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LO HAN DICHO ELLOS
En el momento de redactar esta nota, son ya doce los mineros asesinados por la patronal en lo que va de año en León y Asturias. La complicidad directa de los sindicatos del régimen en estos crímenes es ya tan evidente, que hasta los mismos politicastros de la burguesía deben reconocerlo: «Cuando un sindicato tiene que estar al servicio de y para los trabajadores, está financiado por un patrón, por un Gobierno, pues como dice el refrán, «el que paga manda»» (Declaraciones del diputado Antón Saavedra de Izquierda Unida (IU) en el Parlamento asturiano, posteriormente «desautorizado» por la dirección de IU en Asturias. El Mundo, 18-4-96).
¿Proximidad de las tesis de IU a las posiciones marxistas? No se trata de eso, precisamente. Las declaraciones de Su Señoría llegan en un momento en el que la rabia de los trabajadores gestada durante años de crímenes patronales sin respuesta y de traición sindical puede desbordarse algún día amenazando la paz social. De ahí que donde el oportunismo sindical se vea desbordado quede el punto de referencia del cretinismo parlamentario, para que tras pomposas declaraciones, se diga defendiendo lo esencial: el mantenimiento de la explotación capitalista y la esclavitud asalariada.
IMPUNIDAD EN ARGENTINA
Las leyes de Punto Final y de Obediencia Debida fueron el reconocimiento del Estado burgués argentino a los buenos servicios prestados por sus esbirros durante la pasada dictadura militar. Ésta y no otra es la justicia que los trabajadores pueden esperar de la democracia capitalista. La historia se repite una y otra vez, a un lado y a otro del Atlántico. ¡Que los proletarios argentinos y de todo el mundo aprendan que la única garantía de justicia para la clase obrera reside en la instauración de su dictadura revolucionaria!
RELEVO DEMOCRÁTICO EN ESPAÑ;A
Tras catorce años de eficaz gestión capitalista, el así denominado Partido Socialista Obrero Español (PSOE), deja las riendas del gobierno con la satisfacción del deber cumplido. Atrás quedan una modernización y una puesta al día conseguida, como sucede en cualquier país del mundo, degradando la condición obrera en beneficio del capital. Sólo cabe definir estos años «rojos» como los MEJORES desde el punto de vista capitalista de la reciente historia de España.
Las aparentes mejoras en las infraestructuras (demandadas y financiadas en gran parte por la CE) han ido acompañadas de otras obras de envergadura: reconversión industrial sin contemplaciones, despidos masivos, desregulación casi total del mercado laboral, salarios miserables, asistencia social reducida a su mínima expresión… Y todo esto con un coste social mínimo, ya que con un gobierno de derechas (en realidad todos los gobiernos en el capitalismo lo son) estas medidas de ajuste antiobrero habrían sido mucho más difíciles de asimilar por los trabajadores. Es una realidad, momentáneamente desfavorable para el movimiento obrero español, el peso que todavía ejerce el recuerdo de la guerra civil y la dictadura fascista de Franco, y esto es hábilmente utilizado sobre todo como señuelo electoral.
El nuevo gobierno, mejor dicho las nuevas caras que regirán en los próximos años los intereses comunes de toda la clase burguesa, no van a hacer sino seguir las líneas marcadas por sus predecesores y por sus compinches en todo el mundo. Los sindicatos del régimen ya le están facilitando el trabajo, es su función, firmando nuevas traiciones (pactos con la patronal y los gobiernos regionales para acabar con las huelgas y facilitar el despido a bajo coste para los capitalistas). De esta manera, poco a poco han conseguido reducir casi a la nada todas esas mejoras conseguidas durante largos años de lucha y sacrificio por la clase trabajadora.
VACAS CUERDAS, CAPITALISMO LOCO
La alocada carrera por el beneficio no conoce barreras ni sabe de escrúpulos. No es la primera vez, ni tampoco será la última que señalemos el carácter antisocial, nocivo e incluso antibiológico del modo de producción capitalista. Sus resultados están a la vista. La productividad, tanto agraria como industrial se ha multiplicado, pero con ella se han multiplicado el hambre, la miseria y la esquilmación de los recursos naturales. La cuestión de la carne es significativa. La necesidad capitalista de reducir el coste de producción para ganar cuota de mercado sea como sea, ha llevado a la manipulación alimenticia del ganado, ¡incluyendo hasta el canibalismo para no desperdiciar nada! La ganadería intensiva propia del capitalismo ha conseguido multiplicar espectacularmente su producción. Pero esto ha resuelto pocos problemas generales, y está creando otros mayores. Sólo un 10% de la humanidad ingiere mucho más de lo necesario para mantenerse sano, mientras que el resto sufre carencias y hambre crónica. ¿Dónde está el avance? Sólo en la obtención de beneficio para el capital. La locura, por tanto, no está en el ganado, que cada vez más se convierte en un verdadero depósito de proteinas artificiales y a menudo malsanas, sino en esta sociedad en la que vivimos que, día tras día, no hace sino confirmar la ley hegeliana del cambio cuantitativo en cualitativo.
