o el discursillo. No es fácil intentar hacer un índice de los lugares donde se ha debido acudir a taponar vías de agua, evidentemente obra o trabajo considerado poco glorioso por los que han nacido para „pasar a la historia”, con un estilo que no se tapona sino que se abre. Pensamos que puede servir un pequeño índice que obviamente no es perfecto y tendrá repeticiones e inversiones.
    Indicamos las tesis correctas frente a los errores: no llamamos a éstas antitesis, pronunciado despacio, que se confunde con el resbaladizo antítesis o lo que es lo mismo, presencia contrapuesta de dos tesis distintas. Diremos: contratesis.
    También por puras razones expositivas dividimos los puntos en tres sectores, en evidente intercomunicación: historia, economía, filosofía (considerad el vocablo entre comillas)…
    Las dilucidaciones sobre estas expresiones sintéticas han aparecido en numerosos escritos de partido y relaciones sobre conferencias y reuniones.
    El freno a improvisaciones peligrosas no significa que tal trabajo pueda pensarse como un monopolio o una exclusiva en manos de quienquiera que sea.
    Se pueden poner en orden los argumentos con mayor cuidado y se puede con mayor claridad y eficacia componer la exposición. Con actividad y estudio puede ser mejor hecho, en otros 7 años y 7 horas por semana.
    Si después vienen quemadores de etapas, con ramilletes, convendrá decir (como recordamos en una ocasión del frígido Zinoviev) que han venido hombres de esos que aparecen cada 500 años: y él lo decía de Lenin.
    Esperamos que sean embalsamados. Nosotros no nos sentimos como para tanto.

42 – Polítique d’abord – 1952
   …Sustituida la fe ciega en un nombre respecto de los principios, de las tesis, de las normas de acción del partido como ente impersonal, asegurada por el favor ingenuo de las masas y de los mismos militantes, la influencia de una persona, que a la excitante ambición, latente o no, acompañaba dotes (al menos 95 veces sobre cien absolutamente espurias) de ingenio, cultura, elocuencia, habilidad y coraje, hicieron históricamente posibles los fenomenales descarrilamientos, los increíbles virajes de rumbo, con los que partidos enteros y notables fracciones de partido hicieron pedazos la línea de su doctrina y de su tradición, e hicieron así que la clase revolucionaria abandonase o invirtiese sin rodeos su frente de combate.
    Estratos de militantes y de masas proletarias encajaron increíblemente cambios sorprendentes de fórmulas y de recetas; y cuando no cayeron en el engaño tuvieron oleajes funestos. Fracasó, por ejemplo, Mussolini en el intento de trajinar al partido socialista italiano en la borrachera de la guerra, pero en la fracción socialista de Milán que en octubre de 1914 por unanimidad le gritaba fuera, osó gritar al partir: ¡Me odíais porque me amáis!
    Una larga y trágica experiencia debería haber enseñado, pues, que en la acción de partido es necesario usarles a todos según sus variadísimas actitudes y posibilidades, pero que „no es necesario amar a nadie”, y estar dispuestos a arrojar fuera a cualquiera, aunque hubiese cumplido 11 meses de cárcel por cada año de vida. La decisión sobre las propuestas de acción en los grandes acontecimientos se debe conseguir hacer fuera de la „autoridad” personal de maestros, jefes y dirigentes, y en base a las normas de principio y de acción prefijadas por nuestro movimiento: postulado dificilísimo, lo sabemos bien, pero sin el cual no se ve el camino para que un potente movimiento reaparezca.
    La exaltación por las „res gestae”, para las gloriosas hazañas de este o de aquel pretendido caudillo de muchedumbres, las mareas oceánicas en sus subidas y bajadas, ha servido siempre de pasarela para las más sorprendentes manipulaciones sobre los principios del movimiento. Seguidores y jefe muchas veces habían vivido así la exterioridad dramática de la lucha que habían ignorado, olvidado, quizás nunca penetradas, las „tablas” de teoría y de acción sin las cuales no hay partido, no hay ascenso y victoria de la revolución. Y por esto cuando el jefe se hace trampa a sí mismo y a los demás, y cambia las cartas, tiene lugar en mil casos el extravío.

