Cuba: El capitalismo de Estado se reforma
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La Asamblea Nacional de Cuba recibió en julio 2018 el anteproyecto de la nueva Constitución en la que destaca el establecimiento del respeto a la propiedad privada, el mantenimiento del derecho de herencia de la tierra y reconoce la inversión extranjera. También destaca que en el texto constitucional ya no aparecerá la palabra comunismo.
El “partido comunista de Cuba” está haciendo lo que en América Latina llaman “salir del closet”.
Este anteproyecto fue aprobado por unanimidad, luego de dos días de debates en el parlamento cubano y será sometido a consulta popular desde el lunes 13 de agosto hasta el jueves 15 de noviembre del 2018.
El cambio o reforma es por supuesto solo en el texto constitucional, porque la mentirosa y falsa “revolución cubana” nunca ha sido socialista y ha sido un espacio para la inversión trasnacional, que no ha sido más amplia por el bloqueo económico mantenido por EEUU como una de sus estrategias geopolíticas.
La exportación de sus servicios de salud y de alfabetización se han visto afectados recientemente por la crisis de uno de sus principales clientes: el gobierno venezolano. Al igual que con la crisis de la URSS en los ochenta, la crisis económica venezolana ha traído un impacto negativo en la economía cubana. El gobierno cubano trata de reacomodarse a la nueva situación.
No trae nada nuevo esta reforma de la Constitución cubana. Solo se trata de ajustes o adecuaciones a su búsqueda de captación de inversiones de capital y de acceso a los mercados internacionales. Como es propio de los oportunistas, de los falsos socialistas, observamos afirmaciones como “Estamos ante una reforma total en el marco de los principios que establece el socialismo”, expresadas por Homero Acosta, secretario del Consejo de Estado, a cargo de mostrar ante los diputados los cambios que se esperan llevar adelante en la Constitución y para quien se espera que Cuba sea “un estado socialista de derecho”. Pero lo cierto es que reconocen la “existencia objetiva de las leyes del mercado” en Cuba.
El capitalismo de Estado en Cuba necesita hacer crecer los ingresos fiscales por impuestos a empresarios privados; necesita dinamizar la demanda de bienes de inversión por parte de las empresas privadas (nacionales o trasnacionales) y aumentar la penetración de inversiones extranjeras. Eso explica el camino que se viene tomando hacia la eliminación de subsidios en los precios de productos y servicios y a la eliminación de la Tarjeta de Racionamiento, hacia la reunificación monetaria y la devaluación de la moneda. Afloran cada vez con más fuerza las actividades mercantiles privadas que se han mantenido ocultas o soterradas en la economía cubana. Esto es lo que algunos oportunistas cubanos han llamado “el paso a un nuevo tipo de socialismo, más funcional”. Está pendiente el desprendimiento que tendrá que hacer el Estado de empresas quebradas e inviables que han sido por décadas “elefantes blancos”, atrasadas tecnológicamente y con productos fuera de toda competitividad en los mercados internacionales.
Algunos oportunistas de la llamada “izquierda” comenzarán a ver en estos pasos el “retorno del capitalismo a Cuba”; pero lo cierto es que el capitalismo nunca se fue de Cuba; la acumulación de capital fue centralizada por el Estado y nada más que eso; pero nada que ver con el socialismo con el que tanto se ha propagandizado a Cuba en el ámbito internacional.
Hoy el gobierno burgués cubano solo reforma su Capitalismo de Estado y sus políticas económicas tratan de ajustarse a los efectos de la crisis mundial del capitalismo. Ante un salario equivalente a 20 dólares mensuales y jubilaciones de 10 dólares mensuales, la lucha reivindicativa de los asalariados deberá tomar cuerpo y, más temprano que tarde, transformarse en lucha política. En Cuba, al igual que en el resto del mundo, el proletariado deberá reencontrarse con sus objetivos históricos revolucionarios y reanudar la lucha de clase.