International Communist Party

Il Partito Comunista 227

[RG-61] Reunión internacional del partido

(Florencia, 27-29 de enero)

Es tarea del partido, precisamente cuando pensar en el comunismo resulta todavía más imposible, mantener la ciencia de la revolución y alimentarla con las confirmaciones que manan de los acontecimientos nuevos de la lucha entre las clases. A las vulgares bacanales de la contrarrevolución y a la grave desbandada de una clase obrera que se ha dejado traicionar tan gravemente y durante tanto tiempo, oponemos la presencia y la voz incorrupta del partido vivo. Partido pequeño, en cuanto a extensión aunque no porque así lo queramos, es el reflejo de las desfavorables relaciones de fuerza sociales, pero en el surco de la única doctrina marxista, emancipadora del proletariado, aquella de ayer y del mañana. Por encima de decenios y decenios de colosales desilusiones, que han quebrado las piernas a tres generaciones de engañadizos pero a la vez combativos trabajadores, continuamos presentando los coherentes resultados de nuestra no insignificante tradición, expresados por la prensa periódica y por las regulares y frecuentes reuniones internacionales de trabajo.

Éstas no son congresos democráticos, no se enfrentan tesis o tácticas innovadoras, no se vota ni se elige y destituye a nadie. Son simplemente lugares de trabajo revolucionario, donde las contribuciones de los individuos y de los grupos no se oponen ante la platea, sino que se entrelazan, se complementan y son asimilados por el conjunto del partido. No hay nada que descubrir, todo que confirmar, hoy en la teoría y en la vida fraterna de la milicia comunista, mañana en la acción destructora del proletariado mundial insurrecto.

* * *

Como de costumbre la reunión, organizada en Florencia en la sala de una biblioteca, se ha dividido en dos sesiones organizativas, el viernes por la tarde y el sábado por la mañana, y otras dos para la exposición de los informes temáticos. Se anunciaba con satisfacción la salida, y se distribuyeron copias, de nuestras revistas de prensa en lengua italiana, inglesa y francesa, a las que se ha venido a unir el primer número de la semestral “La Izquierda Comunista“, en lengua española, resultado muy apreciable del empeño de una sección nueva de jovenes compañeros. Hemos examinado los resultados de todos los grupos de trabajo -hoy prevalecientemente, pero no exclusivamente, de estudio- intercambiado indicaciones, consejos, fuentes documentales y repartido entre ellos las fuerzas, tendiendo a la colaboración entre militantes que pertenecen a secciones territoriales distintas. Se ha ilustrado y decidido la reproducción para uso interno de un detallado Indice por materias de las publicaciones del partido desde hace 45 años.

[RG-61] Cuestión campesina y revolución en Méjico

Se trataba luego, acerca de un estudio emprendido sobre Méjico, por la importante posición de este país en el interior del continente americano, en sentido económico y social, y también en cuanto a su posición geográfica, metido entre sus límites con el gigante capitalista, los USA, de un lado, y el subdesarrollo de Centro y Sur América de otro.

El trabajo procede, después de haber visto el periodo que va desde los orígenes precolombinos, a la conquista, a la colonización, a la independencia y el largo periodo de guerras civiles que siguió, hasta los albores de la revolución de 1910. Sin embargo, de todo esto ha sido presentado en la reunión sólo un bosquejo, posponiendo para la próxima el tratarlo más extensamente.

En cambio, han sido leídas y comentadas algunas citas del artículo “Las causas del atraso de América Latina”, aparecido en nuestra prensa en 1959, con el objetivo de encuadrar algunos elementos fundamentales. Así pues, se resalta de las características de la colonización española, el enorme poder que luego las clases terratenientes adquieren y consolidan con la independencia, obstruyendo el libre desarrollo en sentido capitalista de estos países y primera causa del drama que atenaza el continente latinoamericano.

Se puede decir que Méjico todavía forma parte de este mundo, aunque habiendo adquirido, al precio de sanguinarias revoluciones, las bases de un moderno Estado capitalista, con todos sus elementos de crisis. Con sus 90 millones de habitantes, puede ser considerada una área crucial para el futuro desarrollo de la crisis revolucionaria en el continente americano.