43 – La marioneta en la historia – 1953
    9 -…Frenemos pues esta tendencia y en cuanto sea prácticamente posible suprimamos, no por cierto a los hombres, sino al Hombre con aquel dado Nombre y con aquel dado Curriculum Vitae…
    Sé la respuesta que sugestiona fácilmente a los compañeros ingenuos. LENIN. Bien, es cierto que después de 1917 ganamos muchos militantes para la lucha revolucionaria porque se convencieron de que Lenin había sabido hacer y había hecho la revolución: vinieron, lucharon y luego profundizaron mejor nuestro programa. Con este expediente se han movido proletarios y masas enteras que quizás habrían dormido. Admitido. ¿Pero después? Con el mismo nombre se va haciendo palanca para la total corrupción oportunista de los proletarios: estamos reducidos hasta tal punto que la vanguardia de la clase está mucho más que antes de 1917, cuando pocos sabían aquel nombre.
    Entonces digo que en las tesis y en las directrices establecidas por Lenin se resume lo mejor de la colectiva doctrina proletaria, de la política real de clase; pero que el nombre como nombre tiene un balance pasivo. Evidentemente se ha exagerado. Lenin mismo estaba hasta las orejas de bombo personal. Sólo son los hombrecillos vacíos los que se creen indispensables en la historia. Lenin se reía como un niño al escuchar tales cosas. Era seguido, adorado, y no comprendido…
    Deberá llegar un tiempo en el que un fuerte movimiento de clase tenga teoría y acción correcta, sin explotar simpatías por los nombres. Creo que llegará. Quien no nos cree no puede ser más que un desconfiado de la nueva visión marxista de la historia, o peor un jefe de los oprimidos a sueldo del enemigo.
    11-…La revolución burguesa debe tener un símbolo y un nombre, por mucho que también ella, en última instancia, sea hecha por fuerzas anónimas y relaciones materiales. Es la última revolución que no sabe ser anónima: por eso la recordamos como romántica.
    Es nuestra revolución la que aparecerá cuando ya no haya estas pronas genuflexiones a personas, hechas sobre todo de vileza y de extravío, y como instrumento de la propia fuerza de clase tendrá un partido fundido en todos sus caracteres doctrinales, organizativos y combatientes, que nada dependa del nombre y del mérito del individuo, y que le niegue al individuo conciencia, voluntad, iniciativa, mérito o culpa, para resumir todo en su unidad de tajantes confines.

44 – El graznido de la praxis – 1953
    19 -…La actividad es de los trabajadores, la conciencia solo de su partido. La actividad, la praxis, es directa y espontánea, la conciencia está reflejada, retardada, anticipada, sólo en el partido, y sólo cuando éste existe y actúa, la clase deja de ser un frío episodio de censo y se convierte en fuerza operante en la „época de subversión”, y arroja sobre un mundo enemigo una acción que posee un fin conocido y deseado; conocido y deseado no por individuos, sean gregarios o jefes, soldados o generales, sino por la impersonal colectividad del partido, que abarca lejanos países y muchas generaciones y, por tanto, no es patrimonio exclusivo de una cabeza pero si lo es de los textos, otra técnica mejor no hay para que pasen la más rígida criba el soldado y sobretodo el general; mientras que es una banalidad sin límite el contraste inmanente entre dirigente y ejecutante, última blague (fanfarronada, en francés en el original) insípida transalpina.
    La derecha del partido ruso quería que el miembro del partido viniese de un grupo obrero de profesión o de fábrica federado en el partido: los sindicatos fueron llamados por los rusos asociaciones profesionales. En un sentido polémico Lenin forjó la histórica frase de que el partido sobre todo es una organización de revolucionarios profesionales A estos no se les pregunta: ¿sois obreros? ¿de qué profesión? ¿mecánico, soldador o carpintero? Ellos pueden ser muy bien tanto obreros de fábrica como estudiantes o incluso hijos de nobles; responderán: revolucionario, esta es mi profesión. Solo el cretinismo estalinista podía dar a esta frase el sentido de revolucionario de oficio, de asalariado del partido. Esta fórmula inútil habría dejado el problema en el mismo punto. ¿Contratamos empleados para el aparato entre los obreros, o también fuera? Pero se trataba de algo muy distinto.

