Partido Comunista Internacional

El movimiento de las Panteras Negras

Índices: Cuestión Racial en EEUU

Categorías: Black Panther Party, Racial Question, USA

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En el contexto de la información sobre los movimientos de clase en los EEUU, a los que pretendemos darle un carácter continuo, mencionamos en primer lugar brevemente a las Panteras Negras, el movimiento que hoy expresa mejor la aspiración a la emancipación de la “comunidad” negra, en la lucha cotidiana contra la violencia de la policía, feroz en su reacción contra un estrato social sin peso económico y totalmente abandonado a sí mismo, como es el subproletariado.

El periódico Black Panter es el eco constante de estas batallas y de los problemas de defensa y organización de la “comunidad” que ello conlleva. Sus fotografías son de militantes asesinados, encarcelados, de las manifestaciones y de las luchas contra los policias, de las devastaciones que ellos causan, de los campos de batalla y también de los enemigos asesinados en el enfrentamiento – los “pig” – los cerdos (los policías).

Esta lucha contra un enemigo, que siempre tiene solo la cara del policía “cerdo”, más allá del cual no se puede ver la determinación de clase y política, representa la verdadera alma del movimiento y también su gradual desangramiento en una lucha que no puede afrontar desde la raíz.

Sus dirigentes son golpeados deliberada y repetidamente por la policía, que busca todos los pretextos para participar en una batalla que le permita eliminar los elementos peligrosos – en lo que ha tenido éxito varias veces – como en el ataque en el que fueron asesinados Bunchy Carter (miembro del “ministerio de la defensa”) y John Huggins (del “ministerio de información”) y en el que resultó herido Eldridge Cleaver (despues refugiado en Argelia); el arresto y juicio, naturalmente con un veredicto de clase, son la otra vía para esto. El dirigente Huey P. Newton, quien es el teórico del grupo, Bobby Seale y Angela Davis están entre los nombres más conocidos encontrados en estas redadas.

Resulta que actualmente las cárceles estadounidenses “hospedan” al menos a 400 miembros de las Panteras Negras. La policía también ataca las sedes del partido, como ocurrió durante los preparativos de la sesión plenaria de Filadelfia para la “Convención Constitucional del Pueblo Revolucionario”, o sostiene batallas surgidas a partir de episodios específicos, como el maltrato de un niño o un borracho, en los que pronto participan todos los habitantes del barrio. La guerra abierta es el estado normal de vida de una comunidad que se ve a sí misma como un bloque opuesto al resto de la sociedad.

Por encima de todas las diferencias, los miembros de la “comunidad” se sienten unidos por una solidaridad efectiva; de hecho, las Panteras Negras ponen la unidad total de su grupo racial en primer plano y toman incluso la dirección de la más insignificante batalla, sin detenerse – y este es su punto de honor – frente a los escrúpulos morales y legales: no dudan en incluso defender “el elemento criminal”, visto como el resultado de una situación de opresión desesperada.

Las Panteras Negras se presentan efectivamente como representantes del pueblo negro contrapuesto al pueblo blanco. Aquí hay ciertamente un límite teórico. Pero ¿cual partido “marxista” hoy tiene el coraje de defender a un “delincuente” común, un “matón”, para mostrar las conexiones sociales y las aberrantes relaciones de clase que producen estos elementos “asociales” y las rebeliones individuales que pueden encontrar una única vía de salvación al canalizarse en un impulso de revuelta social organizada? La defensa de la acción, incluso individual, de los elementos de su comunidad representa al mismo tiempo el carácter de fuerza y debilidad teórica de un movimiento que va más allá de los límites de clase para reconocer a los de la comunidad racial.