[RG-61] El curso de la economía

Se abría el informe con la actualización de las tablas y gráficos estadísticos de la economía capitalista, examinando la reanudación de la acumulación en este ciclo coyuntural, insertado en otro curso deprimido más general en el que el capitalismo debió hundirse inexorablemente hace una veintena de años.

Prosigue sostenida la acumulación ampliada del capital en los Estados Unidos, flanqueada por las de los imperialismos alemán y japonés, que han comenzado con mucho retraso, pero con empuje inicial más vigoroso. La producción se desarrolla en algunos países de Asia y de América Latina con ritmos acelerados, que los capitalismos más viejos ya no alcanzan, y se reanuda con vigor en algunos países de Europa centro-oriental, que han escapado del imperialismo ruso que está todavía hoy en crisis.

Examinando los recientes desarrollos de la economía se recogían algunos aspectos que se prestaban para remachar algunos puntos firmes del marxismo.

La acumulación del capital significa, confirmado por los datos del pretendido ejemplo de bienestar en los tres años de reanudación americana, que con el crecimiento del capital, de la masa de productos, de la plusvalía capitalizada, crece la masa de miseria, es decir, disminuye la fracción del producto del trabajo vivo que va para los obreros, aun en el caso de que aumente su número y su salario. Cuando el capitalismo trata de evitar sus contradicciones, como ahora en los Estados Unidos con el mayor crédito al consumo, hace aún más esclavo al proletario, pero agrava la crisis en el futuro.

El desarrollo capitalista en Asia y América Latina tiene un empuje con la afluencia imperialista de capitales, y ésta ha incrementado ahora el largo ciclo deprimido y la recesión reciente de los países de industrialismo más viejo. Pero los ritmos juveniles de estos países no han podido y no podrán revigorizar el decrépito capitalismo mundial. Algunos de estos capitalismos ya experimentan los efectos de la dependencia en su crecimiento de los capitales financieros extranjeros. El capital, que por huir de la disminución de las cuotas de ganancia y del porcentaje de crecimiento de la producción se ha transferido a las áreas de capitalismo joven, les ha levantado el porcentaje de acumulación. Crecen en las manos del capital financiero internacional, los títulos de deuda pública que los Estados de aquellas áreas contraen para la ampliación de los aparatos de control de la creciente masa de miseria, provocada por el desarrollo acelerado del capitalismo. Crece en estos países la producción industrial, crece por tanto la plusvalía producida, pero la fracción de ésta que puede ser realizada en el mercado mundial, como indican los intercambios comerciales en déficit, no garantiza la estabilidad de la moneda de papel convencional local. Al capital financiero internacional le puede entrar el pánico, ve los fantasmas de la crisis monetaria y financiera y no puede sustraerse a estos riesgos que la fase imperialista le prescribe.

Después de las variaciones fundamentales de los incrementos de la producción industrial se consideraban los otros índices; de precios, desempleo, comercio exterior y tipos de interés en conexión con el ciclo del capital industrial.

Se examinaba el fuerte aumento de los precios de las materias primas determinado por la expansión de la producción industrial, que se refleja, por la parte de valor que corresponde, en los valores y en los precios de las distintas mercancias producidas con ellas. Este aumento tiene su fundamento en los cambios de valor de estas mercancías necesarias en cantidades mayores en el proceso productivo, según la teoría de la cuestión agraria y de la renta agraria. El reclamo de ésta se prestaba a recordar ver “ricondarne” su función en la condena proletaria al mecanismo mercantil, según los escritos de partido sobre la cuestión agraria de los años 50.

Siguiendo las páginas del Capital se consideraba la tendencia que lleva de un aumento de los precios de las materias primas a la disminución de la cuota de ganancia y a la ralentización de la acumulación. El capitalismo está afrontando esta congénita dificultad en un periodo propicio, por la débil lucha económica en defensa de los salarios, pero no podrá escapar a la contradicción que le conduce al desequilibrio entre producción y consumo, y regularmente a la crisis.