45 – Presión „racial” del campesinado, presión clasista de los pueblos de color – 1953
    Ni libertad de teoría ni libertad táctica.
    Hay que ponerse de acuerdo en este principio fundamental de la Izquierda. La unidad sustancial y orgánica del partido, que se opone diametralmente a la unidad formal y jerárquica de los estalinistas, es una necesidad en materia de doctrina, en materia de programa y también para lo que se denomina la táctica. Si entendemos por táctica los medios de acción, éstos sólo pueden ser definidos a través de la misma investigación que nos ha permitido formular las reivindicaciones de nuestro programa final e integral basándonos en los datos de la historia pasada.
    Los medios no pueden ser elegidos ni variar sin motivo a merced de las sucesivas épocas o, peor aún, de los diversos grupos, sin que se vean también afectados de modificación los objetivos programáticos y todo el curso que conduce a ellos.
    Evidentemente, los medios no son elegidos por sus cualidades intrínsecas – belleza o fealdad, dulzura o amargor, flexibilidad o dureza. Pero su sucesión tiene que haber sido prevista en sus grandes líneas por el partido y formar parte de su armamento común en lugar de estar abandonada al azar de las „situaciones” cotidianas. Siempre ha sido ese el sentido del combate de la Izquierda. Eso es lo que expresamos también cuando decimos que la „base” está obligada a ejecutar las indicaciones tácticas del centro, en la medida en que el centro mismo esté ligado por un „abanico” de tácticas posibles, ya previstas, y que correspondan a eventualidades también previstas. Sólo con ese vínculo dialéctico es posible superar un problema que es estúpido querer resolver a través de la democracia consultiva, cuya absurdidad ya hemos demostrado muchas veces. En efecto, todos la reivindican pero, en mayor o menor medida, todos están igualmente dispuestos a ofrecer el espectáculo a pequeña o a gran escala de asombrosos abusos de autoridad y de cambios sorprendentes en la organización.