El partido de las Panteras Negras no lucha por el negro como un proletario oprimido, golpeado y arrinconado o empobrecido en todos los sentidos y, como consecuencia, más sensible a la propaganda de la revolución social, sino por el negro en general, dando un peso mucho mayor a las diferencias étnicas que las diferencias de clase. La lucha de clases es reconocida como existente solo en las comunidades individuales, casi como un asunto interno para ellas, y si el llamamiento es hecho abiertamente hacia el subproletariado negro, del cual se reivindica el espíritu de lucha feroz, esto sucede porque en su estado se ve la condición general del negro y porqué se convierte en un medio para la emancipación de la comunidad negra fuera de la emancipación de la clase trabajadora del capital, única condición para la emancipación de todos los estratos oprimidos y la superación de todos los problemas raciales.

La comunidad negra es, sin duda, junto con varias otras minorías raciales, la parte de la sociedad estadounidense que reúne a los elementos más explotados y peor tratados, los trabajadores no calificados sin otro atributo que el de proporcionar fuerza de trabajo en bruto, los desempleados que el “progreso tecnológico” produce y reproduce continuamente, los elementos con ocupación ocasional, “sin dios ni moral”, los “antisociales” y los “matones”, aquellos con el “cromosoma equivocado”, “inclinados hacia la delincuencia”, etc.; pero no debe considerarse absolutamente como una comunidad en sí misma, como un grupo independiente, que puede ser separado de toda la sociedad; de lo contrario, se cae en la utopía por un lado y, por otro lado, en un diseño retrógrado por decir lo menos.

Es perfectamente comprensible que los proletarios y los subproletarios de piel negra, que han permanecido aislados en una lucha en la que solo ocasionalmente reciben apoyo de otros trabajadores, en un país donde la piel blanca equivale a recibir un trato favorable en su puesto de trabajo y en la sociedad – un privilegio que en cierta fase (la de la desintegración de los organismos de clase, políticos y económicos) también se defiende de la competencia de los compañeros de la misma piel en la aplicación de la ley inhumana de la lucha entre hombre y hombre dominante en el mundo del capitalismo – en esta situación, decíamos, es perfectamente comprensible que no vean a ninguno de sus compañeros de clase blancos como sus hermanos. Sobre todo porque el Estado burgués ha entendido hace mucho tiempo que fomentar el odio racial significa evitar cualquier solidaridad de clase capaz de sacudirlo en sus cimientos.

¿Y es justo que aquellos que, en tal situación, con la excusa de la ausencia política de los asalariados blancos, concluyen que los Negros deben “esperar”, concentrar el mas grande desprecio?

Los proletarios combativos, incluso en una pequeña vanguardia, independientemente del color de su piel, deben moverse para arrastrar a las capas indecisas, deben mostrarles la necesidad de organizarse para contrarrestar el desarrollo del capitalismo en sí, su presión abrumadora sobre la clase vendedora de fuerza de trabajo y derribar su dominio. Que dicha organización, debido a una serie de circunstancias, tenga temporalmente una mayoría de asalariados negros, no debe cambiar nada al carácter no racial de la organización misma.

Sin embargo, la clase obrera estadounidense se ha mantenido durante demasiado tiempo privada de una conducción política para superar las enormes dificultades que se interponen en el camino de dicho proceso, sin enfrentar una lucha muy dura no solo contra el capital, sino también para descifrar sus intereses de clase y soportar dolorosos sacrificios e intentos condenados al fracaso. Un precio que inevitablemente tendrá que pagar será colocarse momentaneamente siguiendo ideologías impropias, no adecuadas para la lucha de clase proletaria.

El movimiento de las Panteras Negras se ve significativamente afectado por este trágico aislamiento; su error es considerarlo ahora definitivo. Incapaz de llegar por su propia cuenta al análisis de la situación actual, fruto de la victoria de la contrarrevolución que abarcó un período de varias décadas y un área de extensión mundial, buscó un acuerdo con el partido comunista oficial de los Estados Unidos, totalmente anclado a las posiciones del estalinismo, y lo que es peor, llegando entonces inevitablemente a la ruptura en las muy diversas posturas frente al uso de la violencia. Por lo tanto, la búsqueda de contacto con fuerzas más combativas ha llevado a las Panteras Negras al encuentro con los llamados “maxistas-leninistas”, liderados por China por un lado y el “tercer mundo” en general, que aparentemente se encuentran en la misma condición, oprimidos por el mismo imperialismo, y que tienen una guerra nacional contra los Estados Unidos.