Sobre la crisis se comentaba un pasaje del Capital, ya encuadrado en un escrito nuestro de 1960, donde se consideraba la importancia de demostrar la necesidad de la crisis precisamente a nivel de la reproducción simple, que a fin de cuentas es a lo que se reduce la reproducción del capital cuando llega la crisis.

Examinando el movimiento de los tipos de interés se confirmaba su vínculo con el del ciclo del capital industrial, cómo el efecto está ligado a la causa. Se señalaba que el negar o ignorar este vínculo estaría en conformidad con la teoría económica burguesa moderna, en sustancia fundada en la teoría de la economía vulgar ya examinada por Marx. Sobre este argumento se leían algunos pasajes del Capital sobre el carácter fetichista por excelencia del capital que se presta, cómo se concibe por esa teoría burguesa, como autómata que genera valor de modo autónomo del proceso de producción.

[RG-61] Marx-Engels sobre España

Ha sido expuesta la última parte del examen, que considera el desarrollo de la primera Internacional en España, según los escritos de Marx y Engels. La Internacional (AIT) se introduce en España simultáneamente con la organización anarquista “Alianza de la Democracia Socialista”, de Bakunin, por lo que los dirigentes de la Internacional en España pertenecían, en un primer momento, al mismo tiempo a la Alianza. El centro, con sede en Suiza, de esta organización, había mentido al Consejo General de la AIT, la cual había autorizado su adhesión a la Internacional con la condición de que se disolviera como organización internacional y que sus diferentes secciones pasaran a integrar la AIT individualmente en pro de un centralismo real. Así que, la Alianza funcionaba secretamente dentro de la AIT, con el objetivo de hacerse con la dirección, o si esto no le era posible, desorganizarla.

Algunos miembros españoles acabaron por denunciar y abandonar la Alianza y se constituyeron en 1872, en “Nueva Federación de Madrid”, reconocida directamente por el Consejo General, mientras los dirigentes españoles, agentes de la Alianza, se negaron a reconocerla.

Después del Congreso de la AIT celebrado en La Haya, en el que tiene lugar la expulsión de los bakuninistas, se produce la ruptura en España, donde las federaciones locales eran numerosas. Prácticamente sólo la “Nueva Federación de Madrid”, siguió sin dudarlo al lado del Consejo General, mientras los “aliancistas” consiguieron mantener a su lado a gran número de federaciones. Sobre todo en España la confusión provocada por el modo de actuar de los anarquistas logró impedir la difusión de las ideas del socialismo científico y arruinó la organización internacional del proletariado español.

La posterior participación de los anarquistas en 1873 en las sublevaciones cantonalistas en España, demostró en la práctica que, en nombre de la autonomía del individuo y del antiautoritarismo, habían despojado al proletariado de su política autónoma de clase, beneficiando y apoyando claramente a los republicanos burgueses llamados “intransigentes”. Paradójicamente se repetirá después, durante la Guerra Civil, con la participación de los anarquistas en puestos de Gobierno, a pesar de sus proclamaciones antiautoritarias, que parecen dedicadas especialmente a impedir que el proletariado llegue al poder.

[RG-61] Cuestión de las nacionalidades en Rusia

Movidos por la intervención militar “gran rusa” en Chechenia, en la última relación del sábado, volvimos a tocar la compleja cuestión del diversísimo desarrollo de los cientos de pueblos del que fue imperio zarista, en el que bajo el poder centralizado estatal convivían: algunas burguesías más o menos próximas a una dignidad nacional (Finlandia, Báltico y Polonia); poblaciones seminómadas en Asia y en los territorios polares; los montañeses del Caúcaso refractarios a la reciente colonización; un antiguo mercantilismo y un capitalismo nuevo que desde abajo penetraba abundantemente por todas las rendijas de la vieja sociedad; unas finanzas mundiales que se apoyaban en el zarismo para rapiñar las esferas de economía capitalista y precapitalista.

Factores estos que de cierto contribuyeron a la destrucción de la “prisión de los pueblos” y considerados por los marxistas revolucionarios desde siempre; pero es un hecho que las puertas de esa prisión fueron abiertas “desde fuera”, por el proletariado internacionalista y por los campesinos prenacionales, y no por movimiento y determinación propia de las burguesías sometidas, que excepto en Polonia eran extremamente débiles allí donde existían.

