Partido Comunista Internacional

Il Soviet 1920/17

Tesis de la Fracción Comunista Abstencionistadel Partido Socialista Italiano Pt.2

Table of Contents

II


      1. La crítica comunista que incesantemente se elabora basándose en sus métodos fundamentales y la propaganda de las conclusiones que se obtienen de ella, tratan de erradicar la influencia que sobre el proletariado tienen los sistemas ideológicos propios de las otras clases y de los otros partidos.

      2. El comunismo despeja en primer lugar el terreno de las concepciones idealistas que afirman que los hechos del mundo del pensamiento son la base y no el resultado de las relaciones reales de la vida de la humanidad y de su desarrollo. Todas las formulaciones religiosas y filosóficas de ese genero son consideradas como el bagaje ideológico de clases cuyo dominio precede a la época burguesa, y que se basaba en una organización eclesiástica, aristocrática o dinástica, justificable solo con supuestas investiduras sobrehumanas.
      Un síntoma de la decadencia de la moderna burguesía es la reaparición entre ella, con formas nuevas, de estas viejas ideologías que ella misma destruyó.
      Por ello, un comunismo fundado sobre bases idealistas constituye un absurdo inaceptable.

      3. De manera aun más característica, el comunismo representa la demolición crítica de las concepciones del liberalismo y de la democracia burguesa. La afirmación jurídica de la libertad de pensamiento y de la igualdad política de los ciudadanos, y la concepción según la cual las instituciones basadas sobre el derecho de la mayoría y sobre el mecanismo de la representación electoral universal son la base suficiente para un progreso indefinido y gradual de la sociedad humana, constituyen las ideologías correspondientes al régimen de la economía privada y de la libre concurrencia, y a los intereses de clase de los capitalistas.

      4. Forma parte de las ilusiones de la democracia burguesa el concepto de que pueda conseguirse la mejora de las condiciones de vida de las masas mediante el incremento de la educación y de la instrucción por obra de las clases dirigentes y de sus instituciones. Por el contrario, la elevación intelectual de las grandes masas tiene como condición un mejor nivel de vida material incompatible con el régimen burgués; por otra parte, la burguesía por medio de sus escuelas intenta difundir precisamente las ideologías que tratan de impedir que las masas reconozcan que las instituciones actuales son el obstáculo para su emancipación.

      5. Otra afirmación fundamental de la democracia burguesa es el principio de nacionalidad. Corresponde a las necesidades de clase de la burguesía, en la constitución de su propio poder, la formación de estados basados en la nación, con el fin de utilizar las ideologías nacionales y patrióticas, que durante el periodo inicial del capitalismo corresponden a ciertos intereses comunes de los hombres de la misma raza, de la misma lengua y de las mismas costumbres, para retrasar y atenuar el choque entre el estado capitalista y las masas proletarias.
      Los irredentismos nacionales nacen por tanto de intereses esencialmente burgueses. La burguesía misma no duda en pisotear el principio de nacionalidad cuando el desarrollo del capitalismo le impone la conquista violenta de los mercados extranjeros, y por consiguiente determina la disputa de estos por parte de las grandes unidades estatales. El comunismo supera el principio de nacionalidad ya que evidencia la semejanza de condiciones en las que se encuentra el trabajador pobre ante el empresario, cualquiera que sea la nacionalidad de uno u otro; y pone la unión internacional como modelo de la organización política que el proletariado formará cuando a su vez alcance el poder.
      A la luz de la crítica comunista la reciente guerra mundial ha sido originada por el imperialismo capitalista, derrumbándose las diferentes interpretaciones que tienden a formularla, desde el punto de vista de uno u otro estado burgués, como una reivindicación del derecho de nacionalidad de algunos pueblos, como un conflicto de los estados democráticamente más avanzados contra los otros estados organizados de forma preburguesa, o en suma, como una pretendida necesidad defensiva contra la agresión enemiga.

      6. El comunismo está también en oposición a las ideas del pacifismo burgués y a las ilusiones wilsonianas sobre la posibilidad de una asociación mundial de los estados basada en el desarme y el arbitraje, condicionada por la utopía de una subdivisión de las unidades estatales según las nacionalidades. Para los comunistas las guerras serán imposibles y las cuestiones nacionales serán resueltas solo cuando el régimen capitalista sea sustituido por la República Internacional Comunista.

