Partido Comunista Internacional

Cómo y por qué el Centralismo Orgánico

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El centralismo y la severa disciplina siempre han sido dos principios fundamentales de la organización revolucionaria.

El centralismo, su unidad de estructura y movimiento, en nuestro partido está mejor definido con el adjetivo “orgánico”, un método de vida que la formación política del proletariado pudo seleccionar después de haber atravesado un curso histórico y diferentes etapas de su lucha contra la burguesía.

Orígenes del movimiento y del centralismo democrático

En los orígenes del movimiento proletario había en su interior varios componentes. Además de los marxistas, había corrientes que, aunque no eran comunistas, tenían su propia tradición reconocida y merecida dentro del movimiento obrero, ni el curso de la lucha de clases las había superado. En la Primera Internacional estaban presentes anarquistas e inicialmente también Mazzinianos; en la Segunda, el marxismo reformista cohabitó con el marxismo revolucionario. Esto hasta que en todos los partidos nacionales de la época, se llegó a la oposición en realidad entre dos partidos, tendiendo a la división, preparada en años de dura y amarga contraposición de programas y de tácticas. Sin que, sin embargo, sin que las corrientes de la izquierda, hasta una división consumada, nunca minimizaran, en teoría y en la práctica, al centralismo y a la disciplina.

En esta situación de relativa inmadurez e inexperiencia táctica, el movimiento revolucionario adoptó, no como un principio sino como un “mecanismo congresual”, el centralismo democrático, considerándolo un modesto instrumento para tomar decisiones prácticas, esperando que las lecciones de la historia indicaran el mejor camino y el afinamiento de la doctrina correcta.

La Primera Guerra Mundial y la Revolución de Octubre, marcaron definitivamente el fracaso del socialismo reformista y, desde entonces, podemos decir que ya no existe un “reformismo de clase”, proletario, sino que todo corresponde al reformismo, y es una expresión exclusiva de la clase dominante. El nacimiento del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso ocurre antes de este pasaje histórico y vive este proceso.

Libre también de la forma de democracia

A pesar de la necesidad del uso del mecanismo democrático, las organizaciones de la clase obrera siempre han tendido a un modo de funcionamiento superior. El modus operandi que utilizó la Primera Internacional en sus mejores años, como lo demuestran las actas, la correspondencia, la relación entre compañeros y entre el centro y la periferia, corresponde a la forma superior de centralismo que nuestra corriente llamará orgánico. Incluso la Tercera Internacional inició – aunque no de forma totalmente consciente – con un funcionamiento orgánico, con la sana intención de superar al interior tanto las fracciones como la forma democrática, abogando por una votación siempre unánime. Estos resultados no podían obtenerse estatutariamente, sino únicamente como el producto de una homogeneidad teórica, programática y táctica. También en este sentido, la Izquierda Comunista italiana pidió en 1920 que se hicieran más rígidas las condiciones de admisión a la Internacional.

En Italia, en 1921, la corriente revolucionaria se divide en la reformista del PSI y nació el Partido Comunista de Italia. Este, como el Partido ruso, recurría todavía al centralismo democrático, pero los compañeros ya comprendían bien que el grado de homogeneidad programática, alcanzado después de 70 años de lucha proletaria desde 1848 era tal que de ese mecanismo ya se podía prescindir.

Escribimos en 1922 en “El principio democrático”: «No es apropiado elevar a principio este empleo del mecanismo democrático. Junto con una tarea de consulta similar al legislativo de los aparatos de Estado, el partido tiene una tarea ejecutiva que corresponde, incluso en los momentos extremos de lucha, al de un ejército, que exige el máximo de disciplina jerárquica (…) No podemos concebir una designación mayoritaria del partido como apriorísticamente tan feliz en las decisiones como la de un juez infalible (…) Incluso en un organismo en el cual, como el partido, la composición de la masa es el resultado de una selección, a través de la espontánea adhesión voluntaria, y el control del reclutamiento, el pronunciamiento de la mayoría no es en sí misma el mejor (…) El criterio democrático es para nosotros hasta ahora un accidente material para la construcción de nuestra organización interna y la formulación de los estatutos del partido: no es la plataforma indispensable. Por esta razón, al principio no plantearemos la conocida fórmula organizativa del “centralismo democrático”. La democracia no puede ser un principio para nosotros».