46 – Diálogo con los muertos – 1956
    74 -…El marxismo, y aquí sería necesario el tratadillo histórico-filosófico, no se apoya ni sobre una persona a la que haya que exaltar, ni sobre un sistema de personas colectivo, como sujetos de la decisión histórica, porque extrae las relaciones históricas y las causas de los acontecimientos de relaciones de cosas con los hombres, de tal forma que se ponen en evidencia los resultados comunes a cualquier individuo, sin pensar más en sus atributos personales individuales.
    Puesto que el marxismo rechaza como solución de la „cuestión social” toda formulación „constitucional” y „jurídica” como premisa al concreto curso histórico, no tendrá preferencias y no dará respuesta a las cuestiones mal planteadas: ¿debe decidirlo todo un hombre, un grupo de hombres, todo el corpus del partido, todo el corpus de la clase? Ante todo, no decide nadie, sino un campo de relaciones económico-productivas comunes a grandes grupos humanos. No se trata de pilotar la historia, sino de descifrarla, de descubrir sus corrientes y el único medio de participar en su dinámica es tener un cierto grado de ciencia de ella, algo muy diversamente posible en las distintas fases históricas.
    ¿Y entonces, quién la descifra mejor, quién explica mejor su ciencia, su exigencia? Según. Puede ser incluso uno sólo, mejor que el Comité, que el partido, que la clase. Consultar „a todos los trabajadores” no avanzar más que consultar a todos los ciudadanos con el insensato „recuento de cabezas”. El marxismo combate el laborismo, el obrerismo, en el sentido de que sabe que en muchos casos, en su mayor parte, la deliberación sería contrarrevolucionaria y oportunista… En cuanto al partido, incluso después de su selección de aquellos que por principio niegan „las piedras angulares” de su programa, su mecánica histórica tampoco se resuelve con la „base tiene siempre la razón”. El partido es una unidad histórica real, no una colonia de microbios-hombre. A la fórmula que dicen que es de Lenin de „centralismo democrático” la Izquierda Comunista siempre ha propuesto sustituirla por la de centralismo orgánico. En cuanto a los comités, muchos son los casos históricos que desacreditan a la dirección colegiada: no debemos repetir aquí la relación entre Lenin y el partido, Lenin y el Comité Central, en abril de 1917 y en octubre de 1917.
    El mejor detector de las influencias revolucionarias en el campo de fuerzas históricas puede, en determinadas relaciones sociales y productivas ser la masa, la muchedumbre, un consejo de hombres, un sólo hombre. El elemento discriminante está en otro sitio.
    75 -…Citando a Lenin, no se han acordado de una construcción suya magnífica que está dirigida, nada menos que al… Comité Central.
    «La clase obrera… en su lucha en todo el mundo… necesita de una autoridad… en la medida en que el joven obrero necesita de la experiencia de los combatientes más ancianos contra la opresión y la explotación… de los combatientes que han tomado parte en muchas huelgas y en diversas revoluciones, que han adquirido sabiduría por las tradiciones revolucionarias y tienen, por tanto, una amplia visión política. La autoridad de la lucha mundial del proletariado mundial es necesaria para los proletarios de cada país… el cuerpo colectivo de los obreros de cada país que conducen directamente la lucha será siempre la máxima autoridad en todas las cuestiones».
    El centro de este párrafo son los conceptos de tiempo y de espacio, llevados a su extensión máxima; tradición histórica de la lucha, y campo internacional de ésta. Añadimos a la tradición el futuro, el programa de la lucha de mañana. ¿Como se conocerá en todos los continentes y en todas pocas este corpus leninista, al que damos el poder supremo en el partido? Esto es tarea de vivos, de muertos y de los que nacerán: esta nuestra fórmula que por cierto no la hemos „creado”: está en el marxismo, está en Lenin.
    ¿Quién chismorrea ahora de poderes y autoridad confiados a un jefe, a un comité directivo, a una consulta de cuerpos contingentes en territorios contingentes? Toda decisión será para nosotros buena si está en las líneas de esa visión amplia y mundial. Puede captarla un sólo ojo o un millón.
    Marx y Engels erigieron esta teoría, desde que explicaron, contra los libertarios, en qué sentido son autoritarios los procesos de las revoluciones de clase, en los cuales el individuo desaparece como quantité négligeable, con sus caprichos de autonomía, pero no se subordina a un jefe, a un héroe o a una jerarquía de marchitados instituidos.

47 – Estructura económica y social de la Rusia de hoy – 1956
    Todo aquello que Lenin grita e incide en el texto de aquellas históricas tesis está claramente en contra de lo que en Rusia hacían, además de los partidos burgueses y pequeño burgueses, también los obreros y su mismo partido. Pero al mismo tiempo está ferozmente conforme con todo aquello que estaba escrito, en la ruta de Marx y Engels en 1848, remachada en cien acontecimientos, y en la ruta trazada por el mismo Lenin desde 1900 en adelante acerca de Rusia.
    Los cagaprisas que tiemblan cada vez que oyen hablar de una nueva, moderna directriz, deben comprender solo esto: nosotros defendemos la inmutabilidad del rumbo, pero no su rectilineidad. Esta está llena de difíciles recovecos. Pero no nacen en la cabeza o en el capricho del jefe, del líder, como dice Trotski. Líder significa de hecho guía. El jefe del partido no tiene en las manos un volante y no puede maniobrar arbitrariamente la dirección, es el conductor de un tren o de un tranvía. Su fuerza está en que él sabe que la vía esta determinada, pero ciertamente no es rectilínea en todas partes, conoce las estaciones por donde pasa y la meta a donde conduce, las curvas y las pendientes.
    Ciertamente, no solo él lo sabe. El trazado histórico pertenece no a una cabeza pensante, sino a una organización que va más allá de los individuos sobre todo en el tiempo, hecha de una historia vivida y de una doctrina (para vosotros la palabra dura) codificada.
    Si esto es desmentido, estamos todos fuera de combate y ningún nuevo Lenin nos salvarás. Iremos a la mortificación apretando los manifiestos, los libros y las tesis en una bancarrota no compartible.