      7. Bajo un tercer aspecto, el comunismo se presenta como la superación de los sistemas de socialismo utópico que proponían la eliminación de los defectos de la organización social mediante planes completos de nuevas constituciones de la sociedad, cuya posibilidad de realización no se ligaba en modo alguno al desenvolvimiento real de la historia y era confiada a las iniciativas de potentados o al apostolado de filántropos.

      8. La elaboración por parte del proletariado de una propia interpretación teórica de la sociedad y de la historia, que sea la guía de su acción contra las relaciones de vida del mundo capitalista, da lugar continuamente al surgimiento de escuelas o tendencias más o menos influenciadas por la inmadurez misma de las condiciones de la lucha y de los más variados prejuicios burgueses. De ello derivan errores y fracasos de la acción proletaria; pero es gracias a estas experiencias como el movimiento comunista llega a precisar la doctrina y la táctica con rasgos cada vez más claros, diferenciando netamente y combatiendo abiertamente todas las otras corrientes que se agitan en el mismo sentido del proletariado.

      9. La constitución de empresas cooperativas de producción, en las que el capital pertenece a los obreros que trabajan en ellas, no puede constituir una vía para la supresión del sistema capitalista, ya que en tales empresas la adquisición de materias primas y el destino de los productos se realiza según las leyes de la economía privada, y su mismo capital colectivo acaba por utilizar el crédito y por tanto el control del capital privado.

      10. Las organizaciones económicas profesionales no pueden ser consideradas por los comunistas ni como órganos suficientes para la lucha por la revolución proletaria, ni como órganos fundamentales de la economía comunista.
      La organización en sindicatos profesionales sirve para neutralizar la competencia entre los obreros del mismo oficio e impide la caída de los salarios un nivel bajísimo, pero, como no puede lograr la eliminación del beneficio capitalista, igualmente tampoco puede realizar la unión de los trabajadores de todas las profesiones contra el privilegio del poder burgués. Por otra parte el simple traspaso de la propiedad de las empresas del patrón privado al sindicato obrero no realizaría los postulados económicos del comunismo, según el cual la propiedad debe ser trasferida a toda la colectividad proletaria, siendo esta la única vía para eliminar los caracteres de la economía privada en la apropiación y repartición de los productos.
      Los comunistas consideran al sindicato como el campo de una primera experiencia proletaria, que permite a los trabajadores avanzar en el camino hacia el concepto y la práctica de la lucha política, cuyo órgano es el partido de clase.

      11. En general, es un error creer que la revolución sea un problema de forma de organización de los proletarios según los agrupaciones que ellos forman por su posición y sus intereses dentro de los cuadros del sistema capitalista de producción.
      Por tanto, no es una modificación de la estructura de la organización económica la que puede dar al proletariado el medio eficaz para su emancipación.
      Los sindicatos de empresa o consejos de fabrica surgen como organismos para la defensa de los intereses de los proletarios de las diferentes empresas, cuando comienza a parecer posible limitar el arbitrio capitalista en la gestión de aquellas. La adquisición por parte de tales organismos de un más o menos amplio derecho de control sobre la producción no es sin embargo incompatible con el sistema capitalista y por ello podría ser una iniciativa conservadora.
      El traspaso mismo de la gestión de las empresas a estos consejos de fabrica no constituiría (análogamente a cuanto se ha dicho para los sindicatos) el advenimiento del sistema comunista. Según la sana concepción comunista, el control obrero sobre la producción únicamente se realizará después del abatimiento del poder burgués, y será el control sobre la marcha de cada empresa por parte de todo el proletariado unificado en el Estado de los consejos; y la gestión comunista de la producción será la dirección de ésta en todas sus ramas y unidades por parte de racionales órganos colectivos que representarán los intereses de todos los trabajadores asociados en la obra de construcción del Comunismo.