La fórmula marxista de Lenin del derecho de las nacionalidades a la separación estatal se contempla como instrumento de demolición de un orden reaccionario, no como un principio positivo o nuestro modelo constitucional.

Aquí el relator se refería brevemente sobre cómo acaecieron las vicisitudes sociales revolucionarias y militares de la Primera Guerra Mundial y después civil, en teatros todos muy atormentados pero muy lejanos, como los de Finlandia, los tres bálticos, Bielorrusia, Ucrania, Kazajstán y el abigarrado Caúcaso. De este último se volvía a recorrer la historia tras la conquista rusa, hasta la formación de gobiernos mencheviques en Transcaucasia, la sublevación obrera y la victoriosa Comuna de Bakú.

El grado de desarrollo de estos pueblos meridionales era tan bajo que debimos excluir la posibilidad de una rápida superación de las problemáticas que se denominan con el calificativo de nacionales, entendiendo por ellas la llegada necesariamente gradual de medios materiales que consientan la implantación de un mercado único en el territorio, y sociales, es decir, la formación de las clases modernas y su oposición. No pensemos simétricamente que, el poder del proletariado conceda también el derecho de separación estatal a cualquier nacionalidad. La solución política, que consideramos responde mejor históricamente para indicar el camino de aquellos grupos humanos hacia el comunismo, es una suerte de tutela proletaria sobre tales formas de trabajo atrasado: los proletarios del Estado comunista que, como hermanos mayores de artesanos y campesinos, secunden el progreso material de ellos. No excluimos que tal colaboración pueda ser impuesta a las clases dominantes locales como resultado de un enfrentamiento armado. Pero es evidente que, ni la autodecisión ni la ocupación militar resuelven el problema, que requiere desarrollarse históricamente. Cuando las condiciones sociales o políticas de partida sean particularmente negativas la solución de fuerza, que imponga una dictadura desde fuera, puede resultar contraproducente respecto a aquel camino la separación de las clases, y preferible reconocer los gobiernos burgueses que se han afirmado localmente. Se ha recordado la disensión de Lenin en la solución impuesta a Georgia cuando deseaba en Tiflis un gobierno de coalición con los mencheviques.

Hoy es posible un balance de 70 años de capitalismo ruso y nos ha llevado a reconocer que no se ha llegado a una formación nacional extendida a todo el territorio de la Unión sino que alguna de sus regiones más desventajadas como la caucásica y centro asiáticas han conocido un régimen al que la continuidad territorial con el centro no cambia el carácter colonial. La previsión de Lenin, aunque aplicada a un Estado capitalista y no socialista, era por lo tanto justa. Entre esos pueblos el odio por los “rusos” ha quedado por lo tanto inmutable así como sus costumbres y supersticiones religiosas, por hechos muy materiales. La desmembración del imperio capitalista “soviético” se califica por lo tanto, en las confrontaciones de estos meridionales, como la última de las así llamadas “descolonizaciones”, conclusión tardía, aunque impuesta a las metrópolis, de las revoluciones liberales nacionales, la sustitición de una forma ahora ya demasiado costosa e insostenible de sumisión por otra, la financiera, todavía más despiadada. Esto está pasando, no obstante, en las confrontaciones de todos los estaduchos nacidos de la CEI, sean ellos más ricos o más pobres que el centro ruso: economías y Estados hacia el encanto del mercado mundial.

Chechenia, con una extensión de poco más de un valle con poca llanura, está habitada por un grupo étnico que se puede individuar muy bien, con tradiciones belicosas y de feroz resistencia antirusa. La petición de “independencia” es adelantada por las mafias locales sólo para apropiarse de la renta petrolífera, pero los sentimientos contra los ocupantes están tan alimentados por la historia incluso reciente, que la resistencia armada es tal, que ha puesto ya en seria dificultad durante dos meses al que se decía ser uno de los superpotentes ejércitos imperialistas. No nos esperamos la independencia chechena, ni consideramos realista el proyecto del “Kuwait del Caúcaso”, pero cualquier revés armado contra los bastiones del capitalismo esta bien dado y, si se tiene que escoger, no tendremos dudas de qué lado ponernos.