BACILO DE KOCH Y CAPITALISMO
Las cifras (suministradas por la OMS, y por lo tanto libres del virus del comunismo) son elocuentes. En el año 1900 el número de muertos por tuberculosis en todo el mundo fue de dos millones, aproximadamente. En 1995 (¡casi 100 años después de celebrados progresos científicos!) la cifra de muertos ha rondado los tres millones. Pese a la objeción del aumento de población, lo cierto es que el bacilo de Koch, con sus versiones mejoradas, encuentra un excelente caldo de cultivo entre la pobreza y la miseria capitalistas. Que no se trata de algo exclusivo de países endémicamente pobres lo corroboran los datos referentes a las grandes urbes de los países más industrializados. ¡Sólo en Nueva York, el tratamiento contra la tuberculosis ha supuesto el desembolso de centenares de millones de dólares!
SÍNDROME CAPITALISTA
La firma de tratados y acuerdos pone de manifiesto el trabajo de las diplomacias para contener los antagonismos exasperados. En «Comunismo» de enero de 1993 escribíamos: «En tanto que el imperialismo no esté en grado de definir mediante la fuerza militar la división internacional del trabajo y el reparto del mercado mundial, no podrán instaurarse nuevos equilibrios sobre los restos de los que han sido destruidos». La sensación de haber pasado de una fase de posguerra a una de ante-guerra es puesta de manifiesto incluso por la misma burguesía. La clase obrera pagará el precio más alto con su propia vida, si no vuelve a encontrar el camino de la revolución, pero ya se están descargando los efectos de esta crisis sobre el proletariado de cada país. En Yugoslavia entre la indiferencia calculada de la prensa y de los partidos «progresistas», se está consumando desde hace tres años un conflicto que masacra la vida de miles de trabajadores; en el «Corriere della Sera» del 28 de febrero en una correspondencia desde Mostar, se incluye una entrevista con un siquiatra, Ramo Omanovic, que describe los sufrimientos producidos por la guerra: «La guerra ha producido, además de doscientos mil muertos y dos millones de prófugos, un pueblo sufriente. La siquiatría tiene un nuevo síndrome: se llama PTSD, es decir Post Traumatic Stress Disorder, conocido en América como ’síndrome del combatiente de Vietnám’. Pero en este caso, por vez primera, actúa masivamente: llamémoslo ’síndrome bosnio’». La Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula que en Yugoslavia un millón de personas tiene necesidad de terapia para enfermedades mentales, pero sólo uno de cada veinte puede ser curado. El síndrome se presenta como algo complejo: hay víctimas, o sea quien ha sufrido torturas o ha contemplado los horrores de la guerra, pero también hay soldados aplastados — como Macbeth — por el peso de las atrocidades que les han obligado a cometer.
La falta de un partido revolucionario amplio e influyente se hace notar: en los martirizados Balcanes, en el caso de que fuera evidente la acción del partido comunista, la reacción de los proletarios hambrientos no sería «si no hay pan dadnos veneno», como titula el «Corriere» su información.
MASACRES EN EL LÍBANO
Nuevamente las tensiones interimperialistas se han traducido en choque militar. En este caso, Hezbolá ha sido el pretexto, el ejército israelí el ejecutor, y la población civil pobre libanesa la víctima. Sobre esto último el «parte de bajas» no deja lugar a dudas, ya que los efectivos militares de Hezbolá, fácilmente localizables por la sofisticada maquinaria bélica israelí, han sufrido daños mínimos. Como la reciente tragedia yugoslava muestra, las escaramuzas entre los grandes colosos imperialistas y sus satélites no escatimarán para nada el uso del armamento para masacrar poblaciones enteras, anticipo, en carne viva proletaria, de los próximos horrores que se preparan con la tercera guerra mundial si la revolución del proletariado no lo impide antes.
HUELGAS EN LIVERPOOL
Las duras y prolongadas huelgas de los trabajadores portuarios y de los bomberos de Liverpool confirman que pese a todo, hay sectores de la clase obrera que no se resignan ante el empeoramiento de sus condiciones laborales y de vida. Estas huelgas sectoriales demuestran más que nunca la necesidad de un genuino sindicato de clase, que supere y rompa decididamente las barreras y divisiones impuestas a los proletarios por el régimen burgués y sus lacayos sindicales.