48 – El „extremismo”, condena de futuros renegados – 1961
    14 -…¿Desde qué micrófono dicta órdenes esta fuerza colectiva? Contestamos siempre que hay una regla mecánica y formalista: No es la mitad más uno quien tiene el derecho a hablar, incluso si en muchos traspasos sirve este método burgués; y no aceptamos como regla metafísica el „recuento de cabezas” dentro del Partido, el sindicato, los consejos o la clase: algunas veces la voz decisiva vendrá de la masa en movimiento, otras de un grupo dentro de la estructura del Partido (Lenin no tiene miedo, como veremos, de decir oligarquía), otras veces por uno sólo, por un Lenin, como sucedió en Abril de 1917 y en el mismo octubre, contra la opinión de „todos”.

49 – La gran luz se ofuscó – 1961
   …No basta la solidez teórica del partido… para llevar al máximo el entrelazamiento entre la doctrina y la acción de la clase. Puede existir en los militantes del partido seguridad y entusiasmo, pero los militantes no lo pueden generar en las masas de cualquier modo y siempre, con su actividad de oradores, agitadores y escritores. no es un proceso retórico lo que llama a las masas en torno al partido, ni el poseer un conjunto de hombres elegidos, los famosos „jefes”, que han dejado una historia, mas bien crónica, piadosa. El proceso es de física social, se constata, no se provoca.
    Una tesis que nos presiona enormemente es que no se trata de elegir un grupo de hombres que forme el „estado mayor” del partido, y como se dice con la palabra de moda, el „staff” o el „cast”. No se trata de fabricar con descubrimientos de personas lo que dicen hoy un trust de cerebros. Esta es una posición chismosa y despreciable de la que debemos mantenernos alejados. Esta ilusión no se nutre nunca de buena fe, sino que manifiesta hacia el exterior el carrerismo banal, peste de las democracias políticas, con las que se abren camino a empujones elementos que no tienen cualidades para sobresalir, si no la de astutos servidores de una ambición morbosa, y en todo caso de todo aquello que sea más fuerte que ellos. Todo farolero es un vil.
    La historia de la miseria del Comintern, que siguió a su breve e inolvidable grandeza, fue la que se puso a buscar a los hombres más convenientes. En su momento denunciamos sin reticencias que esta era una selección a la inversa. Quizás los compañeros rusos en casos dados pensaron que estos pedazos de la máquina de partido habrían podido ser marginados a corto plazo, en el caso ya previsto de un rápido desgaste. Pero nosotros acusamos a este criterio de evidente exceso del voluntarismo más artificial.

50 – Consideraciones sobre la orgánica actividad del partido cuando la situación general es históricamente desfavorable – 1965
    9 -…Todos sabemos que, cuando la situación se radicalice, innumerables elementos se alinearán con nosotros, en una vía inmediata, instintiva, y sin el mínimo curso de estudios que pueda imitar calificaciones escolásticas.
    14 -…La transmisión de esta tradición no deformada con los esfuerzos para hacer real una nueva organización de partido internacional sin pausas históricas, organizativamente no se puede basar en la elección de hombres muy cualificados o muy informados de la doctrina histórica, sino que orgánicamente no puede más que utilizar del modo más fiel la línea entre la acción de grupo con la que ella se manifestaba hace 40 años y la línea actual. El nuevo movimiento no puede esperar superhombres ni tener Mesías, sino que se debe basar en la reavivación de cuanto pueda haber sido conservado a través de mucho tiempo, y la conservación no puede limitarse a la enseñanza de tesis y a la búsqueda de documentos, sino que se sirve incluso de utensilios vivos que forman una vieja guardia y que confíen en dar una consigna incorrupta y potente a una joven guardia.

51 – Tesis sobre la tarea histórica, la acción y la estructura del partido… (Tesis de Nápoles) – 1965
    11 -…Naturalmente no renegaremos de nosotros mismos cometiendo la chiquillada de rebuscar la salvación buscando a los hombres mejores o eligiendo a jefes o semijefes, bagaje que consideramos distintivo del fenómeno oportunista, antagonista histórico del camino del marxismo revolucionario de izquierda.