En cambio, la criminal conducción de la operación por parte de Moscú es una prueba ulterior de la crisis degenerativa de ese Estado, privado ya de toda estrategia y necesitado sólo de su propia derrota.

[RG-61] Órganos de los sindicatos

Reemprendíamos el domingo por la mañana con el estudio, continuación de lo expuesto en precedentes reuniones, que trata primero de la actitud del Partido Socialista en las confrontaciones de los trabajadores de la tierra, proletarios y no, desde el Congreso de Bolonia en 1897. Se desmintieron las interpretaciones históricas que consideran “incompleta” la revolución burguesa en Italia y consideran “impolítico” por parte de los órdenes del día de Bolonia la explícita previsión de la tendencia histórica de la superación de la pequeña propiedad campesina. El relator se refería después a los movimientos de 1898, provocados por un aumento del precio del pan, extendidos a toda Italia y que culminaron en la represión cruenta de los manifestantes en Milán. No respondió bien entonces el futuro exponente del reformismo italiano Turati. Por primera vez habían participado en las huelgas los proletarios de la industria y con función efectiva de dirección.

Pero ahora ya es incontrastado el dominio del reformismo, con la proclamación de la autonomía de las secciones locales en el congreso de Roma en 1900, en el sentido de poder establecer alianzas electorales locales con los partidos de la izquierda burguesa, y del grupo parlamentario, en el congreso de Ímola en 1902.

Nace en 1901 la Federación nacional de los trabajadores de la tierra que unía las varias Ligas de jornaleros y de campesinos: ya en 1902 llegará a organizar 227.000 inscritos. Aquel año fue fundado también el Secretariado central de la Resistencia para unir la Federación de las Cámaras del Trabajo y las 25 Ligas de profesionales: el objetivo era el de oponerse mejor a la patronal pero en realidad no consiguió más que una función de coordinación entre las formas territoriales y de categoría de la organización obrera.

[RG-61] El sueño-necesidad del comunismo

El tema fundamental se unía a lo ya expuesto: ninguna corriente teórica burguesa dispone ya de un programa ni de un plan de especie. Para el comunismo finalidades programáticas y forma combatiente del partido aparecen juntas en el Manifiesto de 1848. En el Comunismo no se realiza una verdad filosófica, aun cuando en el camino para alcanzarlo no se excluye la lucha de las ideas. La revolución no es fruto de la voluntad individual sino el parto de una nueva sociedad humana.

Comunismo es destrucción de los Ídolos, del dinero, de la valorización del capital, para despertar al nuevo hombre, que ya no tiene necesidad de vender nada de sí mismo. Tampoco ninguna Razón universal que idolatrar, aunque nunca que destruir.

Restauración-Revolución: según ideólogos y politiqueros, empeñados en resistematizar sus tótemes, no tienen ya sentido; nosotros, no desde la “caída del comunismo” sino al menos desde la llegada del Fascismo, dijimos que, contra progresistas neoresurgimentales hemos sostenido la necesidad de la Restauración del partido y de la doctrina.

Esta actitud nos ha valido nuestro no buscado pero necesario aislamiento histórico: los Planes de especie maduran según grandes ritmos y no por decisión del individuo, otro ídolo suyo que contribuyen a aplastar y dejar cada vez más risible y solo.

Nuestro módulo organizativo de partido postula y practica el centralismo órganico no sólo como método “científico” sino para disfrutar de una comunidad que prefigura el comunismo.

[RG-61] La cuestión militar

El tercer relator de la sesión del domingo retomaba la cuestión militar, no por cierto secundaria en la doctrina marxista. Su encuadramiento en la época imperialista no puede hacerse más que retomando los estudios de toda nuestra escuela desde Marx, Engels, Trotski y el trabajo de partido.

Del estudio del Antidühring se sacaba a la luz cómo la táctica militar es hija del progreso técnico social: si el Wermacht pudo prever una guerra hecha de divisiones de tanques mientras el estado mayor francés se atestó en la Maginot, esto se lo debió a la industria alemana que sacaba de los hornos el triple de acero que la francesa.