      12. Las relaciones capitalistas de producción no pueden ser alteradas por la intervención de los órganos del poder burgués.
      Por eso el traspaso de empresas privadas al estado o a la administración local no corresponde mínimamente al concepto comunista. Tal traspaso va siempre acompañado del pago del valor capital de las empresas al antiguo poseedor que conserva de esta forma integro su derecho de explotación; las empresas mismas siguen funcionando como empresas privadas dentro del cuadro de la economía capitalista; ellas devienen a menudo medios oportunos para la obra de conservación y de defensa de clase que desarrolla el estado burgués.

      13. El concepto de que la explotación capitalista del proletariado puede ser gradualmente atenuada y eliminada con la obra legislativa y reformadora de las actuales instituciones políticas, solicitada por los representantes en estas del partido proletario o también por las agitaciones de las masas, conduce solamente a convertirse en cómplice de la defensa que la burguesía hace de sus privilegios, que en ocasiones cede aparentemente una mínima parte de estos para aplacar la impaciencia de las masas y desviar sus esfuerzos revolucionarios contra los fundamentos del régimen capitalista.

      14. La conquista del poder político por parte del proletariado, también considerado como objetivo integral de acción, no puede ser alcanzado por medio de la mayoría en los organismos electivos burgueses.
      La burguesía, por medio de los órganos ejecutivos del estado, sus agentes directos, asegura muy fácilmente la mayoría en los órganos electivos a sus mandatarios o a los elementos que, penetarados individual o colectivamente, han caído en su juego o bajo su influencia. Además la participación en tales instituciones comporta el compromiso de respetar los fundamentos jurídicos y políticos de la constitución burguesa. Sin embargo, el valor puramente formal de tal compromiso es suficiente para liberar a la burguesía incluso del leve aprieto de acusarla de ilegalidad formal, cuando ella recurre lógicamente a servirse de sus medios reales de defensa armada antes de entregar el poder y permitir la destrucción de su máquina burocrática y militar de dominio.

      15. Reconocer la necesidad de la lucha insurreccional para la toma del poder, pero proponer que el proletariado ejercite su poder concediendo a la burguesía una representación en los nuevos organismos políticos (asambleas constituyentes o combinaciones de estas con el sistema de los consejos obreros), es también un programa inaceptable y contrario al concepto central comunista de la dictadura proletaria. El proceso de expropiación de la burguesía estaría inmediatamente comprometido allí donde a ella le quedasen pretextos para influir de cualquier modo en la constitución de las representaciones del estado proletario expropiador. Esto permitiría a la burguesía utilizar las influencias que inevitablemente le quedan en virtud de su experiencia y preparación técnica e intelectual, para injertar su actividad política tendiente al restablecimiento de su poder en una contrarrevolución. Las mismas consecuencias tendría todo precepto democrático acerca de la paridad de tratamiento que el poder proletario debería otorgar a la burguesía respecto la libertad de asociación, de propaganda y de prensa.

      16. El programa de una organización de representación política, basada en delegados de las diferentes categorías profesionales de todas las clases sociales, no es ni siquiera un encaminamiento formal hacia el sistema de los consejos obreros porque este se caracteriza por la exclusión de los burgueses del derecho electoral, y su organismo central no es designado por profesiones sino por circunscripciones territoriales. La forma de representación en cuestión representa más bien un estadio inferior a la misma democracia parlamentaria actual.

      17. Profundamente contrario a las concepciones comunistas es el anarquismo, que tiende a la instauración inmediata de una sociedad sin estado y sin organización política, y que en la economía futura vislumbra un funcionamiento autónomo de las unidades productivas, negando la necesidad de cualquier centro organizador y regulador de la actividad humana en la producción y en la distribución. Una concepción tal está cercana a la de la economía privada burguesa, y es ajena al contenido esencial del comunismo. Además, la eliminación inmediata del estado como aparato de poder político equivale a la no resistencia a la contrarrevolución, o presupone la inmediata abolición de la clases, la expropiación revolucionaria contemporánea a la insurrección contra el poder burgués.
      Tal posibilidad no existe ni siquiera lejanamente, a causa de la complejidad de la tarea proletaria en la sustitución de la economía comunista por la actual, y de la necesidad de que tal proceso sea dirigido por un organismo central que coordine el interés general del proletariado subordinando a este todos los intereses locales y particulares, que representan la mayor fuerza de conservación del capitalismo.
 