52 – Tesis suplementarias… (Tesis de Milán) – 1966
    9 -…El esfuerzo actual de nuestro partido en su difícil tarea es el de liberarse para siempre del empuje traidor que parecía emanar de hombres ilustres, y de la función despreciable de fabricar, para alcanzar sus objetivos y sus victorias, una estúpida notoriedad y publicidad para otros nombres personales. Al partido no le deben faltar en ninguno de sus meandros la decisión y el coraje de combatir por un resultado similar, verdadera anticipación de la historia y de la sociedad de mañana.

53 – Premisa a las „Tesis de después del 1945” – 1970
    La organización, como la disciplina, no es un punto de partida, sino de llegada; no tiene necesidad de codificaciones estatutarias y de reglamentos disciplinarios; no conoce antítesis entre „base” y „vértice”; excluye las rígidas barreras de una división del trabajo heredada del régimen capitalista, no porque no tenga necesidad de „jefes”, e incluso de „expertos” en determinados sectores, sino porque estos son y deben ser, como y más que el más „umilde” de los militantes, vinculados por un programa, por una doctrina y por una clara y unívoca definición de las normas tácticas comunes para todo el partido, conocidas por cada uno de sus miembros, públicamente afirmadas y sobre todo traducidas a la práctica frente a la clase en su conjunto; y son tan necesarios, como dispensables en cuanto dejen de responder a la función a la que por selección natural, y no por ficticios recuentos de cabezas, el partido les ha delegado, o cuando, peor aún, se desvían del camino señalado para todos. Un partido de este género – como tiende a ser y se esfuerza por llegar a ser el nuestro, sin pretender con esto ni una „pureza” ni una „perfección” antihistórica – no condiciona su vida interna, su desarrollo, su (decimos también) jerarquía de funciones técnicas, al capricho de decisiones contingentes y mayoritarias; crece y se refuerza por la dinámica de la lucha de clase en general y de la propia intervención en ella en particular; crea, sin prefigurarlos, sus instrumentos de batalla, y sus „órganos”, a todos los niveles; no tiene necesidad – si no es en excepcionales casos patológicos – de expulsar tras un „proceso” regular a quien ya no se siente capaz de seguir la común e inmutable vía, porque debe estar en condiciones de eliminarlo del propio seno como un organismo sano elimina espontáneamente sus propios deshechos.
    „La revolución no es una cuestión de formas de organización”; es la organización con todas sus formas la que, por el contrario, se constituye en función de las exigencias de la revolución prevista lo en su desembocadura, sino en su camino. Consultas, constituciones y estatutos son propios de las sociedades divididas en clases, y de los partidos que expresan a su vez no el curso histórico de una clase, sino el entrelazamiento de los cursos divergentes o no plenamente convergentes de varias clases. Democracia interna y „burocratismo”, homenaje a la „libertad de expresión” individual o de grupo, y „terrorismo ideológico”, son términos no ya antitéticos, sino dialécticamente conexos: unidad de doctrina y de acción táctica, y carácter orgánico del centralismo organizativo, son igualmente caras de una misma medalla.

CAP. 4 – EL PARTIDO, PREFIGURACIÓN DE LA SOCIEDAD COMUNISTA

De cuanto hemos dicho a propósito de las características del órgano partido, debe resultar clara nuestra afirmación de que el partido prefigura, en su dinámica interna, en las relaciones entre sus diversos órganos y las diversas moléculas que componen su complejo organismo, la sociedad comunista futura sin clases y sin Estado.

El partido, actor y sujeto de la revolución violenta y de la dictadura, no es un partido cualquiera; es el partido comunista, ligado por ello a una perspectiva histórica especial de la que se deriva su programa y su acción, expresión de una clase particular, cuya lucha no va en el sentido de restablecer el dominio de una clase sobre otras clases sino en el de destruir la división en clases de la sociedad. El fin es la sociedad sin clases, la sociedad sin valores de cambio, la sociedad en la cual el interés individual y el interés de la especie ya no están contrapuestos, la sociedad donde cada uno darán sus posibilidades y recibirán sus necesidades; la sociedad, en fin, en la cual la adhesión de todos los individuos a los intereses sociales generales será obtenida sin ningún tipo de constricción, espontánea y orgánicamente.