Otros ejemplos que justificaban nuestra tesis eran aportados.

Con la Comuna de París se cierra en Europa Occidental la era de las guerras nacionales progresivas; la burguesía se despliega de manera unitaria contra el proletariado. Para esta área geopolítica la táctica y la estrategia burguesa, con mayor razón en tiempo de guerra, deberán tener en cuenta siempre el peligro rojo.

[RG-61] El misterio de la liberación y el materialismo histórico

La cuarta exposición del domingo tenía como objetivo sólo sintetizar las líneas fundamentales del trabajo, un recorrido histórico a través de la historia del cristianismo, desde sus orígenes hasta la contemporánea Teología de la Liberación.

Aplicando el método materialista de la historia se puede precisar un movimiento de trascendencia histórica universal como el cristianismo, surgido sobre la base del tejido imperial romano, del judaismo y de las corrientes ideológicas entonces predominantes.

El contenido subversivo de la primitiva congregación cristiana y el comunismo como principio básico en las relaciones entre los adeptos, constituyen elementos que, progresivamente, irán desapareciendo mediante un proceso degenerativo bien definido y no falto de rea-cciones, de diversa índole, tendentes a retornar a aquella fraternidad comunista originaria. En el trabajo se mostrarán los principales intentos de retornar a los principios originarios, y cómo han fallado sucesivamente. Habiendo sido producto de determinadas condiciones históricas, desaparecieron junto a ellas, haciendo estériles los esfuerzos de quienes, aun generosamente, lo intentaron.

De este modo se afrontan algunas de las primeras escisiones acaecidas en el seno de la iglesia y del fenómeno monástico pasando por las herejías medievales, llegando a la gran escisión de la Reforma luterana y calvinista, demostrando, a la luz de nuestros textos clásicos su verdadero carácter y significado.

El trabajo comprende también un parágrafo dedicado a la llamada “doctrina social de la iglesia”, ligándola a la aparición y desarrollo de las organizaciones políticas y sindicales de la clase obrera, con especial referencia a las tres fases del movimiento sindical, tal y como han sido definidas por nuestra corriente: prohibición, tolerancia y sumisión.

El trabajo concluye con la “Teología de la Liberación” que se demuestra como otra variedad del oportunismo y que no resulta como un movimiento de oposición abierta a Roma, sino, como sucedió con los franciscanos, un movimiento de reforma. Esto precisamente porque la Teología de la Liberación utiliza sólo “elementos del marxismo” en su elaboración doctrinal de la “opción preferencial para los pobres”.

[RG-61] Historia de la Izquierda

La guerra imperialista italiana con los perjuicios para Etiopía, vista en sus varios aspectos, ha sido el tema de la relación sobre la Historia de la Izquierda. El informe se ha desarrollado en tres partes distintas.

En la primera se esbozaba brevemente la situación económica y social creada en Italia como consecuencia del estado de guerra. Por encima de la retórica del régimen sobre la voluntad unitaria de todo el pueblo cerrando filas al lado del duce, era evidente que el peso de la guerra recaía exclusivamente sobre las espaldas del proletariado, tanto cuando se le mandaba a morir en uniforme militar por la gloria de la patria, como cuando veía reducido prácticamente a nada el poder adquisitivo de su salario. Los decretos sobre la restricción del consumo adoptados por el gobierno, fueron prácticamente inútiles, ya que bastaban los vertiginosos aumentos de precios de los productos de primera necesidad (como ha sido demostrado al auditorio con la exposición de una lista) para reducir al hambre a los trabajadores. El capitalismo, por el contrario, gracias al conflicto armado y sus nuevas necesidades unidas a él, veía aumentar los beneficios día tras día y las industrias bélica, mecánica, química, textil y alimentaria navegaban de nuevo a toda vela.