 

III


      1. La concepción comunista y el determinismo económico no hacen de ningún modo de los comunistas unos espectadores pasivos del devenir histórico, sino que por el contrario hacen de ellos unos infatigables luchadores; sin embargo, la lucha y la acción se volvería ineficaz si se separase de los resultados de la doctrina y de la experiencia crítica comunista.

      2. La obra revolucionaria de los comunistas se basa en la organización en partido de los proletarios que unen a la conciencia de los principios comunistas la decisión de consagrar todo su esfuerzo a la causa de la revolución.
      El partido, organizado internacionalmente, funciona sobre la base de la disciplina a las decisiones de las mayorías y de los órganos centrales designados por estos para dirigir el movimiento.

      3. Actividades fundamentales del partido son la propaganda y el proselitismo, basado este, para la admisión de nuevos militantes, en las mayores garantías. Aun basando el éxito de la propia acción en la difusión de los principios y de sus finalidades, y aun luchando por los interés de la inmensa mayoría de la sociedad, el movimiento comunista no hace del consenso con la mayoría una condición prejudicial para la propia acción. Criterio sobre la oportunidad de ejecutar acciones revolucionarias es la valoración objetiva de las propias fuerzas y de las del adversario, en sus complejos coeficientes en los que el número no es lo único ni lo más importante.

      4. El partido comunista desarrolla un intenso trabajo interno de estudio y de crítica, estrechamente unido a la exigencia de la acción y de la experiencia histórica, afanándose en organizar sobre bases internacionales ese trabajo. Exteriormente, desarrolla en cualquier circunstancia y con todos sus medios posibles la obra de propaganda de las conclusiones de su propia experiencia critica y de oposición con las escuelas y los partidos adversarios. Sobre todo, el partido ejerce su actividad de propaganda y de atracción entre las masas proletarias, especialmente en las circunstancias en las que estas se mueven para oponerse a las condiciones de vida creadas por el capitalismo, y en el seno de los organismos que los proletarios forman para defender sus intereses inmediatos.

      5. Los comunistas penetran en las cooperativas proletarias, en los sindicatos, en los consejos de fabrica, constituyendo en ellos grupos de obreros comunistas, tratando de conquistar en ellos la mayoría y los cargos directivos, con el fin de conseguir que la masa de proletarios encuadrada en tales asociaciones subordine su propia acción a la más alta finalidad política y revolucionaria de la lucha por el comunismo.

      6. En cambio, el partido comunista se mantiene ajeno a todas las instituciones y asociaciones en las que proletarios y burgueses participan al mismo tiempo, o peor, cuya dirección o patronato pertenece a los burgueses (sociedades de mutuo socorro, de beneficencia, escuelas de cultura, universidades populares, asociaciones masónicas, etc..) y trata de alejar de ellas a los proletarios combatiendo su acción y su influencia.

      7. La participación en las elecciones a los órganos representativos de la democracia burguesa y la actividad parlamentaria, aun presentando en cualquier tiempo un continuo peligro de desviación, podían ser utilizados para la propaganda y la formación del movimiento en el periodo en el que, no delineándose todavía la posibilidad de abatir el poder burgués, la tarea del partido se limitaba a la crítica y a la oposición. En el actual periodo abierto con el final de la guerra mundial, con las primeras revoluciones comunistas, y con el surgimiento de la Tercera Internacional, los comunistas colocan como objetivo directo de la acción política del proletariado de todos los países la conquista revolucionaria del poder, a la cual todas las fuerzas y toda la obra de preparación deben ser dedicadas.
      En este periodo es inadmisible toda participación en los organismos que se muestran como un potente medio defensivo burgués destinado a actuar dentro de las filas mismas del proletariado, y en antítesis con la estructura y la función de los que los comunistas sostienen el sistema de los consejos obreros y la dictadura proletaria.
      Por la gran importancia que en la práctica asume la acción electoral, no es posible conciliarla con la afirmación de que ella no es el medio para alcanzar el objetivo principal de la acción del partido: la conquista del poder; ni tampoco es posible evitar que ella absorba toda la actividad del movimiento, distrayéndolo de la preparación revolucionaria.