El centralismo orgánico no es una fórmula y tampoco una forma organizativa. No existen los artículos de un “reglamento orgánico” interno del partido, como garantía absoluta contra las crisis, contra su degeneración. El centralismo orgánico no es más que la superación dialéctica del mecanismo democrático en el seno del partido, del cual ha llegado a liberarse espontáneamente en su curso histórico.

Objeciones de corto aliento

Si se quita la democracia, se objeta, todo el “poder” se concentrará en el centro del partido, solo para decidir su “línea política”.

Es fácil responder que ahora la “línea política” está ya establecida por nuestro programa, por nuestras tesis, a las que se someten voluntariamente toda la militancia, el centro y la periferia. En el Partido nadie manda y todos son mandados. Nadie manda porque, impersonalmente y objetivamente, ahora no hay nada que decidir. Todos son mandados porque las “órdenes” ya están escritas en la línea ininterrumpida de nuestro programa, impreso en el fuego de las lecciones de las contrarrevoluciones extraídas por el “partido histórico”.

Así que las líneas de acción táctica son el fruto de un estudio, que el partido tiende a realizar colectivamente, retomando el hilo de cuanto se ha hecho antes, desde Marx hasta hoy. No es casual que sea nuestra buena práctica y método releer y estudiar bien lo que escribió el partido en el pasado antes de aventurar una nueva evaluación.

Creemos que el partido podrá llevar a cabo su función de órgano dirigente de la Revolución si el conjunto humano que lo forma puede transmitir no solo la doctrina correcta sino también el correcto modo de actuar y de relacionarse en su interior. Forma y contenido están unidos en un destacamento de combatientes por una causa histórica que supera al individuo y cada interés personal y de grupo.

Nuestras intensas reuniones de secciones, regionales y generales se han celebrado en este ambiente durante dos tercios de siglo.

¿No hay discusión en nuestro partido? Contestamos con orgullo que en el partido, no, no hay discusión. Existe una continua profundización científica que lleva a los compañeros a trabajar juntos para afrontar mejor con los problemas a resolver, que sin duda vienen a plantearse. Pero no hay debate, no hay congresos, con una votación final. Un desacuerdo sobre las tácticas es el resultado de un conocimiento incompleto de la cuestión en el conjunto del partido. Mientras no haya claridad, esta no se logra ni con un conteo de votos en la base, ni con una orden de arriba, sino solo con la sucesiva profundización en la cuestión y con su verificación empírica, a través de los resultados obtenidos en la acción.

Es posible que el partido cometa errores, por supuesto, pero no será garantía de no comprometerlos y aprender las lecciones a través del método, ahora solo chismoso y personalista, del conteo de votos. El partido se protege no con una forma organizativa, no con reglas formales de representación y decisión, sino solo a través del correcto trabajo revolucionario y el compromiso directo y continuo de todos sus militantes.

Centralismo orgánico y sociedad futura

El partido comunista, como está escrito en las Tesis, es una prefiguración del modo de asociarse, natural y espontáneo, de la humanidad futura.

En nuestro “Del sueño y de la necesidad del comunismo al científico programa revolucionario marxista” escribimos:
     «Nuestro modelo organizativo también postula y practica el centralismo orgánico, no tanto y solamente para compartir el método “científico”, sino para disfrutar de una “sociedad” que prefigura el comunismo, en el cual no se debate, sino esculpimos, en la investigación y en la lucha, como la tradición revolucionaria ha acumulado la experiencia y la vida de especie, con entusiasmo, en una visión del tiempo que combina la perspectiva y el sentido de la diferencia con la visión única que une en el mismo arco al pithecanthropus armado con un palo (por cierto: parece que fue un símbolo suave, pero no estúpido ni desarmado, de la unidad tribal que recuerda a la bestia de la que quizás descendemos (…) con el hombre comunista, en un Tiempo único que no está en contraste con el único Espacio, de acuerdo con la estrecha y dialéctica relación que Einstein ha indicado, y la imagen de un Cosmos (orden) que solo la sociedad comunista podrá alcanzar».

El partido es al mismo tiempo el custodio de la doctrina y el órgano que, sosteniéndola como un arma, guiará a la clase en la revolución, abandonando para siempre en su interior el individualismo de la putrefacta sociedad burguesa.