Entretanto, la guerra en África, que había comenzado como un paseo militar, se hacía cada vez más difícil. Italia, en comparación con Etiopía, poseía un ejército modernísimo con vehículos blindados y carros armados, una potente artillería, camiones para el transporte de tropas y de avituallamiento, una aviación con la que podía bombardear, envenenar e incendiar. Pero la falta de carreteras y ferrocarriles, la configuración accidentada del terreno, las estaciones de la lluvia que duran meses, todos estos elementos habrían permitido a los combatientes abisinios resistir durante años a los invasores adoptando la táctica de la infiltración y del sabotaje por los flancos y la retaguardia. Táctica que, sin tener que recurrir a enfrentamientos campales, había dado ya buenos resultados.

Paralelamente a las acciones militares, no obstante, la política diplomática más o menos secreta trabajaba a favor del imperialismo italiano, tanto a través de encuentros y acuerdos directos entre emisarios de Roma y de Addis Abeba, como a través de intereses interimperialistas (Italia, Francia, Inglaterra) por encima y a costa de Etiopía, o bien a través del empleo de aventureros de bajo calibre pero de inmensa voracidad. Tanto que, es cierto, fue este entramado de intereses y de acuerdos secretos y no tanto la iperita, las balas dum-dum y las bombas incendiarias lo que permite el 9 de mayo de 1936, la proclamación del “Imperio”.

La segunda parte del informe volvía a recorrer brevemente (partiendo de las solicitudes del Cardenal Massaia al gobierno sardo) la historia de la política colonial italiana.

Se pasaba después a la valoración de los intereses imperialistas de Francia e Inglaterra que, además de Italia, estaban preparados para lanzarse al cuello de Etiopía. Inglaterra, especialmente, se sentía con derecho de tomar bajo su “protección” los descendientes de la Reina de Saba. Esto era comprensible relacionándolo con una realidad geográfica que liga los destinos de Etiopia a los de Sudán y Egipto: el curso del Nilo.

Inglaterra siempre se había atribuído el privilegio de determinar y de ser el único árbitro de la “política del Nilo” y, en 1898, llegó a amenazar con la guerra contra Francia cuando ésta había intentado una tímida infiltración en Etiopía. Entonces, ¿jamás puede ser posible que, aun protestando violentamente, Inglaterra haya dejado vía libre a Italia cuando habría sido suficiente cerrar el paso de Suez? Evidentemente el problema era bien distinto. “Todo esto -explicaba Bilan- depende del grado de madurez de la conflagración mundial que regulará el nuevo reparto de las colonias hasta prescindir de la conquista aislada por parte de un imperialismo. E Italia podrá perfectamente perder, en el caso de la guerra mundial, el botín precedentemente aferrado”. La Fracción, en la campaña de Etiopía, individuó en efecto, el primer acto de un conflicto (o de una serie de conflictos) que sin interrupción habría llevado hasta el estallido de la segunda guerra mundial.

En la tercera parte el informe examinaba las diversas actitudes tenidas por las organizaciones y por los partidos “proletarios” sobre la cuestión abisinia. En Rusia, la patria del “socialismo en un solo país”, no se convocó ningún tipo de manifestación, probablemente porque no se sabía todavía en cual de los dos campos contrapuestos se encontraría en el futuro. Análogamente también la Tercera Internacional tuvo el coraje de… callar. En cambio, una decisión muy precisa fue tomada por la Internacional Socialista que llamó al proletariado internacional a apremiarse en defensa de la democracia contra el fascismo, es decir, al lado de los grandes imperialismos, inglés y francés.

Después el informe se detenía en la posición netamente clasista y revolucionaria adoptada por la Fracción, llamando al proletariado internacional a sus finalidades históricas y a su unidad de acción con las masas explotadas de los países coloniales y atrasados para desembarazarse, al mismo tiempo, tanto de los regímenes democráticos y fascistas, como de los restos del pasado que podía ser el imperio etíope. Pero la Fracción tuvo una actitud revolucionaria también en la acción práctica como lo testimonia, entre otras, su posición e intervenciones entre las masas proletarias para sabotear el congreso interclasista de Bruselas tendente a desarmar (para ventaja tanto del fascismo como del antifascismo) al proletariado italiano, primer experimento del proyecto global que se consumó después en todo el mundo.

El informe se cerraba con la lectura de algunas citas sacadas de la revista teórica del PCI, “Lo Stato Operaio” en las que se alababa el coraje demostrado por los camisas negras en Etiopía y se planteaba una pacificación nacional ya que fascistas y “comunistas” tenían el deseo común de “hacer fuerte, libre y feliz, nuestra bella Italia”.