      8. La conquista electoral de los ayuntamientos y de las administraciones locales, puesto que presenta en mayor medida los mismos inconvenientes del parlamentarismo, no puede ser aceptada como medio de acción contra el poder burgués ya sea porque tales organismos no están investidos de un poder real, sino sometidos al de la maquina estatal; ya sea porque tal método, si bien puede hoy crear algún inconveniente a la burguesía dominante, afirmando el principio de autonomía local, antitético al principio comunista de la centralización de la acción, otorgaría un punto de apoyo a la burguesía en su combate contra el establecimiento del poder proletario.

      9. En el periodo revolucionario todos los esfuerzos de los comunistas se dedican a hacer eficaz e intensa la acción de las masas. Los comunistas completan la propaganda y la preparación con grandes y frecuentes manifestaciones proletarias, especialmente en las grandes ciudades, y tratan de utilizar los movimientos económicos para organizar manifestaciones de carácter político en las que el proletariado reafirma y robustece su propósito de derribar el poder de la burguesía.

      10. El partido comunista lleva su propaganda a las filas del ejército burgués. El antimilitarismo comunista no se basa en el estéril humanitarismo, sino que tiene como objetivo convencer a los proletarios de que la burguesía los arma para defender sus intereses y para servirse de su fuerza contra la causa del proletariado.

      11. El partido comunista se prepara y procede como un estado mayor del proletariado en la guerra revolucionaria; por eso, prepara y organiza una red propia de informaciones y de comunicaciones; sostiene y organiza especialmente el armamento del proletariado.

      12. El partido comunista no llega a acuerdos o alianzas con otros movimientos políticos que tienen en común con el un determinado objetivo contingente, pero que discrepan en el programa de acción posterior. También se debe rechazar el criterio de aliarse con todas aquellas tendencias proletarias que aceptan la acción insurreccional contra la burguesía (el llamado frente único), pero disienten del programa comunista respecto al desarrollo de la acción ulterior.
      No hay que considerar una condición favorable el aumento de las fuerzas aspirantes al derrocamiento del poder burgués cuando sean insuficientes las fuerzas dedicadas a la constitución del poder proletario bajo directivas comunistas, que son las únicas que pueden asegurar su duración y su éxito.

      13. Los soviets o consejos de obreros, campesinos y soldados constituyen los órganos del poder proletario y no pueden realizar su verdadera función sino después del abatimiento del dominio burgués.
      Los soviets no son por si mismos órganos de lucha revolucionaria; ellos se vuelven revolucionarios cuando su mayoría es conquistada por el partido comunista.
      Los consejos obreros pueden surgir incluso antes de la revolución, en un periodo de crisis aguda en la que el poder del estado burgués sea puesto en serio peligro.
      La iniciativa de la constitución de los soviets puede ser una necesidad para el partido en una situación revolucionaria, pero no es un medio para provocar tal situación.
      Si el poder de la burguesía se consolida, la supervivencia de los consejos puede representar un serio peligro para la lucha revolucionaria, es decir, puede suponer la conciliación y combinación de los órganos proletarios con las instituciones de la democracia burguesa.

      14. Lo que distingue a los comunistas no es proponer en cualquier situación y en cada episodio de la lucha de clase la convocatoria inmediata de todas las fuerzas proletarias para la sublevación general, sino sostener que la fase insurreccional es la desembocadura inevitable de la lucha y preparar al proletariado para afrontarla en condiciones favorables para el éxito y para el ulterior desarrollo de la revolución.
      Según las situaciones, que el partido puede juzgar mejor que el restante proletariado, él puede encontrarse en la necesidad de actuar para precipitar o aplazar el choque definitivo.
      En cualquier caso es tarea especifica del partido combatir tanto a aquellos que al precipitar a toda costa la acción revolucionaria podrían llevar al proletariado al desastre, como a los oportunistas que explotan las circunstancias que desaconsejan la acción a fondo para provocar paradas definitivas en el movimiento revolucionario, dispersando hacia otros objetivos la acción de las masas, que en cambio el partido comunista debe siempre conducir sobre el terreno de la eficaz preparación a la lucha armada final e indefectible contra la defensa del principio burgués.

