Primero de Mayo de 2019 Los proletarios no tienen patria: son la clase internacional de los trabajadores! Contra el militarismo y la guerra entre los Estados del capital por la guerra social revolucionaria de la clase obrera
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Traducciones existentes:
- Inglés: May 1, 2019: Proletarians Have no Country,they are the International Working Class! Against Militarism and War between Capitalist States, for the Revolutionary Social War of the Working Class!
- Español: Primero de Mayo de 2019 Los proletarios no tienen patria: son la clase internacional de los trabajadores! Contra el militarismo y la guerra entre los Estados del capital por la guerra social revolucionaria de la clase obrera
- Italiano: Primo Maggio 2019 I proletari non hanno patria, sono la classe internazionale dei lavoratori! Contro il militarismo e la guerra tra gli Stati del Capitale, per la guerra sociale rivoluzionaria della classe operaia!
El progreso de la globalización, acelerado en las últimas décadas por el desarrollo de las comunicaciones y del transporte, ha involucrado a todas las áreas del planeta en el ciclo infernal de la producción capitalista. La producción, basada en la explotación del trabajo asalariado y destinada exclusivamente a la obtención de ganancias, es un volcán que incesantemente hace erupción de mercancías, en su mayoría inútiles, en cantidades cada vez mayores. Pero ahora el capitalismo, en su fase de plena decadencia económica, así como ideal y moral, trata de sobrevivir mediante la explotación de todos los recursos del planeta, naturales y humanos.
El poder político y económico se ha concentrado en unos pocos burgueses al frente de grandísimas empresas, que poseen o controlan riquezas comparables a las de un Estado y que dominan el destino del mundo entero.
Pero es el Capital, una fuerza histórica anónima e incontrolable, el que determina el choque permanente entre los diferentes capitalistas y grupos nacionales de capitalistas y los arrastra inexorablemente hacia el abismo de la catástrofe financiera.
La extrema concentración del capital, mientras que por un lado aumenta, acumula, refuerza y unifica a la clase trabajadora, por otro lado, junto con la crisis de sobreproducción, arruina implacablemente a las clases pequeñoburguesas, mercantiles y productoras, clases socialmente impotentes, ahora sin fuerza y sin programa histórico, incluso cuando expresan su ruidosa rebelión, como recientemente han hecho los chalecos amarillos en Francia.
Mientras tanto, sea por el imparable progreso de la crisis, o sea por el surgimiento del nuevo coloso capitalista de China, que altera el equilibrio imperialista anterior, se agudizan las viejas y las nuevas tensiones internacionales. Ya la mayoría de los Estados han comenzado la guerra comercial, con derechos de aduanas, embargos, chantajes y se vuelven a encender los conflictos armados locales. Ahora se ha demostrado que el capitalismo nunca podrá cumplir su promesa de garantizar el desarrollo pacífico y armonioso de la especie humana.
Por el contrario, la burguesía rearma sus ejércitos para prepararse para un nuevo conflicto imperialista general, en el que llamarían a decenas de millones de proletarios a masacrarse entre ellos: mientras crece la miseria de la humanidad trabajadora, cientos de miles de millones de dólares se destinan a la producción de armas cada vez más letales.
Pero la guerra mundial, este terrible golpe de la cola del moribundo monstruo capitalista, podrá imponerse solo después de haber dividido las fuerzas de su adversario histórico, la clase internacional de los trabajadores, poniendo a proletarios contra proletarios. Ya ha comenzado en todas partes una nauseabunda campaña “soberanista”, racista y de odio a los extranjeros, con el único propósito de romper la unidad del proletariado por encima de las fronteras y prepararlo para una nueva guerra.
Se toma como pretexto para esta infame propaganda el movimiento de millones de hombres que siempre han salido de los países más pobres, hoy África, Asia, América Latina, impuesto por el capitalismo que, por un lado, con la rapaz explotación imperialista empuja a una creciente masa de desposeídos a la pobreza y, por otro lado, siempre requiere fuerza de trabajo, y a un precio bajo.
Adicionalmente millones de desesperados se ven obligados a huir de las guerras interminables fomentadas por las burguesías imperialistas para apoderarse de los recursos naturales o para ocupar áreas de importancia estratégica y militar, como en el Medio Oriente o en África central.
El capitalismo ha convertido el mundo en un infierno para quienes trabajan. Los proletarios ven en todas partes sus condiciones y la supuesta seguridad demolidas día a día por los ataques de la clase patronal, animada solo por sus ansias de ganancias, y que hoy se aprovecha de la debilidad de la clase obrera, amenazada por la crisis económica. Los recortes salariales, el aumento del horario y de la carga de trabajo, la reducción de cualquier garantía de empleo, de la asistencia en la maternidad, en la vejez y en la enfermedad, son las medidas adoptadas por la burguesía para defender sus ganancias. La crisis económica, determinada por la caída de la tasa de ganancia y la sobreproducción de mercancías, empuja a los patronos a exasperar la explotación de los trabajadores para la producción, mientras que otros, cada vez más numerosos, están condenados al desempleo.
En muchos países, una parte de los trabajadores está constituida por inmigrantes extranjeros, a menudo forzados a la ilegalidad y chantajeados con la amenaza de expulsión; esta depravación, que se acerca al esclavismo, es mantenida por el Estado burgués para aumentar la competencia entre los trabajadores, envenenar sus sentimientos y dividir sus fuerzas.
En cambio, una única fuerza histórica se levanta, objetivamente, frente al Capital: el proletariado internacional, organizado en clase, unido por encima de las nacionalidades y razas. Este proletariado volverá a ser una clase para sí, no una mercancía para el Capital, defenderá sus condiciones de vida y de trabajo, reconstituyendo sus sindicatos de clase, instrumentos indispensables para unir sus fuerzas contra el ataque patronal. Aprenderá así a desenmascarar a los sindicatos fieles al régimen burgués y a los partidos oportunistas falsamente amigos, y a librar una guerra contra el aparato político, policial y militar que lo protege.
Será guiado en esta verdadera guerra de clases por su vanguardia, que habrá adherido al Partido Comunista, revolucionario e internacional, en su invariante programa histórico que grita: ¡los proletarios no tienen patria! Hermanos de clase se encontrarán unidos en la lucha mundial por el abatimiento del régimen de capital, por el comunismo!