[RG-61] Argelia

El último comunicado consideraba la verdaderamente trágica situación en la que está actualmente el proletariado argelino, a treinta años de la consecución de la independencia política de Francia.

En presencia de una situación económica desastrosa que obliga a un alto porcentaje de la fuerza de trabajo, millones de trabajadores, a la inactividad y a una escualida supervivencia en las bidonvilles que circundan las mayores ciudades del país, parece que el monopolio de la oposición al régimen esté en las manos del movimiento islámico radical, empeñado en una lucha sin exclusión de golpes contra el aparato represivo del Estado. Ninguna perspectiva política parece existir para el proletariado, aplastado entre el régimen de terror instaurado por el Estado y el terrorismo del GIA y de los otros grupos islámicos, con los que no tiene nada que compartir.

Las causas que actualmente hacen de Argelia el eslabón débil de los Estados de África septentrional son múltiples. Argelia, donde se verificó una guerra de liberación nacional particularmente larga, con un altísimo precio para la población, más de un millón de muertos en diez millones de habitantes, se encuentra hoy en condiciones económicas y sociales peores que Tunez o Marruecos, donde la consecución de la independencia ha sido mucho menos traumática. La Argelia independiente, no obstante la maná petrolífera, se encuentra hoy con una agricultura en condiciones desastrosas y con una estructura industrial en gran parte inutilizable y estrangulada por una gigantesca deuda exterior. El pensamiento nos lleva en seguida a Méjico, un gigante al que le ha alcanzado también la bendición petrolífera, también hambriento y económicamente en ruina, en las manos de los acreedores internacionales.

La causa en Argelia está, al menos en parte, en la no terminación de la revolución nacional, en los estrechos compromisos, de los partidos que dirigieron la lucha, con Francia; en la imposibilidad para un país tan pequeño y de tan poca población, de alcanzar en plena fase imperialista, una independencia más que formal sobre todo a nivel económico.

Los peligros que los movimientos revolucionarios antiimperialistas iban a encontrarse ya habían sido puestos en evidencia, en años menos merdosos, por la Internacional Comunista en las tesis sobre la cuestión internacional y colonial y en las tesis sobre la cuestión agraria en el II congreso (junio de 1920) y después en las tesis redactadas para el Congreso de los Pueblos de Oriente, en Bakú (septiembre). En la degringolade del movimiento comunista internacional tras la victoria del estalinismo en Rusia y la teoría del socialismo en un solo país, que transformó los partidos comunistas nacionales en instrumento de la política imperial del Estado ruso, estos principios fueron completamente subvertidos; para la Internacional de Lenin punto fundamental de la acción de los Partidos Comunistas en las colonias era el de que ellos debían defender los intereses del proletariado colonial y por lo tanto que, también durante la revolución antiimperialista, aun participando en la lucha junto con los partidos nacionalistas revolucionarios, ellos debían mantener su independencia, también organizativa, de modo que pudieran empujar hasta el final la revolución burguesa y al mismo tiempo salvaguardar los instrumentos indispensables para continuar la lucha por la revolución comunista. El estalinismo impuso el completo sometimiento de los Partidos comunistas a los Partidos nacionalistas burgueses aniquilando así no sólo cualquier perspectiva de revolución proletaria, sino también la posibilidad de prevalecer de los sectores más radicales dentro del movimiento nacionalista.

El ejemplo quizá más trágico de esta estrategia suicida se tuvo en China, pero se repitió en todas las revoluciones nacionales sucesivas, desde Vietnam a Argelia precisamente. Nuestro partido fue el único, aunque en un completo aislamiento, en volver a proponer el planteamiento de Lenin mientras el proletariado argelino, que se estaba desangrando en largos años de guerra, era traicionado y malvendido en interés de la burguesía francesa y de la joven parvenue argelina.

En este trabajo se tratará de volver a recorrer las etapas principales de la historia de Argelia para así sacar las lecciones de la contrarrevolución que sirven al Partido para quedar fuera del pantano.