The Development of the Communist Party in America

By 1918, the Socialist Party of America was in a state of decline. Its members became increasingly radical. The German Revolution had broken out, and the repercussions of this event began to be felt.

On November 7, 1918, a Communist Propaganda League was organized in Chicago. In February 1919, the left wing of the Socialist Party was organized in New York, and the Socialist Propaganda League was merged into it. As the left wing took a firm stance, its manifesto and platform were adopted by one socialist group after another. It was organized with the active participation of the Russian, Latvian, Ukrainian, Polish, Yugoslav, and Estonian groups within the Party, and grew to include approximately 25,000 members.

Around that time, new elections were called within the party. The left wing fielded its own candidates, and the election resulted in a significant victory. The party’s national leadership, having suffered a crushing defeat, adopted a reactionary policy. One after another, the groups and factions that had accepted the left wing’s manifesto and platform were expelled. The Executive Committee continued down this path, openly and bluntly refusing to recognize the election results, declaring them invalid on the grounds of “fraud,” convening a General Congress for August 30—which was to rule on the validity of the elections—and establishing a Provisional Committee for that purpose. But in order to influence Congress in a way that favored their own views, the congress expelled the Russians, Ukrainians, Poles, Yugoslavs, Hungarians, and Latvians from the Party, as well as the Michigan State Socialist Party. In total, about 40,000 members were expelled from the party, a measure that was undoubtedly effective in controlling the election of delegates to the Congress. And yet the elections resulted in such a decisive victory for the left wing that the talk of “fraud” seemed like a real “fraud” in itself. The National Executive Committee decided to remain in office until the August Congress, even though its term was set to expire on June 30; and it refused to disclose the results of the vote on joining the Communist International.

The conclusion was now clear. No compromise was possible. These events led directly to a split and the founding of a new party.

The Left Wing Convention

Just before the meeting of the National Executive Committee, the Boston and Cleveland groups and the New York chapter of the Socialist Party’s left wing issued a call for a national congress of the left wing, which was held in New York on June 21. It was composed of 24 delegates, representing 20 states, most of whom came from major industrial centers, the heart of the revolutionary proletarian movement. A disagreement arose over whether the Communist Party should be organized immediately, or whether it should continue the struggle with the Socialist Party until the decisive congress on August 30.

The motion for immediate withdrawal was defeated by a vote of 55 to 28. At that point, 31 delegates—mostly members of the Federation and delegates from the Michigan Socialist Party—decided to break away. On the contrary, the majority decided to participate in the Socialist Party’s General Congress and to send delegates from all the expelled and removed groups, but at the same time issued an invitation for a general meeting of all “revolutionary elements” on September 1, to form the Communist Party, together with the delegates who did not wish to participate in the Socialist Congress.

The revolutionary reconstruction

The General Congress of the Socialist Party took place on August 30. The discredited national executive committee attempted to seize control of the right wing by force, because many of the delegates were suspected of sympathizing with the left wing. The police were called on these delegates, thus clearly revealing the authoritarian nature of the former leaders. The left wing was accused of anarchism, of being made up of foreign elements, and of being the expression of hysterical fervor. The Congress was dominated by the right wing, which began by falsely claiming to send congratulations to Soviet Russia and using rhetoric about the “revolution.” But they did not formulate a new program in any way that would address the new tactical needs of socialism, since the congress chose to set aside all serious issues. The Party Conference passed a resolution calling for an International Congress to organize a Third International that would also include the Communist Parties of Russia and Germany, without recognizing that a Communist International already existed. A proposal by the minority to join the Communist International was rejected. Both resolutions were put to a referendum. The Socialist Party was by now a unified party of petty-bourgeois socialism, with approximately 25,000 members. The delegates who wanted to attend the Communist Party Conference were, in a sense, expelled, and they founded the Communist Workers’ Party. The Communist Party Congress was attended by 144 delegates representing approximately 158,000 members.