El choque violento entre las clases, que el partido debe ser capaz de dirigir sin titubeos, como sin titubeos dirigirá en primera persona violencia y terrorismo estatal, se presenta pues, no como fin en sí mismo, sino como medio para la consecución de un fin que la dinámica interna del partido ya prefigura. El partido, de hecho, expresando los intereses de una sola clase en lucha por la eliminación de las clases, no presenta en su interior contrastes de intereses sociales; y en consecuencia está en condiciones de realizar su jerarquía de funciones orgánicas sin necesidad de mecanismos particulares ni aparatos coercitivos o con valor legal. En el partido ya no existen relaciones de tipo mercantil y el cemento del organismo viene dado por la libre adhesión de todas las células al combate y al sacrificio para un fin común. El cemento que mantiene unidos a los distintos miembros de la organización que liga el centro con la periferia y, al contrario, y que consigue que las órdenes sean seguidas por todos, es la confianza recíproca, la solidaridad entre compañeros que reconocen un fin único, que trabajan en común para un fin común (Lenin, „¿Qué Hacer?”).

El partido debe ser y será el estado mayor de la revolución y de la dictadura, pero lo será tanto más cuanto más consiga poseer una dinámica interna que escape a todos los tipos de relaciones entre los hombres que son propias de la sociedad actual; cuanto menos se funden las relaciones internas en choques entre hombres y grupos, expresión de intereses de clase, cuanto menos formales sean las jerarquías, cuanto menos mecánicas, democráticas o burocráticas, cuanto menos se imite la división de las funciones entre los distintos miembros de la organización a la burguesa división del trabajo, cuanto menos deba contar con el nombre de personas y cuanto más prevalezcan la indagación solidaria y racional de las mejores soluciones, la disciplina espontánea y natural a una directriz reivindicada por todos como común, el trabajo anónimo, impersonal y colectivo de todas las células que componen el organismo.

El partido puede ser órgano tajante de lucha política entre las clases, en la medida en que cesa en su interior y viene a menos la lucha política; puede ser eficiente órgano de represión dictatorial en la medida en que en su interior no existe ni represión, ni dictadura.

Mientras tanto, el partido es „estado mayor” en cuanto es prefiguración del modo natural y espontáneo de asociarse, que será precisamente el de la futura humanidad comunista. Si el partido pierde este carácter, si en su interior prevalece la lucha entre intereses contrastantes, la coerción, el burocratismo, el formalismo, el carrerismo, el homenaje a los grandes nombres, etc, por el contrario, de debilita en su función primaria de órgano político, de estado mayor de la revolución proletaria. ¿Significa esto concebir el partido como „un falansterio circundado por infranqueables muros”, „una isla de comunismo en las vísceras de la sociedad presente”? ¡Absolutamente no! Porque el partido está siempre y constantemente expuesto a la influencia de la sociedad en que se encuentra para combatir. De manera que su modo orgánico de funcionar, su prefiguración de la futura sociedad humana, no es fruto de una fórmula estatutaria sentada como base de la organización, sino que es fruto de una continua lucha del partido, de un trabajo continuo dirigido a esta realización que es, como la disciplina, no un punto de partida, sino un punto de llegada.

Nuestra tesis, dinámica, no estática, es que el partido crece y se refuerza en la medida en que consigue realizar esta dinámica propia del mismo, se debilita en la medida en que las situaciones reales e históricas no le permiten avanzar en esta dirección, muere cuando eventualmente deja de caminar por este camino y de luchar por este fin o cuando teorizó sin rodeos, como sucedió a la III Internacional, después de 1923, como suya una dinámica típica de las sociedades divididas en clases y de los partidos que las representan.