Es con este híbrido aporte – que confunde la lucha de independencia (más o menos real) del vínculo con el imperialismo con el de la emancipación de clase – que las Panteras Negras “enriquecieron” sus posiciones anteriores: de ahí la teoría que pone al mismo nivel la lucha de los subproletarios negros y la de los pueblos coloniales, que establece un vínculo entre la metrópolis blanca y la colonia negra dentro del mismo Estado, por el otro, concluyendo que hay una “clase trabajadora de la metrópoli y hay una clase trabajadora de la colonia negra”, con sus intereses propios y divergentes; y que, por lo tanto, afirma la necesidad de organizaciones distintas e incluso opuestas hasta el punto de postular una solidaridad real entre los trabajadores blancos y su clase burguesa dominante, por un lado, y entre los diferentes estratos de piel negra por el otro. En resumen, a la lucha de clases se contrapone la lucha de la “comunidad” de color.

La responsabilidad de esta actitud es, en verdad, atribuida a los proletarios blancos, “parásitos que viven a las espaldas de la humanidad”, y en parte existe tal responsabilidad (vista sin embargo con un análisis y una perspectiva erróneos): pero no parece que las Panteras Negras hallan concebido alguna vez la solidaridad de clase sino es en función de los propios intereses de comunidad, en lugar de hacerlos confluir con los intereses generales de la clase obrera. Además, como hemos visto, la referencia explícita no es a la clase obrera sino al subproletariado en general y al negro en particular: “Somos lumpen (harapientos, miserables) – declara orgulloso Cleaver (ver Quaderni Piacentini, Nr. 42, noviembre de 1970) – El lumpen-proletariado está formado por todas aquellas personas que no han invertido capital en los medios de producción o en las instituciones de la sociedad capitalista; quienes son perpetuamente parte de la reserva del “ejército industrial de reserva”; que nunca trabajaron y que nunca trabajarán”, etc., etc.

El intento es adaptar a esta categoría social una teoría y una táctica, buscando en las razones históricas y sociales de la impotencia política del subproletariado una fuerza y un camino nuevos y originales: el subproletariado, que no teniendo la posibilidad de boicotear la producción con una huelga, y siendo forzado a luchar en las calles, sería más revolucionario, no tendría “ningún opresor directo, excepto quizás la policía de los pigs con la que choca cotidianamente”, y no se entiende que esto también significa su fatal derrota.

Muy diferente es la relación colonia-metrópoli: incluso una colonia tiene una cierta relación de dependencia del país imperialista, pero al mismo tiempo es productora y proveedora de algunos productos, generalmente materias primas, y en algunos casos puede llevar a cabo un trabajo real de chantaje, aunque a menudo está bien preparado para llegar a acuerdos con el imperialismo para la explotación de su propio proletariado. Por lo tanto, no tiene la característica, descrita por Cleaver para el subproletariado, de estar “aislado de la economía”. ¡Nada de eso! Se queja de que está aislada del comercio mundial, que es otra cosa.

También puede notarse de pasada que es errada la aplicación de la guerra de guerrillas como forma de lucha armada: para la colonia tiene su origen en el hecho de que la lucha no puede ser llevada al punto de la destrucción de las relaciones burguesas, pero es solo una forma ejercer cierta presión y cambiar su dirección. El movimiento de clase, por el contrario, sabemos bien que no tiene nada que perder excepto sus cadenas y, por lo tanto, se organiza en una verdadera y propia guerra que debe conducirlo al control total del poder político (por lo tanto, no admite ninguna autonomía local en su interior).