A five-member committee from the CLP (Communist Labor Party) held talks with a committee from the CP (Communist Workers Party) regarding the merger. The CLP proposed merging the two groups, but the CP rejected the proposal. The CLP delegates held widely divergent views; while some openly rejected the left wing’s positions and tactics, others were known to be centrists. The CP Committee proposed that all delegates to the CLP conference (about 20) should participate in the CP Conference as full delegates, while delegates whose organizations had accepted the left-wing manifesto and program (about 20) should be admitted as sympathizers. The other delegates—who did not represent any clear faction or speak for a small number of members, and who were merely annoyed by their party leadership’s tactics—would not be allowed to participate in the founding of the Communist Party. It was not numbers, but revolutionary resolve that was required.

The CLP Conference rejected these demands and established a permanent party. The delegates who had organized themselves into the CLP, represented no more than 10,000 members, many of whom had now joined the CP.

The Communist Party’s manifesto clearly sets forth the principles of communism; its program is a realistic application of those principles to the current problems of the proletarian struggle, and it is based on the strictest centralization and party discipline, without which a communist party is built on sand.

The Overall Situation

The Communist Party emerged during a period of major proletarian movements. There have been strike after strike, triggered by the rising cost of living and becoming increasingly intense. Recently (September 22, 1919), there was a strike involving 30,000 steelworkers and 500,000 miners. As this struggle continues, strikes will inevitably become increasingly intense and widespread, and—due to state intervention—will take on an increasingly political character, even if this is not yet fully recognized. The situation surrounding the strikes constitutes the objective condition the Communist Party needs to develop the political action of the masses.

A key factor in these strikes is the conservatism of union officials. Of the 70 strikes that have broken out over the past two months, 66 were not approved by union officials; in fact, they were called despite the officials’ opposition. There is a revolutionary upheaval within the traditional unions—a movement calling for the use of broader means of struggle, for the formation of industry-wide federations, and for the recognition of the need for political action. Finally, there is strong support within the old trade unions for a Soviet-style Russia.

The Industrial Workers of the World are currently engaged in a bitter organizing struggle. They decided to join the Communist International. But their press and their leaders constantly attack communist tactics.

The IWW is returning to its original plan of organizing all workers by industry and advocates for the peaceful development of new associations as the only means of bringing about the revolution. The Communist Party recognizes the IWW as a revolutionary movement within the industrial proletariat, but criticizes its theoretical premises and rejects its tactical proposals. The IWW rejects the need for revolutionary political action aimed at seizing state power and establishing a dictatorship, without which—and through which alone—the industrial and social organization envisioned by the industrial workers’ unions can be created. The IWW believes that its theoretical plans constitute its contribution to the movement, but in reality the significance of its movement lies in the fact that it is an expression of the development of the lower proletariat.

Imperialism undoubtedly prevails in the United States today. Congress is stagnating and proving itself inept. The central government is using the harshest repressive measures against the working class. The armed forces and military crackdowns are being used to crush strikes. Congress is exploring ways to declare strikes illegal. Under the flimsiest of pretexts, agitators are arrested and, if they are foreigners, deported. Currently, the government is directing its attacks against the Communist Party, whose offices are under surveillance and whose members are being thrown into prison en masse. The judge declares that holding a Communist Party membership card is in and of itself a crime, and that the government’s clear intention is to make the Communist Party as illegal as the socialist movement was in Tsarist Russia.

American imperialism has established itself as a world power and has become the center of the international reactionary movement. The European response and the war against Soviet Russia are supported morally and financially by the U.S. government, and there is intense agitation in favor of military intervention. The American capitalist class is brutal, unscrupulous, and extremely influential. It possesses enormous reserves of financial, industrial, and military power. It is therefore determined to conquer the world and crush the proletarian movement.

The Communist Party is fully aware of the gravity of its task, and knows that the decisive struggle of the proletariat will be waged in the United States, for only by seizing power ourselves can we secure the Russian Soviet Republic. With this in mind, the Communist Party is preparing for the struggle.

Luis C. Fraina

International Secretary of the Communist Party of America