CITAS

54 – Lenin en el camino de la revolución – 1924
   …La organización en partido que permite a la clase ser verdaderamente tal y vivir como tal, se presenta como un mecanismo unitario en el que los diversos „cerebros” (no sólo por cierto los cerebros, sino también otros órganos individuales) realizan tareas diversas según las actitudes y potencialidades, todos al servicio de un objetivo y de un interés que progresivamente se unifica cada vez más íntimamente „en el tiempo y en el espacio”.
    Ésta es anti-individualista en cuanto materialista; no cree en el alma o en un contenido metafísico y trascendente del individuo, sino que inserta las funciones de éste en un cuadro colectivo, creando una jerarquía que se desarrolla en el sentido de eliminar cada vez más la coerción, sustituyéndola con la racionalidad técnica. El partido es ya un ejemplo de una colectividad sin coerción.

55 – ¿Volcán de la producción o pantano del mercado? – 1954
    15 -…En cierto sentido el partido es el depositario anticipado del conocimiento seguro de una sociedad venidera y sucesiva también a la victoria política y a la dictadura del proletariado. Ni en esto hay nada de mágico, ya que el fenómeno es históricamente constatable para todos los modos de producción y para el de la burguesía, cuyos precursores teóricos y primeros luchadores políticos desarrollaron la crítica de formas y valores de la época, afirmando tesis, que sucesivamente llegaron a ser de acepción general: mientras en el ambiente que les circundaba, los mismos burgueses auténticos seguían a las confesiones antiguas y conformistas, no reconociendo en las enunciaciones teóricas ni siquiera sus palpables intereses materiales.

56 – Rusia y revolución en la teoría marxista – 1955
    II, 39 -…En términos exactos la conciencia proletaria no existirá nunca. Existe la doctrina, el conocimiento comunista, y éste está en el partido del proletariado, no en la clase… 

57 – Los fundamentos del comunismo revolucionario marxista – 1957
    III, 14 -…La vía para superar esta situación de inferioridad pasa, a través de una larga serie de conflictos, por órganos constituidos sin ningún material y sin ningún modelo tomado de los órganos del mundo burgués, y que sólo pueden ser el Partido y el Estado proletario, en los cuales se cristaliza la sociedad de mañana antes de existir históricamente. En los órganos que llamamos inmediatos, que reproducen y conservan la impronta de la fisiología de la sociedad actual, no puede virtualmente cristalizarse más que la repetición y la salvación de esta última.

58 – Contenido original del programa comunista… – 1958
    10 -…La capacidad para describir con antelación y de apresurar el futuro comunista, no buscada dialécticamente ni en el individuo ni en lo universal, se encuentra en esta fórmula que sintetiza su potencial histórico: el partido político, actor y sujeto de la dictadura.
    Si la persona es un peligro – en efecto, ella no es más que un desvariar milenario de los hombres en las sombras que los apartan de su historia de especie – la vía que lo combate está solo en la cualidad unitaria universal del partido, en el que se realiza la concentración revolucionaria, más allá de los límites de la localidad, de la nacionalidad, de la categoría de trabajo, de la empresa-penal de asalariados; en el que vive anticipada la sociedad futura sin clases y sin intercambio.

59 – Las luchas de clases y de estados en el mundo de los pueblos no blancos… – 1958
    13 -…El partido comunista no tiene nombres ni divos, ni siquiera Marx o Lenin; el partido comunista es una fuerza que saca su potencial de una humanidad que aún no ha nacido y cuya vida será solamente vida de colectividad y de especie, de las más simples funciones manuales hasta las más complejas y arduas actividades mentales. Definimos el partido: proyección en el hoy del Hombre-Sociedad de mañana.
     Tal posesión de la doctrina revolucionaria hace del partido el depositario de la posición del futuro hombre social comunista. En este sentido, en varios textos escribimos que en él vive anticipada la sociedad futura sin clases y sin intercambio; en é la muerte del individualismo y de toda ideología y praxis personal.

60 – Tesis sobre la tarea histórica, la acción y la estructura del partido… (Tesis de Nápoles) – 1965
    13 -…Que en el partido se pueda tender a dar vida a un ambiente ferozmente anti-burgués, que anticipe ampliamente los caracteres de la sociedad comunista, es un antiguo enunciado, por ejemplo de los jóvenes comunistas italianos desde 1912.
    Pero esta digna aspiración no podrá reducirse a considerar al partido ideal como un falansterio rodeado por muros infranqueables.