El punto débil de las Panteras Negras es definitivamente la teoría; y esto salta a la vista si se consideran los puntos programáticos. No se trata ni siquiera de un programa político, sino puntos que deberían servir para la movilización de las masas. La “plataforma-programa” se remonta a octubre de 1966, pero se ha venido reivindicando tal cual también hoy, y merece la definición, en el caso más benevolente, de reformismo tradicional, apoyado en una forma de lucha de guerrillas. Los diez puntos reivindican para la comunidad negra: libertad, pleno empleo, vivienda digna, educación adecuada a su historia y raza (punto particularmente retrógrado), exención del servicio militar, cese de persecuciones policiales, libertad para prisioneros negros, tribunales con jurados negros, plebiscito bajo el patrocinio de las Naciones Unidas (sic!) para establecer la voluntad de la comunidad negra; finalmente, piden que se ponga fin a la razzia capitalista y se cumpla la promesa de hace cien años, es decir, el pago de 40 acres y 2 mulas como compensación por el trabajo esclavo y la abolición masiva (¡también aceptado en dinero efectivo!).

Lo que falta es un mínimo análisis político y económico de la vía para conquistar la emancipación (¿y qué es un programa si no la formulación de tesis que expresan tales análisis?): Solo hay una serie de peticiones al Estado dominante, concebido como sus deberes, que también podrán movilizar a grupos explotados sobre el terreno de la violencia, pero no pueden modificar la esencia de las relaciones de clase, excepto en el papel.

Indicativo a este respecto es que se llegue a escribir peticiones a las Naciones Unidas, indicando que debería, “sobre la base de la simple justicia”, llevar a cabo una “acción universal, incluidas sanciones políticas y económicas, contra los Estados Unidos”, culpable del delito de genocidio, según lo definido por las propias Naciones Unidas en la Asamblea General del 9 de diciembre de 1948. Se podría pensar en una pura y simple, aunque muy ingenua, maniobra para hacer “pública” la situación negra, pero la conclusión de la plataforma-programa resumida más arriba da el justo trasfondo “teórico” a la cosa: “todos los hombres fueron creados iguales y dotados por el Creador de algunos derechos inalienables, incluyendo la vida, la libertad, el logro de la felicidad” que conllevan las acciones correctivas habituales del “pueblo” más o menos soberano, cuando, como en el clásico pensamiento democrático-burgués, surge el tirano o los derechos son sin embargo pisoteados.

El movimiento que opone la violencia abierta a la violencia mistificada del Estado democrático y racista de los Estados Unidos, por lo tanto, tiene la intención de actuar dentro de esta sociedad y se reduce a reclamar una cierta autonomía para su propia gente. Admirable en su batalla con la cara descubierta, se mueve sin embargo en un terreno equívoco y sustancialmente antihistórico.

Precisamente, este aspecto, que se cree que está vinculado a las experiencias de los pueblos “heroicos” norcoreano y vietnamita, es la parte retrógrada del movimiento y entra en crisis y contradicción intrínseca a medida que la lucha de clases se desarrolla y reanuda su contenido real, colocando al proletariado como su verdadero protagonista (¡no importa en qué piel!), es decir, la clase que suprime cualquier pretensión de autonomía en todos los campos, desde el de la escuela, de la “justicia”, del “servicio militar”, de la familia, hasta el de organización política, económica, estatal, porque todo está fusionado, en un único movimiento irresistible, el de la clase explotada en su conjunto, guiada por un único partido.

Sin embargo, no hay duda de que la dolorosa experiencia de los proletarios y subproletarios negros, limitados en una lucha por motivos raciales, que ven al frente su propia vía a la real emancipación en las condiciones económicas y sociales dadas, podrá contribuir con sus continuos sacrificios de fuerzas generosas, los asesinatos perpetrados por los defensores del “orden”, los procesos escandalosamente represivos y el mismo racismo que crece en el polo opuesto (todo lo que también puede conducir a un lento desangramiento de las energías proletarias), contribuirá a abrir los ojos al proletariado blanco y no blanco y a generar una vanguardia política que sepa unir en sus filas a todos los proletarios sin discriminación racial. ¡Esta es la esperanza y también el tributo que formulamos para el bien de los negros en valiente batalla, así como la de los blancos en aletargado sueño!